Esta historia no me pertenece así como los personajes que aquí se presentan
Esta es una adaptación espero les guste
Prólogo
Brittany se encogió de hombros y se escabulló por detrás del capataz de la fábrica de pintura. No había ninguna posibilidad de pasar inadvertida, pero si podía evitar sus ojos, ella no tendría que ver el ligero reproche en su rostro.
Llegaba tarde. Otra vez. Se estaba volviendo más y más difícil llegar a tiempo al trabajo.
Se sentó en su silla y forzó una sonrisa tensa a Teresa que estaba sentada frente a ella. Teresa tenía que tomar las riendas cuando Brittany no estaba allí, pero Teresa nunca se quejaba. Aquí nadie se quejaba nunca. Demasiado alentador, pensó Brittany con una mueca. Ella tomó su pincel rojo y, al azar, comenzó aplicando una capa gruesa de color rojo al camión de bomberos de juguete que tenía delante de ella.
—Buenos días, Brittany, —saludó Teresa con una sonrisa brillante. — ¿Puedes creerlo? Sólo catorce días para Navidad. Estoy tan emocionada. Casi no puedo esperar.
Los dedos de Brittany apretaron el final de su pincel. Ya empezamos de nuevo. Las voces desde todos lados sonaban mientras la fábrica cobraba vida con el sonido de la palabra "Navidad".
—¿Tan sólo en dos semanas? Pero hay tanto que hacer...
—Piensa en todos los niños en la mañana de Navidad, abriendo sus regalos nuevos.
—Será mejor ponerse a trabajar, si queremos tenerlo todo a tiempo.
Los nervios tensos de Brittany se estiraron hasta el punto de romperse. No sabía cuánto más de esto podría aguantar.
La profunda voz del capataz de la fábrica estalló en una conmovedora versión de "Here Comes Santa Claus"1. Segundos más tarde, varios trabajadores se unieron en perfecta armonía. Teresa brincaba en su silla mientras pintaba una brillante bola azul, su cuerpo se movía con el alegre ritmo de la canción. Brittany miró al otro lado de la mesa.
Agarró con fuerza su pincel entre los dedos, resistiendo la tentación casi irresistible de lanzarlo al sonriente y alegre rostro de Teresa. Aunque el cepillo se quedó en la mano de Brittany, las palabras no se quedaron en su boca.
—¿Tienes que hacer esto todos los días? —El malhumorado tono de Brittany resonó en el taller.
Inmediatamente el silencio cubrió la sala, como si sus palabras de enojo hubiesen absorbido la alegría y el entusiasmo de la fábrica. Varias cabezas se inclinaron hacia delante y se mantuvieron agachadas conforme regresaban a su trabajo. El labio inferior de Teresa temblaba, con los ojos llenos de lágrimas. Todos los ojos se giraron hacia Brittany; no con enfado, sino con reproche y tristeza. Suspirando, se dejó caer en su asiento y esperó. En cualquier momento el capataz de la fábrica vendría y tendrían otra pequeña "charla" sobre trabajar con los demás y como todos tenían que tratar de llevarse bien.
—¡Brittany! —Uh oh. Ella se deslizó aún más en la silla. — ¡A mi oficina, ahora mismo!
Debió imaginarse que él estaría mirando. Una conciencia culpable la hizo mirar los rostros de sus compañeros de trabajo mientras caminaba por el pasillo hacia la oficina. Se merecía su desprecio, su enfado, pero no estaban allí. Las lágrimas de Teresa desaparecieron y miró a Brittany con simpatía y apoyo. De hecho, todos en la mesa sonrieron alentadoramente mientras caminaba.
Eso la irritaba. ¿Por qué no pueden ser petulantes cuando me meto en problemas?
Se detuvo ante la puerta de la oficina cerrada y esperó. El silencio de la fábrica y el peso de cada par de ojos hicieron que el pelo en la nuca se le erizara.
Respirando profundo, llamó discretamente a la puerta.
—Adelante. —Brittany entró con la orden brusca.
Trató de sonreír al hombre que la esperaba, pero él no le respondería. El brillo alegre en sus ojos había desaparecido y el rosado color en sus mejillas parecía un poco menos rojizo.
La mayoría parte de la gente habría pensado que era imposible. Pero ella lo había logrado. Había hecho cabrear a Santa Claus.
La puerta apenas se había cerrado detrás de ella cuando saltó en su defensa.
—Vale, Santa, puedo explicarlo. —Hizo una pausa— Bueno, tal vez no explicarlo, pero me puedo disculpar. Te prometo que lo haré mejor. He estado haciéndolo mejor, ¿verdad? No le he tirado mi pincel a Teresa en semanas. Y no es que no haya querido, pero me acordé de lo que dijiste y... — Las rígidas facciones del rostro de Santa Claus no habían cambiado y la seria mirada de sus ojos detuvo su torrente de palabras.
Cruzó los brazos sobre el pecho y se recostó en su silla. Incluso debajo de la barba blanca como la nieve Brittany podía decir que no estaba sonriendo. Él sacudió la cabeza con tristeza.
—Esta vez no, Brittany. Eres un elfo de la Navidad sin espíritu navideño. — Se levantó detrás de su escritorio y comenzó a pasearse. — Estás gruñona, llegas tarde al trabajo, odias los villancicos de Navidad…
Enumeró cada punto con sus dedos.
—No los odio, —interrumpió Brittany. — Pero, ¿tenemos que cantarlos todo el tiempo?
—Y tu actitud está empezando a afectar a los otros elfos, —continuó Santa como si ella no hubiese hablado.
—¿Se han quejado? — Brittany miró al hombre de rojo.
Santa le dirigió una mirada de disgusto.
—Por supuesto que no se han quejado, —dijo.
—Por supuesto que no.
—Y eres sarcástica, —agregó Santa.— Bueno, ¿olvidé algo?
Brittany revisó la lista.
—No, eso es todo, —Estuvo de acuerdo con una comprensiva mueca de dolor.
—Algo tiene que cambiar, Brittany.
—Realmente lo estoy intentando, Santa.
—Lo sé, —respondió con un suspiro de resignación.
Unos escalofríos recorrieron sus brazos. Algo iba realmente mal.
—No vas a conseguir que regrese tu espíritu si te quedas aquí — concluyó.
—¿Me trasladas a otra parte del taller? —Eso no era tan malo. De hecho, eso era genial. Era mejor de lo que había soñado. Era la oportunidad de hacer algo diferente. Algo además de pintar de rojo los camiones de bomberos y pequeños carros.
—No, Brittany. Necesitas algo más. La mejor manera de ayudarte a ti misma es ayudar a otra persona. Así que vas ayudar a alguien a reavivar su espíritu navideño.
Brittany escudriñó la oficina, esperando que esta persona apareciera, alguien con más problemas de los que ella tenía. Después de un largo rato, estaba claro que nadie iba a aparecer por una puerta secreta.
—Pero, Santa, todo el mundo tiene su espíritu navideño.
—Voy a enviarte lejos del taller.
El aire se bloqueó en la garganta de Brittany. El corazón le latía a toda velocidad. El frío calaba su cuerpo desde la parte superior de sus orejas puntiagudas hasta las plantas de sus curvados zapatos.
Al igual que todos los elfos, ella había oído historias sobre el mundo exterior. Susurros realmente. Muchos de los elfos que se iban no se les había vuelto a ver ni se había vuelto a escuchar nada de ellos. Nadie hablaba mucho sobre su destino, pero tenía que ser horrible. Los elfos que regresaron hablaron de ello sólo en voz muy baja, advirtiendo a los otros elfos.
¿Este era su castigo por ser un poco malhumorada? Cruzó los brazos sobre el pecho y se hundió haciendo pucheros. Era un poco extremo.
—Te irás del Taller…
—Pero Santa…
—Te irás del Taller, —repitió, — y ayudarás a un ser humano de mi elección a reavivar su espíritu navideño. Tienes menos de dos semanas. —Su boca se abrió y cerró. Santa levantó la mano para detener sus protestas. — Enviaré la información a tu habitación. Es mejor que vayas a hacer tus maletas. Tienes hasta el día de Nochebuena.
Desesperadamente quería preguntar qué sucedería si fracasaba, pero no pudo hacer que las palabras salieran de su boca. No estaba segura de querer saberlo.
Ni siquiera miró a los elfos en la sala de pintura mientras pasaba caminando.
El Mundo Exterior. Se detuvo en el pasillo de los dormitorios. El Mundo Exterior. Más allá de las puertas del Taller. Un sentimiento de aventura reprimido revoloteaba en su pecho. Podía hacer esto. Era un elfo después de todo; y tenía el poder de conceder deseos. Ciertamente podría convencer a un humano de que la Navidad era la época más maravillosa del año y toda esa basura. Santa esperaba que fallara, pero haría esto y le demostraría que era un verdadero elfo de la Navidad.
El corazón le palpitaba con nerviosismo. Se colocó el cabello sobre su hombro y saltó por el pasillo. Todo lo que tenía que hacer era convencer a un humano viejo y malhumorado de que le gustara la Navidad. Viviría una aventura y regresaría al taller a tiempo para Navidad.
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