Capítulo 9

"Comienzo"

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KAKASHI

Hace tiempo

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Era casi infantil ver como la reconciliación entre los miembros de mi equipo podía llevarme a las lágrimas.

Pero así era.

Sakura ayudó a ambos a ponerse de pie, pues la falta de los brazos había afectado severamente su sentido del equilibrio; Naruto avanzó trémulamente mientras se acostumbraba y Sasuke, relajado cómo siempre, dio un paso tentativo para después caminar como si su brazo aún estuviese ahí.

Cuando llegaron a donde me encontraba, recibí unas palmadas llenas de regocijo por parte mi alumno más testarudo, Sakura me tendió la mano mientras yo veía con sorpresa una mirada calmada en el rostro de Sasuke.

Ése niño, al que siempre le aposté todo mi talento ya no rebosaba el aura hostil que le caracterizó durante toda la adolescencia, sino que la misma esencia de su chackra había vuelto al color que siempre había tenido, cómo si hubiese perdido la negrura.

Lentamente volvimos a donde estaban todos, tan lento que el disco solar cruzó el cielo y la luz crepuscular nos envolvió al alcanzar el macabro árbol; la bóveda celeste color lavanda y naranja contrastaba bellamente con las altas raíces de la maldición lunar.

Sakura realizó en sus compañeros una sesión más de sanación, pero nunca estuve seguro si sólo les curaba las heridas o además les regalaba su propio chakra; de cualquier modo, Naruto y Sasuke pudieron liberar a todos de la prisión y la atmósfera se llenó con los sonidos de admiración y contento que exhalaban las voces de los sobrevivientes.

Pero luego… luego se mezclaron los lamentos, el llanto de los ninjas que se percataban de la muerte de sus compañeros.

Había que celebrar que el mundo se había salvado, que había valido la pena; y al mismo tiempo resultaba estúpido celebrar nada. Los muertos eran más de lo que nadie podía soportar y me derrumbé junto a una roca para escuchar la agonía del mundo que había conocido hasta ahora.

Entonces, queda y sigilosamente vi que Sakura se retiraba, en sus grandes ojos verdes se había instalado una mirada de resignada tristeza mientras caminaba pausadamente hacia el este; no había que ser un genio para saber que allí solía estar el campamento de los médicos, ahora arrasado por la batalla, las tiendas parecían patéticas manchas en la distancia y los suministros e instrumental habían llovido por doquier.

Era tonto creer que algún paciente hubiese sobrevivido.

Pero mi querida y tozuda alumna, tan noble y tierna como siempre, no podía soltarse de aquella imposible esperanza y entonces pensé que aunque el mundo se partiese en pedazos, Sakura esperararía por una solución hasta el mismo final de su vida, simplemente porque así era su naturaleza.

La ropa rasgada, varios magullones, y las mejillas manchadas por las lágrimas no eran el mejor espectáculo que la única heroína de la guerra podía ofrecer; pero en aquellos momentos, mientras sus sandalias se teñían de rojo al avanzar entre los charcos de sangre y su pelo enredado extrañaba su bandana, la rara y muda belleza de Sakura se convirtió en el sol de medianoche para muchos de los soldados que la observaban, mirando con seca tranquilidad aquellas pilas de cadáveres, buscando sobrevivientes.

Pude verlo, queriéndolo o no, ella se había ganado un lugar en el corazón de cada uno; pero no sólo lo vi yo.

También lo vió Sasuke, mirándola discretamente desde el rabillo del ojo. Antes de que se nublara la luz del sol, la luna y las estrellas y retornaran las nubes tras la lluvia, supe que a pesar del genjustsu al que él la había sometido, la última palabra todavía no se había dicho entre ellos.

De hecho, tal vez ni la primera.

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SASUKE

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De pie, sola en medio de tan sangriento espectáculo, no pude evitar que la escena me provocara náuseas.

Mareo porque, ahora que podía pensar con más claridad, supe que habría dado algo por evitar a Sakura todo aquello. Estaba a unos 300 metros al este, pero el Rinnegan me permitía distinguirla sin ningún problema, su rostro se compungió al ver el estado de los que habían sido sus pacientes y fue suficiente para que se viniera abajo en medio de silenciosos sollozos.

Fue entonces cuando comprendí que al pelear en aquella guerra, todos habían recibido cicatrices que les marcarían de por vida, heridas que no sanarían con el tiempo, heridas como las mías.

La sangre que se adhería a la piel de los brazos de Sakura, semejante a sanguijuelas pugnando por absorberle la vida, me ayudó a ver que la guerra la había manchado tal como los Uchiha me habían manchado a mí.

Naruto a mi lado, se acercó para fijar la vista su amiga.

-Se recuperará- aseguró al viento, -no es la primera vez que pasa por esto.

Ante la mirada indiferente que le dirigí, se explicó:

-Es como las primeras veces que no lograba salvar a sus pacientes, cuando apenas estaba aprendiendo. Me lo contó la vieja Tsunade… después de eso Sakura ya no fue la misma.

Me quedé en silencio y le repliqué mientras daba la vuelta

-Después de esto ya nadie será el mismo- sentencié con seriedad, -Ven, voy a liberar a los bijuus.

Naruto dio un último suspiro en dirección a Sakura y me siguió. Sin embargo, de algún modo aquel suspiro me dio un zarpazo de estúpida inquietud. Ahora que todo había pasado ¿Cuáles eran sus sentimientos en relación a ella?

Probablemente lo más agobiante era que en mi confusa conciencia, sabía muy bien que todo lo que le había hecho a Sakura hubiese matado de raíz cualquier sentimiento que ella pudiese todavía albergar por mí.

Y no podía quejarme, era lo más natural.

Al llegar al llano para liberar a las bestias me pregunté si mi antigua compañera me tendría miedo.

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Me dispuse a volver al campo de batalla después de que Naruto dispusiese de los bijuus, cuando vi unas llamaradas verdes que se elevaban por sobre los árboles, estaban en la dirección donde se hallaban los demás y su vista me produjo una sensación cálida en el estómago.

-¡WOW!- el júbilo de Naruto se oyó detrás de mí. –Mira eso…- su tonó pensativo se acentuó mientras se colocaba junto a mí para observar, -Son del mismo color que el chackra curativo.

Su comentario me hizo activar el Sharingan para ver quién podría elevar su nivel de chackra de sanación a tal punto que se veía desde kilómetros de distancia.

Y sin embargo, ya sabía la respuesta, no me sorprendía pues lo esperaba de ella.

Mi antigua compañera.

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Naruto echó a correr en su dirección sin más preámbulo y yo, percatándome de golpe que no tenía ningún otro lado al que dirigirme, le seguí.

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Al llegar la vista fue como pocas se pueden observar en la vida, el chackra de Sakura ardía en ella de tal modo que se elevaba hasta casi esconderla, las ramificaciones de sus llamas se extendían por el aire y el suelo, llegando a los heridos y curándolos de inmediato, como un toque milagroso.

Junto a nosotros estaba Kakashi quien se incorporó del suelo y cerró la boca a Naruto, éste observaba embobado la llama verde que era Sakura.

-Ha hecho explotar su chackra- murmuró por lo bajo, como siempre, vociferando la obviedad.

En realidad todo tenía sentido, ella no había agotado su chackra hasta casi matarse como aquel estúpido y yo. Debía tener bastante reserva todavía, gracias a su sello.

-Sí Naruto- se escuchó una tercera voz, la Hokage subía al montículo donde nosotros estábamos, e ignorándome deliberadamente, se cruzó de brazos y miró el cielo, -Sakura está jugando con los límites del Byakugo, si falla, se matará ella y a quien sea que esté sanando.

-¿Cómo es posible que le hayas dejado hacer una técnica así cuando está tan agotada?

-Porque confío en ella y porque… -Tsunade se giró para verme y a continuación se dispuso a descender del montículo, -tiene que ocuparse en algo si no quiere que sus recuerdos la vuelvan loca- la mordacidad en su voz me hizo suponer que aquel último comentario iba intencionadamente dirigido hacia mí, y no pude contradecir nada. Yo mejor que nadie sabía del poder para enloquecer que tenían los recuerdos.

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Las llamas curativas de Sakura empezaron a esparcirse por el suelo, haciendo que sendos brotes de césped asomasen por la tierra y ligeros botones de flores silvestres surgieran de las ramas partidas; era curioso ver cómo incluso el barro y el polvo germinaban al contacto con la misma esencia de aquella joven y me pregunté si algún día lograría curarse de todo lo que yo le había provocado, antes de que sus propios recuerdos la enloquecieran.

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INDRA

Aquí y ahora la dominaría, aquí y ahora seríamos uno.

La abracé y su respiración relajada me inundó cada poro…

-Tsubaki…-susurré mientras el aroma embriagador de sus cabellos me anegaba, le tomé el rostro y la urgí a mirarme, le besé con ternura la frente y los párpados, con locura la nariz y las mejillas y cuando llegué a sus labios ya no pude contenerme y la pasión me inundó, todo se volvió de un brillante color carmesí y la aferré con tal ansia que la ropa me estorbaba.

Mientras la besaba en anheloso deseo temí dejarla sin boca, al desatarle el kimono me detuve…

¿Por qué no reaccionaba?

Si amaba tanto a aquel hombre como decía, debía de haberse resistido… de hecho, ella no sería ella sin presentar pelea.

-Tsubaki…-repetí, sintiendo de nuevo que el corazón se me partía mientras la observaba más detenidamente.

La mujer respiraba pero estaba inconsciente, como si le hubieran robado el espíritu para llevarlo a otro lugar.

La piel de la garganta marcaba los huesos de sus clavículas y el inicio de los hombros, nunca me había parecido tan hermosa y tan fría, como las pinturas en las paredes de los numerosos cuartos en la fortaleza.

De golpe reconocí lo que sucedía, era un jutsu. Me sabía aquella técnica de memoria… era la preferida de Ran-hime… de Tsubaki.

Apenas me había incorporado para cerciorarme de la situación cuando uno de los criados dio unos golpes quedos en la mampara.

-Mi amo, su hermano Ashura solicita una reunión urgente, está en el atrio del castillo y afirma que no se marchara hasta haber intercambiado unas palabras con usted.

Vaya con la suerte, lo último que quería aquella noche era una conversación "amistosa" con el bueno de Ashura, mi bravucón y ladronzuelo hermano menor.

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SAKURA

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Estaba oscuro, tanto que ni siquiera podía verme las manos, las tinieblas me envolvían como la tarde en que Naruto y Sasuke realizaron el sello de la reconciliación y yo no era más que una autómata moviéndome entre los trozos de un mundo que se moría; sintiendo que un pedazo de mí se extinguió con cada uno de mis pacientes. Y con todo, distinguí una pequeña lucecilla dentro de mí que peleaba por no desfallecer... aquella luz era mi camino ninja, que-

-Sakura…- hubiera jurado que era mi propia voz.

Avancé y el sonido de mis pasos resonó en aquel silencio sepulcral. De pronto, un punto en la lejanía comenzó a aclararse y mientras más me acercaba, más nítido era; poco a poco pude distinguir la forma de un frondoso cerezo y bajo sus ramas descansaba la figura inerte de una mujer dormida. Al aproximarme para verla mejor solté un gritito de sorpresa.

La mujer era igual a mí.

Sólo que su aspecto apacible le daba un aire casi celestial, la hermosa cara ovalada estaba acunada entre las largas ondas de su cabello rosado y sus espesas pestañas sombreaban el espacio bajo los ojos; incluso su amplia frente de porcelana aparecía nívea y tersa.

Estaba vestida con el hakama propio de las sacerdotisas, éste era oscuro y sobre las manos cruzadas sobre el pecho tenía un minúsculo pergamino con un sello de orquídea color azul.

-Sakura…- tuve la sensación de que ella me hablaba al fondo de la mente

Cuando era alumna de Tsunade, ella solía decir que era sabio y prudente recordar los errores de los antiguos, que siguiese el camino que me dictaba el corazón y lo que deleitaba a mis ojos, que alejase de mi mente la tristeza y de mi cuerpo el sufrimiento; pero que nunca olvidase que de todo ello la vida y mi destino me pediría cuentas. Recordando que los placeres de la juventud son cosas que se acaban, porque pronto se me echarían encima los años y las noches de vigilia evocaran mis amarguras.

Al ver un reflejo tan luminosamente mítico de mi misma, no pude evitar preguntarme si a eso era lo que Tsunade se refería.

-Aquí me tienes- vacilé un poco antes de completar, todavía un poco insegura -Ran-hime…

La mujer abrió los ojos y yo no pude evitar un sobresalto al observar la tela nubosa que los cubría, ella era ciega, y su ceguera resaltaba sus rasgos finos y los magníficos cabellos, tan largos que se desparramaban entre las nudosas raíces del árbol cómo una ofrenda al olvido.

Ella era hermosa... solamente... nada más.

-Sakura…- repitió, -Realmente eres mi viva imagen…- su boca carnosa no se movió, pensé que se comunicaba conmigo de consciencia a consciencia, -Te ha cazado, mi pequeña; hasta que logró atraparte.

Las palabras de Ran-hime, se me antojaron extrañamente tranquilizadoras, no por su contenido sino por el tono, por un momento parecían pronunciadas por una amiga a la que llevase mucho tiempo sin haber visto.

-Pero no te preocupes, yo te ayudaré a salir- se oía resuelta y sin saber por qué, le creí como le hubiera creído a mi madre, -Sin embargo, ahora debes volver jovencita. Te protegí mientras él quería propasarse, pero mi poder ya no es cómo antes y tu espíritu regresará a tu cuerpo enseguida; sólo sigue mis instrucciones desde tu mente y podré llevarte a tu tiempo-

La cabeza me daba vueltas… todo estaba sucediendo tan rápido que los hechos parecían un torbellino de colores distintos al que yo quería atrapar con las manos.

-Pero hay una advertencia, no debes permitir que ambos hermanos se acerquen al cerezo al mismo tiempo. Pase lo que pase, no lo permitas.

Asentí sin estar muy segura de a lo que se refería, Ran-hime cerró los ojos y yo volví a caer en la inconciencia

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SASUKE

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Kakashi suspiró y me pregunté cuántas veces durante aquel día lo había hecho al escuchar el incesante parloteo del plan de Naruto; y mientras daba aprobación a su plan poco ortodoxo, me miró cómo quien dice: ¿Estás seguro? Pero yo me encogí de hombros, no teníamos otra estratagema y francamente me había hartado de permanecer quieto.

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Al salir de la Torre y dirigirnos a las puertas de la aldea, yo no tenía confianza alguna en el plan de Naruto.

De hecho tenía mucha más fe en mi propio plan, formado en el margen del plan del que llamaba mi mejor amigo

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Hace tiempo

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-Tenemos que trasladarlos

-¿Por cuánto tiempo?

-No lo sé, hasta que se calmen las cosas con Koharu y Homura no los quiero tener inconscientes a merced de quien sea.

-Bien, ¿tienes los preparativos?

-Sí, lo haremos hoy a la medianoche. Shizune lo ha dispuesto todo y las instalaciones son más que seguras.

-Bien, ¿crees que ella sola será suficiente?

-¡JA! ¿De qué hablas? Esos dos pondrían su vida en manos de Sakura sin pensarlo dos veces.

A través de las nubes de anestesia distinguí las voces de Kakashi y la Hokage, hacía pocos días que Naruto y yo habíamos despertado, pero el intenso dolor que todavía experimentábamos obligaba a las enfermeras a sedarnos para dormir. Luego me perdí de nuevo en la negrura, pues la cuestión sobre lo que haría una vez despierto por completo seguía siendo una incógnita.

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Desperté en un lugar totalmente nuevo y me hallaba solo en un inmaculado cuarto blanco, la habitación no tenía para nada el aire de hospital moderno que yo recordaba la última vez que tuve consciencia; olor a madera de cedro y a lino limpio me hizo recordar bosques del lejano este, donde Orochimaru solía tener sus escondites plegados entre casas arbóreas y puentes colgantes.

La luz del atardecer daba de lleno entre las cortinas ondeantes con una brisa suave, no había ventanas; solo inmensos arcos sin cristales o póstigos. Las paredes labradas de cantera blanca semejaban diminutas enredaderas y flores; el suelo de mármol reflejaba la llama danzarina de las velas sobre un escritorio al lado de la cama, ésta se alzaba a casi el nivel del suelo y las pesadas mantas de seda que me cubrían de pronto se volvieron demasiado pesadas.

Me levanté con la dificultad normal de quien lleva tiempo sin caminar y avancé lentamente hacia lo que parecía la terraza desde donde llegaba rumor de agua y voces, voces que aunque siempre quise olvidar y enterrar en lo más profundo de mi mente, reconocería entre un millar; porque ahora podía admitir, por lo menos para mí mismo, que aquel sonido pertenecía a las dos personas que más me importaban.

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Salí del cuarto y contemplé las dos figuras que charlaban junto a un arroyo que corría entre una pequeña arboleda de flores color púrpura. Nada me apetecía tan poco como acercarme, pero no podía evitar aquel momento para siempre.

El instante en que podría mantener con Naruto y Sakura la primera conversación normal que no estuviera entintada de dolor, manchada por la guerra o ensombrecida por mi oscuridad que luchaba contra su luz. Al divisarme, ella levantó una mano en actitud de invitación y él hizo un gesto con la cabeza, indicando su infantil agrado al verme. Suspirando inaudiblemente con acre resignación, me acerqué más no tomé asiento con ellos, limitándome a reclinarme sobre un árbol.

Guardamos unos minutos de silencio cuando Naruto rompió aquella magia con su típico mal gusto y preguntó:

-¿Qué hay? ¿Te gusta el lugar?

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Listo! jaja otro más que me llevo a la bolsa. Éste capítulo es muy lento porque fue de transición, dió oportunidad de poner las piezas para llegar con tranquilidad al meollo del asunto jeje XD pero espero igual les haya gustado

Ahora respondo a los reviewers sin cuenta:

Lala Muchas gracias, de hecho si. Leer poseía es uno de mis pasatiempos favoritos ;) Espero q te haya gustado

Melina FDZ Oye, eres súper constante y te lo agradezco, de verdad q es muy apreciado q se note q t gusta y q sigues el fic a pesar de lo mucho q me toma. Neta q eres un amor! ;) IndraxSakuraxSasuke es un triángulo no explorado así q me pareció interesante.

Abril No te preocupes, muchas gracias por dejar uno aunq sea jaja, q bueno q apenas la descubres pude actualizar relativamente pronto ;) Saludos