Ahí en su casa estaban Sasuke y Suigetsu, pareciera que se pusieron de acuerdo, y eso que se enteraron al mismo tiempo de su embarazo, pero ninguno se presentó con ella hasta ese momento.

—Juugo —llamó Sasuke, pero antes de que el aludido respondiera, Suigetsu intervino.

—¿Ya te habló de nosotros? —miró a la pelirroja que quiso asesinar al albino ¿de qué "nosotros" estaba hablando?

Ella no tenía responsabilidades con nadie, ni con él ni con Uchiha, todo había sido casual, no había compromisos, por ello Karin no iba a atar a nadie a ella por un accidental embarazo; pero ese embarazo no le daba el derecho a ese imbécil a hablar tonterías.

Notó la mirada azabache sobre sí, así como la presión de su muñeca hacerse más fuerte lastimándola. Reunió todas sus fuerzas y enfadada, antes de que alguien dijera algo más, se soltó del agarre de Sasuke para retroceder un par de pasos y mirar a los tres —pues Juugo había asomado el rostro por la puerta—.

—¡Largo de mi casa! —Exclamó fúrica— ¡No quiero hablar con ninguno de los dos!

—Deja de decir tonterías —habló el albino— Por tu culpa estamos así ¡Debes aclarar las cosas!

Sí de por si Karin ya se encontraba muina, las palabras de Suigetsu le demostraron a ella que aún no había llegado a los límites del enojo, por lo que miró fulminantemente al trío de hombres para gritarles un montón de leperadas para correrlos sin embargo…

—¡Salgan ahora misma de mi casa montón de pendejos! —alcanzó a decir con la cara roja— ¡Si no se van ahora mismo…!

Mareo… comenzó a sentirse débil, las piernas le flaquearon y justo cuando pensó que sentiría el golpe del suelo, Sasuke, que se encontraba más cerca de ella, alcanzó a sostenerla.