Notas del autor: Bueno, pido disculpas a los que siguen este fanfic y les llegue un mensaje de actualización, veran, decidí darle unos retoques a ciertas partes del fic, por lo que opté por resubir el capítulo.

Agradecimientos especiales para HikariCaelum por su opinión previa a la entrega de este cap y por la corrección en el uso de los guiones.

Disclaimer: Digimon no me pertenece, sólo mis OCs.


Midori

«Bien, ahora le doy vuelta por aquí y... ¡no es así como tiene que quedar!» Se reprendió el castaño por enésima vez. Estaba nervioso, muy nervioso, tanto que sus manos se habían vuelto torpes. Se miró nuevamente en el espejo, todo estaba perfecto en su vestimenta salvo por esa corbata con la que llevaba batallado casi quince minutos. Tenía que usarla, después de todo ella se la había regalado y era perfecta para la ocasión. Sus padres lo estaban esperando en la sala de estar y estaba seguro que su demora no pasaba desapercibida. «Entonces, terminamos aquí, subimos a mi automóvil, si tomamos la ruta rápida deberíamos llegar con tiempo de sobra al registro civil y luego... la ceremonia».

—Tai, ¿estás listo?, mamá y papá quieren saber si te falta mucho —preguntaron desde el otro lado de la puerta.

—Ya casi termino, entra, quiero escuchar tu opinión —respondió el castaño mientras giraba sobre sus talones para ver la puerta.

Entró una castaña de unos dieciséis años y piel ligeramente tostada. Usaba un vestido celeste claro que, a pesar de su simpleza, resaltaba su belleza a la perfección. Su cabello llegaba un poco por debajo de sus hombros y sus ojos color chocolate se dedicaron a observarle.

—¿Narumi, qué te... —comenzó el castaño mayor, pero fue interrumpido por la presencia de otra persona en el umbral de la puerta.

—Esa corbata te quedaría de maravilla, hermano —dijo una joven muy parecida a la de castaña, excepto por su cabello anaranjado, el cual llegaba hasta su cintura.

Narumi puso sus ojos en blanco.

—Yuuko, sabes que es malo estar espiando a la gente, además, si querías venir tú, podrías haberlo dicho —dijo la castaña mientras la pelirroja entraba en el cuarto.

—Yo no lo llamaría espiar —respondió mientras movía las manos en gesto de restarle importancia—, además, ambas queremos saber lo mismo.

Ambas centraron su mirada en el castaño, quien se había dedicado a observar la escena con un deje de diversión. Desde que eran pequeñas, las mellizas habían desarrollado personalidades relativamente contrarias, de manera que sus "peleas" eran algo común, pero a pesar de ello seguían siendo confidentes mutuas y se podía decir que, con el paso de los años, esas diferencias provocaron que fuesen más cercanas. Al menos así era para Taiyo, quien se consideraba mucho más distante con su hermano menor, el segundo hijo de Sora y Taichi, Hayato.

—¿Y bien?.

La castaña aclaró su garganta.

—Este..., ¿por qué decidiste casarte con Midori?.

La pregunta le tomó desprevenido.

—Yo... —no sabía que contestar, en ese momento se había transformado en un amasijo de emociones contrapuestas, entre otras cosas. Realmente quería a la rubia, a pasar de que hubo épocas en las que se detestaron profundamente. Podía decirse que la de ellos era una relación más bien tormentosa, marcada por algunas decisiones estúpidas por parte de ambos.

—Si la pregunta te incomoda... —comenzó la pelirroja.

No podía describirlo como incomodidad, pero tampoco tenía una mejor forma para referirse a ello.

—Ya, ya, tampoco es como si fuésemos a ser tías o algo así —interrumpió la pelirroja moviendo las cejas y con una leve sonrisa en el rostro.

El castaño hizo una mueca de desagrado, eso último le hizo enojar.

—Estas tocando algo que no te incumbe —advirtió con semblante serio, ellas no tenían más de seis años cuando pasaron las cosas—. Ya casi termino, espérenme abajo.

—No lo decía en serio —se disculpó Yuuko, mientras comenzaban a caminar hacia la puerta—, sabes que soy un poco lenta para este tipo de cosas. Lo siento.

—¿Estás bien? —preguntó la castaña desde el umbral de la puerta.

El castaño suspiró y ablandó su mirada.

—Sólo..., sólo necesito pensar un rato.

—Puedo llamar a nuestro padre, si quieres —agregó la pelirroja.

Una parte de él buscaba ayuda, pero otra tenía miedo de lo que pudiese pasar. «¿No que tú heredaste el emblema del Valor?» Se cuestionó mientras dirigía su mirada al suelo. En esos momentos comenzó a sonar su teléfono celular, lo llamaba su novia.

Las hermanas Yagami se quedaron en el umbral de la puerta a la espera de una respuesta mientras su hermano mayor comenzaba con su costumbre de caminar mientras hablaba por teléfono.

—No se preocupe, señor Ishida, creo que es lo mejor. En cuanto pueda la visitaré, adiós —dijo antes de colgar y dirigir su mirada hacia sus hermanas—. Midori no se siente bien —suspiró—, vamos a aplazar la boda... Bueno, creo que lo mejor será hablar con papá.

Durante el tiempo que estuvo solo, Taiyo se dedicó a tratar de ordenar sus pensamientos con la mirada perdida en el techo.

—Hijo, ¿estás bien? —escuchó que preguntaban mientras dirigía su mirada hacia la entrada.

Allí estaba Taichi Yagami quien, a pesar de los años, no había perdido ese aire de gran héroe con el que lo veía cuando le contaba sobre sus aventuras en el mundo digital, y que para muchos fue la persona más importante durante la transición entre la época anterior a la apertura de todas las puertas entre ambos mundos y el pacífico presente que vivían. Pero dadas las circunstancias, toda su labor como diplomático quedaba relegada un segundo plano, dejando como hecho principal el que fuese uno de los pocos que supiese de forma completa su historia con la joven Ishida.

—No, pero tampoco estoy mal, es... complicado —respondió—, ¿te dijeron sobre la boda?— el castaño mayor asintió con la cabeza.

—Bien, te escucho.

Taichi se adentró en la habitación y se paró frente a él, hace varios años que su hijo lo superaba en estatura. El castaño menor lo miró a los ojos y en ellos le pareció encontrar el impulso final que necesitaba. Taiyo inhaló profundamente.

—Tengo miedo.

Taichi posó una mano sobre el hombro de su hijo.

—Es normal que te sientas así, yo también me sentía así el día que me casé con tu madre.

Taiyo quitó la mano sobre su hombro, no era todo lo que tenía que decir.

—No es sólo por eso, tengo miedo de lo que pueda pasar, de terminar nuevamente en lo mismo que éramos antes de tocar fondo. Quiero hacer las cosas bien esta vez.

Taichi sabía de lo que estaba hablando su hijo, la época más turbulenta de su vida, la adolescencia y su relación con Midori Ishida, la primogénita de Yamato y Mimi, sobre cosas que harían que el rubio quisiese golpearlo hasta cansarse e incluso él se le uniese.


Desde niños o para ser más exactos, desde que vivieron su propia aventura en el mundo digital, ambos desarrollaron una especie de rivalidad amistosa, la cual derivó en que se molestasen mutuamente hasta que la biología hizo acto de presencia, derivando en un choque de personalidades, las peleas asociadas a ello y la curiosidad, mezclada con la oleada de hormonas, que sólo terminaron por confundirlos. Cosas como el hecho de que tuviesen los mismos primos, pero a la vez no estuviesen relacionados directamente, ocuparon varias de las noches en vela del castaño.

—Taiyo, quiero preguntarte algo —le dijo la rubia una tarde de verano en la que estaban solos en el departamento en que esta vivía con su familia.

Ambos tenían quince años y esteban sentados frente a frente en la sala de estar.

—Dime.

—¿Piensas en alguna de las chicas de la escuela cuando te tocas? —su rostro había adquirido tonos rojizos.

La pregunta había hecho que se ahogara con el sorbo de de agua que estaba tragando. Ni en sus fantasías más intensas con la rubia, y en el último tiempo tenía muchas, pasaban cosas como esa. Ella se acercó a él y tomó una de sus manos y la llevó hasta su pecho.

—Porque yo pienso en ti cuando me acaricio —le susurró al oído.

Con esas palabras ambos se dejaron llevar por sus impulsos, pero grande fue la sorpresa del castaño cuando, una vez agotados y descansando sobre la cama de la Ishida, quiso saber qué eran ahora.

—Yo no quiero algo serio, Taiyo, quiero que seamos "amigos con ventaja" —fue lo que tuvo por respuesta.

En un principio se mostró reacio a la idea, pero la oportunidad fue demasiado tentadora como para dejarla pasar. Así, estableciendo como únicas reglas el no tener relaciones sexuales con otras personas y el no besarse en la boca, comenzó la que más tarde verían como la degradación de su amistad, más que nada porque el castaño sentía cada vez más molesto después de cada uno de sus "encuentros", volviéndose un tanto brusco. Las cosas siguieron así por casi un año, hasta el día en que Taichi los descubrió de forma involuntaria.

El castaño mayor regresaba temprano de su trabajo como diplomático, por lo que quiso sorprender a su familia con una cena especial preparada por él. Sabía que la casa debía estar sola a esa hora, por lo que se sorprendió al encontrar dos pares de zapatillas en el recibidor, aunque esto pasó a segundo plano cuando se encontró a su hijo, el cual estaba en ropa interior y se dedicaba a besar la entrepierna de la hija de su mejor amigo, quien estaba desnuda sobre el sofá y fue la primera en verlo.

Taiyo recordaba perfectamente todo lo ocurrido después, el ruido de las bolsas cayendo al piso y la botella de vino rompiéndose, Midori recogiendo su ropa apresuradamente para luego encerrase en la habitación del castaño, y él buscando sus pantalones, sin embargo lo que más quedaría marcado en su retina sería la expresión en el rostro de su padre, una mezcla de enfado, decepción e incredulidad. Luego vendría la conversación más incomoda de su vida donde, además de explicar todo, tuvo que enfrentarse a Midori y a sí mismo. Así pudieron sincerarse el uno con el otro y terminar con ese lujurioso episodio de sus vidas. A pesar de ello, todavía faltaba la parte más complicada.

Tenían diecisiete años, formalmente comenzaron su noviazgo dos meses después del incidente con su padre y las cosas iban bastante bien entre los dos desde ello. Pronto tendría que dar los exámenes de ingreso a la universidad, habiendo decidido convertirse en profesor de Educación Física. Desde hacía unos días no veía a Midori y siempre que la llamaba se percibía algo extraño en su voz y argüía diversas razones por las cuales debía cortar o no podían verse, por lo que se llevó una sorpresa cuando vio que ella lo llamaba.

—Hola, Taiyo, ne-necesito hablar contigo —su voz temblaba.

—Claro... ¿qué te pasa? —escuchó un forcejeo al otro lado del teléfono y el llanto de alguien.

—Vamos hacia tu casa, Yagami —dijo una voz femenina con notoria molestia en su tono, después colgaron— ¿Era la señora Ishida? —pensó en voz alta. Estaba solo en casa.

Pasaron cerca de veinte minutos hasta que llamaron a la puerta, durante los cuales había inútilmente intentado contactarse con su novia por lo que corrió a abrir, pero al hacerlo se encontró con la imagen más surrealista que viese en mucho tiempo. Midori, con los ojos enrojecidos, siendo sujetada del brazo por su madre, Mimi Ishida, quien lo miraba con enojo.

—Midori... —comenzó el castaño.

—Es conmigo que debes hablar, Yagami —lo interrumpió la antigua portadora del emblema de la Pureza.

Apenas si vio la mano de la castaña mayor, pero sí que sintió la sonora cachetada que esta le propinó, descolocándolo completamente.

—Tú, maldito chiquillo, ¡grandísimo idiota!.

—¡Mamá!, por favor... —la rubia comenzó a forcejear para liberarse del agarre, cosa que logró.

—¡¿No vez lo grave que es esto?! —trató de volver a sujetarla, pero estaba demasiado alterada como para lograrlo— ¿Cómo pudieron ser tan irresponsables? —agregó con un hilo de voz antes de colapsar en llanto.

El castaño quedó totalmente confundido con ello, por lo que miró a la rubia, quien se había acercado a su madre sólo para ser alejada por ella, para instigarla a que le dijese lo que pasaba.

—Taiyo, esto es... no sé cómo llamarlo —algo en su voz tenía tintes de mal augurio—. Tengo un retraso en mi período.

La castaña había encontrado los test de embarazo que ella había comprado antes de que los pudiese utilizar, por lo que exigió saber lo que pasaba, cosa que derivó en el ataque de nervios del que ahora era víctima. Él sentía que las orejas le zumbaban y sus piernas temblaban, trataba de recordar el momento en el que pudo descuidarse, sin éxito por lo demás. Lo único que fue capaz de hacer fue abrazar a la rubia, quien era la más afectada junto con su madre, debía brindarle su apoyo.

No fue hasta que se vio solo en la sala de espera del hospital, mientras a Midori le tomaban una muestra de sangre para analizarla, que recordó el condón que se rompió cuando hacían el amor después de haber asistido al cumpleaños de Kaede, novia de su hermano e hija de Koushiro Izumi, era la única posibilidad, ya que no lo volvieron a hacer después de esa noche y estaba dentro del rango de tiempo. Llevó las manos a su cabeza y ahogó un grito de impotencia, la situación le superaba completamente. Simplemente no se imaginaba con un bebé en brazos, aún no tenía nada estable que ofrecerle y no quería depender de sus padres. No discutió sus miedos con ella, no era el momento ni el lugar para ello; tampoco lo hizo durante el tiempo de incertidumbre antes de saber los resultados del examen, época por la cual vivió bastante atormentado con la idea de confrontar a su familia, ni luego de que estos determinaran que Midori no estaba embarazada, simplemente los enterró y prosiguió con su vida.


—¿La amas? —preguntó su padre.

—Sí —contestó sin titubear.

—Entonces es con ella que debes hablar sobre esto, al final, con quien decidimos compartir nuestra vida es quien se convierte en nuestro mejor amigo. Taiyo, tú y tus hermanos son de lo que más orgulloso me siento, y sí, también me han causado grandes decepciones en el pasado, pero aún así jamás lo cambiaría, porque es gracias a este que somos lo que somos. Hijo, ya es tiempo de que te perdones a ti mismo.


Bien, en mi afán de reciclar volví a utilizar a Narumi, así que si gustan pueden leer "Es nuestro" (allí era la hija de Yamato y Sora).

Midori significa verde.

Kaede significa Arce.

A modo de dato curioso Yuuko significa mujer amable, mientras que Yuko significa niña graciosa, estaba en la disyuntiva de cual elegir, pero opté por el primero por ser el nombre de la madre de Taichi.

Como adelanto del siguiente capítulo puedo decirles que Sora tendrá un papel fundamental y se titulará "Hiroaki".

Nos leemos luego.