Ya habían llegado a la casa Uzumaki, y Sasuke no parecía menos molesto que cuando la idea de que ese niño no fuera suyo le pasó por la mente. Al detenerse frente a la puerta, hizo una seña a Juugo para que se quedara afuera, quería hablar a solas con la pelirroja, y si acaso Naruto estaba ahí, él mismo lo sacaría de una patada para que no metiera la nariz entre ellos.

—Quizá tarde —murmuró Uchiha antes de llamar a la puerta, pues conocía bien el carácter de la joven, y pedirle cuentas sin ser nada iba a ser complicado.

Por más que llamó nadie le abrió, mas el azabache sabía que ella estaba ahí, pues de camino a la casa, los vecinos de los Uzumaki con los que se topó no paraban de lanzarle las mismas frases de la tarde con agregados, pero el que le confirmó la estadía de la pelirroja en la casa, y al mismo tiempo lo enfadó más fue el de Ino: "Felicidades Sasuke. Karin no ha salido para nada y yo quería felicitarla, pero seguro te anda esperando para que festejen. Pero oye ¿no le llevas un regalo? Toma, no seas desconsiderado" Era por eso que Sasuke sabía que ella estaba ahí, y también era por eso que llevaba algunos pétalos sobre la ropa, pues cuando Yamanaka se fue, destrozó la flor y no dio importancia a los restos sobre su ropa.

—¡Karin! —llamó como última advertencia, pues si ella no abría, él mismo se abriría el paso.

—Tira la puerta Uchiha y te obligaré a poner una nueva —amenazó la pelirroja desde afuera enfureciendo más al varón— Enójate lo que quieras, no hablaré contigo.

Bastó un Chidori para hacer un hueco lo suficientemente grande en la puerta para meter la mano y abrirla. En el proceso, Karin quiso correr a su habitación y encerrarse, mas él fue rápido y la tomó por la muñeca antes de lograr su propósito.

—Tenemos que hablar.

Ella se volvió a él, no tenía de otra, y él sabía que oiría algún reclamo, más notó el desconcierto en la cara de la fémina.

—Karin, tenemos que hablar —una voz llamó la atención de ambos y notaron a Suigetsu en el marco de la puerta.

Sasuke buscó a Juugo con la mirada, se suponía que no debía dejar pasar a nadie, sin embargo, era notorio que Hozuki había entrado sin obstáculo alguno.