2. Muerte
Él no sabía realmente lo que era la muerte, hasta ese día.
Le parecía un concepto abstracto y natural. Algo que a veces pasaba, pero en ningún caso un hecho extraordinario o digno de recordar. Se cazaba para comer, y eso implicaba alguna muerte. Nada del otro mundo.
Pero, desde allí en adelante, la muerte para él siempre sería sinónimo de frío y de hambre. Por eso comía a reventar cada vez que se sentaba a la mesa y buscaba siempre la calidez, en las personas, en la batalla, en la vida.
No le importaba si sucedía estando enfermo, en mitad de un combate junto a los demás, o en un encuentro mano a mano con un enemigo poderoso. Jamás había temido a la muerte, y jamás le temería, pero, sí era una verdad irrefutable en el fondo de su ser, que la muerte siempre era fría.
Frío y hambre se convirtieron, además, en sinónimos de soledad. Y soledad, en sinónimo de muerte.
Tuvo esa certeza cuando su estómago gruñó potente, una vez más, acusando el enorme vacío que se había instalado allí, mientras la fogata y el calor del hogar seguían apagados.
Son Gohan no haría nada de comida para la cena. Tampoco irían juntos a buscar leña para encender el fuego y calentar el estofado. No habría más historias esa noche, ni ninguna que le siguiera. Sólo el eco de las montañas y sus miles de voces rocosas lo acompañaban.
Se sintió solo.
No temía a la muerte. Lo entusiasmaba la sola idea de un combate en que uno de los dos pudiese caer definitivamente. Se emocionaba con el peligro, era excitante y electrizante. Hacía trabajar su mente a toda velocidad y poner todos sus sentidos alerta.
No. La muerte no era un problema para él. Pero no le gustaba que los demás murieran.
No le gustaba porque, muy en el fondo, odiaba la soledad que le seguía, pues la conocía muy bien, y la misma era fría y silenciosa, como nada más en este mundo o en cualquier otro. Y él, era puro calor, ruido y alboroto.
Por eso prefería morir él, antes que cualquier otro lo hiciera. Mientras para todos a su alrededor inmolarse era un gesto noble y heroico, secretamente para él, era un intento desesperado de espantar a la soledad.
Porque, la verdad, jamás en su vida había extrañado tanto a alguien como a su querido abuelito. Y sin importar los años que pasaran por su larga y ruidosa vida, ni las miles de aventuras que llenaran cada uno de sus días, o qué nuevos poderes recorrieran sus venas, siempre que pensaba en él y en su sonrisa amable, la nostalgia lo envolvía, acompañada de ese frío tan propio de una vida que se acaba.
FIN.
¡Hola! He aquí un nuevo capítulo que me permite explorar un poco en el corazón de Gokú. Tal vez es un poco triste para tratarse de él (por lo menos, a mi me dio pena, pese a lo corto), pero la única vez que lo vimos llorar fue con su abuelito y esa fue una escena que me marcó cuando era pequeña.
¡Un beso a quien pase a leer! Y muchas gracias a Deidydbz, AndyCK y a las lindas de Dika y Kuraudea por sus comentarios.
