Gracias a todos los que han leído mi historia, me anima mucho recibir tantos mensajes como reviews de ustedes y saber que mi historia los puede animar, emocionar o sacarlos un poco de la rutina es suficiente pago para mi, quiero agradecer a una de mis mejores amigas que me animo a escribir esta historia, tengan una hermosa semana y gracias de corazón a todos.


Gracias a su nuevo poder la pecosa no solo logro soltarse con facilidad sino que no sentía dolor por las heridas que había recibido hace solo unos minutos atrás, "seguramente el hielo me protege" pensó pero cuando se levanto sintió una profunda puntada de dolor en el pecho en el lugar donde había recibido la estocada de hielo por parte de su hermana mayor.

-ANNA! – la monarca trato de levantarse pero se sintió débil de un momento para otro, seguramente era la pérdida de su poder, había vivido toda su vida con sus habilidades especiales y perderlas seguramente era algo demasiado nuevo para su cuerpo.

-Estoy bien – susurro la anteriormente pelirroja en lo que era una clara mentira pero no tenía tiempo para perder por lo que empuñando su mano logro convocar una espada de hielo – no podre romper tus cadenas Elsa, el hielo no les afectara, pero puedo pelear con los tipos que están fuera de esa puerta, puedo salvarlos a todos… -

-no trates de hacerte la heroína Anna, no quiero perderte – el miedo en los ojos de su amor le hiso recapacitar, ella no podría salvarla con un disparo de hielo y si moría la dejaría a merced de esos tipos, ya sin poderes para poder defenderse.

Movió su mano para desaparecer la espada y se acacho abrazando fuertemente a su Elsa quien solo suspiro ante el frio que emanaba de su hermana menor – es raro sentir tus abrazos fríos – susurro por un momento lo que logro una risa por parte de la pecosa.

-Lo mismo digo – la de piel nívea la miro extrañada – me refiero a que tu siempre estas fría al tacto pero ahora estas tibia – acaricio suavemente esa mejilla ahora totalmente sonrojada - te pareces a madre con tu pelo así – subió por el borde de su rostro y enredo sus ahora fríos dedos por los cabellos color café de la anterior rubia platinada.

Ambas se quedaron pensando por un momento – Anna tengo una idea, puede que no puedas romper mis cadenas pero puedes romper el lugar al que estoy atada, así tendremos una posibilidad de rescatar a Kristoff y escapar – el plan no pareció agradarle a la pecosa.

-pero Weseltown quedara libre y volverá a atacarnos – su espíritu guerrero era el que hablaba por ella en ese momento – y no sabemos si podremos cambiar lugares en otra ocasión, puede que esta sea nuestra última oportunidad.

-Anna, si morimos aquí no habrá oportunidad para nadie más en el mundo, nadie conoce esta historia, nadie conoce sus planes y nadie siquiera conoce la localización de la cueva excepto nosotros y los trolls, pero ellos no cooperaran con la humanidad en caso de que una guerra estalle, estaremos tordos condenados – a pesar que ya no tenía sus poderes de hielo el frio raciocinio de la mayor logro convencer a la menor en apaciguar su impetuoso espíritu guerrero.

-aun así, no tendremos otra posibilidad tan fácilmente – susurro y toco el suelo cerca de su Elsa logrando agrietar y romper los bloques de piedra que sostenían sus cadenas.

De pronto comenzaron a sentir ruidos provenientes de afueras de la puerta – vamos Elsa – la pecosa tomo su brazo para ayudarla a levantarse pero se asombro y horrorizo al sentirla tan frágil y liviana de levantar. La anterior rubia lo noto así también al sentir como se derretían sus zapatos de hielo quedando descalza y tambaleando. –Debemos movernos… - la anterior pelirroja se agacho quedando a una altura donde la ahora peli café podía subirse a su espalda – tendremos que abrirnos paso, así que debe tomar su corcel su majestad – esa sonrisa confiada que siempre tenía su Anna en los labios le dio el empujón de acomodarse en la espalda de la menor quien pudo tomarla fácilmente, "como lo hará para nunca perder el ánimo?" se pregunto la anterior rubia.

-Es fácil cuando tu eres mi inspiración – la pecosa respondió a la pregunta pero se quedo estática antes de avanzar – espera, acabo de leer tu mente? – la respuesta afirmativa por parte de la mayor dejo sorprendida a la anterior pelirroja – vaya, este cristal nos conecto mucho más allá de lo que pensamos ah? – soltó una pequeña risa y la de aun piel nívea se sonrojo, pensando a propósito "tal vez podamos darle otros usos cuando salgamos de aquí".

La pecosa le iba a responder cuando el sonido de pisadas acelerando estaba prácticamente frente a la puerta – nos descubrieron – susurro antes de correr hacia un lado mientras un hombre derribaba la puerta mientras otros disparaban sus ballestas hacia el lugar donde estaban antes paradas.

-SUJETATE – grito la anterior pelirroja quien usando su nuevo poder invoco una espada y un escudos hechos puramente de hielo, apunto hacia los tipos y con el borde de la hoja que emanaba una estela de vapor lanzo varios rayos que impactaron e los hombres, quienes gritaban y retrocedían, algunos cayeron empezando a congelarse, otros solo huyeron y en el caos un pequeño camino se presento frente a ellas.

Anna decididamente tomo el escudo y corrió por el pequeño camino abriéndose paso entre aquellos soldados, sabía que no eran culpables de sus actos pero ahora debía salvar la vida de la persona que más amaba en este mundo.

Una vez pasado el tumulto de gente la caballero de arendele se dio media vuelta y convoco una gran pared de hielo dejando encerrados en una parte del pasillo a aquellos hombres.

-Debemos encontrar a Kristoff – dijo la anteriormente rubia sujetándose como podía, las cadenas pesaban cada vez más y era porque recibían el frio del cuerpo de su Anna.

-No, debemos quitarte esas cadenas primero – Anna miro para todas partes y descubrió una de las espadas de los tipos tirada en el suelo – tal vez pueda cortar las cadenas – pero antes de agacharse a tomar el filoso objeto sintió que Elsa de algún modo la estaba mirando con una de esas miradas serias que tenía antes de uno de sus argumentos.

-Las cadenas están frías, seguramente son irrompibles ahora, cuando tengamos tiempo podremos calentarlas y quitarlas, ahora debemos encontrar a Kristoff e irnos de este lugar – la menor solo asintió y creó un soporte de hielo para su Elsa.

-así no tendrás que hacer tanto esfuerzo – sonriéndole, la anterior pelirroja corrió lo más rápido que pudo a traves del pasillo, en alguna parte de ese lugar estaba Kristoff y debía encontrarlo.


-Ellas vendrán y te patearan el trasero Weseltown – dijo el rubio quien era sostenido por dos musculosos hombres, el cielo estrellado de aquel patio interior contrastaba con los círculos de sangre y velas escritos en el suelo, parecía estar todo preparado para el ritual.

-oh mi niño, crees que no se que tus amiguitas incestuosas tienen el cristal de la transferencia? – dijo con aire ceremonioso el hombre mayor a lo que solo el rubio contesto con una mirada de confusión – tus amigas tienen un cristal doble, con ese cristal podrían encerrarme… claro si supieran como, pero ese conocimiento lo tengo solamente yo, además ahora que por fin cambiaron de papeles tu pequeña amiguita caballero esta lista para ser transferida a mi cristal creando así la llave para sacarme por completo de esa prisión y destruyendo la llave que podría encerrarme para siempre.

La risa triunfante del tipo se mesclo con la espesa niebla que emanaba por sus pies, en el centro de uno de los círculos se formaron varias masas como tentáculos que empezaron a salir, humeando y reptando, dejando un rastro viscoso y putrefacto a su alrededor. Por su parte aquel ser que a cada momento parecía perder su humanidad se veía tan confiado y su plan tan bien hecho que no había escapatoria.

"Hans, seguramente tu sabias" pensó el rubio pero ya era todo demasiado tarde, todos hicieron su papel en la obra de ese demonio y el acto final estaba a la vuelta de la esquina.


La mazmorra en la cual estaban parecía ser un piso inferior repleto de guardias, cada puerta que abrían no resultaba sino en más peleas y gritos desesperados de seres humanos pidiendo piedad e incluso la muerte para ser liberados de su sufrimiento.

-Cuanta gente tendrá encerrada este ser aquí? – susurro Elsa casi no dando crédito a lo que estaban escuchando.

-parece que a mucha gente pero casi todos son por diversión – le contesto en un susurro la pecosa quien abrió la siguiente puerta en su camino pero solo se encontraron con el dormitorio de los guardias, por suerte no había ninguno dentro por lo que decidieron descansar un segundo.

-este lugar parece un maldito laberinto – con cuidado la pecosa deposito a la mayor en una de las camas desasiendo el asiendo de hielo que había hecho para su comodidad.

Sus mejillas ardieron de un rojo tan fuerte que podría haber iluminado la habitación. –Elsie tu vestido… se está derritiendo – la aludida no hiso más que taparse instintivamente mientras la anteriormente pelirroja se daba vuelta tapándose el rostro – no te preocupes no veré nada jajajaja – su risa nerviosa lleno todo el lugar lo cual le pareció tierno a la mayor.

-no mires, buscare algo de ropa – diciendo esto Anna sintió un escalofrió recorrer su espalda al escuchar como su Elsa se quitaba el elegante vestido de hielo, sabía que estaba desnuda atrás de si pero hiso un esfuerzo sobre humano por ni siquiera pensar en nada impuro, no quería que su Elsa se asustara con alguna tonta idea.

Unos largos y delicados brazos se ciñeron a la cintura de la mejor mientras quien la abrazaba susurro – no es necesario que te esfuerces tanto… pronto nos tendremos la una a la otra no? – ese susurro podría perfectamente haber derretido su nuevo poder de hielo, era su idea o Elsa estaba más "tibia"?, se dio vuelta y sus ojos no daban crédito a lo tierna que se veía la dueña de esa voz que hace un momento sonaba tan sensual.

Parada frente a ella estaba la monarca de Arendelle vestida con unas botas de cuero junto con un pantalón del mismo material, una camisa de algodón y una espada ceñida a la cintura. Todo el conjunto le quedaba adorablemente grande pero a pesar de esto no perdía su elegancia.

-Anna, si me sigues mirando así te sangrara la nariz – la mayor se acerco lentamente como un gato mirando a su presa y mordió suavemente el labio inferior de la menor para luego robarle un beso suave, la pecosa podría haber jurado oírla ronronear entre beso y beso.

El beso siguió por largos minutos, no querían separarse y ese nuevo sabor en los labios de su Anna, la mezcla del frio con la primavera estaban encendiendo los ánimos de Elsa, pero debían moverse y encontrar a su amigo para salir de allí, "parece que Anna me está derritiendo en más de un sentido", pensó y ambas rieron.

Iban a salir del lugar cuando escucharon un leve quejido, parecía provenir desde el otro lado de un ropero. Investigando el lugar dieron con el switch que activaba una puerta falsa ubicada detrás de este. Era muy pequeña y oscura pero decidieron avanzar por el estrecho pasadizo, llegando finalmente a una recamara donde estaba una mujer anciana amarrada con cadenas.

-Mi lady! – Grito la monarca de Arendelle quien corrió a socorrer a la mujer – debemos sacarla Anna, parece que esta herida – la pecosa conjuro nuevamente la espada de hielo y rompió las cadenas de los grilletes para dejar descansar el maltratado cuerpo de la mujer.

-Hans… Hans… - la mujer repetía el nombre de su hijo con un hilo de voz – Hans… - ambas hermanas se miraron, sabían dónde estaba Hans y que no podría venir a buscar a su madre pero ambas en silencio acordaron no decir nada de la horrible muerte de su hijo más pequeño, - perdóname Hans… perdóname por no ser buena madre… - la mujer que claramente deliraba miraba con ojos vacios hacia la pared.

-Mi lady… -la anteriormente rubia trato de hacer entrarla en razón moviendo una de sus manos delante de sus ojos pero su mirada seguía fija y muerta.

-Hans… - vieron que volvía a su lenta letanía, si no la sacaban de allí moriría sin lugar a duda.

- no, me niego a que vayas sola por ahí cargando a una mujer mayor y tratando de pelear – antes de siquiera decir algo su Anna ya había atrapado el loco pensamiento de separarse y llevar a la mujer con sus hijos, "desde cuando me estoy comportado como Anna?" pensó confundida la monarca.

"desde que yo me estoy comportando como tú" le contesto mentalmente a su Elsie quien solo rio con su pequeño gesto con la mano derecha, la habría besado de no ser porque tenían un pseudo testigo mirándolas.

-bueno, no podemos dejarla aquí, además debes encontrar a Kriss si queremos salir de aquí – los ojos azul gélido de Elsa se toparon con los azules primavera de Anna, sabían que esa era la única y arriesgada razón pero ¿porque no creer en otro milagro?, ese día habían sido varios.

-Esta bien, trataremos de encontrar la salida lo antes posible, una vez afuera buscare a Kriss y tu iras en dirección al castillo… espero no estemos lejos –aun cuando se sentía un poco débil fue la mayor quien decidió llevar a la mujer en sus espaldas para darle un respiro a su Anna.

Corrieron por los pasillos tratando de ignorar los gritos que se perdían a la distancia, el lugar parecía sacado del infierno, los pasillos se seguían haciendo eternos adornados con los gritos de victimas abandonadas, pero luego de pelear con unos cuantos guardias notaron que por debajo de una de las puertas salía una poderosa luz blanca.

-Debe ser la luz de afuera- Elsa cargando a la mujer corrió hasta la puerta pero en un rápido movimiento Anna la empujo anticipándose a unos tentáculos negros que la tomaron por las extremidades y el cuello levantándola del suelo.

-Vaya, parece que te encontré mi futuro sacrificio – era aquel hombre de nuevo, su aspecto había vuelto a cambiar y su piel ya no parecía humana, en cambio solo se veía el cascaron de un humano cayendo a pedazos, revelando partes negras de piel que emanaban un olor putrefacto, como si aquel espectro hubiera abierto las puertas del infierno.

-Nooo! – Elsa trato de lanzar un rayo de hielo desde las puntas de sus delgados dedos pero la realidad la golpeo de frente al recordar que ahora sus poderes estaban en manos de su hermana menor. Empuño su mano con impotencia pero no pudo hacer más, dos hombres la estaban sujetando fuertemente por los brazos, dejando que la mujer mayor cayera al piso como si fuera cualquier cosa.

-LIBERARA WESELTON, TE DARE LO QUE QUIERAS – gritaba desesperada la anteriormente rubia quien aun trataba de liberarse con todas sus fuerzas – déjala por favor.

-oh pero vera mi lady, lo único que necesitaba de usted eran sus poderes y esos ahora los tiene su pequeña e inocente hermana – el ser avanzo lentamente mientras los tentáculos que atrapaban las extremidades de la pecosa se encogían y cerraban más dejándola a la altura de anterior rey de Weselton – y con ella ahora imbuida con todo su poder podre liberarme finalmente.

-te doy mi alma a cambio de la de ella – Anna quien trato de hablar fue acallada por un negro y viscoso tentáculo que se enredado alrededor de sus labios.

-Vaya, interesante propuesta – chasqueando los dedos ambos hombres se acercaron al hombrecillo quien a cada momento perdía más y más pedazos de piel – pero vera mi lady, su espíritu no es puro como el de su pequeña e incestuosa hermana – con sus manos ya casi deformadas como garras acaricio el rostro de la pecosa logrando que esta congelara la punta de sus dedos – y además usted ya no tiene ningún poder para ofrecerme, en realidad usted ya no me sirve para nada.

Juntando sus garras el ser se preparo a perforar el pecho de la anteriormente rubia, quien no podía hacer nada para liberarse, era su fin, ya no tendría ningún tipo de salvación.

-me temo que como nuevo gobernante de este mundo, debo exigirle que desaparezca, para siempre – las garras avanzaron cortando el aire y Elsa solo cerró los ojos, susurrando un perdóname, esperando su fin.

Sintió la punta de aquellas garras rozar la piel de su pecho y un pequeño hilo de sangre emano de la superficial herida que ahora podía verse, pero ¿Por qué no avanzaba más?, al abrir los ojos pudo ver un muro de hielo, como el que ella había convocado hacia tanto tiempo atrás para salvarse de los virotes de los sirvientes de Weselton.

La mirada de su Anna era de odio puro, fulminaba a aquel sujeto con la mirada y los tentáculos que la amarraban estaban comenzando a cristalizarse lentamente.

-Aun no lo entiendes verdad? – Haciendo un gesto con su mano el muro exploto en mil pedazos que quedaron repartidos por el suelo – yo convoque esa maldición, YO SOY DUEÑO DE LO QUE HAGAS CON TU MALDITO PODER O NO.

La monarca pudo ver que el hielo comenzaba a extenderse por el sueño y congelaba los pies de quienes la sujetaban, si pudiera mantenerlo distraído más tiempo…

-CREES QUE NO ESTOY ATENTO A TU MALDITO MONOLOGO INTERNO ASQUEROSA PUTA INCESTUOSA – el ser iba a atacar nuevamente a la monarca pero el brillo de una espada atravesó su pecho a la altura de su corazón.

Al ver quien empuñaba la espada pensaron que verían al rubio pero en sus ojos podían ver el brillo verde de quien anteriormente fue conocido como Hans.

El ser comenzó a reírse con carcajadas histéricas hasta apagarse lentamente en la oscuridad de la noche. –Debí saberlo, debí de entender el porqué de tu pequeño sacrificio maldito desagradecido, dejarte morir para transformarte en el espíritu del cristal de ese musculoso sin cerebro, interesante, veo que si leíste mis apuntes y libros cuando no te estaba mirando.

El rubio seguía sosteniendo la espada en el mismo lugar, parecía paralizado, y sus ojos que ahora eran de color verde lo miraban con una intensidad y odio sin precedentes.

-Pero lástima que tu plan no tiene efecto conmigo, sabes q soy imn…- pero algo detuvo el monologo de aquel ser, la espada estaba cubierta de hielo, al igual que el brazo del chico rubio quien lo seguía mirando con odio, este estaba tomando con su otro brazo uno de los tentáculos que aun permanecían congelados por el poder de Anna.

El ser trato de moverse, trato de derretir el hielo pero por más que lo intento solo conseguía quedar más atrapado, esto no era un hielo común, era un cristal -MALDITO BASTARDO, SI USAS EL PODER DE TU AMIGITA Y TU ESPIRITU NOS ENCERRARAS A LOS DOS EN UN CRISTAL, ESTARAS CONMIGO PARA LA ETERNIDAD – ni siquiera las amenazas del ser lograron quebrantar la determinación en esos ojos verdes.

-NO LOGRARAS ENCERRARME COMPLETAMENTE, SABES QUE SALDRE, QUE MI VERDADERO SER ESTA EN ESA CUEVA – de pronto todos los guardias que estaban ayudando a aquel ser demoniaco se desmayaron, estaba perdiendo su poder.

Elsa al ver la escena podía jurar haber visto al pelirrojo en lugar del rubio quien estaba llevando a cabo ese sacrificio.

El rubio fue empujado por una fuerza ajena a él cayendo sentado en el suelo, en su lugar un pelirrojo de ojos verdes seguía cristalizando a aquel demonio.

-"ahí te quedaras, por toda la eternidad, y no engañaras a nadie más" – entre gritos y maldiciones en lenguas muertas el ser termino por ser solo una escultura de un cristal color negro, atravesada por la espada cubierta por hielo.

El silencio se apodero de los únicos tres consientes en aquel lugar, el espíritu solo los miro sonriéndoles como diciendo "gracias y perdonen todo lo que he hecho", miro especialmente al rubio quien antes de poder preguntarle nada le dedico una sonrisa cansada y toco el cristal, este se rompió en mil pedazos dejando tan solo un pequeño cristal doble, uno de color rojo, como el que encontró aquel niño despojado de su familia por la cruel vida y otro de color verde como los ojos de aquel que se había sacrificado hasta las últimas consecuencias con tal de salvarlos a todos.

Casi de inmediato Elsa corrió a los brazos de su Anna quien se encontraba hincada en el suelo. Abrazándola lo más fuerte que pudo, tomando su rostro junto sus labios lentamente a lo cual la pecosa respondió lentamente, estaban a salvo y por fin la pesadilla había terminado.

-Debo decir que me gustan más con sus colores naturales de pelo – dijo el rubio quien ya estaba de pie y avanzando lentamente tomo el cristal entre sus manos, mirándolo con tristeza –el sabia que esta era la única forma, un espíritu puro más un poder elemental podrían encerrar a cualquier espíritu maligno – ambas chicas se levantaron y se acercaron al rubio colocando sus manos sobre el cristal.

- ahora nosotros protegeremos el sacrificio de Hans – la pecosa quien había recobrado su color pelirrojo se miro a la reina de Arendelle y a su segundo caballero con determinación, Hans definitivamente había alcanzado el perdón de ellos.

Una tercera y temblorosa mano se poso sobre las dos anteriores, era la reina de Southern isles, quien ya no podía contener las lagrimas – hijo, solo perdona a tu madre, por no haber estado ahí para ti – la fuerte mano del rubio se poso con delicadeza sobre la mano de la mujer.

-tranquila, el la había perdonado hace mucho tiempo, solo que nunca se lo dijo – la mujer miro al grandulón y le sonrió para luego apoyarse en él y llorar dolorosamente, ese día había perdido mucho más de lo que una madre podría soportar.


Al salir del laberinto de mazmorras y calabozos vieron que no se encontraban lejos del castillo, incluso había un carruaje y algunos caballos amarrados en la salida.

-Esta era una antigua prisión y sala de castigos para los desertores de la antigua guerra – dijo la mujer ya más calmada, le había ordenado a los guardias de Weselton que liberaran y reunieran a todos los cautivos para devolverlos a sus familias –Seguramente al controlar a Hans ese demonio se entero de este lugar.

Con ayuda del grandulón subieron a la mujer al carruaje.

-Vamos Anna sube al carruaje estarás más cómoda – trato de convencer a la monarca a su pequeña hermana quien solo se negaba.

-si voy será contigo – la rubia platinada había notado como su pequeña pelirroja había comenzado a cojear y quejarse, era claro que la magia ya no le estaba ayudando a detener el sangrado de sus heridas o el dolor, debían llegar rápidamente al castillo para curarla.

La mayor no quería discutir más con ella, el tiempo era precioso así que con la ayuda de Kristoff la subió al uno de los caballos dejando a la pecosa en frente y a la monarca a cargo de las riendas.

Por su parte el rubio tomo el cristal en su mano una última vez antes de subirse al asiento del conductor del carruaje. "yo también los protegeré Hans", pensó y se subió para dirigir a los caballos en dirección al castillo.

-Elsie – susurro la pelirroja quien se sentía cada vez más débil por lo maltratado de su cuerpo.

-dime mi Anna – esta aprovecho de dejar un pequeño beso en el cuello de la pecosa quien solo se estremeció suavemente.

-gracias por no despedirte en ese momento – se acomodo en el pecho de la mayor sintiendo como su cuerpo comenzaba a dormirse, susurro un "te amo" antes de perder el conocimiento.