HOLA *llega... sólo llega*
perdón por la tardanza al publicar la segunda parte de BKoW. ya saben, las razones son la flojera, mis vacaciones y el bloqueo mental que tuve durante estos cuatro meses (sí, desde que empezamos el año, si no es que más). oh, por cierto, la teoría de los dos ciel's está más fuerte cada vez, ¿no? Vaya, vaya.
en fin, la canción de 'young god' de halsey está por terminar en mi playlist así que me largo. gracias por leer.
[Chicos Malos en Walmart]
2da Parte.
Después de enviar las fotos porno a todos sus contactos, y como Ciel había aceptado hacer el segundo reto, tanto Sebastian como él se encaminaron entonces hasta la sección de carnes frías. Vieron a una mujer que descansaba en una caja registradora donde pesaban el jamón, el pavo y otras carnes empacadas. Ella rió a carcajadas cuando ojeó al estúpido mayordomo y sus prendas de adolescente.
Sí, el idiota todavía llevaba el sostén y las bragas. Y se tomaba selfies mientras posaba enseguida de su joven señor (quien ya lo tenía hasta la verga). Además, la canción ‹‹Worth It›› de Fifth Harmony seguía en las bocinas del supermercado y a como Sebastian cantaba el coro, el mocoso emo podía jurar que las ventanas o cualquier cristal existente, terminarían por romperse con esos gritos agudos que su estúpido mayordomo hacía.
Ciel acabaría por quemar la tienda en un dos por tres si seguía escuchando esa canción, carajo.
—¿De verdad tengo que hacerlo? —murmuró el niño emo hacia su tutor después de pensar en quemar el lugar, y éste le sonrió con orgullo— Oh no, perra. Sé que piensas: no te dejaré ganar.
—Entonces, haga su primer cumplido. O si no…
—La piscina de pelotas.
—O si no...
—Uh... Sólo era eso.
—No. Usted sabe a qué me refiero.
—...
—... Mi masaje.
—UGGHHHHH.
—Ya, vaya a humillarse una vez más. Esperaré aquí.
El sobrino de satanás se quedó al lado de una pila que mostraba leches en cajas de cartón, grabando con su carítsimo iPhone 6 (porque como ya recordamos, la servidumbre de un Phantomhive moderno siempre tiene un iPhone, no matter what.) la situación en la que Ciel se encontraría más adelante.
El niño llegó con la dama y haciendo una leve reverencia, imitando movimientos como si llevase sombrero de popa, le tomó la mano a la cuarentona de rubio cabello mal teñido y le plantó un beso.
—¿Puedo ayudarte en algo, guapito? —murmuró la mujer coqueta, y el mocoso se ruborizó hasta las orejas... pero con disgusto.
—C-Claro, cariño —le siguió la corriente a la anciana y aguantó las ganas de vomitarse, y a lo lejos, Sebastian se mordía los dedos para no reírse. — Verá, me gustaría ser un mariachi pa' tocarle la cucaracha...
—¡Ay, por dios! —Ciel quería ahorcarse— De verdad, ¿crees que eres lo mayorcito para cantarme baladas con tu guitarra?
Pareciera que ella lo hizo con la intención de que no le captara, pero joder, claro que había entendido a la perfección... ¡Esa mujer se lo quería llevar para tocarle la guitarrita! ¡Qué puto asco, por dios!
‹‹¿ONU? ¡¿DÓNDE ESTÁS?! ¡AUXILIO! ¡911!›› fue lo primero que llegó a la sucia mente del mocoso.
—Uh... ¿Sí?
—...Yo no tengo cucaracha —objetó ella, y le sonrió de una manera macabra que alertó al emo—. Yo tengo un TORO.
Las carcajadas de Sebastian se escucharon hasta donde la rubia mal teñida y el mocoso emo estaban.
—¡¿A-Ah?! ¿D-De verdad? —Juraba por el mismo tío de Sebas que su cara estaba caliente... Y TAMBIÉN SU GUITARRITA— P-Pues...
—¿Algún otro halago, cariño? —ella lo tomó por los codos y lo jaló hasta adentrarse un poco a la caja, él oía las risas de Sebas todavía a lo lejos.
Aunque tenía que admitirlo, si le daban a escoger entre la rubia mal teñida cuarentona y Sebastian... Escogería a la primera sin dudarlo.
Caca el mayordomo, ¡caca!
—Y-Yo... —murmuró con vergüenza y luego suspiró para seguir sus intentos de coqueteos— ¿Q-Quisiera ser plomero p-para destaparte el agujero?
—Eres tan adorable, ¿te parece si me acompañas a cortar el jamón? —terminó por decir ella, yCiel la golpeó con una pierna de pavo para volver hacia el mayordomo que intentaba no caer al piso.
—JAJAAJAJ BOCCHAN, YA LA TENÍA ASEGURADA —Y procedió a quitarse tanto las bragas como el sostén.
—¿Sabes cuánto te odio?
—Me lo dice todo el tiempo, así que ya me acostumbré.
—YA VÁMONOS —le gritó—; hay un trampolín que debes comprarme.
—¿Cómo dices que dijiste? —y le tronó los dedos— Uhm, no.
—¡HICIMOS UNA APUESTA Y LA CUMPLÍ!
—No, yo creo que no. Yo creo que alguien me debe un masaje de pies.
—¡¿QUÉ?! ¡POR SUPUESTO QUE NO, PENDEJO! —Ciel entraba en pánico. No quería tener que oler la peste de Sebastian. JURABA QUE SUS PIES OLÍAN A QUESO CHEDDAR.
—BOCCHAN, NO ES JUSTO —le replicó, pero el mocoso le pateó la pierna—.
—ME VALE VERGA, NO VOY A MASAJEARTE PORQUE YO GANÉ.
—Los dos hicimos la apuesta del otro, estamos empatados —Sebastian subió sus hombros, Ciel se quiso arrancar un ojo—. Ni modo, ¿qué se le va a hacer?
El hecho de estar empatado con ese demonio de quinta le hacía querer vomitar.
—Que me vas a comprar ese trampolín. Te lo ord... —pero claro, el mayordomo no lo dejó terminar porque le tapó la boca.
—BOCCHAN NO ES JUSTO —le volvió a repetir, y Ciel le mordió un dedo—. AY, ¡SALVAJE!
—¿Te dolió?
—SÍ. OBVIAMENTE ME IBA A DOLER.
Ciel volvió a tomarle la mano y morderlo. Se lo merecía el muy pendejo.
—YA, DÉJEME —trató de separarlo— ¡CANÍBAL!
—CÓMPRAMELO.
—NO. ESTAMOS EMPATADOS, ¿QUÉ MÁS QUIERE?
—¡EL MALDITO TRAMPOLÍN!
Por las bocinas del supermercado ‹‹Sorry›› de Justin Bieber comenzó. A Sebastian se le ocurrió otra idea.
—Ya, ya —calmó a su señor, y Ciel comenzó un zapateado nervioso porque se aguantaba las ganas de ir al baño—; escuche: le compraré el trampolín con una condición más.
—... ¿Y ahora qué pendejada me harás hacer? —sí, se quería mutilar.
—Si usted hace el reto que le dije al principio, se lo compro.
—¿Hablas de...? —entendió y tomó lo más cercano a él para partirle la cabeza a su joto mayordomo: un jamón — NO. ME. CHINGUES. NO LO HARÉ.
—PERO NI SI QUIERA ME DEJÓ TERMINAR DE EXPLICAR.
—NO ME IMPORTA, PEDAZO DE... DE... DE ALOIS —nuevamente lo golpeó, y el baboso mayordomo se sobó.
—RETRÁCTESE —el de la canoa volteada ahogó un grito—, ¡¿CÓMO OSA DECIRME TAL GROSERÍA?!
—¡PORQUE ESO ES LO QUE ERESSSSS! ¡UN ALOISSSSSSS! DIME, ¡¿POR QUÉ TANTO AFÁN CON ESA CANASTA?!
—Porque usted es tan pequeño que seguro se pierde allí adentro, y lo quiero ver nadando entre pelotas.
—Eso suena fuera de contexto.
—Sí, ajá —se miró la carítsima manicure, pretendiendo tener las uñas de la mismísima Rihanna—; ¿lo hará o no?
—Mira, hijueputa —lo tomó de la bufanda, casi ahorcándolo—, si me sales con otra mamada, te juro que tomó a Mounset y lo castro.
—NO SE META CON MI GATO.
—SOY TU SEÑOR Y ME METO PORQUE QUIERO.
—¿Hasta en la canasta de pelotas?
—VETE A LA VERGA.
Cerraron el trato otra vez y se encaminaron a la sección de juguetes, donde había una canasta llena de pelotas con diferentes dibujos animados. Las había de todas: Steven Universe, Gravity Falls, había una con el trasero de Kim Kardashian y otra con el de Nicki Minaj (las cuales claro, Sebas metió al carrito de las compras), etc.
En cuanto se posicionaron cerca de la canasta, Sebastian tomó por la cintura a su joven señor y lo atascó entre el bonche de pelotas. Ciel no podía ni respirar, las bolas con las imágenes de los traseros de Nicki y Kim le pegaban en la cara y además lo único que se veía de él, era su cabeza porque era tan bajito que no alcanzaba a pararse correctamente.
El chico emo no chistó ni le levantó el dedo a su mayordomo, por lo que éste únicamente se rió a carcajadas como morsa retrasada al ver que su joven amo aguantaba todas las tonterías que le hacía: le dio la victoria.
Terminó por apiadarse de él y después de tomarle como quinientas fotos a Ciel buceando entre las pelotas (y posando con aquellas que tenían a Kim y Nicki), lo rescató para anunciarle su logro. Ciel primero lo golpeó, luego le dio una cachetada y para finalizar, le mordió el dedo índice derecho.
Se dirigieron a la sección de jardinería donde vendían los trampolines. Sebastian con todo el dolor de su alma, pagó el jodido trampolín para después empacarlo en las compras.
Salieron como dioses y homosetsuales de aquél Walmart y llamaron a Tanaka para que les mandara el limo. Iban a la mitad de camino cuando recibieron una llamada de Bard.
—¿Hola? —contestó Sebas. Ciel movía sus hombros con el ritmo de ‹‹Jealous›› de Nick Jonas, con sus dos dedos de en medio parados, enorgulleciéndose por su victoria lograda y burlándose de su acompañante.
—Hola, Sr. Sebastian —habló Bard por el otro lado de la línea—; ¿dónde vienen?
—Ya casi llegamos, ¿por qué? ¿Pasó algo? —le bajó el volumen al estéreo y subió la ventanilla de la limo.
—Ah, no, no se preocupe —se animó Bard—; sólo quería saber si traían las compras. Ya sabe usted, la Señorita Elizabeth llega en unas horas y la cena todavía no está lista.
Y bueno, allí todo valió verga.
—¿Las compras? —cuestionó el mayordomo, y Ciel arqueó una ceja— Uh... Con razón sentía que algo se me olvidaba.
—¡¿NO HIZO LAS COMPRAS?! —gritó histérico el chef, y Sebastian se rascó la nuca aun con el ceño fruncido— NO MAME, SR. SEBASTIAN, ¡¿QUÉ ESTUVIERON HACIENDO TODA LA TARDE?!
—Hicimos una apuesta, apostó su dignidad y le gané —le arrebató el teléfono Ciel. El babotas sobrante le dio un sape—; el lado bueno, Bard, es que tenemos trampolín nuevo.
—¡¿Y ESO DE QUÉ SIRVE PARA HACER LA CENA?!
—Bueno, tú sabes... Uh, no tengo una buena excusa.
—Santos pollos fritos, ¿cómo se me pudo haber olvidado aquello? Bueno, es que nunca pongo atención a las necesidades de Lady Elizabeth, no me puedo quejar pero UGH, ¡¿cómo se me pudo haber olvidado, por satán?! —Sebas se golpeó con la bocina del teléfono, y Ciel bajó la ventanilla que separaba la parte trasera de la limo con la del chófer.
—Hey, Juancho, devuélvete a Walmart, tenemos que hacer las compras porque cierto PENDEJO —y se volteó a ver al gil— olvidó hacerlas. Ah, y ponme la de Sorry.
—En seguida, Joven Amo.
Y de nuevo durante el camino, un relajado Ciel cantaba los coros de Sorry, mientras que un preocupado Sebastian bajaba a toda prisa a por las compras olvidadas.
Llegaron de nuevo a la mansión y se encontraron a Elizabeth, tomando algunos snapchats con Finny y Maylene.
Sebastian intentó hacer la cena lo más pronto posible, pero estalló la cocina cuando Bard le ayudó, por lo que mejor decidieron ir a comer comida china a un restaurante cercano.
Y al día siguiente, durante toda la mañana, Ciel brincaba en el trampolín en compañía de su servidumbre y su fiancé. Y Sebastian los veía desde la ventana de la cocina, preparando el almuerzo y sufriendo en silencio una cita pequeña con cierto shinigami rojo.
Definitivamente, no volvería a jugar con Ciel.
