¡Hola!...Sí, ya sé que me tardo mucho en publicar, pero ya salí de la Universidad y tengo vacaciones por ahora, así que trataré de escribir de nuevo como antes! :'D
Bueno, ya... Aquí les dejo el cap 4.
- Link – habló un hombre de avanzada edad - Estás en la cámara de los sabios. Han pasado siete años desde que tomaste la espada del pedestal…-
- ¿Qué...? ¿Siete años? – repitió el rubio, confundido y desorientado, mirando hacia todos lados solo para encontrarse dentro de una extraña habitación en la que brotaban agua del centro y lo rodeaban seis pedestales de distintos colores.
- Sí. Mírate, Link. Has crecido, eres un adulto –
Link, aún sin entender muy bien sus palabras. Se miró las manos, ya no eran las mismas; sus dedos eran largos y las palmas grandes. Se tocó el rostro con ellas y se sintió extraño. Todo su cuerpo se sentía diferente.
- Mi nombre es Rauro – continuó el hombre – Soy uno de los seis sabios. Link, fuiste encerrado estos años dentro del templo puesto que eras muy joven cuando tomaste la Espada Maestra. Durante ese tiempo, Ganondorf tomó el control de Hyrule y lo tiene casi todo bajo su poder. Es tu deber como el héroe del tiempo salvar a Hyrule de Ganondorf… Busca a los cinco sabios restantes -
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Link tardó varios minutos en reaccionar cuando apareció de nuevo dentro del Templo del Tiempo. Las antes blancas paredes ahora eran grices, y una manta de polvo cubría el piso y el pedestal de las piedras espirituales. Y la ciudad, que había sido tan hermosa tan solo unos minutos atrás... ahora estaba destruida y plagada de monstruos. Para Link, todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos. Le costaba creerlo. Pero, lo que más le preocupaba, ¿Dark Link estaría bien?
No tuvo siquiera tiempo en pensar en deprimirse al recordar las palabras del sabio Rauro. En esos momentos debía dirigirse hacia el Bosque perdido, donde se hallaba el Templo del Bosque y posiblemente uno de los Sabios.
Al llegar a la Villa Kokiri, Link caminó entre las casas buscando señales de vida, mirando dentro de ellas pero parecían totalmente abandonadas. Eso no sólo le preocupó, le aterró pensar en que algo le pudo haber ocurrido a esos chicos que, sí, quizás lo rechazaron por no tener un hada, pero sabía que eran buenos niños y no merecían sufrir de esa manera. Cuando creyó que no encontraría ni un alma rondando por el lugar escuchó un grito. Reconoció la voz enseguida, tenía que ser de Mido, el jefe de los kokiris, quien estaba siendo atacado por una planta Deku Baba.
Con algo de pesadez desenfundó la Espada Maestra y de una estocada torpe se deshizo del enemigo. Entonces dio un suspiro de alivio, pues le era difícil manejar esa espada con ese "nuevo cuerpo".
- ¿Estás bien? - preguntó corriendo enseguida hacia el kokiri, arrodillándose a su lado.
- ¡Woaa! ¡Un adulto! - gritó Mido lavándose de un salto del suelo, sorprendido. Pero pronto recordó que debía mantener su postura de líder – Digo...Sí. Agradezco tu ayuda, Extraño...Aunque no sé cómo lograste entrar a la Villa...Supongo que la maldición también deshizo nuestras defensas... -
El rubio por un momento se sorprendió que Mido no lo reconociera, hasta que recordó su aspecto actual, por otro lado, Mido seguía siendo un niño, como si los siete años no hubiesen pasado para él.
- ¿Qué le sucedió a la villa? -
- Eso... - suspiró – Poco después de que nuestro guardián el Gran Árbol Deku murió, cayó una especie de maldición sobre nosotros: muchos Deku Baba nos empezaron a atacar y los animales se volvieron más agresivos. Desde entonces no hemos podemos salir de nuestras casas sin sentir miedo. Tenemos que escondernos todo el tiempo... y él no está aquí para protegernos – cada vez fue bajando más la voz hasta al punto de llegar a ser un balbuceo – Se fue y nunca volvió... -
- ¿De quién hablas? -
- De...de un tonto que conocía. Pero ya no importa – se pasó una mano por el rostro y bufó – Como sea. Deberías salir de aquí, este es un lugar sagrado para los kokiris y no permitimos la entrada a forasteros – dijo comenzando a caminar – En estos momentos debo ir al Bosque perdido a buscar a alguien, pero cuando regrese no quiere verte por aquí -
- ¿Al Bosque perdido? - repitió alarmado. Mido nunca entraría al Bosque perdido, le tenía pavor. Debía tener una razón muy poderosa para querer entrar ahí – Yo también debo ir allí, me dirijo al Templo del Bosque. Podemos ir juntos -
- ¿Al Templo del Bosque? Es a donde voy – dijo pensativo – Está bien... No sé qué tienes que hacer ahí, pero te permitiré acompañarme. Desde este momento se te será otorgado un título como mi ayudante; por hoy eres un Kokiri honorario. Siéntete halagado -
Link no necesitaba leer mentes para saber que Mido no estaba siendo bondadoso, más era que tenía miedo de ir solo.
- Y ya que estamos en eso... También me ayudarás a buscar a Saria -
- ¡¿Saria?! ¿Está perdida? -
- Sí. Hace unos días fue al Templo del Bosque sola pero no ha regresado, es por eso que voy a buscarla... Ella creía que la clave para deshacernos de esta maldición debería encontrarse allí -
Ahora Link no sólo estaba preocupado por Dark Link, ahora también por Saria. Y que Mido quisiese también exponerse al peligro yendo a buscarla le ponía más de nervios.
Después un par de horas de caminata y enfrentarse a monstruos y animales que obstruían su paso, por fin llegaron al Templo del Bosque y entraron. El lugar por dentro era algo lúgubre y oscuro, pero se guiaron relativamente fácil gracias a una vistosa alfombra roja que les marcaba el paso, y a la vez que recorrían los pasillos, podían escuchar crujidos y todo tipo de ruidos aterradores lo cual lo único que hacían era alterarle los nervios a Mido, mientras que a Link eso sólo le indicaba que iban por el camino correcto.
Se dieron cuenta que llegaron a su destino cuando se toparon con una habitación llena de pinturas, todas las mismas. Un desolado panorama azul y negro. Pero una de las pinturas era un poco diferente de las demás. Parecía como si de a poco un jinete cabalgando pasara a primera plano y... ¿saliera de la pintura?
- ¡¿Qué es eso?! - gritó Mido, escondiéndose tras Link.
- No...tengo idea – contestó igual de pasmado. El jinete les lanzó un rayo y Link inconscientemente usó la espada para repelerlo, después intentó atacarlo pero su caballo fue más rápido esquivando el golpe – No logro alcanzarlo... ¡Mido, corre! -
- ¡No! ¡No voy a dejar solo a mi ayudante! - dijo tratando de armarse de valor, pero la verdad era que no dejaba de temblar – ¡Bu-buscaré algo con lo que podemos derrotarlo! -
- No tienes que buscar más – dijo una tercera voz, y de las sombras apareció un hombre con ropajes azules y un símbolo de un ojo rojo con una lágrima, quien dejó caer un Arco junto a Link – Eso servirá -
Link, sin prestarle mucha atención al extraño, tomó el arco, e imaginando que usaba una resortera, disparó una flecha en contra del fantasma, el cual terminó cayendo del caballo y desapareció haciéndose polvo.
Link suspiró aliviado, al parecer todo había terminado. Entonces un brillo verdoso comenzó a iluminar el lugar hasta desvanecerse de a poco, dejando ver a una chica kokiri que sonreía alegremente.
- Link, gracias a ti el Bosque Kokiri podrá regresar a la normalidad -
- Saria... - Link solamente pudo pronunciar el nombre de su mejor amiga. Hacía apenas pocas semanas que no la veía, pero sabía que para ella habían sido años.
- Sí. Soy la Sabia del Bosque, por eso ya no puedo estar en este mundo con ustedes. Pero siempre seremos amigos ¿verdad? Estaré apoyándote, Link -
- Se fue... - dijo Mido viendo con tristeza como Saria se desvanecida a la vez que se despedía de ellos agitando una mano. De pronto se dio cuenta de algo - ¡Hey! ¿Te llamas Link? Qué coincidencia, tienes el mismo nombre que ese tonto -
Link sonrió y asintió sin intención de corregirlo. Eso era lo mejor.
- Ah, debo regresar enseguida a la Villa Kokiri a darle las buenas noticias a los demás. Gracias por tu ayuda, Link. De ahora en adelante eres bienvenido a nuestra villa – dijo Mido con una amplia sonrisa antes de comenzar a correr de regreso.
Link se sintió contrariado, entre halagado y triste. Le hubiese gustado más haber sido bienvenido a la villa cuando era niño...Sin embargo, estaba feliz de que los kokiris ahora estaban a salvo.
Luego de que Mido desapareciera de su vista, se fijó en el chico que le había entregado el arco.
- Gracias por ayudarnos hace unos momentos ¿pero quién eres? -
- Mi nombre es Sheik. Soy un Sheikah – dijo haciendo una reverencia – Y no tienes nada que agradecer, es mi deber ayudar en todo lo que pueda -
- Uhm, ¿Qué es un Sheikah? - preguntó curioso.
- No interesará saberlo. Eso ya no tiene importancia – dijo el chico haciendo un ademán despreocupado, a la vez que se aproximaba a Link - ¿Por qué no mejor me hablas de ti? -
- ¿Hablar de mí? - repitió confuso, además de que se percató de la cercanía del otro rubio, no entendiendo lo que pretendía.
- Dime, ¿alguna vez te han dicho que tienes unos ojos preciosos? - le susurró cerca del oído y Link se ruborizó
- Bueno... en realidad sí – al escuchar aquello, Link recordó que Dark Link alguna vez le había comentado lo mucho que le gustaba el azul de sus ojos - ¡Tengo que irme! ¡Gracias por todo! - exclamó de pronto y corrió. Debía encontrar pronto al pelinegro.
Sheik suspiró frustrado.
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Link regresó a la Aldea Kakariko luego de deshacerse de un dragón que acosaba a la gente de raza Goron, con lo cual descubrió que Darunia era otro de los sabios que buscaba. Además, volvió a tener algo de ayuda del chico Sheikah que, cuando éste buscaba una recompensa "por sus servicios", Link lo ignoró una vez más.
Link se recostó sobre un pozo y suspiró. Había preguntado por toda la aldea si alguien había visto a un chico parecido a él pero nadie sabia nada. Comenzaba a sentirse solo y algo desesperado de no saber nada de él, si se encontraba bien, si él también lo extrañaba...
- ¿Eres tú, Link? - el rubio escuchó que una mujer lo llamaba, y se sorprendió al ver que se trataba de Impa, la niñera de la princesa Zelda - ¡Lo sabía! - sonrió – Han pasado siete años desde la última vez que te vi, ¡cómo has crecido! -
Link parpadeó sin entender la nostalgia que los rodeaba, entonces recordó que para él esos siete años había sido nada. No terminaba de acostumbrarse.
La mujer llevó a Link a una posada donde éste le contó de su misión de buscar a los seis sabios y, con algo de vergüenza, también le confesó a quien más buscaba.
- Pero la princesa dijo que ese chico era peligroso. Y también me dijo que le prometiste no acercarte a él – le regaño Impa, entre molesta y preocupada.
- L-lo sé, pero lo conocí mucho antes de que la princesa me advirtiera sobre él – se defendió – Además, Dark Link no es peligroso... - agachó la mirada, tratando de esconder su ojos llorosos.
- Sé honesto conmigo, ¿entre tú y ese chico hay algo, verdad? - cuestionó con seriedad. No necesitaba usar sus habilidades de sheikah para darse cuenta que esa mirada era la de un enamorado que ha perdido a su amante.
- ¿"Algo"? ¿qué significa eso? -
- Ah... me refiero a... bueno, tú sabes... - Link negó con la cabeza, por lo que la mujer recordó que él seguía siendo un niño en su interior, así que tardó un poco en encontrar las palabras apropiadas para su pregunta – Me refiero a que si tienes un sentimiento especial hacia él -
- Especial... - murmuró pensativo – Cuando estoy con él, siento que mi corazón se acelera, también que mis mejillas arden...es extraño, pero me pongo feliz cuando estoy con él – sonrió dulcemente tal cual la edad que tenía. La mujer suspiró.
- ¿Es decir que son algo así como novios? -
- ¿Eh? - a su memoria volvió el día en que Dark Link declaró ante la princesa Ruto que él y Link eran novios. Aunque seguía sin entender el significado de eso – Sí. Creo que sí -
- Y-ya veo – Impa se ruborizó y prefirió zanjar el tema. Por ahora ninguno de los dos conocía su paradero. Link estaba fuera de peligro en esos momentos – Sólo espero que sepas lo que estás haciendo. La princesa Zelda ya cumplió con avisarte de su visión...-
- La princesa, ¿dónde se encuentra? -
- No lo sé con certeza – cabeceó de manera negativa – Pero sé que está segura y que nada va a pasarle. La dejé en buenas manos -
La siguiente hora continuaron conversando de muchas cosas, desde lo que había sucedido hacía siete años atrás cuando Link tomó la espada hasta la actualidad para tenerlo al corriente del estado decadente de varias aldeas que ya encontraban bajo el poder de Ganondorf, cuando escucharon gritos provenientes del exterior de la posada. No tardaron mucho en salir con alarme a saber que era lo que sucedía y vieron a personas corriendo despavoridas a buscar refugio en sus casas, pues, al parecer, un sirviente de Ganondorf se acercaba a la aldea.
- Olvidé mencionarlo – dijo Impa poniéndose en guardia – Cada cierto tiempo vienen siervos de Ganondorf a tratar de mermar la población e infundir miedo. Sin embargo, no son nada de difícil de derrotar, al menos para mí -
Link apenas si escuchó las palabras de la mujer, pues desde lejos pudo ver algo captó su atención. Tratándose de un ser maligno, esperaría ver algún especie de monstruo, pero se trataba de un ser humano que caminaba con una espada desenfundada hacia ellos.
Cuando se hubo acercado más, Link pudo reconocer aquellas facciones idénticas a "su nuevo rostro" y esos ojos rubíes que jamás podría olvidar.
- Dark... - fue lo único que pudo musitar ante la sorpresa.
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