La Historia no me pertenece así como los personajes que aquí se presentan

Disfruten!


Santiago entró en la sala de estar detrás de Brittany. Pasar unos cuantos minutos colgando luces, era un pequeño precio a pagar para conseguir una versión un poco más sutil de la Navidad en su casa. No había forma en que un árbol de ese tamaño pudiera ser discreto pero podría ser elegante y simple.

Brittany se detuvo y miró al árbol y él casi podía sentir las oleadas de placer circular a través de ella. Realmente ama la Navidad, pensó con un movimiento de cabeza. Volvió la mirada hacia él; y parecía que había más que la alegría de la Navidad en sus ojos. Se parecía a la lujuria. Pero tan pronto como lo hubo visto, desapareció y Brittany le entrego una caja de luces, esperando que empezara. Ella se inclinó y tomo otra caja. El movimiento estiró sus vaqueros sobre su culo.

La noche no sería una pérdida completa, pensó. Brittany se estaría moviendo a su alrededor. Le daría combustible para sus futuras fantasías. No es que lo necesitara.

—¿Dónde van estas? —dijo, suspirando. Si hacían esto rápidamente, podría trabajar algo antes de acostarse.

—En el árbol. Todas éstas son para el árbol. —Señaló las docenas de cajas apiladas junto a ella. No podía estar hablando en serio. Le prendería fuego al árbol

—Eso son demasiado luces.

—No, no lo son. Es perfecto. Sólo tiene que colgarlas correctamente.

—Si pone todas esas luces, no habrá espacio para nada más.

—No seas tonto. Los adornos van por fuera, las luces van por dentro. — Con los dos llevando las cajas de luces, le condujo al árbol y echó a un lado las ramas más bajas. — Ahora, con mucho cuidado para no romper las agujas, debe enrollar las tiras de luces en cada rama hasta el fondo. Eso hace que parezcan lamparitas.

—¿Quiere que envuelva cada rama individual con luces? —No podía creer lo que estaba oyendo. Le llevaría horas. Miró a Brittany para decirle que esto no había sido parte del acuerdo, pero las palabras nunca salieron. Eran sus ojos. Éstos le devolvieron la mirada con tanta confianza... en él. Creía que iba a hacer esto.

Que esto era lo correcto.

—Sí. Aquí. —Ella enganchó su cadena de luces con la de él.

Era increíble, él que había evitado la Navidad durante los últimos diez años estaba a punto de envolver un árbol de Navidad con luces; y todo por culpa de un par de ojos azules.

Las dos primeras ramas fueron un reto y bastante dolorosas hasta que consiguió un sistema que evitaba que las agujas le arañaran los brazos. Brittany le estuvo abasteciendo de luces y cháchara. Escuchó mientras hablaba de su viaje de compras, fascinado por su visión del mundo. Todo parecía tan nuevo e interesante.

—Y, ¿cómo fue su día? — preguntó ella mientras se movían hacia la mitad superior del árbol.

—¿Qué? Oh, fue bien. —Para un día infernal.

—¿Qué pasó para que no fuera bien?

Miró por encima del hombro.

—Dije que fue bien.

—Sí, pero no lo decía en serio.

Ella era condenadamente perceptiva.

—Sólo el trabajo. Las cosas relacionadas con las fiestas que preferiría no tratar.

—¿Cómo qué?

—No quieres oír hablar de eso.

—Por supuesto, que quiero. Esto es una parte muy importante de compartir.

Apretó una rama y miró a Brittany.

—Creo que he hecho un trabajo bastante bueno compartiendo.

Ella tuvo la gentileza de sonrojarse, pero no pareció disuadida.

—Y ahora también tiene que compartir las partes difíciles de la vida. Después, no parecen tan malas. Cuénteme su problema, e incluso si no puedo ayudar, se sentirá mejor. Confíe en mí.

Miró fijamente el rostro de Brittany que esperaba ansiosamente. Confíe en mí. Quería que compartiera un problema. Bueno, la Navidad era su problema. Las tiendas volverían a la normalidad tan pronto como estas molestas fiestas hubiesen terminado. Su último desafío de las fiestas saltó a su mente. Era uno con el que tendría que lidiar mañana a primera hora.

—Bueno, Santa Claus estaba borracho hoy.

Brittany dejó caer la cadena de luces que sostenía. Su boca se abrió y la mirada en sus ojos era acusadora y llena de dolor. Se despejó un instante después y lanzó un suspiro tenso.

—Oh, lo siento. Por un momento pensé que se refería al verdadero Santa.

—No, no era el verdadero Santa Claus, Brittany, sólo el que trabaja en la tienda principal.

Las palabras salieron de su boca antes de que se hubiese dado cuenta de lo que estaba diciendo. ¿El verdadero Santa Claus? No hay verdadero Santa Claus.

Ella se rió entre dientes

—Gracias a Dios. Pensé que las cosas se habían desmoronado después de que me hubiera ido. —Sacudió la cabeza y tomó la cadena de luces, desenredándolas.

—Desde que te fuiste ¿de dónde?

El pánico cruzó su cara, pero ella no trató de inventar una mentira.

—De ninguna parte. —Alejó la idea con un movimiento de su mano.

—¿Qué hiciste? Obviamente lo despediste, —dijo, evitando que hiciera más preguntas. — No se puede tener a alguien así arruinando la Navidad a los niños.

O molestando a los muchos padres que compraban, su conciencia de comerciante añadió en silencio.

—Sí, le despedí. El tercero de esta temporada. Tuve que despedir a otro ayer por robar ropa interior, —explicó. — ¿Dónde voy a encontrar un Santa decente tan cerca de Navidad?

Ella inclinó la cabeza y apretó los labios en una pose que indicaba una profunda reflexión. Sus ojos se abrieron, respiró hondo y dirigió su mirada hacia Santiago.

Él negó con la cabeza.

—Ni siquiera lo menciones. No voy a jugar a Santa.

Su risa ahogada no era nada halagadora.

—No sea tonto. Sería un terrible Santa. No se parece en nada a él y dudo que pudiese hacer una sonora carcajada si se viera obligado.

Santiago conecto la siguiente franja, su orgullo estaba un poco herido porque

Brittany pensaba que él era incapaz de ser el doble de Santa

—Eric.

Santiago miró a Brittany. No podía querer decir Eric

—¿Quién?

—Eric. En Contabilidad. El novio de Terry.

—¿Eric? — Santiago se echó hacia atrás para tener una visión más clara de Brittany. — Él tiene varios tics nerviosos y tartamudea cuando habla.

Ella negó con la cabeza.

—Debe ser sólo cuando usted está cerca, porque fue muy divertido y dulce conmigo y adora a Terry. —La irritación tensó los músculos de su mandíbula. ¿Ella pensaba que Eric era guapo?— Creo que van a casarse.

Santiago se distrajo al conectar la última tira de luz.

—¿Cómo sabes eso? Pensé que no conocías a nadie en la ciudad.

—He estado aquí dos días. El verdadero amor es muy obvio. —Santiago no sabía cómo responder a eso. Ni siquiera sabía que estaban saliendo — Eric será un muy buen Santa.

—No —contestó Santiago con énfasis.

—¿Tiene alguna otra opción?

—Lo necesito en Contabilidad, —protestó.

—Nadie ve su Departamento de Contabilidad. Todo el mundo ve su Santa.

Maldita sea, tenía razón.

—Déjele intentarlo. Sólo tengo esta sensación respecto él.

—Está bien, — reconoció.

—Esto va a hacer de su temporada de Navidad un éxito completo.

Ama de llaves de día, consultor administrativo de noche. ¿Puedo ser más afortunado? Santiago hizo una mueca ante sus propias sarcásticas y, de alguna manera, proféticas palabras.

Movió los hombros y se dio cuenta que el dolor en su espalda había desaparecido. Maldita sea, tenía razón. Se sentía mejor después de hablar con ella. No es que fuese realmente a pedirle a Eric que hiciera de Santa. La idea era una locura. Por otro lado, la realidad no había sido un requisito importante en su vida desde que Brittany había llegado.

—De acuerdo, ya está. Retroceda. Veamos cómo queda.

Nudos de anticipación ondulaban en su pecho mientras se colocaba al lado de Brittany. Ella asintió con la cabeza para que apagase las luces de la habitación y luego enchufara las luces de Navidad.

El árbol resplandecía; luces de todos los colores, escondidas al fondo de las agujas del árbol brillaban.

—Oh, Santiago, es hermoso.

Ella se arrojó en sus brazos y él no tuvo más remedio que abrazarla. Su cuerpo se adaptó al de él como si hubiese sido diseñado para encajar perfectamente. La lujuria se había desvanecido en las últimas horas por la tarea práctica de colocar las luces de Navidad, pero con un roce volvió, corriendo por su cuerpo, haciendo que su polla se recuperara. Sus manos apretaron suavemente mientras la acercó, sus pechos se ahuecaron entre sus cuerpos.

—Muchas gracias, —suspiró ella con esa voz de sirena.

Se inclinó hacia el abrazo, colocando la cabeza sobre su pecho y mantuvo los brazos estrechados holgadamente alrededor de su espalda. Su polla se hinchó impulsada por el deseo de bajarla al suelo y hacer el amor con ella a la luz del árbol de Navidad. Las luces resplandecerían en su cabello, en sus ojos mientras se deslizaba dentro de ella, abrazándola. Se tomaría su tiempo, montándola lentamente, haciendo que las luces se convirtieran en estrellas cuando se corriera en el centro de su mundo.

Cuánto tiempo permanecieron allí, Santiago no lo sabía. Brittany parecía contenta y por alguna razón, Santiago no quería molestarla. Con un suspiro, ella finalmente levantó la cabeza.

—Es tarde. Realmente deberíamos irnos a la cama. —Su cuerpo saltó para decir que estaba de acuerdo. — ¿No está cansado?

Al salir del abrazo se llevó las manos a la cabeza y se estiró, gimiendo mientras se movía. Incapaz de hablar, la miró moverse, esa sensualidad lenta guiaba cada movimiento.

—Sí, definitivamente está cansado. Está empezando a desvanecerse sobre mí.

Ella tomó su mano entre las suyas y le condujo hacia la puerta.

—Todo lo que necesita es una noche de sueño en la cama y se despertará renovado y listo para enfrentar al mundo.

Santiago asintió en silencio. Una noche en la cama era lo que necesitaba, pero dormir no iba a ayudar con su problema. Una noche de mucho sexo ardiente podría calmarle, pero con el volumen de sus fantasías, parecía que sería necesaria una cura de un fin de semana.

A pesar del ruido que corría a través de su cabeza, siguió a Brittany escaleras arriba, sintiéndose inusualmente cómodo; como si hubiesen hecho esto antes muchas veces. Brittany charlaba mientras caminaban, contándole su lucha por llevar a casa ese enorme árbol. La risa con la que relataba cómo explicó al taxista que hablaba muy poco inglés, que ella quería atar un árbol de tres metros al techo de su taxi era contagiosa. Apenas se dio cuenta de cuando entraron en el dormitorio o que Brittany fue a su vestidor para ponerse el camisón.

Cuando ella desapareció en el cuarto de baño, abrió el cajón de su tocador y vio su ropa interior y algunos trozos pequeños de satén que ciertamente no fueron diseñados para su culo.

Ella salió del baño unos minutos más tarde, oliendo a pasta de dientes y pareciendo descansada.

—Brittany, ¿qué está haciendo tu ropa aquí?

Se detuvo junto a él y echó un vistazo por encima de su brazo para mirar en el mismo cajón.

—Tenía que ponerlas en algún sitio. Parecía absurdo tener que bajar sólo para buscar la ropa. Además tiene tanto espacio...

—Que decidiste que podía compartir algo de ese espacio.

—Exactamente.

Ella parecía complacida de que él entendiera su lógica. Como si fuera la cosa más normal del mundo, se arrastró a su cama y se sentó, esperando a que él se uniera a ella. El camino de menor resistencia parecía ser ponerse los pantalones y acostarse a su lado. Esperar hasta que se quedara dormida y entonces escapar.

Había hecho la misma promesa anoche, pero lo decía en serio esta vez.

Carcajadas sonaron como si su conciencia hiciera eco en su cabeza.

Brittany se sentó en la cama esperando a que Santiago regresara del baño. Ciertamente parecía llevarle mucho tiempo prepararse para ir a la cama. Consideró que podría estar escondiéndose, pero decidió que no podía ser cierto. Él no parecía de esos tipos.

Pero eso era parte de su problema. Ella no conocía su tipo. Ella no lo podía comprenderle y no era muy comunicativo respecto a la información. Nadie en la tienda parecía conocerlo bien. Todos dijeron que era un excelente hombre de negocios, pero más allá de eso, tenían poca interacción con él. Necesitaba una manera de conseguir entrar en su cabeza; averiguar lo que quería, cuáles eran sus sueños.

Hmmm. Sueños.

No era exactamente una práctica aceptada pero podía desear cualquier cosa; incluso acceso a sus sueños.

Santa no lo aprobaría.

Santa no tiene por qué saberlo, señaló mentalmente, silenciando su conciencia. Si ella iba a hacer algún progreso, necesitaba alguna información secreta y los sueños de Santiago sería un lugar perfecto para empezar.

Cerró los ojos y pidió su deseo.

—Me gustaría compartir los sueños de Santiago esta noche.

Deseó que la magia saliera al mundo y abrió los ojos. Era un deseo difícil y no había manera de saber si se haría realidad hasta que los dos se quedaran dormidos.

Él salió del cuarto de baño, vestido con pantalones cortos y una camiseta que se pegaba a su pecho. Su mirada bajó justo por debajo de la cinturilla del pantalón hacia esa intrigante parte del cuerpo que sólo había vislumbrado antes. Caramba. No había manera de verlo, no con la camiseta cubriéndolo. Brittany se retorcía bajo las sábanas mientras él se metía en la cama.

Después de un rápido buenas noches, se dio la vuelta, dándole la espalda a ella. Suspiró y trató de hacer lo mismo; con la esperanza de que lo que fuera que llenara sus sueños le diera una idea de cómo hacer que sus deseos se hicieran realidad.