Hola a todos, mínimo que tenía que tenerles los últimos capítulos continuados, ojala no sientan que abandonare esta historia de nuevo, saludos y no desesperen ya va a terminar.

Claerence henki


Se levantó temprano esa mañana, no había logrado controlar las lágrimas que ahora se demostraban en un par de ojos hinchados, cubiertos totalmente por la tristeza. Pero debía cambiar, debía volverse fuerte, debía controlarse y a su vez controlar un reino entero, de un día a otro el consejo de lores le había dicho que Arandelle no podía pasar un día más sin monarca.

Aunque en su interior sentía nostalgia por cosas como sus prácticas de esgrima con Kristoff o el salir a pasear sobre Sven había algo más que acongojaba su corazón, algo totalmente oscuro, tanto que no podía verlo ni siquiera en sus recuerdos. Algo faltaba, algo no calzaba, y lo sentía en cada paso que daba y cada rincón del enorme castillo, y en las pinturas donde estaba sonriendo, como si estuviera con alguien, pero a su lado solo había un espacio vacío, como si el pintor se hubiera equivocado y no la hubiera puesto al centro.

Fue al baño contiguo a su habitación y se vio en el espejo, su rostro era un desastre, más que su cabello, pero no dejaría que la sirvienta la viera en esas condiciones, ya no podía darse ese lujo, se desvistió y procedió a bañarse con la temperatura de agua que extrañamente le gustaba ahora, helada.

No demoro mucho en ponerse la ropa ceremonial luego de su frio baño, contaba de un vestido largo color calipso con negro y una capa morada, hecha totalmente de terciopelo, el vestido estaba ornamentado con lo que parecían flores en un verde más oscuro, su cabello lo arreglo en sus dos trenzas que siempre llevaba, no tenia animo de ningún peinado ridículo de alcurnia, quería que todo terminara rápido para volver a la cama.

Al terminar y verse frente al espejo de la habitación sintió un vacío en el estómago, esas ropas tan extrañas y no suyas, pero a la vez tan familiares, recordó cuando los lores le dijeron que debía usar ese traje para la ceremonia porque era la costumbre ancestral, que su madre también lo había usado y así la madre de su madre, era tradición para las mujeres que ascendían a un puesto de poder. Pensó que el sentimiento dentro de su pecho era el de que su madre se lo había puesto en algún punto de su vida, pero no era eso, aun cuando su imaginación quería imaginar a su madre en aquel vestido otra imagen irrumpió en su corazón, era aquella aparición de sus sueños, esos sueños en los cuales no recordaba nada al despertar, solo una sensación de ahogo, como cuando pierdes algo muy valioso.

Toco el espejo a lo que su reflejo hizo lo mismo pero no pudo sentir nada, siempre aparecía esa sensación, vacío, nada, algo que olvidas y no puedes recordar.

Unos toques en la puerta la sacaron de sus pensamientos.

-Princesa Anna, sir Kristoff está aquí, pregunta si puede salir a verle -, sonrio ante tal formalidad por parte de los guardias, se había criado corriendo por los pasillos, riendo y jugándoles bromas al igual que a sus niñeras, pero ya no era una niña, ni tampoco habría juegos como antes.

Abrió la boca para decir algo como "Kristoff no seas idiota puedes entrar", pero no pudo – ya salgo -, su voz neutra tan solo le recordaba que ya nada sería igual.

Se acercó a la puerta y la abrió, delante de ella el rubio la miraba con orgullo, vestido con su armadura con aquellos cuernos de reno que le hacían tanta gracia, debía reconocerlo, cuando la vio por primera vez le dio un poco de risa, pero el grandulón se veía aún más grande dentro de aquella coraza adornada por una larga capa color beige.

-Vaya, impresionante que exista una dama debajo de esa actitud – le saco la lengua al grandulón a lo que este solo rio y fue a revolverle el pelo con uno de esos gestos de hermano mayor que le molestaban.

-Basta, tendré que peinarme esta mierda de nuevo – le dijo con falso tono de molestia a lo que el rubio solo lo hizo más fuerte.

-Ese no es lenguaje de la futura reina – vio en los ojos de Kristoff la preocupación cuando la vio, - la pesadilla de nuevo, ¿verdad?

-No es una pesadilla, es como… un recuerdo… - definitivamente no era una pesadilla, no era como cuando comía de más e iba a la cama, esto era diferente, el llanto luego de aquello era de extrañar algo, aunque no sabía que era.

Kristoff le paso uno de sus brazos por los hombros abrazándola, - tranquila, encontraremos la forma de que pare – no supo porque aquello le había dolido, era su mejor amigo, era obvio que quería que se sintiera bien.

-Me gustaría más saber qué es lo que sueño, eso me calmaría – de pronto vio al frente de ella una bolsa de piel, parecía contener algo dentro.

-Mi familia te manda muchos saludos, ellos querían que tuvieras esto este día – dejo la bolsa en una de sus manos con cuidado, había un objeto liviano dentro – aunque no lo creas también he estado teniendo pesadillas como las tuyas, al despertar no recordaba nada.

La pelirroja se extrañó ante su comentario en pasado, - ¿Por qué hablas así como si ya paso? – el rubio señalo la bolsa que ahora tenía en su mano.

-No quería darte falsas esperanzas, Bulda me lo dio y dijo que le ayudaba a dormir en las noches, es una especie de joya extraña, cuando la use pude ver algunas cosas raras – vio como el rubio cambio su semblante a algo más serio y triste – ¿has notado que nos hace falta algo?, pareciese que algo no alcanza, algo…

-Que parece que olvidamos – contesto inconscientemente la pelirroja antes de sacar lo que había en la bolsa, era un extraño copo de nieve esculpido en una piedra transparente como el hielo, un extraño frio emanaba de él, - ¿Qué viste con él?.

-Solo cosas sin sentido, una chica de pelo blanco, un troll que en mi vida he visto, y algo que parecía un muñeco de nieve, también a un chico pelirrojo, pero no lo sé, no tienen sentido para mí pero al menos al saber que estaba soñando me ayudo a volver a conciliar el sueño – tomo la piedra que estaba sujeta por una pequeña cadena de plata y se la puso en el cuello – tal vez con esto sepas que has estado soñando y con eso puedas volver a dormir – el grandulón le sonrio como siempre y le ofreció el brazo para que caminaran, - ahora "my lady", si me permite conduciros a vuestra coronación.

En ese momento Anna olvido toda la amabilidad que le había nacido por aquel obsequio que simplemente le golpeo por detrás de la rodilla logrando que el grandulón cayera con un fuerte sonido metálico, - aun puedo defenderme "siiiiiir" Kristoff – aunque fingía estar molesta el rubio le sonreía.

-Esa es la Anna que conozco – se levantó sacudiendo la capa atrás de si y caminando al lado de la pelirroja, ahora hablando banalidades como que Sven se había vuelto a robar las zanahorias de su vecino en el pueblo.


Aquella charla había sido tan reparadora que cuando llego a la capilla donde se efectuaría la coronación se le había hecho un suspiro, cuando estuvo frente a las puertas suspiro largamente, los guardias le hicieron un gesto formal y le abrieron la puerta de par en par, al final del pasillo estaba el sacerdote con la corona y los símbolos reales. Se sintió débil por un segundo pero Kristoff le dio un pequeño empujón indicándole que estaba a su lado y así la acompaño hasta el altar donde todos estaban esperando por su nueva reina.


Todos los habitantes de Arandelle estaban felices bailando en el ante jardín del castillo, también había gente de otros reinos con altos rangos pero la nueva reina Anna no permitiría que ninguno de sus amigos quedara fuera de aquel momento, no por nada era conocida como la princesa del pueblo. Sonrio al ver a todos animándola con sus reverencias y buenos deseos, igual los nobles la saludaban y le daban sus buenos deseos, tanta gente preocupada por ella era abrumador pero reconfortante.

-¡Annaaa! – sintió su nombre entre la multitud, era su prima Rapunzel que venía con su esposo, no recordaba bien su nombre, seguramente era porque en las cartas que se habían estado enviando los últimos meses solo hablaban de los sueños raros que había tenido Anna y Rapunzel la reconfortaba de vuelta con cada línea que podía.

- ¡Rapunzel! – corrió a abrazarla, se sentía feliz de verla luego de tanto tiempo.

-Mírate, reina de Arandelle, es increíble – la chica de ojos verdes y cabello castaño la miraba por todas partes, se sintió como un bicho raro por un momento pero soltó una carcajada cuando se quedó mirando su corona mucho rato, - si parece que tienes todo en orden para ser una reina.

El chico de pelo castaño y barba solo sonrio moviendo la cabeza, se notaba que estaba acostumbrado a reacciones como esa por parte de su esposa.

La chica la soltó para mirar sobre su hombro, -¡nooooo!, no me habías dicho nada Anna, ¿ah? – Anna la miro extrañada y se dio vuelta para ver a Kristoff detrás de ella, - ¿y para cuando es el matrimonio?

Ambos se miraron y explotaron en risa, tanto que Kristoff cayo de rodillas tomándose el estómago.

La de pelo café los miro algo confundida, - ¿me perdí de algo?

-Creo que no notaste que son amigos – hablo finalmente el acompañante de Rapunzel.

-Pero Eugene, míralos, se ven tan bien juntos – Eugene solo le dijo que lo entendería cuando fuera mayor, Rapunzel tan solo le pregunto un millón de veces que le explicara cómo lo supo y le enseñara su truco.

El rubio un poco más repuesto se levantó y extendió su mano para saludar Eugene, - Kristoff, un placer – al tomar la mano del chico este se quejó retirándola casi de inmediato del agarre – perdón a veces no controlo mi fuerza -, sonrio apenado el grandulón a lo que el aludido solo sonrio incómodo.

Rapunzel la tomo del brazo y la llevo a un lado mientras los chicos conversaban, caminaron por el antejardín hasta entrar al castillo, dejando atrás a la multitud.

-Tu si sabes armar una fiesta Anna, deberías venir a ver el festival de las luces este año e invitar a todos tus amigos, aunque sería difícil trasladarlos a todos – su prima tenía esa misma actitud inocente de ella, ambas veían el mundo de una forma sencilla y fácil.

Rapunzel se sentó en el suelo cerca de una ventana, - ven – la llamo como si fuera un perrito así que cuando se sentó a su lado la empujo un poco, - vaya ya comienzas a tener el ánimo de la realeza – ambas rieron casi al instante.

-Perdón prima, no he tenido muchas noches tranquilas desde que esos sueños empezaron – la de pelo café saco de una especie de bolso que traía una tarjeta como las de invitación pero mucho más vieja que cualquier papel que había visto en su vida.

-Sé que será una locura, pero mientras buscaba información de tus sueños encontré a un tipo que dice que puede interpretar cualquier sueño, tu solo debes decirle que soñaste y él te lo interpretara, tal vez él te puede ayudar, además dicen que es pintor así que si le describes algo de seguro lo pintara para ti, - Anna dio vuelta la tarjeta en la cual ponía un nombre seguido de una dirección que en su vida había visto, - ya le escribí diciendo que tu querías contarle las cosas que has soñado, el me respondió justo antes de volver y me dijo que estaría esperando tu carta.

Anna quedo sin habla, realmente era un regalo muy adorable por parte de su prima, lo adoraba, pero como se supone que un interpretador de sueños iba a poder ayudarle si ni siquiera recordaba que soñaba, de pronto recordó la joya que le había dado Kristoff, seguramente con eso recordaría y al decírselas a aquel sujeto por fin entendería todo.

La de ojos verdes tomo sus manos con fuerza, como queriendo transmitirle toda su energía, - solo espero que esto te ayude Anna, no quiero verte apagada y distante, tu eres como el sol de Arandelle, para todos los que viven aquí, pero más importante para ti misma, - vio como la chica soltaba alguna lágrimas de emoción y la abrazo.

-Gracias por esto – susurro bastante emocionada con todo el apoyo que le había dicho Rapunzel, aprovechando su hombro lloro lo que le había quedado pendiente durante la mañana.


Ya había llegado la noche al reino, después de despedir a la mayor parte de los invitados y pedirle a los sirvientes que los llevaran a sus habitaciones la pelirroja se dispuso a caminar hacia la suya, estaba nerviosa, esta podría ser la noche en la cual entendería por qué despertaba de esa forma, su nerviosismo fue tal que cuando se recostó el sueño no llegaba a ella.

Se dio varias vueltas en la cama intentando conciliar aquello que parecía tan esquivo en ese momento, encontraba que incluso el collar que tenía la joya le pesaba, así que decidió sacarla y ponerla bajo su almohada, cuando hizo esto cayó en un sueño tan profundo que ni siquiera entendió en que momento se durmió.


Se encontró a sí misma en una habitación que usaba de niña, siempre la encontró demasiado grande tan solo para una niña, era como si sus papas hubieran estado planeando tener dos. La luz de la luna entraba por la ventana e iluminaba a duras penas el cuarto, al levantar la vista noto la silueta de alguien que estaba frente a la ventana, estaba a contraluz por lo que no podía ver sus detalles, tan solo vio una melena de color blanco atada por una sola trenza, unos ojos azules gélidos como el hielo, y una piel tan blanca que cualquiera diría que aquella mujer frente a ella era un fantasma.

Sintió mucho miedo, tanto que se alejó de aquella imagen hasta quedar pegada a la puerta de la habitación, su cabeza había empezado a dolerle y no sabía porque, cerró los ojos con fuerza pero al abrirlos noto que aquella mujer estaba a unos centímetros de ella sonriéndole de forma tan tierna que casi sintió que la conocía de toda la vida, extendió su mano para tocarla, a lo que la de piel nívea también hizo, cuando sus dedos se tocaron sintió un ruido muy fuerte que la hizo perder la conciencia.


Despertó como todas las otras noches, agitada sin saber dónde estaba, pero ahora recordaba algo, a una mujer rubia, más bien parecía hecha de hielo, pero debía ser una locura, fue solo un sueño, nada más.

Alguien toco a su puerta, en ese instante noto que era de día, parecía que era incluso más allá del medio día, se levantó rápidamente, tanto que cayó de bruces al suelo por estar todavía enredada a las sabanas, se puso su vestido negro con verde como de costumbre y corrió hacia el despacho de la reina, ahora ella lo era así que era su despacho, en su carrera le pidió a un guardia que trajera al mensajero cuanto antes.

Entro en la habitación y se sentó en el elegante escritorio de madera, saco un rollo de pergamino y comenzó a escribir rápidamente todo lo que había soñado, los detalles estaban totalmente al azar, incluso parecía que era ella hablando normalmente, o más bien divagando.

Al finalizar la carta recordó que la dirección no la tenía, pero al abrir uno de los cajones estaba una tarjeta parecida a la que le entrego Rapunzel con una pequeña nota.

"Sé que perderás la original así que te deje una copia, mejórate pronto prima

Con amor Rapunzel"

Sonrio ante lo tierna que podía ser su prima, realmente parecían hermanas en ese sentido, termino rápido de anotar la dirección en un papel y el mensajero llego justo, agotado y casi desmayándose por la carrera que había hecho.

Anna se sintió culpable y fue a ayudarlo pero el solo sonrio y se puso firme de nuevo, recordó su nuevo puesto en Arandelle, aun así le pidió perdón tantas veces que ya no podía contar los "no importa" del hombre quien luego de recibir el papel y pedirle algunos mapas que él mismo busco, porque ella no tenía idea donde estaban, salió corriendo seguramente a encontrarse con aquel misterioso tipo.


Las semanas pasaron y se transformó en un mes completo, aun no tenía ninguna noticia ni de su mensajero ni de aquel extraño tipo, pensó que tal vez se había perdido, había sido atacado o peor, pero Kristoff siempre la animo a pensar que seguramente la demora era porque le traerían algo importante, ella solo asentía e intentaba sobrellevar todo.

Los sueños habían desaparecido, ahora soñaba las mismas cosas de siempre, pero esa sensación de haber visto a aquella mujer rondaba su cabeza siempre que se encontraba sola, leyendo alguno de los aburridos papeles del reino o antes de dormir.

Ese día era el comienzo del invierno, estaba sentada en una de las bancas del jardín del castillo, aun no había decidido usar su vestido para el frio, ese día quería sentirlo por alguna razón.

Kristoff se hizo presente arrojándole sobre los hombros una gruesa manta que casi la hace caer de la banca, - Kristoff esto huele a Sven – el rubio sonrio revolviéndole el pelo.

-Lo sé, dijo que te prestaba su manta para dormir en caso que tuvieras frío – de inmediato se sacó la manta y se la lanzo por la cabeza al grandulón quien también casi cae de la banca, realmente pesaba mucho esa cosa, - era broma gruñona, es mía y bueno tal vez deje dormir a Sven en la cama un par de veces y tiene un poco de su olor.

La pelirroja lo miro sin poder contener más la risa, - ¿y de cuantas veces estamos hablando?

El rubio pareció pensativo un par de minutos, - tal vez, dos a tres veces, por dos meses, mmmm, no soy bueno en matemáticas tu eres buena en esas cosas, - el rubio bromeo y dejo la manta a un lado.

De pronto un sirviente vino corriendo a su encuentro.

-Reina Anna, el mensajero volvió, - Anna se puso de pie inmediatamente y corrió hacia el castillo con Kristoff detrás.

En efecto, en la entrada del castillo estaba el mensajero, con una barba bastante larga al igual que su pelo, traía otra ropa totalmente diferente, y ahora llevaba una carreta tirada por un caballo. Al ver a la reina se arrodillo frente a ella pidiéndole perdón y que no esperaba que demorara tanto, - Reina, ojala lo hubiera conocido, ese tipo es asombroso, ¡arreglo todos los problemas que tenía!

El tipo parecía eufórico, aun cuando estuvo lejos de casa por un mes completo donde casi todos lo dieron por muerto.

-También envió dos cosas para usted, dijo que no podía verlo hasta entregárselo así que cumplí al pie de la letra todo lo que me ordeno, - el hombre busco en un bolso de piel que llevaba, de dentro saco una carta, se entristeció al ver que no era muy voluminosa, pero tal vez su sueño tenía una explicación simple, - también dijo que cuando abra la carta y lo otro que le mando estuviera completamente sola.

La pelirroja lo miro con algo de extrañeza, pero el hombre era completamente transparente así que le pidió a algunos soldados que movieran el extraño cuadrado envuelto en papeles hacia su estudio, también dejo que el hombre fuera con su familia y se quedara todo el tiempo que quisiera, este le agradeció profundamente y se fue.

Al llegar a la sala los hombres dejaron la pesada carga contra una de las paredes, no sabía que era pero su corazón latía a mil por hora.

-¿Estas segura? - le dijo el rubio quien le había tomado el hombro, su expresión era una mezcla de angustia y pesar.

-Nunca había estado tan segura - le dedico una sonrisa dentro de su nerviosismo y entro en la habitación.

Cerro despacio la puerta tras de sí hasta sentir el clic del pestillo contra la cerradura, miro la carta en sus manos y temblando la abrió con el abridor de cartas, realmente estaba nerviosa porque casi se cortó los dedos dos veces. La abrió lentamente.

"Reina Anna:

Me presento, soy Kim, no es necesario que sepa más sobre mí.

Por lo que he leído en su relato claramente es una memoria reprimida sobre algo que paso, debo decir que la razón por la cual olvido aquello y todos lo hicieron alrededor suyo es por algo importante. Pero no desespere. Puedo decirle que no debe temer a la mujer de blanco, pues, fue algo importante para usted sin siquiera usted saberlo.

Adjunto con esta carta una representación de la mujer, necesitare más relatos si me lo permite para poder darle alguna otra respuesta más concreta, de momento le pido perdón el tiempo de espera por esta respuesta tan corta.

Espero que esta imagen traiga algo de calma a su alma, y le ruego paciencia en varios sentidos.

Kim

PD: Tendrá un cuadro cada vez que me envié una descripción si así lo desea."

Se sintió bastante desilusionada pro la carta, pero aun así no perdió el ánimo, tomo el abrecartas y con mucho cuidado quito el papel que cubría lo que ahora sabía que era un cuadro.

Cuando cayó el ultimo papel sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a llorar sin más, frente a ella, tamaño natural, estaba la mujer de blanco, su cabello perfectamente color nieve, al igual que su piel, su mirada fría pero hermosa, su vestido que ahora veía estaba hecho de hielo, la miraba de lado como intentando comunicarle algo, en la esquina inferior derecha estaba escrito en perfecta caligrafía "La reina de hielo".

Acerco su mano hacia el rostro de aquella mujer y lo acaricio como si estuviera con ella en ese momento, se quedó así mirando y pasando sus dedos por el rostro de aquella mujer que no sintió cuando la noche cayó sobre su reino.