3. Egoísmo
Entonces, sí lo haría. Una vez más, él se iría.
Por alguna razón, en la que realmente no quiso ahondar, a Milk no le extrañó. No era necesario darle más vueltas, en realidad.
Lo había vivido una y otra vez, y el hombre, como el animal de costumbre que es, llega a un punto en que deja de sorprenderse por aquello que alguna vez lo hirió. Tal vez, lamer las mismas heridas demasiadas veces nos hace inmunes al dolor.
Aun así, no podía evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, imposibles de contener al verlo alejarse.
Con la mirada quebrada, bajó la vista cuando vio a esa pequeña personita removerse, inquieto, junto a ella, extendiendo tímidamente sus brazos, sin atreverse a decir nada, sacándola de golpe su triste letargo.
Sí, ella lo había vivido muchas veces antes, pero esta vez, había algo distinto. Esta vez, había un punto de quiebre que ponía en jaque al acostumbramiento y su consecuente embotamiento del dolor.
Esta vez, había algo allí que no había estado las otras veces.
Y este algo, era un punto luminoso y alegre. Dulce y sobrecogedor, tierno y capaz de derretir al corazón más frío con su mirada ingenua y su risa fácil, con sus juegos de palabras y sus ademanes infantiles.
Goten no había estado allí antes, en el momento de las despedidas. Conocía de ausencias, sí, pero no de despedidas.
Ahora estaba ahí, entre ellos. Uno más entre el público que decía adiós al mayor de los héroes de este mundo. Y temblaba conteniendo el llanto. Estaba triste y herido. Goten era su pequeño y dulce niño, y ahora, la tristeza inundaba sus grandes y expresivos ojos oscuros. Su dolor, le dolió a ella misma. Y esa pena que se desbordaba de su mirada, anegó su corazón de madre.
Gokú los despidió con la mano, con un gesto alegre. Dijo algo sobre el otro mundo y se volteó, dándoles la espalda, para irse.
¿Iba a irse así, sin más? ¿Era capaz, realmente, de sólo darles la espalda y desaparecer?
No. ¡No podía ser así! No para él. No para Goten.
Se tragó su propio dolor y su orgullo, como siempre lo hacía, sonrió e intervino, sabiendo que era la única capaz de darle un giro a la historia y de salvar la dulce sonrisa de su hijo. Lo haría siempre, si de ello dependía la alegría y el corazón de su pequeño. No le importaba que le dijeran que lo malcriaba o lo consentía demasiado. Después de todo, ella era la única que estaba ahí para criarlo.
— Lo que quieres es que tu papá te abrace ¿verdad? — preguntó, con una voz cargada de cariño y fingida alegría, porque pedía un abrazo para otro, cuando era su propio ser quien anhelaba un poco de cariño y consuelo de ese hombre.
Y Gokú lo abrazó. Pero fue doloroso. Dolió, porque fue un abrazo pedido, exigido por los ojos suplicantes de Goten. Ni si quiera se había detenido a despedirse de él. Además, fue breve.
Lo dejó allí, sollozante y con el corazón roto. Con los brazos vacíos, una promesa y la carga de una misión sobre sus demasiado jóvenes hombros, mientras todos los demás lo despedían con alegría.
Sólo ella notó que Goten no sonreía al despedirlo, que no le hacía gestos con el brazo, ni despegaba sus ojos del suelo.
Gokú no lo vio, porque nunca veía realmente lo que dejaba a sus espaldas tras cada despedida. Pasaba por la vida demasiado de prisa como para pararse y mirar hacia atrás. Lo hacía siempre, sin mala intención, pero cada vez con el mismo aislamiento en su mundo de batallas y fuerza, donde pocos tenían cabida realmente.
Era un héroe, sí. Pero su esencia era, al final del día, individualista. No en un sentido malvado ni perverso. Sólo era demasiado egoísta como para ver a quiénes dejaba lastimados en el camino.
Se acercó, cabizbajo y en silencio, y le aferró la mano con fuerza, mientras ella perdía sus ojos en el cielo, preguntándose si, quizás, él los vería dese allí, donde sea que estuviese. Bajó la mirada al sentir la tibieza reconfortante que emanaba de esa mano tan pequeña.
Cuando sus miradas se encontraron y se sonrieron tenuemente, sin palabra alguna, ella prometió que lo haría el niño más feliz del mundo con todas sus fuerzas. Él, juró que cuidaría de ella hasta el final de sus días.
Estaban solos otra vez, y se acompañarían en el camino.
FIN.
¡Hola! Dejo aquí otro pequeño drabble para este reto. Quizá es un poco triste, pero esa escena siempre me rompe el corazón.
Un abrazo a quien pase a leer por aquí.
Muchos saludos!
