Bien aqui tenemos el capitulo 1
la verdad no cada cuando actualizare los capitulos
espero y disfruten de esta historia
La historia no me pertenece asi como los personajes aqui presentados.
Se supone que debe ser viejo y malhumorado, pensó Brittany cuando Santiago López entró en la zona de recepción de su oficina. Levantó la revista para cubrir su rostro, esperando que no la hubiera visto aún. Necesitaba unos minutos para estudiarlo antes de contactar con él.
—Señorita Benson, pensé que había dejado claro que no quería adornos en esta oficina. Se trata de un lugar de negocios, después de todo.
Brittany se estremeció al oír el sonido áspero y frío de su voz. Bueno, ella había acertado parcialmente. Era malhumorado.
Se asomó por debajo de la revista y buscó la decoración infractora. Un pequeño globo de nieve protagonizado nada menos que por el jefe de Brittany y sus amigos renos sobre el escritorio de su secretaria. Los copos diminutos de nieve artificial se arremolinaban en el agua y comenzaban a hundirse hacia el fondo.
Genial, tengo la persona que imita a Ebenezer Scrooge .
Obviamente, Santa quería que fracasara. Evidentemente quería que ella saliera del taller para siempre, pensó con un gruñido metálico.
—Fue un regalo de Eric de Contabilidad. Me lo llevaré a casa esta noche, —respondió Terry Benson con una suave y ligeramente voz burlona. Su promesa no tuvo impacto en el ceño de Santiago.
—Bien, —dijo, el tema estaba claramente zanjado para él. — Estamos cerca de cerrar un acuerdo para la adquisición de Henderson. Tenemos que convocar una reunión la próxima semana con todos los interesados.
Mientras que su secretaria revisaba las páginas de su calendario, Brittany tuvo la oportunidad de observar su encargo, haciendo todo lo posible para mantener su diálogo interno clínico y frío. Había leído su expediente en el camino hacia aquí pero era diferente verlo en persona.
En el expediente que había recibido venía su altura, color de cabello y color de ojos. Pero un metro ochenta y dos centímetros de alto con el pelo negro azabache y los ojos color chocolate apenas era lo bastante descriptivo. Inclinando la cabeza hacia un lado, dejó que sus ojos se perdieran a través de la confección del bonito traje, incluso debajo de la elegante chaqueta veía indicios de los anchos músculos y los fuertes brazos.
Con Santiago ignorando su escrutinio, continuó, dejando que su mirada bajara. Los pantalones hacían un mejor trabajo ocultando la mitad inferior de su cuerpo. La decepción revoloteó a través de su pecho. Su chaqueta cubría completamente su trasero.
Sería interesante verlo con unas mallas, como las que los elfos usaban en casa. Se lamió los labios y consideró desear que la chaqueta desapareciera; de hecho, deseó que toda su ropa desapareciera. Ella tenía el poder, pero sería poco profesional. No hay duda de que Santa no lo aprobaría.
Sin embargo, tenía muchas ganas de ver su cuerpo, tal vez incluso tocarlo, arrastrar las yemas de los dedos a lo largo de la línea de la espalda, la elevación de su culo. Sus palmas comenzaron a hormiguear así que frotó las manos en los muslos; dispuesta a alejar la sensación.
Los otros elfos nunca habían comprendido su deseo de tocar las cosas, de probar el mundo con sus dedos. Por lo que había leído, los seres humanos eran menos reticentes al contacto físico, pero de alguna manera no creía que eso significara que podía caminar hacia un extraño y pasarle la mano por el culo. Así que hasta que aprendiera las reglas, tenía que mantener las manos quietas.
Qué lástima. Tenia un cuerpo hermoso. Un calor extraño se enrosco en su estómago y se desplazó más abajo, calentando el espacio entre sus piernas. Apretó los muslos, pero eso sólo lo empeoró. Flexionó los pies, se meció lentamente hacia adelante y hacia atrás. El calor comenzó a extenderse, filtrándose en sus extremidades, por lo que la sensación de hormigueo en las manos era más fuerte y calentaba su cuerpo. Brittany sonrió. Odiaba el frío. Estar caliente; incluso por esta extraña fiebre, era mejor que temblar.
Saboreando el calor dentro de ella, observó su encargo mientras hablaba en voz baja con su secretaria.
Era un hombre de aspecto delicioso. Su cabello de color oscuro le recordó a Brittany al pelaje las panteras. El rapado corte de pelo que llevaba por encima de la oreja era similar al del típico peinado de los elfos machos; aunque personalmente, siempre había pensado que deberían llevar el pelo un poco más largo, sobre la parte superior de sus orejas puntiagudas, pero en Santiago parecía maravilloso. Le proporcionaba una visión clara de sus altos pómulos y la mandíbula fuerte. Era adorable, y pasaría las próximas dos semanas con él.
No importa lo que pareciera Santiago López, se recordó a sí misma con una pequeña sacudida. Tenía una misión; regresar al taller para la víspera de Navidad y demostrar a Santa que era digna del título de "Elfo".
No es que ella no hubiera disfrutado de sus primeras experiencias en el mundo exterior. La sección de juguetes de López haría a Santa sentirse orgulloso. Y ella no le importó la taza de líquido negro que Terry le había ofrecido mientras esperaba a Santiago. Tomó otro sorbo de la taza de papel.
—Parece que el próximo jueves es la mejor opción. —Los comentarios de Terry llamaron la atención de Brittany. — Tiene reuniones el lunes y el martes.
Santiago se inclinó sobre el escritorio de su secretaria.
—¿Qué tiene de malo el miércoles?, —preguntó él. — Está completamente libre.
—Señor López, es Navidad.
Brittany ahogó un poco de risa al oír el sonido de la voz horrorizada de Terry.
Santiago sacudió la cabeza.
—¿Por qué están los días de fiesta justo en mitad de nuestra momento más ocupado? — él murmuró.
—Es nuestro momento más activo debido a las fiestas, —señaló su secretaria.
—Bien, —apartó el punto lógico. — Organízala para cuando puedas.
Se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta de su oficina cuando la llamada Terry lo detuvo.
—Señor López, esta joven está aquí para verle. —Señaló a Brittany que esperaba en silencio en el gran sillón de cuero.
Al darse cuenta de que finalmente tenía su atención, Brittany se paralizó. ¿Qué debía decir ahora? "Hola, soy un elfo y necesitas tener un poco de espíritu navideño para que pueda irme a casa".
Brittany no había estado en el Mundo Exterior mucho tiempo, pero sabía que no obtendría la respuesta apropiada.
Dejó caer la revista y se puso en pie, secándose a escondidas las manos en los pantalones antes de ofrecerle una a Santiago.
—Hola, soy Brittany.
Él miró su mano y luego subió la mirada a su rostro. Una pequeña luz de curiosidad parpadeó en lo profundo de sus ojos, pero se extinguió casi antes de que ella lo viera. La esperanza surgió en su corazón. Él estaba allí en alguna parte. Sólo tenía que encontrar una manera de sacar al verdadero y amoroso Santiago López.
Sonrió. Y esperó.
La piel de sus sienes se tensó cuando se dio cuenta que no iba a darle la mano. Santa podría haberse librado de ella porque carecía de espíritu, pero tenía que haber añadido que había testarudez en la lista. Empujó su mano hacia adelante y, en silencio, desafió a Santiago a estrecharla. Con un suspiro, él sacó su mano de su bolsillo y estrechó la de ella con un apretón firme. El calor subió por su brazo, surgiendo desde el centro de sus palmas unidas. Como si él también lo sintiera, Santiago dio a su mano un apretón brusco antes de liberarla y alejarse.
Brittany miró la mano. Su calor se marcó en la piel.
—¿Qué puedo hacer por usted, señorita? —preguntó.
Brittany se estremeció al oír su voz fresca, como una contradicción al calor de su palma. Deslizó los dedos sobre el pulgar, sorprendida de que todavía pudiera sentir su contacto.
—¿Señorita?
—¿Hmm? —Ella alzó la mirada. Sus ojos estaban esperando para capturar los de ella. Otra extraña sensación se creó en el centro de su cuerpo.
¿Cómo sería sentir ese calor delicioso a lo largo de su cuerpo?— Sí.
—¿Necesitaba algo?
Calor. Necesitaba su calidez. Ella parpadeó y se dio cuenta de que le había hecho una pregunta real.
—Yo… yo necesitaba verle, —se le escapó sin querer, su mente todavía se estaba adaptando a las sensaciones extrañas que se desplazan a través de su cuerpo.
No eran desagradables. Simplemente nuevas e inusuales.
—¿Hay algún problema en la tienda? ¿Tiene usted una queja?
—¿Queja? Oh, no. —Brittany negó con la cabeza. —Está bien. Maravillosa. Una gran sección de juguetes.
—Gracias. — Santiago miró por encima del hombro a su secretaria. Ella se encogió de hombros y volvió su mirada a Brittany. —Estoy muy ocupado. ¿Qué puedo hacer por usted?
—Estoy aquí para ayudar. Para ayudarle. —Su voz golpeó como un chillido desesperado mientras su mente buscaba un pensamiento coherente y no lo halló.
—Gracias. —Él retrocedió un paso. — No necesito ninguna ayuda. Si usted está buscando el Departamento de Personal, está al final del pasillo.
Se inclinó hacia el escritorio de su secretaria, sin apartar los ojos de Brittany.
—Señorita Benson, ¿podría explicarme esto?, —preguntó en voz baja.
Estas orejas puntiagudas tienen alguna ventaja, pensó Brittany, escuchando la susurrante conversación. Sabía que estaba mal escuchar a hurtadillas, pero necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir. Esto estaba resultando ser más difícil de lo que había pensado. No sabía cómo acercarse a un ser humano. Eran mucho más complicados que los elfos. Si le hubiera dicho a un elfo que estaba allí para ayudarlo, él le hubiese dado las gracias y la habría puesto a trabajar.
—Ella vino aquí buscándole, —le susurró Terry. — Estaba temblando. No tenía un abrigo. No podía simplemente echarla. Sólo le ofrecí un poco de café y dejé que se calentara.
—Estamos dirigiendo un negocio, Señora Benson, no un albergue para personas sin hogar.
—Pero, señor, es Navidad.
Brittany esperó mientras los seres humanos la miraran. La mirada sombría en el rostro de Santiago le dijo lo que necesitaba saber; había fracasado.
Iba a quedarse atrapada para siempre en el Mundo Exterior. Sola. Y fría.
—Aquí. —La áspera palabra sacó a Brittany de sus pensamientos deprimentes. Miró a Santiago. — Aquí, —dijo de nuevo.
Ella siguió la dirección de su mano; una mano que sostenía una hoja de papel verde. El dinero había sido explicado en su orientación, página tres del manual "El elfo en el Mundo Exterior", pero ella no esperaba verlo tan pronto. Lo aceptó con cautela de su mano, girando el papel multicolor sobre la mano e inspeccionándolo.
—Consígase algo de comer y tal vez algo de ropa de invierno, —ordenó. Girando sobre sus talones, se dirigió hacia la puerta del despacho interior.
Brittany se quedó mirando el billete. Cien dólares. Si se presentaba en las puertas del taller diciendo que Santiago López había aprendido el verdadero significado de la Navidad porque le da dinero a extraños, Santa la patearía en el culo de vuelta a donde estaba.
—No. Esto no funcionará, —le gritó a la espalda de Santiago. Él se detuvo en la puerta y se giró lentamente. Una ceja se elevó mientras la miraba.
—¿Perdón? ¿No es suficiente? —La frialdad en su voz había alcanzado el nivel glaciar.
—¿Qué? — Ella se sonrojó al darse cuenta que la había malinterpretado. — No. Realmente necesito hablar con usted.
—No tengo tiempo, señorita. Ahora, me gustaría que se fuera.
—No puedo. — Era la verdad. No tenía otro lugar a donde ir. Su corazón empezó a latir con fuerza.
Las cosas no estaban saliendo como ella había planeado. No es que hubiese tenido un plan.
Por supuesto, él no había ayudado en la situación. No era lo que ella había esperado. Era guapo y algo dentro de ella quería quedarse con él, tocarlo, mirarlo. Los pensamientos la confundieron. Apenas había notado a los otros elfos en el Taller. ¿Por qué de repente se obsesionaba con las características físicas de un ser humano? Extraño, muy extraño.
Santiago se acercó a Brittany y puso una mano en el aire detrás de su espalda, apenas tocándola. Curiosa por saber a dónde se dirigía su mano, ella se dio la vuelta. Una vez más, él se colocó a su lado, con una mano detrás de su espalda y la otra mano hacia la puerta. Parecía que la dirigía en esa dirección.
—Agradezco que me quiera ayudar, —habló en un tono relajante, nada amenazador. — Ahora, ¿hay alguien al que la Señorita Benson pudiera llamar para que venga a recogerla? ¿Tal vez a un médico? —le preguntó con su voz tranquila, ofreciéndoselo. Brittany avanzó a paso de tortuga.
—Pero usted no lo entiende..., —protestó ella.
Estaban a medio camino de la puerta y si no tomaba el control de la situación, iba a terminar en el pasillo. Se detuvo. La mano de Santiago golpeó su espalda.
—¿La gente desaparece, normalmente, después de haberle dado dinero?, — preguntó ella.
La pregunta sacudió su rostro quitando la fachada de calma y comprensión. —Sí, —respondió tras un momento de reflexión.
Brittany sacudió la cabeza con simpatía. Su columna vertebral se tensó y se apartó de ella, sus ojos se volvieron de piedra, el momento de la vulnerabilidad desapareció.
—No lo entiende, —dijo con un suspiro. — Yo no necesito dinero y no hay nadie que venga a buscarme. Yo...
La mirada impaciente en su rostro detuvo sus palabras. Suplicar no estaba llegando a ningún lado. Sus dientes se apretaron. Había tenido un día muy difícil hasta el momento y él no estaba ayudando a la situación.
Ella se acercó hacia adelante, con el dedo índice señalando y moviéndose al compás de sus palabras
—Ahora escuche. Estoy aquí para ayudarle y lo haré tanto si le gusta como si no. Quiero regresar a mi casa y tú eres mi billete, amigo, —terminó Brittany con los dientes apretados.
La temperatura de la habitación bajó veinte grados mientras Santiago se erguía cuan alto era. Las arrugas en el entorno de sus ojos se profundizaron y Brittany tuvo la clara impresión de que la gente no le replicaba a Santiago López muy a menudo. Era probable que sólo lo hicieran una vez antes de que aprendieran la lección.
Incluso Terry pareció encogerse en su silla, como si no deseara ser incluida en la ira de Santiago.
Genial. Había enojado a su encargo.
La voz de Santiago era fría y controlada, pero el poder detrás de él la hizo temblar.
—Escuche, voy a pedirle que se retire una vez más antes de que llame a seguridad y le echen fuera.
El breve adoctrinamiento de Brittany sobre el Mundo Exterior había cubierto los temas de costumbre; dinero, comida, alojamiento, agentes de seguridad, la policía, los cargos de acoso. Era evidente que los elfos enviados a misiones similares no habían sabido cuando marcharse.
Y parecía que iba a ser uno de ellos. Sólo tenía que intentarlo una vez más.
—Antes de que usted… — El sonido del teléfono la interrumpió.
Terry cogió el auricular y se lo llevó a la oreja como si fuera un salvavidas para la seguridad.
—Oficina del Señor López. —Su voz temblaba ligeramente mientras hablaba. — Oh, hola señora Pierce. ¿Sí? ¿En serio? —Sus ojos se abrieron y Terry sonrió a Brittany. — Ahora lo entiendo. Nos quedamos un poco confundidos por un momento.
Brittany miró a Santiago, que no le había quitado los ojos de encima. La fuerza de su mirada arrastraba a Brittany hacia él, las silenciosas profundidades chocolatosas no traslucían ninguna emoción, ningún atisbo de sentimiento. Si tenía éxito, esos ojos brillarían con risa. La idea misma le dio a Brittany una nueva razón para quedarse.
—¿Quieres hablar con ella? De acuerdo. Bueno, que tengas una Feliz Navidad. —Terry colgó el teléfono y se puso de pie, estiró la mano hacia Brittany. — Deberías haber dicho algo. — Terry se giró hacia Santiago. — Ésta es la sobrina de la señora Pierce. Ella la sustituirá mientras la señora Pierce está fuera con su hija durante las vacaciones.
—¿La Señora Pierce se va?
—¿Recuerda que le hablé de eso? Su hija está a punto de dar a luz. Ella iba a encontrar un ama de casa sustituta durante un par de semanas. —Terry señaló a Brittany. — Y ella es. Podrías habernos ahorrado algo de preocupación si hubieras dicho quién eras. Estaba empezando a pensar que eras una especie de loca, —dijo con una sonrisa.
Brittany rió junto con ella, al mismo tiempo, tratando de parecer lo bastante eficiente y muy poco amenazante como fuera posible. Santa había dicho que le ayudaría a obtener acceso a Santiago. Esta debía ser su ayuda.
La línea recta de sus labios y el ligero endurecimiento de la piel alrededor de sus ojos no era un buen presagio para sus futuras interacciones.
—¿Tú eres la sobrina de la señora Pierce?
—Esa soy yo, —respondió Brittany. El desenfadado cociente en su voz hizo que el "yo" saliera en un chillido. Baja el tono, y estarás fuera de peligro. — ¿Cómo está la tía... uh, mi tía?
—Está bien. ¿Dijo que su hija está a punto de tener un bebé?
—En cualquier momento, —respondió Terry. Brittany asintió con prudencia, tratando de dar la impresión de que conocía toda la historia.
Santiago continuó observándola. Ella se movió incómoda, inquieta por la mirada fija.
—No se parece en nada a su tía, —dijo finalmente.
—Oh, no debería. —Brittany buscó en su mente una buena excusa. — Estamos emparentadas por matrimonio. —Calentando la idea, y con ganas de sonar creíble, continuó, — Mi madre, que está casado con el hermano de mi tía, se casó con ella después de que yo ya hubiese nacido.
La mirada en sus ojos pasó de desconfiado a confusa y fue suficiente para advertirla de dejar de hablar. Simplemente se metería en problemas si decía algo más. Al menos, esa es la forma en que funcionaba en el Taller.
—Hubiese ayudado si te hubieras presentado como la sobrina de la señora Pierce.
Brittany se encogió de hombros y le ofreció lo que esperaba fuera una sonrisa dulce.
—Sí, bueno, supongo, eso es todo entonces. —Santiago se movió de regreso hacia la puerta de su oficina. — Estaré en casa sobre las siete.
—¿Qué debo hacer hasta entonces?, —preguntó Brittany, bloqueando su huida.
—No lo sé, —respondió Santiago con voz exasperada. — Lo que sea que un ama de casa hace.
—¿Cómo puedo llegar?
—¿A dónde?
—A su casa.
Él suspiró.
—¿Cómo has llegado hasta aquí?
—¿En reno? —respondió con una risa ligera. Santiago no respondió. — Sólo un poco de humor navideño, —murmuró.
—Lo pillo.
—¿Puedo esperar e ir con usted? —Eso era bueno, pensó. Esto le daría la oportunidad de pasar algo de tiempo con él y trabajar en esa cosa del espíritu navideño.
—Quedan cinco horas, —contestó Santiago. Brittany asintió. — Voy a estar reunido toda la tarde. —De nuevo, ella asintió. — No puede venir conmigo a las reuniones.
Brittany se acercó a él mientras asentía con la cabeza. Él esperó.
—Oh. —Brittany detuvo bruscamente el movimiento hipnótico de su cabeza. — Bueno, entonces simplemente pasearé por la tienda. Regresaré aquí más tarde.
—Bien, —respondió. La frustración era tenue, pero seguía todavía allí y Brittany tuvo que preguntarse si la mirada confusa en su cara era normal o si se trataba de algo que ella había inspirado. — La cena se sirve a las ocho.
Abrió la puerta de su despacho.
—¿Cena? Genial. ¿Cocina usted?
—Brittany, ese es su trabajo.
—Oh, está bien. Era una broma.
—Puedes cocinar, ¿verdad? —Su voz recuperó su amenazante dureza. — Dígame que la señora Pierce no me envió a alguien durante los días de fiesta que no puede cocinar.
—Por supuesto que puedo cocinar. Soy una buena cocinera. Una cocinera maravillosa, de hecho.
—Está bien, —concluyó Santiago bruscamente.
Se dio la vuelta y se marchó a su despacho cerrando la puerta con lo que habría sido un portazo si la acústica perfecta en la habitación no hubiera amortiguado el sonido a un golpe seco.
Toda la energía se fue de su cuerpo y sus hombros se deslizaron hacia delante. Había sino un duro forcejeo para ganar, pero había conseguido introducirse. ¿Qué iba a hacer ahora?
Terry le dirigió una sonrisa de simpatía y dijo:
—Libros de cocina en la cuarta planta.
