Chicos primero que todo perdonen, perdonen por no haber actualizado la semana pasada y actualizar tan tarde hoy, recién termine mis pruebas en la universidad esta semana (no me fue tan bien como esperaba u.u), tenía algunas partes del capítulo pero les quería escribir algo bueno, no mediocre, de verdad perdonen y no piensen que dejare botado este fic, por ningún motivo xD, incluso tengo varias ideas pero necesitaba tiempo para escribirlas, ahora lo tengo asi que puede que suba otro cap dentro de la semana como retribución.
Disculpen si los desilusione, desde la otra semana retomamos los sábados actualizaciones a las 7 y un cap especial que lo subiré dentro de la semana.
Ahora si disfruten el capítulo, y perdón nuevamente u-u.
La pelirroja despertó pesadamente de lo que parecía haber sido un sueño de días, su cuerpo se sentía cansado pero a diferencia de la última vez que despertó con esa sensación ahora sentía un peso a su lado derecho, alguien le estaba acariciando el cabello lentamente mientras dormía y ahora la miraba.
-buenos días perezosa – un suspiro por parte de los labios de la pecosa casi saco de sus cabales a la rubia de ojos gélidos quien pensó "como un suspiro puede desarmarme tan fácilmente?".
-Buenos días – dijo la pelirroja con un hilo de voz, parecía como si Sven le hubiera pasado por encima – estamos en casa?.
Ahí estaba ese gesto que la enloquecía, esa risa escondida atrás de esa perfecta mano nívea – no tontita, aun estamos en Southern isles, tienes que reponerte bien antes del viaje a casa – esos fríos dedos se posaron acunando la mejilla pecosa de la menor – no me arriesgare a que te pase nada.
-esa es la Elsie que conozco – susurro la pelirroja mordiéndose el labio, ese gesto que de repente se escapaba al estar con esa persona que le había robado el corazón. Quería besarla así que se levanto un poco pero una mano sobre su hombro no le permitió moverse.
-Debes descansar – entendiendo las intenciones de la pecosa la rubia se agacho lentamente, rozando sus labios con los de la menor, incitándola a que pidiera inconscientemente más. Un suspiro seguido por un estremecimiento era la clara muestra que quería más, la necesitaba, se necesitaban.
Justo cuando iban a juntar sus labios unos toquidos en la puerta las asustaron y volvieron a sus posiciones "normales" con la reina de Arendelle sentada al borde de la cama, cuidando de su hermana pequeña.
-Sus majestades la reina de Souther isles, uno de sus hijos y Sir Kristoff desean visitarlas – ante el gesto de aceptación las tres personas entraron a la habitación.
La reina aun parecía bastante choqueada por todas las pérdidas que acababa de tener en tan poco tiempo, pero no había nadie que pudiera juzgar su estado, a su lado derecho estaba uno de sus hijos mayores sosteniendo el brazo de su madre y al lado de este estaba el grandulón con una mirada de preocupación.
-Mi lady – la de piel nívea estuvo a punto de pararse pero la reina le indico que se quedara sentada.
-No es necesario, pasamos por las suficientes dificultades como para dejar el protocolo de lado – sonrió amable la mujer mientras era ayudada por su hijo a sentarse en una de las sillas de la habitación mirando hacia la pareja que estaba en la cama.
Por su parte, la mayor ayudo a acomodarse a la pecosa quien al tratar de moverse pudo notar que su cuerpo estaba cubierto por vendas, su torso tenia algunas, en su frente había otra y su brazo derecho estaba entablillado, seguramente cuando fue atrapada por los tentáculos había sufrido alguna fractura y por el poder de hielo de su hermana no sintió ningún dolor en ese momento, "pero como duelen estas mierdas ahora" pensó.
-déjenme primero que todo agradecerles a los tres, sin ustedes seguramente ahora estaríamos en el fin del mundo – empezó a decir la mujer, sus cansados y viejos ojos amenazaban con desbordar en llanto.
-mi lady, a quien debe agradecer es a Hans – interrumpió la pecosa con su típico estilo intrusivo y falto de todo protocolo.
-Lo se Anna, lo sé – dijo la mujer canosa secando uno de sus ojos – Sir Kristoff me conto lo que hiso mi hijo y aunque sus crímenes fueron horribles, el no era realmente él, para mi tiene mi perdón – tomando la mano de su hijo mayor que permanecía parado a su lado continuo diciendo – espero que sus hermanos puedan perdonarlo también.
Por un momento la pecosa pensó que el hombre no hablaba porque estaba enojado con su fallecido hermano pero noto que no hablaba porque no quería quebrarse, sus ojos estaban llorosos también.
-A lo que venía era para entregarles unas cosas que estaban en la habitación de Weselton y también… en la habitación de Hans – dicho esto el hijo desapareció por un corto periodo de tiempo para volver con una caja de madera que contenía un libro muy extraño, algunos pergaminos escritos en un idioma muy extraño y unos mapas ilegibles. –Se que ustedes podrán descifrar esta información para que este incidente nunca vuelva a pasar, ahora si necesitan quedarse más tiempo o si necesitan cualquier cosa de nuestro reino no duden en pedirla – la sonrisa amable de la mujer confirmo el fin de la corta reunión, pero la pecosa pregunto impetuosamente – mi lady, ¿y el rey?.
-El rey… murió… ayer – la mujer se notaba al borde del llanto y su hijo la abrazo con fuerza – disculpen.
Ambas personas se retiraron dejando al rubio dentro de la habitación con ambas mujeres.
-Anna, recuérdame enseñarte tacto cuando volvamos – aunque quería que eso sonara como una llamada de atención la felicidad por parte del grandulón de que su mejor amiga estuviera bien lo hacía brillar con luz propia.
-no te preocupes Kriss, ya tendré tiempo de rebatirte tus lecciones de tacto – trato de reír la pelirroja pero algunas puntadas no la dejaron.
-Elsa, los mapas y el libro están escritos en troll, si me lo permites iré inmediatamente a Arendelle para empezar a analizar estos escritos con gran Pabbie – la rubia asintió – además quería pedirte… quedarme con el cristal. Desde que el cristal fue formado Kristoff no le había sacado las manos de encima.
-Kristoff puedes hacerlo no es necesario que me lo pidas – la gobernante de Arendelle le dio una gran sonrisa que le hiso sentir más confiado, esa experiencia definitivamente los había unido a todos mucho más.
-Bueno ahora me retiro, supongo que tendrán "cosas" que conversar – el grandulón les guiño un ojo a lo que ambas se sonrojaron como tomates – descuiden dejare avisado que la reina de Arendelle pidió que nadie las interrumpa en su "conversación real", riendo cerró la puerta y pudo escucharse en el pasillo como increpaba a dos guardias y les daba estrictas órdenes de no entrar ni dejar entrar a nadie a esa habitación.
-lo matare cuando volvamos – dijo la pecosa totalmente sonrojada pero un beso en la mejilla por parte de la mayor la saco de sus pensamientos homicidas.
-Te tengo una sorpresa – dijo la de piel nívea y levantándose fue hacia uno de los armarios de la habitación sacando a "Joan" de entre la ropa – la encontraron uno de los grupos de exploración, al parecer esta e perfecto estado salvo por unos rayones en la hoja – los ojos iluminados de su pecosa corroboraron lo importante que era esa espada para ella.
-Gracias amor – esa palabra hiso estremecer a ambas, después de todo ahora eran pareja y habían decidido enfrentarse al mundo con ese título.
La mayor dejo a "Joan" a un lado de la cama y volvió a su posición recostándose al lado de la mejor acariciando su salvaje cabello pelirrojo.
La pecosa por su parte solo suspiraba con cada caricia, ella hubiera querido más pero sabía que Elsa tenía razón en que debía descansar. De pronto una idea cruzo por su mente, puede que no pudieran hacer mucho pero eso no significaba que no pudiera disfrutar de sus labios.
-Elsie – la aludida miro a la pecosa quien la miraba totalmente sonrojada – quería pedirte un beso – la de piel nívea solo sonrió y antes de siquiera dejar contestar a la pelirroja puso un dedo en sus labios.
-Sabes que si nos besamos, no podremos parar – al sentir el aroma de esa nívea piel sobre sus labios instintivamente lamio aquella falange logrando un escalofrió por parte de la mayor.
Con su mano izquierda tomo la mano de Elsa y beso la palma de esta, produciendo un escalofrió a la rubia, luego paso su lengua lentamente, el contraste del frio y del calor logro arrancarle un jadeo a la dueña de esa mano quien la retiro inmediatamente.
-Anna, debes descansar, enserio – su voz trataba de sonar seria pero simplemente no podía, esa pequeña que había conocido toda la vida la volvía loca con cualquier acto que hacía.
-yo me siento bien – dijo la pelirroja quien trato de levantarse para alcanzar los labios de la mayor pero una puntada la obligo a quedar recostada de nuevo, "malditas heridas" pensó.
Una risa de la mayor y un beso en sus labios la sorprendió, el beso era lento, lleno de sentimiento, era como si estuviera concentrado todo el amor y la preocupación de todos los años que habían pasado juntas. Junto con el beso la rubia comenzó a acariciar el rostro de la pelirroja, dando pequeñas caricias con el pulgar pero sin profundizar el beso.
Cuando por fin se separaron por falta de aire sin pensar la mayor susurro – te necesito – no dejo contestar a la pelirroja porque sus labios volvían a unirse lentamente, ese tortuoso y lento beso ahora era acompañado por caricias en el cuello de la pecosa, la estaba enloqueciendo con esa lentitud pero entendía que era para cuidar que no se agitara demasiado, si su Elsa supiera que estaba agitada como si hubiera entrenado toda la mañana seguro pararía por lo que solo se dejo besar en ese ritmo tortuoso y delicioso.
El beso se profundizo con tanta lentitud que la rubia podría haber jurado escuchar el corazón de su pequeña golpeando con fuerza en ese pecho que secretamente había visto durante los entrenamientos, definitivamente Weselton tenía razón, su espíritu no era para nada puro. Una vez que su helada lengua comenzó a moverse en la boca de su pelirroja una temblorosa mano bajo por el borde de su cuello arañando con suavidad para posarse sobre el pecho derecho de su Anna.
Anna estaba en el cielo, aun no estaba segura si había muerto y esto era el cielo o simplemente un sueño pero esos toques que estaba recibiendo por parte de su Elsa la estaban enloqueciendo, hacían crecer un calor en su interior que comenzaba a quemarla, no guiar la situación era raro para ella pero dejarse querer era increíble también. Un gemido se escapo de su garganta al sentir esa fría mano sobre su pecho junto con esa helada lengua.
-Elsa- susurro la pecosa a lo que la mayor contesto con una sonrisa lujuriosa, sus ojos gélidos habían cambiado completamente y ahora se mostraban opacos, dispuestos a lo que ambas habían deseado secretamente – también te necesito – paso su brazo izquierdo por detrás del cuello de la mayor atrayéndola en otro apasionado beso, entregándose a esos labios helados y esa lengua que volvía a danzar dentro de su boca.
Al separarse por la falta de aire Anna exhalo lentamente dejando ver una pequeña estela de frio salir de sus rojos labios, la rubia se asustó un poco, no había considerado la posibilidad de congelar a su pequeña por no controlar su poder, pero una sonrisa mesclada con lujuria por parte de la menor le dio a entender que no temiera.
La mayor se levantó, levantando las mantas de la cama, haciéndolas hacia un lado, el lastimado cuerpo de su pequeña quedo expuesto igual que sus vendas, mordió su labio con impotencia, aun se sentía un poco culpable. La rubia se sentó en las caderas de la pecosa totalmente sonrojada, su pijama de dos piezas abierto en la parte del pecho dejaba ver más de la cuenta, suspiro y beso su frente con cuidado, quería besar cada una de sus heridas primero que todo.
Tomo su rostro entre sus manos y siguió recorriendo su rostro con besos, primero su frente, sus ojos, sus mejillas con esas pecas que la enloquecían, sus labios nuevamente, seguramente se volvería adicta a ese sabor, estaba segura de ello. Mordió lentamente su mentón y siguiendo la línea del rostro llego a su oído respirando suavemente, sintiendo su aroma a primavera que le encantaba.
La pelirroja suspiraba con cada beso, era como si estuviera siendo tocada por un ángel, un ángel de hielo, aun cuando los besos en su frente le dolieron un poco la sensación de calor que crecía en su cuerpo opaco cualquier otra emoción y cuando sintió la respiración de la mayor en su oído pensó "dioses, paren esta tortura, la necesito ya", dejo escapar otro gemido de su garganta al sentir los helados labios de la rubia recorrer su pulso, sentía que su corazón explotaría en cualquier momento, "y está en el cuello aun", ese pensamiento salvaje ataco su razón, matando lo poco que quedaba de ella.
La mayor mordió el acelerado pulso de la menor, los quejidos cambiaron a gemidos, gemidos largos y pronunciados, deseosos de más, suspiro cerca de su oído y dijo – te amo – mientras sus manos desabrochaban el pijama, dejando el herido torso de su pequeña al aire, bajo nuevamente besando su cuello, mordiendo su clavícula para comenzar a besar sus heridas del estómago. Una risa por parte de la pecosa la hiso sonreír, sabía que era cosquillosa pero siguió en su tarea subiendo lentamente.
Sus risas fueron cambiadas por quejidos, la sentía tan cerca, necesitaba sentirla más, instintivamente su morena mano se posó en ese rebelde pelo rubio, suspiro y la guio a donde sus pezones comenzaban a endurecerse, odiaba tener tantas vendas encima, incluso en sus pechos, pero sabía que si Elsa había sido quien la había curado era natural su pequeña "exageración". Su divagación mental fue interrumpida por un choque de placer directo desde su pecho derecho, mordió su labio al sentir unas pequeñas mordidas por sobre las vendas, arqueando su espalda un sonoro gemido salió de sus labios, tan pronto como se recuperaba sintió otro choque proveniente de su otro pecho, eran las uñas de su amada que trabajaban sobre su ya sensible pezón izquierdo.
-Elsie – sentir su nombre en los labios de su pecosa la enloqueció aún más, "malditas vendas" pensó pero sabía que eran para su bien, mordió cuidadosamente enfriando un poco sus labios apropósito, sonriendo traviesamente. Cambio de lado, ahora trabajaba sobre el otro pecho de su amada pecosa, ambos se habían vuelto duros y sus botones sobresalían dejándose ver sobre el vendaje, mordió un par de veces y suspiro al sentir la ardiente mano de su pequeña recorrer su pelo, era fuego puro lo que podía sentir emanar del cuerpo de la menor.
Pauso su tarea para sentarse nuevamente en las caderas de la pelirroja, sonrojada movió sus manos para deshacer su vestido, dejando ver una perfecta ropa interior hecha de hielo puro, al igual que el vestido que solía usar.
Anna no podía creer lo que sus ojos veían, frente a ella estaba semi desnuda la dueña de sus pensamientos más tiernos y lujuriosos a la vez, mordió su labio estirando su brazo izquierdo, queriendo tocar esa blanquecina y fría figura sobre ella, solo para asegurarse que era real. Su mano fue tomada por la de la mayor entrelazando los dedos con cuidado, frio y calor volvieron a juntarse creando esa sensación eléctrica que solo ellas podrían llegar a conocer.
-Déjame a mí – susurro en un suspiro la rubia guiando la mano de la pelirroja hasta su pecho izquierdo, en cierta forma quería decirle en una forma aún más profunda cuanto la amaba. Cuando el calor que emanaba de esa mano comenzó a derretir el hielo sintió que había sido suficiente tortura para ambas, moviendo sus dedos con un gesto simple pero elegante derritió su brassier de hielo dejando al descubierto sus bien formados y blancos senos. Se sonrojo y tendió a cubrirse al ver como la pelirroja la miraba pero esta tomo la mano de la mayor y dijo – perdón, eres más hermosa de lo que me había imaginado – la de ojos gélidos le devolvió una sonrisa totalmente sonrojada y dejo de cubrirse para comenzar a mover lentamente sus caderas sobre las de su pecosa.
Siguió el movimiento de su hermana mayor, cada rose incrementaba el calor dentro de su cuerpo, era algo que nunca había experimentado, ni siquiera en las noches donde soñaba con esa escena y despertaba mientras sus caderas se movían, ahora ese calor comenzaba a invadirle completamente y electrizar su morena piel, haciendo que el movimiento acelerara, volviéndose como una adicción recién descubierta.
Elsa se dejó guiar por el movimiento acelerado de su pequeña, ese rose de sus cuerpos la estaba enloqueciendo, necesitaba más así que la beso mordiendo su labio inferior con lujuria dejando escapar un sonoro gemido al sentir como el monte de venus de la pelirroja rosaba su intimidad por completo. Un quejido no de placer llego a oídos de la mayor quien se detuvo al instante, el placer estaba nublando su razón y debía de tener cuidado, tomo el rostro de su sol de primavera y mirándola a los ojos dijo – ten cuidado amor – sonrió y recorrió besos desde sus labios hasta el inicio del pantalón de aquel pijama.
La pecosa sentía una corriente eléctrica recorriéndole el cuerpo con cada beso, deseaba más, deseaba estar bien y ser ella quien estuviera guiando esos besos hacia la intimidad de su Elsa pero no podía quejarse, la sensación era inigualable. De prono arqueo su espalda al sentir un frio beso en su intimidad por encima del pantalón, luego otro y otro logrando que de su boca soltara una serie de gemidos que iban en acenso – mmm Elsa – alcanzo a susurrar antes de sentir otro beso aún más profundo.
-si? – pregunto divertida la mayor, ver agitada así a su pequeña la tenía totalmente enloquecida pero debía contenerse, no quería dañarla. Volvió a besar pero ahora un poco más abajo donde podía ver que el pantalón comenzada a humedecerse, ahora que lo pensaba ella también estaba muy húmeda solo con escuchar esos gemidos salir de esos labios que prontamente le crearían una adición. Decidió posar su lengua en esa parte tan húmeda solo para sentir el calor que emanaba de su pecosa, y al sentir un sonoro gemido escapar de sus labios enfrió su lengua apropósito solo para ver la reacción de su amada.
La sensación electrizante que provocaba ese frio le hiso desear levantarse y quedar ella arriba guiando la situación, ya no aguantaba tanta tortura, necesitaba sentir a su Elsa directamente – por favor… - alcanzo a articular antes que sus labios volvieran a ser mordidos aguantando gemidos que iban in crescendo.
-por favor qué? – pregunto nuevamente la rubia quien comenzó a bajar el pantalón de pijama de su pequeña, dejando dos grandes mordidas en los bordes del hueso de la cadera, nunca le confesaría a su Anna que miraba disimuladamente cuando al entrenar sus pantalones tendían a ceder dejando entre ver ese exquisito detalle.
-por favor… no me tortures – sus caderas y su ser ya solo vibraba del placer producido por esas gélidas manos. Iba a hablar otra cosa cuando sintió los labios de la mayor sobre los suyos, besando apasionadamente casi devorando los suyos, sentía que su alma era devorada en cada embestida de esos helados labios.
-Tengo miedo de hacerte daño – soltó la mayor mirando con ojos preocupados a su sonrojada pequeña, maldecía su inseguridad pero era parte de su esencia.
Con esfuerzo la pelirroja se levantó de su lado de la cama, unos quejidos por su parte casi hacen hablar a una sorprendida rubia, pero esta fue acallada en un mar de besos totalmente poseídos por el deseo y el amor que sentían. – No me dañaras Elsie, nunca podrías hacerlo – la volvió a besar dejando caer su peso sobre la de piel nívea, comenzando a mover sus caderas con lentitud, le dolía cada musculo de su cuerpo pero la adrenalina y la excitación que sentía por la situación adormecían cualquier otro sentimiento.
Ambas mirándose a los ojos, ambas respirando en los labios de la otra mientras sus caderas se movían a una deliciosa y mortífera velocidad, las morenas manos de la pecosa se posaron sobre la ropa interior de la mayor indicándole que se deshiciera de eso, y en un momento ambas ya sin ropa se miraron profundamente a los ojos.
-te amo Elsa – soltó la pelirroja antes de mover su intimidad rosándola completamente contra la de su mujer de ojos gélidos y piel nívea.
–ahhh… yo también te amo Anna – la sensación del movimiento sobre sus caderas era gloriosa, guiar definitivamente no era lo mismo que ser guiada, gimió con fuerza al recibir otra estocada en su mojado sexo, pronto no supo si estaba así por su cuenta o por lo mojado del sexo de su pecosa, solo seguían el vaivén de sus caderas, lento y tortuoso, como habían sido los años separadas. Clavo sus uñas en esos hombros llenos de pecas que adoraba ver por el rabillo del ojo y mordió lentamente el cuello de su pelirroja, el placer mezclado con amor estaban intoxicando todos sus pensamientos. Dejando varias marcas bastante visibles entre los gemidos que le arrancaba su amada sintió un calor que comenzaba a formarse dentro de sí.
-annaaaa… - un gemido profundo y lento le confirmo a la pelirroja que estaban cerca, ella también se sentía así, el calor se había concentrado en su centro, y las oleadas de electricidad provenientes de su clítoris la estaban matando, habría roto la cama de estar bien pero ese movimiento tortuosamente lento la estaba matando.
-Elsa ahhh… - empujo con un poco más de fuerza sus caderas, logrando que ambos centros de placer se rozaran torpemente por lo mojados que estaban, aumentando el ritmo de cada embestida junto los labios con los de la mayor gimiendo desesperadamente, quería sentirla suya, total y absolutamente suya, y ella quería sentirse una parte de su reina de hielo.
Gimiendo descontroladamente en los labios de la otra sentía que su mundo se había completado cuando la oleada de presión y calor se disparó por todo su níveo cuerpo, gimiendo fuertemente el nombre de su Anna en esos labios totalmente sellados por los besos. La pelirroja sintió también que su momento estaba cerca pero ese gemido de su nombre en sus labios solo logro acelerarlo, dejando que un gemido recorriera desde su garganta y saliendo con fuerza por sus labios, temblando por los residuos de placer que aun viajaban por su espina.
-Te amo Anna – volvió a decir la rubia quien acomodo suavemente a la menor a su lado. Ambas se besaron apasionadamente, -también te amo Elsie – alcanzo a decir la pecosa antes que sus labios fueran nuevamente atrapados nuevamente en un beso.
Su beso fue interrumpido por un quejido por parte de la pelirroja, parece que su tomada de mando le había salido algo caro al ver como la herida de su costado izquierdo comenzaba a sangrar lentamente, pintando pequeñas gotas que se transformarían en un gran manchón de no actuar rápido.
Elsa quien ya conocía de memoria los tontos accidentes de su hermana decidió ir a buscar unas vendas nuevas, no sin antes volver a materializar su vestido de hielo. Cuando tomo el pomo de la puerta se giró y vio a la pecosa aun sonrojada, mirándola con cierta ternura e incredulidad. –Ya encontrare un castigo por no obedecer a tu reina sir Anna – salió de la habitación con aire ceremonioso dejando a una atontada pelirroja mirando embobada la puerta por la cual su amor acababa de salir.
El rubio salió corriendo de la habitación rumbo a buscar la forma más rápida de llegar a Arendelle, estaba seguro que los secretos de todo lo que paso estaban escondidos detrás de esos caracteres, no es que el no supiera leer troll, se había criado con ellos, pero este tipo de troll parecía diferente, demasiado arcaico, casi primitivo, pero sin embargo logro divisar un par de palabras como "portal", "tiempo" y "cambios".
-OIGAN USTEDES DOS – su voz retumbo en los pasillos y llamo la atención de dos guardias que circulaban en su ronda normal – perdón por gritarles chicos pero necesito dos cosas de ustedes y como son dos es perfecto. Miro al soldado de la derecha y dijo – su majestad la reina de Arendelle y su hermana están conversando temas muy importantes en la habitación, creo que no debo recordarle el juramento de incondicionalidad para proteger secretos de los estados, ¿verdad? – el soldado asintió algo intimidado por la sonrisa de "y no se te ocurra espiar" por parte del grandulón. Dicho esto el soldado se retiró a avisar que nadie tenía derecho de pasar por ese pasillo hasta que el secreto de estado fuera disuelto viendo salir a la monarca de la habitación donde se encontraba.
-y tu amigo te necesito para un favor – el segundo soldado parecía aún más intimidado que el anterior, francamente la cercanía de ese rubio del norte le estaba volviendo impaciente por ser liberado de cualquier tarea que le encomiende. –necesito volver a Arendelle antes del anochecer, conoces a alguien que pueda ayudarme.
-Sir kristoff disculpe pero el viaje a Arendelle en barco demora tres días, no hay forma de que demore tan poco tiempo – mirando para todos los lados el joven le hiso una seña al grandulón para que pusiera su oído – hay un tipo, está loco, pero es un genio, ve a verlo se hace llamar "el inventor", la dirección es en el puerto, la única casa con un gato negro de orejas blancas. El soldado se fue caminando apuradamente casi como si hubiera insultado al grandulón y estuviera esperando una paliza, seguramente le habían prohibido hablar sobre alguien así.
-El inventor ah? – tomo un pedazo de pergamino que llevaba en el bolso donde transportaba ahora esos preciosos documentos, anoto el nombre y la pseudo dirección, "debe ser bastante peculiar ese gato" pensó antes de guardar el papel dentro del bolso y comenzar a caminar, tal vez él podría enviarlo a casa rápidamente.
En las nevadas calles los transeúntes lo miraban curioso, parecía que habían visto a un fantasma y pensó que lo reconocían del torneo, aunque a muchos se les había dicho que todo lo ocurrido había sido un atentado por parte de un país enemigo pero que todo estaba bien.
-La monarquía – pensó el rubio quien camino por los muelles viendo por algún tipo de casa con un gato de esas características. Se sorprendió mucho al sentir una bola de pelos rozar su pierna con cariño y ternura.
-Vaya, le gustaste a mik, el por lo general odia a las personas, ven sé quién te envió – frente a el apareció un viejo que caminaba totalmente encorvado, su cuerpo estaba cubierto por una capa que incluso tapaba su rostro, pero el hecho de que el grandulón hubiera deducido su edad era el tono de esta. –Que estas divagando, ven no hay tiempo que perder – sacándolo de sus pensamientos el hombrecillo lo guio por unas callejuelas del muelle, para finalmente llegar a una casa de madera donde el gato instantáneamente se sentó en la ventana, lamiendo tranquilamente su pata, como volviendo a su puesto de vigilante.
-Algún día me desharé de ti mik, no sirves como guardián – el grandulón no pudo evitar reír, era bastante chistoso que el hombre le hablara a un gato como si fuera una persona, pero no quiso juzgarlo, estaba viejo y sabía que esas cosas pasaba. Al cerrar la puerta una espada se posó sobre su garganta.
-Responde correctamente o nunca saldrás de aquí – la voz del viejo ahora sonaba amenazante casi como si la pregunta que fuera a hacer estuviera demás. –Mik se escribe con k por… - la espada se cerró un poco más y kristoff pudo sentir el filo rosando la vena de su pulso, "como mierda voy a saber porque su gato tiene k en el nombre?!" su mente trabajaba a más no poder.
-1… - comenzó a contar el anciano, esto se volvía serio, -… dos… - ya casi no le quedaba tiempo, debía decir algo, lo que sea. De pronto recordó una adivinanza que le había su madre bulda cuando era pequeño.
-Se escribe con K por que no está Cansado, solo es perezoso – cerro los ojos, había sido lo más estúpido que había dicho en su vida.
-correcto, bulda tenía razón, estas enorme – el viejo saco la espada y se quitó la capa estirándose lentamente, cuando se recuperó del shock vio que aquel viejo no era tal, sino un joven de cabello corto y negro, quien llevaba unas extrañas ropas, como un tipo de armadura extremadamente ligera que se quitó sin mucha dificultad.
-Bueno un gusto de conocerte kristoff, estas igual solo que más grande y corpulento – el joven se dio media vuelta tomando con fuerza la mano del grandulón, sacudiéndola varias veces. –Me conocen como el inventor pero tú me puedes llamar Mik, si mi gato y yo nos llamamos igual, es un truco para encontrar a "los que saben la verdad", creo que ya conoces toda la historia, la viviste.
Aquel tipo era de lo más raro, cuando el de ojos café quiso mirarlo a los ojos se encontró que los ojos del tipo eran totalmente negros como… -Espera como me conoces?, como conoces a bulda y como conoces un juego de palabras de trolls?
-Muchas preguntas Kriss y no tenemos el tiempo de contestarlas, ven, dame esos papeles te los traduciré y los tendrás listos en unos dos o tres días- sin permiso tomo el bolso del anonadado chico quien seguía mirándolo buscando explicaciones.
-Pero… al menos dime quién demonios eres tu… - la falta de respuestas estaba impacientando al grandulón.
-veo que quieres respuestas… mmm… no creo que te guste lo que tengo para decirte Kriss, dejémoslo en que somos hermanos de alguna forma – antes que pudiera volver a preguntar el joven se levantó y hecho al mayor de la casa dejándolo afuera de la puerta, "diablos sí que tiene fuerza para tener un cuerpo tan delgado" pensó el rubio.
-Tendrás tus respuestas pero ahora algo muy malo esta por pasar, no tenemos tiempo Kriss, te responderé todo si sobrevivimos a lo que se viene, vuelve con tu reina y con su amada, ambas están en un grave peligro si se quedan solas en ese castillo- y cerrando la puerta kristoff pudo ver al gato quien se estiraba con el sol de la media tarde, soltando un maullido y haciéndose bolita para dormir.
-Porque me pasan estas cosas a mí… - refunfuño antes de ponerse a caminar devuelta al castillo, confiaría en las palabras de ese tipo por muy raro que le pareciera.
