Hacia una semana que dormida con la persona que había congelado su corazón. Ambas recostadas sobre la gran y cómoda cama digna de la reina. Cualquiera hubiera podido dormir como si no hubiera mañana, cualquiera menos una inquieta pelirroja que contemplaba como hechizada el suave vaivén del pecho de la persona que más amaba en este mundo. Suspiro al ver como la monarca soltaba una larga respiración entre sueños y sin pensar retiro unos mechones de pelo de su rostro.

La luz de la aurora boreal resaltaba cada pequeño rasgo en el rostro de su compañera de cama, esas pequeñas pecas que se volvían casi invisibles por la palidez de su piel. Era normal que ambas las tuvieran, eran hermanas y los hermanos se parecen.

Hermanas, esa palabra supo amarga en su boca y pensamientos, por alguna razón extraña y caprichosa los dioses no solo le habían dado una maldición a la que yacía dormida ahora acurrucada hacia su lado con su cabello enmarañado y sus labios semi abiertos, no, también la habían maldecido a ella con un sentimiento prohibido, un taboo inquebrantable e imperdonable.

Sintio algo caliente bajar por su mejilla, una solitaria lagrima confirmaba el dolor de su alma mientras que con su mano aun vendada seguía retirando mechones rebeldes, "Elsa" susurro en la semi oscuridad reacomodándose para seguir durmiendo no sin antes susurrar un suave "te amo" mientras secaba sus ojos.


Aún era temprano cuando decidió levantarse, el lugar a su derecha yacía aun durmiendo su hermana mayor con un suave tono rozado en sus mejillas, rio tratando de no despertarla y se levantó de la cama haciendo el menor ruido posible, haber estado una semana sin entrenar la estaba volviendo inquieta, tenía demasiada energía y estar cerca de ella con toda esta energía de sobra no le ayudaba en lo absoluto.

-Pensé que Elsa no dejaría que entrenaras hasta que te recuperaras – dijo perezosamente un rubio medio despierto afirmándose en el dintel de su puerta. Ambos pasaron a la casa para resguardarse del común frio mañanero de aquella ciudad del norte. – Y yo tampoco te entrenare si no estás recuperada el 100%, recuerda que la última vez te pasó algo grave por querer hacer las cosas a tu manera cuando te dije que no debía ser así -.

Por supuesto que Anna se acordaba de ese momento y las consecuencias de sus acciones casi le costaron algo más que unos simples rasguños como ahora…

Hace unos meses atrás durante el invierno

La nieve se veía increíble ese año, parecía una suave y mullida almohada extendida hasta donde los ojos pudieran ver. Se detuvo a observar el lugar donde tendría lugar el entrenamiento de hoy, una pequeña cascada congelada rodeada de un estanque donde aún algunos peses se movían bajo la gruesa capa de hielo. Tubo el inocente pensamiento de que si los peses sentirían frio pero aparto esas cosas de su mente, necesitaba concentrarse para la prueba de hoy.

Siguiendo a su amigo y hermano honorario dejaron las cosas recostadas sobre el tronco de un árbol cercano donde además tomaron asiento Olaf y Sven. Esos dos se habían vuelto inseparables y no solo porque Sven gustaba de comer los copos de nieve que caían de la nube de Olaf, sino porque de algún extraño modo habían logrado una conexión que les permitía hablar por horas sin el "traductor" de Kristoff.

-Bien hoy entrenaremos tu resistencia pero recuerda que de sentir que no puedes más debes avisarme inmediatamente – la voz del rubio la saco de sus pensamientos y procedió a seguirlo a la base de la cascada congelada, de un firme golpe rompió el hielo de la cascada y el estanque. Kristoff tenía una fuerza impresionante, aunque era natural luego de tener que cargar a tantos hermanos trolls, Anna en verdad esperaba tener esa capacidad algún día para defender a su Elsa.

De nuevo ese pensamiento, "su Elsa" volvió a resonar en su mente – oye distraída, si quieres arrepentirte aun estas a tiempo, parece que no tienes las agallas aun para un entrenamiento de verdad – el comentario despreocupado de su compañero logro encender su fuego competitivo.

-Veremos quien termina rindiéndose primero – dijo con aire triunfal mientras se cambiaba sus ropas de invierno por su traje de entrenamiento que consistía en un pantalón hecho de una gruesa piel de oso, un pequeño top hecho también de piel y unas botas del mismo material.

-Anna – el rubio ya sin su usual traje de cuero la miro seriamente – esto no es un juego, no es una competencia, esto es serio y lo hago solo porque me has demostrado que tienes lo que se necesita – la pelirroja solo asintió y este termino de colocarse su uniforme también.

Desde hacía meses quería hacer esta prueba, una especie de prueba de adultez para los trolles jóvenes que querían participar de la línea de defensa de su pequeña comunidad, no es que los trolles tuvieran enemigos naturales o siquiera que tuvieran enemigos, muy pocas personas sabían de su existencia y por lo general eran personas que mantenían el secreto, aun así ellos mantenían sus tradiciones y códigos del pasado.

Recordaba como Gran Pabbie les conto sobre la inescrupulosa caza de ellos en el pasado debido a su excesiva confianza en los humanos, cosa que casi destruyo a su pueblo y solo pequeñas comunidades como la suya habían logrado sobrevivir en el anonimato.

Amarro una larga cuerda a su cintura al igual que el grandulón a su lado y estos la amarraron a el árbol donde estaban sus cosas, con paso firme atravesaron la cortina de agua escuchando un "suerte" por parte del muñeco de nieve que los veía con un poco de preocupación.

La cascada solo era una fachada para lo que realmente había detrás, una red de túneles iluminados por pequeñas piedras de fuego se desplegaba antes sus ojos, la pecosa no podía creer lo que veía y solo se limitó a quedar boquiabierta mientras avanzaba hasta que sintió una mano en su hombro deteniéndola – tendrás 30 min y debes de escoger solo un camino, si la cuerda no te deja avanzar más debes retroceder y volver a entrar aun cuando eso signifique que te quedes sin tiempo – torpe golpe que la hiso tambalear sobre sus pies seguido de una risa adorno el siguiente comentario de su entrenador – y si no lo logras a la primera no te preocupes, gran Pabbie me trajo aquí unas 5 veces antes de sacar el cristal correcto-. Saco de adentro de sus ropas un cristal dorado que brillaba con fuerza.

-has escuchado el dicho "el alumno supera al maestro" – y sin esperar respuesta se lanzó al primer túnel que vio delante, la misión era simple, debía de revisar las paredes y las estancias que encontrara hasta sentir que había encontrado su cristal. A diferencia de los cristales normales, estos te daban alguna habilidad aunque Kristoff nunca quiso decirle que habilidad le había dado su cristal ella solo esperaba encontrarlo pronto aunque eso significara tener que entrar en una cueva lleva de peligros como criaturas más viejas que el propio Arendelle asechando en cada corredor de cada intrincado pasillo por delante.

Despertó pesadamente en algo mullido bajo ella, su cabeza y cuerpo dolían como si le hubieran dado la peor golpiza de su vida, pudo sentir una venda cubriéndole parte del brazo derecho a la altura del hombro y un punzante ardor comenzó a recórrele. Sintió gritos pero eran fuera de la habitación, eran dos voces que reconocía e instintivamente se levantó de la cama solo para acabar de bruces al suelo, no entendía nada solo recordaba la prueba, ella se había soltado de la cuerda, de verdad quería el cristal y luego solo recordó una sombra y un pinchazo.

Las voces discutían cada vez más fuerte, la había cagado, de haber seguido el consejo de su mejor amigo no estaría en el suelo de la habitación sintiéndose inútil, lo último que recordó fue la puerta abriéndose mostrando Elsa con su rostro bañado en lágrimas y preocupación.

En el tiempo presente

-te diré que haremos, no entrenaremos pero saldremos a caminar, siento que te han pasado muchas cosas estos días y necesitas sacarte todo eso del pecho – sonrío el grandote sirviéndole una taza de café.

-gracias – se limitó a sonreírle devuelta mientras tomaba un sorbo del amargo trago, realmente Kristoff era no solo su mejor amigo, era su hermano perdido.