La hora de la cena llego sin que rubia se presentara en el comedor – debe tener mucho trabajo – susurro la pelirroja jugando con un brócoli de su ya fría cena. No había querido comer nada hasta que su reina viniera a cenar pero al sentir la puerta principal abrirse y ver a Kai entrar con un aire de preocupación en su rostro supo que no traería buenas noticias.

-buenas noches princesa Anna, lamento informarle que la reina Elsa ha decidido no cenar con usted el día de hoy y me ha pedido expresamente que cene sin importar si ella… - antes que el mayordomo familiar hubiera terminado la frase un raudo rayo rojo serpenteante corrió por los pasillos hacia las escaleras y por ultimo hacia la puerta que tantas veces había tocado en su infancia.

Dudo por un segundo y sintió un escalofrió al sentir el frio hierro contra su mano desnuda, pero decidió no dudar al girar el pomo solo para darse cuenta con horror que la puerta estaba cerrada por dentro.

-¡ELSA, ME PROMETISTE NO CERRARLA DENUEVO!–sin tapujos comenzó a golpear la puerta con fuerza, quería romperla, atravesarla, el miedo invadió su cuerpo por completo, temblaba y sintió lagrimas hirviendo recorrer sus mejillas – ¡ELSAAA! – llamo de nuevo golpeando más y más fuerte sin darse cuenta de las pequeñas manchas de sangre que estaban quedando sobre la blanca e inmaculada pintura de la robusta puerta de madera, no lograría romperla ni aunque lo deseara con todas sus fuerzas.

Cayo de rodillas, se sintió débil y culpable, ¿y si algo le había pasado? y si… - ¿Anna? – sintió esa voz, la voz de la persona por quien estaba gritando, sin pensarlo dos veces se abalanzo a sus brazos tomándola por la cintura y hundiendo su rostro en el espacio entre el cuello y la clavícula.

-¿Por los dioses Anna que te sucede? – la voz de la mayor sonaba preocupada pero no quería soltarla, la idea de perderla la invadió por completo y dejarla ir no era una opción. Sintió unos brazos fríos acurrucarla mientras una mano acariciaba su pelo con suavidad – pensaste que me había encerrado de nuevo – un suave movimiento en forma de si le dio la razón a la pelirrubia que solo contesto pasando suavemente sus helados dedos por la nuca de la menor.

Un escalofrió recorrió su cuerpo y usando lo poco de cordura que le quedaba contuvo un gemido que se había formado en su garganta, dioses todo había pasado tan rápido que no se había dado cuenta ni como había terminado ahogando sus sollozos en el cuello de su hermana mayor y sintiendo ese tenue aroma a invierno que solo ella tenía.

Tenerla así de cerca no estaba ayudando a alejar los pensamientos que tuvo hoy en la tarde ni mucho menos cuando noto el escalofrió de su hermana menor al pasar sus dedos por su nuca… pasar sus dedos por su nuca ¿en qué demonios pensaba? Pero no tuvo mucho tiempo para reaccionar cuando su cuerpo involuntariamente volvió a hacerlo solo que ahora presionando su uña con delicadeza, como si estuviera escribiendo sobre un pergamino de seda, para sus sorpresa otro escalofrió seguido de un suspiro bastante audible que le llevo a sonrojarse, debía soltarse ahora o podría hacer algo de lo que se arrepintiera el resto de su vida.

Al sentir nuevamente el toque frio de esos dedos pero con más presión no pudo aguantar soltar al menos un sonido y aferrarse instintivamente con más fuerza, ¿Elsa la estaba tentando?, no, eso era imposible aunque así pareciera, ¿y si ella jugaba el mismo juego?, la piel de su cuello se veía tan provocativa como la vena que palpitaba rápidamente en él, sus labios estaban tan cerca, su aroma era demasiado provocativo también, estaba tan cerca a tan solo unos centímetros que sentía el frio contra sus labios "no, debo soltarme o podría hacer algo de lo que me arrepienta el resto de mi vida", pensó.

Como si estuvieran sincronizadas mentalmente ambas se separaron mirando para otros lados, ambas sonrojadas y pensando lo peor de la situación, la chica pecosa pensó hablar pero fue detenida ante la atónita mirada de su hermana hacia sus manos.

-estas… ¿estas sangrando?, ¡¿estas sangrando?! – repitió con miedo y terror para luego mirar hacia la puerta de su habitación, ahora comprendía todo, le había pedido a Kai que le avisara a Anna que no cenaría hoy con ella, tenía muchas cosas que hacer y pensar, además le había pedido que cerrara la puerta de su habitación porque había decidido tenerle de sorpresa a Anna que se mudaría a la habitación contigua a la suya para que no tuviera que cruzar medio castillo todas las mañanas y así alcanzar a desayunar juntas.

Conociendo a Anna debió de pensar lo peor y corrió hacia su habitación encontrándola cerrada, era su culpa, su maldita culpa nuevamente, la había dañado de nuevo.

La nieve comenzó a caer a su alrededor mientras temblorosamente tomaba las dañadas manos de Anna sin saber que hacer o cómo reaccionar. La menor la miro y como si leyera su mente dijo– no es nada, no fue tu culpa, no pienses que esto es tu culpa Elsa, no lo es, en ningún caso lo es – al notar el estado de sus manos comenzó el dolor pero decidió ignorarlo y tomar el frio y pálido rostro que tenía en frente entre ellas – me he hecho peores heridas en prácticas Elsie, esto es solo un rasguño – sonrió tontamente y agrego – si quiero ser el caballero de la reina debo de soportar estas cositas - mientras los copos de nieve a su alrededor dejaron de caer, la mirada de su contraparte se suavizo y la tomo por las muñecas.

-perdón, debí de avisarte antes, ven vamos a mi habitación te curare esas manos – la guio hasta la otra sala del edificio saludando a algunos guardias encargados de las rondas nocturnas. En ningún momento del viaje Elsa soltó su mano lo cual la hacía demasiado feliz como para ser normal, "si tan solo fuera correspondido", pensó raudamente la pecosa para luego mover su cabeza sin que la mayor se diera cuenta "nunca lo será, deja de pensarlo".


Luego de pedirle a Kai vendas, agua y su absoluta discreción ambas se encerraron teniendo así un incómodo momento a solas.

El sonido del agua y algunas quejas por parte de la aspirante a caballero llevaron a la reina de este hablar – ¿te duele mucho? – se reprochó a si misma por la pregunta absurda y estúpida que había formulado, obviamente le dolía, por eso se quejaba, se sintió más culpable que antes y la aludida lo noto al ver esos fríos ojos azules opacarse lentamente.

-no no… no duele nada… si incluso ni lo siento jajaja, es como cuando recibí mi primer golpe en las practicas con Kristoff, fue tan divertido porque me dijo defiende y no lo hice y el golpeó muy fuerte y aunque no me dio en la cabeza logre escapar entonces me llego en el hombro y te imaginaras la fuerza que tiene y me quedo como una herida pero pequeña como esto y… - sintió una risa seguida de ese gesto que adoraba, le encantaba ver a la mayor llevarse delicadamente una mano cerca de los labios dejando aún más fino el acto de haberse reído, era perfecta a sus ojos, perfecta en todo sentido – perdón comencé a divagar, ¿verdad? – se unió a la risa de su momentáneamente enfermera.

-eres tan dulce cuando divagas – la frase salió de sus fríos labios sin pensar y cuando cayó en cuenta el sonrojo en sus mejillas podría haberla delatado frente a cualquier persona, menos frente a su hermana, o eso esperaba.

-gr…gracias, aunque tú eres más dulce, bueno no me refiero a que divagues para ser dulce, sino que eres dulce y hermosa… espera… que… - nuevamente se encontraron mirando en direcciones distintas esperando que la otra no notara ningún cambio extraño.

-eh… Elsa… el agua – la aludida miro el agua congelada de la fuente y suspiro triste – no te preocupes mis manos ya están bien solo necesitan las vendas-.

Con un cuidado como si estuviera tomando un objeto sagrado acomodo la mano derecha de la pelirroja para comenzar a vendarla, acto seguido tomo su mano izquierda y repitió el mismo proceso tomando ambas manos al final – dormirás conmigo hoy y todas las noches hasta que estén mejor – sin esperar respuesta beso sus nudillos vendados – y quiero que suspendas por ahora las practicas con Kristoff, debes recuperarte bien – viendo que iba a recibir un contra argumento agrego junto a una pequeña risa – y es una orden de la reina para su caballero.

La mescla de sentimientos en su pecho era indescriptible en ese momento, quería seguir entrenando, perfeccionándose, pero la posibilidad de dormir con su Elsa sin tener que meterse a hurtadillas a su habitación y tenerla cerca era lo suficiente como para dejar la idea del caballero de lado por un par de días.

-Como usted guste mi reina – respondió casi en un suspiro y agrego – Te amo Elsa –sonrojándose pero ya sin preocuparse por la poca luz de la habitación.

-Yo también te amo Anna- respondió, también casi en un suspiro y dejo un suave beso en su mejilla deseando poder moverse un poco más allá.