Vaya mucho tiempo sin escribir, primero que todo les quedo pedir perdón, últimamente ha pasado de todo en mi vida, eso pasa cuando uno tiene un mal diagnóstico de un doctor que está aprendiendo que confunde bipolaridad con depresión, pero en fin, aquí estoy con ganas de finalizar esta historia que me ha acompañado a lo largo de varias etapas en mi vida, quiero darles las gracias a todos, sus ánimos, sus mensajes, el ver que a pesar del tiempo hay gente que se inscribe, es realmente hermoso.

También quiero anunciar que esta historia está próxima a su final, esta semana termina, así que disfruten y seguramente estaré trabajando en otros dos proyectos que tengo, pero no quiero adelantar nada y lo subiere todo cuando lo tenga listo, a menos que quieran capitulo a capítulo, no sé, yo escribo para ustedes, muchas gracias nuevamente por la espera.

Claerence Henki


Se sintió liviana como una pluma, tranquila y en soledad, sentía el viento, el frío y sueño, ni siquiera tenía fuerza para abrir los ojos, aun así estaba calmada, sin saber dónde estaba.

De pronto sintió unos brazos tomándola y posicionándola en una especie de cama, se sentía suave al tacto.

-Vaya, no pensé que tendrías el valor de estar aquí -, aquella voz la hizo abrir los ojos de par en par, frente a ella estaba Mikerus, el chico de pelo azabache que realmente odiaba, intento lanzar un rayo de hielo pero de su mano no salió nada -, no tienes poderes aquí Elsa, estamos en el reino espiritual, - la aludida lo miro totalmente confundida.

- Pero… pero tú estabas, y le diste a Anna… eso… y el ritual… -, Mikerus sonrio.

-Así que te gusto mi copia, trabaje mucho para que fuera lo más real posible, bueno sin Mikailus no habría servido -, la de piel nívea lo seguía mirando confundida -, te explicare lo detalles, no te preocupes por Anna, la "sangre" que viste es parte de la posición que le di, es tan solo una posición de sangre falsa, le puse algunas cosas para que sus heridas se curaran pero más allá de eso no está en peligro.

-Pero, ellos están en un ritual, ahora mismo… - la rubia se levantó y se sorprendió ante lo que vio, su cuerpo apoyado sobre Mikerus, a Pabbie mirando a algo o alguien, Anna amarrada, Kristoff inconsciente y al darse la vuelta vio a un ser que no tenia palabras para describirlo -, no entiendo.

-En el mundo espiritual no transcurre el tiempo ni afecta el espacio, estamos en un lugar donde no nos pueden ver o atacar -, Mikerus se adelantó y camino hasta quedar al lado de aquel tipo tan perfecto a la vista -, este de aquí es "el buscador", ¿hermoso verdad?, este hijo de puta ha borrado a tantos de la vida que te sorprendería lo poco que sabes sobre la verdadera historia de este mundo, magos, brujas, curanderos, sabios de la naturaleza, seres mágicos, y aún más, a todos los ha borrado de una u otra forma.

-Espera, si borra todo rastro, ¿Cómo lo recuerdas tú? -, Mikerus soltó una risa algo amarga.

-Ya te dije Elsa, en el mundo espiritual no hay nada que pueda hacer este hijo de puta -, la de piel nívea lo miro con sorpresa -, así es Elsa, he llevado mucho tiempo muerto, tal vez cientos de años, tal vez 10 minutos, ya no puedo recordar nada sobre lo que llaman tiempo.

-Entonces si estoy aquí… - Mikerus asintió lentamente -, pero si estás muerto, ¿Quién es ese? -, señalo a un Mikerus estático en la escena sobre el cual descansaba su cuerpo.

-Esa es una marioneta que cree hace mucho, ahora tenemos todo el tiempo del mundo así que te explicare desde el principio, cuando termine te daré a elegir dos cosas, tu eres libre de decidir que harás, no hace nada para obligarte, ya suficiente hice con hacerte venir hasta aquí -, Mikerus se sentó en el suelo y le hizo una seña para que hiciera lo mismo. Con cierto resentimiento Elsa se sentó frente a él, no confiaba en lo que escuchaba pero supuso que no tendría de otra.

"No todo lo que escuchaste es mentira, lo dije de esa forma para causarte el impacto que necesitabas para que estuvieras aquí.

Es verdad que somos demonios, es verdad que venimos de un lugar más lejano que este mundo, lo del meteorito y "los que saben la verdad" fue invento mío para mantener alejada la atención de los curiosos del verdadero mal que te voy a contar.

Hace mucho tiempo, un ser humano sediento de poder invoco a un demonio, este demonio tenia a dos ayudantes a su haber como todos los demonios, les entrego magia a él y a los suyos para que hicieran lo que quisieran, el demonio solo quería almas, no le importaba nada más, pero sus ayudantes se rebelaron contra él, protegieron las almas de los seres inocentes que pudieron, ayudándolas a cruzar al otro lado antes de ser devoradas por su señor, pero un día el señor de ellos los encontró, y uno de ellos dio su vida para proteger a su amigo.

Al ver esto el amigo que sobrevivió, viendo que su destino seria el mismo, hizo algo que nadie se había atrevido a hacer. Llamo al buscador.

El demonio horrorizado por el destino que le tocaría, se protegió con las almas que quedaban dentro de una cueva, dejando a todos los inocentes transformados en cristales, que le serviría de refugio en caso de que el buscador llegase, ya que él no ataca a las almas inocentes."

-Tú te sacrificaste por Mikailus -, el azabache sonrio.

-La verdad ese no es su nombre, tampoco el mío es Mikerus, pero nuestros nombres no pueden ser pronunciados en este mundo, les faltan algunas letras -, Elsa mantuvo silencio -, no sé cómo Mik logro encontrarme aquí, uso casi todo el poder que le quedaba para crear esa marioneta que vieron, puedo controlarla desde este mundo e interactuar con todos pero es cómo usar un disfraz, no siento nada, por eso tus rayos no me hirieron.

Elsa recordó lo de los rayos y como a pesar de tener un brazo totalmente congelado el seguía caminando hacia ella como si nada.

-Por usar casi todo su poder Mik quedo con esa curiosa forma, recuerdo que la primera vez que lo vi estalle en risa, un gato, yo habría elegido algo un poco más… digno… tal vez un perro, o una ave, o un caballo, me gustaba correr antes -, Mikerus parecía abstraído en sus pensamientos, por lo que la de piel nívea decidió hacer una pequeña tos en señal de que continuara con su explicación -, oh perdona Elsa, aquí la melancolía es una de las cosas que te hacen abstraerte mucho del mundo, en fin, basta de cursilería barata y romanticismo pobre, la razón por la cual te traje aquí es muy simple, el buscador debe eliminar a mi antiguo maestro, a mí, a Mik y a Pabbie.

-¿Qué? -, Elsa quedo sin aliento por un segundo.

-No pertenecemos a este mundo, tampoco podemos volver al que pertenecemos, Pabbie fue tocado por la magia y su existencia significara que sus descendientes también tendrán magia, esto significa que siempre existirá la posibilidad que pase otro demonio a tu mundo, y todo el ciclo se repita inevitablemente – Mikerus se levantó ofreciéndole su mano a la monarca – no estés triste, cuando todo esto termine no nos recordaras, ni recordaras nada de esto.

Elsa acepto su mano y se levantó pero un miedo se apodero completamente de ella, estaba muerta, su cuerpo había sido atravesado y seguramente no habría forma de volver - Mik, si estoy… aquí… ¿podré volver de alguna forma?

El ser de pelo oscuro la miro con tristeza en sus ojos – bueno, hay una posibilidad de que vuelvas, pero primero debes tomar la decisión que te dije en un principio, ahora sabes que es lo que paso en verdad, que en la cueva no habían sellado al demonio sino que él mismo se encerró, de que no estoy vivo pero Mik si, de que el buscador era nuestra prioridad para acabar con todo -, Mikerus se detuvo para tomar un largo respiro -, las llamas que están sobre tu amada y tu amigo los protegerán, demuestran su pureza y el buscador los ignorara.

Miro la imagen congelada donde dos llamas estaban sobre su Anna y Kristoff, pero noto que sobre su cabeza también había una, de color blanco al parecer -, la mía significa que tengo magia ¿verdad? -, Mikerus asintió - ¿desapareceré?

-Si las cosas siguen como están, sí. Elsa, debes elegir ahora – El chico de pelo azabache la miro seriamente – tú dijiste que los querías salvar a todos, tendrás solo una oportunidad para ello, Mik y yo podemos darte todo lo que nos queda de poder y energía para que vuelvas al mundo de los mortales y te enfrentes al buscador, pero no para atacarlo, sino para guiarlo hacia el objetivo principal, Pabbie ya tiene listo un portal por el cual podrás pasar hacia la cueva y seguramente el buscador te seguirá, una vez dentro usa esto.

Delante de ella, colgando de una de las manos de Mikerus estaba "Joan", pero se veía diferente, parecía ser más liviana, como etérea y poseía un cristal en el centro de esta – espera este cristal, es Hans – miro al chico de cabello oscuro – él siempre estuvo de acuerdo en ofrecerse para esto, sabía que su contacto con mi antiguo maestro le había despertado la curiosidad por salir de la cueva y volverse dueño del mundo de los vivos, no por nada era el demonio de la codicia, Mammón, - sintió un escalofrió frente al nombre, no lo conocía, pero sintió cierta maldad encerrada en esa palabra.

-¿Cómo Hans supo sobre esto? -.

-Lo contactamos hace unos años, aun cuando estaba bajo el dominio de Weselton tenía momentos de lucidez donde le explicamos todo a grandes rasgos, uno de nuestros últimos encuentros fue unas semanas antes del torneo, él nos dijo que dispongamos de él de la forma que más sirviera para detener esta locura, ya había causado suficiente daño y no quería seguir causando más -, la voz de chico se notaba llena de tristeza -, cuando el destino llama no hay mucho que podamos hacer.

Elsa tomo la espada y la levanto, realmente era liviana y fácil de manejar, no como cuando los ayudantes del reino se la trajeron y casi se le cayó por el acero de su hoja.

-Joan y todos los demás antes… - el azabache negó con la cabeza.

-No sabían toda la historia, necesitábamos a alguien con la maldición para hacer frente a esto, sin ese poder, era simplemente condenar a todos al olvido.

-Entonces esta es mi primera opción, salir a cumplir mi destino deteniendo a la bestia que causo todo esto… ¿Cuál es la otra Mik? – El joven se vio bastante incomodo ante lo que tenía que decir.

-Bueno, esta vuelta será temporal, no podrás volver a vivir con Anna y los demás – Elsa lo miro con terror, "dejarla, dejar a mi Anna sola, pero si no lo hago…", miro a Joan descansando entre sus manos – tu segunda opción sería que me dieras tu poder a mí, volverías a ser humana, sin rastro de magia, te devolvería a la vida restaurando tu herida, y el buscador nos eliminaría a gran Pabbie, a Mik y a mí.

La de piel nívea miro al chico frente a ella, estaba tan entregado a su destino que no parecía dudar en ningún momento de ninguna de sus palabras, "no le importa que lo eliminen, no le importa si le cuesta su existencia, pero Anna, no soy como él, tengo mucho que perder, pero si no lo hago otras generaciones pasaran por esto", mordió su labio con impotencia y apretó el mango de "Joan" con fuerza, quería la respuesta pero su mente le decía una y su corazón otra.

-Mik -, el aludido la miro esperando su respuesta – si elijo la primera, podre despedirme de Anna, ¿cierto? – el joven solo suspiro con pesadez.

-Lo hará más difícil – susurro el de pelo negro con un hilo de voz.

-Es lo que deseo, - le dijo de vuelta la de piel nívea con lágrimas en los ojos – aun quiero salvarlos a todos, de ser necesario, tomare la primera opción-. Se sorprendió en sus palabras, sonaba como si fuera Anna, "parece que me traspasaste un poco tu valor necio y tonto, Anna".

Entendiendo su mensaje, Mikerus se acercó a Elsa extendiendo su mano – Fue un placer Reina Elsa – la de piel nívea le sonrio tristemente de vuelta.

-El placer es mío, Sir Mikerus -, levanto su mano para tomar la de Mikerus y este le sonrio cuando las estrecharon.

-Suerte del otro lado-


En el mundo de los mortales Mikerus había dejado el cuerpo de Elsa tendido en el suelo para luego darse vuelta hacia el buscador.

-Vaya, mira que guapo estas, ¿a cuántos haz asesinado hoy? -, el buscador que parecía un ángel con su pelo rubio y ojos azul profundo, rio de forma burlona.

-Sé que te has estado escondiendo en el mundo de los espíritus Mikerus, nadie puede recordar lo que acabas de decir – luego de contestar con melodiosa voz aquel ser desenfundo una espada que parecía estar hecha de oro puro, se sentía un extraño poder irradiar desde su interior, tanto que el ambiente parecía comenzar a volverse más pesado.

-Eso es mentira, yo sé todo sobre ti – espeto gran Pabbie señalándolo amenazadoramente – muchos ya te conocen maldito ángel caído.

-Me hieres Pabbie, solo elimino del mundo lo que esta corrompido, protejo a almas inocentes de las enseñanzas que no son del padre creador de todo – se acercó a Pabbie lentamente levantando la espada hasta colocar la punta en la nariz del troll.

-Tal vez debería empezar contigo primero, tu raza esta maldita en varios sentidos, eliminar una puede que les sirva para encontrar la sagrada redención – una risa lo saco de balance, era Mikailus que ahora estaba en el hombro de Mikerus.

-¿redención?, eliminar los errores no es redención, es escapar de tus putos problemas, no importa a cuantos seres mágicos inocentes elimines, siempre existirán al igual que los normales, no puedes destruir el orden del universo solo por tu maldita y trastornada "redención" – el ser frunció el ceño y su rostro se transformó de puro y amable a una mueca de desagrado e ira.

-¡Ustedes mismos han condenado a estos tres pobres seres de luz!, ¡No vuelvas a hablarme con tu asquerosa boca demoniaca! – Mikerus rio junto a Mikailus.

-Bueno señor "soy la luz", ¿harás tu trabajo o tendré que auto eliminarme? -, dijo con voz burlona Mikerus, esto enfureció finalmente al buscador quien se abalanzó sobre el joven, este se lanzó hacia atrás. El buscador no noto que los dos demonios se habían desvanecido y ahora estaba una mujer rubia cubierta de hielo frente a él.

-¿Quién eres? – parecía contrariado, como si hubiera visto un fantasma.

Elsa nunca había sentido algo como eso, era como su poder pero muchas veces multiplicado por sí mismo, no le respondió al ser y tan solo corrió de él hacia donde le indicaba gran Pabbie dejando un rastro de hielo atrás de ella.

Cuando cruzo aquel portal pudo ver como gran Pabbie le hizo un gesto de despedida, decidió darse vuelta al notar como un filo dorado se acercaba a él. Luego no recordó quien era ese troll que la saludaba.

Al pasar se encontró en aquella cueva cubierta de cristales que brillaban al unísono con Joan, pudo ver las paredes falsas en las que los cristales brillaban más fuerte, como indicándole un sendero, levanto su mano y con fuertes ráfagas de hielo se deshizo de las paredes dejando pedazos de cristales y hielo a su lado, el buscador estaba justo atrás de ella, podía notarlo por el sonido de su espada cortando el aire.

Llego a la pared final, lanzo una última ráfaga de hielo y lanzo a "Joan" quien rompió el hielo y todos los cristales que protegían ese lugar.

De su interior salió un olor nauseabundo a azufre y sangre, un líquido negro y viscoso se esparció por el suelo junto con cráneos y animales muertos. Dentro un ser de aspecto horroroso con alas negras y piel quemada salió, su rostro totalmente deformado y cubierto de pelo logro mostrar su asombro al ver al buscador delante de él quien lo miraba con asco.

-Maldita puta… - escupió venenosamente con el instante que le quedaba y término siendo eliminado por la espada de oro del buscador.

Inmediatamente luego de esto las paredes de la cueva se llenaron de pequeñas luces, todos los cristales se habían roto y dejaban libres a todas las almas que llevaban años atrapadas, quizá milenios. Elsa noto que "Joan" se deshizo en su mano, también como el cristal que contenía a Hans se partió para dejarlo ir, no sin antes este aparecer para hacer una pequeña reverencia y desaparecer.

-Supongo que debo darte las gracias – pronuncio el buscador notando como las almas subían traspasando el techo de piedra y tierra, - de no ser por ti no hubiera encontrado a este ser ni habría podido eliminarlo.

-No me lo agradezcas a mí, agradécelo a Mikerus y Mikailus, ellos fueron quien te llamaron e idearon todo esto – el ser se dio vuelta y la miro con sus ojos profundos enfundando su espada.

-Empezare a reconsiderar la verdadera naturaleza del mal, no todo es lo que parece – le sonrio con un gesto tierno como si fuera un niño.

-No todos cumplen el destino para el que se supone fueron concebidos – reflexiono la rubia junto con aquel ser.

-Sabes que no puedo dejarte aquí, ¿verdad?, - Elsa asintió con una sombra sobre sus ojos, era su momento, - entiendo que amas a tu hermana de una forma que en lo personal consideraría un pecado, pero veo que tu corazón y el de ella son puros totalmente, desearía que vivieran un amor así por mucho tiempo, sentimientos así no se encuentran con frecuencia.

-Si sientes que te debo algo, solo permíteme despedirme de Anna, luego podrás hacer con mi alma lo que quieras – el ser la vio y pronuncio un "hecho" y ahora se encontraba en la habitación que compartieron de niñas con Anna, ella estaba tirada en su cama.


Anna se sintió pesada, era como en sus sesiones de entrenamiento cuando se pasaba de la raya y terminaba durmiendo por más de dos días, todo le dolía pero un aroma suave de alguien le despertó totalmente.

-¿Elsa? – pregunto levantándose con un poco de dificultad, "rayos, no volveré a entrenar tanto", de pronto recordó todo de golpe, Mikerus golpeando a Elsa, el ritual, Kristoff y Elsa, siendo atravesada por una mano, - ¡¿ELSA?!

-Tranquila estoy aquí tontita – vio cómo su Elsa estaba sentada a su lado en la cama, está la miraba con una mescla de ternura y tristeza, Elsa nunca pudo esconderle sus sentimientos aun cuando ella creía que sí.

-¿Qué paso?, fue… ¿un sueño?, - se giró para todas partes intentando ver si había algún indicio de lo sucedido, pero solo encontró su cuarto como siempre había estado, lo único es que era de noche, como las noches que solía despertar a Elsa porque "el cielo estaba despierto".

-Eso pasa por comer mucho chocolate antes de dormir, - Elsa simulo regañarla y Anna rio tontamente.

-Deja eso, hablo enserio – Elsa se acercó más a su lado y acaricio su rostro, extrañamente sus manos no estaban frías - ¿Elsa que tienes?, me estas asustando.

-Bueno, ya eres grande "mi pequeña Anna" como para decirte la verdad – le sonrio dolidamente – he venido a despedirme.

-¡¿QUÉ?! –La pelirroja sintió como se le acabo el aire, -¡¿Por qué?! – Ni siquiera espero la respuesta cuando comenzó a llorar, mojando la mano de Elsa que estaba sobre su mejilla, - ¿no me amas?

Elsa no pudo contener más las lágrimas, tomo con ambas manos el rostro de su Anna y acorto el espacio dándole un lento y necesitado beso – no, nunca dejare de amarte, nunca -, ahora era Anna quien se lanzó sobre ella besándola, cayendo sobre ella.

Sin dejar de llorar la vio a los ojos con una mescla entre rabia y tristeza – entonces… ¿Por qué me dejas?

La rubia sonrio inconscientemente entre lágrimas, "Anna, eres una niña aun por dentro", - fue el precio, por salvarte, por salvarlos a todos, - la pelirroja se aferró al vestido de la mayor apretándolo bajo sus manos, escondiendo su rostro en el pecho de la de piel nívea dejando ir toda su pena, mientras Elsa acariciaba su cabello como cuando era pequeña y sufría alguna herida pro correr sin cuidado por los pasillos del castillo.

-Elsa, ¿qué hare sin ti?, - susurro con voz quebrada la pelirroja quien no quería salir de ese aferro.

-Seguir, - respondió la rubia con voz quebrada igual, - como me lo prometiste – tomo el rostro de la pelirroja para mirarla a los ojos, esta asintió y seco sus lágrimas con sus blancos dedos – Te amo Anna, ahora y siempre, seré tuya sin importar que pase – la pelirroja asintió.

-También te amo Elsie, - la aludida sonrio y tomo por la nuca a la pelirroja atrayéndola hacia sí, besándola lentamente, mordiendo suavemente su labio inferior. Anna por su parte suspiraba con aquel beso tan suave y apasionado, se estremeció al sentir la mano de su Elsa sobre su cadera para atraerla más hacia ella, gimió suavemente al sentir como sin soltarla de aquel beso arañaba suavemente su espalda – Elsa.


Despertó de nuevo totalmente agitada, estaba en Arandelle, en su cama, mirando hacia su lado izquierdo donde un extraño calor faltaba, un calor mesclado con un frio que le hacía suspirar en invierno, ese día seria su coronación, y sin saber porque, lloro amargamente todo lo que quedaba de noche hasta el día, el día en que se convertiría en la Reina Anna, del reino de Arandelle.