Hola chicos aquí les traigo otro capítulo, perdón que lo haya subido tan tarde pero mi padre me pidió ayuda para conectar unos equipos de música y recién me desocupe.
Disfruten y agárrense que se viene lo bueno.
Luego de la ceremonia los tres protagonistas junto a Olaf y Sven se retiraron al gran salón para la fiesta en honor al nombramiento.
El gran salón estaba tan repleto como la noche del baile post coronación, solo que ahora cierta pelirroja que reía de buena gana junto a sus amigos tenía la certeza de que su Elsa no escaparía en la mitad del baile. Suspiro luego de beber una copa de jugo, ya que por órdenes reales y además de su ex entrenador no debía beber alcohol. –Ya podrás beber cuando levantes la copa de ese torneo – le dijo el rubio que por hacer causa común también estaba bebiendo jugo.
La música animada y la amena platica no distrajeron a la recientemente nombrada caballero de los ojos preocupados de su hermana mayor, aun cuando ella hablaba con los nobles del reino por petición de su hermana pequeña pudo sentir cierta angustia entre cada risa cortés que daba la chica de piel nívea.
-Kristoff, hay algo que he querido preguntarte desde hace tiempo – tragando un gran trozo de pan el rubio se dispuso a escucharla – ese día, cuando volvimos de la misión del cristal, ¿Qué sucedió? – la alegre mirada en el rostro del grandulón se ensombreció hasta quedar en una mueca de dolor y seriedad.
Dejando la copa en la mesa al lado le pidió a Anna que fueran a un lugar más privado para contarle.
Ya en el exterior del castillo, en uno de los grandes jardines que tenia este se sentaron en una banca de cemento haciendo resonar el metal de sus armaduras al acomodarse para escuchar.
En la cueva de los trolls, meses atrás
-ANNA! TE QUEDAN 10 MIN! – aun cuando no llevaba reloj el chico rubio sabia contar muy bien los tiempos, su forma de vida semi salvaje le había obligado a llevar las cuentas de lo que varias personas consideran normal, como los días, las horas y los meses.
Se sentó en el frio y húmedo suelo de la cueva esperando ver la cabellera pelirroja de su amiga volver en cualquier momento de la penumbra, realmente no esperaba que Anna pudiera alcanzar su cristal la primera vez y no era por subestimar sus habilidades sino porque casi nadie lo había logrado.
Recordó que cuando era niño algunos trolls testarudos no siguieron el consejo de gran Pabbie y por la ansia de poder terminaban quedándose más tiempo del que debían teniendo consecuencias fatales para ellos. Además recordó la cara de decepción en el rostro de gran Pabbie cuando al no volver en el tiempo y tirar las cuerdas solo recuperaba los cuerpos de trolls que habían muerto con sus caras deformadas, desfiguradas de horror.
"Kristoff, debes escuchar muy bien mis palabras, dentro de estas cuevas vive un demonio, un demonio más viejo que el mismo tiempo que se ha dedicado a alimentarse de las almas de los pobres que osan entrar a sus dominios.
Solo les doy 30 min porque es lo que demora el demonio en despertar y encontrarte, ahí adentro nunca estarás solo, el tratara de cazarte y agregarte a su colección"
Esa advertencia siempre resonó en su cabeza cuando le toco a él ir por su cristal, siempre la tenia presente cuando tuvo que dirigir a sus hermanos y hermanas que decidían tomar el riesgo
"… pero no debes decirle a nadie de la existencia del demonio, si él sabe que tu lo conoces podrá encontrarte con mayor facilidad…"
El conocimiento que gran Pabbie le había pasado le costó caro en sus varios intentos, encontrándose de frente con el demonio y teniendo que escapar a duras penas de este, pero su cristal valió todo el esfuerzo. Saco la piedra amarilla que colgaba en su pecho y la miro por unos segundos, el poder que emanaba de ella era inmenso pero solo alguien igual de grande en espíritu podía controlarla.
Se levanto del suelo, calculando el tiempo que le debía quedar a Anna sintió un tirón en la cuerda de esta y de pronto dejo de estar tensa. Su sangre se helo completamente, la pelirroja desobedeciéndole directamente había cortado su única salvación, sin pensarlo dos veces tomo una espada que había llevado oculta entre sus cosas y corto su propia soga, no la necesitaba para volver con sus múltiples intentos se sabía la red de túneles de memoria.
Recorrió los pasillos llenos de gemas que comenzaron a vibrar mientras este corría y en el centro del laberinto pudo ver a aquel demonio que tantas veces había visto antes, sosteniendo a una desvanecida Anna en sus brazos, sonriendo con sus grandes colmillos y ojos rojos como el fuego. Por un momento dudo y sintió pánico, recordó todas las veces anteriores que lo había encontrado.
-"bueno bueno, que tenemos aquí" – sintió inmediatamente la rasposa y femenina voz de aquel ser resonando en su cabeza – "Kristoff Bjorgman, el chico raptado por los trolls" – sacudió su cabeza tratando de no escuchar las pecaminosas palabras que retumbaban en su mente – "ahora que has vuelto a la civilización ¿has hecho contacto con tus padres?".
-¡CALLATE! – Rugió a todo pulmón junto con una mueca de dolor y terror – Bulda, Gran Pabbie y todos los demás son mi familia.
La risa silenciosa de la criatura congelo aun más su sangre –"después de todos estos años aun no tienes el valor para preguntarles de dónde vienes ¿no es así?" – Dejando caer a la pelirroja quien hiso un sonido seco contra el suelo se acerco a él grandote – "no quieres enfrentar la verdad después de todo, porque la mentira es mucho más dulce y fácil de digerir" – trato de tocar al chico pero inmediatamente retiro su garra del chico al sentir como comenzaba a quemarse.
-"ja…ja…ja, veo que eres el portador del cristal de la voluntad espiritual, el único cristal capaz de protegerte de mi poder, ya veo porque Bulda decidió quedarse contigo "ternura"" – a pesar de que al acercarse la piel del demonio comenzaba a hervir y caer a pedazos se acerco lo suficiente para susurrarle al oído con su voz natural – eres la llave para que ellos expíen sus culpas.
Sintiéndose completamente asqueado alzo su espada cortando un brazo de aquel monstruo viendo con horror entre risas de este salían distintos seres de las paredes con afiladas garras dispuestos a atacar – "dile a gran Pabbie que aun estoy esperando" – dicho esto las ahora innumerables criaturas se lanzaron contra él y contra Anna.
En el tiempo presente
-Solo recuerdo que aduras penas salimos de ese lugar, te cargue sobre Sven y Olaf fue a buscar a gran Pabbie para contarle lo sucedido, luego llegamos al castillo y cuando me encontré de frente con Elsa ella me dio una de las cachetadas más fuertes que he sentido en mi vida – queriendo cortar la tensión del momento sonrió de lado pero eso no cambio la expresión de asombro de su interlocutora.
-entonces esa cosa aun vive bajo Arendelle – un pequeño movimiento en señal de si por parte del rubio hiso estremecer a la pelirroja – espera, entonces ¿tu cristal puede repeler cualquier espíritu? – otro movimiento en señal de si dejo pensando a la pequeña.
Un sonido suave de alguien aclarándose la garganta llamo la atención de ambos girándose hacia la puerta por donde habían salido del gran salón – no quisiera interrumpir pero la fiesta sigue y quieren escuchar a la nueva caballero de Arendelle dar su primer discurso – Anna quedo de piedra en su asiento pero su hermana mayor ofreciéndole su mano para levantarse le dijo – descuida, escribí algo para ti en caso de que quieras decir algo o si prefieres puedes divagar como siempre, personalmente me gustaría más escuchar lo segundo – ambas se miraron sonrojados levemente.
Antes de que pudiera hacerle la misma invitación al caballero representante de los trolls este ya estaba de camino a la puerta, no quería hacer mal tercio entre las dos enamoradas así que entro siendo recibido por aplausos al igual que a la reina y su caballero cuando entraron pocos minutos después.
El baile transcurrió con total normalidad salvo por un ebrio Kristoff que bebió del ponche equivocado y comenzó a hablar tonterías sobre el hielo y los renos que podían hablar. –Te digooo Anna, los reeenos nos conqq… conquistrrrran… vendrran en bloquees de heeelo giigantes… -la aludida solo rio cuando deposito a su amigo sobre el lomo de Sven que lo miraba con cara de desaprobación.
-Cuídalo Sven y no es su culpa solo se equivoco de ponche – soltando un suspiro el reno se puso en marcha junto con Olaf que se habían ofrecido a cuidar al ebrio por esa noche.
Estaba a punto de volver al gran salón cuando vio algo brillando en el suelo, era el cristal de su amigo, seguramente cuando lo acomodo sobre el lomo de Sven el cristal resbalo y cayó en el suelo. "Se lo devolveré mañana" pensó pero luego una de sus ideas locas surco su mente. Con aquel cristal tal vez podría tener más tiempo para encontrar el suyo propio, tal vez la protegería de aquel demonio.
Decidió entrar al castillo aun con esa idea molestando en su cabeza y por algún motivo término en la sala de las pinturas, al entrar el cristal comenzó a brillar con una luz de tonalidad blanquecina, sintió algo de temor al ver el borde de la pintura de Joan brillar también y no dudo ni un segundo al descolgarla.
A la luz normal la pintura no parecía tener ningún objeto extraño, solo estaba estropeada un poco por el tiempo y el polvo, pero a la luz del cristal pudo notar una esquina levantada que brillaba con la misma intensidad que el cristal, quiso tomarla entre sus manos pero la delgada imagen solo se deshizo. Entonces comprendió que debía usar el cristal con lo cual toco el borde esperando a ver qué pasaba.
Al levantar lentamente el cristal un papel tan fino como las alas de una libélula emergió de su interior y se materializo en un pergamino en las manos de una incrédula Anna.
"Si estás leyendo esto debes de haber encontrado mi cristal, te ruego guerrero no juzgues ni mis razones ni a mi pueblo, ve a donde encontrarte esto y libera mi alma.
J."
Por alguna razón los ojos de Anna se llenaron de lágrimas, recordaba haber tenido conversaciones larguísimas con Joan cuando era pequeña pero siempre fueron unidireccionales, pero ahora tenía la oportunidad de devolverle el favor luego de todos los años de escuchar sus desvaríos y penas.
Dejo con cuidado la pintura en su pared comprobando que el mensaje seguía firme y entero en su mano, lo doblo con sumo cuidado como si se tratara de una gema preciosa y salió del castillo hacia los establos, aun llevaba la armadura y la espada así que pensó que estaría a salvo de todos los peligros.
No tardo mucho para encontrar el lugar al cual le había prometido a Elsa no volver, pero esto ahora era personal. Tomo la cuerda que estaba atada a la montura de su caballo y la amarro al árbol cercano acercándose al borde de la cascada congelada.
Miro el grueso trozo de hielo frente a ella y no dudo en desenvainar su espada para golpearlo, se sorprendió al darse cuenta que su fuerza había crecido lo suficiente para romper el hielo por su propia cuenta, "y eso que llevo la armadura puesta" pensó alegremente para sí misma y sintió un escalofrió al cruzar la cascada que emanaba agua congelada en ese momento.
Al igual que hacía meses atrás pudo ver los cristales emanando su resplandor, se puso el de su amigo alrededor del cuello y vio con asombro cómo se levantaba señalando una dirección, el tercer túnel contando de izquierda a derecha.
Sin dudarlo se adentro corriendo por el pasillo señalado por el pequeño pedazo reluciente mientras que en el interior de aquel laberinto una criatura comenzaba a despertarse.
-Kristoff, Kristoff despierta – aun seguía medio dormido por lo cual Olaf se apresuro a abrir la puerta de la pequeña casa del rubio.
-¿Elsa? ¿Qué sucede? – vio a la reina con algunos escoltas reales - ¿paso algo con Anna? – casi como si hubiera adivinado el pequeño hombre de nieve despertó a Kristoff que aun seguía bastante mareado por el alcohol.
-Kristoff, por favor te necesito despierto, no encuentro a Anna y encontré esto en los establos – el rubio sintió que perdía los colores y se le quitaba completamente la borrachera al leer el mensaje dedicado al caballero que encontrara el cristal… - mi cristal… - dijo casi sin aliento el grandulón quien fue rápidamente a buscarlo y no lo encontró.
-Elsa… Anna esta en… - antes de terminar la frase se dio cuenta que la reina se había ido dejando a su escolta y tomando prestado a Sven – Anna… ¿qué has hecho? – pensó apesadumbrado mientras le pedía a los guardias que le consiguieran un caballo para seguir a su reina.
Sus pasos cada vez resonaban más en la oscuridad, después de un rato los cristales dejaron de emitir luz solo el que la estaba guiando emitía un leve rayo color dorado que seguía guiándola por el camino.
-"Anna" – escucho dentro de su cabeza claramente su nombre – "Anna"- esa voz, le era muy conocida – "ven Anna, ven a jugar" – en un claro donde todos los túneles convergían pudo ver a Elsa en su vestido de hielo como de costumbre – "Anna, te he esperado por tanto tiempo" – sintió de nuevo la voz y los brazos de la Elsa que tenía en frente se extendieron – "ven aquí, déjame abrazarte".
Sus ojos se nublaron por un momento y dejando caer la espada se acomodo entre los brazos de la rubia quien estaba frene a si –"eso es mi pequeña, no sabes cómo espere para decirte esto…" –el corazón de la pelirroja se acelero y miro los ojos de su Elsa, esperen, esa no era su Elsa, no estaba ese brillo frio pero a la vez cálido de sus orbes azules, solo había oscuridad en ellos.
-Tu… no eres… ella… - vio a la criatura transformarse ante sus ojos, pasado de la fría y nívea piel de Elsa a un monstruo de piel oscura con ojos rojos, su boca se deformo dejando salir una lengua y unos colmillos que trataron de cerrarse sobre su hombro derecho, el mismo que le había atacado hace tiempo atrás – no, esta vez no será igual – golpeando a la criatura desvió su rostro con lo cual logro zafarse.
Cayendo pesadamente al suelo fue de inmediato por su espada pero algo le había agarrado del pie y la jalaba con fuerza – "estúpida niña, sabía que volverías atraída por ese mensaje" – el tentáculo cerrado contra su tobillo la levanto con fuerza estrellándola contra una de las paredes – "no puedo creer que seas el caballero de Arendelle, una debilucha e imbécil perra" – volvió a levantarla ahora por un brazo y la azoto contra el suelo – "y no olvidemos pecaminosa, oh puedo saborear el pecado dentro de tus pensamientos, como deseas joder con tu hermana" – en esta ocasión el tentáculo se cerró sobre su cuello levantándola del suelo –"quieres oírla gemir, gritar tu nombre mientras la jodes cada vez más duro" – la criatura rio lúgubremente y con su mano tan negra como la noche paso una de sus garras cortando la piel de la cara de la pecosa –"serás el alma más deliciosa que jamás haya devorado".
Lentamente Anna estaba perdiendo la conciencia ante la falta de oxigeno pero recordó el poder del cristal de Kristoff y toco el tentáculo que lo sostenía con él. La criatura volvió a reír y esta vez abriendo su boca, dejado que su pudrirdo aliento llenara la habitación dijo – los cristales solo funcionan con sus dueños.
El demonio deformo completamente su boca dejando que su lengua tocara la herida de Anna lamiendo su sangre – No me iré… hasta… salvar… a Joan – la criatura quiso responder pero algo la había atacado por dentro, emitiendo un chillido agudo de dolor soltó a la pecosa quien fue por la espada inmediatamente. Aun se sentía débil y no sabía si la saliva de aquel demonio iba a matarla de todos modos pero debía liberar a Arendelle de aquel monstruo, por todos, por Elsa, por Joan.
-Tu Joan vendió su alma por ganar esa batalla – el monstruo se incorporo luego de unos segundos – ella decidió entregarme lo único que poseía solo para defender a un reino y a una reina que nunca la amaría – miro con una mueca de burla a la pelirroja – así es niña, Joan también estaba enamorada – hiso una pausa para reacomodar su boca dentro de los parámetros que podrían considerar normales – de su hermana – el monstruo se lanzo a atacar pero Anna logro esquivarlo con singular agilidad.
Una de las paredes de la caverna se derrumbo dejando al descubierto un pasadizo nuevo, la pecosa no dudo en saltar sobre la bestia y seguir por ese pasadizo, a pesar de la presencia del demonio pudo ver que el cristal seguía emitiendo un haz de luz que le indicaba que siguiera esa dirección.
Un rugido por parte de la criatura le indico que no tenía mucho tiempo, siguió por el camino sintiendo al demonio pisarle los talones mientras maldecía en mil lenguas. Su carrera termino al darse cuenta que entro en una pequeña cámara, allí se encontraba un esqueleto envuelto en una armadura de épocas más antiguas a la suya, sintió varias lagrimas rodar por sus mejillas al darse cuenta que era el cuerpo de Joan estaba sentado contra un árbol subterráneo como esperando a alguien, en su esquelética mano pudo apreciar dos cristales gemelos con luz diferente, uno color celeste pálido como invierno y el otro color verde como la primavera.
Corrió hacia ellos tomando ambos justo antes que el demonio irrumpiera en la cámara, -Y AHORA, TU ALMA TAMBIEN SERA MIA- grito triunfante la criatura a lo cual Anna se dio vuelta levantando su espada, sintiendo que una luz cegadora rodeaba todo el lugar.
-¡ANNA! – la monarca de Arendelle se bajo presurosa de Sven y vio con horror como la caverna colapsaba sobre si misma destruyendo la cascada sobre sí misma, con sus poderes congelo el agua para evitar que se filtrara por las hendiduras que quedaban entre las piedras -¡Anna! ¡¿Dónde estás Anna?! – La rubia se dirigió hacia donde hacía poco existía la puerta del recinto golpeando las rocas, intentando congelarlas y golpearlas para que cedieran o se movieran - ¡ANNA! – grito con todas sus fuerzas antes de caer de rodillas llorando amargamente.
La escena fue vista por el rubio dueño del cristal quien acababa de llegar a la escena, se bajo presuroso y tomo su hacha para comenzar a golpear las rocas – es inútil, esta totalmente bloqueado - musito la reina aun en el suelo. Tratando de pensar que esto no estaba pasando siguió golpeando antes de que el hacha se rompiera en mil pedazos, totalmente sellado, ese era el veredicto final de aquellas rocas.
Anna despertó sintiendo una mano acariciar su cabeza, cuando elevo los ojos pudo ver una imagen que solo había tenido en sueños. -¿qué? ¿Pensabas que era más ruda? – No podía creer lo que estaba viendo, era Joan, pero no como el esqueleto que acababa de ver sino en todo su esplendor como fue retratada en la pintura.
Trato de hablar pero un gesto de silencio la hiso desistir de esa idea – ¿sabes?, nunca me gusto como me veía en esa pintura, me gustaba más la otra, la que está en una esquina arriba de todas, cuadro de dos niñas jugando – su sonrisa era totalmente luminosa casi como si fuera la de un ángel.
De pronto Anna recordó al demonio, se levanto rápidamente pero al voltear solo pudo ver su cadáver desvaneciéndose lentamente – Tu lo derrotaste – la aludida se dio vuelta mirando a Joan quien estaba de pie junto a ella – Y todo lo que dijo, si fue verdad, vine aquí un día antes de la gran batalla, le ofrecí mi alma a cambio de ganar y de que pudiera proteger por siempre a mi hermana – sonrió tristemente tomando su espada del suelo y envainándola.
-También tuvo razón con eso de que ella… nunca me amaría – lagrimas doradas comenzaron a salir de sus ojos, Anna quería hablar, decirle algo pero otra luz interrumpió el momento – Si me hubieras preguntado habrías sabido que si te amaba – Joan miro desconcertada, esa luz – Elenna – delante de ellas se materializo la imagen de una mujer más alta y claramente mayor a Joan.
Ambas se abrazaron como si no se hubieran visto en siglos y tal vez así fuese – Anna – dijo la mujer mayor de pelo castaño muy parecido al de Joan – debo darte las gracias, el día que Joan salió corriendo de nuestro castillo supe que algo malo había pasado, pero nunca pensé que demoraría tanto tiempo en verla de nuevo – ambos espíritus se fundieron en un beso con lo cual Anna quedo totalmente conmovida – ten esto, y no cometas el mismo error que yo Anna, dile a tu hermana lo que sientes, tengo un buen presentimiento de todo esto. – le dedico una sonrisa que fue correspondida por un silencioso gracias.
Sintió el peso de los cristales sobre su mano, seguramente y evitando que el demonio cobrara más victimas Joan corrió hacia la caverna buscando la forma de derrotar a aquel monstruo pero no lo logro, así que solamente espero a que apareciera el caballero correcto.
Una luz cegadora volvió a llenarla mientras comenzaba a sentir el aire fresco llenar sus pulmones y renovar sus fuerzas.
De pronto ambos, tanto Elsa como Kristoff escucharon unos golpes por uno de los costados de la pequeña colina que encerraba la cascada, fueron a ver y descubrieron a la pelirroja, con una mirada totalmente agotada, sosteniendo la espada en una mano y dos curiosos cristales en la otra.
Elsa corrió directamente hacia donde se encontraba su pequeña y la sostuvo antes de que se desmayara, la abrazo con fuerza contra su cuerpo aun sollozando levemente pero al comprobar que estaba bien suspiro aliviada. En sus brazos parecía un ángel que acababa de caer dormido, su expresión tranquila y casi en forma de sonrisa la hiso querer besar en ese mismo momento pero no era tiempo. Debían volver al castillo y ver si ella estaba completamente bien.
Ambos esperaban ansiosos fuera de la habitación de Anna. Mientras Kristoff no paraba de caminar de un lado para el otro Elsa solo miraba fijamente la puerta mientras la nieve seguía acumulándose a su alrededor. De pronto el médico salió.
-Su majestad, sir Kristoff, me complace anunciar que la princesa Anna esa en perfectas condiciones, salvo por un pequeño corte en su rostro está en perfecto estado de salud – ambos suspiraron aliviados.
Luego de que Kristoff se despidiera de Elsa con un "no seas tan ruda con ella" la chica de ojos azules decidió entrar en la habitación. Ahí estaba su Anna, durmiendo como si nada hubiera pasado, como si después de la fiesta hubiera ido a dormir.
Los primeros rayos de sol de colaban por la ventada del dormitorio real y la monarca sentándose al borde de la cama acaricio suavemente el rostro de la pelirroja.
-rompiste tu promesa, casi te perdí, pero me alegra que volvieras – susurro para dejar un beso en su frente. Estaba enojada pero ya hablarían del castigo, por ahora solo la dejaría dormir tranquilamente.
Más tarde algunos sirvientes asustados buscaron a la reina y la llevaron al cuarto de pinturas donde comprobaron que la pintura de Joan ya no estaba, en su lugar había otra pintura, de dos pequeñas ambas de cabello castaño y ojos oscuros mirándose una a la otra, sonriendo como si nunca fueran a separarse, en la mano de la menor había una espada de juguete y en la cabeza de la mayor una corona.
Elsa solo pudo emocionarse y dejar escapar una pequeña lagrima en público. Sea lo que hubiese pasado en esa cueva había cambiado algo y había sido para bien. Anna era realmente el caballero de Arendelle, protegiendo a su pueblo y a su reina.
