5 – Infancia

–¿Cómo te llamas?

Le preguntó en cuanto se encontraron a solas. Lo había guiado hasta el pequeño cuarto anexo al suyo, donde debía alojarse y trabajar su ayudante de cámara, hasta hacía poco esa habitación había sido ocupada por una doncella, pero habiendo entrado Shion a la adolescencia, su padre había considerado que no era propicio que tuviera mujeres cerca. No quería bastardos.

–Dohko…

Contestó el esclavo en voz baja. Había tratado de mantener el espíritu alto, pero no podía más. Su amo de toda la vida lo había vendido, ahora todo sería diferente, su infancia había terminado. Tenía miedo.

.

6 – Mito

–Yo soy Shion, harás las funciones de un ayudante de cámara, pero básicamente debes hacer todo lo que yo te ordene, ¿entiendes?

Dohko asintió con la cabeza, dudoso:

–¿Y el capataz? ¿No debo obedecerlo a él también? Creía…

Shion se molestó:

–Eso no es más que un mito. Aquí nadie puede darte órdenes a parte de mí –luego reflexionó un poco–bueno y mi padre, Hakurei, dueño de toda esta tierra. Pero él no es tú dueño, yo sí. Y deja ya de temblar, no voy a lastimarte.

Dohko no pudo parar, al contrario, sus ojos se llenaron de lágrimas.

.

7 – Reconciliación

Shion estaba contrariado, el esclavo estaba llorando y no estaba seguro de cómo controlar aquello. Sabía que cuando traían nuevos cautivos a los campos y éstos lloraban el capataz los hacía callar con azotes, pero él no quería golpear a Dohko. Sabía que podía, incluso sentía un punto de curiosidad sobre aquello, mas nunca había golpeado a nadie y no tenía nada a la mano para hacerlo.

Finamente lo hizo sentar sobre la estrecha cama y de su propia habitación le trajo un poco de vino, se lo hizo beber despacio y Dohko se obligó a reconciliarse con su suerte.