Este capitulo trata del primer día de Natalia en el cuarto rojo. Gracias a Beta-face-Avenger por darle a follow y fav.
1992, 12 de noviembre
Natalia sonreía.
La razón, hoy era su cumpleaños número 8. Mañana los soldados de botas negras venían por ella para ir al otro albergue. Mañana descubriría donde estaba Dominika, quizás volverían a compartir habitación y de seguro todo volvería a ser como antes de que se la llevaran. Solo tenía que esperar un día más…
Ivanna miró a la niña que corría feliz por la habitación buscando sus cosas. Había crecido tanto desde el primer día que llego, hace ya 3 años; su pelo rojo estaba mucho más largo, su figura más esbelta y aunque había costado mucho, sus modales se habían vuelto mucho más corteses.
Aun recordaba los primeros meses de su estadía aquí; lo que había costado para que la niña dejara de hablar de su madre y de lo malvados que eran los soldados por llevársela lejos. La mujer recordaba vívidamente como uno de los días en los que los soldados vinieron a visitarlos Natalia les había tirado la comida que les trajeron en la cara. Ivanna estaba muy enojada, tanto que dejo a Natalia sin comer ese día y la obligo a disculparse con el hombre, que si bien en el momento del lanzamiento se había molestado mucho, amenazando con poner sus enormes manos sobre la niña, al ver los ojos arrepentidos de esta desistió de su propósito, sin olvidar recordarle a Ivanna que los niños debían ser fieles a su gobierno y a sus soldados.
Pero esos días pasaron y ahora Natalia se había convertido en la niña rusa modelo; tenía las mejores notas en la escuela, la habían becado en una academia de ballet y asistía a todos los desfiles militares. Tal era la buena impresión que dejaba la niña en las actividades, ya fuera del colegio, en la academia de ballet o en los desfiles, que el mismísimo gobierno la había solicitado para un nuevo proyecto, al cual tendría que irse mañana. Ivanna tenía prohibido decírselo a la niña, no es que quisiera decírselo tampoco, pues ella sabía la razón de la felicidad de esta y no quería ser ella quien rompiera esa burbuja.
Natalia, ya había terminado su maleta y se giró para mirar a la mujer mayor. Extrañamente no la echaría de menos…
1992, 13 de noviembre
-Llego el día- Dijo la pelirroja alegremente, mientras habría sus ojos, se estiraba y salía de la cama.
Eran las 7:30 de la mañana, tenía una hora para bañarse, vestirse y tomar desayuno. A las 8:30 llegarían por ella.
Cuando estuvo lista tomo su maleta (era pequeña, el albergue si bien no era miserable, seguía siendo un albergue) y se encamino a la ventana, y sin despegar los ojos de esta, espero a que los soldados aparecieran. Lo hicieron 5 minutos más tarde, se emocionó al ver que era la misma camioneta en la que se habían llevado a Dominika, pero su ilusión se vio rota cuando los soldados llamaron a las otras 3 niñas que habían cumplido 8 años hace poco pero no pronunciaron su nombre.
Natalia iba a hablar, preguntar porque no la llevaban a ella también, pero sintió la mano de Ivanna en su hombro. Quería contenerla de nuevo, pero esta vez ella hablaría, había esperado este día desde que se llevaron a su amiga. Había sido una buena niña, se merecía ver a su amiga ¡ahora!
-Yo también tengo 8- Dijo cruzando sus brazos y mirando molesta al hombre alto y fornido que había nombrado a las niñas.
El hombre miró a Ivanna de forma desafiante, la mujer nerviosa miró a Natalia y le dijo:
-Vendrán por ti luego, solo tienes que esperar un poco.
-Yo quiero ir ahora, además las cuatro cupimos perfecto en el auto.
Mientras la pequeña peli roja decía esto otro auto negro, más grande, y más lujoso paro en frente del albergue. El agarre de Ivanna se intensifico en el hombro de la niña.
Natalia vio como del auto se bajaba primero un soldado con su imponente rifle al lado, para después rodear el auto y abrirle la puerta a una mujer.
La mujer tenía un aspecto serio y formal, como si no se riera nunca, debía de tener poco más de treinta años y vestía un elegante traje de dos piezas rojo con los bordes negros. A Natalia le recordaba a las brujas de los cuentos de hadas. No le agrado.
Al entrar en el albergue el soldado con el que momentos antes había intentado discutir Natalia se giró hacía la puerta y saludando con una inclinación a la mujer se retiró del lugar sin decir nada más.
-Tú debes ser Natalia Romanova- Dijo la mujer mirando de arriba abajo a la niña como si estuviera analizando si era apta o no, el problema es que Natalia no sabía para que tenía que ser apta y el escrutinio de la mujer comenzaba a ponerla incomoda
-Sí, soy yo- Dijo la niña finalmente.
-Bien, tú bienes con nosotros- Seguido de eso se giró hacia la puerta, pero una voz la detuvo
-Pe-pero, yo iba al albergue de niñas grandes, yo i-iba a ver a una amiga ahí, me está esperando y…- La mujer se giró con su serio rostro impasible, aunque en su mirada se podía notar la molestia.
-Tú vienes con nosotros, lo quieras o no, por la fuerza o por tu propia voluntad, no me importa. Así es que decide ahora si quieres que sea fácil o difícil.
En eso Ivanna se recuperó del impacto de las palabras de la mujer y giró a la niña para que la mirara.
-Natalia ve con ella.
-Pero no quiero.
-Natalia, ve, o me veré obligada a llevarte yo.
Ambas féminas se miraron desafiantes, mientras la tercera mujer de la habitación aburrida de esperar hacía una señal a sus escoltas para que arrancaran a la niña de las manos de Ivanna, mientras otro tomaba la maleta de Natalia, que debido a la sorpresa de verse en el aire, demoró en reaccionar frente a la situación y para cuando tomó conciencia de esta el soldado que la retenía ya la había sentado en el auto de lujo y solo atino a ver por la ventana. Ivanna miraba su ida, Natalia no vio emoción alguna en su rostro. Ahí lo supo.
Ivanna quería que se fuera.
Dentro del auto, el soldado que la había "escoltado gentilmente" agarró su muñeca izquierda y le puso el extremo de una esposa (bastante apretada) y el otro extremo en un aro de metal que se ubicaba en el asiento de la niña. Natalia lo miró feo, pero su expresión cambió a miedo cuando el soldado, con un tono amenazante, escupió un ronco "para que no escapes" mientras una sonrisa siniestra se formaba en sus labios.
No hubo más palabras durante el viaje, Natalia estaba cada vez más nerviosa, sentía la mirada de la sería mujer en su frente y el soldado que se encontraba a su lado tampoco era de mucha ayuda; lo sentía recorrerla con la mirada, con un sentimiento que distaba mucho de la empatía y comprensión que necesitaba en ese momento.
Por todo eso cuando el auto paró en frente de un gran edificio, que lucía una descuidada fachada gris, la niña se sintió aliviada. Y su emoción creció cuando el soldado le quito las esposas y pudo sentir su muñeca libre nuevamente.
Quiso abrir la puerta del auto y correr lejos del lugar, pero la mujer se le adelanto y esperó al lado de su puerta a que ella bajara. Miró por la ventana paralizada ¿En que estaba metida? ¿Cómo escapar? La mujer se acercó a la puerta de la niña y la abrió rápidamente.
Natalia comenzó a pensar que uno de sus más grandes rasgos era la impaciencia.
-Escucha, niña, de ahora en adelante nunca más me harás esperar ¿entendido?- mientras tomaba la muñeca de la niña para que se parará y la siguiera hasta la entrada del lugar.
Adentro Natalia se fijó en que no era la única "nueva" en ese lugar, otras 3 niñas también se encontraban en la entrada, en sus ojos se veía que conocían a la mujer que la acompañaba, aunque vio que aparte del miedo que la imponente figura les producía, en sus ojos había una determinación cortante.
-De ahora en adelante ustedes 4 son parte del proyecto viuda negra. Mi nombre es Raisa Semiónova, pero ustedes me llamaran instructora, no señora Semiónova, no Raisa, no tía y ciertamente, no mamá.
-…Yo jamás podría llamarle mamá…
-¿Que dijo señorita Ivanova?- Dijo, girándose y fijando su atención en una pelinegra algo más baja que Natalia, que, levantando su pequeña naricilla, miraba desafiante a la Instructora.
-Dije; que a usted nunca podría llamarle mamá.
-Bueno,- pronunció, mirando sonriente a la niña. La sonrisa era siniestra, vacía, no llegaba a los fríos ojos azules. Camino hacía la niña, que no retrocedió pese a la cercanía de la mujer, y le dio una cachetada, tan fuerte que tiró a la pobre pelinegra al piso- Otra de las cosas que aprenderán aquí es a ser respetuosas. Señorita Ivanova, le sugiero que, si desea mantener su rostro intacto lo mejor será que no vuelva a desafiarme.
La niña se mantuvo unos segundos más en el piso, llorosa. Las otras niñas tenían miedo de acercarse a ayudarla ¿y si corrían el mismo destino?
-Otra de las cosas que aprenderán será a seguir órdenes, ya sea órdenes simples como; Ivanova párate- La niña se paró instantáneamente del suelo - a, otras más complejas como neutralizar a un enemigo tres veces más grandes que ustedes. Por último señoritas, sepan que cualquier intento de escape, in subordinación o broma por su parte será severamente castigado ¿He sido clara?- Las niñas no dijeron ninguna palabra, la mujer repitió con tono más firme- Señoritas ¿he sido clara?
-S-si instructora- dijeron las niñas finalmente.
-Muy bien. Síganme, comenzarán ahora.
