Jajaja les tengo algo gracioso que contar, casi no logro actualizar mi historia (perdí mi pc por lo que tuve que cambiarme a otro).
Bueno aquí tenemos otro capítulo, puede que se me compliquen las cosas porque empezaron las pruebas en la universidad pero tratare de ser puntual (lo prometo).
Y para quienes me preguntaron en que otra plataforma estoy subiendo la historia les mandare un mensaje privado, no quiero tener problemas con la pagina y que terminen borrando todo.
Sin más preámbulos les dejo con la historia.
Unos insistentes toquidos en su puerta la obligaron a despertar, estaba cansada, solo quedaba una semana para el gran torneo y su entrenador le había hecho unos últimos entrenamientos extremos antes de la competencia. Según él un último esfuerzo le vendría bien a su cuerpo para que se mentalizara y entrara en el calor.
-Princesa Anna, perdón por molestarle pero recuerde que hoy es su ceremonia de embestidura – la voz pertenecía a Kai, el eterno y amable sirviente a cargo de la familia real de Arendelle.
-No te preocupes Kai, ya estaba despierta…- intento con todas sus fuerzas de mantener sus ojos abiertos pero termino quedándose dormida sentada ahí en la cama, solo el sonido del pomo de la puerta girando la despertó – Kai espera aun estoy en pijama – dijo sin abrir aun los ojos pero sintió una risa muy diferente de quien le estaba hablando detrás de la puerta.
Frente a ella se encontraba Elsa en su antiguo atuendo que uso el día de su coronación solo con un gran detalle, su cabello rubio platinado estaba como lo llevaba cuando usaba ese vestido de hielo que la hacía suspirar en silencio. Se sonrojo ante sus pensamientos y sonrió con un gesto torpe que logro sacar una sonrisa a la monarca.
-¿No se supone que es mala suerte vernos antes de una ceremonia?- pregunto la menor haciendo alusión a la antigua creencia de que los novios no debían verse antes del matrimonio. Al pensar lo que había dicho sin pensar el sonrojo cayó sobre sus pecosas mejillas al igual que en las pálidas mejillas de la aludida.
La mayor se aclaro la garganta cortando el tenso momento que se había formado en la habitación – aun no tienes puesto tu "vestido" así que no creo que nos ataque la mala suerte - en ningún momento espero esa respuesta por parte de esos ojos azules que la enloquecían, después del incidente de la biblioteca cada vez estaban más juntas, cada vez Elsa se sentía más cómoda cuando su pequeña hermana se escondía entre sus sabanas noche por medio o cada vez que la sorprendía con un abrazo espontaneo tomándola por la cintura mientras sus mejillas ardían.
A pesar de todas estas muestras de afecto no había pasado nada más allá de abrazos y mejillas sonrojadas, ninguna de las dos había decidido dar un paso más allá y repetir la escena de la biblioteca, aun el miedo remanente en sus pensamientos causaba estragos después de cada escena de cariño que ambas tenían.
"Tal vez de verdad siente algo por mi", ambas pensaron al unisonó dentro del silencio de la habitación.
Con un falso tono serio la monarca aguantando una risa dijo – Caballero, os vengo a informaros que vuestra armadura esta lista para su envestidura – los ojos de sorpresa por parte de la pelirroja hicieron finalmente soltar una risa traviesa a la rubia, la cual cubrió con un suave gesto de su mano, como si quisiera ocultar la travesura que acababa de hacer.
Por su parte la próximamente nombrada Caballero no podía caber en sí de felicidad y sorpresa, sabía que la ceremonia debía llevarse a cabo con una armadura puesta así que había escogido una de las que descansaban bajo las escaleras y con las cuales siempre chocaba de niña.
-¿no creerás que te dejaría participar en un torneo así sin una armadura que pudiera realmente protegerte o no? – la pecosa se limito a cerrar la boca y levantarse tan rápido como pudo para abrazar a su hermana mayor.
Esta por su parte no pudo resistir colocar sus brazos atrás del cuello de la menor atrayéndola más hacia si misma, se sentía tan cálido estar una en los brazos de otra a pesar del frio constante que emanaba del cuerpo de la mayor.
Elsa se dirigió lentamente al oído de su pequeña, aguantando las ganas de morderlo susurro esperando no dejar escapar el suspiro que se elevaba por su garganta – no quiero que te expongas, no es necesario que le demuestres nada a nadie, eres lo más importante que tengo y – apretó un poco más el agarre acercándola un poco más – no quiero perderte de nuevo.
Anna estaba extasiada, el aroma de la mayor mesclado con sus susurros tan cerca de su oído la estaban torturando lentamente, deseaba besarla como esa noche en la biblioteca, su razón dejo de existir cuando el agarre contra su cuello se estrecho aun más. Estaba tan cerca que acomodo su cabeza en el espacio entre el cuello y el hombro de su Elsa, porque así lo sentía, ese momento era su Elsa y nadie podía quitar ese estruendoso palpitar de su pecho o el suspiro que le precedió al cerrar más sus brazos contra esa delicada cintura.
Por un segundo, el tiempo se volvió eterno, ambas fundidas en esas pecaminosas muestras de cariño más allá de hermanas. La pecosa se estremeció al sentir un frio y delgado dedo recorrer su nuca rasgando lentamente, fue como vivir un deja-vu de lo pasado hace meses atrás. Un segundo y más profundo rasguño hiso que decidiera salir de su escondite para mirar directo a los ojos de la causante del creciente sonrojo en sus mejillas.
Ambas se miraron profundamente, una mano de Anna subió hasta un poco más arriba de la espalda de su Elsa haciendo una ligera presión, susurrando un inaudible "acércate" con ese movimiento a lo cual la mayor solo respondió una de sus frías manos sobre esas mejillas pecosas que ardían en ese momento.
-solo bésala, ¿Por qué no se besan?, ¿crees que sepan como besar? – ambas sintieron un frio escalofrió recorrerlas cuando vieron los ojos de Olaf, Sven y Kristoff mirándolas desde el borde de la puerta.
-Olaf… - el reno y el rubio quedaron mirando al muñeco de nieve en forma replicándole lo que acababa de hacer.
En el momento que el rubio iba a hablar indicando que no las estaban espiando sino que estaban ahí para entregar la armadura vieron una ola de nieve y hielo lanzarlos lejos junto con la malograda puerta.
La pecosa solo rio ante el gesto de su reina y su cara que aun tenía ese rojo furioso en sus mejillas.
-Gracias – susurro para luego levantarse un poco sobre la punta de sus pies y besarla en la mejilla, peligrosamente cerca de sus labios. Le dirigió una mirada de travesura mesclada con felicidad mientras iba a buscar a su entrenador y sus amigos quienes luchaban por salir del montículo de nieve en el cual fueron convertidos.
La reina en cambio se quedo mirando la escena, llevándose una mano hacia el lugar del beso sintiendo como cada parte de su ser se derretía y agradeciendo que llevaba ropa normal, de llevar su vestido de hielo, seguramente ahora estaría hecho un charco de agua en el piso.
-¿Nerviosa? – pregunto el rubio que se terminaba de arreglar algunos detalles de su armadura, como entrenador y tutor en armas debía de entregar a su aprendiz frente a la reina en señal de que estaba lista para seguir su camino en total soledad, el último gesto que debía de hacer su maestro antes de que el aprendiz se volviera un guerrero.
-Un poco – se acerco al espejo donde ambos se miraron, el rubio llevaba una armadura color café con gris, en el pecho se denotaba unas astas de un reno al igual que su yelmo que poseía unas pequeñas hasta a los lados, toda su armadura estaba adornada alrededor por bordes de color dorado ceniza y pequeños copos de nieve, cada uno diferente al anterior. Se termino de acomodar la larga capa color beige que poseía las mismas astas en que llevaba en el pecho solo que bordadas junto a un pequeño mensaje escrito en idioma troll.
Por su parte Anna llevaba una armadura verde con bordes fucsia y dorados. A diferencia del resto de su armadura la coraza del pecho era de color negro, adornada por líneas de color verde y dorado que delineaban dos ramas con hojas, acabando en medio con un copo de nieve remarcado en tonalidades celestes, azules y algo rosadas. Al ver aquel copo lo reconoció inmediatamente, era la firma de Elsa y con ese símbolo se sentía invencible. Se acomodo el yelmo que era de color verde y tenía dos grandes copos de nieve a los lados que afirmaban la visera. Tomo la capa pero rápidamente el grandulón a su lado se lo impidió.
-no no – repitió en tono divertido – recuerda que la capa debes ponértela al final de la ceremonia – el rubio le dedico una sonrisa amable mientras la aludida le daba un golpe en la pierna con su escarpe de hierro.
Ambos rieron al sentir el metálico sonido del escarpe golpeando contra la greba del rubio. –Creo que estoy algo más que un poco nerviosa – musito la pelirroja llevándose hacia el rostro, queriendo hacer el gesto de colocarse un mechón de pelo atrás de su oreja como siempre lo hacía en esos casos pero se encontró con el yelmo por lo cual desistió.
-Tranquila, lo harás bien, has entrenado mucho y podría decir que me has superado con creces – poniendo una mano en su hombro le miro mostrándole lo orgulloso que estaba de todo el progreso que había realizado en tan poco tiempo. De pronto el rubio dijo –ah, casi lo olvido, cierra los ojos – una mirada de desconfianza por parte de su prontamente no aprendiz le hiso soltar una carcajada – no es una broma, vamos confía en mí – la pecosa cerro sus ojos esperando la orden para abrirlos.
Cuando lo hiso encontró frente a si una reluciente espada de acero, su mango estaba adornado con los colores de su armadura y el pomo era el mismo copo de nieve de Elsa. Tomo la espada con manos temblorosas y a la luz pudo observar un pequeño mensaje grabado en idioma troll muy parecido al mensaje de la capa de su amigo.
-Con esto has dejado de ser mi estudiante pero no mi amiga y compañera en armas – aguantando un pequeño sollozo por el orgullo que sentía continuo – Elsa y yo confiamos en ti Anna, por eso te forjamos esta armadura y esta espada para que nos lleves contigo en el campo de batalla, recuerda que las personas que te queremos siempre estaremos contigo – se miraron y sonrieron.
-Gracias Kristoff, gracias por todo – envaino la espada y la ajusto a su cinto – creo que ya es hora – caballerosamente el grandulón le ofreció su brazo a su estudiante y salieron camino a la sala de ceremonias seguidos por un pequeño comité de guardias reales.
Las voces del coro llevaban el aire de la sala de ceremonias, las personas sentadas se dieron vuelta lentamente al escuchar la voz del presentador llamando la llegada de la princesa de Arendelle y su entrenador.
Todos se levantaron de sus asientos haciendo un pequeño gesto con la cabeza en señal de saludo. La mayor parte de los reunidos correspondían a algunos nobles de las áreas cercanas a Arendelle y gente del pueblo invitados por parte de Anna. Esto calmo a la ultima que iba temblando al lado de su amigo quien solo reía dentro del yelmo.
Con voz fuerte y ceremoniosa Elsa dijo – Caballeros que hoy vienen ante su reina, les pido quitarse los yelmos y presentarse ante mí y mi pueblo.
Ambos levantaron sus viseras y sacaron sus yelmos manteniendo sus posturas firmes frente a la reina.
- Su majestad me presento ante usted y ante su pueblo, soy Kristoff Bjorgman, caballero de primera generación del orgulloso pueblo sin nombre quienes estamos para servir a su corona- dicho esto se arrodillo sobre su rodilla derecha agachando un poco la cabeza en señal de servidumbre. Según los ritos que habían leído, cuando un caballero no era noble pero pertenecía a un pueblo que estaba en peligro debía de decir que su pueblo no tenia nombre, así solo él y la reina sabría de qué pueblo estaban hablando.
-Su majestad me presento ante usted y ante su pueblo, soy Anna princesa de Arendelle, próximo caballero de primera generación del orgulloso pueblo de Arendelle y estoy para ponerme a disposición de su pueblo y de usted – dicho esto se acerco un poco más hacia su reina y se arrodillo frente a sus pies como dictaba el protocolo de la ceremonia, levanto un poco su cabeza mirando directamente a Elsa – ruego acepte mi solicitud de protegerle, servirle y morir si es necesario por usted y para usted, por su pueblo y para su pueblo.
Ambas se sonrieron rompiendo un poco el protocolo de la ceremonia – caballero, ante mi pueblo y ante mí, acepto su solicitud de ponerse a disposición tanto en cuerpo como en alma en la defensa de mi bienestar y el bienestar del pueblo de Arendelle – la reina miro hacia el lado donde la esperaba el maestro de ceremonias con la espada de su padre, único objeto el mar había devuelto luego de años búsqueda.
Desenvaino la hoja algo arruinada por la corrosión de la sal del mar, y la puso sobre el hombro izquierdo de su hermana pequeña diciendo – Desde hoy caballero serás conocido como Anna princesa guerrera y caballero de primera generación de Arendelle – pasando la hoja por arriba de su cabeza toco su hombro derecho – que tu golpe no erre para eliminar a nuestros enemigos, que tu sabiduría no flaquee cuando debas tomas decisiones y que tu coraje no se extinga para llevar la luz de la justicia a todos los rincones de nuestro mundo de ser necesario.
La pelirroja se dio el permiso de derramar una lágrima mientras se levantaba de su posición. Atrás de ella su amigo y maestro se levanto y procedió a colocar la larga capa color fucsia agarrada de dos prendedores que llevaba en la espalda.
Todos se levantaron y aplaudieron al nuevo a su nuevo caballero, algunos aguantando las lagrimas de orgullo, otros simplemente sonriendo, pero a pesar de toda la felicidad reunida en ese lugar, la reina no podía dejar de sentir esa opresión en el pecho, sabía que algo se acercaba solo esperaba que Anna estuviera preparado para enfrentarlo o más bien que ella estuviera preparado para enfrentarlo.
