Capítulo 4
Cartas
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SASUKE –hace ocho meses-
Leí la carta de nuevo para asegurarme de que no había leído mal.
-"Debes saber que apenas volvimos, Naruto decidió sentar cabeza y se ha casado con Hinata, quien además me ha encargado decirte que está muy agradecida por traer a su padre…"-
Bajé el pergamino y cerré los ojos para asimilar la información. Naruto se había casado…
-Hn- fue el único sonido que salió de mi boca. De algún modo podría decirse que me alegraba por él; aquel idiota nunca había conocido el calor de saber que alguien te espera en casa y ahora tendría la oportunidad de probar todo lo que le había sido quitado en su infancia.
Volví a mirar la carta de ella para seguir leyendo, disfrutaba imaginarla con aquel rostro enigmático que ponía siempre que se concentraba, apurada escribiéndome aquellas líneas.
-"Kakashi nos dijo que viniste y la verdad es que estábamos algo desilusionados… me habría gustado verte. Pero te comprendo y te respeto.
Te hará gracia saber que Kakashi nos describió tu vestimenta y sinceramente no puedo acabar de creerme que parezcas un beduino; Naruto le ha dicho que hubiera sido sensacional tomarte una instantánea. Ahora que está experimentando con la fotográfica saca imágenes de cualquier tontería y resulta todo un espectáculo ver cómo han cambiado las cosas desde que es un héroe nacional; si antes cualquier mujer de bien se habría cohibido con una fotografía, ahora casi todos se pelean por tomarse una a su lado; estoy muy orgullosa de él, todos le conocen y le quieren"-
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-"Yo ahora estoy muy bien, el cansancio que me agota durante las semanas de los turnos de noche casi desaparece ahora que pedí los diurnos. Tsunade no me ha puesto peros así que supongo que se trae algo entre manos y me dió los turnos porque espera que diga que sí a lo que sea. Pero ya puede irse a paseo pues la última vez casi acabamos en la cárcel, una botella rota y varias copas encima no son gran cosa; pero si tengo que pegarle tortazos a mequetrefes estúpidos preferiría no estar ebria. No querría matarlos por accidente"-
-"Poco a poco ya se ve que Konoha prospera luego de la guerra, pero esto más que tranquilizarme, me pone algo inquieta ¿cómo le estará yendo a otras aldeas? ¿se las estarán apañando igual de bien que nosotros? ¿tú que has visto?"-
-"En ocasiones Naruto y yo salimos al parque como cuando éramos niños y nos desviamos a aquella calle solitaria en la solíamos reunirnos ¿lo recuerdas? Claro que ahora ya no es más que un pobre callejón pues la distribución de la aldea no es la misma desde su reconstrucción"-
-"Me gustaría saber de ti antes de partir de misión, me parece que será durante un par de meses, así que si me respondes tan pronto recibas ésta; tal vez la contestación me alcance"-
-"Recuerdos,
Sakura-"
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Cerré el pequeño pergamino y lo dejé sobre la tosca mesa junto al camastro. Tomando la katana, salí a la frescura de la noche.
Llovía, pero las copas de los árboles cubrían la cabaña en la que me alojaba; aislada en el norte del País de las Olas. Así que solo unas cuantas gotas caían entre los huecos de las hojas.
Alcé la cara para aspirar hondamente y desenvainé la katana a una velocidad tan imposible que el golpe de vacío partió en tres a un par de árboles a una veintena de metros. Siempre tenía que hacer aquello para calmarme cada que leía sus cartas, veía su delicada caligrafía y me imaginaba su aroma.
-Todavía no- No podía volver aún, había demasiado por ver, por descubrir… y por eximir y purgar.
Sakura en cierto modo me había prometido que esperaría; yo por lo menos, tendría que seguir viviendo con ésa esperanza.
Era ridículo, me había acostumbrado a sentirla junto a mí durante las largas noches y días en el hospital, oyendo su calmada respiración al inspeccionar las hojas de reportes e imaginando el compás del latir de su corazón. Despertar y verla sentada al escritorio en el fondo de la habitación, trabajando a la luz cálida de una lámpara; sin percatarse de que era objeto de mi estudio.
Todavía podía sentir el molesto aguijonazo de la culpa, carcomiéndome por dentro.
Luego ella hablaba, yo cerraba los ojos y el mundo podía girar sin importarme en lo más mínimo; me contaba historias de lo que había pasado en mi ausencia y las misiones que había hecho sola. Sakura dominaba el arte de narrar, así se lo dije y ella sonriendo tristemente me contó que, a lo largo de sus correrías le había relatado tantas cosas a Naruto que por fuerza debía de haberse vuelto muy buena en ello.
Aquello me llenaba, pues habría sido insoportable mantener una relación tirante con ella; todo empezó a cambiar cuando comenzó a examinarme la vista; entonces, sin saberlo, me estaba dando una excusa para observarla con más detenimiento. Al principio procuré concentrarme en la pizarra con letras de distintos tamaños que ella se obstinaba en hacerme repetir; cuando comencé a aprenderlas de memoria, mi mirada vagaba de la pantalla blanca a la fina figura grácil que tecleaba sin cesar en los conmutadores médicos a su lado.
Pude darme cuenta que la belleza de Sakura podía resultar común, e incluso vulgar para el ojo descuidado y más para mí, que la había visto todos los días durante la niñez. Pero dejar de estar con ella por años y volvérmela a encontrar era como hallar una joya que no se ha visto en mucho tiempo, pero al sacarle lustre y verla titilar al sol es igual o más bella que cuando se mira por primera vez. Ahora podía ver sin apuros todos los ángulos de su rostro… y entonces me percaté…
La hermosura de aquella joven no descansaba en su aspecto, fluía desde dentro y se proyectaba, salvaje y provocativa, hacia afuera. Si bien era cierto que jamás, en mis correrías por el mundo, había visto cabellos como los suyos, ni tez, ni figura o pupilas que se le compararan; todo esto quedaba empequeñecido por su personalidad. Por más quieta que estuviera, Sakura irradiaba vida y calor; esto era lo que le daba lustre a su pelo de flores de cerezo, lo que otorgaba ardientes flamas llenas de apasionada juventud a su mirada esmeralda, dando lozanía a su piel sedosa y colmando de sinuosidad a su figura; que no era curvilínea como la de otras mujeres pero poseía movimientos determinados, de felina elegancia pero delicada timidez. Y ella, bendito fuera su candoroso corazón, con todo su poder y fuerza; no se había enterado…
Y loado sea todo porque fuera así, si Sakura hubiese sospechado siquiera acerca de mi descubrimiento sobre ella, habría estado atado. Pero ella, con la dulce resignación de siempre, me había dejado marchar.
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Pero por desgracia, el que aquella mujer no se hubiese percatado del enorme atractivo que influía por ser simplemente ella misma; no quería decir que los demás también.
Y esto lo comprobé amargamente la penúltima noche de mi estadía en el hospital.
Naruto y yo ya estábamos dormidos, pero ella irrumpió en la estancia con tan bruscos ademanes que me hizo abrir los ojos; creo que estaba a punto de preguntarle lo que sucedía cuando otra persona entró tras ella.
-¿No sabes leer?- le reprochó ella, sonaba bastante disgustada –el letrero en la puerta dice "Solo personal autor-
-¡Ya sé lo que dice!- su interlocutor era un hombre, fruncí el ceño de inmediato –Sakura, por favor, yo…- tenía un tono de súplica que me desagradó profundamente.
-Todas las noches me has estado haciendo la misma pregunta…
-No, no- su interlocutor negaba con la cabeza, como si se negara a oírla.
-Y todas las noches te doy la misma respuesta. Sal de aquí por favor- su voz resuelta daba el asunto por concluido.
-Sakura…
-Soy la Doctora Haruno, y te ruego que- su voz se apagó de golpe y yo me senté sobre la cama como movido por un resorte, al amparo de la oscuridad nadie se dio cuenta; pero si aquel infeliz atrevía a…
Sus oscuras siluetas recortadas contra la ventana me permitieron ver que le había tomado la mano. La sangre se me heló.
-¿Qué vas a decirme que no te haya oído ya?
-Sakura, yo sé lo que siento y no tengo miedo. Me haces sentir vivo- aquel tono era ya un susurro.
-No puedo- ella apartó la cara, -no puedo darte lo que me pides.
-¿Por qué?
-Porque… mi corazón está tan roto que el único que puede juntar los pedazos es quien lo destrozó. Si él no los repara, temo que se quede así por siempre.
-Sakura… Kohremä Liebemnêi- respondió él usando otro lenguaje que no comprendí, ignorando lo que ella ya le había dicho.
Ella lo vió, confundida
-No sé que significa…
-Yo creo que sí- volvió a susurrar él con más intimidad mientras la sujetaba de los hombros y la atraía hacia sí. Di un respingo, necesitaba levantarme pero me llevé el redoble de las múltiples máquinas a las que estaba conectado, miré hacia la ventana… si no me apresuraba, aquel bastardo iba a…
-Ya te ha dicho que no está interesada. Ahora márchate- una tercera figura me había sacado del ensimismamiento.
-¡Naruto!- exclamó ella.
Jamás habíame sentido más agradecido por la intervención de alguien en una conversación privada. Naruto, por sanar mucho más rápido que yo; no tenía metidos en el cuerpo la misma cantidad de cables y tubos. Obviamente también había escuchado todo.
El estúpido impertinente tuvo la osadía de replicar.
-¿Por qué habría de- pero no tuvo tiempo de acabar porque alguien le atizó un puñetazo, lanzándole por la ventana.
La fuerza de Sakura se manifestaba de nuevo y mi estómago se relajó cuando ella y Naruto chocaron las manos. Respiré aliviado acomodándome sobre los cojines con discreta premura, seguro de que ninguno de los dos me había visto
-Vuélvete a meter a la cama- le ordenó ella con autoridad.
Él obedeció sin rechistar y ella se sentó en su consabido escritorio mientras encendía su lamparilla. Naruto le preguntó:
-Sakura, ¿cuántas veces han pasado ésta clase de cosas desde que terminó la guerra?
-No muchas- respondió ella distraídamente sin levantar la vista de sus papeles, -pero nunca vuelven dos veces una vez que les he pegado- zanjó.
Pero la situación me había hecho darme cuenta que yo no era el único que encantaba al sexo opuesto al salir a la calle.
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Guardé la katana en la vaina, el bosque reverdecía con la estación de las lluvias y el sonido de las gotas cayendo y perdiéndose sobre la tierra me relajó. Miré las ramas bajas de los árboles y recordé el vacío que inundó mis pensamientos cuando supe que ella estaba en la luna.
¡Qué apropiado sonaba eso! Una persona con tal capacidad de despedir relámpagos de ternura en mi cabeza se hallaba en el astro más brillante del firmamento nocturno.
Mi tiempo en Konoha se sentía como caminar en el mismo lugar, inquietándome por las veces en que sosteníamos la mirada, y ella siempre cruzaba un poco más hacia la raíz de mi alma. La distancia entre Sakura y yo se acortaba y se iba; hasta que llegó un punto en el que durante las largas sesiones en que ella pasaba sus manos de rosa sobre mi piel fría para curar órganos y tejidos; no podía hacer más que pensar:
-Sácame de aquí, guárdame más en ti aunque sea sólo por un segundo.
Ya no había nada que pudiera perder que doliera ante ésa espontánea búsqueda de intimidad; lo que sobraba era el instante al azar en que su mirada revoloteaba por todo el cuarto para no verme.
Así pues, me marché de Konoha con el toque fugaz de su voz y el sonido de su garganta al tragarse mi silencio. Al final no pude decirle nada de lo que realmente pensaba y Sakura, quien era ahora mi letal devoción, permaneció en la aldea creyendo que lo que había visto en mí era producto de su imaginación. No, todavía no podía decirle nada; aunque ella hubiese absorbido todas mis verdades y todas mis traiciones en su luz deslumbrante, curado sus cicatrices y sanado las mías.
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A pesar de fingir que no importaba, ella colgó su esperanza a un milagro por todas ésas veces en que desperté y ella estaba en la misma habitación… quien le dijo le mintió al decir que yo era insensible.
Volví a entrar en la cabaña para tomar un saquillo de dinero y dirigirme al pueblo, tenía que comprar papel y tinta para contestar a su misiva.
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-hace seis meses-
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Ya era hora de irme.
El País de los Campos de Arroz me traía demasiados recuerdos oscuros, por lo que no deseaba alargar la estancia más de lo estrictamente necesario.
Había acudido al lugar para confirmar algunos rumores que envolvían la región noroeste del País del Fuego, pero nadie supo decir nada más que lo obvio. Así que, anudándome la katana al cinto, me dispuse a salir de la posada; pero me detuvo en mis pasos un halcón color negro que se posó en el marco de la ventana, y a mi pesar sentí que el corazón se me encogía: una carta de ella después de dos meses.
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-"Sasuke
Te agradezco que me hayas respondido cuando te lo pedí. Me habría gustado ver aquel bosque aunque estuviese lloviendo; imagino que no ver el sol durante mucho tiempo pondría en ánimos bajos a cualquiera.
El País de las Olas siempre me trae recuerdos, ¿has podido ver el puente en el que estuvimos? Inari y su abuelo vinieron a reconstruir Konoha hace tiempo y preguntaron por ti, así que supongo que todavía nos consideran entre sus amistades; creo que les gustaría mucho si te pasaras por ahí"-
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-"La misión estuvo bien, aunque Naruto nos metió en bastantes problemas y me dió un susto horrible haciéndome creer que alguna especie de demonio le había poseído. Claro que ahora no son más que historias junto al fuego y todos nos reímos de eso.
Hoy por la noche iremos a comer al restaurante de barbacoas con los demás, ¡figúrate que Sai e Ino pronto se casarán! La verdad no me imagino a ése idiota de marido, pero Ino le ama como una loca así que esperemos que la vida les pinte estupendo.
¿Recuerdas que te había mencionado que Tsunade se traía algo entre manos? Pues bien, ahora ya lo sé… quería dejarme al frente del hospital para poder ir a recorrer el mundo. Pero ¿sabes una cosa? Le he leído la jugada primero, y antes de que pudiera decir nada a Kakashi, ayer por la tarde le pedí que me diera licencia por algunos meses para ir en brigada de ayuda a otras naciones y aunque se veía un poco reticente, al final me ha dado permiso"-
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Así que hoy por la mañana, cuando Tsunade me dijo lo que quería yo le di el tortazo con mi noticia; me habría gustado que pudieras ver su rostro en ese momento. También apenas le he dicho a Naruto y fue a la mar de divertido como incluso me animó para ayudarme a empacar; pero también se veía algo decaído… será la primera que nos separamos desde que volvió a Konoha con Jiraiya.
Iré al País de la Lluvia y me quedaré ahí un tiempo, espero poder ayudar en el hospital y gracias a las cartas de recomendación de Kakashi, supongo que no me será difícil encontrar una buena posición.
¿Y tú? A estas alturas supongo que ya habrás salido del País de las Olas. ¿Has encontrado algo interesante? Si sigo las rutas de tus viajes, probablemente estés más allá de la aldea de la Cascada…"-
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-"Recuerdos
Sakura"-
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Cerré el pergamino y miré al cielo intentando comprender mi destino, que se movía en los más extraños altibajos que hubiese podido imaginar. Si ella estaba en el País de la Lluvia significaba que no tenía más que dar el insignificante rodeo de un día para ir a verla… era tan tentador como beber agua helada después de cruzar el desierto.
-No- me volví a repetir saliendo del lugar después de pagar mi estadía.
Pero...
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-Vaya necedad…- me dije una semana después mientras me adentraba en el País de la Lluvia.
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INDRA
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Me quedé sin aliento.
Cuando a la noche siguiente de que llegó, fui a verla. Observando aquel semblante, aceptaba que Ashura tratase a los sirvientes tan espléndidamente si eran capaces de producir la magnífica obra de arte frente a mí.
Había pedido que sirviesen la cena en la antecámara, pero cuando ella se presentó me quedé de piedra.
Llevaba un kimono de impresionante seda negra con un pintoresco motivo de dragón en rojos y dorados, largo y cayendo a su alrededor como una joyante cascada, se amoldaba tan perfectamente a su figura que la mujer parecía un delicado junco, cimbrándose con gracia al avanzar. El obi que le definía la cintura también tenía líneas áureas y al moverse, parecía jugar con la luz de las velas. Su cabello era una obra de arte con asfódelos y jazmines blancos. Sin embargo, al mirarle la cara, supe que aquella no sería una mujer fácil de domar.
Pude lee en su rostro la fiereza propia de las mujeres ninja de su tiempo, no había ni rastro de la dulce resistencia de Tsubaki. Sus enormes ojos ovalados, orlados de espesas pestañas no eran del color de las perlas como los de mi amada perdida; sino dos esmeraldas que casi quemaban con su fulgor. Sus puños no se abajaban como un cervatillo asustado, estaban apretados y dispuestos al ataque de una leona; sus cabellos tenían la exuberante tonalidad de las nubes al romper el amanecer o el melancólico color del horizonte al morir el sol tras las montañas.
Me di cuenta de que la podría tocar sin temer romperla como una frágil flor de cristal; más bien debía cuidarme que aquellos ojos, rabiosamente verdes no me arrastrasen al huracán de sus llamas, en su mirada podía sentir una afección pura y tierna que me estremecía de deleite. Suavemente su boca se curveó en una sonrisa afectada, como advirtiéndome que todo lo bueno que ella podía tener no me pertenecía; en su sonrisa leí la sed y el desmayo produciéndome un efecto apabullante.
Sonreí también para mis adentros
Tsubaki había sido difícil de conquistar y aquella nueva versión suya no podía quedarse atrás.
Con un gesto la invité a sentarse frente a mí, cosa que ella hizo con gracioso ademán pero dándome a entender por la forma en que acomodó las manos, que no pensaba probar bocado. Suspiré casi con diversión, el espíritu combativo de aquella apetitosa mujer sería algo digno de quebrar.
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SAKURA
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-No es Sasuke- me repetí ante la mirada amenazante de aquel hombre, -aunque se le parezca tan terriblemente.
Bajo las mangas del amplio y suave kimono, me acaricié el reverso de la muñeca en un esfuerzo de darme ánimos.
Si aquel individuo quería guerra, la tendría.
Y mi primera batalla contra él sería sobre la tersa y oscura superficie pulida de la mesa que nos separaba.
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Uff, otra vez, espero no haber metido la pata con Sasuke-san ;) (problemas de OoC)
Decidme vuestra opinión en uno de vuestros amables review XD
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Respuesta a reviewer sin cuenta:
Chomi Muchísimas gracias, el pago de un escritor sin fama es saber que sus historias son gustadas ;) Aquí va la conti
