Disclaimer: los personajes de PJ son propiedad de Rick Riordan.


Capítulo № 6: Las palomas demonio nos atacan.

Tan entretenido estaba jugando con Bessie y sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que alguien lo había seguido.

Bessie estaba alojado en un acuario enorme con forma de octágono, profundo y ancho, de vidrio reforzado con broce celestial de forma que se pudiera ver su contenido; por el lado de afuera tenía detalles en relieve de oro imperial de olas y tridentes. Si bien estaba ubicada en el suelo, era tan alta que había escalones (que iban subiendo como los lados de un triángulo) en todos los lados para que los semidioses suban y puedan llegar a la superficie y saludar a sus habitantes. Al final de los escalones había una superficie plana (como el descanso de una escalera) lo bastante grande como para que haya varios semidioses a la vez y tengan espacio para sentarse y pasar un rato allí y estén cómodos.

El taurofidio no era el único animal marino en el acuario, también había varios monstruos del mar que eran amigables y que eran hermosos y únicos como Bessie; aunque la verdad es que no estaban en el Olimpo solo para su seguridad, sino que eran como atracciones, trofeos lindos, impresionantes e intimidantes al mismo tiempo, que a Zeus le encantaba tener como atracciones y muestra de poder para los visitantes. Tan obvio era esto que la primera vez que los semidioses lo vieron, muchos rodaron los ojos o los pusieron en blanco ante el notable ego del rey de los dioses.

En ese momento Nico estaba jugando con Bessie con su mano derecha en el agua y moviéndola todo lo que podía para que el taurofidio la siga, cuando siente un carraspeo a sus espaldas. A Nico se le hace un nudo en el estómago mientras rogaba que quien esté detrás de él no fuera quien pensaba. Para su suerte era Hazel.

-Hola-. Lo saludo su hermana poniéndose a su lado y acariciando a Bessie. El hijo de Hades le sonrió.

Nico notó, desde que la vio esa mañana, el pequeño cambio en su hermana. Había mas seguridad en su semblante ya no tenía esa mirada que irradiaba inocencia. En el fondo sabía a qué se debía, pero cuando le iba a preguntar al respecto, decidió que no quería saberlo.

-Es un buen escondite- comentó Hazel sacándolo de sus pensamientos.

-No me escondo, solo necesito estar solo un tiempo- contesto Nico con dureza-. No estoy acostumbrado a estar con tanta gente viva ni durante tanto tiempo.

Hazel suspiró.

-Lo se hermano- dijo mirándolo a los ojos- pero… tampoco es tan malo, ¿No?

-No, supongo que no.

Durante unos minutos ninguno de los dos habló. Cada uno perdido en sus pensamientos.

-¿No me vas a decir quién es?- pregunto Hazel de pronto.

-¿Ah?

-La chica que te tiene así- contesto su hermana-. No creas que no me di cuenta-. dijo con una sonrisa pícara tratando de que le cuente.

Nico palideció y mira a Hazel con miedo en sus hermosos ojos. Porque era justamente ese el problema. Que no se trataba de una chica ni de una sola persona. Pero no podía ser totalmente franco con Hazel. A fin de cuentas la única que lo entendió fue Bianca, y si bien Hazel también era su hermana, no estaba seguro de que vaya a entender.

Inhalo y exhaló lentamente mientras pensaba como responder.

-Ya no estoy seguro de lo que siento-. Dijo al fin.

-¿Por qué no?- pregunto Hazel con interés y preocupación deseando que se hermano se habrá al fin.

- Hace unos años me enamore de alguien… ahora creo que fue una primera impresión… y… yo bueno… casi al mismo tiempo conocí a otra persona con la que hable y me relacione más, pero no pensé en esta segunda persona de una forma romántica porque ese lugar ya lo ocupaba la primera y me enfrasque en ese amor que no es correspondido y sufrí… sufro mucho por eso… pero últimamente estoy sintiendo cosas por esta segunda persona que no sentí con la primera y no estoy seguro de lo que es. Creo que le gusto, pero no sé, ¿y si solo son imaginaciones mías? Estoy muy confundido.

Hazel pestañó ante toda esa información. Lo primero que Hazel notó fue que en su explicación nunca mencionó el sexo de las respectivas "personas" de las que estaban hablando, y formulo sus sospechas. Quiso preguntarle al respecto pero luego se dijo que era algo que su hermano, por propia voluntad tenía que contarle.

-Lo confundí todo ¿No?-. Bufo Nico, pero no sabía cómo explicarle de otra forma más clara porque eso significaría dar nombres y no quería inventarlos y mentirle a su hermana.

-No, no, entendí- se apresuró a aclarar Hazel-. Y esta segunda persona, ¿siente algo por vos?

-Eso es lo que no sé. Bueno, a veces me parece que sí, que le gusto, pero no sé, ¿y si solo son imaginaciones mías?- volvió a preguntar-. No estoy seguro y no quiero arriesgarme y que me rachase.

Hazel pensó un momento.

-Si me dijeras quien es podría ayudarte a resolver el misterio…


Cuando el descanso terminó se juntaron para seguir leyendo. Frank volvía con la cabeza hecha un lío ya que se padre estuvo dándole concejos, advertencias y anécdotas de todo tipo para que practique con su novia; escondiendo en el bolsillo de su pantalón un gráfico detallado del cuerpo de la mujer que Ares le dio, se sentó un poco incómodo. Nico lo miro con una ceja levantada al notar la incomodidad de su cuñado, Frank aparto la mirada ruborizado por toda la información que bullía en su mente.

Por su parte Afrodita estaba pensando que en el próximo descanso tenía que darles a Frank y a Hazel sus propias recomendaciones, pensando que ambos se lo iban a agradecer porque los suyos eran mejores: más explicativos, detallados y gráficos que los consejos de Ares.

Apolo sacó a todos de sus pensamientos.

-¿Y ahora quien va a leer?- preguntó el dios del sol.

-Yo leo- se ofreció Hefesto. No porque tenga un interés especial en la lectura, sino que quería distraerse y dejar de pensar en lo que siempre pensaba.

Las palomas demonio nos atacan.

-¿Palomas demonio?- pregunto un romano con ironía y burlonamente. Era uno de los pocos seguidores de Octavio, y por lo tanto uno de los que se ponían en ridículo ellos solos por las preguntas idiotas que hacía.

Los griegos lo fulminaron con la mirada y todos los romanos se estremecieron.

Los siguientes días fueron una auténtica tortura…

Travis resopló:

- Como ese animal deseaba-. Dijo mientras todos los campistas que estuvieron en esa época asentían.

como Tántalo deseaba.

Travis se puso colorado antes las risas de los demás.

En primer lugar, ver a Tyson instalándose en la cabaña de Poseidón mientras le entraba la risa floja cada quince segundos, ya fue toda una experiencia.

Muchos miraron confundidos.

- ¿Percy, mi hermano? – decía como si le hubiese tocado la lotería.

La confusión se disipó como el humo.

-¡Claro que le toco la lotería! ¡Si todos queremos tenerlo como hermano!-. Grito un hijo de Hermes

-Las veces que le habremos rogado a nuestro padre que adopte a Percy-. Corroboró un hijo de Apolo. Poseidón no cabía en sí de tanto orgullo.

Afirmaciones y peticiones de este estilo se oyeron por toda la sala durante unos diez minutos hasta que se escuchó la voz de una hija de Venus por encima de las otras.

-¡Pero eso sería incesto! ¡Qué asco!- se escandalizo una hija de Apolo ante la idea de tener a Percy-Jackson-mas-bueno-que-el-pan como hermano.

Muchos la miraron con incredulidad; salvo las mujeres, diosas y semidiosas por igual, y algunos hombres que le tenían ganas a Percy. Entre las semidiosas no se incluían, las que lo consideraban un hermano, las que tenían novio y estaban enamoradas de su pareja, las que no lo conocían ni tampoco (sorprendiéndose a sí mismo) Nico. Al mismo tiempo que muchos chicos hervían de celos, en especial los que no sabían que Percy no era consciente de su atractivo y que por lo tanto no andaba presumiendo su belleza.

La hija de Apolo no entendía porque tanto alboroto si lo que dijo era verdad. Hefesto aburrido siguió leyendo.

Y no había modo de explicárselo. Estaba levitando.

Se escucharon un montón de risitas ante la imagen de Tyson levitando, mientras que este se sonrojaba y Ella lo besaba, lo que provocó que Afrodita chillara dejando sordos a todos.

En cuanto a mí, en fin, por más que me cayera bien aquel grandullón, no podía dejar de sentirme algo incómodo… avergonzado, sería la palabra adecuada. Ya la he dicho.

-¡Percy!- grito sorprendido y escandalizado Poseidón.

-No piense mal de Percy señor Poseidón- se apresuró a aclarar Will-. Lo que pasa es que nosotros despreciamos a Tyson y nos burlábamos de los dos cuando llego, no estábamos acostumbrados a tener a un cíclope como campista.

Poseidón se relajó un poco, aunque seguía sin gustarle como trataron a su hijo.

Mi padre, el todopoderoso Poseidón, se había encaprichado de algún espíritu de la naturaleza y Tyson había sido el resultado.

Poseidón se sonrojó profundamente. Zeus se burló de él, pero se calló en la vergüenza cuando Hera le recordó que él también perseguía a los espíritus de la naturaleza mientras estas escapaban aterrorizadas, y entonces fue el turno de Hades para reírse victorioso de sus hermanos, mientras los semidioses trataban de ocultar su propia risa.

Yo había leído los mitos sobre los cíclopes, e incluso recordaba que con frecuencia eran hijos de Poseidón, pero nunca había reparado en que eso los convertía en parientes míos. Hasta que tuve a Tyson instalado en la litera de al lado.

-Vaya, es verdad, Percy tiene un montón de hermanos monstruos-. Comento Will sorprendido al igual que muchos. A pesar de ser tan obvio no se habían detenido a pensar en eso.

Y luego estaban los comentarios de los demás campistas.

Los romanos miraron a los griegos con la pregunta reflejada en sus caras. Los griegos a su vez miraron a las hijas de Afrodita, quienes se encogieron de hombros e insinuaron que no son las únicas con boca para hablar. Lo que provoco el sonrojo de muchos griegos ya que muchos fueron los que chismorrearon sobre el ciclope a espaldas de Percy.

De repente, yo ya no era Percy Jackson, el tipo guay que el verano pasado había recuperado el rayo maestro de Zeus; ahora era el pobre idiota que tenía a un monstruo horrible por hermano.

-Pff cuando no ¡estaba con todos los humos!- grito Thalia teatralmente. Nadie pudo evitar reír disipando así la incomodidad generada por lo de "monstruo horrible".

- ¡No es mi hermano de verdad! – protestaba yo cuando Tyson no andaba por allí -. Es más bien un hermanastro del lado monstruoso de la familia, como un hermanastro de segundo grado… o algo así.

En ese momento Tyson ya no pudo soportarlo más. Se levantó y se fue con la cabeza gacha de la Sala del Trono. Muchos hicieron ademan de levantarse y seguirlo para consolarlo, pero Ella los detuvo diciendo que necesitaba estar un rato solo. Zeus indico a Hefesto que continuara.

Nadie se lo tragaba.

Lo admito: estaba furioso con mi padre. Ahora tenía la sensación de que ser su hijo era un chiste.

Nadie dijo nada. Los campistas que estuvieron ese año sabían que aquello era su culpa, que ellos lo habían hecho sentir así.

Annabeth hizo lo posible para que me sintiera mejor.

-¿Se puede contar?- pregunto Leo sugerente. Iba a añadir algo cuando vio que Annabeth se sonrojo ante su insinuación, pero recibió un sonoro golpe en la cabeza, cortesía de Piper.

Me propuso que nos presentáramos juntos a la carrera de carros y tratáramos de olvidar así nuestros problemas. No me malinterpretéis: los dos odiábamos a Tántalo y estábamos my preocupados por la situación del campamento, pero no sabíamos qué hacer. Hasta que se nos ocurriera un brillante plan para salvar el árbol de Thalia, nos pareció que no estaría mal participar en las carreras.

-"Nos" me suena a manada- dijo Annabeth provocando la risa general.

Al fin y al cabo, fue la madre de Annabeth, Atenea, quien inventó el carro, y mi padre había creado los caballos. Los dos juntos nos haríamos los amos de aquel deporte.

Muchos asintieron, menos Atenea que no le gustó la idea de que un hijo suyo colabore con uno de Poseidón.

Una mañana, mientras Annabeth y yo estudiábamos distintos diseños de carro junto al lago de las canoas, unas graciosas de la cabaña de Afrodita que pasaban por allí me preguntaron si no necesitaría un lápiz de ojo…

- Ay, perdón. De ojos, quiero decir.

-¡Mejor cierren la boca que nos avergüenzan!- exclamo una hija de Venus.

-Para eso no necesitan ayuda-. Contesto Piper roja de ira.

-Por lo menos nosotros sabemos pelear, no como ustedes que viven mirándose al espejo-. dijo Celeste.

Piper y Celeste se odiaron desde el primer momento en que se vieron. Celeste todavía no terminaba de aceptar completamente a los griegos y lo manifiesta agrediendo a sus hermanas griegas que las consideraba unas inútiles Barbies.

En menos de cinco minutos sin que prácticamente nadie se diera cuenta en que momento paso o como sucedió, estaban en el centro de la sala las dos hijas de la diosa de la belleza enfrentadas.

Los romanos estaban seguros de que Celeste iba a ser la vencedora, ya que era una de las mejores en los juegos de guerra. Por su parte los griegos pensaban, con una sonrisa, que los romanos no tenían ni idea.

Celeste tenía dos espadas rectas mientras que Piper no llevaba arma alguna. Los romanos confirmaron la victoria de la hija de Venus pensando que seguramente la griega no sabía usar armas. Se equivocaron.

Cuando Celeste, espadas en alto, se dispuso a voltear a su contrincante y esta se movió supo de su error. De pronto se encontró de espaldas en el suelo con sus espadas rodeando su cuello en cruz.

Piper ni siquiera estaba agitada mientras que la romana tiritaba de sorpresa, vergüenza e ira. No podía creer que haya perdido. Al igual que el resto de los romanos.

Nico sonreía triunfal. Sintió la victoria de Piper como suya. Cada vez que iba al Campamento Júpiter, antes que supieran de los griegos, Celeste no dejaba de acosarlo y de insinuarse. Siempre se jactaba de que es la chica más guapa y la mejor guerrera del Campamento. Le encanto que le den un poco de su propia medicina.

Una vez que terminaron las felicitaciones y comentarios Hefesto continuó con la lectura.

- No hagas caso, Percy – refunfuñó Annabeth, mientras las chicas se alejaban riendo -. No es culpa tuya tener un hermano monstruo.

-Le levanta el ánimo a uno pero se lo bajo al otro- dijo Reyna negando con la cabeza. Annabeth la fulmino con la mirada, pero no dijo nada. Sabía que tenía razón.

- ¡No es mi hermano! – repliqué -. ¡Y tampoco es un monstruo!

-Al menos lo sigue defendiendo-. Opinó Hestia con una sonrisa. Sonrisa que todos se contagiaron.

Annabeth alzó las cejas.

- Oye, ¡ahora no te enfades conmigo! Y técnicamente sí es un monstruo.

Muchos pensaron que era una suerte que Tyson no estuviera presente para notar la incomodidad que se generó en toda la habitación.

- Bueno, fuiste tú quien le dio permiso para entrar en el campamento.

- ¡Porque era la única manera de salvarte la vida! Bueno… lo siento, Percy, no me imaginaba que Poseidón iba a reconocerlo. Los cíclopes son muy mentirosos y traicioneros…

-Auch hasta a mí me dolió Octavio con una sonrisa malvada intentando molestar a Annabeth.

-Debe ser que te sentiste identificado-. Le contesto Frank tratando de parecer casual, pero el brillo en sus ojos lo delataba.

Octavio lo miro con odio mientras todos se reían del espantapájaros humillado.

- ¡Él no! Pero, dime, ¿qué tienes tú contra los cíclopes?

Annabeth se sonrojó hasta las orejas. Tuve la sensación de que había algo que no me había contado; algo bastante malo.

Los que no conocían la historia la miraron curiosos pero se desilusionaron al ver que no estaba dispuesta a contarla.

- Olvídalo –me dijo-. Veamos, el eje de este carro…

- Estás tratándolo como si fuese un ser horrible –dije -. Y me salvó la vida.

Annabeth soltó el lápiz y se puso de pie.

-¡Corre Percy, corre!- grito Travis causando las carcajadas de los que entendieron el chiste.

-Annabeth está enojada ¡Corre, corre! ¡Corre por tu vida!- le siguió el juego Connor.

Hefesto se apresuró a seguir antes que se pongan a reír por horas.

- Entonces quizá deberías diseñar el carro con él.

- Tal vez sí.

- ¡Perfecto!

- ¡Perfecto!

-Parecen un viejo matrimonio- se quejó Zeus exasperado, causando el sonrojo de Annabetn, las insinuaciones de sus amigos y el enojo de Atenea.

-Al igual que el tuyo- le dijo Hades con una carcajada. Esta vez los que se enojaron fueron Zeus ante la falta de respeto y Hera a por lo de "viejo".

Se alejó furiosa y yo me sentí aún peor que antes.

La alegría se fue tan rápido como volvió. La mayoría se sintió mal por Percy, en especial Annabeth.

Durante los dos días siguientes intenté alejar de mi mente todos los problemas. Silena Beauregard, una de las chicas más guapas de la cabaña de Afrodita,

Annabeth fulmino al libro con la mirada. Muchos se estremecieron y compadecieron a Percy.

me dio mi primera lección para montar un pegaso. Me explicó que sólo había un caballo alado inmortal llamado Pegaso, que vagaba aún en libertad por los cielos, pero que en el curso de los eones había ido engendrando un montón de hijos. Ninguno era tan veloz ni tan heroico como él, mas todos llevaban su nombre glorioso.

Hazel suspiro soñadora. Y Frank se decidió a comprarle uno que sea de ella y solo de ella.

Siendo el hijo del dios del mar, nunca me había gustado andar por los aires.

Poseidón y Zeus asintieron.

Mi padre tenía una vieja rivalidad con Zeus, de modo que yo procuraba mantenerme alejado de los dominios del señor de los cielos.

Los hermanos volvieron a asentir solemnemente, mientras el resto rodaban los ojos.

Ahora, cabalgar en un caballo alado me parecía diferente, no me ponía tan nervioso, ni mucho menos, como viajar en avión. Quizá fuese porque mi padre había creado los caballos con espuma marina, de manera que los pegasos venían a ser una especie de… territorio neutral.

Zeus entrecerró los ojos. No le gustaba la idea de que el hijo de Poseidón anduviera por el aire. Pero una mirada de su hermano anulo todos sus planes.

Además, yo podía captar sus pensamientos y no me alarmaba cuando mi pegaso echaba a galopar sobre las copas de los árboles o cuando se lanzaba a perseguir por las nubes una bandada de gaviotas.

Muchos fanáticos de los pegasos no pudieron evitar sentir un poco de envidia.

El problema era que Tyson también quería montar un «poni gallina»,

Y la risa volvió por un buen rato. En eso observan a Tyson jugando con la Señorita O'Leray y sus amigos suspiraron aliviados de que se esté divirtiendo.

y los pegasos se asustaban en cuanto se les acercaba. Yo les decía telepáticamente que Tyson no les haría daño, pero ellos no parecían creerme, y él se ponía a llorar.

La única persona del campamento que no tenía ningún problema con Tyson era Beckendorf, de la cabaña de Hefesto. El dios herrero siempre había trabajado con cíclopes en su forja, así que Beckendorf se llevaba a Tyson a la armería para enseñarle a trabajar el metal.

Decía que en un periquete conseguiría que Tyson forjase instrumentos mágicos como un maestro.

-Fue mi mejor amigo aparte de Percy- se escuchó de pronto la voz de Tyson. Casi todos se sobresaltaron, muy pocos se dieron cuenta de que el hijo de Poseidón había vuelto.

Después del almuerzo me entrenaba en el ruedo de arena con los de la cabaña de Apolo. El manejo de la espada ha sido siempre mi fuerte. La gente decía que yo era mejor en ese terreno que ningún otro campista de los últimos cien años, salvo Luke quizá. Siempre me comparaban con Luke.

-Lo que en ese entonces era un gran logro- dijo Kate.

-¿Pero no es un traidor?- preguntó un hijo de Marte.

-Sí, pero eso no quita el hecho de que el desgraciado era fantástico con una espada- dijo Connor con una mezcla de odio y admiración en la voz.

-Aunque ahora Percy es mucho mejor de lo que fue Luke- añadió Nico con orgullo mientras un corazón se estrujaba de dolor ante el orgullo y el amor con que Nico dijo esas palabras.

A los chicos de Apolo les daba verdaderas palizas sin esforzarme demasiado.

Los hijo de Apolo se sonrojaron mientras el resto reia (menos el mismo Apolo que estaba con el ceño fruncido) y los romanos pensaban que era más útil saber pelea cuerpo a cuerpo y ser buen espadachín que ser bueno con el arco. Lo que no sabían es que los hijos del dios del sol eran muy buenos con la espada, pero que Percy los vencía fácilmente al ser él mucho mejor que ellos.

Debería haberme entrenado con las cabañas de Ares y Atenea, que tenían a los mejores combatientes, pero no me llevaba bien con Clarisse y sus hermanos y, después de mi discusión con Annabeth, tampoco quería verla a ella.

Muchas suspiraron ante la idea de que Percy no esté más con Annabeth y así tener una oportunidad ellas con él.

Iba también a clases de tiro con arco, aunque en esta especialidad era muy malo y la clase sin Quirón ya no era lo mismo.

Los griegos rieron al recordar los intentos de Percy de pegarle a la diana.

En artes y oficios, había empezado un busto de mármol de Poseidón, pero como cada vez se parecía más a Sylvester Stallone, acabé dejándolo.

Nuevas risas pero esta vez de todos en la sala.

También trepé por la pared de escalada en el nivel máximo, que incluía lava y terremoto a todo trapo. Por las tardes, participaba en la patrulla fronteriza. Aunque Tántalo había insistido en que no nos preocupáramos por la protección del campamento, algunos campistas la habíamos mantenido sin decir nada y estableciendo turnos en nuestro tiempo libre.

Estaba sentado en la cima de la colina Mestiza, contemplando a las ninfas que iban y venían mientras le cantaban al pino agonizante. Los sátiros traían sus flautas de caña y tocaban melodías mágicas y, durante un rato, las agujas del pino parecían mejorar. Las flores de la colina tenían también un olor más dulce y la hierba reverdecía, pero cuando la música se detenía, la enfermedad se adueñaba otra vez de la atmósfera. La colina entera parecía infectada, como si el veneno que había llegado a las raíces del árbol estuviera matándolo todo.

El ambiente volvió a tensarse y la tristeza y el dolor se reflejó en la mirada de muchos.

Cuanto más tiempo pasaba allí, más me enfurecía.

Aquello era obra de Luke. Me acordaba de su astuta sonrisa y de la cicatriz de garra de dragón que le cruzaba la cara. Había simulado ser mi amigo, pero en realidad había sido todo el tiempo el sirviente número uno de Cronos.

En ese momento Nico sintió una pena y una culpa abrumadores, provenientes de un alma que no logro identificar.

Abrí la palma de la mano; la cicatriz que Luke me había dejado el verano pasado estaba desapareciendo, pero aún se veía un poco: una herida con forma de asterisco en el punto donde el escorpión del abismo me había picado.

Annabeth la recordó, una horrible cicatriz queriendo arruinar la imagen de una hermosa mano.

Pensé en lo que me había dicho Luke justo antes de intentar matarme: «Adiós, Percy. Se avecina una nueva Edad de Oro, pero tú no formarás parte de ella.»

Poseidón se estremeció, no soportaba que amenazaran a su hijo. No pudo evitar pensar en Sally, quien en esos momentos se encontraba desmayada en sus habitaciones del palacio que tenía en el Olimpo. El cuerpo de Sally había llegado junto con el Percy de seis años, costo mucho convencer al pequeño de que su madre estaba bien, que solo estaba dormida. Esto lo supieron después de que Apolo la revisara y sugiriera llevarla a su palacio para atenderla personalmente y quedarse a su lado tiempo completo. Por supuesto que no lo permitieron y la llevaron al templo de Hestia.

Por su parte, Poseidón reconoció a su amante enseguida. Su hermosa Sally, dos días antes del solsticio de inverno, y antes de que aparecieran los semidioses de pasado, había estado con ella por primea vez. Fue especial distinta a las demás. Los semidioses dijeron que era la madre del héroe del que iban a leer. Fue así que confirmo lo que sintió cuando vio a ese pequeño de ojos verdes, era su hijo.

Espero pacientemente a que todos se enteraran de él era el padre de Percy para pedir llevar a Sally a su templo. Al principio Zeus se reusó, pero Poseidón no acepto un no por respuesta, y más cuando sabía que varios dioses le habían echado el ojo a su Sally.

Así que ahora se pasaba las horas esperando a que despertara su amante y a que aparezca su hijo.

Hasta que noto el silencio que se había instalado. Cada uno parecía pensar en la última oración leída. Sacudió su cabeza para despejarla de sus pensamientos e indico a Hefesto que continúe la lectura.

Por las noches tenía más sueños en los que aparecía Grover. A veces sólo me llegaba su voz a ráfagas, y una vez le oí decir: «Es aquí» Y otra: «Le gustan las ovejas»

Nadie pudo evitar reír disipando así la tensión que se había instalado por el comentario de Luke.

Pensé en contárselo a Annabeth, pero me habría sentido estúpido. Es decir… « ¿Le gustan las ovejas?» Pensaría que me había vuelto loco. La noche antes de la carrera, Tyson y yo terminamos nuestro carro. Era una verdadera pasada. Tyson había hecho las partes de metal en la forja de la armería, y yo lijé las maderas y lo monté todo. Era azul y blanco, con un dibujo de olas a ambos lados y un tridente pintado en la parte delantera. Después de todo aquel trabajo, era de justicia que Tyson se situara a mi lado en la carrera, aunque sabía que a los caballos no les gustaría y que su peso extra sería un lastre y nos restaría velocidad.

Tyson suspiro triste y avergonzado. Ella lo beso y le sonrió para distraerlo.

Cuando íbamos a acostarnos, Tyson me vio ceñudo y preguntó:

- ¿Estás enfadado?

- No, no estoy enfadado.

Se echó en su litera y permaneció callado en la oscuridad. Su cuerpo era mucho más grande que el colchón y cuando se cubría con la colcha, los pies le asomaban por debajo.

- Soy un monstruo.

- No digas eso.

-No me importa. Seré un buen monstruo. Y no tendrás que enfadarte.

-Tyson…- comenzó a decir Annabeth, pero el cíclope la detuvo.

-No se preocupen, ya he hablado con Percy sobre esto - aclaro Tyson para todos. Y los que conocen a Percy sonrieron con cariño. Percy era muy bueno para levantar el autoestima de los otros y daba unos discursos excelentes, aunque como ahora sabían su propia autoestima no era muy buena.

No supe qué responder. Miré el techo y sentí que me estaba muriendo poco a poco, al mismo tiempo que el árbol de Thalia.

Esa frase pequeña pero a la vez cargada de significado, dejo a la mayoría de los presentes en estado de shock. Nunca se imaginaron que las burlas que le dedicaron pudieron hacerlo sentir así. Porque todos comprendieron que un gran factor para que su héroe se haya sentido así eran sus burlas con respeto a su reciente hermano descubierto.

Hefesto decidió esperar un poco para que los semidioses salieran de dolor y su culpa.

- Es solo… que nunca había tenido un hermanastro. – Procuré evitar que se me quebrara la voz -. Es una experiencia muy diferente para mí; además estoy preocupado por el campamento, y además tengo otro amigo, Grover, que quizá corra peligro. Siento que debería hacer algo, pero no sé qué.

Y Hefesto deseo no haber leído en voz alta eso, ya que otra ronda de culpabilidad golpeo a los mortales y quizá también a los dioses; dado que en ese párrafo quedo de manifiesto que en fondo, de forma implícita todos esperaban, en ese momento y siempre, que Percy resolviera los problemas del Campamento y no pensaron en la carga que depositaron en sus hombros.

Todo esto Jason ya lo había deducido, cuando estuvo sin memoria en el campamento griego. Noto el vacío que dejo Percy en el lugar. Se dio cuenta de que Percy era un líder del que todos, en cierta forma dependían, y que no sabían que hacer sin su guía. Si bien Quirón y Dionisio estaban presentes, el hijo de Poseidón era el que está con ellos y al que siguieron en la batalla.

Tyson permaneció callado.

- Lo siento – añadí -. No es culpa tuya. Estoy enfadado con Poseidón; tengo la sensación de que trata de ponerme en una situación embarazosa, como si quisiera compararnos o algo así, y no entiendo por qué.

Oí un ruido sordo y grave. Tyson estaba roncando. Suspiré.

- Buenas noches, grandullón.

Y yo también cerré los ojos.

Muchos cerraron los ojos, la pachorra atacándolos de pronto.

En mi sueño, Grover llevaba un vestido de novia.

El mencionado bufo en la sala ante las risitas de la mayoría de los presentes masculinos. "¿Qué no entienden que era un método de supervivencia?" pensó para sus adentros. Ya quería ver si ellos tenían los pantalones para hacer lo que el hiso. Aunque pensándolo bien, el problema fue justamente la falta de estos.

No le quedaba muy bien; era demasiado largo y tenía el dobladillo salpicado de barro seco, el escote se le escurría por los hombros y un velo hecho jirones le cubría la cara.

Estaba de pie en una cueva húmeda, iluminada únicamente con antorchas. Había un catre en un rincón y un telar anticuado en el otro, con un trozo de tela blanca a medio tejer en el bastidor. Me miraba fijamente, como si yo fuera el programa de televisión que había estado esperando.

- ¡Gracias a los dioses! – gimió -. ¿Me oyes?

-¡Siiiii! ¡Fuerte y claro!- gritaron los Stoll al unísono, sacando carcajadas a diestro y siniestro.

Mi yo dormido fue algo lerdo en responder. Seguía mirando alrededor y registrándolo todo: el techo de estalactitas, aquel hedor a ovejas y cabras, los gruñidos, gemidos y balidos que parecían resonar tras una roca del tamaño de un frigorífico que bloqueaba la única salida, como si más allá hubiese una caverna mucho más grande.

- ¿Percy? – dijo Grover -. Por favor, no tengo fuerzas para proyectarme mejor. ¡Tienes que oírme!

- Te oigo – dije -. Grover ¿qué ocurre?

Una voz monstruosa bramó detrás de la roca:

- ¡Ricura! ¿Ya has terminado?

Un hijo de Marte no pudo contener un ataque de risa recibiendo como recompensa un ataque de enredaderas espinosas comandadas por Grover. Al mismo tiempo muchos suspiraron aliviados por haberse contenido lo suficiente.

Grover dio un paso atrás.

- ¡Aún no, cariñito! – gritó con voz de falsete -. ¡Unos pocos días más!

- ¡Pero…! ¿No han pasado ya las dos semanas?

- N-no, cariñito. Sólo cinco días. O sea que faltan doce más.

El monstruo permaneció en silencio, quizá tratando de hacer el cálculo. Debía de ser pero que yo en aritmética, porque acabó respondiendo:

- ¡Está bien, pero date prisa! Quiero VEEEER lo que hay tras ese velo ¡je, je, je!

Grover se volvió hacia mí.

- ¡Tienes que ayudarme! ¡No queda tiempo! Estoy atrapado en esta cueva. En una isla en medio del mar.

- ¿Dónde?

- No lo sé exactamente. Fui a Florida y doblé a la izquierda.

- ¿Qué? ¿Cómo pudiste…?

- ¡Es una trampa! – dijo Grover -. Ésa es la razón de que ningún sátiro haya regresado nunca de esta búsqueda. ¡Él es un pastor, Percy! Y tiene eso en su poder. ¡Su magia natural es tan poderosa que huele exactamente como el gran dios Pan! Los sátiros vienen aquí creyendo que han encontrado a Pan y acaban atrapados y devorados por Polifemo.

-Jajajaja ¡un clásico!- rieron a coro los hijos de Hermes y Mercurio.

- ¿Poli… qué?

- ¡El cíclope! – aclaro Grover, exasperado -. Casi logré escapar. Recorrí todo el camino hasta St. Augustine.

- Pero él te siguió – dije, recordando mi primer sueño -. Y te atrapó en una boutique de vestidos de novia

- Exacto. Mi primera conexión por empatía debió de funcionar, después de todo. Y mira, ese vestido de boda es lo único que me ha mantenido con vida. Él cree que huelo bien, pero yo le dije que era un perfume con fragancia de cabra. Por suerte, no ve demasiado; aún tiene el ojo medio cegado desde la última vez que se lo sacaron, pero pronto descubrirá lo que soy. Me ha dado sólo dos semanas para que termine la cola del vestido. ¡Y cada vez está más impaciente!

- ¡Espera un momento! El cíclope cree que eres…

- ¡Sí! – gimió Grover -. ¡Cree que soy una cíclope y quiere casarse conmigo!

-¡No necesitaba saber eso!- exclamo Will divertido- ¡Ni imágenes en mi cabeza!

Y para vergüenza del sátiro todos se largaron a reír del pobre Grover que por la pena no pudo enojarse y amenazarlos para no lo hagan.

En otras circunstancias habría estallado en carcajadas, pero el tono de Grover era serio y temblaba de miedo.

- ¡Iré a rescatarte! – Le prometí - ¿Dónde estás?

- En el mar de los Monstruos, por supuesto.

- ¿El mar de qué?

- ¡Ya te lo he dicho! ¡No sé exactamente dónde! Y escucha, Percy, de verdad que lo siento, pero esta conexión por empatía… Bueno, no tenía alternativa. Nuestras emociones ahora están conectadas Y si yo muero…

- No me lo digas: también moriré yo.

-Es un impresionante logro señor Underwood- lo felicito Dionisio-. Una conexión empática es muy difícil de establecer.

Mientras Grover enrojecía por el inesperado elogio y el resto miraban sorprendidos al dios del vino, Annabeth se sonrojaba por el parecido de las palabras dichas.

-Sin matar a nadie, además- agrego Dionisio. Y los dioses suspiraron aliviados, por un momento creyeron que el dios del vino estaba poseído o algo; pero no, era el mismo de siempre agregando algo que quiso ser sumamente hiriente después de su alago.

- Bueno, tal vez no, quizá sigas viviendo en un estado vegetativo durante años. Pero eh… sería todo mucho mejor si me sacaras de aquí.

- ¡Ricura! – bramó el monstruo -. ¡Es hora de cenar! ¡Y hay deliciosa carne de cordero!

- Tengo que irme – lloriqueó Grover - ¡Date prisa!

- ¡Espera! Has dicho que él tiene «eso»… ¿El qué?

La voz de Grover ya se estaba apagando.

- ¡Dulces sueños! ¡No me dejes morir!

El sueño se desvaneció y me desperté con un sobresalto. Era plena madrugada. Tyson me miraba preocupado con su único ojo.

- ¿Te encuentras bien? – me preguntó.

Un escalofrío me recorrió la columna al oír su voz. Sonaba casi exactamente igual que la del monstruo que acababa de oír en mi sueño.

De pronto un fogonazo de luz blanca cegó a todos por un minuto, cuando se fue había un hombre con un bebe en sus brazos. A simple vista se notaba que eran mortales. El hombre parecía un galán de televisión, el clásico bombonaso rompe corazones, a pesar de estar entrado en años.

Muchas féminas babearon, incluida Afrodita a quien no le importaría traer otro semidiós al mundo con él, pero se dio cuenta que dicho galán tenía su corazón ocupado y supo que no había esperanzas, al menos voluntariamente, con el adonis.

Él bebe era una copia casi igual del hombre, y todos dedujeron que su hijo.

-¡Como pudo un mortal entra en el Olimpo!- trono horrorizado Zeus "dios del drama" haciendo que los cielos se inunden de rayos.

-Las Parcas me lo permitieron señor Zeus, dijeron que era importante que este aquí- contesto el mortal sin inmutarse, llamando la atención de los dioses y semidioses por esto-. Me explicaron y mostraron lo que ha pasado hasta hace unos minutos.

Zeus suspiro resignado.

-¿Cuál es tu nombre?-pregunto con voz cansada.

-Me llamo Paul Blofis y este es mi hijo Viggo, es un placer conocerlos-. Anuncio el mortal con una inclinación, ganándose así a los dioses que quedaron complacidos con la muestra de respeto y educación por parte de Paul.

-Ve a sentarte querido- dijo con una sonrisa pícara Afrodita sondeando el terreno. Paul simplemente asintió y fue a sentarse junto a Annabeth y Grover.

Y para sorpresa de los dioses los mortales fueron recibidos con cariñoso saludos por los semidioses amigos de Percy. Mientras tanto Atenea comento con los dioses que quizás el mortal sea profesor de Percy ya que la diosa de la sabiduría percibió al instante la inteligencia del mortal y su aura de maestro que portaba también Quirón.

Una vez terminado el alboroto innecesario, según Zeus que esta algo celoso por todo la atención que recibían los simples mortales, continuaron con la lectura; cosa que tampoco entusiasmaba mucho que digamos al rey del Olimpo.

Hefesto rodó los ojos ante el comportamiento infantil mal disimulado de su padre, se aclaró la garganta y hablo.

La mañana de la carrera hacía calor y mucha humedad. Una niebla baja se deslizaba pegada al suelo como vapor de sauna. En los árboles se habían posado miles de pájaros: gruesas palomas blancas y grises, aunque no emitían el arrullo típico de su especie, sino una especie de chirrido metálico que recordaba al sonar de un submarino.

La pista de la carrera había sido trazada en un prado de hierba situado entre el campo de tiro y los bosques. La cabaña de Hefesto había utilizado los toros de bronce, domesticados por completo desde que les habían machacado la cabeza, para aplanar una pista oval en cuestión de minutos.

Hefesto se detuvo unos segundos para darles una mirada aprobatoria a sus hijos.

Había gradas de piedra para los espectadores. Tántalo, los sátiros, algunas ninfas y todos los campistas que no participaban. El señor D no apareció. Nunca se levantaba antes de las diez de la mañana.

Dicho dios panzón entrecerró los ojos al libro en manos de su medio hermano.

- ¡Muy bien! – anunció Tántalo cuando los equipos empezaron a congregarse en la pista. Una náyade le había traído un gran plato de pasteles de hojaldre y, mientras hablaba, su mano derecha perseguía un palo de nata y chocolate por la mesa de los jueces-. Ya conocéis las reglas: una pista de cuatrocientos metros, dos vueltas para ganar y dos caballos por carro. Cada equipo consta de un conductor y un guerrero. Las armas están permitidas y es de esperar que haya juego sucio. ¡Pero tratad de no matar a nadie! – Tántalo nos sonrió como si fuéramos unos chicos traviesos -. Cualquier muerte tendrá un severo castigo. ¡Una semana sin malvaviscos con chocolate en la hoguera del campamento! ¡Y ahora, a los carros!

Absolutamente todos los que no sabían de esto miraron con incredulidad al libro. ¿Ese era el castigo por una muerte? Hades comenzó a planear nuevos sacrificios para Tántalo. En su rostro se formó una sonrisa cruel que hizo orinarse a algunos, entre ellos Octavio.

Beckendorf, el líder del equipo de Hefesto, se dirigió a la pista. El suyo era un prototipo hecho de hierro y bronce, incluidos los caballos, que eran autómatas mágicos como los toros de Cólquide. No tenía la menor duda de que aquel carro albergaba toda clase de trampas mecánicas y más prestaciones que un Maserati con todos sus complementos.

Ante la satisfacción de su padre, los hijos de Hefesto se pusieron a anotar mejoras en el carro.

Del carro de Ares, color rojo sangre, tiraban dos horripilantes esqueletos de caballo. Clarisse subió con jabalinas, bolas con púas, abrojos metálicos, de esos que siempre caen con la punta hacia arriba, y un montón más de cacharros muy changos.

El dios de la guerra inflo el pecho, orgulloso del carro creado por sus hijos. Aprobaba en especial, los caballos esqueléticos.

El carro de Apolo, elegante y en perfecto estado, era todo de oro y lo tiraban dos hermosos palominos de pelaje dorado, cola y crin blanca. Su guerrero estaba armado con un arco, aunque había prometido que no dispararía flechas normales a los conductores rivales.

Los ojos de Apolo se iluminaron ante la idea de un carro de oro. Oro puro como su sensacional, único y magnifico palacio.

El carro de Hermes era verde y tenía un aire anticuado, como si no hubiese salido del garaje en años. No parecía tener nada de especial, pero lo manejaban los hermanos Stoll y yo temblaba sólo de pensar en las jugarretas que debían de haber planeado.

Las mentes de los hijos de Hermes y Mercurio, junto con la de su padre, se llenaron de ideas de todo lo que pondrían en su propio carro.

Quedaban dos carros: uno conducido por Annabeth y otro por mí. Antes de empezar la carrera, me acerqué a ella y empecé a contarle mi sueño. Pareció animarse cuando mencioné a Grover, pero en cuanto le expliqué lo que me había dicho, volvió a mostrarse distante y suspicaz.

-Lo que quieres es distraerme – decidió al fin.

- ¡De ninguna manera!

- ¡Ya, claro! Como si Grover tuviese que ir a tropezar precisamente con lo único que podría salvar el campamento.

- ¿Qué quieres decir?

Ella puso los ojos en blanco.

- Vuelve a tu carro, Percy.

- No me lo he inventado. Grover corre peligro, Annabeth.

Ella vaciló, intentando decidir si confiaba en mí o no. Pese a nuestras peleas ocasionales, juntos habíamos superado muchas cosas. Y yo sabía que ella no quería que le pasara nada malo a Grover.

Grover le sonrió a Annabeth cuando esta se quiso disculpar, restándole importancia y diciendo que ya había pasado y que sabía cuánto lo quería.

- Percy, una conexión por empatía es muy difícil de establecer. Quiero decir que lo más probable es que estuvieras soñando.

Nadie pudo evitar reír ante la semejanza de lo dicho por Annabethy y el elogio de Dionisio. Paul reto a los semidioses que tenía cerca y que lo podían escuchar, y estos se callaron. Zeus casi se "muere" de celos al ver la autoridad que tenía el "simple" mortal entre los semidioses.

- El Oráculo – dije -. Podemos consultar al Oráculo.

Los que conocieron al viejo Oráculo se estremecieron.

Annabeth frunció el ceño.

El verano anterior, antes de emprender la búsqueda del rayo maestro, visité al extraño espíritu que vivía en la Casa Grande y me hizo una profecía que se cumplió de manera imprevisible. Aquella experiencia me había dejado flipado durante meses. Annabeth sabía que no me habría pasado por la cabeza volver a consultar al Oráculo si no estuviese hablando en serio.

-Totalmente entendible- dijo un hijo de Hermes con un estremecimiento, recibiendo como recompensa el golpe de un cepillo en medio de la frente.

Ante de que pudiera responder, sonó la caracola.

- ¡Competidores! – gritó Tántalo -. ¡A sus puestos!

- Hablaremos después - me dijo Annabeth -. Cuando haya ganado la carrera.

Mientras iba hacia mi carro, advertí que había muchas más palomas en los árboles soltando aquel chirrido enloquecedor y haciendo que crujiera el bosque entero. Nadie parecía prestarles atención, pero a mí me ponían nervioso; sus picos brillaban de un modo extraño y sus ojos relucían más de lo normal.

Los romanos, los héroes antiguos y los dioses (salvo Hércules, Octavio y su grupito) fruncieron el ceño con un mal presentimiento, a la vez que se imaginaban distintos escenarios con respecto a las palomas.

Los griegos solo se estremecieron, los que no estuvieron en ese momento habían escuchado relatos muy detallados en la hoguera.

Tyson tenía problemas para controlar los caballos. Tuve que hablar con ellos un buen rato para calmarlos.

« ¡Es un monstruo, señor!» se quejaban.

Poseidón frunció el ceño y entrecerró los ojos.

«Es hijo de Poseidón – les dije -. Igual que… bueno, igual que yo»

« ¡No! - insistían -. ¡Monstruo! ¡Devorador de caballos! ¡No es de fiar!» «Os daré terrones de azúcar al final de la carrera», les dije.

« ¿Terrones de azúcar?»

«Terrones enormes. Y manzanas. ¿Ya os había dicho lo de las manzanas?»

-Chantaje excelente-. Aprobó Hermes con una sonrisa ladina. Atenea rodó los ojos ante otra idea ingeniosa del hijo de cerebro de algas.

Así que se dejaron poner las riendas y los arreos. Por si nunca habéis visto un carro griego, debéis saber que es un vehículo diseñado exclusivamente para la velocidad, no para la seguridad ni el confort. Básicamente, viene a ser una canastilla de madera abierta por detrás y montada sobre un eje de dos ruedas. El auriga permanece de pie todo el tiempo, y os aseguro que se nota cada bache. La canastilla es de una madera tan ligera, que si uno pierde el control en la curva que hay en cada extremo de la pista, lo más probable es que vuelque y acabe aplastado bajo el carro. Es una carrera mucho más rápida que las de monopatín.

Tomé las riendas y llevé el carro hasta la línea de salida. A Tyson le di una estaca de tres metros y le encomendé mantener lejos a los rivales que se acercaran demasiado, así como desviar cualquier cos que pudiera arrojarnos.

- No golpear a los ponis con el palo – insistía él.

Muchos asintieron a Tyson alabando su recomendación, mientras Ares clamaba sangre.

- No – confirmaba yo -. Y tampoco a la gente, si puedes evitarlo. Vamos a correr jugando limpio. Tú limítate a evitarme distracciones para que pueda concentrarme en conducir.

- ¡Venceremos! – dijo sonriendo abiertamente.

«Vamos a perder seguro», pensé yo. Pero tenía que intentarlo. Quería demostrar a los demás… bueno, no sabía muy bien qué exactamente. ¿Qué Tyson no era tan mal tipo? ¿Qué a mí no me avergonzaba que me viesen en público con él? ¿O tal vez que no me habían afectado todos sus chistes y apodos?

Paul suspiro con tristeza. Se estaba enterando muchas cosas de Percy. Es decir, le contó sobre esto pero no tan detalladamente. Ahora confirmaba lo que desde un principio supo; que a Percy, en el fondo le importaba lo que pensaban de él, por lo que no contaba no dejaba ver bien como le afectaban las cosas que le decían, ya sean buenas o malas, ya que por más que no le agradara mucho, Percy era a quien todos recurrían cuando tenían algún problema y el hijo de Poseidón no quería decepcionar a nadie.

Mientras los carros se alineaban, en el bosque se iban reuniendo más palomas de ojos relucientes. Chillaban tanto que los campistas de la tribuna empezaron a mirar nerviosamente los árboles, que temblaban bajo el peso de tantos pájaros. Tántalo no parecía preocupado, pero tuvo que levantar la voz para hacerse oír entre aquel bullicio.

- ¡Aurigas! – Gritó - ¡A sus marcas!

Hizo un movimiento con la mano y dio la señal de partida. Los carros cobraron vida con estruendo. Los cascos retumbaron sobre la tierra y la multitud estalló en gritos y vítores.

Casi de inmediato se oyó un estrépito muy chungo. Miré atrás justo a tiempo de ver cómo volcaba el caro de Apolo; el de Hermes lo había embestido; tal vez sin querer, o tal vez no. Sus ocupantes habían saltado, pero los caballos aterrorizados, siguieron arrastrando el carro de oro y cruzando la pista diagonal. Travis y Connor Stoll, los del Hermes, se regocijaron de su buena suerte. Pero no por mucho tiempo, porque los caballos de Apolo chocaron con los suyos y su carro voló también, dejando en medio del polvo un montón de madera astillada y cuatro caballos encabritados.

Apolo y Hermes se fulminaron con la mirada, sus ojos lanzando destellos asesinos, pero todo el efecto fue roto cuando empezaron a reír a carcajadas.

Dos carros fuera de combate en los primeros metros. Aquel deporte me encantaba.

Volví a centrarme en la cabeza de la carrera. Íbamos a buen ritmo, por delante de Ares, pero el carro de Annabeth nos llevaba mucha ventaja, ya estaba dando la vuelta al primer poste, mientras su copiloto sonreía sarcástico y nos decía adiós con la mano:

- ¡Nos vemos, Chavales!

El carro de Hefesto también empezaba a adelantarnos.

Beckendorf apretó un botón y se abrió un panel en el lateral de su carro.

- ¡Lo siento, Percy! – chilló.

Muchos rostros se entristecieron ante la mención del hijo de Hefesto. Aunque el resto no lo noto debido a que estaban metidos en la carrera como si la estuvieran viendo en vivo.

Tres bolas con cadenas salieron disparadas hacia nuestras ruedas. Nos habrían destrozado si Tyson no las hubiese desviado con un golpe rápido de su estaca. Además, le dio un buen empujón al carro de Hefesto y lo mandó dando tumbos de lado mientras nosotros nos alejábamos.

- ¡Buen trabajo, Tyson! – grité.

- ¡Pájaros! – exclamó él.

- ¿Qué?

Avanzábamos tan deprisa que apenas oíamos ni veíamos nada, pero Tyson señaló hacia el bosque y entonces vi lo que lo inquietaba. Las palomas habían alzado el vuelo y descendían a toda velocidad, como un enorme tornado, directamente hacia la pista.

«Nada serio – me dije -. No son más que palomas»

Intenté concentrarme en la carrera.

Hicimos el primero giro con las ruedas chirriando y el carro a punto de volcar, pero ahora estábamos sólo a tres metros de Annabeth. Si conseguía acercarme un poco más, Tyson podría usar su estaca…

El copiloto de Annabeth ya no reía. Sacó una jabalina de la colección que llevaba y me apuntó al pecho. Iba a lanzármela cuando se produjo un gran griterío.

Ares refunfuño como un niño chiquito al que le quitaron su dulce preferido, por haberse interrumpido un ataque con posible resultado sangriento y violento.

Miles de palomas se lanzaban en tromba contra los espectadores de las gradas y los demás carros. Beckendorf estaba completamente rodeado. Su guerrero intentaba ahuyentarlas a manotazos, pero no veía nada. El carro viró, se salió de la pista y corrió por los campos de fresas con sus caballos mecánicos echando humo.

En el carro de Ares, Clarisse dio órdenes a gritos a su guerreo, que cubrió de inmediato la canastilla con una malla de camuflaje. Los pájaros se arremolinaron alrededor, picoteando y arañando las manos del tipo, que trataba de mantener la malla en su sitio. Clarisse se limitó a apretar los dientes y siguió conduciendo. Sus esqueletos de caballo parecían inmunes a la distracción. Las palomas picoteaban inútilmente sus órbitas vacías y atravesaban volando su caja torácica, pero los corceles continuaban galopando como si nada.

Clarisse asintió, estaba muy orgullosa de su carro.

Los espectadores no tenían tanta suerte. Los pájaros acometían contra cualquier trozo de carne que hubiese a la vista y sembraban el pánico por todas partes. Ahora que estaban más cerca, resultaba evidente que no eran palomas normales; sus ojos pequeños y redondos brillaban de un modo maligno, sus picos eran de bronce y, a juzgar por los gritos de los campistas, afiladísimos.

Los que tuvieron la mala suerte de comprobarlo se estremecieron.

- ¡Pájaros del Estínfalo! – gritó Annabeth. Redujo la velocidad y puso su carro junto al mío -. ¡Si no logramos ahuyentarlos, picotearán a todo el mundo hasta los huesos!

- Tyson –dije-, debemos dar la vuelta.

- ¿Vamos en dirección equivocada? – preguntó.

- Eso siempre – dije con un gruñido, giré el carro hacia las tribunas.

Annabeth corría a mi lado.

- ¡Héroes, a las armas! – gritó. Pero no creo que nadie la oyera entre los rechinantes graznidos y el caos general.

Annabeth bufó molesta al recordar lo impotente que se había sentido.

Mantuve las riendas en una mano y logré sacar a Contracorriente justo cuando una oleada de pájaros se abalanzaba sobre mi rostro, abriendo y cerrando su pico metálico. Los acuchillé en el aire con violentos mandobles y se disolvieron en una explosión de polvo y plumas. Pero quedaban miles aún. Uno de ellos me picoteó el trasero y poco me faltó para abandonar el carro de un salto.

Nadie pudo evitar reír al imaginarse la escena, incluso la voz de Hefesto vacilo unos instantes al querer contener la risa.

Annabeth no tenía mejor suerte. Cuanto más cerca estábamos de las tribunas, más densa era la nube de pájaros que nos rodeaba.

Algunos espectadores trataban de contraatacar y los campistas de Atenea reclamaban sus escudos. Los arqueros de la cabaña de Apolo habían sacado sus arcos y flechas, y se disponían a usarlos para terminar con aquella amenaza, pero con tantos campistas rodeados de pájaros, era peligroso disparar.

- ¡Son demasiados! – le grité a Annabeth -. ¿Cómo vamos a quitárnoslos de encima?

Ella atravesó una paloma con un cuchillo.

Ares suspiro aliviado al escuchar un poco de violencia, parecía adicto.

- ¡Hércules utilizó el ruido! ¡Campanas de latón! Las ahuyentó con el sonido más horrible que pudo…

Sus ojos se abrieron como platos

- Percy… ¡la colección de Quirón!

El centauro entrecerró los ojos.

La entendí en el acto.

- ¿crees que funcionará?

Ella le entregó las riendas a su guerrero y saltó a mi carro como si fuera la cosa más fácil del mundo.

- ¡A la Casa Grande! ¡Es nuestra única posibilidad!

Clarisse acababa de cruzar la línea de meta sin la menor oposición y sólo entonces pareció darse cuenta de lo grave que era la situación.

Cuando nos vio alejarnos, gritó:

- ¿Salís huyendo? ¡La lucha está aquí, cobardes! – Desenvainó su espada y se fue hacia las tribunas.

En la sala Clarisse enrojeció.

Puse los caballos al galope; el carro cruzó retumbando los campos de fresas y la pista de voleibol, y se detuvo con una sacudida frente a la Casa Grande. Annabeth y yo corrimos hacia el interior y derribamos la puerta del apartamento de Quirón.

Su equipo de música seguía en la mesilla de noche y también sus CD's favoritos. Agarré los más repulsivos, Annabeth cargó con el equipo y nos precipitamos de vuelta al carro.

En la pista se veían carros en llamas y campistas heridos corriendo en todas direcciones, mientras los pájaros destrozaban la ropa y arrancaban el pelo. Entretanto, Tántalo perseguía pasteles de hojaldre por las tribunas gritando de vez en cuando:

- ¡Todo está bajo control! ¡NO hay de qué preocuparse!

Nos detuvimos en la línea de meta. Annabeth preparó el equipo de música, mientras yo rezaba para que las pilas funcionasen.

Apreté play y se puso en marcha el disco favorito de Quirón: Grandes éxitos de Dean Martín. El aire se llenó de pronto de violines y una pandilla de tipos gimiendo en italiano.

Quirón apretó los puños indignado. ¡Su música es maravillosa!

Las palomas demonio se volvieron completamente locas. Empezaron a volar en círculo y a chocar entre ellas como si quisieran aplastarse sus propios sesos. Enseguida abandonaron la pista y se elevaron hacia el cielo, convertidas en una enorme nube oscura.

- ¡Ahora! – Gritó Annabeth - ¡Arqueros!

Con un blanco bien definido, los arqueros de Apolo tenían una puntería impecable. La mayoría sabía disparar cinco o seis flechas al mismo tiempo. En unos minutos, el suelo estaba cubierto de palomas con pico de bronce muertas, y las supervivientes ya no eran más que una lejana columna de humo en el horizonte.

La cabaña de Apolo entera se paró e hizo inclinaciones y agradecimientos como si fueran unas estrellas en la alfombra roja.

El campamento estaba salvado, pero los daños eran muy serios; la mayoría de los carros había sido totalmente destruida. Casi todo el mundo estaba herido y sangraba a causa de los múltiples picotazos, y las chicas de la cabaña de Afrodita chillaban histéricas porque les habían arruinado sus peinados y rajados sus vestidos.

- ¡Bravo! – exclamó Tántalo, pero sin mirarnos a Annabeth y a mí. - ¡Ya tenemos al primer ganador! – Caminó hasta la línea de meta y le entregó los laureles dorados a Clarisse, que lo miraba estupefacta.

Luego se volvió hacia mí con una sonrisa.

- Y ahora, vamos a castigar a los alborotadores que han interrumpido la carrera.

Y así, mientras todos se levantaban y discutían entre los que estaban a favor (Ares y sus hijos) y en contra de la decisión tomada por Tántalo, Nico miraba a todos hasta que se cruzó con unos ojos que lo miraban intensamente y un rubor adorable se instaló en sus mejillas mientras un recuerdo cruzaba por su mente.

Escena retrospectiva

Después de leer como Poseidón reclamaba a su hijo, los dioses mandaron a despejarse a los mortales mientras ellos calmaban a Zeus que gritaba e insultaba como si se hubiera golpeado el dedo chiquito con un martillo.

Nico aprovecho esto y se fue con Bessie, quien después de la primera impresión en donde se llevó todo la atención y los halagos, quedo olvidado por los semidioses, quedando solo en su acuario.

El hijo de Hades estaba buscando con la mira al taurofidio sobre la superficie del agua, cuando sintió una presencia detrás de él. Rápidamente giro con la espada en alto, pero al instante la bajo avergonzado y rogando no tener la cara tan roja como la sentía.

-Vengo en son de paz- se defendió Connor.

Allí estaba, dos escalone más abajo, Connor Stoll hijo de Hermes, con las manos en alto y con una expresión entre sorprendida y apenada que lo hacía ver adorable.

-Perdón, me asustaste- murmuro Nico intentando no sonrojarse.

-No pasa nada- dice Connor nervioso. Toda la seguridad y todo el coraje que había juntado para hablarle se le fue al mirarlo, y sentía que si no se controlaba su instinto se iba a apoderar de él e iba a tirar por la borda el acercamiento que había logrado hasta el momento.

-¿Me seguiste?- preguntó Nico de repente enojado ante esa posibilidad- ¿Es alguna broma? ¿O la estas planeando?- pregunto atropelladamente, todo junto y de golpe cada vez más enojado por ser molestado.

-¡No!, no te busco por alguna broma ni nada por el estilo… solo quiero que hablemos… es decir quiero preguntarte algo… - tartamudeo Connor inseguro y temeroso.

-Bueno, ¿De qué querés hablar?- acepto Nico más relajado pensando que el asunto era algo relacionado con el Campamento.

Tomando valor, Connor subió los dos escalones que los separaban, pasa al lado de Nico y se apoyó en el costado de la piscina dando la espalda a Bessie que se había acercado, y mirando al frente Nico hizo lo mismo.

-mmm mira no sé cómo preguntarte esto… - comenzó dudoso- yo… hace mucho que te miro… es decir que… hace tiempo que he notado como miras a Percy… -Nico se tensó- y yo quería saber… necesito saber si… -Connor tomo aire- ¿Estás enamorado de Percy?-. Pregunto con un hilo de voz.

Silencio. Nico no podía creer lo que acababa de escuchar. Mira a Connor y ve que efectivamente eso preguntó. De pronto se siente desnudo, siente que sus sentimientos y pensamientos están al descubierto y se enfurece.

-¡¿Qué?! ¿Qué mierda te pasa?- le grita al hijo de Hermes.

-No te enojes solo…

-¡No! ¡Callate! ¡Sos un imbécil! ¿Me escuchaste? ¡Un imbécil con todas las letras!

-¡El imbécil serás vos que no aceptas lo que sentís!- Connor no quería decir eso, pero las palabras de Nico lo lastimaron, y cuando lo lastiman su defensa es también lastimar.

-¡Maldito hijo de puta! ¡Maldito metido!

-¡Y vos sos un maldito cobarde!

Sus rostros estaban cada vez más cerca.

-¡IDIOTA!

-¡MIEDOSO!

-¡ANIMAL!

-¡MASOQUISTA!

-¡BESAME!

Fin de Flashback

Nico apartó la mirada y cuando vio que Connor se acercaba a él huyo para hablar con Hazel y Frank que conversaban esperando a que termine la discusión. Todavía no podía creer lo que dijo. No pudo volver a mirarlo a la cara sin que su rostro se sonrojara. Después de semejante confesión salió corriendo y no permitió que se quedaran a solas para hablar sobre ello.

Nico en el fondo sabía lo que sentía y lo que quería pero aún no estaba listo.


Bueno mis amores por fin aquí esta el sexto capitulo, espero que lo disfruten. Lo hice medio a las apuradas para publicarlo lo mas rápido posible. Perdón sino es como los otros estoy un poco oxidada.

Todavía falta un capitulo para que Percy aparezca, pero no se preocupen va a haber mucho de Percy, no se olviden que voy a hacer el tercer libro.

Cambie las clasificación a M por el lenguaje y eso.

Con respecto a la imagen de Percy imagínenselo como en la foto que puse de Avatar que puse, solo que con el pelo, las cejas y pestañas blancas y los ojos de un verde mas intenso y llamativo.

Espero que les aya gustado...

Besos...