Discleimer: los personajes de PJ pertenecen a Rick Riordan.
Capítulo № 3: Tomamos el taxi del eterno tormento.
-Muy bien. Cuando sea el momento oportuno se iniciara la competencia y solo en ese momento diré de que se trata-. Anuncio Artemisa.
-Muy bien sigamos leyendo-. Dijo Zeus.
Los semidioses (y algunos dioses) se quejaron. Y es que tenían hambre y se les estaba entumeciendo el cuerpo por estar tanto tiempo sentados.
-Nada de quejas, después tomamos un descanso-. Ordeno el rey de los cielos. "A este paso no vamos a terminar nunca" pensó con cansancio.
-¿Quien lee?-. Pregunto Connor.
-Yo-. Contesto Odiseo.
Connor le entrego con respeto poco inusual en él. Odiseo es el héroe de la antigüedad que más le gusta; porque a pesar de no ser un semidiós, pudo vencer todos sus obstáculos, y los métodos que utilizo le parecían muy ingeniosos, y los comparaba con las bromas que él mismo planeaba.
Tomamos el taxi del eterno tormento.
-¿Qué es un taxi?-. Interrumpió Teseo.
-Un Vehículo de transporte. Dijo Leo.
-mmm bueno…-. Dijo Teseo sin entender bien.
Quirón les explico bien a los héroes del pasado y estos asintieron agradecidos.
Annabeth nos estaba esperando en un callejón por la calle Church. Tiró de Tyson y de mí justo cuando pasaba aullando un camión de los bomberos en dirección a la Escuela Meriwether.
-¿Dónde lo encontraste?-Preguntó, señalando a Tyson.
-Que delicada-. Murmura sarcástico Jason.
En otras circunstancias me habría alegrado mucho de verla. El verano anterior habíamos acabado haciendo las pases, pese a que su madre fuese Atenea y no se llevara demasiado bien con mi padre. Y yo seguramente la había echado de menos bastante más de lo que estaba dispuesto a reconocer.
-Awww que amor… seguramente Annabeth también lo extraño awww-. Dijo emocionada Afrodita coreada por sus hijas. El resto rodaron los ojos.
-Otra cosa que nadie tenía que saber-. Dijo divertido Grover.
Pero en aquel momento acababa de ser atacado por los gigantes caníbales, Tyson había salvado mi vida tres o cuatro veces, y todo lo que Annabeth podía hacer era actuar como si él fuera el problema.
La hija de Atenea se abrazó a Tyson y escondió la cara en su hombro, avergonzada. Tyson le dio palmaditas en la espalda.
-Es amigo mío-. Le dije.
-¿Es un sin techo?
-¿Qué tiene eso que ver? Puede oírte, ¿sabes? ¿Por qué no se lo preguntas a él?
Parpadeé sorprendida.
-¿Sabe hablar?
-Hablo- reconoció Tyson-. Tú eres preciosa.
-¡Puaj! ¡Asqueroso!- exclamó apartándose de él.
Afrodita frunció el ceño pensativa.
No podía creer que se comportara de un modo tan grosero. Le miré las manos a Tyson, esperando ver un montón de quemaduras a causa de aquellas bolas ardientes, pero no, las tenía en perfecto estado: mugrientas, eso sí, y con cicatrices y unas uñas sucias del tamaño de patatas fritas. Pero ese era su aspecto habitual.
-¡Eso no puede quedar así!-. Exclamo de pronto Afrodita.
Todos la miraron sorprendidos y confundidos.
-Dime Tyson ¿Tienes novia?-. Le gustaba más si era a una pareja.
-Si- contestó sonrojado y señalando a Ella.
-¡Perfecto! Acérquense los dos-. Les pidió Afrodita.
Avanzaron hasta quedar a los pies del trono de la diosa. Afrodita se levantó y puso una mano sobre la cabeza de cada uno.
La diosa murmuro unas palabras y una luz entre rosa y roja ilumino a Tyson y a Ella. Todos quedaron cegados por unos segundos y cuando la luz se volvió más tenue, contuvieron el aliento.
Habían recibido la bendición de Afrodita.
El cuerpo de Tyson se volvió más esbelto. Seguía siendo muy alto y su cuerpo seguía siendo muy grande para su edad, pero no de forma grotesca. A hora era alto y musculoso; no parecía gordo ni deforme. Sus manos seguían siendo grandes pero lindas: dedos largos y fuertes con uñas cuadradas perfectamente recortadas y limpias. Su rostro era un poco más delicado, definitivamente ya no se lo podía llamar feo. Su boca era medio grande, pero con dientes blancos y alineados, como si recién se sacara los aparatos. Su nariz era más pequeña, un poco ancha pero no demasiada. Su ojo no era tan grande, y las cejas tenían bellos más finos y en menor cantidad. Ahora su piel (tanto del rostro como del resto del cuerpo) era uniforme (sin manchas no granitos) y del mismo color: un tostado bronceado. Su pelo ya no parecía un nido de ratas, estaba desenredado y lacio, la grasitud se había ido y davala impresión de que acabara de sufrir varios baños de crema hacían que caiga de forma elegante hasta la barbilla. Durante la noche descubrirá con alegría que sus cicatrices ya no estaban.
En cuanto a Ella, se había transformado en una mujer de estatura pequeña y delgada. Con alas grandes en la espalda. Tenía el cabello largo y rojo, seguía teniendo la misma cara bonita. Ahora tenía brazos, piernas y pies. Llevaba un vestido blanco al estilo griego, largo hasta los tobillos. Las plumas de las alas era rojas y la piel del cuerpo era de un rojo claro y opaco.
-Han recibido mi bendición- anunció Afrodita- ahora son únicos entre su especie.
-Ya no soy un ciclope
-Ella ya no es una arpía
Sus voces eran las mismas. O casi. La de Tyson era más suave y no se parecía tanto a la de un monstruo.
-Lo siguen siendo; sus capacidades, sus habilidades, instintos y demás no se han modificado. Solo su apariencia cambió. Y es permanente, hasta puede que sus hijos hereden mi bendición.
-A ella no le gusta-. Se quejó la arpía.
-Oh eso dices ahora querida- dijo Afrodita con un gesto de negación ante lo dicho por Ella- una vez que te acostumbres me lo vas a agradecer-. Termino con una sonrisa triunfante.
-¿Ya nos podemos sentar?- suplico ansioso Tyson. No soportaba todas las miradas puestas en ellos y sobre todo las que dirigían a su novia.
-Si vayan- intervino rápidamente Hefesto antes que su esposa hablara. Seguramente iba a decir alguna estupidez sobre el cuidado del cabello o de la piel.
Los aludidos se fueron a sus lugares, luego de inclinarse ante la diosa, mientras que Afrodita le echaba una mirada enojada a su marido porque eran precisamente consejos vitales los que iba a proporcionar a sus nuevos favoritos.
Al terminar las observaciones y felicitaciones a Ella y a Tyson por parte de los campistas, Odiseo siguió leyendo agradeciendo el cambio físico del ciclope. Antes, cada vez que lo miraba veía a Polifemo, es más, cuando llego casi se abalanzaba sobre él para matarlo cuando noto que tenía el ojo intacto.
-Tyson- dije con incredulidad-. No tienes las manos quemadas-.
-Obviamente No-. Bromeo Tyson.
-Claro que no- dijo Annabeth entre dientes-. Me sorprende que los Lestrigones hayan tenido las agallas de atacarte estando con él.
Tyson parecía fascinado por el pelo rubio de Annabeth.
Ella lo fulmino con la mirada muerta de celos. El ciclope solo la beso cariñosamente mientras Afrodita arrullaba encantada y con ternura.
Intento tocarlo, pero ella le apartó la mano con brusquedad.
-Annabeth-dije-, ¿de qué estás hablando? ¿Lestri… qué?
-Lestrigones. Esos monstruos del gimnasio. Son una raza de caníbales gigantes que vive en el extremo norte más remoto. Ulises se tropezó una vez con ellos, pero yo nunca los había visto bajar tan al sur como para llegar a Nueva York…
-¿Quién es Ulises?-. Se interrumpió Odiseo.
-Es usted majestad. Ulises es como lo llamaron los romanos y por ese nombre es más conocido en la actualidad-. Le contesto Quirón.
Odiseo que con ceño fruncido asintió. Aunque estaba complacido de que alguien lo trate con respeto. Él en vida era rey y estaba acostumbrado a que lo traten como tal.
-Lestri… lo que sea, no consigo decirlo. ¿No tienen algún nombre más normal?
Ella reflexiono un momento.
-Canadienses-decidió por fin-. Y ahora, vamos. Hemos de salir de aquí.
Hazel y Frank recordaron cuando Percy los llamo canadienses a los lestrigones y cuando Frank se ofendió.
-La policía me debe estar buscando.
-No es nada nuevo-. Dijo Grover. Todos estuvieron de acuerdo.
-Ése es el menor de nuestros problemas-dijo-. ¿Has tenido sueños últimamente?
-Sueños… ¿sobre Grover?
Su cara palideció.
-Al parecer no-. comento Aquiles.
-¿Grover? No. ¿Qué pasa con Grover?
Le conté mi pesadilla.
-¿Por qué me lo preguntas? ¿Sobre qué has soñado tú?
La expresión de sus ojos era sombría y turbulenta, como si tuviera la mente a cien kilómetros por hora.
-El campamento-dijo por fin-. Hay graves problemas en el Campamento.
-Eso ya lo sabía- objetó Travis. Kate le dio un codazo.
Octavio sonrió interesado.
-¡Mi madre me ha dicho lo mismo! ¿Pero qué clase de problemas?
-No sé exactamente. Algo anda mal. Tenemos que llegar de inmediato. Monstruos me han estado siguiendo todo el camino desde Virginia, tratando de detenerme. ¿Tu has tenido ustedes una gran cantidad de ataques?"
Sacudí la cabeza.
-Ninguno en todo el año... hasta hoy.
Poseidón frunció el ceño y los labios pensando. A lo mejor fue él quien puso a Tyson en esa escuela para proteger a Percy. Después de todo se merecía un descanso.
-¿Ninguno? ¿Pero cómo...? -. Se volvió hacia Tyson-Ah.
-¿Qué significa «Ah»?
Nico se quito unos mechones de cabello que tenia en la frente. A unos metros de distancia Hercules se removio en su lugar, inquieto. Aunque estaba enojado con el hijo de Hades por la vergüenza que le iso pasar, no podía dejar de vijilarlo, de seguir cada movimiento de Nico y ya tenia planeado como impresionarlo y convencerlo para poder llevárselo a su isla y tenerlo siempre a su disposición.
Tyson levantó la mano como si estuviera todavía en la clase.
La mayoría de los semidioses lo miraron interrogantes.
-Es una costumbre difícil de quitársela cunado terminan las clases-. Dijo Tyson encogiéndose de hombros.
Ahora todos los campistas entendieron y asintieron concordando con el ciclope; algunos también se acordaron de su primer día de secundaria cuando le dijeron a la profesora "mama".
-Los canadienses en el gimnasio llamaron a Percy de un modo raro... ¿Hijo del Dios del Mar?
Annabeth y yo intercambiamos miradas.
No sabía cómo explicárselo, pero pensé que Tyson merecía la verdad, después de que casi lo mataran.
-Supongo que ya sabías-. Dijo Dakota.
Si-. Respondio Tyson.
-Grandullón- le dije-, ¿has oído alguna vez las viejas historias sobre los dioses griegos? Como Zeus, Poseidón, Atenea…
-Sí.
-Bueno, pues esos dioses siguen con vida. Ellos siguen en torno a la civilización occidental, viven en los países más fuertes, así como ahora están en los . Y, a veces tienen hijos con los mortales, hijos que nosotros llamamos «mestizos».
-Quien lo hubiera dicho se lo aprendio bien-. dijo Thalia con fingida sorpresa.
-¡Si pero que lo haya entendido es otra cosa!-. Replico Travis y todos rieron. Incluso los romanos.
Al principio los romanos no se reían ante este tipo de burlas hacia su pretor, pensando que los griegos le faltaban el respeto. Hasta que se dieron cuenta de que Percy era querido, admirado y muy respetado en el campamento griego. Entendieron que reian porque lo extrañaban. Y que a pesar de lo pensaban de él, no por eso lo trataban diferente como ellos hacían con sus pretors. Lo trataban como a un amigo con toda la confianza del mundo, la confianza que demostraba que lo conocía bien. Porque si bien Percy era su líder también era su líder y compañero.
-Vale- dijo Tyson, como esperando a que yo llegara a lo importante.
-Bueno, pues Annabeth y yo somos mestizos –dije-. Somos como… héroes en fase de entrenamiento. Y siempre que los monstruos encuentran nuestro rastro, nos atacan. Por eso aparecieron esos gigantes en el gimnasio. Monstruos.
-Vale.
Lo mire fijamente. No parecía sorprendido ni desconcertado por lo que le estaba diciendo, lo que sorprendió y me desconcertó a mí.
-Entonces... ¿me crees?
Tyson asintió.
-La explicación mas fácil de la historia-. dijo Annabeth recordando todas las veces que tubo que contarles quienes eran a los semidioses que recién llegaban al campamento y lo dificl que habia sido que le creyeran.
-Pero ¿tú eres... el hijo del dios del mar?
-Sí- reconocí padre es Poseidón.
Él frunció el ceño. Ahora sí parecía desconcertado.
-Pero entonces...
-¿Sabías que tu padre es Poseidón?- le pregunto Will a Tyson.
-Sí, soy un ciclope y por lo general los ciclopes somos hijos de Poseidón.
Se oyó el aullido de una sirena y un coche de policía pasó a toda velocidad por delante del callejón.
-No hay tiempo para esto ahora- dijo Annabeth-. Hablaremos en el taxi.
-¿Un taxi hasta el campamento?-dije-. ¿Sabes lo que nos puede costar?
-Tú confía en mí.
Titubeé.
-¿Y Tyson?
Me imaginaba acompañado a mi amigo gigante en el Campamento Mestizo. Si él se asustó en un patio regular con regulares agresores, ¿cómo iba a actuar en un campo de entrenamiento para los semidioses? Por otra parte, la policía estaría buscando por nosotros.
-No podemos dejarlo aquí- decidí-. Va a estar en problemas.
-Percy es bueno-. Afirmó Ella.
-Ya.- Annabeth adoptó una expresión sombría-. Tenemos que llevárnoslo, no hay duda. Venga, vamos.
No me gusto su manera de decirlo, como si Tyson fuera una enfermedad maligna que requiriera hospitalización urgente.
-Perdón- murmuro Annabeth nuevamente avergonzada.
-No pasa nada-. dijo con una sonrisa Tyson.
Por su parte Odiseo entendía el sentimiento. Y también Grover, que en un pasado pensó así, pero ya no.
Aun así, la seguí hasta el final del callejón. Los tres nos fuimos deslizando a hurtadillas por los callejones del centro, mientras una gran columna de humo se eleva a nuestras espaldas desde el gimnasio de la escuela.
Los que conocían a Percy negaron con la cabeza fingiendo estar exasperados.
-En esas situaciones no puede dejar de fijarse en los detalles- dijo Quirón con una sonrisa.
-Un momento.-Annabeth nos detuvo en la esquina de Thomas y Trimble, y rebuscó en su mochila- Espero que aún me quede alguna.
Su aspecto era incluso peor de lo que me había parecido al principio.
-¡Percy!- chillo Annabeth roja como un tomate por la vergüenza y por la ira.
Thalia rápidamente se levantó para abrazarla tratando de tranquilizarla.
Tenía un corte en la barbilla y un montón de ramitas y hierbas enredadas en su cola de caballo, como si llevara varias noches durmiendo en la intemperie. Los desgarrones del dobladillo de sus vaqueros se parecían sospechosamente a las marcas de unas garras.
Annabeth se tranquilizó dándose cuenta de a qué se refería Percy y maldiciéndose por sacar una conclusión anticipada como siempre. Otra cosa para añadir a lista de cosas mejorar y pedir perdón a su novio.
Atenea palideció preocupada. Después iba a hablar con su hija sobre eso.
-¿Qué estás buscando?-pregunté.
Sonaban sirenas por todas partes. Supuse que no tardarían en pasar más policías por allí delante, en busca de unos delincuentes juveniles especializados en bombardear gimnasios.
-Son buenos cargos- dijo Hermes-. Pero nada como cargos por robo o hurto.
Sus hijos asintieron con seriedad mientras el resto rodaban los ojos.
Seguro que Matt Sloan les había dado una declaración. Probablemente había torcido la historia en torno a que Tyson y yo éramos los caníbales sedientos de sangre.
-Cobarde-. dijo Ares y esta vez nadie lo golpeo ni lo amenazo.
-He encontrado una, gracias a los dioses.
-De nada-. Dijeron a coro Apolo y Hermes con una sonrisa.
Annabeth sacó una moneda de oro que reconocí como una dracma, la moneda del Monte Olimpo. Tenía a Zeus estampado en un lado y el Empire State Building en el otro.
-Como debe ser- dijo Zeus con orgullo.
-Annabeth- le dije-, los taxistas de Nueva York no aceptaran eso.
-Stêthi-gritó en griego antiguo-. ¡Ô hárma diabolês!
-Buena idea- comento Kate. Todos los griegos asintieron.
-A mí no se me habría ocurrido-. dijo Connor.
-Eso no es nada nuevo-se burló su hermano para la gracia de todos, menos la de los romanos que no entendieron nada.
-¿Qué significa eso?- pregunto Reyna expresando el pensamiento de los romanos.
Odiseo siguió leyendo.
Como de costumbre, en el momento en que hablaba en la lengua del Olimpo, de alguna manera lo entendía. Ella había dicho:«Detente, Carro de la Condenación.»
-¿Y que para que dijo eso?- pregunto un hijo de Venus.
-Es como un taxi.
Eso no ayudaba precisamente a que me sintiera muy emocionado por lo que su plan era.
-Yo tampoco lo estaría- dijo Malcolm.
Ella echó la moneda en la calle, pero en vez de caer en el asfalto, la dracma se hundió a través, y desapareció.
Los romanos se inclinaron hacia adelante ansiosos por saber más de los griegos.
Por un momento, no pasó nada.
Luego, poco a poco, en el mismo punto en donde había caído la moneda, el asfalto se oscureció y se fue derritiendo, hasta convertirse en un charco del tamaño de una plaza de parking… un charco lleno de un líquido burbujeante y rojo como la sangre. De allí fue emergiendo un coche.
-Lo que daría porque así pueda aparecer la tarea para el colegio- dijo soñador Leo ante la risa de todos.
Era un taxi, de acuerdo, pero a diferencia de cualquier otro taxi de Nueva York no era amarillo, sino de un gris ahumado. Quiero decir: parecía como si estuviese formado por humo, como si pudieras atravesarlo.
-¿Y esta echo de humo?- pregunto un hijo de Vulcano curioso como el resto de sus hermanos.
-Si- respodio Quirón.
Todos los hijos de Hefesto/Vulcano se pusieron a hacer anotaciones. Su padre los miraba orgulloso mientras su esposa lo miraba a él molesta. A Hefesto ya no le importaba que lo mire así, él también, si su madre lo permitiera, se separaría de Afrodita. Lo que no sabía son las verdaderas razones por las que la diosa de la belleza lo mirara enojada; no se imaginaba que Afrodita no estaba molesta con él sino con ella misma.
Tenía unas palabras escritas en la puerta-algo como HREMNAS SIGRS-, pero mi dislexia me impedía descifrarlas.
-Hermanas Grises- aclararo Annabeth al ver chicos confundidos.
El cristal de la ventanilla del copiloto se bajó y una vieja sacó la cabeza. Unas greñas grisáceas le cubrían los ojos, hablaba raro, farfullando entre dientes, como si acabara de meterse un chute de novocaína.
-Novocaína, Procaína, Bloqueo de novocaína, Manual de redacción Veterinaria quirúrgica MIR, Moscú 1987 MB Plajotin ... - dijo Ella ONU terminando en un susurro.
-¿Cuántos pasajeros?
-Tres al Campamento Mestizo-dijo Annabeth. Abrió la puerta trasera y me indicó que subiera, como si todo aquello fuese normalísimo.
-Ya tendría que estar acostumbrado y además estábamos apurados- recordó la hija de Atenea.
-¡Agg!-chilló la vieja-. No llevamos a esa clase de gente.-Señalaba a Tyson con un dedo huesudo.
¿Qué demonios ocurría? ¿Sería el día del Acoso Nacional a los Chicos Feos y Grandullones?
Todo el mundo frunció el ceño. Tyson agachó la cabeza avergonzado y triste.
-Ganará una buena propina-prometió Annabeth-. Tres dracmas más a llegar.
-¡Hecho!-graznó la vieja.
-¡Así se hace! Me encanta el soborno- dijo Hermes felicitando a Annabeth mientras el resto rodaban los ojos.
Subí al taxi a regañadientes. Tyson se embutió en medio y Annabeth subió la última.
El interior también era gris ahumado, pero parecía bastante sólido; el asiento estaba rajado y lleno de bultos, o sea que no era muy diferente de la mayoría de los taxis. No había un panel de plexiglás que nos separase de la anciana dama que conducía… Un momento… No era una dama.
¿Era un caballero? - Me pregunto "inocentemente" Apolo.
Eran tres las que se apretujaban en el asiento delantero,
-Ahh ...
-Que vos te podas confundir no significa que todos los hombres no sepan distinguir entre hombre y mujer-. dijo entre risas Demeter.
Apolo se moría de vergüenza en su trono al igual que sus hijos.
cada una con el pelo grasiento cubriéndole los ojos, con manos sarmentosas y vestidos de arpillera gris.
Afrodita saco una libreta y empezó a hacer anotaciones para hacerles un cambio de imagen todo incluido.
-¡Long Island!-dijo la que conducía-. ¡Bono por circular fuera del área metropolitana! ¡Ja!
-Codiciosas- murmuro Hera, ya no se acordaba el motivo pero esas viejas le caían mal.
Pisó el acelerador y yo me golpeé la cabeza con el respaldo.
-Auch- se quejaron los graciosos frotándose la cabeza.
Por los altavoces sonó una voz grabada: «Hola, soy Ganímedes, el copero de Zeus, y cuando salgo para comprarle vino al Señor de los Cielos, ¡siempre me abrocho el cinturón!»
Zeus se removió inquieto. Hacía meses que no tenía una charla en privado y a solas con su copero. Esa noche se iba a escapar de Hera para hacerle una visita.
Bajé la vista y encontré una larga cadena negra en lugar de cinturón. Decidí que no estaba tan desesperado... todavía.
-Parecía más seguro no ponérselos- concordó Tyson.
El taxi aceleró en la vuelta de la esquina de West Broadway, y la dama gris, sentada en el medio gritó:
-¡Cuidado! ¡Ve a la izquierda!
-Bueno, ¡si me diera el ojo, Tempestad, pude haber visto eso!
-¿El ojo?- preguntaron como un coro casi todos los romanos.
No tuve tiempo de hacer preguntas porque el conductor se desvió para evitar un camión de reparto de frente, pasó por encima de la acera con un golpe que agita mandíbula, y voló en el bloque siguiente.
-¡Avispa!- la tercera mujer dijo al conductor-. ¡Dame la moneda de la muchacha! Quiero morderla.
-¡Tu mordiste la última vez, Ira! - dijo La conductora, cuyo nombre debe haber sido Avispa- ¡Es mi turno!
-¡No lo es!-gritó la llamada Ira.
-Son iguales a ustedes cuando se pelean- dijo Kate para la risa de todos señalando a los hermanos Stoll mientras estos se morían de vergüenza.
La del medio, Tempestad, gritó:
-¡Luz roja!
-¡Frena! -gritó Septiembre
En cambio, Avispa piso el acelerador y subió a la acera, chillando en torno a otra esquina, y derribó una casilla de periódico. Ella dejo mi estómago en algún lugar en la calle Broome.
-Disculpe- le dije- Pero... ¿puedes ver?
-¡No!- gritó Avispa desde detrás de la rueda.
-¡No!- Tempestad gritó desde la mitad.
-¡Claro que no! -gritó Ira, junto a la ventanilla del copiloto (o del artillero, en las películas).
Mire a Annabeth.
-¿Están ciegas?
―No del todo- dijo Annabeth- Tienen un ojo.
-¿Un Ojo?
-Sí
-¿Cada una?
-No. Uno para las tres.
Algunos romanos asintieron.
A mi lado, Tyson se quejó y se agarró del asiento.
-No me siente tan bien.
-Oh, hombre- le dije, porque yo había visto Tyson mareado en los paseos escolares y no era algo de lo que quisieras estar dentro de cincuenta pies. -Aguanta, grandote. ¿Alguien tiene una bolsa de basura o algo así?
Las tres damas grises estaban demasiado ocupados discutiendo cómo pagar la atención. Miré a Annabeth, aferrándose por su vida, y le di una mirada de ¿Por qué hiciste esto a mí?
Annabeth suspiro recordando lo adorable que le había parecido esa mirada.
-Oye- dijo- Taxi de las Hermanas Grises es la manera más rápida de llegar al campamento.
-Entonces, ¿por qué no lo tomaste desde Virginia?
-Eso es fuera de su área de servicio- dijo, al igual que debería ser obvio.- Sólo sirven en Nueva York y las comunidades circundantes.
-Hemos tenido gente famosa en esta cabina!- exclamó Ira- Jasón ¿Te acuerdas de él?
-Uf si, imposible olvidarse, el mejor viaje de toda mi vida- dijo Jasón con sarcasmo.
-No me lo recuerdes!- se lamentó Avispa- Y no teníamos un coche en ese entonces, tu murciélago viejo. ¡Eso fue hace tres mil años!
-¡Dame el diente! La ira trató de agarrar a la boca de avispa, pero Avispa le aplastó la mano.
Una vez más pensaron con fastidio.
-¡Sólo si me da tempestad el ojo!
-¡No!-gritó Tempestad- ¡Lo tenías ayer!
-¡Pero estoy manejando, vieja bruja!
-Que boquita- murmuro Demeter mientras comía cereal.
-¡Excusas! ¡Gira! ¡Tenías que girar ahí!
Avispa se desvió duro en la calle Delancey, aplastándome entre Tyson y la puerta. Golpeo el gas y se disparó hacia el puente de Williamsburg a setenta millas por hora.
Las tres hermanas estaban peleando en serio ahora, bofetadas unas a otras como Ira trató de agarrar la cara de Avispa y Avispa trató de agarrar a Tempestad. Con su pelo al viento y sus bocas abiertas, gritando la una a la otra, me di cuenta de que ninguna de las hermanas tenía dientes a excepción de avispa, que tenía un incisivo amarillo musgo. En lugar de ojos, sólo se había cerrado, párpados hundidos, a excepción de Ira, que tenía un ojo inyectado en sangre verde que miraba todo con avidez, como si no se cansaba de todo lo que veía.
-¡Puaj!- gritaron las chicas mientras que los chicos se limitaron a hacer una mueca de asco.
-Un momento- interrumpió Artemisa- ya es el momento de cumplir el desafío-. Anunció la diosa de la caza.
-Que se adelanten los campeones- ordeno Zeus.
Frank y Malcom se adelantaron.
-En estos momentos, en una selva del sur de Asia se está por llevar a cabo la cacería de un tigre- explico Artemisa.
Atenea y Poseidón sonrieron, era justo lo que se habían imaginado.
-Los enviare allí y el que mate al tigre gana, así de simple. Podrán llevar solo una arma a elección: una carabina o una daga. No podrán usar ningún poder, solo van a utilizar el conocimiento, la estrategia y la destreza física.
Atenea amplio su sonrisa.
-Elijo la carabina- dijo el hijo de Atenea.
-Y yo quiero la daga- dijo Frank.
Atenea sonrió triunfante, el arma de su hijo era la correcta, de lejos iba a poder dispararle al tigre sin tener que acercarse.
Poseidón también sonrió sabiendo que a veces la lógica no era suficiente. Artemisa estaba sorprendida, ella hubiera elegido la daga, sin contar con que fue muy evidente que le dijo a su hijo que arma usar.
Una vez que se prepararon y después de recibir saludos, consejos y deseos de buena suerte los contrincantes dijeron que estaban listos.
Artemisa hizo un movimiento de manos y los dos desaparecieron. La diosa les indico que fueran a una sala que parecía un cine gigante con una pantalla súper gigante con cientos de butacas. Cuando todos estuvieron acomodados empezaron las apuestas, y para sorpresa de los dioses no se dividieron al apostar como ellos esperaban. Sino que los hijos de Ares y Marte hinchaban por Frank los hijos de Atenea y Minerva hinchaban por Malcolm, y el resto era por simpatía, amistad o como les caían. Los de la profecía de los siete quienes conocían las habilidades de Frank apostaron por él, entre ellos Annabeth para sorpresa y disgusto de su madre y hermanos. Atenea se arrepintió de haber aceptado que su hija este con el engendro del mar, ya que según ella habia bloqueado la inteligencia de su hija y su lealtad porque no solo que Annabeth no quiso ser su campeona sino que encima apostaba a su rival.
En la pantalla se vio una selva espesa.
Ambos se vieron en el linde de un bosque sentados en caballos; miraron a su alrededor y vieron que se acercaban diez cazadores listos para emprender la cacería montados en hermosos corceles y vestidos con ropas lujosas llevando consigo grandes perros.
Ya en el linde del bosque el grupo se dividió y los semidioses los imitaron cada uno por su lado y Frank que montaba un brioso animal, comenzó a internarse solo por un estrecho sendero de la floresta que sin embargo permitía galopar a su animal.
-¡Corre! ¡Corre!- grito Frank azuzando al caballo.
En ese momento el sonar de una trompeta de caza se escucho en medio del bosque.
-¡Han descubierto al tigre…, corre!- apuro Frank.
Como un relámpago atravesó un abierto trozo del bosque y se encontró con media docena de hombres que huían desesperados.
-¿Hacia dónde se escapan?
-¡El tigre, señor!
-¿Dónde?
-Cerca del estanque- y siguieron huyendo.
El hijo de Marte detuvo la cabalgadura y descendió de la silla atando al caballo a un tronco de árbol; se colocó la daga entre los dientes y comenzó a avanzar cautelosamente siguiendo el olor y sus instintos, la información que le habían dado era útil para alguien que conoce la salva, pero tenía una idea.
Cada molécula de su cuerpo le gritaba que se transformara y mate al otro macho, pero él sabía que eso no estaba permitido. Pero aunque no se transforme tenía los instintos de un animal y los siguió.
En el aire percibía el fuerte olor selvático del tigre, tufo característico de los felinos que perdura aún luego de un rato de haber pasado una fiera.
Miro hacia las ramas de los árboles en las cuales podría estar emboscada la alimaña, lista para saltar; pero no, no estaba allí, y siguió con precaución hasta que llegó a la rivera de un gran estanque natural producido por la aguas de las fuertes lluvias y cuya superficie se notaba aún agitada.
-El tigre ha pasado por aquí-murmuro-; se internó en el margen del estanque para que los perros pierdan su rastro.
Pero Frank era un tigre más astuto. Regresó al lugar donde dejo atado el caballo y se dispuso a seguir remontando la orilla del estanque a caballo, cuando percibió otro olor, también de un animal pero ciertamente no de un tigre o de un felino, vio un destello plateado cuando el animal se acercó y lo miro a los ojos; él lo reconoció y cuando le iba a hablar el animal dio la vuelta y desapareció en la floresta.
En el Olimpo la pantalla está dividida en dos, de un lado se ve al hijo de Marte y en el otro lado al hijo de Atenea. En ese momento los ojos de todos están puestos en el hijo de Atenea que se acercaba al tigre; sin ninguna explicación aparente nadie ve el desconcierto de Frank.
Se quedó allí un rato, desconcertado hasta que escucho el sonido de varios disparos.
Reprimiendo una maldición por su imprudes azuzo a su caballo y partió como una exalación hacia el lugar del bosque donde resonaron los disparos.
Trecientos metros adelante estaba Malcolm quien, a pie, avanzaba con la carabina lista para disparar.
Frank se arrojo de su montura y empuño la daga y con un gesto terrible le gritó al hijo de Atenea:
-¡El tigre es mio!
Y se metió audazmente en la floresta, agachándose bajo las ramas de los árboles, con la pupila vigilante y la mano aferrada al puñal. Malcolm, imprudentemente, se había adelantado por el otro flanco y al descubrir al tigre agazapado al pie de un gran árbol, apuntó rápidamente y disparó.
No se había disipado el humo de la pólvora cuando se vio al enorme felino, con las fauces abiertas, describir un gran salto en el aire y caer sobre el imprudente y desprevenido joven, haciéndole rodar por la tierra al impacto de un zarpaso que pudo seccionarle el cuello.
Frank imitó a la fiera en el salto que dio.
-¡Ven a mi que también soy un tigre!- le grito desafiante a la bestia.
El tigre, que se disponía a inmolar a Malcolm, ante la presencia de aquel hombre audaz que lo desafiaba con una mirada que dominaba a la propia, se mantuvo indeciso un instante, suficiente para que Frank, con la daga en la mano, se precipitase sobre él y, rápido como el pensamiento, hundió la setellante hoja de su daga en el corazón de la bestia, que cayó sobre el suelo como fulminada por un rayo.
Con undestello de luz, de pronto todos estaban de nuevo en la sala de tronos del Olimpo.
Una ves pasado el estado de shok se escucho un ¡hura! por parte de los amigos de Frank y en especial de Poseidón.
Atenea no lo podía creer. Había perdido. Poseidón estaba radiante.
Se iso la entrega del dinero a los ganadores y sobre Frank llovieron las felicitaciones y los coqueteos.
Despues de aproximadamente veinte minutos de agetreo se reanudo la lectura.
Por último, Ira, que tenía la ventaja de la vista, logró dar un tirón a los dientes de la boca de su hermana Avispa. Avispa estaba tan molesta que se desvió hacia el borde del puente Williamsburg, gritando:
-¡Damelo de vuelta! ¡Damelo de vuelta!
Tyson se quejó y se agarró el estómago.
-Uh, si alguien está interesad- dije- ¡Vamos a morir!
-No te preocupes- dijo Annabeth aunque sonaba bastante preocupada- Las Hermanas Grises saben lo que están haciendo. Son realmente muy sabias.
Atenea asintió todavía refunfuñando furiosa para la gran diversión de los dioses y algunos semidioses que se atrevían a expresar su risa.
Esto viene de la hija de Atenea, pero no era exactamente tranquilizador. Estábamos rozando el borde de un puente de ciento treinta metros sobre el East River.
-Sí, ¡sabias!- Ira sonrió en el espejo retrovisor, mostrando su diente recién adquirido.
-¡Nosotras sabemos cosas!
-¡Todas las calles de Manhattan!- se jactó Avispa, todavía golpeando a su hermana-. ¡La capital de Nepal!
-¡La ubicación que buscas!- agrego Tempestad.
Todos, menos los que sabían a que se refería, fruncieron el ceño, confusos.
Inmediatamente sus hermanas la golpearon por ambos lados, gritando:
-¡Cállate! ¡Cállate! ¡Ni siquiera a preguntado todavía!
"¿Qué?" -Dije. "¿Qué lugar? Yo no busco ningún-"
-¡Nada!- dijo Tempestad- Tienes razón, hijo ¡No es nada!"
-Dime.
-¡No!- todas ellas gritaron.
-La última vez que dijimos, ¡fue horrible!- dijo Tempestad.
-¡El ojo fue tiró en un lago!- de acordó Ira.
-Pobrecitas- se lamentó sinceramente Rachel.
-¡Años para encontrarlo de nuevo!- Avispa gimió- Y hablando de eso, dámelo de vuelta.
-¡No! -gritó Ira.
-¡Ojo - Grito Avispa. ¡Damelo!
-Se parecen a ustedes dos- dijo Apolo señalando a Poseidón y Atenea mientras estos lo fulminaban con la mirada.
Le pegó a su hermana ira en la espalda. Hubo un pop enfermizo y algo salió volando de la cara de Ira. Ira a tientas, tratando de cogerlo, pero sólo logró lanzarlo con el dorso de la mano. El orbe verde viscoso navegó por encima del hombro, en el asiento trasero, y directamente en mi regazo.
-¡Puag!- no pudieron evitar gritar hasta los chicos.
Salté tan fuerte, que mi cabeza golpeo en el techo y el globo ocular se alejó.
-¡No puedo ver!- las tres hermanas gritaron.
-¡Dame el ojo!- se lamentó Avispa.
-¡Dale El Ojo! - Grito Annabeth.
-¡Yo no lo tengo!- Dije.
-Ahí, por tu pie- dijo Annabeth- ¡No lo pises! ¡Agárralo!
-¡No estoy recogiendo eso!
El taxi se estrelló contra la baranda y se deslizó junto con un chirrido horrible. El coche entero se estremeció, echando humo gris como si estuviera a punto de disolver la tensión.
-¡Voy a vomitar! - advirtió Tyson.
-¡Annabeth!- grite- ¡vamos deja a Tyson usar la mochila!
-¿Estás loco? Agarra el ojo.
Avispa arrancó la rueda, y el taxi se desvió de la regleta. Nos precipitamos por el puente Brooklyn, va más rápido que cualquier taxi humano. Las Hermanas Grises gritaron y se golpearon unas a otras y gritaron por su ojo.
Al final controle mis nervios. Me arranque un pedazo de mi teñida camiseta, que ya se estaba cayendo por todas las marcas de quemaduras, y lo utilice para recoger el ojo del piso.
-¡Buen Chico!- Gritó Ira, como si de alguna manera supiera que yo tenía su ojo desaparecido.
-Mejor no saber cómo se dio cuenta- dijo Quirón y todos asintieron con un estremecimiento.
-¡Dámelo de vuelta!
-No hasta que expliques- le dije- ¿De qué estaban hablando, el lugar que busco?
-¡No hay tiempo!- exclamo Tempestad- ¡Acelera!
Miré por la ventana. Efectivamente, los árboles y los coches y barrios enteros eran ahora, en una mancha gris. Ya estábamos fuera de Brooklyn, Andando por el centro de Long Island.
-Percy- advirtió Annabeth- no pueden encontrar nuestro destino sin el ojo. Tenemos que seguir acelerando hasta que nos rompamos en mil pedazos.
-Primero tienes que decirme- le dije- O abriré la ventana y lanzare el ojo hacia el tráfico.
-¡No!- las Hermanas Grises se lamentaron. ¡Es demasiado peligroso!
-Estoy rodando por la ventana.
-¡Espera!- gritaron las Hermanas Grises- ¡30, 31, 75, 12!
Poseidón empalideció relacionando el título del libro y las coordenadas. Miro a Grover interrogante, este solo asintió imperceptiblemente. El dios del mar comenzó a morderse las uñas.
Los soltaron como si fuera un mariscal diciendo una jugada.
-¿Qué quieren decir?- les dije- ¡Eso no tiene sentido!
-¡30, 31, 75, 12!- dijo Ira- Eso es todo lo que puedo decir. ¡Ahora danos el ojo! ¡Casi estamos en el campamento!
-¡Dáselo!- gritaron todos en la sala.
Estábamos fuera de la carretera actual, que penetra rápidamente en el campo del norte de Long Island. Pude ver la Colina Mestiza delante de nosotros, con su gigantesco árbol de pino en la cresta, el árbol de Thalia, que contenía la fuerza de vida o de un héroe caído.
-¡Percy!- dijo Annabeth con más urgencia- ¡Dales el ojo ahora!
Decidí no discutir. Tiré el ojo en el regazo de Avispa.
La vieja lo cogió, la empujó en su cuenca de los ojos como si alguien de poner en un lente de contacto, y parpadeó:
-¡Whoa!
Ella pisó el freno. El taxi giró cuatro o cinco veces en una nube de humo y se detuvo a su fin en medio de la carretera de la granja en la base de la Colina Mestiza.
Tyson soltó un eructo enorme.
Afrodita miro mal al ciclope.
-Mejor ahora.
-Muy bien- les dije a las Hermanas Grises- Ahora, dime qué significan esos números.
-¡No hay tiempo!-. Annabeth abrió la puerta-. Tenemos que salir ahora.
Estaba a punto de preguntar por qué, cuando mire a la colina del Campamento y entendí.
En la cresta de la colina había un grupo de campistas. Y que estaban bajo ataque.
Todo el mudo puso cara de horror, menos Octavio que sonrió maliciosamente, feliz.
Aqui esta el tercer capítulo... Mil perdones por la tardanza pero estaba con fiebre, dolor de cabeza y esas cosas, y bueno no estaba como para escribir; pero bueno este cap tiene mal de 6 mil palabras, espero que el largo compense.
Bueno quireo hacer algunas aclaraciones para responer algunos MP que no pude contestar:
A los heroes antiguos no lo iba a poner pero mi amiga/hermana insistio tanto que los puse, asi que no tengo planeado mucho para ellos, salvo Hércules.
Y hablando de Hercules, decidi que le gustara Nico para poner un poco de drama y eso, nada mas.
Con respecto a la descripcion de Frank la puse igual que el libro porque el mismo persoj¿naje y no da que cambie el fisico.
Varios me preguntaron porque clasifeque mi historia como T, bueno pasa que va a haber escena algo subidas de todo, no llegan a M, pero si va a haber insinuaciones de sexo aunque no muy descriptibas. En el siguiente capitulo va a haber una y capas la hago con clasificación M nose, lo voy a pensar.
Perdon por los errores de ortografia y gramatica que seguro hay, la verdad todabia no me siento del todo bien como para ponerme a corregir.
En fin espero que hayan disfrutado del capítuloy si me pueden decir que les pareció… mejor!
Saludos y hasta la proxima,
ΨΨ HaydeeDantes ΨΨ
