Los meses y años pasaron, lo que fue solo una pintura termino en un cuarto completo de retratos de aquella mujer, mirando, sonriendo, mostrándose esquiva y misteriosa en cada pose que estaba representada.
Anna por su parte había adquirido el mismo color de pelo de aquella mujer en los cuadros, solo que este fue por la edad, sus manos ya no estaban lozanas y tersas, las arrugas en sus ojos y su mirada cansada evidenciaban como el tiempo había hecho mella de su cuerpo mas no de su alma impetuosa, quien le permitió resistir la pena de aquellos largos años tan solo mirando una pintura.
Aun cuando su mejor amigo y casi hermano le pidió innumerables veces que dejara ir a la mujer del cuadro ella no podía y pasaba horas mirando ensimismada las pinturas, pasando sus ya marcados dedos por los relieves del rostro de algunas, añorando como lo había hecho desde hacía mucho una palabra de esos mudos y rosados labios.
Muchas veces de joven se preguntó a qué sabrían, ¿serían fríos?, ¿serias dulces?, fantaseaba con la idea de verla en algún sueño y conversar con ella pero sin importar cuanto se esforzaba no podía sino admirarla sin cruzar ninguna palabra, tan solo rozarla para luego despertar y buscar consuelo entre las imágenes. Pero de eso hacía mucho tiempo, desde hacía un par de meses había dejado de soñar con ella, esto le hizo tener un extraño presentimiento que no quiso comunicárselo a nadie, algo le decía que su tiempo estaba llegando a su fin.
-¿Mamá? – la voz de un joven de pelo rubio y ojos verdes la saco de sus pensamientos, parecía incomodo asomado por la puerta sin llegar a abrirla completamente, de nuevo como si fuera un ritual estaba en aquella habitación con todas sus pinturas.
Se acercó a él sonriéndole con esa confianza que siempre la caracterizaba, - tranquilo Olaf, iremos a ver a tu padre en cuanto el carruaje llegue – paso su mano por el cabello del chico, realmente se parecía a su padre, alto y de buen semblante.
Recordó la noche donde había ganado un hijo por designación del destino.
Ese día iba a ser uno tan bueno de esos que no veía hace mucho, su mejor amigo de toda la vida le había pedido que ella fuera la madrina del pequeño que había nacido hace tan solo un mes, su nombre fue escogido tan solo por una broma de ella diciendo que su piel era tan blanca que parecía un pequeño muñeco de nieve, Kristoff le pregunto cómo lo llamaría y esta contesto casi sin pensar el nombre del pequeño, Olaf.
Ella misma preparo el banquete, además de invitar a todo el pueblo y a todos los nobles que pudo ordeno tener el pastel de zanahorias más grande que hubiera visto en su vida, Kristoff había sido el pilar fundamental de su vida para superar toda aquella congoja que le carcomía por las noches.
Sonrio al recordar como el rubio le había presentado a una chica del pueblo diciendo que estaba enamorado y quería su bendición para estar juntos, aquella chica de cabello pelirrojo y ojos verdes le pareció agradable desde el primer momento, aun cuando sintió cierta desconfianza por antiguas novias "no formales" que había tenido el grandulón, esas solo habían buscado el estatus que significaba ser esposa del primer caballero de la corte, en cuanto Anna notaba esto las "convencía" que dejaran solo al rubio si no querían terminar en alguna galera de guerra o trapeando pisos en un barco lleno de hombres.
Aquella chica llamada Dahlia era totalmente lo contrario, fue ella quien le pidió a él que se casaran, eso fue bastante atrevido y esa actitud termino por encantar a Anna. Demostró aún más su valía cuidando del rubio a cada momento incluso el día en que Sven había partido. Ese día fue el único día donde su amigo perdió toda chispa de alegría en sus ojos.
Termino de ordenar los platos que faltaban en las enormes mesas que había mandado a construir para ese momento, por alguna extraña razón sentía algo más ese día pero no le tomo importancia.
Luego de reunir a todos los invitados y esperar ansiosos por la llegada de los padres, Anna había planeado tan bien los detalles que hasta les pidió a los asistentes que no aplaudieran muy fuerte cuando llegaran para no asustar al pequeño. El carruaje se detuvo y bajaron los novios con la criatura entre sus brazos.
Caminaron lentamente por la alfombra que había dispuesto la reina para ellos, al llegar ambos la saludaron y dijeron que todo era una exageración.
-Nada es suficiente para mi hermano – bromeo la monarca dándole un pequeño golpe en el brazo como solían hacerlo de jóvenes – mírate, padre y con un bigote.
-Anna por favor dile que se lo corte, siento que estoy con un hombre veinte años mayor – Dahlia le había rogado tomándole las manos como siempre lo hacía cuando Kristoff estaba a punto o había hecho una estupidez.
-¡Oye!, quiero que mi hijo me vea como un modelo a seguir, - el rubio que ahora ostentaba un chistoso bigote que le cubría el labio superior, Anna solo rio asegurándole a Dahlia que haría lo posible pero que con lo obstinado que era de seguro se dejaba barba solo para llevarle la contraria.
La ceremonia fue solo para los más cercanos, amigos especiales y nobles que habían entablado una relación con la Reina del pueblo como era conocida, el sacerdote finalmente bautizo al niño y lo dio a conocer oficialmente a la comunidad, todos aplaudieron pero se detuvieron cuando Anna les dijo que no tan fuerte lo que provocó la risa del rubio.
-Algo me dice que mi hijo será el niño más consentido del mundo – el grandulón parecía tan radiante y feliz que no cabía en su orgullo de cargar al pequeño que intentaba tirarle su bigote cada vez que podía.
-Bueno tiene la mejor madrina del mundo también – se vanaglorio la pelirroja cuyo cabello ahora tenía algunas trazas de color blanco.
-No lo dudo Anna, sé que cuidaras bien de él – Dahlia sonaba extrañamente feliz con aquella frase, lo que hizo pensar a Anna lo hermosos padres que serían ellos dos.
El resto de la fiesta fue disfrutada tanto por Olaf que tuvieron que cambiarlo de ropa dos veces porque le gusto tanto el pastel, que quedo embarrado en el varias veces.
La noche cayo y los invitados desaparecieron lentamente, al final tan solo quedaron ellos tres y el pequeño que dormía plácidamente.
La monarca tomo con mucho cuidado su pequeña mano, susurro muy bajo para no despertarlo – buenas noches Olaf, mañana iré a verte para jugar – Kristoff le pidió a Dahlia tomar a Olaf y abrazo a la pelirroja casi aplastándola, quejándose un poco pero riendo le correspondió el abrazo.
-Eres la mejor amiga que pudiera tener, realmente desearía ser tu hermano de sangre – el parecía tan sincero en sus palabras que emociono a la pelirroja.
-Tonto, eres mi hermano sin necesidad de eso – ambos sonrieron y se tomaron un largo rato de las manos, finalmente se despidieron y Dahlia también le agradeció por estar siempre ahí para ellos.
Anna no necesito encerrarse en el cuarto de la reina de hielo esa noche, tan solo fue a dormir con una sonrisa en los labios como hacía mucho no lo hacía.
A la mañana siguiente unos gritos la despertaron, escucho a un guardia llamándola desesperadamente, sintió una puntada en el pecho como si fuera un puñal atravesándolo. Casi de inmediato se vistió con lo primero que encontró y salió al encuentro del guardia, este era de los que patrullaba cerca de la casa de Kristoff quien había insistido en vivir fuera de la ciudad, según por qué quería algo más natural. El hombre venia cubierto de sangre y con un bulto en sus brazos.
-Reina perdóneme, perdóneme, no pude, perdóneme – el hombre se arrojó al suelo llorando amargamente mientras un llanto hizo a Anna salir de su estado de estupor, tomo lo que llevaba el soldado y era el pequeño Olaf, quien al mirarla comenzó a reír, - Sir Kristoff me dijo que escapara, que trajera a Olaf, reina, perdóname – los sirvientes tomaron al hombre quien no tenía fuerzas ni siquiera para levantar la cabeza.
-Kristoff – dejo a Olaf con una de ellas y le pidió que lo cambiara y le pusiera ropa limpia, saco el primer caballo que encontró y, a pesar de los gritos del hombre que no fuera, dirigió a la bestia a todo galope por el reino hasta encontrar la casa.
Cuando llego sus ojos no dieron crédito a lo que vio, algunos soldados cubiertos de sangre yacían muertos en el suelo, otros ayudaban a su compañeros a intentar caminar hacia un lugar donde poder sentarse, a otros respirar su último aliento sin temor.
-¡Reina!- uno de ellos se intentó levantar pero no pudo, Anna se bajó del corcel diciéndole al soldado que no se levantara – nos atacaron, fue muy rápido nadie pudo hacer nada.
-¿Quién los ataco? – la pelirroja sentía que le faltaba el aire por lo rápido que respiraba.
-Caza recompensas, querían llevarse a Olaf o al menos eso gritaban – el soldado se quejó por la herida de la cual brotaba demasiada sangre – Sir Kristoff nos pidió que nos fuéramos pero no podíamos, él era demasiado bueno.
Ese "era" fue la confirmación de sus miedos, se abrió paso entre los cadáveres de algunos de los tipos que habían atacado la casa y descubrió lo que la horrorizo, en el suelo, tendido sin vida, yacía Kristoff, su hermano del alma, junto a su esposa.
El camino en el carruaje había sido más pesado que de costumbre, aquellos recuerdos atacaban su mente en los momentos más inoportunos.
Sintió los brazos de Olaf abrazarla como lo hacía su padre al saber que ella estaba mal, el pequeño siempre sabía qué hacer para hacerla sentir mejor.
Ella le conto la verdad desde el primer día, que sus padres habían sido sus héroes y lo habían salvado de los hombres malos, al menos le dio esa explicación hasta que el bebé se había trasformado en un joven maduro. A pesar de saber que Anna no era su madre la llamo mamá sin importar cuantas veces esta intentara que la llamara tía, de mayor le explico que él tenía dos madres, una lo había salvado y otra lo había criado.
Con su ayuda logro bajarse del carruaje, su cuerpo no era tan ágil como ella quisiera pero tener un pequeño apoyo le venía de maravilla para sus cansadas piernas, había decidido dejar a su hermano del alma y su esposa cerca de las montañas, cerca de un lago que en invierno se congelaba y parecía un espejo del cielo y donde las luces nórdicas se reflejaban perfectamente.
Se arrodillo limpiando un poco de nieve de ambas lapidas, - Hola Kristoff, ha pasado mucho tiempo desde que no hablamos – acaricio la piedra con sus manos sintiendo el frio de esta – espero que tú y Dahlia estén bien, porque juntos sé que están donde quiera que estén – le hizo un gesto a Olaf que se acercara y se arrodillo frente a las dos lapidas, el joven también lo hizo siguiendo a su madre, - Kristoff, Dahlia, quería darles la noticia de que he decidido legarle el trono a nuestro hijo.
El joven casi cayó de espaldas ante lo que había dicho la monarca – ¡pero mamá, no puedes no soy de tu línea de sangre!
-Soy la reina y puedo hacer lo que quiera – le contesto como en sus mejores años, ambos rieron y se abrazaron antes de levantarse, - nos veremos Kristoff – acaricio la piedra una última vez antes de avanzar hacia el carruaje ayudada por su hijo.
En el viaje de ida y vuelta al castillo la noche ya había caído, el joven se había dormido con su cabeza apoyada en las piernas de la monarca y ella acariciaba su pelo como lo hacía cuando era pequeño, sintió una sensación de pena que la hizo suspirar largamente, supuso que era por haber ido a ver a Kristoff, así que se concentró en seguir mimando a su pequeño. Ahora el seria rey, ya había hecho todos los papeles y mandatos que necesitaba, y sus lores habían quedados encantados con la idea que el joven tomara el poder, era tan bueno como su madre, eso podía verse.
-Olaf… Olaf… - le dio unos pequeños golpecitos en la cabeza para despertarlo ya habían llegado a su destino.
-¿Qué… que…? cinco minutos mamá – la reina solo sonrio y lo ayudo a levantarse, este bastante adormilado la ayudo a bajar del carruaje y subir hasta su habitación.
-Olaf, quiero ir a verla, - el rubio entendía a quien se refería así que la ayudo a llegar al cuarto de la reina de hielo, la ayudo a entrar dejando la puerta entreabierta.
-Mamá deberías dormir, te resfriaras con el frío que hace aquí – Anna simplemente abrazo a su hijo fuertemente, haciendo a este sentir un poco incómodo reaccionando mucho después, "jóvenes, no entienden cuando uno quiere darles cariño", pensó.
-Tranquilo Olaf, iré en unos minutos más, solo déjame a solas con ella – el joven dudo bastante pero finalmente salió cerrando la puerta tras de él.
Tomo la silla que había dispuesto hacia unos años atrás, ya no podía contemplarla de pie así que se sentaba a ver las pinturas gastadas con su mirada silenciosa y atrayente.
Los primeros rayos de sol se hicieron presentes cuando Olaf entro en la habitación preocupado por su madre, ahí la encontró pero ya no estaba en este mundo, parecía que estaba durmiendo con una sonrisa en los labios, en la posición que admiraba la pintura que más amaba de la colección, la primera de ellas.
Arendelle: 2016
Realmente no entendía porque había aceptado aquel viaje con su hermano, cuando le dijo que irían a un lugar exótico a explorar un castillo se imaginó a los de Inglaterra o algo por el estilo, no en un país perdido de todo donde hablaban con acento chistoso como en las caricaturas.
La pelirroja se quejó subiéndole el volumen a los auriculares, para peor, su hermano había llevado a su novio, así que ella estaba de mal tercio entre los dos. El novio de su hermano le había confesado que en realidad el grandulón había comprado mal los pasajes y como no había podido devolver el tercero pensó en llevarla.
Eso sí que le molesto pero al menos tendría paseo y comida gratis.
-Anna, te estoy hablando – la pelirroja de ojos azules se acomodó en el asiento, llevaba unos jeans gastados con sus converse favoritas color verde, además de una chaqueta fucsia que había comenzado a amar con el frio que hacía en aquel país, no era de extrañarse que se estaba congelando, en california no se siente más que calor.
-¿Qué pasa hermano? – se sacó los auriculares para ver qué era lo que quería, un joven grande de cabello rubio y ojos café la miro por el retrovisor, habían rentado un auto en el pueblo para ir a ver el castillo más importante de la región, debía de admitir que era bastante hermoso, vivir allí debía haber sido alucinante con ese lago rodeándolo todo.
-Que estaba diciendo que iremos al recorrido del castillo, si quieres puedes recorrer por tu cuenta, sé que no te gustan las visitas guiadas – celebro en su asiento cerrando los puños y pronunciando un pequeño yeah para ella misma, el novio de su hermano se había reído ante el gesto.
Él era un joven un poco más mayor que su hermano, era bastante apuesto, tanto que cuando le dijo que era su novio pensó que era una broma, pero no, el pelirrojo de ojos verdes estaba perdidamente enamorado del idiota de su hermano, pero verlo tan feliz la hacía feliz, solo esperaba que ambos estuvieran bien, era su primera relación con otro hombre, por parte de ambos.
Al llegar al estacionamiento no dio crédito a lo que veía, realmente era un castillo gigante, quería correr por los pasillos casi de inmediato y así fue, se puso sus auriculares y corrió a toda velocidad hacia la puerta.
El rubio apoyo su palma contra su rostro en señal de desaprobación.
-Tranquilo Kriss, va a estar bien, ella sabe más que nosotros sobre salir de problemas – el grandulón abrazo al chico haciéndole casi perder el equilibrio y robándole un pequeño beso.
Si por afuera el castillo era increíble, por dentro era tres veces increíble, paso por el gran salón, el comedor y varios otros lugares con una fluidez como si ese hubiera sido su lugar, de toda la vida, esto le extraño, porque cada pasillo le daba una cálida sensación de nostalgia.
Paso al lado de una larga escalera de madera, no estaba cerrada al público así que subió, en la parte de arriba en un pasillo bastante largo había un grupo de turistas junto a una de esas guías que odiaba realmente, solo decían datos aburridos sobre que en tal año alguien había vendido más de algo o cosas así. Aun así se acercó para ver de qué se trataba
"…y aquí tenemos el pasillo que da hacia la sala de "la reina de hielo", se dice que la única monarca mujer de Arandelle, la reina Anna, sentía una admiración por esta extraña mujer que los historiadores no han podido reconocer.
Algunos teorizan que es parte del folclore de la época y que la monarca simplemente quería preservar la historia en forma de imágenes, otros teorizan que es un antiguo amor de infancia de la reina. Aun así este cuarto posee una cantidad no menospreciable de veinte pinturas restauradas, aunque algunas se perdieron irremediablemente por la acción del tiempo y el extremo frio que caracteriza a esta habitación.
Ahora si seguimos por aquí podemos ver…"
Anna se sorprendió de dos cosas, una que no mostraran ninguna puta pintura de lo que había dicho la descerebrada de la guía y lo segundo que ella tuviera el mismo nombre que la reina obsesionada con esa mujer, "bueno compartimos nombre así que no creo que se enoje si paso a ver un poco" pensó y salto el cordel que tenía el cartel de NO PASAR.
Camino con cuidado por el pasillo, no quería hacer ningún ruido para no ser descubierta, "¡sí, la puerta está abierta!" se dijo a sí misma y entro con cautela.
En la habitación había miles de retratos de la mujer que había dicho la guía, tenía un pelo y una piel blanca como la nieve y unos ojos fríos que la invitaban a verla más de cerca, no dudo en acercarse a una imagen tamaño natural que estaba apoyada contra la pared, inconscientemente paso sus dedos por el rostro de la mujer, como acariciando su mejilla, noto como el lienzo era bastante más liso en esa parte.
-Vaya que si estabas obsesionada reina Anna, o al menos la extrañabas por alguna razón – sintió de pronto una angustia que hizo que pasara nuevamente sus dedos por el lienzo.
-Ejem – se dio vuelta asustada, de seguro alguien la había descubierto y la echarían del castillo, y todo por su maldita curiosidad, - disculpe pero las pinturas no deben ser tocadas.
Se sorprendió por la chica que le había hablado, era casi igual a la mujer de la imagen, sus ojos eran de un azul gélido detrás de unos lentes que los hacían parecer más brillantes, su piel era totalmente blanca como la nieve y su pelo tomado en una trenza que recorría su hombro la hacía tener un aspecto más espiritual que humano, de no ser porque llevaba unos jeans bastante ajustados y una camiseta cubierta de pintura habría jurado que era una aparición.
La chica también pareció sorprendida, la miro de pies a cabeza, ella era simplemente ella, pero parecía que le había visto algo que de seguro no había visto en el espejo, "por favor díganme que no destruí la pintura, o que no me llene de pintura".
Luego del incomodo silencio decidió hablar por fin, - hola… esto, perdón por haber tocado la pintura, es que es hermosa, es increíble, entiendo porque la reina se obsesiono porque es como tú, bueno no quiero decir que seas una pintura pero eres hermosa, espera… ¿qué? – su divagación le había puesto en aprietos nuevamente, pero la chica lejos de asustarse solo sonrio poniendo una de sus manos delante de su boca, encontró este gesto totalmente encantador. Ella no tenía problema con que le gustara alguien de su propio sexo, en realidad nunca le había gustado nadie, siempre sintió la sensación que cuando llegara la golpearía con tal fuerza que sabría que ella o él era el indicado, al parecer iba a ser un ella.
-Soy Elsa, restauradora de pinturas, un gusto – le acerco su delicada mano a lo que Anna contesto tomándola con cuidado, se quedó absorta ante el toque de ella, - cuando uno se presenta espera que la otra persona se presente también – se sonrojo ante lo idiota que se estaba comportando pero ella lejos de enojarse parecía encantada con su actitud.
-Soy… ¡soy Anna!, un gusto también – la de piel nívea se sorprendió, "parece que la cague".
-Vaya te llamas igual que la reina – sentía que con cada palabra que pronunciaba una parte de ella se derretía aún más, - y dime Anna, ¿Qué hacías aquí?, el recorrido no permite entrar a esta área.
La pelirroja se sorprendió mirando hacia abajo en señal de vergüenza, - bueno, escuche la historia y pensé que sería genial ver alguna de las pinturas… espera, ¿dijiste que eras restauradora?, ¿Qué edad tienes? – "estúpida nunca se le pregunta la edad a una mujer".
-veinticinco, ¿y tú? – aquella respuesta la desconcertó, ella recién había cumplido los 20 hacia unas semanas y aún estaba en la universidad estudiando, ni siquiera pertenecía a ese país.
-veinte – dijo con desgano, de pronto la realidad le golpeo en toda la cara, seguramente ella ni siquiera se acordaría de ella el día de mañana.
-¿Qué pasa Anna? – la chica se había quitado los lentes y se había acercado tanto a ella que casi sintió la necesidad de abrazarla contra ella, aunque no hubo necesidad de hacerlo, la rubia la tenía atrapada en un abrazo que se sentía tan nostálgico y deseado que la abrazo devuelta, quedando a la altura de su cuello y respirando su aroma durante varios minutos, de pronto la chica deshizo su agarre y se alejó un poco – perdóname Anna no sé qué me paso.
-¿Puedo decir algo loco? – las palabras salieron de sus labios sin siquiera pensar, - siento que te conozco desde hace mucho, y que… quiero conocerte para quedarme a tu lado – aquello había sido demasiado, casi una declaración para la primera vez que se veían.
-Creo… que siento lo mismo – la chica era realmente delicada en cada uno de sus gestos, hasta sonrojada evitaba la vista de Anna mirando hacia el lado agachando un poco la cabeza.
Ambas chicas rieron por lo que acababa de pasar, era graciosa toda la situación y como la curiosidad acerca de una pintura la había hecho encontrarse con alguien más, se sentaron en el cuarto contiguo donde Elsa le mostro muchas pinturas en las que estaba trabajando, algunas de ellas tenían casi todo restaurado excepto los surcos hechos por los dedos de la reina de Arandelle.
La pelirroja se acercó a uno de los cuadros para mirarlo de cerca, -¿Porque no borras eso Elsa? – la de pelo rubio le sonrio y se acercó hacia ella mirando el mismo lugar. Tomo la mano de Anna y puso el dedo de esta sobre el surco, luego puso su dedo sobre el dedo de la pelirroja.
-Aquí debió de existir tantos sentimientos juntos que no podría borrar aquello, estas pinturas son muy difíciles de borrar con las manos después de secas y mira - tomo la mano entre la suya – estos surcos fueron hechos por años de hacer el mismo movimiento, no soy quien para eliminar todos los sentimientos que esto implica.
Anna movió sus dedos de forma que quedaron entrelazados a los de la de piel nívea quien respondió al agarre dejando que sus dedos se unieran más a los de la pelirroja.
En un impulso, la pelirroja tomo su mano y la atrajo hacia ella abrazándola fuertemente, susurrando cerca del oído de la rubia, -no sé qué está pasando, pero no dejare que te vayas de aquí sin al menos haberme dado tu WhatsApp, tu Facebook y tu dirección donde vives – no supo de donde había sacado esa voz tan dominante, fue casi como un desafío pero no le importo, la de piel nívea solo sonrio y dejo descansar su cabeza en el hombre de la pelirroja, susurrando toda la información que le había pedido.
Arriba en las vigas del cuarto había dos gatos mirando la escena.
-Enserio, luego de quejarte tantos años de que había escogido un gato, ¿tú también te escoges uno? – la voz de uno de ellos era bastante baja como para que las chicas, que ahora disfrutaban de un tiempo, juntas no pudieran escucharlo.
-Al fin entendí porque te gusta esto Mik, no sabes en cuantos regazos me he sentado hoy – decía un gato color negro azabache.
-También has comido bastante – se burló el primero señalando la panza del gato negro.
-¡Oye!, no te metas donde no te llaman – se quejó el felino moviendo la cola en señal de enojo.
-Cállate, nos van a oír – los dos se asomaron para ver a la pareja bajo de ellos – así que planeaste todo desde el principio, como siempre el señor "mis planes son perfectos", aunque debo admitir que lo de los cuadros fue arriesgado y tierno al mismo tiempo.
-Se lo debemos, el buscador no nos encontró debido a que estábamos con Elsa, - el gato mostro sus dientes fingiendo una risa.
-Por favor no hagas eso, es demasiado horrible, recuerda que los gatos no sonríen – Mikailus le imito intentando poner una sonrisa.
-Para, ya entendí Mik – Mikerus volvió a mirar abajo – bueno al menos cumplimos en parte, están juntas y eso es lo que importa.
-¿Funcionara aun después de tanto tiempo? – le pregunto Mikailus a lo que Mikerus solo lo vio con ojos de determinación.
-Eliminaremos a quien se interponga, recuerda que tenemos nuevo amo – ambos miraron hacia abajo una última vez donde ambas chicas conversaban tomadas de la mano sobre el trabajo de Elsa y las pinturas que alguna vez fueron de la reina Anna.
Bueno, aquí está la "conclusión" de esta obra, lo pongo entre comillas porque aun podría faltar algo, eso se los dejo a su imaginación.
Por mi parte les doy las gracias a todos los que apoyaron este fic y los que sigan haciéndolo también las gracias, no se alarmen, como dije en mi review seguiré en esto, tengo otra historia a medio completar pero esa la subiré completa, es diferente estilo pero también elsanna, espero sus comentarios o mensajes y nuevamente gracias a todos.
Claerence henki
