Después de terminar unos cuantos papeles pendientes la gobernante de Arendelle se dirigió a sus aposentos en un paso lento y dudativo. Su mente llena de temores y posibles escenarios en los que incluía ver a su pequeña hermanita atravesada por la espada de un maldito bastardo de otro reino le helaba la sangre.
Sintió un escalofrió y movió su cabeza revolviendo aun más su platinada cabellera esperando sacarse todas esas ideas antes de llegar a la habitación.
Sin darse cuenta paso por el cuarto de las pinturas, al parecer sus pies decidieron llevarla en otra dirección mientras divagaba en los posibles y peores escenarios. Recorrió con la mirada cada una de las pinturas de aquel gran salón pensando en los años en los que Anna paso conversando con todas y cada una de ellas, cuantos secretos ocultos entre los lienzos pintados con escenas tanto cotidianas como épicas.
Sus ojos se posaron en la pintura de "Joan" una valiente princesa guerrera que junto a su ejército había salvado a su pueblo de la aniquilación total enfrentando una pelea totalmente desigual. Cualquier persona en su sano juicio nunca hubiera siquiera pensado en enfrentarse solo con 500 soldados a un ejército de 3000 pero ella no dudo en tomar su espada y destazar los cuerpos de los enemigos de su nación.
Contemplo más de cerca aquel rostro detenido en el tiempo, el fuego de esos ojos solo le recordaba a su pequeña Anna y el miedo hiso que la mano que ahora se apoyaba en el marco de aquella pintura temblara. Un sonido seco como el de un papel cayendo le llamo la atención y miro hacia el lugar donde fue emitido, a sus pies pudo ver un pequeño pedazo de pergamino junto con una pequeña estela de polvo atentándose lentamente.
Con manos temblorosas lo recogió observando que no era uno sino que dos, ambos en un estado deplorable pero se podía apreciar aun la escritura en uno de ellos. Sus ojos se llenaron de lagrimas al descubrir que era una carta para ella escrita hacía mucho tiempo por parte de la chica de cabello rojo como el fuego.
"Elsa:
Mamá y Papá dicen que no debo molestarte pero quiero que sepas que no te he olvidado. Le pedí a Joan que cuidara la carta porque me dijo que sales de tu habitación cuando estoy dormida así que ella te la entregara. Espero no te olvides de mi y salgamos a jugar pronto. Te amo Elsie.
PD: hice un dibujo de nosotras por si te olvidas como soy. Te extraño."
Vio aquel pequeño retaso de pagina donde están ellas tomadas de la mano con una tonta sonrisa en sus rostros y Olaf en una esquina saludando como si estuviera vivo, como si Anna siempre hubiera sabido que lo conocería en algún momento. Estrecho con cuidado ambos trozos de pergamino y agradeciendo en silencio a la pintura antes de salir de aquel cuarto para dirigirse a su habitación.
Antes de girar el pomo sintió un pequeño ronquido del otro lado de la puerta el cual le hiso soltar una pequeña sonrisa, su pequeña al parecer había decidido dormir en su habitación ese día también, suspiro largamente sacándose sus zapatos de hielo para evitar despertarla con el taconeo de estos y entro en la habitación con el mayor cuidado posible.
Ahí frente a ella estaba durmiendo la autora de la carta que sostenía suavemente en sus manos. Se dirigió al escritorio que estaba cerca de la puerta para guardar tan especial regalo por parte del destino.
Un fuerte ronquido la hiso voltearse nuevamente aguantando una risa, sabía que Anna roncaba cuando dormía sola pero esa semana que durmieron juntas no escucho ningún sonido por parte de esa maraña de pelos cobrizos que volvía a roncar. "¿Acaso roncara porque se sentía sola?", pensó la chica de piel blanca como la nieve mientras se cambiaba para dormir, se soltó el cabello dejándolo libre de la prisión de su trenza y se sentó al lado de su todavía vestida hermana.
"tendré que despertarla para que se cambie", poso con delicadeza sus manos tomando así el brazo derecho de la chica pecosa a su lado para acomodarlo a un lado de su cuerpo, vio un escalofrió seguido de un suspiro en los labios de la menor lo cual hiso morderse sus propios labios en señal de deseo.
Siempre amo el calor emanado por el cuerpo de su Anna y todos esos años de aislamiento solo hicieron que fantaseara con la oportunidad de volver a abrazarla, de sentirla cerca, de poder besarla, "en que estas pensando pervertida" sacudió su cabeza tratando de sacar ese último pensamiento de su mente cuando en la oscuridad sintió un suave "Elsa" escaparse por parte de la que dormía plácidamente a su lado.
Sintió la sangre rápidamente subir hacia sus mejillas casi como un acto reflejo, estaba soñando con ella pero ¿Qué clase de sueño?, de seguro no era como el que ella había tenido durante esa mañana estaba segura de ello. Sus ojos se entristecieron de solo pensar en todo lo que había pasado ese día, al ver la almohada y la cama no pudo evitar sonrojarse y sentir vergüenza por lo que la chica de mirada gélida como el hielo había catalogado como "incidente".
Pero no era un incidente, amaba a Anna, la amaba tanto o más de lo que debería amarla como hermana y de una forma tan desesperada que pronto tendría que tomar medidas.
Otro pequeño sonido casi parecido a un gruñido la saco de sus pensamientos y vio unos ojos azules mirándola fijamente.
-¿Elsa? ¿Por qué estas en mi habitación?-
Una risa por parte de la mayor hiso sonrojarse hasta las orejas, se dio cuenta que se había quedado dormida en la habitación de la mayor y su brazo derecho algo acalambrado le indicaba que fue bastante larga su siesta de los recuerdos.
-Perdón no quería despertarte – la rubia le sonrió y dijo – cámbiate y acuéstate pronto, es bastante tarde – miro divertida como ese pequeño rayo de sol se levantaba torpemente pero giro la vista hacia la ventana al ver que empezaba a cambiarse delante de ella.
-¿Cómo estuvo el entrenamiento hoy? – una queja por parte de su interlocutora la hiso darse media vuelta nuevamente solo para encontrarla haciendo muecas chistosas como si tuviera algo en la boca – Anna, ¿te sientes bien?
-¿ah? Ah sí, perdón es que tuve un accidente hoy… bueno me refiero a que tuve un accidente pero no entrenando, veras fuimos con Kristoff, Olaf y Sven al muelle porque Kristoff me dijo que no me entrenaría porque aun estaba lesionada lo cual lo encontré exagerado de su parte, entonces cuando estábamos caminando tropecé porque quería decir algo y me mordí la lengua… - Anna observo casi embobada la risa de su hermana – ¿estoy divagando de nuevo verdad? – un movimiento en señal positiva.
-¿Y qué era eso tan importante como para que hayas estado más distraída de lo normal? – los ojos de Anna se ensombrecieron y miro hacia otra parte, no podía decirle "intentaba decirle que te amo Elsa y que todo el tiempo estoy pensando en ti más que como mi hermana", en cierto sentido sentía la necesidad de decirlo pero no podía, no soportaría perderla, no soportaría estar lejos de ella y esta vez podría ser para siempre– ¿y bien?
-le decía que… no podía esperar a mostrar lo que he aprendido, de verdad me gustaría que hubiera algún torneo pronto – creyendo haber dicho una mentira convincente se acostó al lado izquierdo de la reina dejando escapar un bostezo - ¿pasa algo Elsie? – al ver la mirada casi de terror en esos ojos que por lo general mostraban confianza o frialdad la hiso dudar de que si le había creído su pequeña mentira.
-en realidad, nuestro reino fue invitado a un torneo de caballeros… - sentada en la cama, la rubia cruzo sus brazos por su estomago como lo hacía en momentos de nerviosismo – Anna no quiero que participes, deja que Kristoff sea el caballero representante de Arendelle – la mirada de decepción en los ojos de la menor le rompía el corazón.
-¿no confías en lo que he aprendido Elsie? – ese maldito sobrenombre siempre la quebraba, Anna siempre lo usaba cuando estaba triste o quería demostrarle algo a su hermana.
-No es eso, es solo que… será en Southern Isles… - cuando miro a su lado pudo ver el fuego en los ojos de menor casi como si estuviera viendo la pintura de Joan, "ahora entiendo porque te lanzaste a la batalla, Joan".
-Con mayor razón quiero pelear, es momento de patear algunos traseros reales – Elsa se limito a reír al ver a su hermana levantando el puño al igual que Joan, pero internamente solo esperaba que su presentimiento no fuera más que una exageración.
