Estaba molesta y se notaba por el incesante rasguño de la segunda tercera pluma que usaba ese día – mierda – murmuro entre dientes al notar que había roto otra pluma más y arruinado la copia de un documento importante.

El motivo por el cual la rubia estaba tan enojada era bastante simple, Anna no estaba, tampoco su equipo, le había desobedecido pero más que eso había dio a entrenar sin estar totalmente recuperada. A su mente vinieron imágenes del accidente del cristal, de cuando la vio medio muerta colgando de los brazos de un Kristoff casi tan herido como ella y con gran Pabbie siguiéndolos, junto a Bulda y una gran caja de lo que parecían ser pociones o brebajes.

Respiro hondo y confió en el criterio del amigo de su hermana menor esperando no encontrarse nuevamente con la imagen de ambos volviendo medio muertos por alguna "intrepidez" de su hermana.

Hermana, había soñado con ella anoche, aunque era normal habiendo dormido toda la semana juntas. Sintió sus mejillas arder al recordar el impuro acto que había acontecido hoy en la mañana luego de despertar de aquel sueño tan "extraño" por tacharlo de alguna forma. Cerró sus gélidos ojos solo para sentir como el calor la invadía nuevamente, casi pudo sentir de nuevo esa sensación tan surreal de esta mañana.


"Elsa… Elsa…" los jadeos de la menor se contrarrestaban con el sonrojo profundo de sus pecosas mejillas, Elsa no podía creer lo que sus ojos veían, esos hermosos e inocentes ojos azules la miraban con una lujuria sin medida mientras sus caderas golpeaban suavemente creando una suave y torturante fricción entre ellas, sus susurros y jadeos en su oído no la ayudaban en nada con respecto al calor que estaba derritiendo su cuerpo, se sentía en llamas casi como si estuviera en el infierno.

-mmm… Anna – despertó de repente encontrándose en una posición difícil de explicar si estuviera con alguien más en esa misma habitación en ese momento. Un sueño, había sido un sueño aunque su interior aun ardía al igual que sus mejillas y entre sus piernas. El frio que emanaba el lado donde la pequeña pelirroja protagonista de su reciente sueño dormía le indico que se había levantado hace bastante rato ya, estaba sola, en su habitación, sentía su aroma tan cerca…

-¡no! Pero qué demonios me pasa… - se sentó en la cama con cierta dificultad soltando un pequeño suspiro al sentir el rose provocado por sus piernas al juntarlas, paso sus manos por su cabello rubio platinado respirando agitadamente, ¿en verdad contemplaba hacer eso?, ¿en ese momento?... bueno estaba sola, su pequeña hermana había salido ya hacía mucho.

Como una bofetada la palabra hermana resonó en su cabeza, esa semana había sido realmente tortuosamente hermosa, pudo abrazarla, verla dormir y dudar sobre robar un beso de esos labios tibios como el sol de verano que respiraban suaves a su lado junto antes del alba. Movió su cabeza con fuerza hacia los lados pero su reciente sueño sumado a esa semana de tensión entre sus sentimientos y el papeleo del reino la tenía al borde del colapso.

Miro la almohada que ella había estado usando, sintió el dulce aroma de la pelirroja y trago duramente, estaba sola, era su habitación, nadie podría enterarse. Temblorosamente su mano derecha roso la tela de la almohada como si de la chica de sus sueños de tratara, la acaricio lentamente sintiendo su respiración agitarse lentamente.

-…Anna…- hiso una pequeña pausa, sentía tanto calor dentro suyo que podría fácilmente derretir su camisón de noche, ¿y porque no? Si pensarlo mucho lo derritió mientras se recostaba hacia atrás nuevamente acomodándose entre las sabanas.

Su mano izquierda aun recorría aquel espacio vacío mientras que con la derecha comenzó a acariciar su piel desnuda, a diferencia de las otras personas el frio no le afectaba pero si lo hacia el calor, era como una droga para ella, nublaba su juicio como lo hacía en este momento. Decidió tomar la almohada y ponerla sobre si, inmediatamente sintió una oleada de calor y electricidad recorrer desde su cabeza hasta entre sus piernas generando un pequeño temblor en ella, cerró sus ojos para ver a la dueña de tan sublime aroma como en su reciente sueño.

Sintiéndose fuera de sí cambio la mano que acariciaba ahora sus pechos por la mano que se afirmaba con fuerza a aquel pedazo de cielo. Temblando y con un poco de recelo bajo hasta su monte de venus moviendo el dorso de su palma adecuándose al ritmo de sus propias caderas. Su respiración cada vez más agitada pedía más, necesitaba tratar el creciente calor entre sus piernas que ya comenzaba a ser doloroso y molesto.

Soltó un sonoro gemido al posicionar un dedo en el borde de su clítoris y presionar hundiendo su rostro en la almohada, pudo sentir su propia humedad acelerar sus movimientos sobre este haciéndole desear gritar el nombre de su Anna, sus caderas cada vez más fuera de control le hacían fallar en su centro de placer generando un sinfín de gemidos apagados solo por la almohada que sostenía ahora con más fuerza que nunca.

Todo se había vuelto una nebulosa en su cabeza y la lujuria junto con el placer invadieron su razón por lo que termino dando una vuelta quedando con su rostro hundido en el lugar donde dormía la dueña de sus gemidos en ese momento.

Se aferró a las sabanas con fuerza mientras sus piernas temblaban ante la velocidad de sus dedos sobre su centro, mordió su labio con fuerza sintiendo una corriente eléctrica recorriéndola completamente, arqueo su espalda lo más que pudo enterrando su rostro en el colchón ahogando un último "Anna" transformado en un grito ahogado de placer.


Abrió sus ojos de golpe tratando de disipar la culpa del acto que cometió, culpo al estrés, culpo al papeleo e incluso culpo al sueño pero en el fondo de su alma sabía que lo había hecho porque lo deseaba, porque realmente deseaba sentir algo más carnal.

Un toque en la puerta seguido de otros dos más rápidos la sacaron de sus pensamientos -Disculpe Reina Elsa – era Kai con el correo que le había pedido esta mañana, respiro hondo y repitiendo su viejo mantra le indico que entrara.

-Buenos días Kai, veo que hoy tenemos mucho correo de los otros reinos – los ojos de la monarca se situaron en el paquete de considerable grosor bajo el brazo del hombre de confianza de la familia.

-Buenos días Reina Elsa, se le ve mejor hoy creo que el dormir con su hermana ha disipado en parte esa sombra que llevaba desde hace semanas – sabía que el hombre no tenía ninguna doble intención en sus palabras pero no pudo evitar sonrojarse un poco ante tal comentario – en verdad tenemos bastante correo esta semana pero si no le importa quisiera hacerle una sugerencia-.

-Kai eres de confianza no es necesario tanta formalidad frente mío, nos viste crecer a Anna y a mí – una sonrisa le dio la confianza al hombre de expresar su parecer ante un sobre bastante extraño, era particularmente delgado y estaba bajo el sello de… - Southern Isles – al decir estas palabras sintió una opresión en el pecho, ese era el lugar del cual había venido aquel tipo.

-Reina Elsa, si me lo permite abriré el sobre primero por si contiene algo – miro al hombre que la miraba con ojos de súplica ante lo que podría ser desde una carta de disculpas hasta el contenido de algún tipo de magia que le hiciera daño a la reina.

-Esa es una sugerencia que no tomare Kai, por favor retírate y gracias por traer todo esto hasta aquí – al sentir la puerta cerrarse tomo con cuidado el abre cartas y lo deslizo por el borde lateral esperando tener tiempo para reaccionar en caso de que algo malo pasara, pero en vez de eso una carta junto a un folleto cayeron sobre el escritorio regado de papeles.

"CAMPEONATO DE CABALLEROS ORGANIZADO POR EL PRESTIGIOSO REINO DE SOUTHERN ISLES"

Sin siquiera leer la carta supo lo que era esto, el juego había comenzado y la paz se había acabado. Comenzaba la partida de ajedrez más difícil para la reina blanca y sabía que si caía con ella lo haría su caballero. Su Anna.