Bueno chicas y chicos aquí tienen su nuevo cap, un poco tarde (ha sido un día un poco cansador pero excelente) necesitaba un poco de tiempo para descansar del estudio y tocar un poco de batería jajaja, saludos y que tengan una hermosa semana.
Abajo en la arena la pelirroja tomaba a Joan fuertemente en su mano izquierda, las heridas de su brazo derecho estaban realmente doliéndole más que la vez que recibió una patada accidental de Sven y saber que se enfrentaría inmediatamente contra ese sujeto la tenía con la adrenalina a mil.
El publico a su alrededor vitoreaba el nombre de ambos caballeros, la nieve que recién comenzaba a caer le daba un toque especial al enfrentamiento y cuando el juez les indico que se acercaran para saludarse un rugido por parte de la multitud solo alentó más la sangre guerrera de la pecosa. Solo le faltaba una cosa, un saludo o un guiño por parte de su hermana, su nuevo amor, pero cuando se dio vuelta para verla ella no estaba allí, solo podía ver la sonrisa burlona del rey de Weseltown y a su lado el rey que parecía carecer de cualquier expresión en su rostro.
-que mierd… - pero no alcanzo a terminar la frase cuando un rayo plateado cayó cerca de ella casi cortando su brazo derecho – ¡oye!, ¿que te pasa imbécil?, aun no nos dan la señal… - pero otro ataque solo le hiso entender que el pelirrojo de ojos verdes frente a ella no tomaría su opinión por ningún motivo.
Volvió a esquivar casi por milímetros un ataque totalmente letal pero el tipo era demasiado rápido, con suerte le permitía saltar hacia atrás o hacia los lados con tal de esquivar su filo.
-¡HANS! SI NO TE DETIENES AHORA TE DESCALIF… - Un el sonido de la carne desgarrándose seguido por el chisporroteo del liquido carmesí silencio cualquier algarabía, el caballero representante de Weseltown, Hans Westerguard había matado a su hermano de un preciso corte a la altura del cuello, decapitándolo y dejando que su cuerpo cayera lentamente tiñendo la nieve de un penetrante color rojo.
Los gritos en su contra no se hicieron esperar, el pueblo sabía que había sido desterrado pero eso no era excusa para el acto atroz que acababa de cometer. En un rincón de la arena la pelirroja no daba crédito a lo que había visto, conoció a Hans pero nunca lo creyó capaz de hacer algo así de despiadado y casi en un acto de burla sacudió la sangre de la espada con unos pequeños golpecitos en el cadáver. Algo no andaba bien.
-ASQUEROSO BASTARDO – uno de los hermanos de Hans se lanzo a la arena con su espada en alto.
-NO ESPERA – Anna corrió hacia el joven quien se notaba que no tendría más de uno o dos años de diferencia con Hans, sus ojos llenos de lágrimas de ira solo estaban fijos en los inexpresivos del aludido.
Sus espadas solo alcanzaron a chocar dos veces antes de que este cayera herido mortalmente en el pecho susurrando – ¿porque hermano?- antes de dejar de existir.
-¡ESTAS ENFERMO! – eso había sido la gota que derramo la paciencia de la pelirroja, con todas sus fuerzas se lanzo atacando segada por la ira. ¿Cómo había sido posible que les hiciera eso a las personas que eran su propia familia y no sentir ni siquiera un puto remordimiento? Siguió atacando y mientras el pelirrojo solo se dedicaba a esquivar con facilidad los golpes.
-¿Porque les hiciste eso? – la pecosa le pregunto mientras estaban midiendo fuerza rozando los filos de sus espadas, pero este ni se inmuto con la pregunta, sus ojos verdes estaban totalmente muertos, casi como si estuviera siendo controlado por algo.
La pelirroja se aparto con fuerza y vio como cuatro guardias entraban a la arena con escudos, espadas y lanzas, seguramente estaban para atrapar o vengar la muerte de los dos hermanos. Los cuatro hombres se lanzaron con furia contra el pelirrojo quien los esquivaba a todos y cada uno haciéndolos parecer novatos.
Uno de los guardias se aproximo por la espalda del pelirrojo lanzando la lanza en su mano, creyendo que le daría sonrió triunfal pero el frio e implacable acero de la espada del ojiverde cobro otra víctima.
La lanza le había solo rozado el costado y se incrustó en una de las piernas de su compañero, los tres miraron caer el cuerpo muerto de su amigo y un grito desesperado de una niña diciendo "' ¡PAPÁ!"se abrió paso entremedio de todos los abucheos y maldiciones.
Los tres hombres corrieron despavoridos, la gente ya no abucheaba sino que se agolpaba para salir, sea lo que fuere esa cosa que estaba en la arena definitivamente no era humano, el cómo había esquivado un ataque letal a tan corta distancia solo hiso llenar el corazón de todos con miedo más que ira.
Para la sorpresa de la pelirroja el ojiverde no se movió ni un centímetro mientras la gente corría por su vida invocando a sus dioses para protegerlos de aquel demonio con forma humana.
La nieve seguía cayendo mientras cubría los cuerpos de las victimas tomadas por la mano del pelirrojo quien miraba un punto muerto del espacio, de repente algo se asomo de su mejilla derecha, al principio la pecosa pensó que era el efecto de la nieve que caía ahora sobre sus rostros pero no era así, era una lagrima, una pequeña y llana lagrima derramándose por la pecosa mejilla de su contrincante.
"¿está llorando?", pensó la caballero mientras seguía en su posición atenta a cualquier movimiento por parte de la figura que seguía mirando al vacio, "¿acaso es un truco o qué?", quería atacarlo y vengar la muerte de esas almas inocentes que acababan de ser cegadas por ese ángel de la muerte. Pero las cosas no le encajaban.
En primer lugar ¿Por qué no la había matado?, estaba herida y la velocidad que demostró el pelirrojo era suficiente como para acabar con ella antes que pudiera esquivar. En segundo lugar ¿Dónde estaba su amor?, ni su reina ni su amigo estaban en el podio, incluso vio que ninguno de los representantes salvo ese tipo de Weseltown.
Ahora que se detenía a pensar no había visto a Kristoff desde que le curó el brazo y ese tipo se veía muy sospechoso, casi tenía una mirada o una energía que había visto en otra parte pero ¿donde? Su mente trabajaba a mil tratando de recordar, "vamos Anna usa tu cerebro por al menos una vez en tu vida".
La respuesta salto sobre ella casi igual como lo había hecho el pelirrojo hacia unos segundos, el retomo el combate como si nada golpeándola fuertemente, arrojándola al piso cubierto de nieve. Esa esencia, esa pesada y maligna fuerza la había conocido en aquel lugar donde casi había perdido la vida hacia un poco tiempo atrás.
Soltando su espada el pelirrojo se acerco al cuerpo de la pecosa pateando su brazo izquierdo dejando a Joan lejos de su alcance, luego de esto la golpeo en el estomago con un fuerte puntapié que le saco todo el aire. Esta solo tocio buscando recuperar el aire perdido pero otro puntapié en su rostro nublo su vista.
Un fuerte pitido en sus oídos la tenia totalmente mareada, moriría allí, eso podía sentirlo en su interior pero la pregunta era porque tal comportamiento contra ella. Otro golpe seco volvió a sacarle el poco aire que llenaba sus pulmones y una mano la tomo por el cuello levantándola.
La sangre que brotaba de su nariz totalmente rota que ya no la dejaba respirar y el agarre del ojiverde la hiso casi perder la conciencia. Aun aunque estaba en una posición para rematarla este volvió a aquedar inerte mirando hacia el vacio.
-porque… - alcanzo a susurrar el caballero de Arendelle mientras miraba otra lagrima escapar del ojo izquierdo del pecoso quien la sostenía.
-an…an- noto que estaba tratando de hablar, parecía que le costaba enormidades, entonces entendió, Hans estaba siendo controlado por alguien y lloraba la muerte de sus hermanos.
Levanto su malogrado brazo derecho y apretó el nervio de la mano derecha de Hans haciendo que este la soltara al instante cayendo pesadamente al suelo. Este por su parte estaba tenso en el lugar, parecía estar peleando con una extraña fuerza que lo estaba obligando a seguir.
-Corre… - susurro antes de caer de rodillas, las venas de su frente se marcaban ante el esfuerzo de no moverse, de controlar sus impulsos pero la pecosa lejos de hacer caso a la advertencia solo pregunto.
-¿quien te controla Hans? ¿Quién?- este solo la miro, sus ojos ya no estaban vacios sino con un poco de brillos en ellos, el control parecía haber cedido por unos segundos. –Wesel…- no alcanzo a terminar la frase cuando un grito desgarrador salió de su garganta, para no atacar decidió correr hacia un muro y golpearse lo más fuerte que pudiera quedando tendido en el suelo.
Le había dado tiempo para escapar. Como pudo se levanto y se deshizo de parte de su armadura, su cuerpo estaba muy cansado como para llevar tanto peso, quedando solo en la cota malla y los guanteletes junto a las grebas camino lo más rápido que pudo subiendo por las escaleras hasta el balcón donde estaba antes su amor.
Llego con un hilo de aliento mirado con horror que ahora no había nadie solo rastros de sangre "¿la habían herido?" – ELSAAAA – grito con todas sus fuerzas pero ninguna respuesta.
Vio el cielo y se percato de un detalle que había pasado por alto, los pequeños copos de nieve ahora se habían transformado en una ventisca y solo había una persona capaz de hacer semejante cambio.
Los últimos rayos de sol se asomaban por entre las nubes de ventisca, la pelirroja ahora corría por los pasillos hacia la habitación donde se habían hospedado, el castillo parecía lúgubre y vacio mientras la oscuridad comenzaba a reinar por los alrededores.
-ELSA- irrumpió en la habitación pero solo encontró oscuridad. Decidió darse vuelta y seguir buscando pero unos ojos verdes la miraban vacíamente. Hans ya no estaba con ellos.
Abrió los ojos pesadamente, sentía unas luces cercanas y el calor de algunas antorchas. Su cabeza dolía a mares, algo la había golpeado demasiado fuerte como para poder enfocar sus ojos todavía. Los cerro con fuerza y al abrirlos noto que estaba con sus manos amarradas por dos grilletes de algún metal. También noto que sus pies estaban amarrados por los mismos tipos de grilletes.
-Vaya así que la reina a decidido despertar para presenciar nuestro pequeño encuentro – el hombrecillo de bigote parecía sonreír irónicamente – ¿durmió bien mi lady?, espero mis muchachos no hagan sido muy duros – cada una de sus palabras sonaban rasposas y burlonas – vera ellos tienden a ser algo torpes.
El hombrecillo se alejo dejando ver a la rubia una imagen que nunca se borraría de su memoria, su amor, su pequeña hermana, hincada y amarrada dejándola inmovilizada de sus cuatro extremidades, se notaba que respiraba con dificultad detrás de toda esa sangre que emanaba de su rostro.
Inmediatamente su poder se activo al máximo pero solo logro que el metal alrededor de sus manos se tornara más apretado y duro.
-no no no mi lady, están hechas de un material que aguanta temperaturas de congelación, en otras palabras mientras más ira sienta y más poder utilice se volverán más indestructibles – el hombrecito se acerco a la pelirroja y acomodo sus lentes.
-Bueno bueno bueno, has peleado bien mi niña, incluso me sorprendiste cuando derrotaste a mi ilusión dentro de la cueva, fue refrescante ver que mi plan tendría una pequeña oportunidad – tomo del pelo a la pelirroja y la obligo a mirarle – gracias a ti y a tu pecaminosa hermanita desatare el caos sobre esta tierra pero no se preocupen, les daré crédito por la hazaña no soy codicioso con la gloria.
La pelirroja solo le escupió en el rostro, inmediatamente unos guardias corrieron a disciplinarla pero el hombre solo levanto la mano haciéndoles una señal que se detengan – no lo ven caballeros, este es el tipo de alma que necesito, impetuosa, segura – el de pelo canoso tomo a la pelirroja por la barbilla obligándola a mirarlo fijamente – pecaminosa – rio y paso su lengua por la herida del ojo izquierdo de la pelirroja, esta solo gritaba de dolor al sentir como el órgano parecía estar hecho de algún tipo de acido que comenzaba a consumir sus tejidos.
-SUELTALA!- grito la rubia quien se levanto y avanzo tanto como sus ataduras se lo permitían – TE MATARE, TE JURO QUE TE MATARE – su control había sido eliminado totalmente de su mente, solo cruzaba por ella el deseo de venganza.
El canoso siguió sonriendo y limpio con su guante la sangre que caía por el borde de su boca – mi lady esos no son modales con su futuro soberano, debe aprender disciplina y silencio, esas son las características de una buena mujer – chasqueo los dedos y dos hombres corpulentos aparecieron tomándola con brusquedad de los brazos mientras otros dos liberaban los grilletes de sus manos.
-yo se que perdieron a sus padres aun siendo jóvenes – el hombre de bigote comenzó a caminar – además como no podría saberlo si yo fui quien lanzo la maldición – los hombres obligaron a la rubia a hincarse y tirándola del pelo la hicieron mirar directo al canoso.
-no me digas que no sabias quien te dio tus poderes Elsa – una risa burlona lleno todo el lugar – vaya vaya, así que arreglaremos asuntos familiares hoy, que te parece Anna, no es increíble lo que hacen las reuniones de amigos – la pelirroja solo lo miro con una mezcla de odio y dolor, su herida aun humeaba.
-Bueno mis niñas les contare la historia de cómo Elsie obtuvo sus poderes – la pelirroja iba a responder pero un bofetaso callo sus ánimos, la rubia también quiso responder pero fue golpeada de la misma forma – niñas por favor, cuando sus mayores hablan deben guardar silencio – uno de sus secuaces trajo una silla donde el hombrecillo se sentó lentamente.
-oh pero si olvide a uno de los personajes principales – por la pequeña puerta de aquel lugar entro un golpeado Kristoff escoltado por lo que alguna vez fue el pelirrojo conocido como Hans, se notaba que su conciencia yacía absolutamente perdida –Kristoff que bueno que nos acompañas hoy, me alegra que te hicieras el tiempo de venir a escuchar los cuentos de un anciano como yo, los jóvenes de hoy deberían ser más como ustedes.
Sin mucha dificultad redujo al rubio arrodillándolo a un lado de la pelirroja ambos se miraron pero antes de que pudieran intercambiar palabras fueron obligados a mirar hacia donde estaba sentado el hombrecillo – silencio niños, más tarde podrán hablar cuando termine el cuento.
El hombre de lentes y bigote se aclaro la garganta y comenzó a relatar su "historia".
"Hacia muchos años atrás yo aun era totalmente un humano, era el hijo de uno de los grandes generales del ejército de Weseltown pero ser un subordinado del rey no era la mejor expectativa de vida para mi mis niños.
Lo que en verdad deseaba era gobernar, ser el soberano y ordenarle a los hombres que se pelearan entre ellos por causas que realmente estaban perdidas, como honor, justicia, patria y mientras ellos peleaban yo y mis nobles nos volveríamos ricos mis niños, pero sé que se preguntaran ¿tío Weseltown porque odias tanto a los hombres?.
Bueno mis niños curiosos lo que sucede es que mi familia era tranquila, feliz, incluso diría que éramos privilegiados, pero nuestro rey era un hombre torpe e imbécil además de un completo depravado.
Éramos tan felices hasta el día en que el rey poso sus ojos en mi madre, mi pobre padre, quien dedico su vida no solo a ese rey sino al padre de este fue mandado en una misión suicida a las montañas, fue asesinado por la naturaleza solo para que el rey pudiera tomar a mi madre y fornicarla hasta más no poder mis queridos niños.
Quede solo en este mundo siendo muy pequeño, casi a la edad donde ustedes tuvieron el accidente mis niñas, pero no desfallecí como esperaba nuestro estúpido rey, realmente era un imbécil porque verán mis niños al dejarme vivo pude pensar en vengarme.
Entonces decidí buscar entre los archivos de mi familia para encontrar algo que me ayudara en mi misión, busque busque y busque pero no encontré nada que pudiera ayudarme, que triste me sentí al solo encontrar cachivaches entre las ruinas de lo que alguna vez fue mi hogar.
Pequeño, triste y solo quede a merced del destino y de repente algo mágico paso mis queridos niños. A ver, ¿quien quiere adivinar que paso?"
El hombre hiso una pausa en su relato y chasqueando los dedos ordeno a uno de sus hombres poner una cuchilla peligrosamente cerca del cuello de la rubia – ¡Anna!, que bueno que quieras participar de nuestra historia, me gustan las niñas entusiastas como tu – rio de lado el del bigote y prosigo – dime ¿que crees que paso?.
El cerebro de la pelirroja funcionaba a mil por hora, si contestaba mal perdería al amor de su vida, debía seguir el juego aunque fuera por un rato – ¿apareció un hada madrina y te dio la información que necesitabas? – esbozo su mejor sonrisa, el de lentes pareció quedar complacido y ordeno quitar aquel elemento filoso del cuello de la rubia.
-Casi mi pequeña Anna casi, tienes imaginación y eso me gusta mucho – el canoso aclaro su garganta para proseguir con su relato.
"No fue exactamente un hada madrina sino que fue una rata, una enorme rata de ojos rojos brillantes quien traía una piedra muy extraña amarrada a su cuerpo. Al principio estaba muy asustado mis niños, aun era pequeño y en la oscuridad la rata era enoooorme, pero me acerque a ella y esta me dejo el cristal en la mano.
Cuando lo tome apareció una luz frente a mis ojos, era hermosa y parecía que me estaba guiando, así que decidí seguirla. Cuál fue mi sorpresa cuando mostro una pared de lo que antiguamente era mi habitación.
Tome lo más pesado que encontré en el lugar y golpee la pared hasta que logre abrir un hueco, y dentro del había un libro mis niños junto con una carta.
Deberán perdonar la memoria de un viejo, esto fue hace mucho mucho tiempo y no recuerdo exactamente lo que decía la carta pero tratare de hacer memoria solo pro ustedes mis pequeños curiosos.
La carta iba dirigida a quien pudiera encontrarla y decía más menos así: Sepan que yo he dejado este regalo para ti, los que sabemos la verdad hemos visto el verdadero poder en las tierras donde peleaba Joan la guerrera, termina nuestra empresa joven muchacho o muchacha que encuentres estas sagradas escrituras, no temáis al poder, no temáis al verdadero dios.
Y mis niños, ¡que regocijo sentí al abrir el libro y leer tantas maravillas!, poder ilimitado, riqueza absoluta y por sobre todo venganza, venganza contra el que destruyo mi familia solo a un pequeño precio, ayudar al verdadero dios a liberarse.
No lo pensé dos veces mis pequeños y cedí parte de mi cuerpo junto con mi alma al verdadero dios. El me ayudo a pasar desapercibido, cambio mi forma y mi apellido para que el rey no pudiera encontrarme."
El de bigote acomodo sus gafas mientras hacia una pequeña pausa – Se que están ansiosos por escuchar lo que sigue pequeños pero deben entender que un viejo se cansa un poco – sonrió maliciosamente – así que jugaremos a un pequeño juego que me gusta llamar "el rey dice"
Los tres se miraron entre ellos aterrorizados, ¿Qué clase de horror les tenía preparado este psicópata?
-El rey le dice a Anna que golpee a Kristoff con… un puntapié en el rostro – ambos fueron acomodados por los hombres que los tenían reducidos, quedando Anna de pie y Kristoff arrodillado.
-No puedo hacerlo Kriss no puedo – la pelirroja estaba aterrorizada pero el rubio solo la miro seriamente.
-hazlo Anna, debes hacerlo, solo hazlo rápido – el hombrecillo de bigote chasqueo los dedos a lo que la pecosa entendió que debía hacerlo sino todos podrían morir en este instante, sin pensarlo más le dio un fuerte puntapié que le rompió la nariz al rubio.
-KRISS!, perdón perdón – el sonido de aplausos por parte del canoso solo hiso que su sangre hirviera más en ira.
-excelente mi niña, de verdad tienes talento – pasando su mano derecha por el bello de su labio superior pensó en la siguiente orden para su "juego".
-El rey le dice a Elsa que… tome la mano derecha de Anna… y la congele – con un gemido ahogado la rubia miro totalmente aterrada a su amor.
-no no…NO – los hombres obligaron a la monarca a colocar la izquierda sobre la derecha de su hermana menor – NO LO HARE MALDITO ENFERMO – hiso fuerza para tratar de zafarse pero una cálida mano tomo la suya.
-Elsie, debes hacerlo – aun cuando la menor quería sobar segura sabía lo que pasaría cuando congelaran su mano.
La rubia estaba al borde del llanto, ¿hacerlo?, no era ninguna posibilidad, si congelaba la mano de su hermana menor esta tendría lo que conocían como "frostbite" o quemaduras por congelación, podría incluso llegar a perder la mano –no puedo Anna…
Miro al hombre de lentes que comenzaba a impacientarse – hare lo que sea, cualquier cosa, pero no me pidas que haga esto – el hombre sonrió y miro al rubio que aun sangraba por la nariz – mátalo y te perdonare que no hayas obedecido al rey – ambos se miraron aterrados – y si te niegas, los matare a ambos, tienes 5 minutos.
-NO, Elsa mírame, congela mi mano, ¡no puedes matar a Kriss! – los gritos de Anna sonaban distantes dentro de la cabeza de la monarca, ¿matar a Kristoff?, era demasiado, todo aquello era demasiado.
-Elsa – la voz seria del rubio se abrió paso entre los gritos desesperados de la pecosa – hazlo – ese "hazlo" sonaba resignado, conocía a Kristoff tanto como Anna lo conocía y sabia cuando el rubio ya no tenía más ideas, se estaba entregando a su destino.
-no Kristoff, debe haber otra forma – la ultima frase pronunciada por la rubia parecía más una súplica desesperada – debe de haber algo.
-observe este lugar y todas las posibilidades Elsa, no hay escapatoria, mátame y al menos estarás con Anna un poco más de tiempo – sus palabras sonaban pesadas y difíciles de pronunciar.
-Kriss… - un chasquido de dedos le informo que el tiempo había terminado, el rubio asintió lentamente y la monarca pronuncio casi sin voz – elijo matar a Kristoff.
La pelirroja grito con todas sus fuerzas un sonoro "no" que quedo rebotando en las paredes mientras los guardias acomodaban al rubio delante de la monarca, esta estiraba la mano en dirección al corazón del grandulón apuntando bien para que este sufriera lo menos posible.
-Perdóname… - susurro casi sin aliento y un disparo de hielo salió desde su mano a toda velocidad.
El silencio se apodero de la sala, un hilo de sangre broto de los labios del que fue golpeado por el disparo de hielo.
-no… - susurro el rubio al ver frente a él alguien quien había bloqueado el disparo con su cuerpo.
Parado entre la monarca y el estaba el pelirrojo, sus ojos seguían vacios pero sus labios formaron una pequeña sonrisa, la sangre comenzó a brotar desde el pedazo de hielo incrustado en el pecho del pecoso.
-Te lo debía… por los golpes – dijo el pelirrojo en un hilo de voz, el cuarto comenzaba a girar bajo sus pies y se apoyo en el pecho del grandulón – Kristoff – sentía que la vida se le estaba escapando con cada respiración que daba.
Elsa solo miraba con horror la escena, había matado a una persona, sus manos comenzaron a temblar mientras sus ojos perdían cualquier brillo ante el pavor del acto que acababa de cometer.
El rubio tomo entre sus brazos al pelirrojo quien respiraba con cada vez más dificultad. Se arrodillo acomodándolo en su regazo –la tercera clave… es… amor… - iba a seguir explicándole pero el canoso hiso un movimiento con su mano torciendo más la estaca de hielo en el pecho del muchacho.
Este gruño y grito sin voz antes de acercarse al oído del rubio, susurrándole algo y a lo cual el rubio solo abrió sus ojos en forma de sorpresa.
En ese instante, la existencia de Hans Westerguard había terminado en esta tierra.
-Chiquillo inútil… - gruño entre dientes el canoso – siempre fuiste una pérdida de tiempo, incluso ahora te entrometiste en mis planes, pero me asegurare que no aparezcas de nuevo entre nosotros – acto seguido el hombrecillo saco el cristal rojo que llevaba en su pecho y agitando la mano lentamente una luz verde salió del pecho de aquel cuerpo inerte.
El rubio por su parte se quedo abrazándolo, llorando en silencio la partida de aquel pelirrojo, pero al notar la pequeña bola de luz verde abandonar su cuerpo se levanto enfurecido –DEJALO DESCANSAR MALDITO HIJO DE PUTA! – se lanzo contra el hombrecillo que con una sola mano lo empujo lanzándolo por los aires.
La pequeña bola verde se introdujo dentro del cristal, este absorbió toda la luz que tenia obscureciéndola hasta desapareces – al menos servirás de comida para mi espíritu – dijo el canoso y haciendo una sueña reacomodo a sus "niños" para seguir con el cuento.
-Saquen la basura de aquí, no quiero que mis niños se enfermen – La pelirroja y el rubio gritaban casi como si estuvieran poseídos mientras la rubia seguía en estado de shock. –Si no se callan tendré que castigarlos niños malcriados – su voz sonó fría y cortante a lo que respondieron con silencio, este tipo era capaz de cualquier cosa.
"Cuando tenía un poco más de 58 años ya era parte de la alta alcurnia del idiota que teníamos como rey. Muchas cosas pasaron entre medio pero no es importante para ustedes mis queridos niños porque estamos aquí para saber cómo Elsie obtuvo sus poderes.
A esa edad ya había dominado casi todas las artes de aquel hermoso libro, dominaba a todos los que quería mis niños e incluso podría haber sido rey en ese momento pero mi amigo quería algo más, además no podía negarme, él me lo dio todo.
Así fue como él me informo de sus planes, de cómo los trolls en venganza le habían pedido que maldijeran a una niña no nacida para que esta creara el caos y la destrucción entre los humanos que los cazaron y aniquilaron.
Pobres y tristes seres esos trolls, tontos realmente tontos mis niños porque lo que ellos no saben es que el verdadero dios fue quien creó la guerra entre hombres y trolls, y solo los que sabían la verdad eran los que manejaban realmente los hilos de las peleas.
Así fue como a los trolls se les cumplió su deseo mis niños y nació Elsie con su gran poder sobre la nieve y el hielo, pero lo que estos estúpidos seres no contaban es que habían condenado a un inocente a la desgracia. Cuando por fin se dieron cuenta quisieron revertirlo.
En el libro que encontré hablaba sobre esa profecía mis niños, la de un chico puro de corazón que podría usar el mismo poder de los cristales para detenernos al verdadero dios y a cualquiera que pudiera entrometerse.
Como los imbéciles de los trolls lo sabían intentaron usarlo a su favor y así fue como raptaron a un niño humano de corazón puro, que por sus venas corría la fuerza animal y que además no sería extrañado por su familia si no volvía.
Ya lo habían hecho muchas veces antes mis niños, solo resulto que Kristoff era el indicado."
-es mentira, MIENTES – un fuerte golpe por parte de uno de los guardias que lo sostenía lo acallo.
-no interrumpas jovencito, no quiero darte de bofetadas para que aprendas – dijo el hombre canoso en tono de burla.
"Y esa es la historia de cómo Elsie obtuvo su poder mis niños, ella tiene su poder gracias a mi, gracias a la petición de los tontos tontos trolls que quisieron pasarse de listos."
-todo fue planeado desde un inicio – susurro la pelirroja con un hilo de voz
-me alegra ver que lo entendieron mis pequeños curiosos y como lo han entendido les hare un pequeño regalo – el hombre se levanto caminando hasta quedar frente a las tres figuras hincadas – verán la verdadera forma del dios o al menos una parte y cuando me vean hare el ritual sobre ustedes dos pequeñas – se saco los guantes rebelando sus manos cubiertas por dos extraños tatuajes brillantes.
-lamentablemente no estarán aquí cuando el nuevo reinado comience, al menos una de ustedes no estará, pero Elsie y su amigo Kriss podrán ver como todo se desenvuelve y quien sabe, tal vez terminen disfrutándolo – rio de forma maliciosa el de lentes – a ambos les gusta la nieve y el hielo, quizá hasta tengan algo en el futuro.
Los hombres devolvieron a la pelirroja junto a la rubia hacia sus respectivos lugares donde estuvieron amarradas, dejando a Anna sumisamente amarrada de manos y pies mientras que a Elsa le ajustaron sus grilletes apretándolos lo más que podían.
-Les daremos privacidad a la pareja- los hombres del canoso le dieron más cadena a la monarca para que pudiera llegar hasta su hermana quien ya yacía hincada en el suelo y entre protestas sacaron al grandulón cerrando fuertemente la puerta tras ellos.
Sin perder un segundo la rubia corrió hacia la pelirroja y se hinco hasta su altura, las cadenas le permitían llegar hasta ella pero no abrazarla por lo que se acomodo lo más cerca que pudo acunándola en el espacio entre su pecho y su cuello.
La pelirroja por su parte suspiro al sentir el frio de su hermana mayor, se sentía casi como un bálsamo divino después de tanto castigo, ambas se miraron, el miedo estaba reflejado en sus pupilas.
-Supongo que esto es todo – susurro la pecosa a lo que la mayor solo negó tajantemente.
-tu nunca te rindes, encontraremos la forma de salir de esto – dijo la rubia de ojos gélidos.
La menor rio suavemente – ¿de qué te ríes? – pregunto la mayor en una mezcla de molestia y felicidad, deseaba escuchar la risa de su hermana más que nada en este mundo.
-El papel de caballero te quedaría bien – antes que pudiera contestar la menor se levanto cuanto las cadenas se lo permitían, rozando suavemente los labios de la mayor – no digas nada, bésame amor, por favor – ese ruego le desgarro el alma a la rubia quien junto sus labios fríos a esos tibios que antes había probado.
El sabor a primavera de esos suaves y dulces labios estaban mezclados con el metálico sabor de la sangre seca, debía de admitir aun en esas condiciones los labios de su pequeña eran el manjar más delicioso sobre la tierra.
La mayor tomando la iniciativa lamio lentamente la cortada del labio inferior de la menor quien soltando un suspiro asomo lentamente su propia lengua para rosarla con la chica de piel nívea.
Deseaba abrazarla, acunarla y susurrarle "todo estará bien", si no fuera por esas malditas cadenas. Entre suspiros y gemidos reprimidos su beso se fue profundizando pero la pecosa lo corto súbitamente.
-Siempre te amare Elsa, no importa que suceda aquí hoy, siempre seré tu caballero – beso cortamente sus labios para bajar por su cuello níveo, dejando varios besos al nivel de su pulso. La rubia s estremecía con cada beso y tubo que morder su labio al sentir como los dientes de la menor se clavaban lujuriosamente en el lugar que estuvo besando anteriormente.
Al separarse la pecosa sonrió aun sonrojada – eso es para que sepan que eres mía – la de ojos azules no necesito ningún tipo de confirmación más que la sonrisa de su amada para saber lo que había hecho, ahora tenía la marca de la mordedura de su pequeña en su piel.
-No quiero pensar que te estás despidiendo – los ojos de la mayor amenazaban con desbordarse en lagrimas, no quería creer que ese pequeño acto había sido una especie de despedida por parte de su hermana menor, aun que internamente sabía que así era.
Volvió a acomodarse en el espacio que quedaba en el cuello de la de piel nívea quien se acomodo lo más cerca que podía acariciando su cabeza con su pálida mejilla. –Elsa – su nombre susurrado cerca de la piel de su cuello logro estremecerla por completo – dime que me amas.
-No lo hare – la mayor sin poder aguantar más la pena comenzó a llorar – no lo hare porque te estás despidiendo – mordió su labio para no llorar más fuerte – esa no es mi Anna.
La mayor sintió dos gotas cálidas sobre su fría piel, su pequeña también estaba llorando escondida en ese pequeño espacio, ¿estaría incluso más asustada que ella misma?, si tan solo hubiera una salida para todo aquello.
Ambas se quedaron en silencio, Elsa sin dejar de acariciar con su mejilla la cabeza pelirroja de su Anna y Anna sin dejar de robar besos en el cuello de su Elsa. Hace meses atrás hubieran soñado con un momento así y ahora al borde del final de su vida podía compartirlo, la vida podía ser muy irónica cuando así lo deseaba.
-Si tan solo pudiera liberarme – susurro con impotencia la monarca quien apretó más su cabeza contra su pequeña amada – si tan solo pudiera atacarlos.
-Yo también quisiera liberarme y patear todos sus hipnotizados traseros – susurro la pelirroja – si pudiéramos cambiar de lado aunque sea por unos momentos, mis cadenas parecen normales con respecto a las tuyas.
Casi como si fuera una revelación divina la mayor de alejo un poco de su hermana sonriendo – Anna, puedo liberarte con mi poder y luego puedes liberarme, aun podemos pelear. Pero su sonrisa se fue desvaneciendo lentamente – pero si congelo tus ataduras, puede que congele tu piel – la mirada de decisión por parte de la menor le dio la confianza que necesitaba, ambas se besaron una última vez antes de ejecutar el plan pero antes de separarse la de piel nívea susurro en los labios de la pelirroja – te amo y más te vale que no mueras ahora que te lo dije.
-No lo hare mi Elsa- susurro devuelta mordiendo con cuidado el labio inferior de su hermana mayor logrando arrancarle un pequeño gemido.
Se separaron un poco dejando espacio para que la monarca pudiera ver con claridad las amarras de su pelirroja, cuando las tubo en la mira un pequeño "hazlo" le dio la partida. Soplando lentamente comenzó a congelar el grillete derecho de su pecosa, esta se mordía el labio para no quejarse ante la quemadura que empezaba a sentir en la piel.
Después de unos minutos el metal estaba lo suficientemente frágil y de un solo tirón el caballero de Arendelle quedo libre de su atadura derecha. Con el mismo proceso logro liberar su otra mano pero los sonidos de pasos a la distancia les indicaron que no tendrían mucho tiempo.
Ambas se miraron, debían pensar rápido – espera – la pecosa rebusco entre sus ropas sacando el cristal gemelo que había encontrado en las manos de Joan hacia tiempo atrás.
-¿el cristal de Joan? – pregunto la rubia platinada mirándolo con cuidado, parecía que solo salía luz de un lado del cristal, en especifico el de color verde.
-Todos los cristales hacen algo, tal vez este nos ayude de alguna forma – la pecosa miro profundamente a los ojos de la rubia quien solo asintió pero ¿Cómo funcionaba?
La de piel nívea se acerco lentamente a la piedra y al tocarla sintió una calidez recorrer todo su cuerpo, como si todo el frio que alguna vez estuvo siempre con ella estuviera desapareciendo lentamente.
En cambio la pecosa sentía como se congelaba completamente la mano que sostenía la otra parte del cristal, "así que así se sentía Elsa todo el tiempo" pensó mientras el frio consumía su cuerpo.
Ambas cerraron los ojos y soltaron el cristal luego de un rato de sostenerlo, para su sorpresa quien hablo primero fue la de piel nívea.
-Anna… tu pelo… - la miraba incrédula, sea lo que sea que hubiera hecho aquel cristal le había transformado por completo el pelirrojo y encendido pelo de su pequeña por uno blanco platinado.
-Elsa… - la menor no pudo terminar su frase ya que al hablar el vapor helado escapo por sus labios casi como un fantasma. La mayor en cambio tenía su pelo de un color café como lo tenía su madre o como ella lo recordaba.
Ambas habían encontrado el punto débil de aquel ser que según él había calculado todo. Lo único que no había podido calcular era aquel descubrimiento que hiso Joan antes de morir, el cristal gemelo de la transferencia.
