Disclaimer: Todo lo que reconozcan, es de J.K Rowling, lo demás creación propia.

Summary: De cómo se enamoró Draco Malfoy de Hermione Granger y como dos simples y estúpidas palabras, pueden cambiarlo todo.

Aviso: Este fic participa en el Reto#5: Dramione" del foro "Hogwarts a través de los años".


No estaba preparado para aceptarlo, después de todo, él era Draco Malfoy, él no tenía sentimientos, o al menos creía no tenerlos. Él podía controlarlo todo (y a todos), pero sobre todo, a él mismo.

Estaba acostumbrado a usar a las personas a su antojo y con un objetivo claro, pero todo se le fue de las manos aquella vez que intentó usar a Granger para satisfacción personal.

Desde el primer día estuvo enredado, pero como el cretino testarudo que era se negó a creerlo, así que continuó con su objetivo que cada vez estaba menos claro.

Todo comenzó el día que, sin querer (vale la aclaración), quedó dormido con Granger a su lado. Se despertó con el pelo esparcido sobre su pecho y las piernas de ella enredadas a las de él. Lo peor fue, que no le resultó para nada incómodo, por el contrario, demasiado reconfortante.

El cabello castaño oscuro contrarrestaba con su pecho blanco y se sentían como caricias en su piel. La chica dormía plácidamente sobre él, como si estuviera en el lugar más seguro del mundo, demasiado cómoda con su rostro reflejando una tranquilidad eminente, haciendo que Draco no pudiera parar de contemplarla.

Sus largas pestañas se movían mientras mantenía los ojos cerrados, como si estuviese soñando alguna locura, él tenía su mano alrededor de la estrecha cintura desnuda y deseó, más que nunca, que Granger nunca despertará y poder mantener ese momento congelado.

Era el único momento donde podía observarla como tonto idiotizado sin levantar sospechas de sus sentimientos, porque no, ella tampoco debía saberlo.

Después de ese día, había decidido tomar distancia, no era para menos, estaba demasiado enredado.

Pero le fue inevitable; sin darse cuenta, se encontraba persiguiendo a la Gryffindor por los pasillos, la seguía hasta la biblioteca y se escondía detrás de las estanterías a observarla ceñir el rostro ante el libro que tenía en manos, se encantaba viendo las ojeras marcadas y oscuras debajo de sus ojos debido a tantas horas lectura y descubrió cosas que no le sorprendieron en absoluto, pero se maravillaba haciéndolo; como la castaña siempre elegía aquella mesa de atrás, media escondida y se sentaba sola, mientras que sus compañeras estaban en la mesa del centro, cuchicheando en susurros. Cada mañana, su mirada se desviaba a la mesa de los Gryffindor en el Gran Comedor para verla beber su té y mordisqueando la tostada untada con mantequilla, para observar con deleite como la comisura de sus labios quedaba levemente manchada con mantequilla y ella con sutileza se la quitaba con el propio dedo.

¿Y cómo es que nunca antes se había reparado en la manera tan condenadamente atractiva en la que la que Hermione elevaba sus párpados?

Se sintió un como loco obsesionado, si hubiera podido hasta quizás se habría dado un Cruciatus él mismo, era un deshonra, para su familia, para su sangre ¡Para él mismo! se sentía un maldito hipócrita: años despreciándola, burlándose de ella y haciéndole la vida imposible, para luego, esto. ¿Era el maldito karma acaso?

Así fue como descubrió que el pelo de la sangre sucia de Potter le gustaba, era indistinguible, caótico, demasiado rebelde y marcaba la diferencia en ella. Tan estructurada, con toda su maldita vida organizada, llena de horarios que cumplir, con su uniforme perfecto pero con esa maraña de cabello, indomable.

Se encontró sonriendo detrás una columna cuando la vio intentando aplastarlo con las manos y dejando salir un bufido molesto tras su fracaso.

Al darse cuenta de lo estúpido que estaba siendo al sonreír idiotizado por una cosa así, golpeó la pared con su puño y se fue a zancadas a su cuarto. Ni se fijó si se dañó a él mismo, en todo caso, se lo merecía.

Pero todo fue empeorando a pasos agigantados cuando notó cuanto necesitaba a aquella sangre sucia, a esa hija de muggles tan común y corriente como tantas veces se había intentado convencer.

Fueron cosas pequeñas, al comienzo.

Él llegando con los pelos de puntas, estresado, totalmente cabreado y asustado, intentando fundirse en ella para calmarse. Pero el problema radicaba en que ella no solo hacía lo que debía, es decir, corresponderle los besos y ya.

No, ella comenzó a tener actitudes estúpidas como darle un apretón tierno de manos, frotarle la espalda, abrazarlo, hasta cuando él no se lo permitía, ella insistía y Draco, totalmente derrotaba la dejaba.

Pequeños detalles que tenía Granger lo hacían sentirse abatido y perdido, tenía una forma de ser tan… Malditamente Gryffindor.

Ella no preguntaba, ni lo miraba con lástima, simplemente se acercaba a él y le brindaba su apoyo. Estaba seguro que ella sospechaba de sus andanzas con el lado oscuro y sin embargo, la Gryffindor no hacía nada, siendo la mejor amiga del cara rajada de Potter, estaba allí, con su peor enemigo, con aquellas actitudes cargadas de afecto.

Entonces comenzó a ver otras cosas, como lo cálidos que eran sus ojos, se percató de estupideces como la cantidad de pecas esparcidas en su nariz, o el lunar en forma de frutilla que tenía en su vientre y lo serena que se comportaba cuando él estaba hecho un desequilibrado, totalmente perturbado. Cuando los demás le temían, hasta sus propios amigos, ella se negaba a dejarlo solo.

Sus encuentros dejaron de ser simplemente unos cuantos minutos de besos y caricias, hasta el tiempo que Draco decidía marcharse, dejándola sola.

No, ahora hablaban. Draco se encontró escuchándola con atención pero sobre todo, con gusto. Se dio cuenta que escucharla lo relajaba, comenzó a conocerla más y de otras formas que no esperaba.

Ya sabía que solía ponerse roja cuando hablaban de temas personales, o cuanto le afectaba que la comadreja la usara para todos sus deberes y nunca le agradeciera.

Sabía que las aletas de su nariz se hinchaban cuando contaba algo que le indignaba y como modulaba con las manos cuando necesitaba explicar algo que lo tuvo mucho tiempo contenido. Lo segura que era respecto a sus conocimientos pero lo insegura que era en todo lo demás aunque no pareciera.

Se dio cuenta que compartía muchos intereses en común y que ambos poseían una adoración por la lectura bastante peculiar, haciendo que sus charlas se convirtieran en debates, convirtiéndolas muy interesantes. De hecho, Draco no había tenido con nadie nunca conversaciones tan complejas, al punto de tener que dudar de sus propios conocimientos. Crabbe y Goyle eran demasiado estúpidos, a Zabini no le interesaba, Nott vivía perdido en su mundo y sus pensamientos profundos, Pansy era demasiado superficial, sus únicas lecturas se basaban en Corazón de Bruja, así que solo era Granger.

Todo se comenzó a poner demasiado personal, y Draco lo había notado, pero solo había dos opciones: retirarse o quedarse. Y todavía no estaba preparado para cortar esa extraña e insólita relación que tenía con la come libros, era su cable a tierra, cuando todo iba mal, cuando se encontraba desesperado por las cartas de su madre, las tareas de Voldemort y el desastre en su Mansión, estaba ella, allí, esperándolo sentaba y con una dulce sonrisa en sus labios, para socorrerlo. Y lo que más le gustaba, era que no le hacía preguntas, no lo forzaba a hablar cuando no quería, como los estúpidos de sus amigos que en realidad no se preocupaban por él, solo querían estar al tanto de la situación.

Hubo un día en que había llegado furioso, creía que el mundo se lo estaba comiendo y ni siquiera quería compartir el rato con Granger, no tenía tiempo para nada.

Pero ella estaba ahí, como siempre.

Él la echó, pero ella no se fue, como la maldita obstinada que era quedó ahí de pie, frente a él, entonces le gritó, la llamo sangre sucia, como cuando aún no se acostaban y ella simplemente le plantó una cachetada en su mejilla exigiéndole que se calme.

Él quedó atónico, con la cabeza dada vuelta, la mejilla ardiéndole y evaluando seriamente que hacer al respecto.

No lo pensó mucho, en realidad, simplemente la llevó a la pared más cercana y la beso. Un beso brusco, carente de amor, lleno de necesidad.

Hermione se lo permitió, dejó que él la tomará de las muñecas y las colocara sobre su cabeza evitando que pudiera moverse, dejó que él enredara sus piernas con las de ella así no podía escaparse, solo lo dejó porque de alguna manera entendía los demonios del rubio.

Hasta que Malfoy ya no tenía nada que absorber, sintiéndose desarmado y recostando su cuerpo sobre el de ella, rendido, con su cabeza en el hueco de su cuello, escondiéndose dentro de ese enmarañado cabello que siempre olía tan bien y abrazando su estrecha cintura casi dejándola sin respiración.

Esa fue la primera vez que él la abrazaba, y Hermione lo rodeo con sus brazos y lo apretó contra ella. El abrazo duro varios minutos, y Draco se abstuvo para contener un sollozo lleno de impotencia, un grito lleno de furia.

Se tranquilizó cuando sintió el aroma de Granger llegar a sus fosas nasales, relajando cada partícula de su cuerpo, cada musculo.

Ella le acarició le mejilla sabiendo que él se lo tenía prohibido, pero no le importo, porque cuando las yemas de sus dedos rozaron la piel pálida del rubio, ella misma pudo sentir como la respiración del Slytherin se calmaba.

Él se separó más tarde, dándose cuenta de la debilidad que había dejado relucir y cuando intentó alejarse ella le tomó de la muñeca.

- Granger, ya – le paró él aunque con voz frágil, intentando separarse, pero ella negó con la cabeza.

- Ven – él la siguió, suspirando exasperado como si realmente le molestara aquella situación.

Primeramente, se sentó en el sillón aterciopelado color verde y lo llamó a que se sentara. Él la miro ceñudo, pero lo hizo, aun mirándola de manera inquisitiva.

Entonces ella le indicó que colocara su cabeza sobre sus piernas, él la miro extrañado, con una mueca de burla, con los ojos muy abiertos y una de sus cejas platinadas arqueada, negando con la cabeza.

Había sido suficiente ese abrazo, ¿Ahora le estaba pidiendo que se portara como un crío desconsolado y se acostara sobre sus piernas a lloriquear? No señor, por Merlín, pese a todo aún era un Malfoy y eso significaba mantener la dignidad a flote, o por lo menos en un rango bastante alto.

- Vamos, Malfoy – insistió ella. Pero él volvió a negar con la cabeza y cuando se puso de pie con la intención de largarse, Hermione volvió a jalarlo – Tú siempre me dices que me deje llevar. Bueno, ahora te lo estoy pidiendo yo. Ven acá, Draco, por favor – él giró, no solo porque lo había llamado Draco y eso había captado bastante su atención, el por favor también lo había ablandado. Pero él "tú siempre me dices que me deje llevar", ese fue el detonante.

Carajo que tenía razón, la Gryffindor, pese a toda su valentía, solía ser demasiado estructurada y tímida. Al comienzo nunca se animaba a escaparse con él, a esconderse en cualquier aula abandonada o a escabullirse en la sala de Menesteres, simplemente no le parecía correcto – a decir verdad, todo aquello que tenían no era para nada correcto- . No se animaba a perder ni una clase y solía costarle mucho abrirse ante él. De hecho, nunca la había visto desnuda, literalmente, siempre las luces debían estar apagadas y ellos sumergidos en una oscuridad eminente, donde la única prueba de que estaban allí eran sus respiraciones agitadas y sentirse el uno con el otro.

Entonces aparecía él, con aquella frase común y corriente, intentando persuadirla, intentando incentivarla y ella, poco a poco accedía, dejando de lado esa Hermione enteramente correcta.

Ahora ella le estaba pidiendo que él dejara de ser ese Draco enteramente frío y calculador, por un segundo.

Él suspiro, entre cansado y rendido, y se acostó en el sillón, apoyando su cabeza en las piernas descubiertas de la castaña. Ella le sonrió con gusto y le besó la frente, cosa que puso nervioso a Malfoy. Sin embargo, desistió.

Ella comenzó a tocarle el cabello tranquilamente, al comienzo Draco la miro con un deje de curiosidad, sin entender que era lo que hacía o cual era su maldita intención. Él no estaba acostumbrado al afecto, no le parecía lo normal, de hecho. Con sus amantes las relaciones eran algo totalmente físico y más bien frío. Su madre nunca le había dado verdaderas muestras de afecto, así que para Draco eso era algo extraño y poco habitual, más bien para gente sentimentalista y era algo que él justamente no se podía permitir ser. En el idioma de su padre, ser sentimentalista era igual a ser débil, o quizás todavía peor.

Pero luego comenzó a sentir como todo su cuerpo comenzaba a relajarse, sus músculos se aflojaron, su respiración era pausada y tranquila y aunque intentó no hacerlo, sus ojos se cerraron involuntariamente, tan solo sintiendo las caricias de la castaña en su piel. Hermione llevó la yema de sus dedos a su rostro, tocándole las mejillas, los párpados, las cejas, paseando por aquel rostro de porcelana. Draco entró en un estado de somnolencia que sin darse cuenta, cayó dormido.

Tan solo unos minutos después abrió los ojos con confusión, para encontrarse con los almendrados de Granger mirándolo con ternura, aunque sonriendo con un deje de diversión y picardía, sin dejar de acariciarle el cabello delicadamente, dándole pequeños escalofríos por todo el cuerpo a Draco.

Fue extraño, no estaban hablando, ni besándose, pero se sintió en paz.

Pero el verdadero día en que se dio cuenta de que estaba enamorado de Hermione Granger no fue ese.

Él se había adentrado a la habitación de prefecta de Hermione.

Cuanto entró, sin previo aviso, ella estaba saliendo del baño con una toalla rodeándole el cuerpo mojado y su cabello totalmente húmedo y suelto.

Tenía los ojos muy rojos, como si hubiera estado llorando y al ver a Draco entrar, sus manos se cerraron formando un puño y sus labios se fruncieron con disgusto.

Primero lo echó, luego le gritó hasta cansarse e ignorarle al ver que él no hacía nada más que quedarse parado viéndola.

Entonces, al ver que el Slytherin no tenía intenciones de irse, con un dolor acumulado en el pecho y cierto resentimiento le miro a los ojos y lo señaló con un dedo, como si lo estuviera acusando de algo.

- Te vi coqueteando con aquella Ravenclaw, Draco ¿Cómo puedes aparecerte? He dicho que te vayas y si tengo que usar magia para mandarte lejos, Draco, créeme que lo haré – le amenazó con seguridad, pero a Draco no le daba mucha seriedad verla envuelta en una toalla. Le daba muchas otras cosas, claro – Desde un comienzo te advertí que no soportaría que otras chicas…

Draco se perdió en sus palabras cuando la Gryffindor, con total desinhibición y con unas lágrimas corriéndola por la mejilla tiro la toalla a un lado.

Trago grueso. Estaba totalmente desnuda ante él, como nunca antes, como si no fuera la primera vez que reunía el valor. Pero era como si ella no se hubiese percatado, porque mientras lo hacía, con total confianza, se colocaba una braga cualquiera que parecían las de una abuela, una prenda bastante horrible en opinión de Draco, con un estampado floreado de lo más poco sensual existente.

Sabía que lloraba porque lo veía en la expresión de su rostro, en sus ojos rojos, en sus labios hinchados, en sus palabras rotas, pero lo que decía no llegaba a sus oídos.

Se dio cuenta que la quería porque no soportaba verla destrozada, menos aun si él era el maldito culpable. Se dio cuenta que no quería perderla porque lo que estaba sucediendo, esos planteos de Granger, que ella por fin haya sentido la confianza de desnudarse ante él aunque fueran en circunstancias extrañas, convertían aquello que tenían en una relación real. Y Draco necesitaba eso en su vida. Lo necesitaba con ella.

Simplemente se abalanzó sobre la castaña y la beso, ella lo quitó, le gritó cosas, le dijo que ella no era una más en su larga y estúpida lista, que tenían un trato, que quien se creía que era, todo eso sobre los finos labios de Draco Malfoy que seguían tomándola.

Lo que Hermione no entendía es que Draco no había intentado coquetear con aquella chica. O bueno, quizás sí, pero no con verdadera intención. ¡Él necesitaba quitarse a Granger de la cabeza! Pero acababa de entenderlo todo.

Entonces Draco la arrinconó contra una pared y le tomó del rostro, acariciando con el pulgar los labios húmedos de la castaña, mirando con sus ojos grises derretidos ante aquellos almendrados.

- Te quiero, Hermione – dijo en un susurro, aunque uno muy claro y serio. Ella quedo paralizada, desarmada, con la boca entre abierta de la sorpresa. Y total y estúpidamente conmovida. Él volvió a besarla y ella simplemente le devolvió el beso, porque ¿Qué otra cosa podía hacer? Si esa palabra era todo lo que estuvo esperando en los últimos meses. Si, eran tan solo dos estúpidas palabras que quizás no demostraban nada, pero conocía a Draco Malfoy y todo su porte de piedra, y jamás, jamás sería capaz de decir aquellas dos palabras en voz alta si no las sentía. Ni siquiera sintiéndolas, quizás. Pero lo había hecho, y eso cambiaba el rumbo de todo.

Draco supo que se estaba metiendo en un terreno peligroso, que desconocía y se sintió increíblemente asustado cuando por fin dijo aquellas palabras que estuvieron en la punta de su lengua numerosas veces y supo, más que nunca, que quería a Hermione Granger, de una forma apasionada y tonta, que estaba enamorado de ella y que era lo único que necesitaba para calmar su tempestad. Y no iba a negarse ante aquel amor correspondido, que aunque sea prohibido, era lo único correcto que sentía que estaba haciendo. Y no podía desperdiciar ese sentimiento. Así que mandó al diablo su condición de sangre pura, a su familia, al mismo Lord Voldemort, mando a la mismísima mierda a todo el mundo, menos a ella. A ella la tomó como nunca antes, como si fuese la primera vez y como si fuese la última.


¿Se acuerdan que dije que había escrito otro os para este reto, pero luego me arrepentí y subi lo que subi en el ahora primer capítulo? Bueno, era este.

Me tenté a subirlo, ya que después de todo trabajé en él, no estoy del todo contenta con el resultado que llegué pero bueno, aquí esta, así que espero que al menos le hayan dado oportunidad hasta su final porque es la parte que más disfruté escribir.

Así como en el primer fic hice a una Hermione bastante díficil, ahora hice a un Draco un tanto ¿cabrón? es en gran parte el verdadero Draco Malfoy que pasa por mi cabeza a decir verdad jaja, aunque no siempre lo apoyo.

P/D: Me encantan las opiniones, pero si vas a hacer una crítica negativa, que sea una constructiva y que me ayude a mejorar, no una ofensa, recordemos que hay personas tras la pantalla con la que nos comunicamos. Si vas a dejar un comentario horrible y nada constructivo, mejor ahórratelo. No es de mala onda, es que no le veo el sentido a ese tipo de comentarios.

Nos leemos!

PeaceLilith.