Hola a todos y todas, aunque ya me había disculpado en la otra entrega cierta persona (que es la causa de que haya vuelto a estas andadas) me ha hecho ver el que debería hacer algo más que anotar un par de líneas.

Les seré franca, me diagnosticaron depresión, y todo ha sido una dulce maravilla o una puta mierda, por suerte y en el camino me encontré con esta cierta persona, ella ha hecho todo de mí ahora, y seguramente sin ella ni siquiera podía decir que este escribiendo en este momento. Gracias por sus comentarios, muchas veces no podía leer los rewvies, no porque no me los mostrara el pc, sino por vergüenza y pena de no poder siguiera levantar los dedos y escribir. Perdón a todos y como estaba dicho antes, todos los sábados habrá actualización. Gracias por el ánimo, y por el cariño.

PD: Pauli, eres la mecenas de esta travesía, te amo.


El rubio corría sin mirar hacia atrás. Su familia, su vida, todo aquello en lo que había creído y crecido no estaba construido sobre los cimientos de amor y fidelidad de los que tanto había presumido, no, eran solo mentiras, desde el día en que los trolls dijeron que se lo quedarían por ser tierno, hasta el hecho que su figura paterna y modelo a seguir era descendiente de aquellos a los que ahora debían combatir sino querían perderlo todo.

-no no NO… - se susurraba a su mismo mientras seguía corriendo, tropezó con un grupo de soldados que lo miraron extrañado, -disculpen, no vi por donde iba –trataba de verse fuerte y aguantar las nuevas lagrimas que se habían formado en sus ojos, no se verían inferior menos con personas desconocidas.

-No hay problema – le sonrió un soldado casi de su altura, era bastante apuesto a través del uniforme, demasiado extraño para una tierra donde se criaban hombres duros y difíciles de manejar.

-ehm… yo debo seguir, me están esperando- dijo Kristoff pausadamente antes de dar un pequeño rodeo al grupo de hombre, sin embargo una mano que lo apretó con inusual fuerza lo hizo darse vuelta de forma inesperada.

-Claro Kristoff, te están esperando – aquel chico sonrió inocentemente mientras los otros hombres que lo acompañaban reducían al rubio, tarea no fácil por su tamaño y músculos, aun así lograron arrodillarlo, tomándolo del pelo hizo que mirara aquel soldado, - ¿conoces la historia de cómo llegaron los demonios a ser lo que son?... – un culatazo en su nuca lo noqueo, todo aquello fue visto por un felino que tan solo mostraba ojos de congoja absoluta, la hora se estaba aproximando.


Mik volvió lentamente a la casa, para su sorpresa ni la princesa ni la reina se encontraban en ese lugar, solo se encontraba su contra parte demoniaca, jugando con un frasco vacío, lo balanceaba peligrosamente en el borde de su mano para intentar dejarlo caer pero lo atrapaba en el último instante.

-Así que fuiste capaz… - dijo el felino antes de subirse a una silla que estaba frente al joven de pelo oscuro, este sonrió de medio lado lanzando el frasco al aire y volviendo a tomarlo antes de que tocara el suelo.

-Ambos sabíamos que este día llegaría, sin importar lo perfecta que volvimos la vida de todas estas personas, ya estaba todo escrito, para ti, para mí y para ella – elevo el frasco una última vez para dejar que se hiciera trisas en el suelo.

-Se llevaron a Kristoff – dijo el ser pequeño antes de bajarse de su lugar y subirse al hombro del chico, - ¿en verdad así acabara todo Mikerus? – susurro con el aliento sobrante de un suspiro.

-Así siempre estuvo escrito…- susurro devuelta para el felino a quien le hizo una pequeña caricia detrás de la oreja – Mik, ¿ya has pensado que haremos en nuestras vacaciones permanentes? – el gato solo dio un pequeño zarpazo pero hecho a reír al final.

-tenía pensado molestarte por el resto de las vacaciones Mik, como siempre… - dijo antes de saltar al piso mirando hacia arriba al chico de pelo azabache – vamos que nos perderemos de la diversión – se sonrieron antes de comenzar a caminar hacia la puerta.


Mientras ambos seres salían de la casa en otra parte de los caminos del reino de Souther Island estaban la reina de Arandelle y su primer caballero, ahora vestida como correspondía y ambas solo disfrutaban de un pequeño tiempo a solas.

-¿Por qué crees que Mik nos dijo que deberíamos volver al castillo así sin más? – se preguntó la pelirroja mirando hacia las casas, todas ordenadas y cubiertas por la nieve, era raro, desde que se había tomado la poción el frio no había vuelto a molestarle, pensó que tal vez era eso lo que sentía su amada en su interior.

-creo que sabe que pasamos por muchas cosas y deberíamos descansar, en especial tú, no estoy de acuerdo que hayas tomado ese líquido sin más – replico con falsa molestia la reina de hielo, pero sus mejillas se enrojecieron al sentir un tibio beso por parte de la pelirroja en una de ellas, - ¡Anna!

-Relájate Elsie, recuerda que somos "hermanas"- la malicia y el arrastre de esa última palabra hizo vibrar hasta su última fibra, hubiera construido una casa de hielo en medio de la calle solo para hacerla suya en ese mismo momento, pero debían seguir caminando como si nada, pues si, eran hermanas.

-Es extraño, desde que tome esa cosa me siento como si fuera verano, no tengo frio y solo me siento feliz, se parece a la sensación que me da cierta persona que conozco – la miro con esa mirada de reojo queriendo y demostrando toda su lujuria en escasos momentos, solo visibles para las dos.

La de piel antes nívea y ahora de un tono carmesí tosió un poco para recomponer su cuerpo y su mente, - aun así no creo que deberías haberla tomado, espero que sea solo para lo que nos dijo Mikerus.

Siguieron charlando y acercándose, rosándose sin pudor ni vergüenza al no haber nadie alrededor o susurrando frases de amor mezcladas con lujuria en sus respectivos oídos, primero en el de la nívea, después en la pelirroja, llenándose de risas y tranquilidad, echaban de menos todo aquello.

Llegaron al castillo cuando las primeras estrellas comenzaron a salir, se habían tomado su tiempo en la caminata, ambas tuvieron la sensación extraña de que fue como recorrer su vida completa, desde el accidente al primer beso, y con una extraña calma.

Justo a la entrada del imponente castillo de piedra en el cual las primeras antorchas comenzaban a encenderse por parte de los guardias Anna tomo la mano de Elsa con extraña fuerza, como si quisiera decirle algo y a la vez no decirle.

-De verdad, ¿quieres ser normal Elsie? – le pregunto con palabras atropelladas, fue como sacarse un peso de encima pero a la vez se sintió una carga doble sobre sus hombros.

Titubeando como era su estilo, esta vez decidió derretir esa capa de hielo que caracterizaba su mente y su corazón, habían pasado por mucho, un poco de sinceridad no le haría mal a ninguna de las dos – en un principio, debo admitir que pensé en dejar mis poderes, verme normal, no temer a herirte, pero cuando dijiste que no querías que cambiara por mi mente cruzo el pensamiento de que solo te atraían mis poderes o el aspecto que me dan ellos…

Antes de que la pelirroja la interpelara, la rubia coloco su frio dedo sobre aquellos tibios labios.

-pero saber que me amas por como soy, creo que fue la respuesta que necesitaba, no cambiare porque realmente no lo necesito, sé que siempre estarás aquí conmigo cuando sea solo una briza o sea una tormenta, y no podría pedir otra cosa en esta vida – lo siguiente que sintió fueron los labios de la pelirroja cerrándose sobre los suyos, estaban calientes y suaves como siempre, pero esta vez no importo si alguien las veía, incluso si los vigilantes atónitos las estaban mirando en ese preciso momento, ese beso desesperado, hambriento y deseoso de poder expresar todas aquellas palabras de una forma equivalente le basto para cerrar sus brazos en la cintura de la pelirroja y atraerla aún más para aprisionarla por la cintura, era el cielo, era todo lo que deseaba.

Al soltarse miraron hacia los vigilantes que prontamente cambiaron su mirada hacia otro lado, ambas rieron, ya darían las explicaciones correspondientes, solo querían mantener ese momento suspendido en el aire, pero todos saben que nada es para siempre, y hasta los momentos delicados como un copo de nieve terminan derritiéndose para volver a ser parte de un todo.


Al recorrer los pasillos del castillo buscando su habitación encontraron todo extrañamente vacío, no había guardias, ni mucamas, ni mayordomos, ni siquiera personas de la corte u otros participantes del torneo rezagados que aun esperaban sus barcos y a quienes juraron ver antes de salir.

-Esto no me agrada Elsa… - entrenada para ser un caballero miro hacia todos los lados posibles en busca de alguna amenaza, pero no había nada, solo silencio acompañado por el crepitar de las antorchas en los pasillos.

-Es como si todos se hubieran simplemente desvanecido… - susurro la monarca antes de seguir avanzando por el lugar.

Llegaron a la habitación que se abrió rechinando en las bisagras, todo estaba como lo habían dejado, salvo por un sobre que reposaba sobre las bien tendidas sabanas de terciopelo, la de piel nívea tomo el sobre y lo abrió con cuidado.

"Hola chicas:

Perdón por no esperarlas, la reina nos pidió que nos reuniéramos en el lago lucero atrás del castillo, no sé qué querrá pero seguramente es importante para que nos llame, nos vemos allá.

Kristoff"

-Bueno esto es oficialmente extraño – dijo la pelirroja tomando el papel casi arrancándoselo de la mano a la de pelo rubio.

-¿Por qué raro?, es solo una citación para ver a la reina – dijo la monarca sin ver nada extraño en aquel papel.

-No es eso Elsa, cuando Kristoff escribe dan ganas de sacarse los ojos, esto está bien redactado, sin faltas de ortografía y hasta la caligrafía es buena, la última vez que Kristoff me anoto algo tuve que pedirle que lo lea para anotarlo yo, no hay forma que haya sido el – ambas se miraron y sintieron un ruido detrás de ellas.

Al darse vuelta encontraron al chico de pelo azabache y al felino mirándolas desde el dintel de la entrada.

-Chicos eran ustedes, me dieron un susto de muerte… - dijo la pelirroja pero antes de dar un paso hacia ellos algo comenzó a dolerle en su interior.

-Anna – la de piel blanca se abalanzo para alcanzar a tomarla antes de que cayera al piso.

-Elsa, Anna… lo siento – dijo el felino antes de avanzar adentro de la habitación, en ese momento un rayo de hielo casi lo parte a la mitad.

-¡ALEJATE!- grito a todo pulmón la rubia antes de volver a lanzar otro rayo.

-NO NO, Elsa, no entiendes, debe ser así… - su voz sonaba como si estuviera pasando a través de un nudo, la angustia hizo que parara un momento, hasta que sintió una tos a su lado, su Anna estaba tosiendo sangre.

-no tenemos tiempo para esto Mikailus, debemos llevarla al ritual ahora… - el chico de pelo azabache avanzo lentamente hacia ambas chicas, los rayos de Elsa no lo detuvieron, incluso tomo varios con uno de sus brazos hasta que quedo congelado, -será mejor que no te entrometas, esperamos este momento por demasiado tiempo, mucho más allá que tu existencia fuera pensada, ahora ella será quien nos libere, será nuestro mártir perfecto, y a los ojos del altísimo seremos perdonados.

-¡no permitiré que te la…! - no pudo terminar la frase porque con el mismo brazo congelado Mikerus golpeo con tal fuerza el rostro de la monarca que la dejo aturdida en el suelo, luego sacudió su extremidad dejándola libre de la prisión de hielo.

-¡Basta Mikerus!, esto es demasiado – dijo el felino con sus garras hacia afuera mirándolo fijamente.

-¿Ahora me dirás que te salió la moral?, no seas hijo de puta, tú las encontraste luego de tanto, y ahora yo hare el trabajo sucio que nadie se ha atrevido por tanto tiempo, ciertamente debo agradecerles a estas dos por los papeles, sino nunca hubiera sabido como capturar a nuestro antiguo maestro, y así salir de este asqueroso lugar… casi puedo dejar de sentir el olor a humano – la sonrisa totalmente torcida del chico de cabello negro solo ceso con la tos de la chica a sus pies a quien tomo de sus rojizos cabellos y comenzó a caminar con ella arrastrándola cual saco de harina.

-SI DAS UN PASO MÁS TE MATARE – las palabras provenían de la monarca atrás de él, quien sostenía ambos brazos formando una lanza de hielo la cual estaba direccionada directo al pecho del chico, -SUELTALA AHORA Y DIME QUE MIERDA ESTA PASANDO –

-uy esa boquita Elsie, no es propio de una persona de alcurnia – se burló antes de un tirón levantar a la chica ya medio inconsciente y tomarla por la cintura, giro su cabeza para mirar a la chica que aun parecía que estaba en una especie de shock al ver tanta violencia contra la que más amaba – si tanto la quieres, ven por ella.

Dicho esto el chico salió corriendo y Elsa lo intento seguir pero el felino se interpuso en su camino.

-Perdóname Elsa no puedo dejarte pasar – dijo mirándola a los ojos – no quiero que veas que pasará ahora, por favor no vayas, te lo ruego – los ojos en forma de lunas llenas no conmovieron ni un poco a la monarca.

-Déjame pasar – dijo fríamente antes de intentar saltar sobre aquel felino pero este saco las garras y araño ambos tobillos de la monarca logrando que esta se tropezara y callera de rodillas.

-¡ELSA NO VAYAS! – grito ahora el ser que fue alejado con algunos disparos de hielo.

-¡DEJAME! – ya fuera de sí, la reina de hielo creo un ser enorme, sus dientes eran hielo y su cuerpo nieve, pero su aspecto lejos de ser como Olaf era terrible, más bien parecía un monstro sacado de la pesadilla de alguien. Se incorporó como pudo poniendo pequeñas compresas de hielo donde le había herido el animal y corrió hacia donde estaba su Anna.

Por su parte el felino corrió perseguido por aquel monstruo que le lanzaba improperios a la vez que estacas de hielo intentando atravesarlo.

Su mente de nuevo estaba bajo esa misma tensión, ahí estaba el objeto de su amor en peligro de nuevo, y esa palabra, nuevamente, la llenaba de impotencia, no importaba si Anna mataba una araña o un dragón, siempre estaría en peligro y era porque ella era demasiado débil para intentar siquiera haber matado a ese hijo de puta, sacudió su cabeza y corrió hacia el único lugar donde pensó que podrían estar, el lago lucero, a unos minutos del castillo.

-Anna… Anna… - su aliento frio se mezclaba con la noche, su nerviosismo la seguía en cada respiración, vio el lago a lo lejos, vio a muchos seres pequeños que le parecieron conocidos, vio Mikerus con su Anna aun agarrada como si fuera una cosa, y lo que más la aterro, vio el rastro de sangre que la condujo hasta ese lugar, el cual se había pegado al suelo, a la nieve y a la tierra, pegándose a ella también.

Antes de siquiera alcanzarla unos seres claramente no humanos la taclearon y amarraron, sintió un frio y pesado metal en sus manos, seguramente el mismo con el que la habían amarrado antes, una vez reducida fue conducida hacia el frente de lo que parecía una ceremonia, había velas y cantos bajos por parte de los seres de baja estatura, su piel era gris, sabía quiénes eran.

A un lado, inconsciente y golpeado se encontraba Kristoff, amarrado en un potro de castigo, con la piedra que contenía el alma de Hans colgando de su cuello. Contiguo a él habían dejado a Anna de la misma forma solo que esta medio consiente seguía tosiendo sangre y derramándola por todo el lugar.

Miro con horror que quien estaba guiando toda esa locura era nada más ni nada menos que gran Pabbie que solo la miro con ojos fríos e inexpresivos.

Con un falso tono de disculpa comenzó a decir –lamento que todo haya acabado así, se supone que nadie debía sacar a la bestia, que nadie debía molestarla de su lugar, pero tu hermana no solo la libero y la trajo hasta este lugar, sino que ahora a traído a alguien más

-¡¿De que estas hablando?!- intento mantener la compostura pero solo quería soltarse y aniquilar a aquel troll.

Gran Pabbie iba a comenzar a hablar pero Mikerus lo cayo – yo le explicare maestro – ante este nombre gran Pabbie bajo la mirada hacia un montón de papeles que tenía regado sobre una caja de madera.

-Veras Elsie, cuando Anna pensó que había derrotado a la bestia dentro de la cueva y que había sacado el cristal de Joan y todo eso, realmente lo que hizo fue liberar parcialmente el sello, el maestro de Mik y de mí se dividió en 3 partes cuando fue encerrado allí, la primera fue para gran Pabbie y sus ascendientes, la segunda escondida en la piedra que usaba el idiota de Weselton y la tercera, ante ti la tienes – la cara de estupor por parte de la monarca complació al de pelo azabache.

-¿De verdad creíste toda esa mentira de que si nos llamabas por nuestro nombre nos controlarías y que habíamos venido de un meteorito?, "los que saben la verdad" fue un invento mío, todo fue una fantasía para que alguien intentara romper el sello de la cueva, ya que, ninguna de las tres partes que quedo fuera era lo suficientemente fuerte, así que fui guiando a través de los siglos a distintas personas, la ambición del hombre es igual que hace tantos años cuando llegue aquí – el chico de cabello negro poso su mano sobre la mejilla de la de piel nívea y esta solo hizo su rostro hacia un lado tanto como sus captores dejaron que lo hiciera,- yo solo puse las semillas, el ser humano las rego, cuido y cultivo, nadie está libre de ningún pecado pequeña, y el suyo junto con la necia idea de que debía resolver las cosas de tu pequeña ha sido lo que hemos esperado por años.

-¿Qué quieres de mí?- le dijo al ver a Anna toser con más fuerza dentro del potro de castigo, -te daré lo que quieras pero déjala vivir.

-Eso es demasiado arriesgado Elsie, bastante la verdad más ahora que tu hermanita atrajo al buscador… - miro a gran Pabbie para que el siguiera la explicación.

-Elsa… el buscador es un ser casi tan antiguo como el mundo, busca a las personas que hayan estado en contacto con la magia y las elimina de la historia, borra cualquier registro y además elimina su existencia, no solo su vida sino su alma para que no puedan existir más… - explico apresurado el troll con palabras tartamudean tés.

-Y eso explica lo que le hicieron a Kristoff – el anteriormente nombrado seguía inconsciente quejándose levemente.

-No querida Elsa – dijo el joven acercándose al rubio y acariciando su cabeza – nosotros lo salvamos del buscador, "hermoso como un ángel, letal como la peste, si tus ojos se posan en los suyos habrá de ser tuya la muerte", es un viejo refrán entre las criaturas que conocen su existencia, - este fue el resultado de cinco minutos en manos del buscador. Se alejó del inconsciente rubio para hacer una señal de poner arrodillada frente a los dos que estaban amarrados.

-Si pudieras tener un deseo en la vida Elsa, uno solo, ¿cuál sería? – El chico de pelo azabache aplaudió un par de veces y todos los troles comenzaron a cantar a medida que gran Pabbie conjuraba pequeñas luces que cruzaban todo el lugar, tenían formas de dragones, serpientes y halcones que peleaban entre sí, - ¿Cuál sería Elsa? – repitió lentamente el chico agachándose a la altura donde la habían dejado sus "ayudantes".

-Salvarlos a todos… - susurro sin aliento al ver como dos luces se posaban sobre ambas personas frente a ella, una naranja sobre la pelirroja, una dorada sobre el rubio, y sobre ella una blanca.

-entonces… sálvalos – el chico hundió su mano en el pecho de la rubia atravesándolo, pero esta no sintió dolor alguno, solo una sensación de liviandad total, cerró los ojos y dejo caer su peso sobre el torso del pelo azabache.

Justo en ese momento apareció un ser sacado de la más exquisita pintura, su rostro hermoso, sus ojos perfectos y su cabello de un rubio como el de los ángeles.

-Tardaste bastante buscador – susurro al unísono gran Pabbie y Mikerus.

-Solo lo suficiente amigos – dijo con una sonrisa, los trolls comenzaron a correr tropezones escondiendo la cara de aquel ser, al final solo quedaron los cuatro en presencia de aquel ser, y uno de esos cuatro ya no estaba en este mundo.