Capítulo 2: No tientes al lobo
Que emocioooon muchas gracias a tod s por sus comentarios T.T Me motivan como no tienen idea T.T
Kaya-san: Muchas gracias por tu apoyooo espero que este capitulo te agrede tanto o mas como el primero :3 y por supuesto espero que me sigas dando tu apoyo durante los siguientes capítulos!
Queen Nelly-san: Muchas gracias por tus ánimos! Y por supuesto tendré más cuidado con las los errores ortográficos :3 es que a veces se me pasan de largo y cuando me quiero dar cuenta ya no encuentro el error x3 jajajaja muchas gracias por tu apoyo! Espero que disfrutes este capitulo tanto o mas que el anterior!
Uzamita-san: kya kya kya que adorable comentariooo! Muchas gracias por tus dulces palabras acá traigo la continuación y espero que lo disfrutes muchooo! Espero que me sigas alentando en los siguientes capítulos :3!
Etto… Muchas gracias nuevamente a aquell s que se tomaron la molestia de dejarme un review! Sin mucho mas preámbulo les dejo el 2 cap! Espero que lo disfruten y recuerden que sus comentarios sin mi fuerza vital e importantes para mi!
Muchos besos y abrazos!
Aries se detuvo en su casa y salió del coche con la lista en la mano. La camioneta de Natsu ya estaba aparcada en la entrada del garaje y podía ver el movimiento a través de las ventanas de la sala de estar. Subió los escalones del porche y caminó hasta la puerta principal que permanecía abierta. Natsu estaba hablando con dos de sus hombres, tomando nota sobre diversos aspectos del estado de la casa.
Viéndola entrar, le dio la bienvenida con una sonrisa y envió a sus hombres a hacer sus encargos.
—Eh, Aries, genial, has traído la lista. —Luego echó un vistazo por la puerta abierta—. Veo que Luce decidió que una retirada era la mejor solución. Por ahora.
Aries se rio entre dientes.
—Me dijo que le provocaste dolor de cabeza. Bueno, la verdad sea dicha, dijo que eras un grano en el trasero y que se quedaba en casa para poder terminar algo de trabajo.
Una mueca engreída apareció en la cara de Natsu.
—Me gusta tu hermana pequeña. Lo dice todo tal y como es.
La sonrisa de Aries decayó.
—Natsu, Lucy es adulta y puede hacer lo que quiera, no me voy a entrometer, pero ante todo es mi hermana. No juegues con ella.
—No estoy jugando, Aries. Es mía.
Un pequeño temblor recorrió el estómago de Aries.
—¿Estás seguro? —preguntó incrédula.
—¿Loke estuvo seguro en cuanto a ti?
—Supongo que esa es una pregunta tonta. —Frunció el entrecejo y se mordió el labio—. ¡Oh Dios mío!, esto es tan inesperado. ¿Se lo has dicho a Loke?
Natsu negó con la cabeza.
—Eres la primera y tienes mi permiso para contárselo. Voy a discutirlo con Gray. Como mi beta, tiene el derecho de ser informado, pero nadie más debe saberlo hasta que este arreglado.
Aries asintió.
—Natsu, sabes que no resultará fácil. Es distinto al hecho de que Loke escogiera a una compañera humana, aunque supongo que escoger no es la palabra idónea, pues la verdad es que no hubo prácticamente ninguna opción. La gran diferencia es que él no es alfa de una manada. Tú, por otro lado, eres el alfa de Fairy tail. No es muy probable que a todos les encante aceptarla como tu hembra alfa, sobre todo para algunas de las otras mujeres. Es un secreto a voces que algunas esperan ganar esa posición.
—No creas que no he pensado en todos estos problemas, Aries, pero, como ya te he dicho, en esto no tengo otra opción. Luce es mi compañera. La reconocí en cuanto olfateé su olor. No es algo que se pueda decidir, es una situación que tiene lugar debido a un reconocimiento físico y emocional. Cualquier expectativa que pueda tener algún otro miembro de mi manada, será solucionada en su momento. Me he percatado de que Luce no es ninguna cobarde, y su voluntad es firme. Solo tengo que mostrarle mi verdadera personalidad y convencerla de que soy el hombre de sus sueños. No tengo ninguna duda de que podrá ocuparse del resto. —Un brillo sardónico iluminó los ojos de Natsu.
—Eso va a ser muy divertido — se rio Aries—. Por supuesto, ayer tuvisteis un estupendo comienzo.
—Es verdad, creo que tuvimos un gran comienzo. Las buenas relaciones empiezan siempre con un buen conflicto, es una reacción subconsciente de los dos involucrados, que les incita a luchar debido a sus carencias y necesidades.
—No sabía que fueras un psicólogo aficionado.
—Tengo muchos talentos —contestó Natsu con un guiño.
Aries suspiró y puso los ojos en blanco.
—Pobre hermanita. —Miró con aprecio a Natsu, pero luego su mirada se tornó repentina y mortalmente seria—. ¿Sabes que si la hieres no tendrás que enfrentarte solo con Loke, sino también conmigo, verdad?
Natsu le cogió la mano y la atrajo hasta su mejilla, frotándola contra su piel antes de besar sus nudillos.
—Si la hiriera, tienes mi permiso para darme unos cuantos puntapiés en el trasero, pero Aries, eso no va a suceder. Lo prometo, cuidaré de ella. Yo… yo no…
Alzando su mano le acarició su mejilla.
—No eres solo la imagen de soltero despreocupado que proyectas. Eres un buen hombre, Natsu, fuerte, fiable, protector. —Sonrió, sus ojos brillaban—. Tienes mi consentimiento para cortejar a mi hermana y puede que los dos disfrutéis de la persecución, hermano.
Su sonrisa iluminó la habitación.
—Gracias, hermanita. A propósito, ¿mencioné que necesitas un nuevo tejado?
—¿Qué?
—Tienes suerte, a la familia solo le facturo el coste de los materiales.
Sus muslos se abrieron ampliamente, arqueándose hacia abajo para dar facilidad a los sensuales golpes de la diestra lengua que exploraba su tembloroso sexo. El sudor perlaba su piel, y la suave brisa que llegaba del ventilador del techo hacía que sus pezones fueran meros puntos prietos. Estiró la mano para alcanzar su duro pico y gimió cuando una mano grande se deslizó por toda la longitud de su cuerpo y se moldeó contra el otro pecho, copiando sus propios movimientos con los dedos.
Gimió de nuevo y empujó hacia abajo cuando él chupó su clítoris, su lengua acariciaba despacio por encima del sensibilizado brote, muy suavemente.
—¡Oh, fóllame! Natsu, Natsu, por favor —imploro ella—. ¡Fóllame, Natsu!
—¿Natsu? —exclamó Lucy dando al botón de retroceso rápidamente y agregando el nombre correcto.
Aliviada después de borrar toda evidencia suspiró, se estiró y apagó el ordenador portátil. Estaba contenta por haber conseguido escribir un gran número de páginas para su último libro, a pesar de su tendencia a distraerse pensando en Natsu. Sumergirse en las vidas de sus protagonistas la ayudaba a eliminar durante un tiempo todo tipo de realidades, pero el problema con la realidad era que siempre reaparecía.
Lo cierto era que estaba preparada para admitir que este espécimen llamado Natsu Dragneel había dejado una impresión bastante contundente en ella. Le fascinaba la imagen de muchacho malo, y su cuerpo reaccionaba en cierto modo ante este hecho, y vaya que no podía negarlo. Lo deseaba. Lucy se retorció en la silla. Las escenas de sexo que estaba escribiendo siempre conseguían aumentar su deseo, pero el meter a Natsu en la ecuación hacía que se quemara por dentro.
—Demonios —susurró—. ¡Quiero algo más que eso!
El sentimiento era tan intenso que su pecho se comprimió y las lágrimas relucieron en sus ojos. Barriéndolas con una mano, se sostuvo la barbilla para mirar fijamente por la ventana. «Vaya mierda» , pensó. Definitivamente no era el tipo que estaba buscando una esposa, hijos y estabilidad. «Seguro que ni me escogería ».
Lucy se sentó y pensó durante algún tiempo, sin ser capaz de obtener una solución a su dilema. La queja brusca de su estómago la hizo salir de su letargo. Decidió ir abajo a buscar algo para comer. Allí encontró a Loke.
—Eh, hermano, ¿que estas cocinando? —dijo en tono de broma.
—Llegas justo a tiempo, hermanita —soltó con una mueca—. Aries regresa a casa con costillas para hacer a la parrilla y estoy preparando una ensalada para acompañarlas. Hazme un favor y saca la barra de pan del horno.
Lucy obedeció y luego se sentó en la isleta, para observar como Loke preparaba eficazmente la ensalada.
—Loke —empezó, pero entonces se detuvo, no muy segura de cómo continuar.
—¿Qué te ronda por la cabeza?
—Natsu Dragneel —dijo bruscamente, después se movió inquieta en la silla, con el rubor cubriendo sus mejillas.
—Ya veo. Aries me dijo que le conociste ayer.
—Sí.
—¿Te gusta?
—No sé si ésa es la palabra que utilizaría. No estoy segura de cómo me siento. Solamente sé que agitó algo en mi interior y no tengo ni idea de cómo reaccionar.
Loke sonrió y se lavó las manos antes de tomar asiento a su lado.
—Permíteme que te cuente un pequeño detalle acerca de Natsu. Su padre murió cuando tenía once años. Su madre lo tomó muy mal y Natsu tuvo que crecer más rápido que cualquier otro niño de esa edad. Se esforzó por ser el cabeza de familia. Tuvo éxito. Cuidó de su madre y sus hermanas. Esto hizo de él una persona segura de sí misma y muy responsable.
Lucy asintió, fascinada ante la inesperada visualización de Natsu.
—Cuando tenía diecinueve años, su madre conoció a un hombre, se enamoró y volvió a casarse. Ella y las chicas se mudaron a dos estados de distancia, para estar con él. Natsu decidió quedarse aquí. Por primera vez en ocho años no tenía que ser responsable de nadie más salvo de sí mismo. No creo que deba entrar en demasiados detalles cuando digo que, como cualquier hombre joven y libre, Natsu tuvo una buena cuota de buenos momentos.
Lucy sacudió la cabeza y le dirigió una pesarosa sonrisa.
—Compensó de sobra aquellos años perdidos de su juventud pero, al mismo tiempo, estudió duro e hizo algo de sí mismo. Tuvo éxito y consiguió ser un arquitecto que sabe valorar la responsabilidad y la formalidad. Sí, tiene cierta vena salvaje, pero cuando quiere algo lo persigue, lo cuida e incluso lo alimenta.
—Es duro de creer que todo eso esté bajo la superficie. Parece ser el típico muchacho alocado que simplemente quiere pasar un buen rato.
Loke sonrió.
—Lo sé. Temo que parece el típico hombre. Nos gusta aparentar que solo nos preocupa divertirnos y no necesitamos ningún tipo de estabilidad en nuestras vidas. Pero tengo que decirte, Luce, que esa clase de vida la valoramos muchísimo.
—Eh, ¿eso quien lo dice, la voz de la experiencia?
—¡Oh sí! No tienes ni idea de lo feliz que fui al encontrar a Aries. Ha cambiado mi vida de maneras que solo podía imaginar. No podría estar más contento.
—¿Crees que Natsu podría estar buscando lo mismo?
—Nunca lo admitiría, pero sí, creo que lo hace.
—Sería bueno saberlo, estoy indecisa… bueno… asustada, de hacer cualquier tipo de movimiento. Quiero decir, ¿y si me pongo en plan seria y a él no le interesa?
Loke sonrió abiertamente.
—Bueno, pues ahí es donde tienes ventaja.
Lucy frunció el entrecejo.
—No te sigo.
—Natsu sabe que si te engaña y te hiere, va a tener que responder ante Aries y, sobre todo, ante mí. Si le dejas saber que estás interesada y no siente nada por ti, te evitará para no tener ningún conflicto con nosotros. Pero si siente que hay algo especial entre vosotros, nada podrá mantenerle lejos.
La comprensión despejó la mirada de Lucy y se rio entre dientes.
—Podría llegar a ser divertido.
Loke levantó una ceja.
—¿Por qué tengo la sensación que a mi mejor amigo le va a caer un problema de los gordos?
—Pero, Loke —Lucy le fastidió un poco más—. ¿Por qué crees que le causaría algún problema a tú amigo?
La examinó, notando el destello diabólico en sus ojos.
—Oh sí, ya lo creo que está en problemas.
Los dos rompieron a reír al tiempo que Aries entraba por la puerta de la cocina.
—Vaya, ¿qué me he perdido?
El tiempo había sido desapacible durante unos días, hasta que por fin amaneció luminoso y despejado. Lucy se preparó para el siguiente encuentro con Natsu. Sabía, gracias a Aries, que estaría en la casa trabajando en el nuevo tejado y decidió que era hora de empezar a llevar sus cosas, dado que había terminado con las reparaciones del interior.
Aries y Loke la habían insistido intensamente para que se quedara, pero quería darles espacio; se imaginaba cómo se sentiría si tuviera que acomodar a su hermana cuando empezaba una nueva vida con el hombre que amaba.
Eso solía eliminar la espontaneidad en el romance. No habría ningún encuentro ardiente delante del hogar o en la mesa de la cocina si la hermana de una podía entrar en cualquier momento.
«Eso sería una situación bastante desagradable» , pensó con una mueca
Después del desayuno pasó algún tiempo cargando el coche con las cajas que sus padres le enviaron, tras telefonearles para comunicarles su decisión de mudarse a Whispering Springs. Igual que Aries, tenían sus dudas sobre que hubiera dejado su trabajo pero, como de costumbre, le dieron todo su apoyo. Se alegraron al saber que sus hijas estarían juntas en la misma localidad y que podrían cuidarse mutuamente.
Habiendo dejado para el final su precioso ordenador portátil último modelo, Lucy cogió el estuche que le guardaba e hizo el último viaje a la planta baja. Loke y Aries habían estado ausentes todo el día. Cerró la puerta con llave e instaló su ordenador cuidadosamente en el asiento del pasajero, antes de situarse detrás del volante.
Lucy se dirigió hacia la casa con parsimonia, relajada, admirando la vista y permitiendo que la anticipación tomara las riendas. Después de su charla con Loke, estaba en ascuas, preguntándose cuál sería el siguiente movimiento por parte de Natsu, si es que hacía alguno. Odiaba la idea de que él no pudiera sentir nada salvo deseo y, la verdad, eso sería una gran desilusión. En conclusión, se alegraba de que, de una manera u otra, en los próximos minutos lo sabría con toda seguridad.
Al acercarse a la casa, la imagen de la camioneta de Natsu en la entrada del garaje hizo que se tensara. Aparcó su coche al lado, intentando tranquilizarse. La primera cosa que notó fue el sonido del golpeteo, pero sin nadie a la vista. Tomando su ordenador portátil, avanzó unos pasos y subió al porche. Usando su llave entró por la puerta delantera.
Lucy puso su ordenador en el sofá y atravesó la cocina, saliendo por la puerta trasera que estaba abierta. Siguiendo los rítmicos sonidos del martillo, bajó por la parte trasera del camino y el cercado; una vez que estuvo algo alejada de la casa se volvió para levantar los ojos hacia el tejado. Encaramado sobre él, trabajando duro y aparentemente indiferente a la altura, se encontraba Natsu, golpeando con un martillo un clavo en una tabla.
El corazón de Lucy brincó sobresaltado y la mandíbula se le descolgó. En deferencia al calor, Natsu se había quitado la camisa. Su torso brillaba lustroso con una ligera capa de sudor, los músculos se tensaban con cada movimiento y, cuando ajustó su posición volviéndose ligeramente, pudo ver los esculpidos músculos de la espalda y el pecho. La parte superior de su pecho estaba descubierta de cualquier clase de vello y estaba tan trabajado que hizo que los dedos de Lucy sintieran la necesidad de tocarlo. Con esfuerzo mantuvo la mandíbula encajada, dándose la orden de respirar profundamente para poder llamarle la atención.
—¡Yuju! —le gritó.
Natsu volvió su cabeza y sonrió cuando la vio.
—¡Eh!, ¿a qué hace un día estupendo?
—¡Oh sí! —contestó ella solícitamente.
Natsu sonrió ampliamente, como si conociera la razón de su vehemencia.
—¿Te dispones a instalarte en tu nueva casa?
—Sí, mis padres me enviaron algunas cajas y tengo un par de maletas.
—Espera un segundo y te echaré una mano para trasladar todo.
No pudo negarse el goce que recibía al mirarlo, Lucy esperó pacientemente mientras nivelaba los tableros y colocaba el clavo, después de martillar con bastante facilidad cruzó el maltrecho tejado hacia la escalera de mano que reposaba a un lado. Natsu bajo sin vacilar y pudo admirar sus movimientos seguros y firmes.
En cuanto sus pies golpearon el suelo caminó hacia ella. Un escalofrío involuntario la atravesó. De repente le vio como un depredador listo para la caza y Lucy deseó ser la presa. Permaneció de pie fascinada, hasta que se detuvo delante de ella.
Su mirada se fijó en la suya y extendió la mano, mientras colocaba un dedo bajo su barbilla y la alzaba suavemente.
—Mejor ciérrala, cariño. Nunca se sabe lo que podría entrar entre esos labios tan deliciosos que tienes.
Lucy se ruborizó furiosamente e hizo un ruidito cuando la cerró bruscamente.
Natsu sonrió, sus ojos centelleaban de diversión.
—Así que, ¿dónde están esas cajas?
Lucy se volvió y regresó hacia la casa.
—En el maletero de mi coche, si quieres ayudarme.
—Sin ningún problema, estoy aquí para ayudar. En todo lo que necesites.
Por delante de él, Lucy puso los ojos en blanco y silenciosamente se riñó. Estaba perdiendo rápidamente el terreno. El despliegue sexy e imperturbable de Natsu la había convertido en un esponjoso bollo con abundante crema y rodillas de gelatina. Reafirmando sus defensas, decidió que llegaría el momento en el que cambiaría su suerte.
Cuando le guió hacia el coche, pudo sentir su silencioso escrutinio a su espalda. Solamente para darle más material, osciló un poco más sus caderas. Sonrió para sí cuando escuchó una profunda inspiración. Aparentemente no era la única que disfrutaba de la buena vista.
Al llegar al coche, hizo desaparecer la sonrisa mostrándose seria y abrió el maletero. Cuando se retiró y Natsu se acercó para tomar la primera caja, su brazo rozó accidentalmente un lateral de su pecho. Al momento Lucy contuvo la respiración, sintiendo como si la hubiera recorrido un rayo.
—Lo siento —se disculpó secamente, y recogió la caja para llevarla al interior de la casa.
—No ha pasado nada —reconoció débilmente y se apoyó un momento contra el coche para respirar.
«Si alguna vez me toca en un intento de seducción, es muy probable que termine desmayandome», murmuró aterrada, antes de abrir la puerta trasera del coche para sacar una de sus maletas.
Estuvieron pasando uno al lado del otro durante un tiempo indefinido, hasta que finalmente descargaron el coche. En cada una de las ocasiones en las que Natsu se acercaba a Lucy, hacía que esta fuera extremadamente consciente de él, con sus músculos tensándose hasta hacer que se sintiera como si caminara sobre un campo de minas, esperando la primera explosión. Suspiro de alivio cuando todo acabó y noto que Natsu se frotaba el cuello. De repente, comprendió que no era la única en padecer aquella tensión. Y eso la hizo sentirse mucho mejor, consiguiendo relajarse cuando le siguió a la cocina.
Con familiaridad, Natsu abrió uno de los armarios y sacó un vaso.
—¿Te importa? Es que estoy sediento.
—Claro que no me importa. Puedes quedarte deshidratado si trabajas bajo el sol. ¿Llevas algún protector solar?
Volviéndose, con el vaso lleno de agua en la mano, Natsu se lo acercó a los labios y bebió. Claras gotas de agua gotearon del vaso, yendo a parar a su pecho. Lucy miró con extasiada fascinación como seguían su camino por el duro pecho de Natsu. Una gota intrépida resbaló por encima de su redondeado pectoral y se posó en la punta de su pezón. Allí se balanceó juguetonamente, antes de caer y aterrizar en un muslo vestido con unos vaqueros que cubrían una espectacular pierna.
—Oh joder —suspiró con brusquedad, después tosió para cubrir su exabrupto.
—¿Estas bien? —preguntó Natsu con preocupación—. Me parece que podrías aprovechar algo de agua para ti misma.
Rellenó el vaso y se lo dio. Lucy terminó el contenido en tiempo record, mientras Natsu permanecía delante con una ceja levantada. Alzó una mano descuidadamente para frotar las zonas húmedas de su pecho y las gotas errantes de más abajo. Cuando las diminutas protuberancias castañas de sus pezones se endurecieron bajo su toque, la última gota de agua que bebió Lucy se le fue por mal sitio y empezó a toser compulsivamente.
—Tómatelo con calma cariño, hay más agua de donde salió esa —bromeó él, mientras le daba suaves golpecitos en la espalda—. No hay necesidad de tener prisa. La mayoría de las cosas saben mejor cuando se toman con calma.
Lucy soltó un jadeo final y le miró a través de sus ojos llenos de lágrimas. El hombre era un experto en soltar indirectas al tiempo que las hacía parecer absolutamente inocentes.
—Estaba sedienta —se defendió débilmente.
—Ya veo. Regresaré ahora mismo. Me gustaría que hicieras algo por mí, si quieres claro.
Afortunadamente para ella, no pudo ver la encantadora mueca que se formó en la cara de Natsu cuando este se alejaba.
Con cuidadosa deliberación, puso el vaso vacío en el fregadero y movió la cabeza pesarosa.
«Lucy Heartfilia, ¿qué infiernos te pasa? ¡Está realmente interesado y te estas convirtiendo en algún tipo de payasa! !Ahora mismo contrólate antes de que consigas parecer la idiota más grande y lo eches todo a perder!»
El ver a través de la ventana cómo regresaba Natsu con una botella en su mano, hizo que se enderezara de donde estaba apoyada en el mostrador. Este entró por la puerta y le sostuvo la botella.
—Protector solar, gracias por recordármelo. Me puse un poco por delante hace tiempo, pero me las vi negras para la parte de atrás. Seguramente me he dejado zonas sin protección, así que… ¿te importaría? —preguntó inocentemente, mientras le daba el bote y se daba la vuelta.
Lucy miró fijamente toda esa ancha extensión de carne masculina que tenía ante ella, en su cara se formó una mueca, pero inspiró hondo. « Puedo hacer esto, puedo hacerlo », pensó mientras le contestaba enérgicamente:
—Anda pues claro, me encantaría ayudarte.
Abrió el bote y apretó, haciendo que saliera una gran cantidad de blanca crema sobre su mano, luego colocó el bote en el suelo y se frotó las manos con ella, calentándola antes de extenderla sobre Natsu. Él dejó escapar un pequeño "hum" de placer cuando sus manos empezaron a masajear la crema en su espalda.
Su piel era tan cálida y suave como parecía. Los músculos de la espalda eran sólidos y sus dedos trazaron fácilmente los delineados bultos mientras sus manos se deslizaron por encima. Lucy inspiró profundamente y se perdió en el ritmo de su masaje. En vez de sentir incomodidad al tocar a Natsu, resultó como si fuera lo más normal del mundo. Una conexión fácil y abierta se formó entre ellos, hasta que ambos se sintieron capturados por el ritmo de las caricias de aquellas manos. Estas se movieron por sus hombros, masajeando los músculos allí presentes, hasta que un gemido ronco de placer por parte de Natsu rompió el hechizo que los arrastraba.
Lucy se echó hacia atrás. —Bueno, creo que ya estás bien protegido —dijo jadeante y dio otro paso hasta el fregadero para lavarse las manos.
Pudo sentir la mirada de Natsu y supo el momento justo en el que se movió. Escuchó su voz a su lado cuando la habló con suavidad.
—Gracias, Luce, masajeas muy bien, cariño. Sabes, de vez en cuando tengo un dolorcillo aquí atrás, ¿crees que podrías encargarte?
Lucy se volvió, con una sonrisa en sus labios.
—Vete a trabajar, Natsu.
—Vale, vale, pero no hace falta ser cruel.
Riéndose entre dientes salió por la puerta.
Lucy continuó sonriendo mientras le observaba irse. Sus ojos se estrecharon al tiempo que ideaba un plan. Natsu, definitivamente, había resultado el ganador en esta ronda, pero la lucha simplemente había empezado.
—Ahora vamos a ver quién gana en el segundo asalto —murmuró y fue al dormitorio para cambiarse.
Natsu regresó al tejado, dejando que su rostro adoptase la mueca que no pudo reprimir ni un momento más. Lucy era suya y le respondía sin ningún tipo de duda. El encanto del antiguo Natsu Dragneel estaba dejando huella, pensó con aire satisfecho mientras volvía a poner los travesaños en el tejado y los clavaba.
Rememoró el encuentro con satisfacción. Había permanecido tranquilo y confiado, mientras Lucy estaba claramente alterada, y era ahí precisamente donde la quería tener. Su propia calma casi se había venido abajo, tras rozar su pecho accidentalmente mientras la ayudaba a sacar las cajas del maletero de su coche. No fue el único afectado en ese incidente, pero se había recuperado con rapidez.
Cuanto más tiempo estaba en contacto con ella, más profunda era la necesidad primitiva que tenía en su interior. Esta se centraba directamente en el lugar que albergaba a su lobo y sus instintos alimentaban la necesidad. Solo su fuerza de voluntad le mantenía alejado de Lucy, evitando que le dijera lo que quería y lo que ella significaba para él. Pero sabía que era demasiado pronto, no quería arriesgarse y echarlo todo por la borda. Lo mejor que podía hacer era aparecer por allí a todas horas, y así Lucy tardaría menos en ser suya.
Captando un movimiento por el rabillo del ojo, miró hacia abajo para encontrarse a Lucy saliendo hacia el césped. Descalza, llevaba una toalla grande bajo un brazo y se había cambiado de ropa. Los ojos de Natsu se agrandaron apreciativos. Llevaba puestos unos pantalones sumamente cortos. Pudo apreciar un lazo colgando por su espalda desnuda y otro atado a la parte posterior de su cuello. Mientras la observaba, esta se detuvo, sacudió la toalla y se inclinó para extenderla sobre el suelo.
Cuando los pantaloncillos cortos se subieron para revelar la carne cremosa que había debajo, ocurrieron dos cosas. La primera, el ritmo cardiaco de Natsu aumentó, la sangre que recorría velozmente sus venas se agolpó repentinamente en su miembro, y este se alzó al instante. Lo siguiente fue que el golpe del martillo encontró su dedo pulgar en lugar de la punta del clavo que estaba apuntando y la sangre que había llenado su miembro de sopetón retrocedió y se fue por donde había venido.
—¡Hijo de puta! —gritó, al tiempo que se ponía de pie y agitaba el dedo maltratado antes de acunarlo en su otra mano.
Lucy se dio la vuelta, y ahí Natsu consiguió su segunda sorpresa. La camisa que llevaba, si es que se podía llamar así, ya que apenas la cubría. Era un tejido rojo-cereza que solo cubría el centro de sus lujuriosos pechos. Acunaba generosamente esa carne firme, ocultando únicamente los pezones, mientras dejaba una buena porción de la parte superior de sus pechos expuesta.
—¡Hijo de puta! —gimió impresionado, mareándose cuando su sangre reinvirtió de nuevo la dirección, yéndosele de la cabeza y llenando su miembro.
Y en ese preciso instante perdió el equilibrio.
Lucy gritó cuando Natsu se agitó para recobrar el equilibrio, lograndolo apenas, y terminó sentado en el tejado con un duro golpe.
—¿Estas bien? —gritó ella, claramente preocupada.
Natsu puso los ojos en blanco, completamente disgustado consigo mismo.
—Estoy bien, muy bien —gruñó a través de los dientes apretados.
—Me alegro. La verdad, pensé que te ibas a caer. No deberías bromear con esas cosas, ya sabes.
—Es un buen consejo, me aseguraré de seguirlo de ahora en adelante.
—Ahora no seas grosero. No es culpa mía que seas un poco torpe.
—¡No soy torpe!
—Lo que tú digas. Voy a ver si tomo un poco de sol, si no te importa.
—¿Por qué debía importarme?
—Por nada en absoluto. Ya que has interrumpido tu trabajo, ¿te molestaría bajar y ponerme algo de crema en la espalda?
Natsu le dirigió una mirada larga, silenciosa y muy penetrante.
—No me tientes, Luce. Ése puede ser un juego muy peligroso.
—¿Qué quieres decir?
—Si bajo ahí y te pongo las manos encima, no me voy a limitar a extender la crema por tu espalda. Esa minúscula camisa que llevas será la primera cosa que salga disparada —le informó, mientras sus ojos se transformaron en ascuas ardientes—. Luego serán esos pantaloncillos los que desaparecerán, y si llevas bragas, no será por mucho tiempo —prometió—. Entonces sí que empezaré a extenderte la crema. El primer lugar al que mis manos irán será a ese dulce y escultural tarsero, luego subiré hacia arriba a tu pecho.
Lucy se irguió conmocionada y silenciosa, su cuerpo electrizado por cada una de la palabra que Natsu pronunciaba.
—No puedo esperar a sostener tus pechos en mis manos. Son preciosos, Luce, un verdadero tesoro, y estoy deseoso de mostrarte cuánto los admiro. Tengo la intención de hacer que disfrutes mientras lamo y succiono tus pezones.
Al pronunciar la palabra «pezones», estos reaccionaron y un escalofrío involuntario recorrió toda su piel. Se endurecieron y empujaron atrevidamente contra el tejido que los ocultaba.
Natsu gruñó, no existe otra palabra mejor para describir el sonido que retumbó de su pecho.
—Eso es, cariño, simplemente piensa en lo bien que te vas a sentir cuando te saboree.
—Natsu, detente —murmuró sin fuerzas. Su respiración se había convertido en un entrecortado jadeo.
—Mientras los succiono, mis manos tendrán plena libertad para dirigirse hacia tu caliente, mojado e hinchado sexo, Luce. ¿Vuelves a estar mojada, no es así?
—¡Vale ya! —gritó, cuando una ola de puro vértigo la recorrió por entero.
—Entre la crema y tus dulces y calientes jugos, podré resbalar un par de dedos dentro.
—¡Para ya! Tú ganas. ¿De acuerdo? ¡Tú ganas! Entrare a la casa, bastardo ultra competitivo. —Lucy se largó agitada.
Natsu sonrió y murmuró para sí.
—Nunca tientes a un lobo, cariño.
Permaneció allí de pie, haciendo muecas debido a su maltratado pulgar y frotándose el golpeado trasero, mientras se decía que, aun a pesar de todo lo sufrido, había merecido la pena si así había podido observar la mirada que reflejaba la cara de Lucy. Silbando regresó a su trabajo.
En el interior de la casa, Lucy se dirigió a su dormitorio, se dejó caer sobre la cama y soltó una risita.
—Oh sí, me quiere.
