Lamento a ver tardado en publicar este capitulo

Gracias a todos por sus comentarios

Disfruten

La historia no me pertenece asi como los personajes de glee.


Santiago dejó caer la pluma sobre el escritorio. Suspiró, deshinchando las mejillas mientras el aire se deslizaba entre sus labios. Con una última mirada al reloj, se levantó y se puso la chaqueta. Brittany lo estaría esperando en breve. Su encuentro con Henderson y Elaine había ido más o menos como esperaba; considerando que había llegado una hora tarde y su mente estaba en casa en la cama con Brittany.

¿Y ahora esto?

¿Cómo había estado de acuerdo con esto? No sólo estaría conduciendo para ver a sus padres en lugar de tomar el avión de la compañía, sino que iba a hacerlo temprano. Una vez más, se preguntó cómo había llegado hasta allí.

Brittany. Ella lo miraba con esos profundos ojos azules y, de repente, estaba de acuerdo con cada uno de sus deseos.

Deseos. Ja. Una sonrisa afectuosa se instaló en su rostro mientras arrojaba una pila de papeles en su maletín. Brittany y sus deseos. La línea de sus labios se tensó. La mañana de Navidad no estaría mirándolo con luces en los ojos. Iban a estar llenos de lágrimas. Y todo porque él había pedido un estúpido deseo de Navidad.

Maldita sea, Brittany iba a estar muy decepcionada cuando no hubiese un cachorro bajo el árbol para su madre.

Cerro de golpe su maletín y abrió la puerta del despacho. La señora. Benson estaba escribiendo, concentrándose en la pantalla delante de ella. Lo miró por encima de su hombro mientras se dirigía a la zona de recepción. Siempre eficaz, se giró desde el teclado y tomó su bolígrafo, lista para tomar las notas finales que él pudiera tener antes de irse.

Ella está siempre aquí. La idea le golpeó miraba a su secretaria; como si la viera por primera vez. Había trabajado para él durante cuatro años y, a excepción de una epidemia de gripe grave, nunca había perdido un día de trabajo. Llegaba antes que él por la mañana y, a menudo se iba después que él por la noche. Siempre asegurándose de que tenía todo lo que necesitaba o quería. No sabía cómo funcionaría si ella no estaba cerca.

—Señor López, ¿está bien?

—Sí. Estoy bien. —Se frotó los dedos por la frente, tratando de entender lo que estaba a punto de hacer. — Me tomo el resto de la semana. ¿Por qué no hace usted lo mismo?

Ella le devolvió la mirada, con los ojos abiertos por la sorpresa.

—¿Perdón?

—Despeje su escritorio. Tómese el resto de la semana libre. Cierre la oficina. No hay nada que no pueda espera.

Santiago pensó en eso. No había nada que no pudiera esperar. El acuerdo con Henderson iba mal, gracias a que había llegado tarde a la reunión esta mañana y a la irritación de Elaine con él después de la fiesta de la semana pasada. Ella había estado esperando una fusión completa; empresarial y personal.

Normalmente, la idea de perder un acuerdo lo tendría en su escritorio, pero se sorprendió al encontrarse a sí mismo deseando llegar a casa. Y ver a Brittany.

—Tómese libre también la siguiente semana. Pagadas, por supuesto — anunció, encariñándose con su empleada. — La veré el lunes después de Año Nuevo.

—Pero... pero... —Santiago no sabía cómo reaccionar a la sorpresa en su rostro. Claramente, había pasado demasiado tiempo desde que había hecho algo bueno por sus empleados.

—Ha estado trabajando muchas horas últimamente. Tómese el tiempo. — Tomo su maletín y se dirigió a la puerta.

—Gracias, señor López.

—Y después de cuatro años, tal vez podría empezar a llamarme Santiago. Si no le importa... Terry.

—No, eso está bien.

—Ten unas buenas vacaciones.

Dejó la puerta cerrarse tras él notando que sus hombros se sentían ligeros y un brillo de satisfacción se instaló en su estómago.

—Buenas noches, señor López, —la guapa dependiente de la tienda de ropa de mujer le saludó mientras pasaba por allí.

—Buenas noches. —Asintió con la cabeza y sonrió.

Brittany lo había contagiado. No es que tuviera la intención de dejarla ver eso. Parecía disfrutar de reformar su espíritu navideño y él iba a dejarla seguir haciéndolo.

Si ella piensa que soy un caso difícil, espera que conozca a mis padres. ¿Qué pensarían de ella? Definitivamente no era como ninguna de las otras mujeres que había llevado con él. Todas las mujeres del pasado que habían conocido a sus padres habían caído bajo su hechizo al instante, siendo como ellos. De alguna manera, él no podía ver que eso ocurriera con Brittany.

Brittany conocería a sus padres: el rey y la reina de las fiestas superficiales. Hizo una mueca al ver las plantas en la luz del ascensor. Su padre le había criado en el espíritu de la Navidad del comerciante, mientras que su madre había demostrado la importancia de los regalos caros. Las vacaciones en casa de sus padres eran eventos orquestados perfectamente. Cada movimiento, cada regalo, era diseñado para impresionar a los amigos y familiares. Y las fiestas. Santiago reprimió un estremecimiento. De niño, le habían sacado de su habitación, vestido con un esmoquin y desfilado frente a sus amigos hasta que llegaba la hora de ocultarse de nuevo. Como adulto, las fiestas se convirtieron en una gran imagen borrosa de conversaciones corteses.

Pero por primera vez en casi veinte años, estaba deseando que llegaran las fiestas. Sólo pensar en los rostros de sus padres cuando conocieran a Brittany le hizo sonreír. La Junta de Administración había sucumbido ante su encanto, pero Santiago sabía que sus padres estaban hechos de otra pasta. Valía casi la tontería del día de fiesta.

Entró en el garaje y recorrió la corta distancia hasta el coche. Brittany sobreviviría a sus padres. Era la cosa del deseo de Navidad lo que le tenía preocupado. Se trataba de un deseo imposible. Su madre nunca había permitido animales en la casa. Había suplicado por una mascota cuando tenía diez años, y once años y durante años después de eso, pero nada pudo convencer a su madre de tener un animal en casa. Podría estropear las alfombras.

Incluso si existiera un Santa Claus, que no existe, se recordó Santiago a sí mismo, nunca iba a ser capaz de hacer que este deseo de Navidad ocurriera.

Santiago se sentó dentro de su coche y se quedó mirando la pared del garaje. Brittany iba a estar destrozada. Estúpido, estúpido. Debiste haber deseado un bonito collar de diamantes. Mamá siempre consigue uno de esos.

El corazón le dio un vuelco en el fondo del pecho y sus manos se calentaron el volante. Odiaba ser parte de su desilusión, pero no podría ver los ojos de Brittany la mañana de Navidad, cuando no apareciera ningún perro. Miró su reloj. Tenía tiempo suficiente para hacer una parada antes de volver a casa. Tenía que hacer realidad un deseo de Navidad

Brittany se estremeció y se acomodó en la suave piel de los asientos. Sabía por experiencia que el coche de Santiago no tardaría en hacerla entrar en calor, pero hasta que lo hiciera, ella no se movía. No iba a desperdiciar el calor de su precioso cuerpo. La calidez deliciosa del sexo se había desvanecido y ahora tenía frío otra vez.

Santiago abrió su puerta y acomodó su cuerpo en el asiento del conductor. Él se volvió hacia ella y se detuvo.

—No puedes tener frío.

—Me estoy congelando. Cierra la puerta. —Ella se acurrucó y trató de enterrarse profundamente en el calor del abrigo de Santiago.

—¿Cómo puedes tener frío? Apenas hace suficiente frío para que nieve.

—Siempre hace frío suficiente como para que nieve, —se quejó Brittany.

Sabía que esta era una mala manera de comenzar el viaje, pero mecachis, ella tenía frío. Y a pesar de su previsión de pasar los próximos dos días con Santiago, cuando esos dos días hubiesen terminado, sería Navidad. Y ella se habría ido. Lo sabía. De alguna manera, pese a lo torpe que había sido, y aunque no sabía cocinar, había tenido éxito. Santiago estaba aprendiendo el significado de la Navidad.

La puerta del coche se cerró. Santiago no encendió el motor. Brittany finalmente levantó la mirada del suelo del coche para ver a que estaba esperando.

—Si realmente eres un... un... bueno, lo que dices que eres, ¿cómo no te gusta el frío? ¿No está el Taller en el Polo Norte?

—La palabra es elfo, y sí, está en el Polo Norte, y sí, siempre estaba helada.

Creo que eso es lo que me hizo tan gruñona.

—¿Cuál es tu excusa aquí? —preguntó inocentemente Santiago.

—Ja, ja. Ahora conduce. — Se llevó todo el control de Brittany no sonreír, aunque sabía que brillaba a través de sus ojos. Santiago estaba haciendo bromas. Su resplandor del éxito estaba teñido de tristeza. Quería que Santiago encontrara el significado de la Navidad, realmente lo quería, pero cuando lo lograra, ella se iría.

La risa suave de Santiago siguió a su orden. Puso en marcha el motor y una ráfaga de calor se elevó por los pies fríos de Brittany. Sus ojos se abrieron y sonrió cuando se giró hacia Santiago.

—Te calenté antes de salir.

Olvidada su tristeza, se inclinó a través el coche y le rodeó con sus brazos alrededor del cuello. La mano de Santiago se deslizó por su espalda y le apretó hacia su lado.

Un cálido resplandor se instaló en su corazón mientras se dejaba caer de nuevo en su asiento.

Santiago guió el coche hacia el camino de la entrada. Las lágrimas le picaban en los ojos mientras observaba como la casa se desvanecía en la distancia. Si las cosas iban según lo planeado, nunca la volvería a ver.

Su naturaleza básicamente alegre le protegió de las lágrimas y al cabo de unos minutos, la emoción de su viaje había regresado.

Trató de no mirarlo mientras conducía, pero fue un reto. Le asombraba. En un corto espacio de tiempo, había aprendido a leer sus emociones en las pequeñas variaciones de sus expresiones faciales. Una pequeña arruga en la frente, significaba que estaba sorprendido, pero también contenía podía ser mirarle fijamente con los ojos abiertos. Apretaba los músculos de la mandíbula cuando estaba enojado o frustrado. Brittany casi se echó a reír. Había aprendido esa muy al principio.

Las calzadas bordeadas de árboles de las otras casas desaparecieron cuando el coche se comió las millas, sacándolos de la ciudad. El sol se ponía en el horizonte, un recordatorio constante de la transición a un nuevo día. Su tiempo con Santiago ahora se medía en horas y minutos.

La nieve comenzó a caer al salir de la autopista. Copos ligeros que crecían en tamaño hasta que fueron salpicando a través del cristal delantero.

Rodeada por el calor, Brittany se perdió en sus propios pensamientos. La verdad la había estado acechando durante días pero ahora, después de la noche pasada, parecía más importante que nunca que le hiciera frente. Ella amaba a Santiago, pero no era el amor al que ella estaba acostumbrada. El amor que sentía por los otros elfos era de un tipo distante, un quiero lo mejor para ti. Agradable, pero extrañamente impersonal. Este amor era específico para Santiago.

Las palabras que habían estado colgadas justo por debajo de su subconsciente, ahora clamaban ser liberadas, para ser dichas.

—Te amo — dijo sintiéndose aliviada por haberlo dicho en voz alta. Se giró en su asiento y miró a su perfil.

Santiago agarró el volante y trató de convencerse de que estaba alucinando. Su corazón comenzó a latir con fuerza, llenando su garganta y subiendo hasta las orejas. Realmente no lo había dicho, ¿verdad? No podía ser cierto. No podía amarle. ¿Podía ella? Un extraño destello de esperanza aleteaba a través de su pecho antes de que golpearlo fuera.

—Creo que será mejor buscar un lugar para alojarnos por la noche, —dijo centrándose en la nieve que caía. — Las señales mostraron un Bed & Breakfast1. Probemos allí.

—¿Esa es tu respuesta? —Ella se rió en voz baja como sí la divirtiera que él eludiera el tema. Cualquier mujer normal se habría sonrojado y lo dejaría ir, como si nunca hubiese hablado. No Brittany. — ¿Te digo te amo y tú lo ignoras? Ni siquiera das las gracias.

—Perdóname por haber olvidado mis modales, —respondió, su voz sonaba con sarcasmo.

—No sabía que Emily Post2 tenía una regla para esto.

Brittany miró por la ventana mientras Santiago parecía ser el único que reconocía la tensión que había llenado de repente su coche.

—No puedes —respondió Santiago finalmente con un suspiro.

—¿No puedo qué?

—No puedes amarme.

Ella se rió suavemente y echó la cabeza hacia un lado para mirarle. La sabiduría en sus ojos parecía tan opuesta a la inocencia ardiente que solía vivir allí.

— ¿Por qué no puedo hacerlo? —preguntó.

Él miró la carretera.

—No sabes nada de mí.

—Sé lo suficiente. —Se encogió de hombros. — Y Te amo.

Él la miró y ella se acurrucó en el asiento delantero de su coche, mirándolo. Realmente necesitaba darle algún tipo de respuesta. Sus nudillos se volvieron blancos mientras apretaba el volante.

—Yo… mmm yo...

Las palabras se pararon en su garganta. No le había dicho esas palabras a nadie, excepto a la animadora de instituto con quien había perdido su virginidad. Y entonces sólo lo había dicho porque ella no lo "iba a hacer" sin las palabras. No era su recuerdo más honorable, pero fue la última vez que le había dicho a una mujer que la amaba sólo para llevársela a la cama.

—No tienes que decir nada. —La risa suave retumbaba bajo la voz de Brittany. — Es un regalo, Santiago. Acéptalo, no tienes que dar nada a cambio.

—Uh… gracias. —condujeron en silencio, observando como los oscuros bosque pasaban, señalizando cada milla.

¿Brittany lo amaba? La idea era escandalosa. Se habían conocido hacía menos de dos semanas.

Si él estaba enamorado, ¿cómo lo sabría? Al no haber estado enamorado antes no tenía un punto de referencia. Hizo un rápido repaso de sus cinco sentidos. Nada parecía completamente fuera de lugar. No oía ángeles cuando ella hablaba y el contacto de su mano no le hacía derretirse. Una sonrisa sombría se formó. Su toque tenía el efecto contrario, poniéndolo duro como roca. Pero eso era lujuria.

No tenía nada que ver con el amor.

Brittany estaba obviamente sintiendo algo o no le habría dicho.

Es lujuria. Esa era la verdad. Ella no lo amaba. Eso es todo lo que era. Era demasiado nueva para el sexo como para entender la diferencia. Se relajó en el asiento, decidido a ser feliz con su explicación mental.

La luz de la B&B3 apareció a la vista y Santiago redujo la velocidad para tomar la salida. La nieve estaba cayendo a un ritmo lo suficientemente rápido como para que tuvieran que parar durante la noche.

Fueron por el largo camino y vieron el pintoresco B&B.

—¿Qué te parece?, —preguntó. Brittany miró el nombre, el Rincón de Noel, él la observó con satisfacción mientras sonreía.

—Es perfecto.

El aparcamiento en frente del edificio estaba vacío. Santiago detuvo el coche y ayudó a Brittany a salir. Sus manos se quedaron unidas entre sí mientras caminaban por la nieve. Conociendo su tendencia a tener frío, él la espoleó a la puerta, pero ella se entretuvo, moviendo la cara hacia arriba para atrapar copos de nieve con la lengua.

La simple alegría y belleza le sorprendió; y dejó un dolor extraño alrededor de su corazón. Ella le había dicho que lo amaba y él había apartado las palabras a un lado. El dolor cerca de su corazón se convirtió en un lento y enfermizo balanceo en su estómago.

Brittany sintió los copos de nieve en las mejillas y sonrió. Incluso la nieve se sentía más caliente cuando estaba con Santiago. Ella lo miró, triste de ver la sombra en sus ojos, sabiendo que ella la había puesto allí expresando impulsivamente sus sentimientos. Obviamente, no estaba acostumbrado a que la gente le dijera que lo amaba.

Ella cerró los ojos y pidió un deseo. Desearía que Santiago encuentre a una mujer que lo ame y se lo diga muy a menudo. Tomó su magia elfo en ella y envió el deseo al mundo.

Cuando abrió los ojos, Santiago la miraba fijamente. Inclinó la cabeza hacia un lado en una pregunta silenciosa. El amor brotó en su interior a pesar de que sabía que no podía hablar de ello. En cambio, le echó los brazos al cuello y lo besó. La nieve flotaba a su alrededor, el frío penetraba sus botas y nunca había sido más feliz. La acercó hacia él. El calor de su cuerpo calentando el aire.

Cuando por fin se retiró, ella estaba sin aliento, pero se había acostumbrado a esa sensación en los últimos días. Miró el letrero. Bed & Breakfast El Rincón de Noel.

Hay camas. Eso significaba que Santiago y ella podrían tener más sexo.

—Deberíamos entrar antes de que nos congelemos aquí, —dijo, aunque su voz había perdido la rudeza que tenía en el coche.

Ella enganchó su brazo en el de él, manteniéndolo cerca y entraron.

Noel resulto ser una dulce mujer que les ofreció una cena ligera junto con su habitación. Antes de darse cuenta, estaban sentados en la mesa del comedor con emparedados y patatas fritas frente a ellos. Su anfitriona sonrió y los dejó solos.

Después de cenar, se trasladaron a la sala de estar, sentados junto al fuego y bebiendo vino blanco frío. Brittany se había quitado el abrigo y estaba usando a Santiago para calentarse. A él no le importó. Se sentaron abrazados en el sofá, sus dedos tocándose mientras miraban las llamas. Noel se movía silenciosamente por la casa, limpiando los pequeños restos de la cena.

Era bien avanzada la noche cuando ella entró en la sala y dijo las buenas noches.

—Tengo mi propio apartamento, así que la casa es suya. Yo me encargo del fuego después de que suban. —Miró a Brittany y guiñó un ojo. — Buenas noches.

Cuando la propietaria se fue, Brittany se movió en los brazos de Santiago, levantando la mirada hacia él.

—Ella piensa que vamos a tener sexo.

—Sí. — Él se detuvo y preguntó con toda seriedad. — ¿Lo tendremos?

Brittany se estremeció.

—Eso espero.

Su comentario pareció estimular a Santiago a la acción y a los pocos minutos se dirigían a su habitación. Santiago la dejó en la puerta y le dijo que tenía que sacar algo del coche.

Brittany se alegró de tener un momento a solas. Sus emociones habían estado en un péndulo hoy; amor y tristeza. Ella amaba a Santiago, pero sabía que lo abandonaría en dos días. Dos días para Navidad.

Y ella no iba a perder ni un minuto de ese tiempo.

Miró la hermosa habitación y la enorme cama. Era tan fácil imaginar a Santiago y a ella en la cama.

Rápidamente se colocó el segundo conjunto que Anne había escogido para ella. El primero de ellos había funcionado tan bien, que no podía esperar a ver qué pasaba con el segundo. La noche anterior había sido increíble, pero sabía que todavía había mucho que aprender y probar. Como en ese sueño de Santiago donde había lamido su polla. Se pasó la lengua por los labios. Eso parecía bastante interesante. Similar a la forma en que él la había saboreado la noche anterior. Su coño se retorció y pudo sentir el incremento de su calor.

Oyó pasos en la escalera y supo que Santiago volvía. Pasó las manos sobre el escaso traje que llevaba. Éste era rojo y casi transparente, colgando holgadamente de sus pechos hasta la parte superior de los muslos. La tela revoloteaba sobre su piel como si fueran alas de ángel.

Caminó hacia el lado de la cama y se apoyó en el alto poste, esperando a que Santiago abriera la puerta y entrara. Sus ojos se iluminaron con un calor peligroso cuando la vio.

Te amo. Las palabras resonaron en su cabeza, pero ella no podía decirlas.

Santiago no quería oírlas. No las creía.

El centro de su pecho le dolía. ¿Cómo le enseñaría a creer en el amor?

Se quitó el pesado abrigo y lo arrojó despreocupadamente sobre el brazo de la silla y rápidamente sacudió la nieve de su cabello. No miró alrededor, su atención estaba fija en ella. Se acercó a su lado y le tomó el rostro entre sus manos y se inclinó para besarla. Sus labios eran lentos y deliciosos, fríos y suaves contra su boca.

—Estás preciosa, —dijo susurrando la caricia en sus labios. Una débil necesidad sensual se construyó dentro de su sexo. El dolor duro de la noche anterior estaba todavía allí, pero tenue y lento. Esta noche, ella quería tocarle, saborearle. Moviéndose juntos, sus labios se cerraron en sus besos; le quitaron la camisa y la dejaron caer al suelo. Brittany gimió en su boca mientras pasaba las manos sobre su pecho. Las manos de él se deslizaron por su espalda y agarraron su culo, tirando de ella hacia él, su erección presionando contra su estómago mientras rozaba los labios por su cuello. Sus manos comenzaron las adorables y largas caricias que la calentaron e inspiraron deliciosas sensaciones en su cuerpo.

—No. — Le empujó los hombros y después de un rato de vacilación él la soltó. La prudencia, y tal vez una pizca de dolor, brillaba en su mirada. Ella le dedicó una dulce sonrisa para apaciguar su ego. — Yo no llegué a tocarte anoche. Quiero sentirte. —Acompañó sus palabras con un roce rápido de los labios sobre su pecho. — Saborearte. —Era como si las persianas se hubiesen abierto en sus ojos y regresara el hambre pura y devastadora.

La pícara energía sensual fluía a través de ella. Él la quería, quería su caricia. Ella movió su dedo por el primer botón de sus vaqueros.

—Probablemente deberías deshacerte de ellos.

Levantó la barbilla hacia sus pechos apenas cubiertos.

—Tú primero.

Era justo, después de todo. Él estaba desnudo de cintura para arriba. Ella se agachó y tiró de la de la parte superior de su conjunto y lo arrojó a un lado. Era extraño, algo que cuesta tanto, y uno termina llevándolo puesto tan poco.

Santiago asintió en señal de aprobación mientras miraba sus senos. Ella había visto fotos de mujeres con los pechos mucho más grandes, pero a Santiago no pareció importarle. El recuerdo de su cariñosa mañana volvió a ella y deslizó las manos por su cuerpo, agarrando sus pechos en sus manos. Su mirada le acaloró y él la buscó, pero ella se alejó, sacudiendo la cabeza.

—Los vaqueros. Quítatelos. —Se sentía traviesa y salvaje ordenándole que se desnudara y a Brittany le encantó cada segundo. Aun acariciándose, se quedó fuera de su alcance mientras él desabrochaba el botón y empujaba los vaqueros y calzoncillos hasta los tobillos. Como si la desafiara a observar su cuerpo, él se quedó allí, con los pies atrapados en sus pantalones, desnudo desde los tobillos hacia arriba. Se tomó un momento para mirarlo. Era tan hermoso. Fuerte y poderoso. Y su polla. La gruesa verga estaba dura y levantada, un goteo de líquido adornó la punta.

Ella no habló pero se lamió los labios, diciéndole lo que quería.

La comisura de su boca se levantó en una media sonrisa.

—Ahora tú, — le dijo él indicando sus bragas, desafiándola a desafiarlo.

Ella enganchó los dedos en los laterales de sus bragas y comenzó a empujar hacia abajo. Algún instinto latente le dijo que fuera despacio, para hacerle esperar para verla. Poco a poco, se dio la vuelta, dándole una visión de su perfil mientras se inclinaba y deslizaba el trozo de tela hacia abajo hasta que se detuvo alrededor de sus tobillos. Ella no tenía que mirarlo para saber que la estaba mirando, mirando su culo. Sus caderas presionaron de nuevo mientras ella permitía que su cuerpo se tensara, pero mantuvo una mano sobre su coño, cubriéndolo mientras lo miraba. El destello de advertencia en sus ojos la hizo sonreír, pero ella no movió su mano.

—Es mi espectáculo esta noche. Sube a la cama. —Por un instante, pensó que se negaría, pero finalmente, su cuerpo se relajó y salió de los vaqueros y siguió sus instrucciones. El calor le calentaba los dedos mientras esperaba y observaba, sus músculos tan elegantes y fuertes.

Se arrastró hacia su lado y se quedó mirando el exquisito bufet que tenía frente a ella. Tantas opciones y elecciones. Hmmm. ¿Por dónde empezar? De la cabeza a los pies. Bajó la mirada hacia su polla dura. Bueno, dudaba que terminara todo el camino hasta los pies, pero sería divertido intentarlo.

Se acurrucó cerca, dejando que todo su cuerpo sintiera el suyo. Ella curvó su pierna sobre su cadera, dejando que su coño se situase contra él, incluso cuando comenzó a acariciarlo. Sus dedos vagaron sobre su pecho y hacia abajo, pero pronto quedó claro que eso no era suficiente; necesitaba saborearlo, quería sentirlo debajo de su lengua. Mientras se movía por su cuerpo hacia abajo, tocándolo y saboreándolo, el hambre se construyó en su interior. Su cuerpo era un delicioso regalo hecho a medida para ella.

Santiago apretó los dientes y aguantó cada roce de sus manos. Su exploración le arrastró al infierno en un viaje de ida y vuelta. Cada susurrante caricia de sus dedos iba seguida por un lento lengüetazo; en el pecho, los pezones, los músculos tensos de su estómago. El tiempo y la tortura que estaba ejerciendo en él no parecía importarle a ella pero Santiago estaba en su punto álgido. Se agarró al cabecero, y lo sostuvo, luchando contra el impulso de agarrar su cabeza y hundir la polla en su boca.

El dulce tormento de sus manos arrancó su control mientras ella se abría paso por su cuerpo. Deslizó los dedos por su estómago hasta los muslos, pintando remolinos de fuego a través de su piel. Lentamente se acercó a su polla. Su lengua era como un hierro de marcar sobre su piel; caliente y permanente.

Sus manos se cerraron alrededor de su verga, ligeras y delicadas caricias, como si tuviera miedo de hacerle daño.

El primer roce de su lengua envió un relámpago a través de su cuerpo. No podía hacerlo. No era lo suficientemente fuerte. Si ella lo chupaba, él perdería el control, empujando dentro de ella hasta que pidiera clemencia.

—No, cariño, eso no —le agarró por los brazos y la levantó, arrastrándola sobre su pecho, los montículos suaves de sus senos calentando contra su piel. —Pero yo quería besar a Fred, —dijo, la risa y la pasión competían en sus ojos. — ¿No te gusta?

Joder sí. Le gustaba eso. Lo quería. Quería su boca llena de su polla; pero no podía. No esta noche. Él estaba luchando para mantener sus impulsos bajo control. Y allí había demasiada tentación con la fantasía de ella chupándole.

—Sí me gusta, nena, pero esta noche, quiero estar dentro de ti. — Le robó un profundo beso y la movió hacia arriba y sobre él, con las piernas a horcajadas sobre sus caderas. Sus ojos se llenaron de excitación mientras se colocaba arriba y le veía debajo de ella, su polla se extendía larga y dura hacia su coño.

—Oooh, he leído sobre esto en el libro. —Su voz estaba llena de asombro.

— Puedo estar encima.

—Sí.

La tensión en su voz la consoló. Podía ver sus luchas; como si estuviera luchando para agarrarla. En cambio le dejó hacerlo a su manera. Ella tomó su polla en la mano y la levantó, colocando la punta ancha contra su apertura. Tocarlo había sido maravilloso, pero la había dejado anhelando más.

Lentamente se dejó caer, dejando que su polla la llenara. Un ligero dolor aminoró el descenso, pero no fue bastante como para que se detuviera, la necesidad era demasiado grande. Al recordar la forma en que la había llenado la noche anterior, ella lo tomó con latidos cortos, más y más profundo.

—Eso es, cariño, móntame. —Sus manos se apretaron contra el cabecero mientras se mantenía quieto, dejándola moverse.

No tenía mucha experiencia, pero sabía cuánto le estaba costando a él. Necesitando más de su sabor, ella se inclinó hacia abajo y arrastró la lengua por su pezón, poniendo fin a la caricia con un suave mordisco. Él gimió y empujó sus caderas hacia arriba, obligándose a entrar más profundamente en su coño. Más, ella necesitaba más. Colocó sus manos junto a su pecho y comenzó a moverse, deslizando su polla dentro y fuera, sintiendo cada delicioso centímetro. Trató de ir despacio, había mucho que disfrutar como para acelerarse, pero su cuerpo no se lo permitió.

Echándose atrás con sus manos, se sentó en lo alto, empujando hacia arriba y abajo sobre él, cortos y constantes latidos en el fondo de su coño, necesitando más, sólo un poco más.

Sus pechos botaron a la par que los rápidos envites mientras lo montaba, cada vez más rápido hacia su orgasmo.

—Eso es. Tómalo, cariño. Déjame sentirlo.

Sus palabras parecieron encender la necesidad latente en su interior. Ella gritó cuando las ondas delicadas se movieron a través de su coño.

Observó el orgasmo dispararse a través del cuerpo de ella y no puso detener el suyo. Él sostuvo sus caderas, sintiendo las palpitaciones de su coño mientras se corría, con los latidos moviéndose a través de su polla.

Como si el orgasmo hubiese agotado la fortaleza de su cuerpo, se desplomó hacia adelante, hundiéndose sobre su pecho. Él la dejó permanecer allí durante bastante tiempo antes de que finalmente la moviera, manteniéndola cerca de su lado. Poco a poco, levantó la cabeza y lo miró.

El placer aturdido en sus ojos le hizo sonreír.

— ¿Te gusto?, — preguntó, provocándola.

Ella se lamió los labios y asintió.

—Maravilloso —se acurrucó contra su pecho con su boca alcanzando la de él, su mano deslizándose por su cintura.

—Todavía puedo sentirte dentro de mí. —Curvó su mano alrededor de su polla, despertando los músculos saciados. — Tan gruesa y larga.

Santiago estaba seguro de que nunca había visto nada más hermoso que sus ojos mientras ella lo miraba; pura alegría, el amor puro le devolvió la mirada.

Y una traviesa sonrisa de intenciones que iluminaba sus ojos.

Él estaba a punto de experimentar una larga noche.

1 Bed & Breakfast es un lugar donde se ofrece habitación para dormir y desayuno, suelen ser habitaciones para invitados en casas particulares o en pequeños hoteles.

2 Emily Post es una escritora americana famosa por escribir libros sobre protocolo y etiqueta.

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