Disclaimer: los personajes de PJ son propiedad de Rick Riordan.
Capítulo № 4: Tyson juega con fuego
Todo el mudo puso cara de horror, menos Octavio que sonrió maliciosamente, feliz.
-Bueno, ¿ya es hora de la comida?- pregunto Hades- tengo hambre.
-Está bien, vamos a comer-. Dijo Zeus procurando sonar molesto y poniendo los ojos en blanco, pero la verdad es que él también tenía hambre.
Esta vez Malcolm y Frank fueron el centro de atención.
Los únicos que sabían del don de familia heredado de generación a generación hasta Frank eran Hazel y Jason. Hazel por la misión que tuvieron para rescatar a la muerte y Jason por su misión a Grecia. Los griegos solo lo conocían desde que las Moiras los juntaron en el Olimpo y los romanos no se habían dado cuenta; a pesar de que Frank había cambiado de forma durante el ataque al Campamento Júpiter y habían visto al águila, al elefante y a la comadreja, nunca lo relacionaron con Frank, solo algunos habían visto al águila transformarse en el hijo de Marte, lo relacionaron con alguna bendición de su padre.
Ahora la imagen de Frank había ascendido a los ojos de todos. Al parecer, cuando se trataba de casería o lucha Zhang no era tan torpe o inútil como pensaban; había mostrado inteligencia, agilidad (una sorprendente agilidad), destreza, y unos muy buenos instintos. Y estaban bastantes sorprendidos por la mirada dura, fría, desafiante y amenazadora que tenía en sus ojos cuando se enfrentó al tigre. Frank Zhang podía ser aterrador cuando se lo proponía.
Hazel estaba sorprendida por este nuevo Frank, era un Frank seguro de sí mismo, pero al mismo tiempo seguía siendo el mismo, el mismo chico tímido, inseguro y torpe del que se había enamorado.
Para todos los dioses ya era obvio que el hijo de Marte era descendiente de Pilos. Ares por supuesto siempre lo supo, Emily Zhang era una de las pocas mortales que había llegado a querer y realmente se puso muy contento cuando supo que estaba embarazada, el niño sin dudas iba a ser poderoso; solo ahora cayo en la cuenta de que ese poder marcaba un destino terrible a su hijo porque mucho tiene un precio.
Por otra parte todos estaban de acuerdo en que Malcolm había estado muy bien. Sus amigos le dijeron que no se sienta mal y que no se preocupe, porque todos entendían y sabían que Atenea había tenido la culpa al presionarlo y decidir por él. Por su parte Malcolm estaba enojado consigo mismo: había decepcionado a su madre y estaba seguro de que ella no le iba a perdonar que perdiera, también sabía que su madre hubiera preferido que Annabeth fuera su campeona y eso no hacía más que deprimirlo aún más.
Atenea todavía no podía creer que no se hubiera dado cuenta antes del don de Frank y se maldecía por eso. Había caído en su propia trampa. Si tan solo Annabeth hubiera participado quizá podría haber ganado, pero no, tenía que estar del lado de Poseidón gracias al engendro de su hijo. Estaba mortalmente humillada y eso no se iba a quedar a quedar así.
Mientras tanto Grover era el único ajeno a todo el alboroto que había generado la competencia, es más casi no la había visto. Desde que Percy desapareció, recién ahora estaba sintiendo algo por su conexión por empatía que era directo de Percy y no lo que sentían los que pensaban en él. Esto era algo relacionado con su amigo al igual que antes, pero todavía no estaba muy seguro de que era exactamente o que significaba.
Cuando por fin terminaron de comer volvieron a la sala del trono para seguir leyendo y Frank tuvo el honor de leer.
Tyson juega con fuego.
Muchos se estremecieron recordando esos días y la desesperación con la que habían vivido hasta que las barreras fueron restauradas.
En cuestión de mitología, hay una cosa que odio aún más que los tríos de viejas damas: los toros.
-¿Odia a las Parcas?- preguntaron varios dioses a la vez, sumamente sorprendidos.
-Debe ser porque le mostraron como cortaban un hilo de vida, y en ese momento pensaba que la vida que habían cortado era la suya-. Respondió Grover encogiéndose de hombros.
Todos estaban sorprendidos y admirados, incluso Annabeth que no sabía esto. Un nuevo respeto (mayor si es posible que el que ya le tenían), nació en los corazones de la mayoría hacia Percy. Nadie odiaba a las Parcas. Todos les temían, hasta los dioses. Nadie se atrevía a tener ningún sentimiento hostil o muy negativo hacia las tres hermanas. Pero al parecer este héroe sí; eso era algo sumamente valiente o algo muy estúpido. Los más cercanos a Percy pensaban que era las dos cosas, el resto pensaban que era la primera opción, en especial los más chicos. Incluso Zeus y Ares, aunque no lo admitan estaban admirados
Es obvio decir que Octavio, Hércules ni Atenea se sintieron así, esto solo los enojo más.
El verano anterior había combatido con el Minotauro en la cima de la colina Mestiza. Pero lo que vi allá arriba esta vez era peor; había dos toros, y no toros cualesquiera, sino de bronce y del tamaño de elefantes. Y por si fuera poco, echaban fuego por la boca.
Octavio sonrió esperanzado, esperando escuchar el relato de como destrozaban el Campamento de los miserables griegos.
Heracles sonrió triunfante, pensando que por fin le iban a dar una paliza a ese mequetrefe.
En cuanto nos apeamos, las Hermanas Grises salieron a escape en dirección a Nueva York, donde la vida debía de ser más tranquila. Ni siquiera aguardaron a recibir los tres dracmas de propina. Se limitaron a dejarnos a un lado del camino.
-Qué suerte- comento Travis-. Al menos el viaje fue gratis.
Allí estábamos: Annabeth, con su mochila y su cuchillo por todo equipaje, y Tyson y yo, todavía con la ropa de gimnasia chamuscada.
-Listos para la batalla-. Dijo Will para aligerar la tensión. Muchos rieron imaginándose la escena.
—Oh, dioses —dije Annabeth observando la batalla, que perseguía con furia en la colina.
Lo que más me inquietaba no eran los toros en sí mismos, ni los diez héroes con armadura completa tratando de salvar sus traseros chapados en bronce.
Nadie pudo evitar reírse a carcajadas, secándose las lágrimas.
Lo que me preocupaba era que les toros corrían por toda la colina, incluso por el otro lado del pino. Aquello no era posible. Los límites mágicos del campamento impedían que les monstruos pasasen más allá del árbol de Thalia. Sin embargo, los toros metálicos lo hacían sin problemas.
Se hizo el silencio. Los dioses fruncieron el ceño preocupados, pensando que podría haber sucedido.
Los campistas griegos nuevos y que no sabían sobre eso estaban sorprendidos ¿Cómo era posible que las barreras fallaran?, después se horrorizaron pensando en las consecuencias que eso acarrearía.
Los romanos miraron preocupados, aunque también estaban un poco contrariados, en otros tiempos habrían estado felices de que el campamento griego este indefenso y estarían armando planes para atacarlos. Pero ahora no. Su nuevo pretor es griego y ahora conocían a los griegos y se estaban haciendo amigos. Claro que esto no podría haber pasado sin el hijo de Poseidón. Todos sabían que si los romanos aceptaron a los griegos es porque antes aceptaron a Percy. Si antes no hubieran conocido a Percy, si antes Percy no los hubiera salvado, esta unión entre los campamentos no existiría. Ese era, quizás, uno de los méritos más grandes que se podían otorgar al hijo del mar.
Demás está decir que Octavio estaba feliz y trazando planes de batalla, porque estaba seguro de que sus hermanos iban a dejar de delirar trabando amistad con esos salvajes; y él se encargaría de ello.
Uno de los héroes gritó:
- ¡Patrulla de frontera, a mí!- Era la voz de una chica: una voz bronca que me resultó conocida.
¿Patrulla de frontera? Pensaron tanto los romanos como los griegos que no estuvieron en esa época. Los griegos pensaron que no tenían patrulla de frontera y los romanos… bueno estaban algo sorprendidos y pensaron que si los griegos tenían necesidad de tener patrullas tenía que ser porque eran atacados por monstruos con bastante frecuencia.
—Es Clarisse —dijo Annabeth—. Venga, tenemos que ayudarla.
Normalmente, correr en socorro de Clarisse no habría ocupado un lugar muy destacado en mi lista de prioridades;
-El sentimiento es mutuo- murmuro Clarisse ruborizándose ante la risa de los demás, pero más por el abrazo que su novio le dio rozando sus brazos sobre su pecho.
era una de las peores abusonas de todo el campamento. Cuando nos conocimos trato de introducir mi cabeza en un váter.
Nadie pudo contener la risa al recordar la escena.
Además, era hija de Ares, y yo había tenido un grave encontronazo con su padre el verano anterior, de manera que ahora el dios de la guerra y todos sus hijos me odiaban.
Ares bufó, rojo de vergüenza e ira.
Aun así, estaba metida en un aprieto.
Artemisa deseó por millonésima vez que ese hombre no fuera tan noble, tan distinto.
Los guerreros que iban con ella se habían dispersado y corrían aterrorizados ante la embestida de los toros, y varias franjas de hierba alrededor del pino habían empezado a arder.
Todos miraron tristes y preocupados a Thalia incluyendo su padre que soltó un gemido mirando preocupado a su hija. Esta todavía no se había acostumbrado a estas pequeñas muestras de afecto por parte de padre; eran pequeñas, sí, pero mejor que nada y ella se aferraba desesperadamente a estas.
Uno de los héroes gritaba y agitaba los brazos mientras corría en círculo con el penacho de su casco en llamas, como un fogoso mohawk.
Todos rieron al imaginarse la escena en versión animada como lo sugirió riéndose Travis. Un hijo de Ares se ruborizó intensamente rogando que su nombre no saliera.
La armadura de la propia Clarisse estaba muy chamuscada, y luchaba con el mango roto de una lanza: el otro extremo había quedado incrustado inútilmente en la articulación del hombro de un toro metálico.
Destapé mi bolígrafo y con un temblor empezó a crecer a hacerse más pesado, y en un abrir y cerrar de ojos tuve la espada de bronce Anaklusmos en mis manos.
Hércules gruño fuertemente como siempre hacía cuando se mencionaba SU espada. Pero casi al instante se estremeció al ver la mirada fría que le dedicó Nico y no pudo evitar sentirse deprimido al recibir esa mirada cuando la que su cuerpo y su corazón era otra la que deseaba del hijo de Hades.
-Tyson, quédate aquí. No quiero que corras más riesgos.
-¡No! -dijo Annabeth-. Lo necesitamos.
Yo la miré.
-Es un mortal. Tuvo suerte con las bolas de fuego, pero lo que no puede…
-Percy ¿sabes quiénes son ésos de ahí arriba? Son los toros de Cólquide, obra del mismísimo Hefesto;
Hefesto asintió, le encantaban esos toros. Afrodita lo miro de reojo y suspiro.
no podemos combatir con ellos sin el Filtro Solar FPS Cincuenta Mil de Medea, o acabaremos carbonizados.
-¿Qué cosa... de Medea?
Annabeth hurgó en su mochila y soltó una maldición.
-Annabeth…- la reprendió Quirón medio separando por silabas su nombre.
-Tenía un frasco de esencia de coco tropical en la mesilla de noche de mi casa. Tenía que haberlo traído, jolines.
Hacía tiempo que había aprendido a no hacerle demasiadas preguntas, pues sólo lograba quedar todavía más desconcertado.
Todo el mundo rió con ganas
—Mira, no sé de que estás hablando, pero no voy a permitir que Tyson acabe frito.
—Percy...
—Tyson, mantente alejado. —Alcé mi espada—. Vamos allá.
-¡Por todos los dioses Percy!- se quejó Rachel.
-Vaya no pensé que fuera tan terco-. Dijo algo sorprendido Dakota.
-Sí, bastante- dijo Annabeth con un suspiro, lo extrañaba demasiado.
Él intentó protestar, pero yo ya estaba corriendo colina arriba, hacia Clarisse, que ordenaba a gritos a su patrulla que se colocara en formación de falange; era una buena idea. Los pocos que la escuchaban se alinearon hombro con hombro y juntaron sus escudos.
Octavio alzó las cejas algo sorprendido y enojado. Todavía no podía aceptar que los griegos sepan algo.
Formaron un cerco de bronce erizado de lanzas que asomaban por encima como pinchos de puercoespín.
Por desgracia, Clarisse sólo había conseguido reunir a seis campistas; los otros cuatro seguían corriendo con el casco en llamas. Annabeth se apresuró a ayudarlos. Retó a uno de los toros para que la embistiera y luego se volvió invisible, lo cual dejó al monstruo completamente confundido.
-Jajajajaja no son muy inteligentes-. Se burló Connor recibiendo una mirada llena de deseo inconsciente y casi no pudo resistir el impulso de estirar la mano y saciar ese deseo.
El otro corría a embestir el cerco defensivo de Clarisse.
Yo estaba aún a mitad de la cuesta, no lo bastante cerca como para echar una mano. Clarisse ni siquiera me había visto.
Clarisse se acomodó en los brazos de su novio. Sí que lo había visto pensó sonrojándose.
El toro corría a una velocidad mortífera pese a su enorme tamaño; su pellejo de metal resplandecía al sol. Tenía rubíes del tamaño de un puño en lugar de ojos y cuernos de plata bruñida, y cuando abría las bisagras de su boca exhalaba una abrasadora columna de llamas.
Leo se apresuró a hacer anotaciones en su libreta, estaba formulando ideas para hacer mejoras en los toros, y la principal es que solo lo obedezcan a él se dijo con una sonrisa pícara. Jason y Piper se miraron preocupados, no les gusto esa sonrisa. Hefesto lo miro con una sonrisa, orgulloso.
-¡Mantened la formación! - ordenó Clarisse a sus guerreros. De Clarisse podían decirse muchas otras cosas, pero no que no fuera valiente.
Todo el Campamento Mestizo asintió. Ares miro con aprobación a su hija, después siguió coqueteando con una hija de Venus que tenía una pollera muy corta y le mostraba las piernas disimuladamente.
Era una chica más bien grandullona, con los ojos crueles de su padre, y parecía haber nacido para llevar la armadura griega de combate.
-Como todos mis hijos-. Corroboro el dios de la guerra.
Aun así, yo no veía cómo se las iba a arreglar para resistir la embestida de aquel toro.
Por si fuera poco, el otro toro se cansó de buscar a Annabeth y, girando sobre sí, se situó a espaldas de Clarisse, dispuesto a embestirla por la retaguardia.
-¡Detrás de ti! –chillé-. ¡Cuidado!
Ares frunció el ceño.
-No debió decir nada-. Dijo enojado.
No debería haber dicho nada, porque lo único que conseguí fue sobresaltarla.
-Casi me muero del susto-. Bufo Clarisse
El toro nº 1 se estrelló contra su escudo y la falange se rompió; Clarisse salió despedida hacia atrás y aterrizó en una franja de terreno quemada y todavía llena de brasas. Después de tumbarla, el toro bombardeó a los demás héroes con su aliento ardiente y fundió sus escudos, dejándolos sin protección. Ellos arrojaron sus armas y echaron a correr,
-Maricones-. Murmuro Octavio con desprecio.
mientras el toro nº 2 se dirigía hacia Clarisse para liquidarla.
Me lancé de un salto y la sujeté por las correas de su armadura.
Annabeth se sonrojo recordando que había visto eso y que casi se cae de los celos que en ese momento eran inexplicables para ella.
Conseguí arrastrarla y sacarla de en medio, justo cuando el nº 2 pasaba como un tren de carga. Le di un mandoble con Contracorriente y le hice un gran corte en el flanco, pero el monstruo se limitó a chirriar y crujir, y no se detuvo.
No me había tocado, aunque percibí el calor de su pellejo metálico; con aquella temperatura corporal habría derretido un helado más deprisa que un microondas.
-¡Suéltame! -Clarisse me aporreaba la mano-. ¡Maldito seas, Percy!
-Así pareces una hija de Atenea-. Dijo Poseidón.
-¿Por qué?-. Pregunto la hija de Ares extrañada lo que había dicho no fue inteligente.
-Tu orgullo se antepuso a la lógica- dijo burlesco el dios del mar mientras miraba a Atenea. Esta lo fulmino con la mirada, furiosa ante tal insulto.
Cuando le iba a contestar Frank siguió leyendo antes que comiencen a pelear de nuevo.
La dejé en un montículo junto al pino y me volví para hacer frente a los toros.
Thalia frunció el ceño ante lo de "pino".
Ahora estábamos en la parte interior de la colina y desde allí se dominaba el valle del Campamento Mestizo: las cabañas, los campos de entrenamiento, la Casa Grande; todo aquello corría peligro si nos vencían los toros.
Se produjo más tensión en la sala.
Annabeth ordenó a los demás héroes que se dispersaran y mantuvieran distraídos a aquellos monstruos.
-Mandona-. Susurro Leo acordándose de las veces que Annabeth le decía como hacer tal o cual cosa, ¡Por los dioses! ¡Si es hijo de Hefesto!
El n° 1 describió un amplio círculo para venir hacia mí. Mientras cruzaba la cima de la colina, donde los límites mágicos deberían haberlo detenido, redujo un poco la velocidad, como si estuviera luchando con un fuerte viento; pero enseguida lo atravesó y continuó acercándose al galope.
Atenea comenzó a entender que era lo que paso con los límites.
El toro n° 2 se volvió también para envestirme; chisporroteaba y arrojaba fuego por el corte que le había hecho en el flanco. Yo no sabía si podía sentir dolor,
Hefesto y Leo negaron con la cabeza.
pero sus ojos de rubí parecían mirarme furiosos, como si se tratara ya de una cuestión personal, No podía combatir con los dos toros al mismo tiempo, tenía que tumbar primero al nº 2 y cortarle la cabeza antes de que el nº 1 me embistiera otra vez. Sentía los brazos cansados y me di cuenta de que hacía mucho que no me ejercitaba en el manejo de Contracorriente y había perdido mucha práctica.
Todos suspiraron. No tendría que haber dejado de entrenar.
Me disponía a atacar cuando el toro nº 2 me lanzó una llamarada;
Poseidón palideció.
rodé hacia un lado mientras el aire se convertía en una oleada de puro calor y me arrebataba el oxígeno de los pulmones. Tropecé con algo (tal vez una raíz) y sentí dolor en el tobillo; aun así, me las arreglé para lanzar un mandoble con la espada y le corté un trozo del hocico.
-Auch-. Se quejó Nico riéndose para aligerar el ambiente. Y lo logró a medias.
El monstruo se alejó al galope, enloquecido y ofuscado, pero antes de que pudiese regodearme demasiado, noté que me costaba incorporarme. Lo intenté otra vez y me falló la pierna izquierda; tenía un esguince en el tobillo, o quizá estuviera roto.
Todos los que no conocían la historia gimieron preocupados y maldijeron la mala suerte de Percy. Poseidón estaba llorando de nuevo, como cuando su hijo se enfrentó a Equidna.
El toro nº 1 arremetió directamente hacia mí, y no había modo de apartarse de su camino, ni siquiera a rastras.
Poseidón estaba al borde del colapso. Los demás dioses lo miraban preocupados, un poco por su hijo, pero más porque el suelo de alrededor del trono del dios del mar se estaban formando grietas y este no parecía darse cuenta.
-¡Tyson, ayúdalo! -gritó Annabeth.
El dios de los terremotos se relajó un poco al acordarse de Tyson.
No muy lejos, cerca ya de la cima, Tyson gimió:
-¡No puedo... pasar!
-¡Yo, Annabeth Chase, te autorizo a entrar en el Campamento Mestizo!
Un trueno pareció sacudir la colina y, de repente, apareció Tyson como propulsado por un cañón.
Poseidón suspiro aliviado.
-¡Percy necesita ayuda! -gritó.
Se interpuso entre el toro y yo justo cuando el monstruo desataba una lluvia de fuego de proporciones nucleares.
-¡Tyson! -chillé.
La explosión se arremolinó a su alrededor como un tornado rojo. Sólo se veía la silueta oscura de su cuerpo, y tuve la horrible certeza de que mi amigo acababa de convertirse en un montón de ceniza.
«Lo afecta mucho la niebla» pensaron casi todos.
Pero cuando las llamas se extinguieron, Tyson seguía en pie, completamente ileso; ni siquiera sus ropas andrajosas se habían chamuscado.
Leo frunció el ceño un poco envidioso.
El toro debía de estar tan sorprendido como yo, porque antes de que pudiese soltar una segunda ráfaga, Tyson cerró los puños y empezó a darle mamporros en el hocico.
-¡Vaca mala!
Tyson enrojeció mientras el resto reía sin poder contenerse haciendo que la tensión se disipara un poco.
Sus puños abrieron un cráter en el morro de bronce y dos pequeñas columnas de fuego empezaron a salirle por las orejas. Tyson lo golpeó otra vez y el bronce se arrugó bajo su puño como si fuese chapa de aluminio. Ahora la cabeza del toro parecía una marioneta vuelta del revés como un guante.
-¡Siii carajo! ¡Así se hace!- gritaron eufóricos Ares acompañado por sus hijos incluido Frank al que le salió una especie de rugido feroz y que asusto a muchos y sorprendió a su padre que lo miro orgulloso; por unos segundos se mesclaron la persona y el animal.
-¡Abajo! -gritaba Tyson.
El toro se tambaleó y se derrumbó por fin sobre el lomo; sus patas se agitaron en el aire débilmente y su cabeza abollada empezó a humear, Annabeth se me acercó corriendo para ver cómo estaba.
Afrodita chillo emocionada y dijo un montón de insinuaciones en griego y en latín mezclándose con Venus. El resto de los dioses negaron con la cabeza, cansados, era obvio que ella también quería llamar la atención como el hijo de Marte.
Yo notaba el tobillo como lleno de ácido, pero ella me dio de beber un poco de néctar olímpico de su cantimplora y enseguida volví a sentirme mejor. En el aire se esparcía un olor a chamusquina que procedía de mí mismo, según descubrí luego: se me había quemado el vello de los brazos.
-¿Y el otro toro? -pregunté.
Ella señaló hacia el pie de la colina. Clarisse se había ocupado de la Vaca Mala nº 2. Le había atravesado la pata trasera con una lanza de bronce celestial. Ahora, con el hocico medio destrozado y un corte enorme en el flanco, intentaba moverse a cámara lenta y caminaba en círculo como un caballito de carrusel.
Ares asintió mirando a su hija con una expresión seria como si acabara de cumplir un terrible crimen sin testigos y sin errores, Clarisse asintió de igual forma. Frank rodó los ojos.
Clarisse se quitó el casco y vino a nuestro encuentro. Un mechón de su grasiento pelo castaño humeaba todavía, pero ella no parecía darse cuenta.
Chris frunció el ceño, el pelo de su novia no era grasiento.
-¡Lo has estropeado todo! -me gritó-. ¡Lo tenía perfectamente controlado!
Me quedé demasiado estupefacto para poder responder.
Al igual que todos en la sala. Clarisse moría de vergüenza.
Annabeth le soltó entre dientes:
-Yo también me alegro de verte, Clarisse.
-¡Arggg! -gruñó ella-. ¡No vuelvas a intentar salvarme nunca más!
-¿Eso va para todos?- le pregunto Thalia divertida.
-No- murmuro la hija de Ares mientras enrojecía más que nunca.
-Clarisse -dijo Annabeth-, tienes varios heridos.
Eso pareció devolverla a la realidad; incluso ella se preocupaba por los soldados bajo su mando.
-¡Por supuesto!- dijo Clarisse.
-Vuelvo enseguida -masculló, y echó a caminar penosamente para evaluar los daños.
Miré a Tyson.
-No estás muerto.
-Nop- dijeron a coro las cabañas de Apolo y Hermes para la gracia de todos y el orgullo de sus padres.
Tyson bajó la mirada, como avergonzado.
Varios levantaron una ceja, incrédulos.
-Lo siento. Quería ayudar. Te he desobedecido.
-Es culpa mía —dijo Annabeth-. No tenía alternativa, debía dejar que Tyson cruzara la línea para salvarte, si no, habrías acabado muerto.
-¿Dejarle cruzar la línea? –pregunté-. Pero…
-Imbécil, todavía no se da cuenta- murmuro Octavio pero todos lo escucharon. Poseidón le dio un buen baño helado de agua salada.
-Percy -dijo ella- ¿has observado a Tyson de cerca? Quiero decir, su cara; olvídate de la niebla y míralo de verdad.
La niebla hace que los humanos vean solamente lo que su cerebro es capaz de procesar, y yo sabía que también podía confundir a los semidioses, pero aun así…
Miré a Tyson a la cara; no era fácil. Siempre me había costado mirarlo directamente, aunque nunca había entendido muy bien por qué. Creía que era porque siempre tenía mantequilla de cacahuete entre sus dientes retorcidos.
Afrodita lo miro mal y le dijo que se lavara los dientes. Tyson solo asintió.
Me obligué a concentrarme en su enorme narizota bulbosa y luego, un poco más arriba, en sus ojos.
No, no en sus ojos.
En su ojo. Un enorme ojo marrón en mitad de la frente, con espesas pestañas y grandes lagrimones deslizándose por ambas mejillas.
—Ty... son —tartamudeé—. Eres un...
-¡Por fin!- gritaron Nico y Thalia teatralmente y todos rieron. Octavio miro enojado: ellos si podían burlarse del engendro y el no.
—Un cíclope —confirmó Annabeth—. Casi un bebé, por su aspecto. Probablemente por esa razón no podía traspasar la línea mágica con tanta facilidad como los toros. Tyson es uno de los huérfanos sin techo.
-¿De los qué?
-Están en casi todas las grandes ciudades -dijo Annabeth con repugnancia-. Son... errores, Percy. Hijos de los espíritus de la naturaleza y de los dioses; bueno, de un dios en particular, la mayor parte de las veces… Y no siempre salen bien. Nadie los quiere y acaban abandonados; enloquecen poco a poco en las calles. No sé como te habrás encontrado con éste, pero es evidente que le caes bien. Debemos llevarlo ante Quirón para que él decida qué hacer.
Annabeth murmuro una disculpa.
-Está bien tenías tus razones- . Le dijo Tyson. Los que escucharon la miraron curiosos.
-Pero el fuego... ¿Cómo...?
-Es un cíclope. -Annabeth hizo una pausa, como si estuviese recordando algo desagradable-. Y los cíclopes trabajan en las fraguas de los dioses; son inmunes al fuego. Eso es lo que intentaba explicarte.
Yo estaba completamente estupefacto. ¿Cómo era posible que no me hubiera dado cuenta?
-Es lo que nos preguntamos todos sesos de algas- Dijo Rachel.
Pero no tuve mucho tiempo para pensar en ello. La ladera de la colina seguía ardiendo y los heridos requerían atención. Y aún había dos toros de bronce escacharrados de los que había que deshacerse y que, mucho me temía, no cabrían en nuestros contenedores de reciclaje.
Clarisse regresó y se limpió el hollín de la frente.
—Jackson, si puedes sostenerte, ponte de pie. Tenemos que llevar los heridos a la Casa Grande e informar a Tántalo de lo ocurrido.
-¿Quién?- exclamaron los nuevos campistas griegos. Los que estuvieron en esa época solo señalaron el libro.
— ¿Tántalo?
—El director de actividades —aclaró Clarisse con impaciencia.
—El director de actividades es Quirón, Además, ¿dónde está Argos? Él es el jefe de seguridad. Debería estar aquí.
Clarisse puso cara avinagrada.
—Argos fue despedido. Habéis estado demasiado tiempo fuera, vosotros dos. Las cosas han cambiado.
—Pero Quirón. Él lleva más de tres mil años enseñando a los chicos a combatir con monstruos; no puede haberse ido así, sin más. ¿Qué ha pasado?
—Pues... que ha pasado —me espetó, señalando el árbol de Thalia.
Todos en la sala miraron apenados a la hija de Zeus.
Todos los campistas conocían la historia de aquel árbol. Tres años atrás, Grover, Annabeth y otros dos semidioses llamados Thalia y Luke habían llegado al Campamento Mestizo perseguidos por un auténtico ejército de monstruos. Cuando los acorralaron finalmente en la cima de la colina, Thalia, una hija de Zeus, había decidido hacerles frente allí mismo para dar tiempo a que sus amigos se pusieran a salvo. Su padre, Zeus, al ver que iba a morir, se apiadó de ella y la convirtió en un pino. Su espíritu había reforzado los límites mágicos del campamento, protegiéndolo contra los monstruos, y el pino había permanecido allí desde entonces, lleno de salud y vigor.
Pero ahora sus agujas se habían vuelto amarillas; había un enorme montón esparcido en torno a la base del árbol. En el centro del tronco, a un metro de altura, se veía una marca del tamaño de un orificio de bala de donde rezumaba savia verde.
Fue como si un puñal de hielo me atravesara el pecho. Ahora comprendía por qué se hallaba en peligro el campamento: las fronteras mágicas habían empezado a fallar porque el árbol de Thalia se estaba muriendo.
Alguien lo había envenenado.
Zeus grito furioso.
-¿¡Quién osa tocar a mi hija?!
El aire se volvió espeso y gris. El cielo se nubló y se llenó de rayos y truenos se escuchaban con estrepito. El viento comenzó a soplar con furia. Zeus estaba furioso al igual que Jason.
Una vez que los calmaron Hestia dijo que era mejor ir a dormir y al otro día seguir más tranquilos.
Hola cuarto capítulo y vamos por el quinto.
Bueno respondo algunas dudas de los mensajes privados o comentarios que no pude responder.
*No subí ninguna historia en donde se lea el primer libro, empecé directamente con el segundo y hago referencias a lo que paso en la lectura del primero pero nada más.
*Con respecto a Tyson imagínenselo como quieran y si les es más fácil imagínenlo como en la película es lo mismo. Y con respecto a Ella sé que la transformación es típica pero bueno la quería así, pero no por algo en especial.
*Si, voy a traer a Paul ya lo tenía pensado, pero más adelante.
*En el próximo capítulo muestro a la futura pareja de Nico.
*Sí, tengo algo especial para Afrodita y Hefesto.
*El capítulo nº 3 tiene 6.530 palabras.
*Ya casi estoy de diez, solo me quedan algunos días de medicamento, gracias por preguntar.
En este capítulo mostré mas las reacciones y eso después de la cacería del tigre porque sé que no lo ise muy bien en el capítulo anterior.
Y a la relación algo subida de tono no la puse en este capítulo porque no estoy muy inspirada y no quedaría muy bien, en el próximo a lo mejor la pongo, no sé, depende de si este inspirada o no.
En fin, perdón por los errores ortográficos o gramáticos que hayan y espero que disfruten del capítulo.
Saludos, HaydeeDantes.
