POV KATE
Me desperté con un hambre atroz. No podía aguantar más. Había dormido bastante bien pero apenas eran las siete y ya estaba de pie. Recordé el día de ayer y me dieron ganas de quedarme tumbada en la cama y no levantarme, pero el sonido de mi estómago me obligo a lo contrario.
Ir al baño fue lo primero. Era una de la consecuencia del embarazo, iba al aseo más seguido. Luego a la cocina. De camino, pase por el comedor donde estaba Rick dormido. Me hizo sonreír el verlo de ese modo, espatarrado, con el pelo alborotado y la boca un poco abierta, supuse que era síntoma de que esa noche había roncado.
Parecía mentira como la mente guardaba cosas tan curiosas, porque solo cerrar los ojos venía a mi memoria la primera vez que lo vi así, y una mueca divertida se dibujaba en mi rostro. No pude evitarlo y le acaricie con cuidado el pelo para no despertarlo, mientras lo veía dormir plácidamente.
Con un gran esfuerzo conseguí moverme de su lado para ir hacia mi destino, la cocina. Mientras el café se preparaba, empecé pelando fruta y sacando cosas del frigorífico, zumo, leche y vi la mermelada, lo que avivo mi apetito y decidí prepararme también un par de tostadas porque estaba hambrienta.
Estaba tan concentrada en hacerme el desayuno, que cuando me gire y vi a Meredith detrás de mí, no pude evitar sobresaltarme. Casi olvidaba lo de anoche. Ella me sonrió y se acercó al café recién hecho con intención de robo, cosa que me molesto claramente.
- Buenos días inspectora.
- Ya soy capitana - dije con cara de pocos amigos.
- ¡Ah! Pues eso. ¿La futura mama se despertó con las tripas rugiendo? – Dijo entre risas exageradas, esa mujer parecía que no podía dejar de actuar, hasta recién levantada debía ser grandilocuente – Recuerdo cuando estaba embarazada de Alexis, no paraba de comer a todas horas.
- Imagino - dije casi sin ánimo, solo quería comerme mis tostadas tranquilamente y desaparecer.
- Vas a necesitar ayuda querida, a mi Alexis, de pequeña, a veces, me sacaba de quicio – y volvió a reír exageradamente – aunque claro, ahora también – aclaro - Menos mal que has elegido un buen padre, para mi Richard fue indispensable.
- Sí, Rick será un buen padre, pero yo pienso ocuparme de mi hijo – le aclare enojada, pero cuando levante la mirada, vi que había hecho un daño innecesariamente - lo siento no quería decir que…
- No déjalo, quizás tengas razón. Solo hablaba de Rick como padre… no quería insinuar nada. No me quiero meter en vuestras cosas, pero ese hombre es un cielo y se portó de forma increíble conmigo. Imagino que contigo será aún mejor - la miré con cara de extrañeza - lo digo porque de ti además está enamorado – y sentí como mi cara se teñía de un rojo intenso.
- Meredith, veras, yo…
- Sé que no estáis juntos, me lo contó ayer cuando llegue, se le notaba mal y se lo sonsaque fácilmente – dijo dando sorbos a la taza de café que se había servido después de que yo le lanzara una mirada asesina cuando quiso coger la mía – Yo, la verdad, es que no lo entiendo, pero no me meto, pero la que se quede con Rick conseguirá llevarse un buen premio ¿no crees? - dijo picándome y lo consiguió - yo si estuviera en tu situación no lo dejaría escapar, pero eso sería si estuviera en tu pellejo.
Hizo una pausa dramática, de esas que solía usar mientras parecía que se escribía su propio guion de la vida. Cualquiera diría que estaba escribiendo un discurso, mientras sorbía ruidosamente el café y miraba fijamente a la lejanía. En el último sorbo, pensó que ya tenía suficiente y acabo soltando todo lo que ese café le había inspirado.
- Bueno será mejor que me vaya, ya os he molestado demasiado. Espero que os vaya muy bien - dijo besándome en la mejilla con naturalidad, como si fuera mi mejor amiga desde la infancia y desapareciendo de mi vista sin dejarme decir ni una sola palabra.
- Mmm… huele a café - dijo Castle apareciendo de la nada frotándose los ojos como un niño chico - ¿me he perdido algo? - dijo señalando hacia la dirección por la que acababa de desaparecer su ex mujer.
- Nada - dije cabeceando. Y aunque siguió mirándome esperando más explicaciones, no quise complacerlo, por lo que desistió.
Se sirvió una taza de café que intente quitarle, pero enseguida sacudió la mano alejándola de mí, le mire con cara de enfado, pero no hubo suerte.
- Nada de café.
Refunfuñe por lo bajo, pero no conseguí nada con eso, así que me centré en volver a mi desayuno aunque el hambre ya se me había pasado un poco, o al menos eso pensaba. Pero comprendí que estaba equivocada cuando coloque el plato vacío en el fregadero.
- Rick, Capitana - dijo mirándome - gracias por la estancia, pero tengo que marcharme.
- Pero no has visto a Alexis – le dijo Rick sin comprender.
- Si, lo sé, pero tengo que irme. En unos días volveré y podre pasar más tiempo con ella. Suerte querido - dijo besando a Rick cerca de la boca mientras con un gesto de la mano y sin decir nada más desapareció por donde había venido.
Era el poder de esa mujer, entraba y salía de nuestras vidas, sin dar demasiadas explicaciones, dando su opinión sin ser preguntada y consiguiendo alterar la vida de los demás a tu total antojo. Después de haber sembrado discordia o lo que a ella le pareciera oportuno, volvía a desaparecer, dejando secuelas, tan profundas como las de los huracanes.
- Tan dramática como siempre - dijo Rick riéndose - ¿Qué quieres hacer hoy?
- Pensaba quedarme en casa, no sé… hacer algo tranquilo.
- ¡Aja! Pues si no te molesta, me gustaría acompañarte.
- Como quieras – respondí sin darle importancia, aunque en realidad me alegraba de pasar el tiempo juntos.
Pasamos un día tranquilo, hablando, viendo películas, jugando al póker. Lo cierto, es que para estar todo el día en casa, no fue aburrido, normalmente en su compañía, el aburrimiento desaparecía de cualquier lugar, a pesar de hacer cosas tan normales como ver una película.
Estábamos agotados de no hacer nada y después de una gran cena, me tumbe en el sofá y él lo hizo en el suelo apoyando su cabeza sobre mis piernas.
- Tengo unas ganas de verle la cara a nuestro pequeñajo - dije casi soñando.
- ¿Pequeñajo?
- Es una forma de hablar – le aclare, simplemente me salió así la frase.
- ¿Seguro?
- Deja de indagar si no quieres saber – le recrimine riendo.
- ¿Sabes?
- ¿Qué?
- Tengo ganas de hacer una cosa.
- ¿Qué?
- Espera - dijo levantándose y saliendo hacia la habitación de arriba. Llego con una especie de Mp3 y se acercó a mí con una sonrisa grande en la cara.
- ¿Para qué es eso? – le interrogue.
- Para ponerle música a nuestro pequeñajo.
- ¿Qué dices?
- Dicen que es bueno para los bebes. Vamos a intentarlo, por probar no pasa nada - dijo al ver mi cara de extrañeza.
- Como quieras - dije mientras me recostaba cómodamente.
Rick, con cuidado me levanto la camisa hasta dejarla justo debajo de mis pechos. La piel se me erizo al sentir el frío de los cascos sobre mi estomago desnudo, sin duda ya empezaba a tener una bonita barriguita de embarazada y me sentía increíblemente orgullosa de ella. Rick sin dejar de mirarme a los ojos empezó a ponerle música a nuestro bebe. Sentí unas cosquillitas muy curiosas cuando la música empezó a sonar sobre mi vientre. Ambos nos miramos y nos sonreímos con orgullo del momento, orgullo por ser padres de este luchador.
De repente y sin previo aviso, empecé a sentir algo, al principio no supe que era, parecían una especie de burbujas que se movían dentro de mi vientre. Al tiempo, también vi por unos segundos un bultito moverse y dar una extraña forma a mi tripa.
- Mira Rick, mira… se ha movido, le gusta, son sus primeras pataditas - y después de girarse inmediatamente, y poner la mano sobre mi piel, vi como sus ojos se empañaban con lágrimas de emoción.
No pude evitar emocionarme por sentir esas pequeñas pataditas de mi pequeño, esos pequeños síntomas de que estaba bien, de que un ser vivo estaba creciendo en mi interior, era lo más bonito que me había pasado en la vida.
No me di cuenta de que estaba llorando hasta que sentí las dulces y grandes manos de Rick sobre mi cara limpiándomelas con un cariño especial, con un cariño único de él.
- Esto es de lo mejor que me ha pasado en la vida - dijo con una amplia sonrisa mientras movía suavemente su mano sobre mi barriga y sentía como me acariciaba como si con ello pudiera tocar a nuestro pequeño, lo que hizo que me estremeciera de la emoción. Momentos como estos, eran los que me recordaban por qué lo quería tanto, por qué a pesar de todo lo que habíamos pasado en este último tiempo no podía dejar de quererlo, porque no conseguía arrancarlo de mi mente, olvidarme de él, y eso era debido a que sin duda, era el hombre de mi vida.
Y ahora mucho más, ahora teníamos un pequeño ser en común pero no era solo eso, nunca sería solo eso; pasará lo que pasara, siempre sería algo más que el padre de mi hijo, pasara lo que pasara siempre seria el hombre que más querría.
Tras este momento especial, nos relajamos y cuando note que el sueño me invadía, me levante para ir a dormir a la habitación. Él se había quedado dormido en una butaca a media película. Allí me puse cómoda y me tumbe en la cama, tenía ganas de leer algo pero estaba cansada para hacerlo. De repente se abrió la puerta y entró Rick.
- ¿Todo bien? ¿Necesitas algo? Me quede traspuesto y al mirar ya no estabas
- No, todo bien - dije sonriéndole.
- Si necesitas algo, lo que sea… ya sabes que puedes llamarme - dijo dispuesto a irse por donde había venido.
- Rick… - le llame susurrando su nombre.
- ¿Si?
- Podrías, si no te molesta… leer un poco para nosotros - dije tocando mi abultada tripa de embarazada.
- Claro - dijo con una sonrisa mientras se acercaba y sentaba en el otro lado de la cama.
Se puso contra el respaldo y empezó a narrar como solo él sabía hacerlo. Me relajé con sus palabras y su preciosa voz, tanto es así que cuando quise darme cuenta estaba dormida con una sonrisa en la cara, sin duda el día había sido de los más especiales de mi vida y él tenía mucha culpa de ello.
