Capítulo 7

Dragón

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INDRA

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Me retiré de sobre ella no sin cierto esfuerzo, el aroma de las flores desparramadas por los tatamis perfumaba la habitación y la vista de su hermosa garganta era algo demasiado tentador para fingir que no me importaba.

No obstante ella permaneció en la misma posición, abrumada por lo que le había dicho sobre su conexión con Tsubaki, mi bella sacerdotisa a la que la ira de mi abuela había arrancado la vista.

-No puede ser…- la voz de la mujer me volvió a la realidad, -Entoces tú… y Sasuke… -su tono era el de alguien que va atando cabos en medio de la niebla. –¡Pero esto es ridículo!

-No lo es y lo sabes muy bien- la interrumpí sin mirarla todavía, el recuerdo de su mirada esmeralda todavía llameando en mi mente y calentándome los labios. –Si tú eres Ran-hime y yo soy Sasuke, nada puede ser más lógico que los papeles también apliquen a la inversa. Después de todo, la historia se repitió cuando te traje aquí.

-¿De qué hablas?- la escuché incorporarse y por su sombra reflejándose en el muro frente a mí, supe que se volvía a cerrar el cuello del kimono. Su modestia me pareció una auténtica necedad ¿de qué le servía cubrirse si ya la había visto?

-Ran-hime y yo fuimos separados hace mucho… ustedes también han sido separados.

La joven se puso de pie.

-Indra- me estremecí, no usaba ningún sufijo de respeto y la idea de su familiaridad conmigo tocaba cada fibra de mi alma, -Si lo que dices es cierto, entonces debes comprender que yo no soy Ran-hime, sino sólo una sombra de ella… de modo que tú también, para mí, no eres más que una sombra de Sasuke- sus palabras me sonaron como afiladas navajas clavándose sin piedad sobre mi carne. –Estás destinado a una gran decepción si crees que podrás llenar conmigo el vacío de ella. Conseguiré que me lleves al árbol de cerezo, tarde o temprano.

Y con éstas palabras, salió del cuarto con su natural elegancia felina, dejándome solo con pensamientos que amenazaban con volver a torturarme usando visiones del cerezo en el sótano, dejando caer sus flores como si fuesen una ofrenda al olvido.

Porque de algún modo, tenía la dolorosa certeza de que la mujer tenía razón.

Tanta razón como la había tenido Tsubaki la noche en que todo terminó para nosotros, la noche en que había quedado convertida en árbol de cerezo.

La noche en que dio su vida por mí a cambio de la suya a manos de Aoi no Bara, una oscura dragón del norte, antigua sirviente de mi abuela.

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SASUKE

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Me mesé los cabellos para soltarme el sinnúmero de vendajes que me cubrían las sienes, y absteniéndome de soltar un resoplido frustrado.

Era inútil, no podía encontrar nada que me llevara hasta ella.

Todos los papeles se amontonaban sobre la mesa y algunos más sobre el suelo de baldosa gris. Los pergaminos y libros sólo contenían historias y leyendas de la época en la que se suponía que Indra había vivido.

Cuando habíamos investigado la fuente extraña de chakra en el País de la Lluvia, Sakura había deducido que venía del extraño árbol de cerezo que se alzaba en la sima del precipicio que marcaba la frontera con el País del Fuego; según ella, había una especie de flujo de escape entre dos naturalezas de chakra contenidas en el frondoso árbol.

-Es muy antiguo- dijo apenas lo vió y pasaba las manos por el enorme tronco, -Pero es como si hubiera dos clases de energías conviviendo dentro de él.

-¿A qué te refieres?- le había preguntado con extrañeza mientras activaba el Sharingan y miraba las energías de las que hablaba.

Sakura tenía razón, uno de los chakras se comportaba como el de un ser humano y el otro era tan extraño y viejo que me hizo suponer que cualquier Bestia de Colas se sentiría joven.

-Sólo he sentido ésta clase de chakra una vez hace mucho- permanecí en silencio para que ella prosiguiese, -Hace unos años, fui al País del Agua para estudiar componentes farmacéuticos de extraña procedencia. Cosas como ojos de serpiente marina, polvo de meteoritos, o pelo de león negro es lo que encuentras ahí, y también…- se quedó un momento pensativa antes de concluir, -Fibras de corazón de dragón.

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-Oye Sasuke, -la intempestiva voz de Naruto se me antojó como una balde de agua, -Éste pergamino tiene una especie de cántico sobre Ran-hime- Anunció lanzándomelo, lo cogí al vuelo y de inmediato me arrepentí, el objeto era tan viejo que las puntas del papel se deshacían entre mis dedos.

-Ten más cuidado idiota.

-Tú no lo tomaste con delicadeza- me espetó antes de volverse a internar en los estantes.

Desenrollé el pergamino con lentitud y leí el cántico, que resultó contener más información sustancial de la que jamás me había imaginado; por suerte estaba escrito en idioma Común y no fue necesario usar un diccionario.

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-Naruto…-murmuré minutos más tarde, sentía la boca seca y la imposibilidad de aquello hacía que las terminaciones nerviosas en los dedos me hormiguearan, -Ven aquí.

Él se acercó alarmado por mi tono de voz y por la palidez de mi rostro a la luz blanquecina de la bombilla; llevaba un par de libros bajo el brazo que abandonó sobre la mesa

-¿Qué pasa?

-Creo que hemos averiguado porque Indra se llevó a Sakura.

-¿De qué hablas?

-Lee esto, con cuidado- le invité levantándome para que él pudiese sentarse frente al pergamino y evitar que más manoseos terminaran por dejarlo hecho polvo.

Naruto terminó de leer y me miró con la misma expresión, los ojos azules, habitualmente alegres, ahora le temblaban de sobresalto.

-¡No me lo puedo creer!-exclamó, -¿Crees que Sakura sea la reencarnación de…- volvió la mirada al papel para releer los párrafos,-…Tsubaki? ¿Ran-hime?

-Si seguimos las pistas de ése pergamino, sí. Y lo que es más- murmuré cubriéndome la boca con mi única mano, de pura exasperación –De acuerdo al cántico, Tsubaki está sellada en ése árbol junto con el espíritu del dragón contra el que peleó, si el cerezo existe hasta nuestros días quiere decir que nunca fue liberada… por lo cual ese hombre se llevó a Sakura en un intento de suplantar a Tsubaki.

-Espera- me acalló, -Si según el pergamino, Ran-hime y Aoi no Bara están encerrados en el árbol ¿qué pasa con el portal que dices que se abrió cuando ustedes se acercaron al árbol?

-Estaba equivocado- admití sin la más mínima vergüenza, -Pensé que el portal se había activado por mi flujo de chakra, pero…- recordé cómo había besado con helada pasión a mi antigua compañera bajo la copa del rosado árbol, llevado por un ansia irreprimible al percatarme de que mil años pueden transformarse en un día que ya pasó, como una breve noche y que la vida del ser humano era una hierba que florece en la mañana y por la tarde se marchita y se seca. Sacudí la cabeza para volver a la realidad –Era ella. El portal se abrió cuando sintió a Sakura. De algún modo su chakra debe de haber entrado en sintonía con el de Ran-hime…- mi voz se fue apagando con un dejo de ecuanimidad, miré hacia la ventana.

-¿Quién firma el pergamino?- preguntó Naruto buscando el pie del escrito.

-Indra- precisé con dolorosa concisión, aquel nombre me rebullaba las entrañas con el sentimiento de rencor al que le temía tanto, pues no deseaba volver a convertirme en un espectro sediento de oscuros deseos por sangre.

Afuera, al horizonte, el sol había salido.

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SAKURA

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Me arrojé sobre el suelo de mi habitación hecha un desastre. Habiéndome quitado el elegante kimono negro con ayuda de Hirotaka, la lindísima guarda de cama que había tenido la decencia de sonrojarse al ver mi cabello suelto y el cuello del kimono a medio abrir, me embutió en una bata de seda color marfil que habría resultado una delicia de no haber estado tan frustrada.

No había averiguado nada sobre la localización del cerezo, mi temperamento de nuevo se había metido en el camino, cerrándome las puertas de lo que podría haber sido un plan de escapatoria.

Levantándome con dificultad pues el choque con Indra me había descolocado las caderas, me aproximé a la ventana; esperando poder reconocer el paisaje.

La luna llena coloreaba con destellos argénteos los numerosos arroyos que corrían por aquel valle, las sombras de las crestas de los árboles se proyectaban sobre las riberas al mecerse con el viento. Alrededor del castillo, que bien podría haber sido una fortaleza, se respiraba un aire tranquilo. Los centinelas se paseaban por las murallas con apaciguada calma y las torres de guardia poseían enormes hogueras que embellecían la noche mientras sus llamas parecían lamer las nubes.

Cerré los postigos con desánimo, era de esperarse que en la época de la que yo venía, la campiña del mundo entero luciese distinta, encima de que ni siquiera sabía en qué parte de la antigua planicie de mi mundo conocido estaba. Era desilusionante pero me obligué a prestar algo de optimismo. Durante las próximas horas podría intentar algo, llamar a Hirotaka y hacerle conversación hasta que la lengua se le soltase era una de las muchas opciones a mi disposición.

Sin embargo, al infundirme ánimos no pude evitar el recuerdo de Sasuke. Mi afecto por él me había empujado hacia delante durante toda la vida, pero ahora… ahora por vez primera en aquellos largos años de amor solitario podía tener un pequeño rayo de esperanzadora fe en que tal vez él también me amaba.

El recuerdo de la sensación avasalladora de sus besos congelados de arrepentimiento y dolor aún tenía el poder de derretirme, y aunque sólo había pasado una vez bajo aquel endemoniado cerezo. El tacto de sus largos dedos blancos palpando mis pestañas era mucho más de lo que yo podría llegar a esperar en mis más osados ensueños.

Y por sobre todo, aquellos iris tan negros como el ala del cuervo que podían comunicar la dureza del acero y la llama de los volcanes; hipnotizándome sólo con una ojeada.

Era tan injusto… ¿por qué él podía ejercer tan tremenda atracción sobre mí y que ésta no fuera recíproca? Era algo que mi perturbado corazón, azorado por múltiples subidas y bajadas, jamás lograría entender. Al acostarme sobre el acolchado futón tendido sobre una plataforma de madera enmedio del cuarto me sentí algo incómoda, como si estuviese metiéndome en alguna pieza de museo y repasé todo lo que sabía de Indra.

Él estaba enamorado de una mujer llamada Tsubaki que al parecer ya no estaba viva, me había secuestrado esperando que yo tomase su lugar; y lo que estaba clarísimo era que el árbol de cerezo jugaba un papel central en todo aquello, pues Indra no se habría negado a llevarme si careciese de importancia. Cuando ayudé a Sasuke a investigar aquel árbol, nos enteramos de unas cuantas leyendas que hablaban de una sacerdotisa apodada Ran-hime y me pregunté en silencio si ella y Tsubaki no serían la misma persona.

Suspirando, caí dormida en sueños llenos de ojos oscuros reflejando las estrellas.

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Hace dos meses

SASUKE

-Sakura- mi tono de advertencia hizo que por fin me mirara a los ojos.

La taberna en la que estábamos no era el lugar más prudente para beber o echarse tragos de sake como si fuesen agua, que era lo que ella estaba haciendo bajo las miradas hambrientas de malandrines y demás rufianes que pululaban por el lugar.

Mi sorpresa por su enorme tolerancia al alcohol no era menor que mi deseo por que se detuviera, tratar de desenvolverme con ella con la misma soltura tras aquella noche en la montaña era más difícil, y lo que era peor es que no tenía modo de saber en qué se transformaría Sakura con varios litros de sake encima.

Podía resistir a su cabello perfumado y su voz hogareña mientras ella estuviese en sus cinco, pero si de ser la mujer bondadosa y silenciosamente tentadora pasaba a ser una mujer en medio del fuego de su propio genio, yo no tendría escapatoria. Y aquello me desagradaba profundamente.

-Vamos- la animé al ponerme de pie, pero ella no se movió ni un ápice, su mano rodeando el vaso.

Miró hacia arriba y los pómulos elevados tenían un ligero rubor, jamás había visto lo finos que eran sus huesos faciales y pensé que tal vez, en algún punto de su árbol genealógico debía de haber gente del norte, donde las frías heladas de las estepas marcan las mejillas angulosas de los ninjas bárbaros, guerreros fieros y tan salvajes que ninguno de las grandes naciones había podido domarlos, acostumbrados a una vida nómada, se ganaban la vida cazando y haciendo de mercenarios.

Cuando hice ademán de retirarme de la mesa, volví a mirarla…

-Oblígame- dijo sin proferir palabra, se había vuelto una experta en hablarme con aquellos ojos esmeralda rutilando a la luz.

-Sakura, te comportas como una niña malcriada. Vámonos de aquí- repetí quitándole la botella con mi única mano y señalando hacia la puerta con la cabeza.

Ella se levantó con increíble soltura para alguien que había bebido tanto, y avanzó con paso seguro por entre las mesas mientras lanzaba con desdén algunas monedas dentro del contador.

-¿Quién te has creído para darme órdenes?- preguntó molesta mientras nos dirigíamos al pueblo, una villa pequeña del norte del País de la Lluvia. La firmeza de su voz era desmentida por el rubor de su rostro. -¿Qué hubieras hecho si me negara a dar un paso más?

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Miré la distancia que nos separaba de la villa y pensé que una Sakura retadora iba a ser mucho más difícil de tratar que la mujer razonable y extrañamente tentadora que siempre era.

-¿Y bien?- volvió a inquirir, la voz era tan firme que nadie hubiese podido advertir su estado etílico.

-¿Qué hubieras hecho? ¿Atravesarme con tu katana?- dijo burlonamente.

Era un hecho, Sakura no estaba en sus cinco pero… el recuerdo amargo de las ocasiones en que estuve a punto de hacer su sugerencia realidad me aguijoneó el corazón, e incluso cuando en verdad lo hice en una ilusión… y su rostro… sería una visión que me perseguiría toda mi vida. Me volví para encararla y la vista me tomó por sorpresa.

Estaba llorando.

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-Sakura…

-¿No te bastó haberme destrozado? ¿Tuviste también que apuñalarme?- gritó furiosa, las lágrimas le corrían por la cara demudada de dolor y su ánimo de mujer traicionada jamás me había aplastado con tanta dureza.

-Sakura, la muerte…- mi tono sonaba a súplica, pero ella no se arredró

-Sabes muy bien que yo no le temo a la muerte, ni a la tortura- interrumpió ella, sus ojos de nuevo se abrasaban al carbón de su alma, sentida y dolida.

-¿A qué le temes entonces?- llegados a éste punto, a lo único que yo podía aspirar era que ella se desahogase, y prefería que lo hiciese conmigo a que le cantara sus penas a la noche muda, que no podría consolarla.

-A una jaula- sus puños crispados parecían a punto de explotar de chackra, -A quedar encerrada tras barrotes hasta que por uso o vejez me vea obligada a aceptarlos. Y que toda esperanza de valor o pelea se haya escapado más allá del recuerdo y el deseo. Pero tú… - susurró, tan quedamente que tuve que hacer un esfuerzo para escucharla, -Tú me encerraste ahí y nunca te importó, te llevaste también la llave… ni siquiera tuviste la compasión de dejarla, y lo que es peor es que ni siquiera con estos puños –espetó mirando sus manos, agarrotadas de sentimientos,- puedo destrozarla para salir.

Cerró los labios y se quedó ahí, cabizbaja y tan quieta que parecía una grácil estatua olvidada, tan serenamente melancólica, tan herida y humillada por mi culpa, tan… tan digna de todo el amor que nadie pudiese darle, porque en un afán posesivo y completamente inconsciente, había guardado a Sakura para mí, pero dañándola tan profundamente que nuestra historia era solamente una estúpida tragedia.

Una mujer que amaba y era traicionada, un hombre que amaba pero no se había dado cuenta a tiempo para siquiera proteger a la mujer de sí mismo. Era insólito poder amar cuando uno de nosotros se sentía tan traicionado y el otro tan indigno, no importa cuántas veces le diera vueltas al asunto. Y aunque sabía que por el sake, Sakura no era ella misma… no quería decir que no era como realmente se sentía.

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Y lo vi tan claro que la sencilla simpleza de lo que le convenía a Sakura me llenó de un nuevo sentimiento de amargura.

Si quería dejar de herirla, dejar de recordarle tan espantosas traiciones, debía separarme de ella.

Quería sacarla de la jaula en la que estaba encerrada, abrumada por todo lo que yo debía expiar. No, no podía aunar un peso más en sus delicados hombros, débiles ya por lo años de sufrimiento.

"Sakura" quería decirle, "en mis sueños, siempre serás mía. En mis sueños, tal vez habríamos podido volver a comenzar. Pero en la realidad, es que te hago demasiado daño"

Si la única manera de que sus heridas cicatrizaran era con el bálsamo de mi ausencia, entonces lo haría. Lo haría por ella.

La verdad desnuda era que haría cualquier cosa por Sakura.

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Qué barbaridad! Casi parecen años desde que actualicé! jaja

En fin, sé que la espera fue larga y más después de haber estado actualizando tan seguido pero bueno, aquí va una nueva entrega que espero que no decepcione.

Haré mi mejor esfuerzo para seguir actualizando, ustedes que son escritores también entienden mejor que nadie lo mucho que la vida absorbe aún cuando quieres dedicar tiempo a hobbies y arte. En fin; basta de disculpas y ahora contesto a reviews sin cuenta:

Zpenceriot Muchas gracias y aquí está lo que sigue ;)

Citlalli Bueno, gracias por las porras y espero que te guste

Guest No pude ver tu correo, pero espero que puedas tener la oportunidad de seguir leyendo XD

maria Gracias y estás servida (besos desde México jaja)

Melina Fernandez Muchas gracias, pues espero que no te decepcione lo que tengo preparado y ojalá puedas seguir el fic

Otra vez no te pude enviar PM porq no sale el perfil jaja, pero ya sabes que agradezco muchísimo el leal seguimiento y tus retroalimentaciones, de verdad gracias XD