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Mikuday-chan: ¡Hola! ¡Me alegro que me sigas leyendo! Y no te preocupes, estoy haciendo hasta lo imposible por continuar Balada del Héroe~ :D (menos descuidar la escuela e.e). Si me dejas 2 reviews más ganas un cupón a una Galleta Imaginaria gratis (?).
Link fue a la Montaña de la Muerte como le había pedido la Princesa Zelda a buscar la segunda Piedra espiritual. Se hizo amigo de una raza de hombres de piedra llamados Goron y los rescató de un temible monstruo que los acechaba, y como recompensa a su coraje le obsequiaron el Rubí Goron, justo lo que buscaba.
Luego de su hazaña pasó un par de días en la Aldea Kakariko, que se encontraba a los pies de la montaña, en reposo a causa de algunas heridas, nada graves pero molestas. Y a continuación se dispuso a marcharse a buscar el Dominio Zora, donde Darmani, el jefe de los goron, le indicó que se encontraba la tercera y última piedra.
Mientras andaba por las planicies de Hyrule a pasos cortos, ya teniendo tiempo para cavilar, pues debido al asunto con los Goron se había olvidado por completo del niño gerudo; se preguntó: ¿Por qué Dark Link se le acercaba tanto? ¿Era verdad lo que le había dicho sobre que le gustaba? ¿o era una excusa para ganar su confianza y luego traicionarlo? ¿Y quién era ese tal Ganondorf y que hacía Dark Link con él? ¿...de verdad era su padre?
Por lo que le había dicho la Princesa Zelda, Link se trataba del legendario héroe que encontraría las piedras espirituales y las pondría en el pedestal del Templo del Tiempo para conseguir la Espada Maestra y así derrotar al mal... Link no estaba seguro si quiera de qué mal se trataba o si estaba a la altura de la misión, lo que de verdad le preocupó fue cuando la princesa le dijo que por cada héroe siempre hay una sombra que intentaría detenerlo.
- ¡Link! ¡Te encontré! - el chico pelinegro le saltó encima, apenas si habiéndole dado tiempo al rubio de reaccionar.
- Dark... - en cuanto el niño se bajó de él, y tras recordar las advertencias de la princesa, se alejó de él unos cuantos pasos.
- Hey, ¿sucede algo? - preguntó al notar la mirada inquieta del rubio.
- Na-nada. Yo... tengo que irme – dijo comenzando a caminar más rápido. No quería estar cerca del pelinegro mientras dudara de sus intenciones.
- Oye, ¡espera! - Dark Link corrió tras de él y lo tomó de la muñeca – Hoy tengo algo de tiempo, déjeme acompañarte -
- Dark – se detuvo, y dijo sin voltear a verlo - ¿Qué haces aquí? -
El pelinegro no esperaba una pregunta así, por lo que dudó varios segundos antes de contestar.
- Eh...Estaba de paso y... te vi, y... -
- ¿Es eso cierto? - se volvió a mirarlo con gravedad, tanto que Dark Link se sorprendió - ¿O es que ya sabías donde estaba? -
Link podía ser ingenuo mas no tonto. En esos momentos ambos estaban a escasos metros a la entrada del Dominio Zora, lejos del castillo o cualquier otra ciudad. No había manera de que su encuentro fuese una casualidad.
Siendo que el pelinegro no contestaba, el rubio lanzó otra pregunta para presionarlo.
- ¿Acaso fue tu padre el que te envió a buscarme? -
- P-pero, tú... ¿cómo es que...? -
- Entonces era cierto... – agachó la cabeza, con los ojos y el pecho punzándole, como si una espina se clavara en ellos; se sentía traicionado, herido. Fue entonces que se dio cuenta que realmente le gustaba Dark Link. Y si su intención era acabar con él, ¿no habría sido más fácil asesinarlo sin jugar así con sus sentimientos?
Link no pudo más y comenzó a llorar. Había tenido que salir de su aldea y dejado atrás su hogar, y aunque no sentía miedo ni temor a lo desconocido, sí se sentía tan solo sin Saria y Mido.
- He-hey, el que debería estar llorando soy yo – dijo Dark Link tomando al rubio de los hombros luego de pasarse las manos por la cara – Yo...no sé cómo te enteraste, pero sí, mi padre me mandó a buscarte, y supongo que ya sabrás por qué motivo – Link simplemente asintió. No quería oír de su boca que iba a matarlo – Pero no pienso hacerlo, así que deja de llorar – dijo en un tono duro, pero aún así se escuchaba su voz ahogada por el esfuerzo de no volver a llorar.
- ¿Por qué?... -
- Porque no mentía cuando dije me gustas – dijo ruborizándose – La primera vez que nos encontramos... mi plan era sólo observarte un momento y después decirle a mi padre que no te había encontrado, pero tú te diste cuenta de mi presencia y... hablamos, y me agradaste mucho. Después de eso no podía dejar de pensar en ti y... ¡Agh! ¡Esto es vergonzoso! - dijo y lo abrazó, más que nada para esconder su rostro colorado y sus mejillas mojadas. Link, aunque todavía no pudiendo disipar sus dudas sobre él, decidió dejarlas a un lado por un momento e igual lo rodeó con sus brazos - Lo siento, debí decírtelo antes... Pero tenía miedo a que me rechazarás, además de que desde un principio nunca pensé en obedecer a mi padre, así que no lo creí necesario... -
- Es...está bien – dijo mientras se secaba las lágrimas.
Durante varios segundos hubo un silencio que fue roto por Dark Link a la vez que se separaban.
- Link, será mejor que nos demos prisa –
- ¿Eh? -
- Buscas la tercera piedra espiritual, ¿no es así? Mi padre aún no sabe que las estás buscando. Debemos conseguirla lo antes posible y llevarlas al Templo del Tiempo antes de que intente apoderarse de Hyrule – tomó al rubio de la mano y comenzaron a caminar hacia el Dominio Zora.
- Dark, ¿por qué me ayudas? Él es tu padre... -
- Digamos que no comparto su forma de pensar. Él está enfermo de poder y eso no me agrada. No le es suficiente ser el rey de las gerudo... Además, ayudándote a ti a detenerlo, mato dos pájaros de un tiro – dijo sonriendo.
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Al llegar al Dominio Zora, entraron allí atravesando una cascada donde fueron recibidos cordialmente por una raza de hombres pez, quienes al explicarles que querían una audiencia con el rey no tuvieron problemas en escoltarlos a la sala del trono.
- Pasen, es por aquí – dijo un zora que les hacía de guía – Su majestad, un par de mensajeros del Palacio real de Hyrule vienen a verlo -
- Muy bien, ¿a qué se debe su visita, mensajeros? - preguntó el rey, que se trataba de un zora de un tamaño mucho mayor que los otros, pero aún así su voz y aspecto eran dóciles.
- Discúlpenos, Su majestad, hemos sido enviados a buscar el Zafiro Zora – dijo Dark Link después de hacer una reverencia inclinando el torso hacia adelante.
- Umm...bueno – el rey dudó un poco antes de hablar – Me gustaría entregárselos, pero me temo que mi hija Ruto escapó con él y se adentró a Bubulubu -
- Es Jabu-Jabu, Su majestad – le corrigió el zora.
- ¡Eso! Jabu-Jabu -
- ¿Uh? ¿Qué es un Jabu-Jabu? - preguntó Link.
- Es el guardián de nuestro dominio – respondió el rey – Cuando la princesa hace rabietas suele entrar en él para esconderse. Si la traen de vuelta les recompensaré con el Zafiro Zora – dijo señalando un camino al lado de su trono – Vayan por ese camino y verán un pez gigante, ese es Bubulubu -
- Jabu-Jabu...-
- Parece que no queda de otra – suspiró Dark Link – Tendremos que ir por esa princesa si queremos la piedra -
Link asintió y se encaminaron hacia donde les indicó el rey.
- Dark... -
- ¿Qué sucede? -
- ¿Viste lo grande que era el rey zora? - preguntó ya que se encontraban en el exterior.
- Sí – rió – Sólo esperemos que la princesa Ruto no sea así de grande -
Se detuvieron al toparse con el pez gigante.
- Así que... ¿debemos dejar que el pez nos coma? - cuestionó Link un tanto incrédulo.
- Eso parece... - Dark pateó a Jabu-Jabu pero éste no reaccionó del todo, solo seguía pestañeando – Es bastante manso, no creo que nos vaya a hacer daño – dijo y le abrió el hocico con ambos brazos.
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No tenían mucho tiempo de haber entrado a Jabu-Jabu cuando los chicos se encontraron con extrañas medusas que nada más verlos comenzaron a atacarlos, a lo que ambos se enfrentaron a ellas con sus espadas.
- Esto ya me está enfadando – se quejó Dark Link.
- A mí también, pero debemos encontrar a la princesa Ruto – dijo preocupado por la chica.
- Cierto. Se supone que ella tiene el Zafiro Zora – recordó.
- Sí. Y podría estar ella en peligro con estas cosas atacando – refiriéndose a las medusas.
Unos cuantos pasos más dieron cuando escucharon un grito femenino, y se apresuraron hasta encontrarse a la princesa zora siendo atacada por las medusas. La chica se sorprendió al verlos.
- ¡Ustedes! ¡No se queden ahí parados! ¡Ayúdenme! - gritó desesperada.
Link asintió y enseguida desenfundó de nuevo su espada, Dark hizo lo mismo. Tras acabar con los enemigos la chica suspiró aliviada.
- ¿Estás bien? - le preguntó Link al tiempo que la ayudaba a ponerse en pie.
- ¿Ah? ¿Qué si estoy bien? - respondió con brusquedad - ¡Casi soy la cena de esas cosas! ¡Claro que no estoy bien! . - al levantarse, se cruzó de brazos y volteó hacia otro lado, indignada por la pregunta. Aún así los miró de reojo – Nunca me habían atacado antes, no entiendo qué sucedió... Por cierto, ¿puedo saber el nombre de mi salvador? - cuestionó suavizando la voz y mirando al rubio con ojos coquetos.
- Soy Link, y el es Dark. Tú debes ser la princesa Ruto, ¿no? -
- ¡Vaya! Qué halago que sepas mi nombre – dijo complacida – Efectivamente, soy Ruto, la princesa de los Zoras -
- ¡Genial! ¿Entonces podrías darnos el Zafiro Zora? -
- ¿Uh? ¿Para qué necesitas el Zafiro Zora? ¡Ah! No me digas que... – se ruborizó y se llevó las manos a sus mejillas - ¿Acaso la quieres para casarte conmigo? Porque por mí no existe ningún inconveniente -
- ¡Hey! ¿Cómo que "casarse" contigo? - preguntó Dark Link enseguida, notablemente molesto.
- ¿Qué es "casarse"? - quiso saber Link.
- ¡Fácil! El Zafiro Zora es el anillo de compromiso de la familia real de los Zoras. Prefiero dársela a mi salvador Link que al zora idiota que mi padre eligió como mi prometido – dijo restándole importancia al asunto.
- Ya veo. Pues Link no se casará contigo. Así que nos dará el Zafiro Zora como su padre lo prometió por encontrarla – dijo con cierto tono de amenaza.
- Oigan, ¿qué es "casarse"? - volvió a preguntar, ahora sintiéndose un poco ignorado.
- ¿Tienes algún problema de que Link se case conmigo? - preguntó desafiante.
- ¡Pues sí lo hay! -
- ¿Ah, sí? Dime cuál es -
- Link es mi novio – contestó enviándole una mirada ganadora y a su vez burlona.
- ¿No-novios? - repitió alarmada e incrédula – Pe-pero ustedes...-
- No somos hermanos ni familiares, si eso te preguntabas. Sólo nos parecemos -
- ¿Qué es "no..."? - antes de terminar de preguntar, Dark le tapó la boca.
La princesa se quedó en shock un momento para después exclamar:
- ¡Lo hubieran dicho antes! - le entregó el Zafiro Zora a Link – Yo apoyo por completo este tipo de relación... ¡Oh! No me digan que quieren la piedra para casarse entre ustedes – rió tímidamente.
Dark Link sonrió mientras que Link ni siquiera entendía de que hablaban, pero se alegró de tener la tercera piedra.
- La necesitamos para otra cosa, pero no descartaré la boda – dijo divertido y sonriéndole a Link, provocando que éste se sonrojara.
- De acuerdo. Ahora que el Zafiro Zora no me pertenece ya no tengo motivo para esconder dentro de Jabu-Jabu -
- ¿Y por qué se escondía aquí, princesa? - preguntó Link con curiosidad.
- Bueno, eso... Mi padre quería que le entregue la piedra a quien eligió como mi esposo, pero no quiero casarme con él, así que decidí escaparme. Pero como el Zafiro Zora ya no es mío, ya no tengo nada de que preocuparme – sonrió - Como sea, empiezo a tener hambre. Salgamos de aquí -
Al salir de Jabu-Jabu.
- Estoy seguro de que aquí en adelante puede irse sola a casa, princesa – dijo Dark.
- Claro, pero... - choca sus dedos índices entre sí con vergüenza.
- ¿Necesitas algo? - preguntó Link amablemente.
- Este...¿podrían...? - se ruboriza - ¿podrían darse un beso frente a mí? -
- ¡¿Qué?! -
- Por supuesto, no hay problema – Dark tomó a Link de las mejillas e hizo juntar sus labios. El rubio intentó empujarlo, por su parte, la princesa veía encantada la escena - ¿Es lo que quería, princesa? -
- ¡Por supuesto, gracias! ¡Espero que nos volvamos a ver! - se despidió de ellos con la mano alzada – ¡Link, si algún día dejas a Dark, te dejaré ser mi prometido! -
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Ya teniendo las tres piedras espirituales, Link y Dark Link debían volver a la ciudad e ir al Templo del Tiempo.
- Dark, ahora que lo pienso, ¿tú eres un príncipe como la princesa Ruto? - preguntó cuando caminaban hacia el castillo, tomados de la mano.
- Umm. Sí, podría decirse que sí... - contestó pensativo – Las Gerudos son una raza de sólo mujeres, mi padre y yo somos los únicos hombres. Él es el rey...así que yo soy algo así como el príncipe, aunque no tengo ese título, si a eso te refieres -
Cuando estuvieron a punto de llegar al castillo, vieron a un caballo que llevaba a dos personas encima. Una de ellas era la princesa Zelda y la otra mujer Impa, su niñera. Link supo enseguida que algo no andaba bien así que intentó alcanzarlas corriendo.
- ¡Link, espera! - Dark corrió tras él.
- ¡Princesa! -
- ¡Link! - la princesa le lanzó un objeto azul antes de desaparecer de la vista de los chicos, el cual golpeó al rubio en la frente haciéndolo caer.
- ¿Estás bien? - dijo mientras le ayudaba a levantarse.
- Sí, estoy bien – frotándose donde recibió el golpe. Después, volvió la mirada al suelo para encontrarse lo que la princesa le había tirado. Era una ocarina azul con el sello de la familia real.
- Veo que me has desobedecido, Dark – escucharon una voz masculina. Se trataba del hombre pelirrojo, Ganondorf. Al igual que las mujeres estaba sobre un caballo. Era él el que las perseguía – Te ordené que mataras al chico, ¿no es así? - dijo aparentemente tranquilo, pero con una mirada furiosa -
- Sí, ¡pero no lo haré! ¡No voy a ayudarte en tus planes malignos, padre! -
- Eres un insolente. ¡Te enseñaré a respetarme! - tronó los dedos e hizo aparecer una especie de campo de fuerza alrededor de Dark Link e inmediatamente lo hizo desaparecer.
- ¡Dark! - exclamó el rubio pero fue demasiado tarde, ya no estaba - ¿Qué le hiciste? -
- Sólo lo regresé a casa... Ahora, dame esa ocarina, niño -
- ¿La ocarina? - repitió mirándola en su mano, después la escondió tras de sí - ¡No te daré nada! -
Link intentó correr, debía proteger la ocarina que la princesa le había confiado, pero antes de llegar al puente del castillo el hombre tranquilamente alzó una mano y conjuró una bola de energía morada que golpeó al rubio y lo hizo soltar la ocarina.
Ganondorf bajó de su caballo negro y tomó la ocarina para después volver a subirse.
- Te mataría ahora mismo pero no rebajo mi nivel con niños. De todos modos sin ésto ya no puedes hacer nada contra mí – tras terminas de decir aquello, hizo andar su caballo para continuar la persecución.
- Ouch... - se levantó pesadamente del suelo, con la espalda chamuscada y las rodillas adoloridas del impacto - ... Se llevó la ocarina de Saria – dijo al darse cuenta que aún tenía la ocarina azul - Debo... debo ir al templo...Después buscaré a Dark -
Cruzó el puente para llegar a la ciudad e ir al Templo del Tiempo. Al entrar, puso las piedras espirituales donde un pedestal, donde al ya estar colocadas empezaron a brillar. Sin embargo, nada pasaba. Entonces recordó la ocarina azul. La princesa Zelda le había enseñado una melodía que debía ser tocada al estar las piedras reunidas. Esa era la clave para abrir el portón que resguardaba la Espada Maestra.
Tocó la melodía que recordaba y tan pronto dejó de sonar el instrumento la puerta se abrió.
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