Hola a todos, muchas gracias por sus comentarios significan mucho para mí, perdón si no he podido responder nada pero casi no tengo tiempo (me explotara la cabeza con tanta cosa que tengo que estudiar), pero como cada sábado aquí tienen su cap. Saludos y que tengan una semana hermosa y perfecta :D.
El rubio siguió de cerca al pelirrojo que serpenteaba por los pasillos casi como tratando de esquivar a su propia sombra, se veía agitado y sus ojos verdes se detenían a mirar sobre el hombro. El grandulón solo atinaba a apegarse a la pared esperando que el punto ciego de los ojos del pecoso lo cubriera lo suficiente para que este no se diera cuenta de que era seguido.
Los pasillos iluminados y adornados comenzaron a parecer descuidados con cada giro del pelirrojo quien aceleraba cada vez más el paso. Por un momento el segundo caballero de Arendelle pensó que había sido descubierto al no sentir las fuertes y nerviosas pisadas del caballero representante de Weselton haciendo eco en los pasillos y en sus oídos, pero un fuerte brazo ahora lo aprisionaba contra una de las descuidadas paredes de esa sección del coliseo.
-¿Porque me estas siguiendo Bjorgman? – A pesar de ser más bajo el rubio debía de reconocer la fuerza del ojiverde que lo estaba mirando con una expresión entre furia y terror – ¿ACASO TE ENVIO ÉL? ¿ESTAS BAJO SU CONTROL TAMBIEN? – claramente la furia se había apoderado de aquel hombre y aprovechando un momento de debilidad de este el rubio apretó el nervio del brazo del pelirrojo haciendo que este retrocediera y liberándolo de la llave que aprisionaba su garganta.
Tosiendo un poco y agarrando el brazo ahora paralizado del pecoso ahora él lo aprisiono contra la pared – en primer lugar… -tosió para aclarar un poco más su garganta - … no se dé que mierda me estás hablando – levanto un poco más el brazo para generar más presión contra el adolorido hombro del pelirrojo – y en segundo lugar, ¿Qué pretendes bastardo?, si pretendes hacer trampa te juro que te matare aquí y ahora.
Una risa irónica por parte del ojiverde le helo la sangre al más alto que casi lo suelta sin darse cuenta – ¿de verdad crees que esto es importante? – La risa se volvió una risotada que hubiera hecho a cualquiera huir sin pensarlo dos veces – ¿de verdad crees que este pequeño juego de reyes es siquiera relevante para lo que se asoma en el horizonte Bjorgman?
Ahora realmente estaba confundido, si Hans no quería hacer trampa o algo ¿qué demonios era lo que buscaba en ese lugar tan remoto de aquel coliseo?
-Algo grande se aproxima Bjorgman y más vale que estés preparado porque habrá grandes pérdidas, todos perderemos algo te lo puedo asegurar – el pelirrojo al sentir como cedía el apretón del grandulón se soltó y lo golpeo certeramente en el estomago dejándolo sin aire.
-Podría aniquilarte ahora y ahorrarte el dolor de las cosas que pasarán – la toz del rubio lleno el pasillo – pero no lo hare, en cierta forma me serás útil por ahora, quieras o no – justo cuando el rubio iba a contestar sintió un fuerte golpe en su nuca y como si todo estuviera en cámara lenta sintió su cuerpo caer pesadamente sobre la polvorienta baldosa.
Un balde de agua helada lo despertó y pudo notar que estaba con los pies y las manos atados, trato de zafarse o de por lo menos saber donde estaba pero la putada que provenía desde su nuca le estaba partiendo el cerebro y ni siquiera le dejaba enfocar bien.
-Donde… ahg… - el rubio sintió un mareo que de haber estado de pie lo hubiera tirado al suelo si fuera un muñeco de prácticas –estoy… - logro finalizar la frase antes de percatarse que una figura lo miraba desde la oscuridad.
-Te necesito consiente – una sonora cachetada le despabilo y agradeció en el fondo al dueño de tan fuerte brazo –escucha, no tenemos mucho tiempo, te lo explicare, pero debes hacer todo lo que diga – el sonido de una puerta abriéndose pesadamente a lo lejos y del metal rechinando le indico al rubio donde estaba, seguramente estaba en una celda en los calabozos del coliseo.
-vete a la mierda bastardo – dijo ya sin dificultad el grandulón al notar que quien la hablaba no era otro sino Hans.
-si no me obedeces, morirás no solo tu sino tu amiga y tu reina – le dio otro golpe casi tan fuerte como el anterior pero ahora para sacarle todo el aire y hacerlo casi desmayarse nuevamente.
Justo en ese momento un hombre pequeño se adentro en la celda seguido de dos de sus más fieles guardias.
-Bien hijo mío, veo que atrapaste al pequeño espía de nuestro principal objetivo – mientras se recuperaba el rubio pudo notar como ese hombre hacia una seña con su mano como si estuviera controlando una marioneta – agáchate – le ordeno casi como si fuera un perro, a lo que el pelirrojo no dudo en obedecer quedando a la altura del hombre canoso con un enorme y exuberante bigote – buen chico – le acaricio la cabeza y este solo se agacho más como si no tuviera voluntad.
"Así que a eso se refería" pensó el rubio quien fue tomado por ambos hombres que lo pusieron de pie inmediatamente.
-¿a qué se refería quien hijo? – El hombrecillo con aire arrogante se acerco al grandulón y lo miro con desprecio – oh, mil perdones olvide mi cortesía – chasqueando los dedos su marioneta se puso de pie y se acerco al rubio propinándole un fuerte golpe en el rostro.
-ahora que nos saludamos de la forma correcta necesito que me digas… - el hombrecillo dejo salir una pequeña risa sarcástica – mira, lo haremos más fácil, piensa quien fue el que te dijo eso y saldrás de aquí en un santiamén.
Sabía que las envenenadas palabras de aquel tipo no eran verdad, una vez obtenida la información seguramente sería eliminado en el acto. Tratando de pensar en cualquier otra cosa miro hacia la figura atrás del hombrecillo y se asombro al ver como con todas sus fuerzas Hans logro hacer un sutil movimiento en señal negativa.
-vamos hijo, yo se que eres un cabeza hueca y que más cerebro obtendría abriéndole la cabeza a uno de tus amigos trolls – descolocado el rubio quiso golpear al hombre – no creas que eres el único que los conoce, además llevar ese lenguaje tan antiguo bordado en una capa, eres un cartel andante para los que conocimos la "verdad".
Esta última palabra seguida del gesto de comillas por parte del gobernante descoloco al grandote – oh, ¿gran pable no te lo conto? No no no espera, adoro esto – se saco el guante lentamente dejando ver que su mano izquierda poseía un extraño símbolo, parecido al lenguaje de los trolls pero que Kristoff no pudo reconocer por la oscuridad de la celda.
-Sentirás solo un piquetito – cuando trato de poner la mano sobre la cabeza del rubio esta se ennegreció y comenzó a humear casi como si estuviera quemándose. – Interesante – dijo el hombrecillo quien lentamente retiro su mano sin el menor apuro – así que eres el portador de la gran "voluntad espiritual" – rio entre dientes mientras colocaba el guante en su lugar nuevamente.
-Hans – el hombre lo miro con ojos vacios – ¿tú no sabrás algo verdad? - este solo negó con la cabeza – oh mi pequeño perdido – la luz proveniente de su mano se intensifico e hiso arrodillarse nuevamente al pelirrojo – mi pequeño bastardo despreciado por su país, por sus padres, por su gente, ¿de verdad no sabes nada? – este solo volvió a negar con la cabeza sin titubear.
El rubio miraba atónito la escena, era claro que aquel sujeto que pareció solo un estúpido bufón cuando lo conoció en Arendelle era otra persona, otra totalmente diferente.
-oh te creo mi muchacho – la mano del hombre quien aun despedía luz revolvió bruscamente los cabellos del pecoso – mi mascota no me mentiría – dijo en tono burlón mientras chasqueaba los dedos nuevamente – Hans, ya que trajiste un amigo a "jugar" y aun queda tiempo antes del siguiente combate te dejare jugar con él un poco, pero te quiero arriba para cuando comience el siguiente combate.
El hombre se retiro lentamente seguido por los dos guardias quienes cerraron la puerta bruscamente dejando que una estela de polvo callera del techo.
-Que mierda fue… - no pudo terminar la frase porque la mano del pelirrojo estaba cubriendo su boca, el rubio pudo notar que sus ojos aun estaban opacos, seguramente aquel sujeto aun podía escuchar lo que él decía a través de su marioneta.
Luego de unos momentos la luz volvió a los ojos verdes del pecoso y este saco un cuchillo liberando las amarras de su "amigo" como lo había llamado aquel hombre.
-Escucha – no pudo decir mucho más ya que recibió un fuerte puñetazo que lo tumbo en el suelo.
-Eso es por los golpes – la mano del grandulón se cerró sobre el brazo del pelirrojo que aun seguía algo aturdido por el golpe y de un tirón lo ayudo a pararse.
-ahora escupe Westerguard, esto es a lo que te referías, ¿no es así? – el ojiverde solo asintió y miro directamente a los ojos del rubio.
-Puede que me creas o no lo que te contare a continuación, solo quiero pedirte un favor cuando termine – el grandulón que aun tenia por el brazo al pecoso lo miro con desconfianza pero accedió a su petición – es mi madre, ella está en este calabozo, libérala suceda lo que suceda.
-Tienes mi palabra – decidió soltarlo y buscar un lugar donde sentarse en el húmedo suelo de aquella celda para escuchar el relato de Hans.
Esto sucedió cuando era muy pequeño, creo que tendría unos 8 años. Ser el menor de 12 hermanos era una pesadilla en vida, cada vez que necesitaba a madre o padre ellos estaban totalmente ocupados con las cosas del reino y ni hablar de mis hermanos.
Hace muchos años en el castillo de Southern isles
-hermano hermano hermano – el pequeño pelirrojo trataba de llamar la atención de uno de sus hermanos mayores, tenía hambre y quería que su hermano al ser más alto lo ayudara a alcanzar una galleta de la alacena – HERMANOOOO – este lo miro casi con desprecio lo cual hiso al pequeño pecoso simplemente agachar la cabeza como si hubiera dicho una mala palabra.
-¿qué quieres insecto?- contesto el muchacho, este tendría unos 10 0 12 años a lo sumo, su cabello era negro y sus ojos cafés, casi como la mayoría de sus hermanos mayores quienes eran bastante "comunes" por así decirlo. Pero el ultimo hermano, el no planeado, el "accidente", debía de nacer con todos esos atributos que lo hacían ser tan "especial".
-solo quería una galleta hermano – el pequeño lo miro inocente, el no había pedido nacer diferente y aun por el desprecio de sus hermanos mayores los amaba a todos y cada uno de ellos, incluso amaba a sus padres aunque esos no los veía seguidamente.
-ah… la nena quiere una galleta – dijo en tono burlón en mayor – oye insecto, pero los niños lindos reciben algo mejor que galletas – la mirada del mayor se ensombreció por los celos y llamando a otros tres más encerraron al pequeño Hans en un almacén del sótano del castillo.
Estaba oscuro y apenas una luz entraba por las rendijas donde corrían ratas casi tan grandes como un gato pequeño -¿Por qué? - dijo el pequeño en medio de la oscuridad del lugar. Su padre hacia mucho le había dicho que los hombres no lloran y eso era lo que justamente estaba obligándose a no hacer en ese momento, mordiendo su pequeño labio casi al punto de romperlo golpeaba la puerta con fuerza esperando que esta aflojara por alguna magia.
-oh mi pequeño veo que tus hermanos y tus padres te han abandonado – el pequeño Hans vio como una rata se paraba sobre sus patas traseras y lo miraba con ojos brillantemente rojos – mi hijo abandonado no debes temer – por la curiosidad propia de un niño este se acerco a la gran y asquerosa rata que parecía poder hablar.
-¿Sabes hablar? – dijo con voz inocente a lo cual el animal abrió la boca dejando escapar una risa bastante macabra.
-Claro que se hablar pequeño, pero tiene que ser nuestro secreto – la rata chillo llamando a otras ratas quienes royeron la puerta hasta botarla dejado libre al pequeño – supe que te gustan las galletas – volviendo a chillar un grupo de ratas trajo consigo el frasco donde las empleadas guardaban las galletas en la cocina.
-¿son para mí? – los pequeños ojos verdes de aquel niño se llenaron de alegría al notar que así era y este se sentó a comer gustoso.
-son todas para ti porque eres mi amigo Hans pero yo quiero saber ¿yo soy tu amigo? – inocentemente el pequeño asintió mientras compartía algunas galletas con las ratas que se acercaban curiosas a verlo.
-entonces siempre seremos amigos Hans – en la oscuridad de aquella bodega, el pequeño Hans nunca supo que había firmado un pacto con el demonio solo por un par de galletas.
En el tiempo presente
-Cuando era pequeño no lo comprendí, para mí que las ratas, los perros o incluso los peluches de mi recamara me hablaran era totalmente normal – el rubio miraba al pelirrojo ya sin desconfianza, cualquier persona hubiera dicho que aquel pequeña versión de Hans seguramente había alucinado por el miedo a quedarse solo en aquel lugar, pero él no era quien para juzgarlo, más que mal su familia consistía principalmente en trolls.
-entonces fue cuando esa voz que cuando era pequeño me animaba, secaba mis lagrimas cuando mis hermanos mayores me jugaban bromas pesadas o me contaba historias al ir a dormir debido a que mis padres se olvidaban de mi por ser el ultimo comenzó a susurrar cosas extrañas, cosas que se me cambiaron en alguna forma - el ojiverde levanto la mirada por primera vez en el relato y solo se topo con la atenta mirada del rubio que estaba esperando a que continuara.
-¿Qué sucede? – pregunto el grandulón quien estaba impaciente por saber que era lo que venía a continuación.
-Perdón, solo quería saber si seguías escuchándome, es un relato bastante inverosímil si lo piensas bien – el pecoso solo bajo la vista de nuevo, hacia mucho que alguien no lo escuchaba atentamente así que se sintió incomodo ante la atenta mirada del más alto.
-La voz comenzó a susurrar que yo debía ser rey, que mis hermanos eran inferiores, que mis padres eran inferiores, que nací diferente porque tenía un propósito – el pelirrojo suspiro y prosiguió – yo creí cada palabra, era normal pensar así para mi, que mis hermanos no eran más que basura y que nada debía interponerse en mi camino para lograr llegar a la cima.
-No quiero justificarme con esto, en ningún caso quiero el perdón de nadie a quien dañe durante este tiempo, es solo que estaba solo, nadie tomaba en cuenta nada de lo que decía y era el único niño que estaba en el castillo, nunca tuve un verdadero amigo… solo hice lo que creía correcto – compadeciéndose de los tristes ojos del pelirrojo el rubio puso su fuerte mano sobre el hombro de este.
-oye, esto no significa que te perdone todas las cosas que has hecho, puede que nunca lo haga pero al menos puedes contar conmigo, siempre se pueden hacer amigos – la sonrisa sincera por parte del grandote tranquilizo los ojos del pecoso e incluso lo hiso sentir un suave escalofrió que no quiso analizar.
- escúchame Bjorgman – el grandulón lo acallo levantando la mano y dijo – Kristoff, dime Kristoff – el pecoso se sintió algo incomodo por lo que tosió un poco.
-Kristoff, la razón por la que fui a Arendelle no fue para quedarme con el reino, fui porque la voz así lo quiso, en ese punto me controlaba totalmente y dijo que debía apoderarme de algún reino sin importar cual fuere porque estaba predestinado para eso – hiso una pausa mirando por encima de su hombro – los trolls, Arendelle y Weselton están conectados por algo muy antiguo y oscuro, algo sucedió durante la caza de los trolls, algo vivía en Arendelle y los que atacaron el reino lo sabían, se hacen llamar "los que saben la verdad".
El pelirrojo volvió a mirar por sobre el hombro aun más nervioso que antes – ya no podremos conversar más, siento la voz viniendo hacia acá, se que Anna vio al demonio en esa cueva – sintieron unos pasos a lo lejos – pero eso no era, tampoco es el tipo que me controla, es algo mucho peor, mucho más grande y poderoso – los pasos cada vez se sentían más y más cerca – el ganador del torneo recibirá un premio especial y ese es un cristal de la cueva – el arribo de los hombres que se acercaban a la celda era inminente así que Hans tomando a Kristoff y golpeándolo en el estomago para que pareciera que le estaba dando una paliza le susurro al odio "no soy el único a quien esta cosa controla".
-bien hombrecito es hora de que vayas a masacrar unas cuantas almas inocentes, dejaremos a tu amigo arriba para que no levante sospecha pero nos aseguraremos que no hable – los hombres miraron al rubio y avanzaron para seguir con la falsa golpiza.
-No – dijo firmemente el pelirrojo – yo lo llevare, sé que no hablara nada – los ojos verdes del pecoso ahora volvían a tener ese frio muerto como de marioneta pero esta vez Kristoff se dio el espacio para notar que le faltaba algo bajo su armadura.
"mi cristal" pensó, seguramente Hans lo estaba usando y por eso aun mantenía control sobre sí mismo, a eso se refería que le sería útil quisiera o no. "Entonces los cristales funcionan no solo con sus dueños, ¿pero porque con Hans, el no tiene ningún…?"
Entonces se dio cuenta, el cristal que sería entregado en el torneo no era cualquier cristal, era el de Hans, seguramente quien se lo pusiera seria poseído por esa cosa, y la ronda final seria entre él y Anna.
Todo se le revelo tan rápido que sintió la necesidad de salir corriendo a avisar lo que había deducido pero se contuvo, aun estaba en peligro.
Mientras en la misma habitación dos cuerpos se fundían nuevamente en un beso, esta vez guiado por la rubia quien tomaba con cuidado el rostro de su hermana menor, acariciando suavemente sus mejillas, suspirando lentamente al sentir nuevamente su cálida lengua dentro de su boca. Decidió atraparla entre sus dientes mordiendo suavemente, colocando una mirada entre la inocencia y una creciente pasión que sentía provenir de su interior.
La pelirroja entendió el mensaje y sonriendo tomo por la cintura firmemente a su hermana mayor llevándola con cuidado contra una de las paredes de la habitación. La miro profundamente casi pidiendo permiso para ejecutar sus más bajos instintos, a lo cual la de ojos azules quien respiraba ya agitadamente solo respondió con un pequeño suspiro rápidamente tomado por los labios de la pecosa.
Se miraron sonrojadas, agitadas y totalmente perdidas en el placer de solo apreciar cada una de sus facciones. Levantando su mano izquierda acaricio lentamente el rostro de la rubia, el frio contacto de su piel nívea contra sus ardientes dedos la estremeció y juntando sus frentes susurro lentamente – ¿esto no es un sueño verdad? – casi de inmediato sintió dos frías manos colándose debajo de su ropa, atrayéndola más cerca de la mayor.
-no lo es mi Anna – dijo en un suspiro la monarca quien sintiendo el calor emanado por la menor sintió su cuerpo estremecer – y si lo es, no me dejes despertar – busco sus labios por una tercera vez pero la pelirroja tenía otra idea y solo roso los labios de la mayor dejándola con una expresión de preocupación en su rostro.
De inmediato comprendió el actuar de la pecosa al sentir esos mismos labios rozar el pulso de su cuello, logrando desestabilizarla. No pudo evitar dejar salir el sonoro gemido atrapado en su garganta cuando Anna mordió suave pero firmemente su delgado cuello.
La mano que seguía en aquel sonrojado rostro ahora dibujaba la línea de la mandíbula de la mayor quien atrapada contra la pared solo clavaba sus uñas en la espalda de la pecosa. El calor entre ambas cada vez se volvía más y más insoportable.
-Elsa – la intrusa mano ahora recorría aquel níveo cuello mientras la caballero de Arendelle se sentía totalmente rendida ante aquellas frías manos que arañaban su piel, hiso una pequeña pausa para mirar a aquellas sonrojadas mejillas pálidas – cuando volvamos, cásate conmigo – si no hubiera visto aquellos ojos tan serios y encendidos mirándola la monarca de Arendelle hubiera pensando que era una broma por parte de la menor, pero no lo era, en lo absoluto.
-Anna – ahora eran las manos de la mayor quienes tomaban aquel sonrojado y pecoso rostro entre ellas – ¿sabes que somos hermanas verdad? Habrá… muchos problemas – de pronto la realidad golpeo de frente a ambas pero la pelirroja solo negó fuertemente con la cabeza poniendo ambas manos sobre las de su hermana mayor.
-Incluso si los dioses se interponen te amare y nada cambiara eso – una puntada de dolor le recordó a la pelirroja su brazo recientemente accidentado causando que hiciera una mueca inconsciente. –Debí sonar bastante cursi – una risa por parte de la monarca confirmo su sospecha pero solo recibió un corto y suave beso como respuesta.
-Debes descansar, ya casi te toca volver – la preocupación en las ultimas silabas pronunciadas por la mayor le pareció tierna a la pecosa quien levanto su brazo izquierdo – ¿alguna vez te dije que era ambidiestra? – dijo sonriendo solo como ella podía, como si fuera el sol saliendo luego de una larga noche de espera.
Ambas rieron y la rubia tomo la mano derecha de la pecosa con cuidado de no producirle dolor – Ya me lo prometiste pero necesito oír que no harás ninguna locura, por favor – esa suplica casi le destroza el corazón a la pecosa – además, si quieres casarte conmigo, tendrás que volver en una pieza – bromeo un poco la mayor y volvió a reír haciendo el gesto de cubrirse los labios con su mano derecha.
Por su parte la pelirroja mordió su labio inferior como solía hacerlo inconscientemente, ese gesto la enloquecía. –me encanta ese gesto que haces – ambas dijeron al unisonó, se miraron y se sonrojaron a más no poder.
Anna suspirando se arrodillo tomando la mano derecha de su amada hermana – yo Sir Anna, prometo por mi honor y mi título que volveré a tus brazos reina mía, para tomar tu mano en matrimonio, amarte y protegerte hasta mi último aliento –
La rubia se agacho encerrando entre sus brazos el cuerpo de la menor, primero beso su mejilla llena de esas pecas que la enloquecían totalmente y siguió su camino hasta esos cálidos labios que se entreabrían ansiosos, "cumple tu promesa Anna, no podría vivir sin ti" pensó entre besos y caricias.
El rubio aun seguía medio aturdido por los golpes antes recibidos, aunque ahora sabia el porqué de la golpiza que tuvo que aguantar en aquel calabozo debía admitir que el pelirrojo de ojos verdes tenía bastante fuerza a pesar de ser más pequeño.
-Perdóname Kristoff, teníamos que convencerlos – dijo el de ojos verdes mientras ayudaba al rubio a caminar pasando un brazo por sobre su hombro y con una mano tomándolo por la cintura, lo cual incomodaba visiblemente al grandulón.
-Descuida, debo decir que pegas casi tan fuerte como Anna – ambos hombres dejaron escapar una risa – dímelo a mí, aun me duele ese puñetazo en la cara – bromeo el pelirrojo.
Cuando se cercioraron que no había peligro pararon y respiraron un poco, Hans sabia que pronto seria llamado a combatir – toma – metió sus manos dentro de su armadura y saco el cristal de Kristoff – gracias no sabes cómo me ayudo – el pelirrojo sonrió pero el cristal fue rechazado por su dueño.
-esa es la única cosa que permite mantener un poco de tu humanidad, utilízalo hasta que podamos salir de esto – el pelirrojo negó con la cabeza y puso la piedra alrededor del cuello de su legitimo dueño.
-No puedo usarlo por más tiempo sino habrá "consecuencias" – la forma en cómo dijo consecuencias llamo la atención del grandulón.
-¿Qué clase de?… mejor explícame como funciono mi cristal en primer lugar, se supone que los cristales funcionan solo con sus dueños – dicho esto el rubio vio algo raro en el rostro del ojiverde, era una expresión entre incomodidad y tristeza.
-Te lo explicare porque nadie nos está escuchando – tomo aire lentamente tratando de calmarse – los cristales no siempre fueron cristales, hace mucho más tiempo del que se pueda contar la cueva de la cual obtuviste tu cristal no existía, no existía Arendelle o Weseltown, en realidad nada de lo que conocemos hoy existía – hiso una pausa para mirar a todos lados tratando de sentir cualquier presencia – "los que saben la verdad" dicen que del cielo cayo una estrella tan brillante como el sol, esta estrella se partió en muchos fragmentos y los fragmentos fueron llenados por los espíritus de la naturaleza que los encontraban, quedando atrapados en ellos.
-Mucho tiempo paso antes de que los dioses se dieran cuenta de lo que había pasado, como día tras día desaparecían elementales sin dejar rastro y cuando investigaron encontraron los cristales provenientes de un lugar más allá de las estrellas, tristes y sobrecogidos tomaron todos los cristales de la tierra e intentaron sacar a los espíritus de sus cautiverios pero no pudieron, era una magia demasiado fuerte como para que las pequeñas criaturas pudieran sobrevivir a la transmutación – volvió a hacer una pausa al sentir un ruido cerca de ellos pero solo fue un gato que cazaba ratones en las inmediaciones del lugar – debido a esto decidieron hacer lo único que podían, y esto era poner a dormir a los pequeños elementales dentro de los cristales y esconderlos, para que ninguna criatura se aprovechara de su poder y ningún otro espíritu tuviera que pasar la eternidad durmiendo como aquellos pequeños fueron condenados a estar.
Tomando el cristal dorado que ahora colgaba del pecho del rubio lo sostuvo frente a sus ojos – los cristales solo funcionan de tres formas, la primera es estar predestinado para el cristal, esto conectara tu espíritu al del elemental dentro, eso lo entendieron los trolls por eso tienen su ritual.
La segunda es por sacrificio, si pones tu vida frente a cualquier otra cosa el pequeño espíritu dentro se despertara y te ayudara en tu cometido, sin importar si eres bueno o malo.
Y la tercera es… - de pronto el ojiverde se tomo fuertemente la cabeza – está aquí – musito claramente adolorido – vete Kristoff y cuéntale a tu reina, deben saber todo esto antes del final.
El rubio quería ayudar a aquel pelirrojo quien ahora respiraba dificultosamente como resistiéndose a la posesión de aquella energía, comprendió que le estaba dando tiempo y sin esperar más corrió hacia la habitación donde había dejado a la reina y su hermana, después habría tiempo de agradecerle aquella heroica acción a Hans, de momento debía encontrarlas.
Sintió a lo lejos un chocar de espadas, seguramente la ronda donde Anna debía enfrentarse a otro caballero ya había comenzado, se dirigió hacia los palcos tratando de dejar su mente en blanco por toda la información que ahora se agolpaba contra su cabeza, ¿Cuál sería la tercera forma?, intento dejar de pensar pero lo sintió prácticamente imposible.
Tomando fuertemente el cristal con su mano derecha susurro -si lo que me dijo Hans es cierto, ayúdame para que no lean mi mente – aquel pequeño susurro lo hiso sentir más cómodo por algún motivo y se dirigió a paso firme hacia el palco donde estaba ya sentada la reina quien miraba preocupada como su pequeña Anna se enfrentaba contra un caballero que le doblaba en altura.
En la arena con su brazo derecho prácticamente inutilizable la pelirroja se sentía en una desventaja tremenda, más cuando sintió que un golpe pudo haberle cortado la cabeza si no se hubiera agachado en el momento justo.
Aun seguía con su idea de no matar a su contrincante, las imágenes de la masacre aun seguían frescas en su mente, pero no dudaría en hacerlo si así debía de ser. La mole que tenia por contrincante tampoco parecía titubear en sus golpes pesados, lentos y seguramente letales.
En una de las arremetidas del corpulento hombre su espada se atasco en el suelo momento que la pecosa aprovecho al máximo poniendo la espada de lado y golpeándolo en la nuca con la cara de "Joan" dejándolo totalmente inconsciente en el suelo.
El publico enloqueció al ver aquel acto de piedad pero brutalidad a la vez, gritaban en coro el nombre de Anna mientras esta saludaba a la multitud, "habría deseado que eso hubiera pasado con el otro" pensó pero solo agito su cabeza y mirando al palco le dedico un guiño a su reina quien solo se sonrojo.
Arriba Kristoff se acerco a la reina tratando de contarle la mayor cantidad de información posible, el ahora rey de Weseltown no se encontraba en su lugar por lo que era el momento adecuado. Le conto de Hans, de la historia, de los cristales y de que grandes y horribles cosas pasarían en cualquier momento.
La rubia escucho atenta cada palabra, trato de no poner en duda ningún detalle por descabellado que fuera, en efecto había visto muchas cosas muy raras en esos meses, incluso sus poderes eran extraños para ella así que porque no creer aquella historia del pequeño pelirrojo solo en un almacén y con una rata parlante que albergaba el espíritu que lo corrompió.
-Kristoff, si lo que me dices es cierto, ¿Quién es el otro poseído por este espíritu? – la de ojos azules como el hielo lo miraba como tratando de encontrar la respuesta que el rubio no tenia.
-Mi lady, ¿se ha divertido? – una voz ronca y cansada provenía de sus espaldas, era el rey de Southern island quien los miraba con una sonrisa en el rostro – debo decir que las reglas del campeonato cambiaran un poco, debido a que su caballero gano y el contrincante de Hans esta indispuesto ellos pelearan la final inmediatamente, espero no sea una decepción para usted debido a que nuestra atracción principal era esto.
La reina de Arendelle pensó por un momento "espera, llamo a Hans por su nombre y se supone que el rey lo odia", casi como un rayo la idea apareció en su mente, el que estaba poseído también era el rey, seguramente el exilio había sido toda una idea de Weseltown pero como había sido todo esto posible.
-Dirá como me entere mi lady – dos hombres tomaron a Kristoff mientras uno con un tupido bigote le apuntaba con una ballesta directo al pecho – vera, mi unión con Hans va mucho más allá de que el pueda sentí mi presencia o no, mi plan era que ese chiquillo imbécil le contara todo a su caballero aquí presente, así este vendría a contarle a usted y eso activaría sus poderes – el hombrecito que hablaba ahora se acerco hacia el rey y haciéndole una señal este se saco un cristal negro que colaba del cuello – es curioso, cuando el espíritu dentro del cristal muere este se vuelve negro y absorbe todo a su paso, solo hay una forma de restaurarlo, con un alma pura y una magia lo suficientemente antigua como la de los elementales y verá mi lady, usted tiene la magia y su hermana, tiene el alma – chasqueando los dedos el rey se dirigió a su público diciendo.
"Mi pueblo, debido a problemas con los caballeros, estos dos fieros finalistas se enfrentaran hoy en la gran final pero no se preocupes, aun tendremos muchas otras atracciones para ustedes"
Los ojos felizmente muertos del monarca le indicaron que estaba poseído al igual que Hans.
-Para que quieres revivir ese cristal Weseltown – el rubio recibió un golpe en la cara que por poco lo noquea pero el rey de Weselton los detuvo levantando la mano.
El rey de Weselton camino lentamente hasta posicionarse en el borde del balcón mirando hacia la arena -Creo que no habrá problema que les cuente, algunos cristales poseen lo que llamamos un "gemelo", dos cristales que nacen de la misma piedra, dos seres elementales atrapados juntos, esta magia es más poderosa que la de un solo cristal y cuando recupere mi mitad muerta podre liberarme de la prisión a la cual fui confinado, por fin podre mostrarme en mi verdadera forma y liberarme de esa estúpida cueva de una vez por todas – dándose vuelta hacia la rubia sonrió irónicamente – ¿creías que tu hermanita había eliminado al demonio?, no, esa era solo una ilusión, el verdadero poder está en lo profundo de las entrañas de la tierra, encerrado por una llave, un cristal doble.
La rubia no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, todo había sido planeado, desde que entraran a ese torneo hasta lo que Hans le había dicho a Kristoff, y ahora, su amor, su hermana estaba en uno de los peligros más grandes que quiso nunca hubieran enfrentado.
-Díganle a Hans que se divierta, pero que no la mate, la necesitamos viva para el ritual – uno de los sirvientes del hombrecito corrió por el pasillo para entregar su mensaje mientras el monarca de Weselton se sentaba en la silla a observar el espectáculo.
-No te saldrás con la tuya Weseltown – dijo sin pensar la chica de ojos gélidos y un golpe en su nuca le nublo la vista por completo, había sido uno de los soldados – es Weselton mi lady.
