Arendelle aun siendo la capital del reino era bastante pequeña en comparación con otras ciudades pero eso no parecía importarle a los habitantes además les daba la ventaja de conocerse entre todos y todos en especial conocían a la princesa del reino.
La sencillez y amabilidad de quienes denominaban "la primavera de Arendelle" le permitió a cierta pelirroja torpe pero querida por todos caminar tranquila por todos los lugares de la ciudad tanto de día como de noche. Esto le permitía despejarse sin la preocupación de el acoso de nadie, al salir del castillo pasaba a ser una persona más y caminar por el borde del muelle escuchando historias por parte de su mejor amigo la hacían reír la mayor parte del tiempo. Pero eso no estaba ocurriendo en esta ocasión.
Mirando hacia el cielo y perdiéndose en sus pensamientos mientras su amigo le contaba como los trolls habían decidido que podría ser una buena idea mudarse a la casa de Kristoff para entablar lazos con los humanos de nuevo convirtiéndolo a él como embajador del pueblo de los trolls solo se limito a soltar un largo suspiro.
-Al parecer no me estas poniendo atención torpe – recibió un pequeño y amistoso golpe en la espalda por parte de Sven con el cual casi cae por el borde de un pequeño puente de madera aledaño a el muelle, el culpable emitió un gruñido mesclado con la risa de Olaf que iba a su lado.
-Lo se Kristoff perdóname es solo que… -
-No dejas de pensar en Elsa – el rubio la miro con ojos inquisitivos sonriendo triunfante al percibir el exagerado sonrojo por parte de la más baja –aun no entiendo como no le dices, pero como ya he dicho antes ustedes son tan obvias que no se dan cuenta – en congio los hombros en signo de frustración, después de todo lo que habían pasado, desde el accidente del invierno casi eterno hasta últimamente lo ocurrido con la puerta él sabía cuanto Anna quería estar con Elsa.
-Kriss, sabes que no se puede además si fuéramos tan obvias ya habría pasado algo entre… - no pudo completar la frase debido a dos motivos. El primero fue que había pasado a morderse la lengua por pisar entre dos tablas demasiado separadas, perdiendo así el equilibrio y el segundo cayó en cuenta de que si había pasado algo hacia una semana.
-Si ya terminaste de buscar hormigas me gustaría escuchar que paso entre Elsa y tú como para que estés distraída, y con distraída me refiero a más de lo normal – dos brazos fuertes la levantaron como si fuera una pluma para colocarla de pie de nuevo.
Luego de sacudirse el polvo y haber mandado a los chicos por unos chocolates y unas zanahorias al pequeño bazar del muelle alumna y maestro se sentaron en uno de los bordes que miraba hacia el mar sintiendo el suave aire marino de la tarde. Las gaviotas revoloteaban alrededor y a lo lejos se veía a algunos pescadores revisando las redes, una brisa revolvió sus cabelleras – ¿me contaras que paso?-
-Es solo que no quiero hacerme ilusiones Kriss, ¿Qué pasa si lo confundo con algo que no es? – una mirada de "o me dices ahora o me largo" termino por decidir a la pecosa de contar el accidente de aquel frio y agudo dedo pasando por su nuca no una sino dos veces, haciéndola estremecer hasta el alma.
Las risas del más alto tenían tal fuerza que casi lo botan de aquel improvisado asiento al borde del agua -¿QUE TE CAUSA TANTA RISA IDIOTA? – y limpiándose unas lagrimas que se le habían formado al rubio por tanta risa dijo.
-¿no es obvio?, ustedes dos se piden a gritos la una a la otra, no puedo creer que dentro de todo no le hayas intentado robar un… - un gran splash y el graznido gaviotas a lo lejos dio paso a el sonido de pisotones alejándose del muelle rumbo al castillo.
-Kristoff creo que Anna esta enojada – el pequeño hombre de nieve junto con la ayuda de Sven sacaron a su amigo del agua – ¿será porque nos demoramos mucho con el chocolate? – miro preocupado hacia el camino donde ya no había ni rastro de la pelirroja.
-No Olaf, esta así porque no quiere ver la verdad, porque tiene miedo de lo que suceda – con un gesto torpe golpeo uno de sus oídos para sacar el agua que se le había metido, solo esperaba que por primera vez en su vida Anna le hiciera caso, ya que como él lo veía estaban las cartas echadas.
-maldito idiota y torpe… como se atreve… yo robarle un… - los sirvientes miraban como la joven refunfuñaba por los pasillos camino a su habitación. Ya era hora de la cena pero decidió mandar una disculpa con el primer sirviente que se atrevió a preguntarle como estaba, solo quería encerrarse en su habitación y no salir por un tiempo.
Dentro de toda la rabia injustificada estaba esa verdad incomoda que deseaba borrar de su mente. La única razón por la cual Anna había decidido no robarle u beso a la chica que la tenía prácticamente desvariando en ese momento era porque tenía miedo. Si Anna, la campeona de Arendelle, el caballero que no le teme a nada, ni siquiera a la muerte, estaba aterrada ante la idea de perder el contacto de esa fría piel que tantas veces había deseado tocar.
Sin darse cuenta sus pies la llevaron a entrar a la habitación de Elsa aunque pensándolo bien no era raro, había dormido con ella toda la semana así que el error de entrar a esa habitación no tenía ningún significado oculto. Trato de calmarse con esos pensamientos y se dejo caer sobre la cama cerrando los ojos pesadamente.
El aroma de la chica de hielo apareció en el ambiente casi transformándolo en una especie de semi sueño haciendo suspirar a la pecosa varias veces como si estuviera bajo el efecto de algún sedante.
¿Cuándo le había comenzado a gustar Elsa? O ¿en qué momento se enamoro al punto donde estaba ahora? Eran preguntas que rondaban su cabeza como pequeños mosquitos apunto de posarse para sacar sangre de su víctima. Decidió pasar un brazo por encima de su cabeza cubriendo sus ojos en un pequeño e inútil intento por salir de aquel vortex de pensamientos y sentimientos.
Comenzó a recordar y se dio cuenta que amó a Elsa desde la primera vez que tuvo conciencia, amó como podía conjurar copos de hielo, nieve o cualquier idea loca que pasara por su ese entonces pequeña e inocente cabecita. Sonrió al darse cuenta que su primer recuerdo fue cuando aprendiendo a caminar había tropezado pero no sintió el golpe del piso sino cayó sobre una mullida almohada hecha de nieve.
Así paso parte de lo que quedaba tarde riendo y recordando hasta que el cansancio venció su cuerpo quedándose dormida en aquella incómoda posición sabiendo que le pasaría la cuenta al despertar.
Por otro lado la reina estaba teniendo una conversación con cierto repartidor de hielo en su despacho.
-Elsa, sabes que no puedo aceptar ser tu caballero para estos juegos, solo se aceptan miembros de la realeza y Anna a estado entrenando mucho como para que le niegues la oportunidad de demostrar lo que ha aprendido – una fría y penetrante mirada lo helo de pies a cabeza – se que tienes miedo, yo también lo tengo pero debemos confiar en ella – al ver como aquellos ojos color azul glaciar se alivianaban un poco suspiro tranquilo y retorno a su posición recargado contra el respaldo de la silla.
-Es solo que tengo un mal presentimiento Kristoff, como el de esa mañana cuando fueron por esos cristales – la monarca se levanto de su asiento y se giro mirando hacia el exterior. Pudo ver como las primeras luces comenzaban a encenderse en las casas y los nocheros se encargaban de prender los faroles de las calles mientras anunciaban la hora cada cierto tiempo con su profunda voz.
-Se que tu y ella han vuelto varias veces a intentar completar la prueba aun bajo mi restricción absoluta – tomando un largo respiro y continuo – antes que te disculpes quiero que veas al punto al que voy, Anna es impulsiva, siempre lo ha sido y siempre lo será, quiero que me jures Kristoff, por el cariño que le tienes como amigo que no dejaras que Anna termine en una situación peor que la del cristal solo por sus impulsos ¿está claro? – con una sonrisa en los labios asintió para luego disculparse e irse dejando a una pensativa Elsa mirando por la ventana, la aureola boreal comenzó a bailar sobre el cielo trayéndole tantos recuerdos como su mente podía procesar.
En el escritorio yacía la nota que había comenzado a crear estos conflictos, todo se decidiría en invierno.
