8 – Cinco – 100 palabras

Al día siguiente Dohko tuvo que levantarse a las cinco de la mañana para preparar el desayuno para su nuevo amo. Se presentó con nerviosismo frente al capataz y la cocinera, que lo miraron con malicia y le hicieron comentarios desagradables. Trataron de ordenarle tareas que debían hacer ellos, pero el muchacho sabía que lo harían y se negó suavemente, aludiendo que debía cumplir los encargos de Shion primero.

Le subió el desayuno al cuarto a obscuras, recogió la ropa del suelo y luego salió para lavarla. Aquellas actividades eran ordinarias y lo tranquilizaron, luego subió para recibir órdenes nuevas.

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9 – Flojo – 100 palabras

Cuando entró en la habitación vio que Shion estaba desayunando, vestido con el batín de noche, despeinado; le pareció una estampa agradable y curiosa y sonrió. El joven amo lo percibió y le devolvió el gesto, le gustó que aun sin instrucciones claras, Dohko hubiera tomado la iniciativa de servirle.

–Es agradable ver que no eres flojo, si continúas trabajando así no tendrás ningún problema, Dohko. Ahora prepárame el baño.

El cautivo no se sorprendió por la sequedad de la orden, en su antigua casa también lo trataban así. Obedeció de inmediato, yendo a la cocina para calentar el agua.

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10 – Blanco – 100 palabras

A pesar de la costumbre de ayudar a sus amos en el baño, aquella ocasión resultó perturbadora para Dohko. El cuerpo desnudo de Shion era hermoso, blanco como la nieve, largo y delgado. La forma de las piernas, del vientre y el cuello tenían una delicadeza que hizo a Dohko tragar saliva. Él también tenía poco de haber entrado en la adolescencia, se había sentido así con las doncellas que trabajaban donde él, jamás había experimentado eso con otro varón.

Observando su propio cuerpo se dio cuenta de lo diferente que resultaba al de su amo, no entendía qué sucedía.

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11 – Tiempo – 100 palabras

Dohko acabó con sus actividades antes del mediodía. Había cocinado, lavado y limpiado todo aquello que Shion pudiera necesitar y ahora no estaba seguro de qué hacer con su tiempo libre. Aún quedaban las órdenes que el capataz y la cocinera le habían dado, no quería enemistarse con ellos, pero su amo le había prevenido de obedecer a alguien que no fuera él, así que lo esperó en la recamara.

Shion lo sintió observarle y en un capricho le ordenó:

–Ven aquí, léeme esto.

Debía leerlo él, pues era su tarea, pero le pesaba. Sin embargo Dohko no sabía leer.