Capítulo 3
Tsubaki
SASUKE
Kakashi se cubrió la cara con las manos mientras yo le miraba impertérrito; no había parado hasta llegar a Konoha y me imaginaba que para él no había sido lo mejor empezar el día con un renegado contándole una estúpida tragedia.
-Yo iré por ella- dije fríamente mientras él me observaba con ojos escépticos, -pero necesito recursos que no poseo.
-Ya, por eso has venido a utilizarnos ¿no?- dijo él, conmovido por lo de Sakura, pero dispuesto a enviarme a paseo a la menor tontería.
-Kakashi- escupí su nombre, -Escúchame porque sólo lo diré una vez- advertí. Estábamos solos en su oficina pero me parecía estar rodeado por todos los ojos de la aldea, -Ya no puedo contar en cuántas ocasiones dije que lo sentía, y sé muy bien que se paga con obras. Por eso no me quedé en Konoha luego de la guerra y tú lo sabes muy bien- hablar después de tanto correr me dejaba la boca seca y una sensación amarga en el estómago. -Volví para dejar a Hiashi Hyuuga y les protegí a todos de aquel meteoro- le espeté sin presunción, sólo recalcando la verdad -He estado viajando y como podrás suponer he visto y aprendido varias cosas- hice una pausa para que le quedara más que claro lo que intentaba decirle, -Muchas de ellas vitales para la paz del País del Fuego.
El Hokage me inspeccionó sin expresión alguna y luego sonrió de medio lado, un gesto del que me habría reído de no haber sido tan extraño visto desde el otro lado de su máscara.
-Bien Sasuke, ¿qué es lo que quieres?
-Rescatar a Sakura
-De eso me doy cuenta ¿tienes alguna idea?
Mi silencio le habló con la elocuencia que yo no podía.
-Haremos esto- dijo señalando la puerta, -vete a descansar y yo pensaré en algo.
-Quiero pasar el día en la biblioteca.
-Sasuke- cómo odiaba a ese hombre cuando empleaba aquel tono, -Tienes el aspecto de un panda moribundo con esos ojos y creo que al soplarte, caerás de plomo al suelo sin oponer resistencia. No nos sirves de nada medio muerto- concluyó lanzándome un juego llaves que extrajo de un cajón en su destartalado escritorio.
-El edificio donde solía estar tu apartamento fue destruido durante la invasión de Akatsuki, se construyó uno en su lugar y le hemos puesto la misma cerradura. Son las llaves de tu antiguo apartamento.
Manejé como pude la sorpresa, pero él la percibió de todos modos.
-Naruto y Sakura- dijo a modo de explicación, zanjando el asunto.
Salí de allí a trompicones, caminando con estudiada lentitud pues si lo hacía demasiado aprisa corría el riesgo de tropezar por el agotamiento.
El edificio de apartamentos era indiscutiblemente nuevo y viéndolo entendía a lo que se refería Sakura en sus cartas al relatarme que Konoha prosperaba. Abrí la puerta del que me correspondía y me dirigí al sofá sin pensarlo dos veces; había un florero con jazmines en la mesa del centro pero estaba tan cansado que no me molesté en pensar quien las habría puesto ahí, ni siquiera quise cerrar las cortinas. Deshaciéndome de la katana que quedó oculta bajo los cojines, me quedé dormido.
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Desperté en medio de la noche cuando los rugidos de mi estómago se hicieron demasiado molestos para seguirlos ignorando. Eso y el sentir una presencia fuera del edificio, en el balcón. Alarmado activé mi ojo derecho, pero me relajé de inmediato al reconocer aquel chakra; el cual nunca olvidaría ni aunque pasaran los años y la vejez viniera a encorvarnos, la muerte a llevarnos y la podredumbre a enviarnos al olvido.
Salí al balcón con parsimonia y el me miró con la jovialidad de siempre, aquella jovialidad que yo nunca podría tener.
-Ey- dijo lanzándome un paquete sellado de ramen instantáneo, los ojos vivaces de color azul eran los mismos que yo recordaba. Me mostró, con el brazo que llevaba vendado, otro empaque igual al que me había dado -Comamos- me invitó entrando en el apartamento.
-Naruto…- empecé.
-Lo sé- me pausó y nunca me había parecido tan similar a Itachi, -Yo también quiero hablarte, pero es mejor hacerlo mientras la tripa se llena- resolvió dirigiéndose a la cocina; y yo, no pudiendo hacer otra cosa, le seguí.
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Nos sentamos a la mesa y comimos, en silencio primero. Yo sabía que era sólo cuestión de tiempo para que él arrancara a hablar.
-Kakashi ya me ha contado lo que pasó.
No dije nada, no requería respuesta.
-Yo iré contigo.
Tampoco me sorprendía pero no pude por menos que asentir, y me vino a la mente otra cosa.
-¿Y tu esposa?
-¿Eh? ¡Oh! ¿Sakura te lo contó?- preguntó mirando los jazmines en el pintoresco frasco frente a nosotros -Hinata estará bien, ella ha estado viniendo a poner las flores ¿sabes? Creo que Sakura se lo pidió antes de irse a la aldea de la lluvia.
Aquello sí que me sorprendió.
-Vaya, perdón por las molestias.
-No es nada, normalmente venimos a airear este lugar de vez en cuando, pero Sakura pensó que las flores le daban un aspecto más hogareño por si un día decidías regresar inesperadamente- y me miró divertido, -lo cual hiciste.
Cerré los ojos y bajé la vista al plato.
-Me hubiera gustado que vinieras a la boda.
-Me hubiera gustado haber ido- le repliqué con seca sinceridad y él sonrió complacido.
-Sabía que te carteabas con ella- Naruto se reclinó sobre la silla, se había terminado su porción y miraba distraídamente hacia la mía –Y cuando me dijo que se iba, yo esperaba que terminaran por encontrarse. Me alegra de que haya sido así- dijo más para sí mismo que para mí. –Me alegra que hayas vuelto Sasuke.
-No me quedaré mucho- le advertí.
-No me refiero a eso- replicó sin volver los ojos, la luz de la bombilla le alumbraba el rubio cabello y volví a sentirme como si fuese aquel niño que disfrutaba de su compañía, cuando no había sucedido nada y asesinar a Itachi no era más que un lejano sueño, aquel pasado que ahora se me antojaba tan lejano que parecían haber transcurrido siglos; Naruto y yo volvíamos a ser un par de críos con ensoñaciones de grandeza, y ahora… ¿la habríamos alcanzado? ¿nos habíamos detenido?
-Cuando te fuiste la primera vez, Sakura y yo solíamos salir por las noches y mirar las estrellas- murmuró sin mirarme todavía, -nos preguntábamos si de algún modo tú pensabas en nosotros tanto como nosotros en ti.
Me quedé sin habla, desde hacía años que aquel idiota tenía la virtud de a veces dejarme sin palabras, aunque por apariencias externas pareciese que no me importara.
-Luego te marchaste por segunda ocasión y Sakura, aunque por su cara de pascuas parecía contenta; la realidad es que quedó hecha polvo- el plato frente a mí se había enfriado, el apetito se esfumó.
-Hubo una ocasión en que salimos a Suna, las noches que pasamos en el camino la oí tener pesadillas…
No necesitaba ser un genio para saber que trataban sobre mí y no la culpaba, cualquier mujer se habría traumatizado después de aquello; Sakura misma me había afrontado por eso. Casi podía verla de nuevo, con su fina cara roja por el alcohol que había ingerido, soltándole la lengua.
-¿No te bastó?- gritó, dolida y furiosa, -¿Haberme destrozado? ¿Tuviste también que apuñalarme?
Y tenía más razón que cualquiera, yo ya lo sabía y no pude defenderme de sus reproches. Era caricaturesco que ella me devolviera las ofensas con frases que se me antojaban como bofetadas en pleno rostro; y dolía tanto porque a pesar de todo; nunca me atreví a decirle lo que realmente pasaba entre ella y yo. Siempre escudándome, siempre huyendo. Después de la guerra y sobre la cama del hospital pude ver que aquella guerrera no sentía ya más un romance infantil e incipiente, sino un amor fuerte y duradero que había resistido las pruebas e incluso la muerte.
Pero eso no hacía sino avergonzarme más, aquella alma tan pura… ¿podía ser realmente tan mía como decía? ¿Podría ella resistir a mi propia pasión, la pasión salvaje de un Uchiha? Lo había hecho con mi odio y sus sentimientos habían sobrevivido hasta consolidarse en el fuego de su corazón.
Pero yo sabía que tenía mi propio fuego, que podía llegar a ser mucho más quemante que el de ella.
El rumor de la voz de Naruto se había apagado y ahora me miraba con fijeza.
-Sakura floreció sin nuestra presencia Sasuke- su tono era de advertencia, -no puede ser que se marchite apenas nos juntamos de nuevo.
-Sakura no se marchitará por eso- dije levantándome –No puede.
Naruto tomó los platos y me dio un par de palmadas en la espalda.
-No, no puede- coincidió, -¿vas a algún sitio?
-La biblioteca
-Te acompaño- aseveró, -pero te advierto que tendrás que tener paciencia.
Me incliné para tomar la katana y me volví para verlo inquisitivamente.
-Aunque soy un hombre casado- dijo enseñándome el anillo con una jocosidad que se me antojó repugnante. –Todavía tengo legiones de fans siguiéndome a todos lados, y si te ven quien sabe lo que sucederá.
-¿Te siguen también en medio de la noche?- pregunté escéptico mientras abría la puerta.
-Menos, pero sí- replicó apagando la luz y echándose una chaqueta negra a los hombros.
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Como si las hubiera invocado, cuatro muchachas se le arracimaron apenas alcanzamos la calle principal. Resoplé fastidiado, deseaba empezar a investigar sobre Indra cuanto antes y aquellas molestias cerraban el paso.
-Disculpen señoritas, vengo acompañado- se excusó mientras me señalaba.
Puse los ojos en blanco mientras sus admiradoras se convertían en mías.
-¡Sasuke Uchiha-sama!- gemían con repulsivas voces chillonas que pensé que me explotarían los tímpanos. –Dínnos, dínnos ¿qué clase de mujer te gusta?- preguntaron sin recato alguno.
Nada que pudiera sacarme más de quicio que un cuarteto de chicas aplastantemente ansiosas me recordaran la imagen de Sakura, Sakura que había vencido mis barreras, Sakura con sus manos de crema y su sonrisa de sirena, Sakura que se alejaba de mí entre los brazos de otro hombre.
Estaba a punto de seguir de largo cuando Naruto me susurró al oído.
-Finge que eres agradable y contesta con algo impresionante. Claro, eso si quieres que se vayan.
Resoplé disgustado y miré a las muchachas, sus ojos estaban tan brillantes que amenazaban con romper las luces en los postes sobre la acera.
-Estoy buscando a alguien…- dije enigmático, la imagen de ella vibrándome en la mente -alguien en quien pueda confiar, alguien fuerte, alguien en paz consigo misma, alguien mejor que yo- articulé, mi voz sonaba tan rota como los papeles de publicidad tirados por la calle. –Alguien que conozca mi peor parte y aún así me ame.
Ellas se quedaron en silencio, habían bajado las manos y una de ella susurró:
-Suena como una mujer asombrosa, Uchiha-sama.
-Lo era.
Oculté el rostro entre los cabellos y girándome, seguí caminando. Sentí a mi compañero pisándome los talones
-¿Cómo que lo era idiota? ¿Te rindes tan pronto?- las quejas de Naruto me alcanzaron y me volví para encararle exasperado.
-No lo ves ¿verdad?, Si Indra se llevó a Sakura al pasado significa que ahora mismo…- apunté con un dedo al suelo para darle énfasis a lo que decía y él pudiese comprender con más facilidad, -Sakura ya no existe.
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Le tomó un tiempo darse cuenta pero finalmente me siguió cabizbajo al interior de la biblioteca.
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INDRA
Dejé a la mujer en una de las habitaciones para que los sirvientes la atendiesen. Su rostro manchado de lágrimas me habría partido el corazón de no haberlo llevado partido desde hacía mucho.
Tsubaki… era increíble que, exceptuando los ojos, lo mucho que se parecían. La forma de la cara, la nariz, la boca y el modo de retar descaradamente con la mirada.
Sacudí la cabeza, un nuevo comienzo se acercaba y la nueva Tsubaki me daría la felicidad y la descendencia que la verdadera Tsubaki no pudo.
Bajé al sótano, mi lugar preferido para reflexionar pues poseía un cuarto en especial que tenía un boquete en el techo por el que entraba a raudales el reflejo de la luna. A pesar de ser un subterráneo tenía aquel pozo de luz y más parecía un enorme almacén que otra cosa. Al centro había un espacio sin duela sobre el que hace mucho tiempo ella…
-Tsubaki, mi hermosa sacerdotisa...- musité, la vista de aquello todavía tenía el poder de conmoverme, -ya he vuelto, no te preocupes. Pronto ya no te molestaré más- le murmuré a aquel enorme árbol de cerezo que se pintaba de plateado bajo la luz de la luna, acercándome acaricié el tronco imaginándome por última vez el rostro de Tsubaki, aquella mujer fascinante de la que yo había estado perdidamente enamorado.
Algunas flores cayeron a mi alrededor, me parecía que ella lloraba.
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._
Tercer entrega para esta historia ;) Oh, por cierto, algunos me preguntaron si había pensado en la canción q Sai tocaba en el capítulo anterior. Así que si a alguien le gustaría oírla es ésta:
I see fire de Ed Sheeran
No sé porque siempre la relacioné con lo que la gente de Konoha había sentido ése día, por supuesto que el tema es distinto pero el concepto me pareció adecuado XD
Ahora respuestas a usuarios sin cuenta:
lunakari Servida estás ;)
Aquí está el capítulo. Oh! buscaré ése fic... pero cuando acabe éste porque si se parece a éste no quiero que me influencie... jajaja. El IndraxSakura no sé. Primero tengo que terminar éste
