Aqui otro capitulo
Solo que da un capitulo mas y el epilogo y llego a su final
Gracias a todos por sus comentarios
El dolor agudo y punzante en los hombros de Santiago aumentaba con cada giro de los neumáticos que le acercaban a la casa de sus padres. Esta es una muy mala idea. Debería haberlo cancelado. O venir solo. Podría haber volado la víspera de Navidad y regresado para compartir lo que quedaba de la Navidad con Brittany. Navidad con Brittany. Una reacia sonrisa apareció en la comisura de su boca. La próxima Navidad podían pasarlas solos, delante de la chimenea, bebiendo chocolate caliente, escuchando villanci… basta.
Su mente dio un portazo a esa imagen, pero su cuerpo se sacudió en respuesta. Una rápida mirada le dijo que Brittany no se había dado cuenta. Ella permaneció en la misma posición, mirando por la ventana, con las rodillas sobre el asiento, frunciendo ligeramente los labios.
El aire salió por sus labios en un suspiro torturado. ¿Planeando a un año de distancia? ¿En qué estaba pensando? No sólo probablemente no estaría con Brittany el próximo año, sino que no había manera de que empezara pronto a vivir como en una tarjeta navideña de Norman Rockwell1.
Por otro lado, debatió consigo mismo, que si por alguna extraña casualidad, Brittany todavía estaba alrededor, entonces una Navidad como esa la haría feliz. Sus ojos se movieron rápidamente hacia ella. Ella parecía confundida... y triste. Tal vez el estrés de ir a casa de sus padres no sólo lo sentía él.
O tal vez se había dado cuenta de la verdad. Ella no le amaba. Era lujuria. Las manos de Santiago se tensaron sobre el volante. Ella no dijo que te amaba cuando hacía el amor. Finalmente descubrió que sólo era buen sexo.
—¿Tienes frío? Puedo subir la calefacción, —le ofreció, encontrando extraño que hubiese permanecido en silencio durante tanto tiempo. Habían dejado el Bed & Breakfast hacia casi dos horas y había hablado muy poco.
Brittany negó con la cabeza.
—Estoy bien.
—Eh, todavía podemos dar la vuelta y volver a la B&B —meneó las cejas con intención provocativa.
—Oh, no —respondió Brittany rápidamente. Demasiado rápidamente. — Entonces no llegarías a ver a tus padres por Navidad.
No era una gran pérdida, agregó Santiago mentalmente. Ella se acurrucó, girándose en el asiento y sonriendo perezosamente hacia él.
—¿Estarás recuperado para entonces?, —preguntó inocentemente.
—¿Recuperado?
—Esta mañana dijiste que no podíamos tener sexo otra vez porque tenías que recuperarte.
Santiago recordaba esa conversación. No le había explicado las limitaciones de la anatomía masculina y tendría que hacer pronto.
—Estaré bien esta noche.
—Y ¿podremos tener sexo, entonces? —Santiago asintió.— ¡Oh yupi! —apretó los labios. — ¿Quién decide si estás recuperado?
—La naturaleza, —respondió, sin siquiera ponerse nervioso por su conversación inusual. Como era de esperar.
—Los seres humanos tienen reglas para todo, —dijo con un movimiento de cabeza y volvió a su silencio.
Santiago se concentró en la carretera. Las líneas amarillas sirvieron sólo para hipnotizarlo a medida que pasaban.
Las imágenes de la fiesta anual de Nochebuena de sus padres flotaban en su mente embotada. Vestidos elaborados, los hombres en esmoquin, sobrios y elegantes adornos de Navidad. Santiago trató de insertar a Brittany en la escena. Su imaginación le introdujo en la imagen debajo de una hebra de muérdago.
Sería mejor avisar a sus padres que él podría estar arrastrando Brittany de la fiesta temprano. El muérdago sería un comienzo, pero si se le metía en la mente que quería hacer el amor, ¿quién sabía lo que iba a pasar? No podía detener la sonrisa que curvó su boca. Sus padres nunca habían conocido a alguien como Brittany. Esto iba a ser interesante.
—¿Por qué no te gusta la Navidad? —La voz de Brittany aguó sus pensamientos agradables. La mayoría de la gente simplemente aceptaba su comportamiento arisco durante las vacaciones y dejaban las cosas así. Brittany no.
—Trabajo como vendedor, —dijo, con tanta naturalidad como pudo reunir. Brittany no se rió. Esperó, sin interrumpirlo, ni instigarle.
—No fui marcado emocionalmente cuando era niño o algo así, — finalmente comenzó. — Es sólo que todo en casa de mis padres estaba allí para impresionar; incluso yo. La Navidad es un tiempo para mostrar, no para disfrutar. Si era cómodo, no era lo suficientemente elegante. —El recuerdo de vestir de esmoquin cada Navidad y tener los pies metidos en zapatos de vestir lo asaltaron. — Abrimos los regalos en Nochebuena, para que los invitados de la fiesta pueden verlos. Cree en mí, los regalos son siempre elaborados y costosos. Cuando yo era joven, me quedaba en el piso de arriba hasta que llegaba el momento de abrir los regalos entonces iba vestido con mi pequeño esmoquin y bajaba al primer piso.
—Una Navidad muy elegante, supongo que se podría decir, pero no muy divertida. —Brittany escuchó, después, llenó el silencio con su voz suave. — La Navidad es mucho más que eso. Es sobre el amor, sobre el amor supremo, —dijo con seguridad. — Ah, ¿no es esa la dirección de tus padres?, — preguntó Brittany señalando el camino que estaban pasando.
Santiago pisó el freno, agradecido de que la carretera no estuviera congelada, y bajo por el largo camino. Fue casi un alivio llegar. La imponente casa al final de la carretera nunca dejaba de impresionar a los visitantes. Debería prevenir a Brittany sobre más preguntas inquisitivas.
Brittany se sentó en el asiento y miró por la ventana, la casa era la única cosa que hoy había alejado su atención de Santiago. Era una casa hermosa. El camino curvo pasaba por delante de la puerta principal, pero Santiago detuvo el coche al llegar al arco. Incluso antes de haber apagado el motor, la puerta se abrió y el rostro sombrío de un señor mayor con un traje negro ceremonioso salió a saludarlos.
—Él no se parece a ti en nada, —susurró Brittany mientras Santiago abría la puerta y la ayudaba a salir. Él sonrió.
—Eso es bueno, porque es el mayordomo.
—Oh. —Brittany se giró hacia el recién llegado. — Hola, soy Brittany.
Ella mantuvo la mano extendida hacia él. El mayordomo titubeó por un momento. Miró a Santiago como si pidiera permiso antes de acercarse y aceptar su mano.
—¿Cómo está usted, señorita? Soy Balford.
—Estoy bien, señor Balford. Usted tiene una casa preciosa.
—Es sólo Balford, señorita, y no es mi casa.
—Cuida de ella, ¿verdad? De modo que lo hace tan suya como de cualquier otro, y parece que ha hecho un trabajo maravilloso —concluyó con sinceridad.
Los hombros de Balford se enderezaron con orgullo y él le regaló una pequeña reverencia de agradecimiento.
—El placer es mío, señorita. —Él movió la cabeza hacia Santiago. — Me encargaré de sus maletas, señor
—Oh, no te molestes. —Brittany deslizó su brazo a través del de Balford y lo guió hacia la puerta. — Santiago las llevara. Él es muy fuerte, ¿sabes?
Brittany caminaba con Balford hacia dentro, sus ojos saltando de curiosidad en curiosidad. Campanas de plata colgaban de la puerta y sonaron mientras entraban.
—Otro ángel consiguió sus alas, —dijo Brittany con una sonrisa y su corazón se agitó con alegría.
Ella se detuvo en seco, haciendo que Balford se detuviera con ella.
—Ha regresado, —susurró.
—¿Qué ha regresado?, —respondió Balford, con el rostro preocupado mirando hacia ella.
—Mi espíritu navideño. Ha regresado —sintió que sus ojos se ensanchaban —¿Lo había perdido?
Brittany asintió en respuesta, demasiado inmersa en la verdad para hablar. Si el suyo había regresado, ¿qué ocurría con el de Santiago? Santa había indicado que ella recuperaría su espíritu si ayudaba a Santiago a recuperar el suyo.
La pesada puerta se abrió y Santiago entró llevando sus maletas para una noche y su caja de regalos de Navidad. A pesar de la pesada carga, él estaba sonriendo. Los pequeños copos de nieve se derretían en su cabello castaño claro. Ella lo observó mientras caminaba a su lado para ir a otra habitación. Cuando desapareció oyó su nítido silbido de la melodía "It's Beginning to Look a lot like
Christmas"
Su corazón se hundió como una piedra en el pecho. Tenía la confirmación. Lo había conseguido. Y pronto llegaría el momento de irse.
—¿Dónde está todo el mundo, Balford? —el regreso de Santiago interrumpió sus sombríos pensamientos.
—Sus padres están arriba.
—Por lo general, a estas alturas, la casa está llena de gente limpiando y decorando para esta noche.
—Estoy seguro de que sus padres se lo pueden explicar.
Santiago quería apremiar a Balford para tener más información, pero al haber crecido en esta casa, sabía que no conseguiría nada más de los labios sellados del mayordomo.
No tuvo que esperar mucho. Sus padres bajaban por las escaleras momentos después. Santiago saludó a su padre con un apretón de manos y le dio a su madre un beso rápido en la mejilla, antes de volverse para presentar a Brittany. Nunca tuvo la oportunidad. Ella pasó junto a él y le echó los brazos a su padre.
—Me encanta conocerles —dijo efusivamente. Sus ojos brillaban de alegría y Santiago, no pudo evitar sonreír.
Su padre aceptó el abrazo de Brittany y se lo devolvió ligeramente. Se retiró de sus brazos y se lanzó en los de su madre. Santiago vio los rostros de sus padres de cerca. Ellos estaban claramente sorprendidos, pero no parecían disgustados.
Después que Brittany se hubiese apartado, Santiago comenzó con las presentaciones.
—Mamá, papá, esta es Brittany. Brittany, las personas a las que acaba de abrazar son mis padres, Carlos y Maribel López.
Brittany le dio una palmada juguetona en el brazo.
—Ya lo sé. No pensarías que estaba abrazando a unos extraños. —Se volvió hacia sus padres. — Estoy tan emocionada de estar aquí.
La sinceridad de sus palabras golpeó a Santiago con tanta claridad como lo hizo con sus padres. La tensión se calmó en sus hombros. Habían pasado el primer obstáculo. Ahora sólo tenía que pasar la cena y la fiesta.
Santiago terminó el último bocado de tarta de manzana y coloco el tenedor en el plato. El pastel fue la única parte de la noche que no había sido una sorpresa. Primero fue la sorpresa de que no había fiesta en la casa. Estaban pasando la noche tranquilamente, sólo los cuatro.
Santiago sintió incluso una diferencia en sus padres. Las dulces y cariñosas miradas que había visto pasar entre ellos fue un shock. Sus padres habían recibido a Brittany con los brazos abiertos, literalmente cayendo bajo su hechizo tan fácilmente como la Junta lo había hecho. Y Santiago. Sentado en la cena, observando su charla y risas con sus padres, podía admitirlo. Él también había caído bajo el hechizo de Brittany. Había tardado un poco más que algunos, pero aun así, ella había obrado algún tipo de magia.
Pero algo seguía molestando a Brittany. Ella parecía... triste. Al menos él supuso que era la tristeza. Por su conocimiento breve de Brittany, no estaba seguro de haber visto nunca su mirada triste, pero si alguna vez hubo un rostro solemne, era el de ella. Trató de ocultarlo, pero algo en la forma en que su sonrisa no permanecía en sus labios, su piel pálida y el desvanecimiento de la luz de sus ojos, hizo que Santiago se diera cuenta que ella estaba fingiendo felicidad. Tal vez estaba preocupada por impresionar a sus padres, pensó durante un momento. Ella no tenía por qué preocuparse.
Ciertamente los había conquistado rápidamente. No había visto a su padre sonreír tanto desde... Santiago se detuvo. Nunca había visto a su padre sonreír tanto. Después de una breve reticencia, su madre se había encariñado con Brittany y se habían decidido a contar historias de cuando Santiago era niño, recuerdos cálidos que el mismo Santiago había olvidado.
—Y cada Navidad... —continuó su madre, — Teníamos esas fiestas elaboradas, cada año más grande que el anterior. —Santiago asintió con la cabeza. — Y todos los años, Santiago se escondía en su habitación hasta que era obligado a bajar. Él era muy tímido, así que no lo hacíamos permanecer mucho tiempo. —Ella sonrió a Santiago y él respondió del mismo modo.
Él siempre había pensado que lo estaban ocultando, y ella pensaba que él se estaba ocultando. Extraño.
—Estábamos tan orgullosos de él y nuestros amigos nos escuchaban hablar tanto de él, pero nunca lo veían, así que era la única vez al año que insistíamos en que se nos uniera. Y estaba tan guapo con su esmoquin. —Su madre suspiró con ese recuerdo de oh que lindo está. — Podría decir incluso entonces que sería hermoso. Y estaba en lo cierto, ¿verdad?
Brittany asintió dándole la razón, mientras que Santiago sintió sus orejas de color rojo.
—¿Por qué no celebraron la fiesta este año?, —preguntó Brittany.
Sus padres se miraron entre sí y se encogieron de hombros.
—Era demasiado, —dijo Carlos finalmente. — Y nosotros sólo queríamos una noche como familia.
Él incluyó a Brittany en su definición de familia y Santiago pudo ver su resplandor desde donde estaba sentado.
—Era como si a los dos se nos ocurriera la misma idea al mismo tiempo, — añadió Maribel. — No sé de dónde vino, pero me alegro que lo hiciéramos. Así que, queridos, ustedes dos condujeron en lugar de volar, —preguntó su madre a Brittany. — Es una buena cosa que lo hicierais. Todos los aviones se quedaron en tierra.
—Una terrible tormenta de nieve, —intervino Carlos.
Santiago recordó el deseo silencioso que había hecho sobre que los aviones se quedaran en tierra en Nochebuena. Imposible. Santa no hace los deseos realidad. Brittany está llegando a ti, se desafió silenciosamente. Él asintió con la cabeza. Ella estaba llegando a él. En todos los sentidos.
—Me encanta conducir, —continuó su madre. — Carlos y yo solíamos conducir sólo por el gusto de hacerlo.
—El tiempo empeoro y pasamos la noche en un pequeño B&B, —dijo
Santiago.
—¿Hay alguno en los caminos secundarios? — Su padre miró a su esposa para confirmarlo. — Nunca hemos visto ninguna pensión a lo largo del camino.
—Sí, es un lugar que se llama El Rincón de Noel, —dijo Brittany, sus ojos brillaban.
—Ahhh. Debe ser nuevo.
Santiago tomó un sorbo de su café, aliviado, por fin, al ver la sonrisa alegre de Brittany.
—Fue maravilloso, —coincidió Brittany con entusiasmo. — El viaje fue hermoso y anoche tuvimos sexo y pude estar encima.
El café salió espurreado de los labios de Santiago, rociando el mantel blanco. La ingesta rápida de aire de su madre era una señal segura de que él no había imaginado el comentario.
—Eso está muy bien, querida, —dijo su madre con una cortesía inagotable.
—Fue más que maravilloso. Fue increíble. ¿Sabía usted que podía...?
Ella estaba planeando una descripción paso a paso de anoche.
—Brittany, —espetó Santiago. Ella lo miró y él continuó en un tono más suave.
— Mis padres no quieren oír hablar de anoche.
Sus ojos parpadearon y su rostro tenía esa adorable mirada en blanco.
—¿Por qué?
—Hay cosas que no son temas generales de conversación. Esta es una de esas cosas.
Sus ojos se agrandaron y su boca formó una O. Era tan abierta y honesta sobre todo con cada emoción visible en su rostro.
—Lo siento. —Sus ojos revolotearon entre sus padres, con la disculpa escrita en su mirada.
—No te preocupes, querida, no nos sorprendió en absoluto. —Su madre sacudió la cabeza y apartó la preocupación de Brittany.
—Por supuesto que no, —saltó Carlos — Ni siquiera te preocupes por eso.
Brittany brillaba bajo las palabras de sus padres.
Santiago apenas podía digerirlo. Nunca había visto a sus padres tomarse un momento con alguien para asegurarse de que estaba cómodo y a gusto.
El rumor de las voces en la mesa se detuvo mientras Brittany y su madre empujaban sus sillas y se levantaban. Santiago respondió por reflejo y se puso de pie junto a su padre. Si habían dicho dónde iban, Santiago se había perdido esa parte de la conversación.
—Quiero disculparme de nuevo por traer el tema de sexo entre Santiago y yo, —dijo Brittany a su madre a medida que avanzaban hacia la puerta. Santiago tomó su taza de café y bebió un pequeño sorbo. — Es sólo que él lo hace tan maravilloso, que quería compartirlo.
—Es bueno saber que se parece a su padre, —contestó su madre. Santiago fue testigo del guiño seductor que envió a su marido mientras guiaba a Brittany por la puerta. Santiago se atragantó con el café caliente que se deslizaba por su garganta. La mirada de satisfacción y un poco petulante en el rostro de su padre le hizo sacudir la cabeza.
—No quiero saberlo, papá, —dijo antes de que su padre pudiera hablar. Él esperó. Ahora era el típico momento en el que discutirían del negocio o revisarían los planes para la nueva tienda, pero Santiago estaba reacio a llevar el trabajo a la conversación.
—Ella parece una joven mujer encantadora, —comenzó su padre. Santiago asintió con la cabeza.
—Sí, — estuvo de acuerdo, con un pequeño problema. Había hecho todo lo posible para ignorarlo durante las últimas veinticuatro horas. ¿Que era una pequeña locura en comparación con el buen sexo?, justificó.
Santiago suspiró y miró su taza de café.
—Entonces, ¿cuál es el problema?, —preguntó su padre, obviamente, leyendo la tensión en el rostro de Santiago.
Él vaciló. Nunca había discutido relaciones personales con su padre, nunca le había pedido consejo. Santiago había decidido desde una edad muy temprana tomar sus propias decisiones, pero en realidad, él no estaba tan seguro en este caso. Tal vez su padre podría proporcionarle un poco de orientación.
—Ella está loca, papá, —espetó Santiago. Los ojos de su padre se abrieron completamente. — Quiero decir que creo que es maravillosa, pero está loca. Piensa que es un elfo de la Navidad.
—¿Un qué?
—Un elfo. Ya sabes, los que construyen juguetes en el taller de Santa Claus. Ese tipo de elfo de Navidad.
Observó la pausa de su padre. La idea necesitaba un momento para establecerse en el cerebro de cualquiera.
Santiago podía confirmarlo.
—Hmm.
—Exactamente, —Santiago estuvo de acuerdo con el silencioso comentario de su padre.
Su padre pareció llegar a una decisión después de pensarlo un rato más.
—Podría haber escogido peores delirios.
—¿Qué? — Santiago sintió que su boca se abría mientras miraba al lógico y serio hombre de negocios que era su padre.
Carlos parecía un poco ofendido por el arrebato de Santiago.
—Ella no cree que sea un asesino en serie con las instrucciones de matar a sus amantes. Eso sería peor.
Fue un poco difícil rebatir ese tipo de lógica.
—Tienes razón, papá, eso sería peor, pero aun así...
—Y no se lo cuenta a todos, ¿verdad? No entró aquí y dijo: Hola, soy Brittany y soy un elfo de Navidad.
—Cree que puede conceder deseos navideños, papá.
La voz de Santiago se hizo más insistente cuando se dio cuenta que su padre seguía alentando la relación.
—Tal vez pueda, —respondió Carlos, su voz teñida de asombro.
Santiago no respondió. No sabía cómo responderle. Se sentó y miró a su padre.
—Tu madre y yo queríamos una Navidad igual que ésta, y mira cómo ha resultado. Es bueno tener sólo a la familia alrededor, y tu madre no necesitaba el estrés de una gran fiesta.
—¿Cómo está mamá? —sabía que ella había estado tomando medicamentos para la presión arterial alta, pero cada vez que preguntaba acerca de su estado, la respuesta habitual era: "Está bien, no te preocupes".
Esta vez, vio bajar los hombros de su padre.
—Todavía está haciendo demasiado. No está tomando su medicación de manera regular. No está haciendo ejercicio. El médico dijo que si no consigue reducir su presión arterial, podría ser grave.
Una vez más, Santiago no supo cómo reaccionar, tanto por la situación médica de su madre como por la honestidad en la respuesta de su padre. Sus padres nunca le habían mentido, pero no le habían contado mucho de lo que estaba pasando.
—Así que nos lo estamos tomando con calma. Hemos estado hablando y las fiestas han llegado a ser tan abrumadoras por aquí, que decidimos tener sólo una tranquila Navidad. —El rostro de su padre se iluminó. — Y ahora que hemos conocido Brittany, es aún mejor. Cuando llamaste y dijiste que ibas a traer una acompañante, pensamos que iba a ser Natalie. —Carlos tomó un sorbo de café, y le preguntó con un indiferencia exagerada, — ¿Sigues viendo a Natalie?
—No creo que sienta verdadero afecto por mí en este momento, — dijo con una mueca, y luego procedió a relatarle a su padre sobre el incidente del muérdago en la cena lo que de alguna manera le llevó a contarle a su padre que la oferta Henderson iba mal porque Santiago había pasado la mañana en la cama con Brittany.
Esperando una reprimenda y un recordatorio de cuánta gente depende de ellos, se sorprendió al darse cuenta de que su padre estaba apenas conteniendo su risa.
—¿Papá?
Esa simple palabra pareció romper el control de Carlos y él comenzó a reír.
—Papá, ¿qué es tan gracioso? Podría haber echado a perder un trato porque estaba teniendo relaciones sexuales.
Lo puso en los términos más francos.
—Me alegra ver que tienes tus prioridades en orden, hijo. — Carlos se limpió las lágrimas de risa de las mejillas y dijo — No puedo esperar a contárselo a tu madre.
Con alguna que otra risa entrecortada, su padre se calmó lo suficiente como para hablar.
—Ella es una chica encantadora, Santiago. Aunque tenga algunas peculiaridades, no son cosas por la que se te vayan a echar de la Oficina de Buenas Prácticas Comerciales2.
—Pero, papá...
—¿Es algo serio? Si ella es sólo otra novia, entonces no te preocupes por eso. Si ella es algo más permanente, bueno entonces...
Santiago esperó. Su padre debía tener un algo de sabiduría conseguida a través de los años que lo ayudara en esta situación.
—Sí.. — dijo finalmente cuando su padre no terminó su pensamiento.
—Aun así no me preocuparía por eso.
Santiago miró a su padre. ¿Dónde estaba el hombre severo que hablaba sobre el adecuado linaje y encontrar a la mujer perfecta para un ejecutivo de una empresa? Su padre en realidad parecía estar dando su bendición a una relación con una mujer que creía que era un elfo del Taller de Santa Claus.
—Yo haría una lista de pros y contras, —dijo su padre al fin. Santiago se relajó. Eso se parecía más al hombre que conocía. Hacer una lista. Numerada, los hechos no mienten. — Por supuesto, por lo que puedo ver la única negativa es esa pequeña cosa del elfo y comparado con la lista de cosas positivas, yo diría que fueras a por ella.
¿Qué vaya a por ella? Santiago miró alrededor de la habitación para ver si había caído en un universo paralelo donde todo era lo contrario de este mundo. No, la habitación era normal. Él sentía lo mismo. Era sólo su padre el que había cambiado.
—Balford, —llamo Carlos. — Básicamente estamos terminado por esta noche. ¿Por qué no descansan Nancy y usted por esta noche? Vamos a levantarnos tarde, así que no se preocupen por el desayuno.
—Gracias, señor López. —Asintió con la cabeza hacia los dos hombres sentados. — Señor López. Que tenga una Feliz Nochebuena.
—Igualmente, Balford.
—Buenas noches, Balford, —murmuró Santiago, su mente seguía dando vueltas a las extrañas revelaciones que había aprendido esta noche.
Había sido tanto desde la última vez que había pasado tiempo con sus padres, a solas con ellos. ¿Habían cambiado tan drásticamente desde la última vez?
¿O lo había hecho él?
Santiago miró hacia el fondo de la taza de café de porcelana y consideró la idea. Todo lo hacía volver a Brittany. Sabía con certeza que él no habría estado sentado en la mesa después de la cena a solas con su padre, si no hubiese sido por ella.
—Santiago, —la voz de su madre le sacó de sus pensamientos. — Es casi la hora de ir a la cama, —anunció, con una sonrisa burlona en la comisura de sus labios.
Él elevó las cejas como pregunta y se apoyó en la mesa. No había sido enviado a la cama desde que tenía diez años.
—Yo no sabía que tenía una hora fija para acostarme.
—Oh, esta petición es de Brittany.
Su corazón dio un vuelco en el pecho. Puso sus manos sobre la mesa y comenzó a ponerse de pie.
—No, se supone que debes esperar durante diez minutos y subir. —Su madre le hizo un guiño. — Creo que ella podría tener planeado algo especial.
La imagen de Brittany con esos diminutos trozos de encaje que Anne había seleccionado le llegó a través de un torrente de sangre directamente a la ingle. ¿Estaba allí arriba, incluso ahora, poniéndose alguna pieza de ropa interior sexy para atraerlo a la cama?
Se echó hacia atrás en su silla y tamborileó con los dedos sobre la mesa, tratando de mantener una apariencia externa de calma. No había necesidad de que sus padres supieran que su mente estaba en arrancar la ropa de su ama de llaves y follarla hasta que gritara.
Un rápido vistazo a su padre, que apenas contenía la risa, le dijo que no estaba engañando a nadie.
Los diez minutos pasaron con relativa calma externa y Santiago estaba contento de que terminaran finalmente, no corrió hacia la habitación. Se puso de pie y con calma dio las buenas noches a sus padres.
—Sí. No es de buena educación tener a una dama esperando, —añadió su padre.
Santiago miró a los ojos de su padre. Brillaban de alegría. Brittany era contagiosa.
—Bueno, ya que me han criado para ser educado, —contestó Santiago con formalidad fingida. — Los dejaré ahora. Y los veré por la mañana.
Se detuvo en la puerta y se volvió hacia sus padres. Sentados juntos en la mesa, con los dedos ligeramente entrelazados. Su voz fue suave mientras habló.
—Feliz Navidad.
1 Norman Rockwell es un ilustrador americano que realiza ilustraciones y pinturas con aspectos típicos de la vida americana, entre ellas destacan sus hogareñas tarjetas navideñas
2 Better Business Bureau (BBB) es un sistema nacional de organización sin fines lucrativos que trabajan para mejorar las relaciones entre los consumidores y las empresas.
