Capítulo 12

"Perderme en Sakura"

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SASUKE

Atravesé el portal, cayendo con brusquedad sobre la hierba con Sakura sobre mí y Naruto a nuestro lado; me hubiese parecido que era uno de los viejos campamentos que sosteníamos hacía años bajo la luz de la luna cuando Sakura era todavía más alta que Naruto.

Pero no había nada que rememorar cuando un olor a carne y ropas quemadas me inundó las fosas nasales, alarmado examiné primero a Sakura pero no tenía nada además de aquel horrible corte en la pierna que le traté enseguida con la torpe y poca noción de primeros auxilios que retenía en la memoria; luego miré a Naruto y abrí los ojos entre sorprendido y alarmado… mi mejor amigo tenía la parte izquierda del cuerpo totalmente calcinada.

Sin saber realmente lo que hacía, lo giré para verle el rostro, pequeños espasmos de dolor deformaban sus facciones inconscientes y su normalmente gesto festivo estaba contraído y tembloroso; la mitad de la piel en su tórax se había ido dejando ver el blanco del hueso y los órganos dentro, latiendo rojos a la luz de la luna.

Ni yo lo había dejado en un estado tan maltrecho.

De golpe consciente que ésta vez sí que estaba en peligro, me giré para ver a Sakura… cuya piel medio amoratada significaba que tenía problemas para respirar.

Sólo Sakura podía salvar a Naruto…

-¡Sakura!- grité alzándole el rostro y tomándole los labios para darle respiración artificial.

Estaba fría y una estúpida sensación de temor comenzaba a tomar control de mis pulmones, por mi propio mal juicio y dureza de carácter, los dos seres que más me importaban en el mundo estaban…

Sakura reaccionó a los pocos momentos, tosiendo y haciendo arcadas, distinguió mi silueta y sin saber muy bien que pasaba, me arrojó contra un árbol, sacándome el aire.

Emití un sonido patético, mezcla de dolor y desconcierto.

-Sa..su..ke…- balbuceó confundida, tomándose la herida en la pierna.

Por toda respuesta, señalé hacia el bulto informe que era Naruto y sus ojos color esmeralda centellearon de alarma. Arrastrando su pierna tras ella, se deslizó junto a él y como una madre que acoge a su hijo herido, comenzó a tratarle las heridas haciéndome meditar en cuantas veces a lo largo de sus vidas, sin estar yo presente, habían repetido aquella misma escena.

Mi dulce y tierna compañera atendiéndole antes de curarse ella misma.

La herida era fresca y consiguió cerrarla hasta que pareció que nunca había estado allí. Permanecí de pie mirándola… su pelo de cerezo revoloteando con un ligero vaivén y su piel de crema que se pintaba de jade con el chackra sanador de sus manos.

Aspirando, extraje el pergamino que traje conmigo del templo Uchiha, ya no vacilaría en esto. Semejante a muchas otras etapas en mi oscura vida, lo mejor era asegurarse; después podría hablar con Naruto y preguntarle sobre qué es lo que le había atacado dejándole en aquel estado lamentable. Pero ahora, mirando a Sakura, miles de luces se encendieron de pronto y fue como si todas las vidas Uchiha que una vez se apagaron, se avivasen en el momento en que caminé hacia ella extendiendo el pergamino.

-Leélo.

Ella giró el rostro y sus pupilas, encendidas vivamente, acariciaron el papel, aún sin desenrollar.

-En voz alta- pedí mientras se ponía de pie con dificultad debido a la herida, aunque en aquel momento nos olvidamos de ella.

Su mirada abrasada me recorrió el rostro, firme como el de una estatua aunque el suyo estuviese marcado por mil emociones que me costaba trabajo enumerar debido a la intensidad: sopresa, ansiedad, cariño, amor y deseo…

De a poco desenrolló el pergamino y empezó a leer, y las palabras, reservadas solo a oídos Uchiha hasta ése momento, hicieron que las estrellas brillasen más fuerte y que los grillos en la noche guardaran silencio; Naruto, respirando plácidamente a nuestro lado también se desvaneció entre ella y yo.

A largo de la vida, había escuchado aquellas mismas palabras en innumerables alianzas a las que mi padre, por ser el jefe del clan, daba su beneplácito y aunque no era obligatorio, era ciertamente mal visto que los Uchiha contrajesen alianza fuera del mismo clan, manteniendo la pureza del linaje y a portadores del Sharingan dentro de la propia familia. Y los que no lo hacían eran libres de formular sus propias promesas de alianza, dejando la contenida en el pergamino para uso exclusivo de los Uchiha, porque nadie como ellos guardaba, como pilas de oro y tesoros, el amor benevolente, el de amistad y también el amor conyugal.

Así pues la mujer frente a mí era la primera extranjera que pronunciaba ésas palabras y yo, como único Uchiha sobre la Tierra era a la vez asamblea, testigo y pareja. La cadencia de su voz se volvía temblorosa en ocasiones y se veía obligada a parpadear para acallar el latido desbocado de su corazón, al que yo adivinaba a punto de salírsele del pecho, cuidadosamente cubierto por el batín de seda blanca y el haori negro; dándole la apariencia de una dulce tennyo que viniese del cielo a desposar a algún valiente guerrero.

Pero no había ningún guerrero, ni valiente, ni siquiera honorable, sólo era yo.

Sasuke Uchiha, a punto recibir a alguien en una casa cuyas puertas nunca habría franqueado a nadie que no fuese ella, porque Sasuke Uchiha fue demasiado egoísta para dejarla ir y que formase su vida con otro hombre, porque fue lo suficientemente avaro para tenerla pendiendo de un hilo toda su vida, sin posibilidad de darle un no definitivo y dándole enigmas que la orillaron a siempre esperarme.

Y sin embargo allí, en aquel claro donde la besé por primera vez, me di cuenta de que nunca hubiese podido dejarla ir.

Antes la habría matado.

Y vi también que de haberse cumplido mi ambición de quedar solo después de matar a Naruto, tal vez también iría en caza de Sakura, para que el acibarado recuerdo de un amor perdido me torturase solo a mí.

Los pómulos elevados de Sakura estaban furiosamente sonrosados, sus antepasados eran definitivamente del norte, nunca me había parecido tan radiante, sin todos los adornos de boda y pretensiones de modas que pasaban tan rápido como los años de una vida.

Ante su extraña belleza, cerré un momento los ojos y saboreé con milagroso disimulo cada una de sus palabras; incluso su acento sureño del que nunca me había percatado, me sonaba exótico y familiar; como cuando mi madre solía cantarnos a Itachi y a mi, las hazañas de Izanagi durante las frías noches de invierno.

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No puedes poseerme, pues soy mi dueña,

Pero mientras ambos lo deseemos, te doy lo que es mío para dar

No puedes ordenarme, pues soy libre

Pero allí estaré, de aquel modo en que lo necesites,

Y la miel del panal sabrá más dulce servida de mi mano

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Prometo que tuyo será el nombre que gritaré por las noches

Y tuyos los ojos a los que daré mi sonrisa en la aurora

Prometo darte el primer bocado de mi mesa

Y el primer sorbo de mi copa

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Te prometo y doy mi vivir y morir, ambos igualmente bajo tu custodia

Seré el escudo a tus espaldas y la katana a tus caderas

Te honraré sobre todos los demás

Y al estar en desacuerdo, será entre tú y yo

Porque entre tú y yo es ésta alianza

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Este es mi juramento

La alianza de los iguales

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Sakura me extendió el pergamino para que yo leyese el juramento que complementaba el suyo; le tomé las estilizadas manos con la mía y lo recité de memoria. El papel cayó entre nosotros, pintándose en la sangre de su herida sobre la hierba, sobre las flores silvestres.

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No sentirás la lluvia, porque yo seré tu cobijo

No sentirás el frío, porque yo seré tu calor

No sentirás lo que es estar sola,

Porque de uno, seremos dos

De dos destinos, hay un solo camino

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Que nunca haya mentira, robo, bebida o engaño.

Pero si debes robar, llévate mis penas

Si debes mentir, miente a la luna y yazcamos entrelazados cada noche

Si debes engañar, hazlo a la muerte, y que llegue para ambos al mismo atardecer

Y si debes beber,

Bebe conmigo, en éstos instantes que nos roban el aliento.

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SAKURA

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Guardamos un momento de silencio para serenarnos después de lo que yo sabía que acababa de hacer… me había casado con él.

-Supongo que ahora bebemos sake, pero…

-Sí, es algo frugal. Afortunadamente no es requisito para validez- dijo escuetamente y luego me miró fijamente, -Cúrate la herida.

Obedecí con lentitud, dándome un momento para pensar…

¡Dios mío! Quería gritar, sentir el universo sobre mí, él se inclinó para examinar a Naruto. ¿Qué haríamos ahora? ¿A dónde iríamos? No sabía, ni me importaba porque en ése instante álgido podía permitirme no pensar en nada más que en el hecho de estar con Sasuke.

-Te amo- le solté y él alzó su atractivo rostro de inmediato; y yo, totalmente arrebolada pero firme, sin castañear la mirada ni acobardar el gesto, supe que eran mis primeras palabras después de haberme convertido en su esposa.

Parpadeó para recuperar su admirable compostura que me enorgullecía haber roto por un segundo y se disponía a responder cuando Naruto reaccionó.

-¡Sasuke!- exclamó, la lengua se le debía de haber entumecido porque sonaba mal pronunciado, -¡Sakura! Tengo que- - gritó tratando de incorporarse para tomarme las manos, pero tropezó y depositó la cara sobre el pergamino Uchiha que yo había dejado caer sobre el pasto.

-Naruto, ¡no—exclamé con sobresalto, pero mi amigo ya estaba leyendo el papel.

Sasuke se encogió de hombros como quien dice que era inevitable y soporté el rostro boquiabierto y los ojos ferozmente azules que nos miraban en una extraña mezcla de orgullo, fascinación y maravilla como niño que ve a una mariposa eclosionar.

Pero luego sacudió la cabeza y de todos modos me tomó las manos.

-Saben que les deseo mis más fervientes felicitaciones- su tono repentinamente serio me extrañó, ¿Naruto no estaba emocionado más allá de las palabras por la alianza de sus mejores amigos?, -Volveré mañana al medio día para darte algo Sakura, en éste mismo punto. Me imagino que no dormirán mucho ésta noche- sostuve las ganas de soltarle un cachete y solo pude tragar saliva, avergonzada, -Pero mañana necesito hablarte, y a ti también, ingrato.

-¿Qué fue lo que te atacó?- Sasuke como siempre, no perdía la concentración en el relieve de las cosas.

-Parte de lo que les diré mañana- anunció y con esto, Naruto, al que no había visto en meses, se desvaneció del claro, activando su Modo Sennin para alejarse lo más rápido posible.

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Por primera vez, quedé frente a frente con mi marido.

Y no supe qué decir, Sasuke se acercó y juntos nos sumergimos en un mar de sensaciones.

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NARUTO

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No estaba lo suficientemente lejos todavía de aquel par cuando, gracias al chackra de Sennin percibí sus agitados chackras se hundieron en una especie de extraño remolino embravecido y casi pude oír el giro de la pupila de Sasuke al activar el Sharingan.

-Espero que no la mate…-

-Eres un pervertido Naruto- escuché el desprecio en Kurama, -Seas el héroe de todo el mundo, sigues siendo el niño al que pillaban en los baños de mujeres en los barrios de Konoha-

-Claro que no, no es mi culpa que ése estúpido no esperara a que me alejase lo suficiente- dije sin remordimiento, -Es curioso…-murmuré.

-¿El qué?- preguntó fastidiado, -¿Sus siluetas a la distancia, maldito cerdo?- se burló.

-No, que ni siquiera Sasuke pueda controlar su doujutsu…

-Por supuesto que no, por si no lo recuerdas la atención de uno durante esos momentos suele desviarse, tú por ejemplo…

-¡Ya está bien!- no necesitaba otro de sus sermones sobre cómo podía colocar una barrera entre Kurama y yo cuando pasaba tiempo a solas con mi propia esposa.

-Por lo menos Sasuke no tiene entrometidos espectadores dentro dándole la lata- apunté molesto, sentándome al fin sobre la gruesa rama de un árbol elevado para pasar el resto de la noche.

-¿No me digas? ¿Pero tú te pintas o qué? No creo que sea muy honesto usar el Sennin de excusa para disfrutar del espectáculo a la distancia-

Por toda respuesta, desactivé el senjutsu.

-Ya está ¿tranquilo?

-Tú dime.

Puse los ojos en blanco y miré el cielo estrellado cuyo horizonte comenzaba a clarearse poco a poco.

-Kurama, ¿viste el rumbo que tomó Aoi no Bara?

-¿Antes de que te atacara o después?

-Deja de burlarte. Sabes perfectamente que si me hubiese defendido, no hubieran cruzado el portal a tiempo- le espeté

-Hacia el Norte- respondió él confirmando mis sospechas.

-¿Crees que se reúna con esos locos?- pregunté sin realmente esperar respuesta alguna, -El norte…- no sabía porque me sentía como el centinela que guarda el castillo en espera de la armada que ha de venir a atacar…

-Sí, la tierra de los Haruno- completó Kurama como quien anunciase la peor catástrofe.

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SAKURA

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Una melodía acelerada, una vela en medio del pastel de cumpleaños, una canción que no acaba. Me parecía ser la princesa que por fin despierta de su letargo, pues lo que había experimentado hasta entonces no era la verdadera vida, no hasta que él se posó en mí; llenando no sólo mi cuerpo sino toda mi palpitante existencia.

Aquello era mucho más que nada, pero no se reducía a todo… era la confirmación de que éramos sólo nosotros dos y que en ése momento, Sasuke realmente perdió toda la compostura, todo el control, todas las máscaras cayeron al suelo junto a la hierba que se hundía bajo nuestro peso; se presentó en toda su hermosa vulnerabilidad y yo le acogí en medio de mí. Abrazando en mis labios, en mi corazón, en mi vientre, todo de él mientras él veía todo de mí.

Sasuke, Sasuke, Sasuke… ya no eres un susurro desesperado en noches solitarias, sino aquella persona que… que…

No podía encontrarle nombre, porque él era realmente Él. Mío, porque él me lo había dicho quedo al oído cuando creyó que ya dormía. En su modo particular de decir sus sentimientos de forma tan plana y escondida que parecía como si uno escuchara la lluvia caer si no se prestaba suficiente atención.

El batín de seda había quedado inservible, así que sólo use la minúscula faja para sujetarme el haori negro, pero necesitaba ropa de verdad urgentemente. Apenas había terminado de medio arreglarme el pelo cuando Sasuke volvió del arroyo.

-No te pusiste el poncho- observó viendo la prenda sobre la que habíamos dormido con ojo inquisidor.

-Estaba a punto de hacerlo.

-Bien- observó asintiendo, no necesitaba su mirada oscura sobre mí para darme cuenta que con el haori medio transparente ofrecía una vista aceptable sólo para mi esposo.

-Buenos días, por cierto- dije fiel a la costumbre de saludarle, aún antes de que nos casáramos, en los viajes juntos.

Me miró con una expresión que no supe descifrar, pero fue suficiente para que sintiese sobre la cabeza un chaparrón de estrellas.

-Naruto estará aquí pronto- anunció y fue mi turno de asentir, yo también distinguía su chakra y con rapidez me deslicé el poncho por encima.

Me estaba enorme y me valió una mirada pícara por parte de Naruto, Sasuke permaneció estoico.

-¿De qué querías hablarnos ayer?- pregunté por variar el tema que vagaba por su cabeza.

-De Aoi no Bara.

Sentí a Sasuke tensarse junto a mí.

-¿Eso fue lo que te atacó?- inquirió.

-Sí- sus ojos se giraron hacia mi, -Voló hacia el Norte.

Entonces fue mi turno de tensarme, dado mi historial en el condenado continente de la magia sin chackra no pude evitar un involuntario escalofrío.

Pero Sasuke no se alteró.

-Así que…

-Supongo que habrá que volver a Konoha a esperar nuevas instrucciones… y otra cosa Sakura.

Alcé la cabeza.

-Es tu padre…

Me entristecí pero me esperaba la noticia, al marcharme de Konoha me despedí de mi pobre padre en coma y dejé lo suficiente a mi madre para poder seguir en caso de suceder lo peor, ella aceptando dócilmente que la condición de papá no podía anclarme a la aldea el resto de mi vida.

-Falleció.

-Sí- concedió palmeándome el hombro.

La mirada de mi esposo me envolvió sin decir ni una palabra, en mudo consuelo.

-Pero, con lo que pasó con tu papá, tu familia…

Me ericé.

-Te está buscando- puntualizó.

Aquello no me agradó.

Nada.

-Sakura, sé que escapamos por los pelos la última vez; Kakashi no te va a obligar a nada, pero… con tu padre fallecido.

-Soy la única que puede mantenerlos fuera del territorio de las cinco naciones.

-Están locos de atar Sakura- me recordó cómicamente, como siempre tratando de aligerar la situación con algún comentario que quitara la carga traumática que había tenido hacía más de 10 años.

-Sí, bueno… de alguien lo heredé- dije, siguiéndole la corriente y tratando de sonreír.

-¿Algo que quieras decirme?- intervino Sasuke frunciendo el ceño.

-Sí- dije tímidamente.

-¿Qué no era información clasificada?- se burló Naruto preparándose para partir, a sabiendas que Sasuke se acabaría enterando de todos modos, -Me adelanto, es una historia que me bastó con vivir para escucharla otra vez. Iré a poner al corriente a Kakashi- declaró, marchándose tan pronto como había llegado.

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-Así que vienes del norte- aseveró Sasuke mientras corríamos son prisa por el bosque, consciente que el haori no me dejaría correr por lo árboles.

-No exactamente, yo nací en Konoha pero… me temo que mis padres sí que son del Norte.

-Lo dices como si fuera un nombre propio.

-Bueno, es un continente al otro lado del océano Rakka, más allá de las islas más septentrionales donde los ninjas tengan alguna clase de presencia, el nombre de la tierra es Kita y en común sí se llama Norte. Hace años estaban en guerra y por la cara de Naruto supongo que están igual.

-Dímelo todo- demandó.

Suspiré, el viaje a casa sería largo y salpicado de historias desagradables… en verdad ya no habría nada que ocultarle a Sasuke después de aquello. Pero no importaba, si me lo pedía, me habría perdido en él.

-Hace tiempo, Kita o el Norte, era un continente unificado en 4 Ookoku, reinos, y aunque seguían un sistema feudal como el nuestro, en realidad cada uno era gobernado por una sola familia, servida a su vez por clanes menores. Al mismo tiempo, la capital donde gobernaba el emperador de todo el Norte, provenía también de una quinta familia: Shiki no Kazoku o la familia de las Estaciones; todo esto funcionó perfectamente durante 3 sigloes, y entonces, hace 20 años, estalló la primera guerra civil: Akashimo Senso, la guerra de la Escarcha Escarlata; porque Shiki Seishiro, príncipe de Kita, secuestró a la entonces princesa del feudo a la primavera.

-¿Y eso explotó la guerra porque…?

-Porque Shiki Seishiro ya estaba casado con Kankino Seina, una mujer de un clan menor y tenía dos hijos… por no mencionar que Kaoru estaba comprometida con el príncipe del feudo al invierno: Fuyuno Ran. El rey, padre de Seishiro, famoso por su crueldad e incapacitado por la vejez hizo matar al padre y al hermano mayor de la princesa cuando éstos fueron a la capital a presentar inconformismo por el modo vil en que su hija y hermana respectivamente, había sido tratada… los quemó en una hoguera dentro de la misma sala del trono.

-Fábulas Sakura

Me encogí de hombros.

-Yo también lo creía hasta que les conocí a todos hace 15 años y volví a verles hace 10.

Entonces sí que se sorprendió, pero no dijo nada, ni siquiera varió su elegante ritmo al andar.

-Te preguntas porqué alguien como yo tendría conexión con personas así…- su perfil adónico hizo una afirmación. –La princesa de la primavera era Haruno Kaoru, hermana de mi padre, Haruno Kizashi; y mi madre es Mebuki no Aki, hija natural del señor del feudo del otoño; huyó con mi padre del Norte cuando él se negó a casarse con su propia prima para mantener la integridad de los Haruno dentro de la familia; fue entonces cuando llegaron a Konoha.

-Sigue sin parecerme lógico en incluso estúpido el que Naruto se haya amedrentado tanto- comentó con genuina curiosidad.

-Cualquier ninja lo haría si descubre de pronto que no tiene acceso a su chackra.

-¿Qué quieres decir?

-En el Norte el chackra no existe- expliqué mientras entrábamos en el territorio del País del Fuego, -en su lugar ocupan magia.

-También animales que consideraríamos prehistóricos- acompleté, hablar mientras andaba no era una buena decisión después de haber dormido tan poco.

-Tales como dragones.

-Sí- confirmé mirando el suelo, -Los dragones azules son el emblema del clan Fuyuno, señores del feudo de invierno.

-Descansemos un poco- dijo mientras me señalaba una gran roca para apoyarme; cosa que le agradecí en silencio mientras procuraba olvidar por un momento, el mar de problemas en el que me había dejado mi padre, los cuales él había intentado salvar o aplazar durante toda la vida, a mis espaldas… y pensé con cierta amargura que si él no había podido, poco había que yo pudiese hacer.

Me obligué a prestar un poco de más optimismo y miré a aquel a quien había elegido para formar mi propia familia.

Por lo menos no estaba sola…

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Fiu! Mil gracias a toda la gente bonita que esperó con paciencia y conmigo XD todo el camino hasta el final de éste fic.

Ésta es la última entrega de "Perderme en Sakura" y vamos arrancando para continuar con "Canción de Sakura", un three-shot para ir calentando antes de viajar al Norte! yay! si veo que todo ésto tiene algún futuro, entonces desarrollaré las ideas ya escritas para lo que sigue ;)

Beso y abrazo muy grande a todas aquellas personas que me han dejado comentarios, follow y favorite click, retroalimentación, etc.

Y los reviews los responderé muy pronto... bueno... al primer capítulo del próximo fic.

Muchas gracias y nos estamos leyendo ;)