Capítulo 4

La tensión se palpaba en el aire del estudio del rey. Thranduil ocupaba su asiento habitual tras el escritorio, con la barbilla apoyada en una mano. Tenía el ceño fruncido, perdido en profundos pensamientos, mientras que Gandalf el mago estaba sentado en la silla que tenía delante, fumando con su pipa, igual de pensativo.

Legolas era el único que estaba de pie, de espaldas a ellos. Con los brazos cruzados sobre el pecho, el príncipe se había plantado delante de la gran ventana abierta y no había vuelto a moverse. Thranduil no necesitaba ver la cara de su hijo para notar su fría cólera, y eso lo preocupó.

Ese no era el carácter propio de Legolas. Su hijo más joven era muy parecido a él, siempre gritando y perdiendo los papeles cada vez que lo sacaban de quicio. Esa rabia controlada en Legolas le ponía a Thranduil la piel de gallina. Tenía que admitir que su hijo podía ser temible cuando la ocasión lo requería, cosa que le hizo sentir orgulloso.

"Solo puede haber uno. Sin embargo hay dos –el príncipe manyan finalmente rompió el silencio. Poco a poco se giró hacia su padre y el mago-. Dejad de ocultarme los hechos, no podéis seguir protegiéndome. Ahora quiero que me lo expliquéis."

Thranduil suspiró, mirando a Gandalf, y el mago se encogió de hombros, sonriendo ligeramente. Tras el incidente en el patio, el rey los había llevado a su estudio para hablar en privado, posponiendo la visita a su pueblo para otro momento. Pero en realidad, también era una excusa para encargarse de Legolas, que se había quedado bastante aturdido tras su descubrimiento.

Después de aclararse la garganta, Thranduil miró a su hijo.

"¿Cómo supiste que había otro manyan?"

Legolas se acercó andando con rigidez, pero sin perder su elegancia, con el hermoso rostro lleno de ira contenida.

"Lo supe desde el momento en que toqué ese cuerpo –dijo-. Sentí la huella de su poder, es una señal tan característica que solo yo pude sentirla –luego se volvió hacia Gandalf-. ¿Pero por qué es este manyan tan… diferente? En lugar de compasión solo pude sentir oscuridad, maldad e incluso codicia. En lugar de sanar, destruye. No lo entiendo."

El mago le dio una última calada a su pipa antes de guardarla.

"Ven y siéntate, Legolas. Va a ser una conversación muy larga."

Thranduil creyó que Legolas rechazaría su petición, pero, para su gran alivio, el príncipe asintió y se sentó al lado de Gandalf. El mago se movió para quedarse cara a cara con él.

"¿Por dónde debería empezar?" –dijo Gandalf mirando hacia arriba como si buscara respuestas en el techo.

"¿Qué tal si empiezas diciéndonos el nombre de este nuevo manyan?" –sugirió Legolas, cortante.

Gandalf sonrió.

"Oh, pero mi príncipe, no es un nuevo manyan. De hecho es muy, muy antiguo. Tu padre ni siquiera había nacido cuando él existía."

Legolas se inclinó hacia él, mirando al mago fijamente con los ojos como platos.

"¿Cómo puede ser eso? Pensé que solo podía haber un manyan a la vez. Tenía algo que ver con algo que le pasó a los antepasados de mi madre."

"Es verdad –coincidió Thranduil-. Marwana me lo contó una vez. Debido a algo horrible que le ocurrió a sus antepasados, solo puede haber un manyan para evitar que vuelva a ocurrir el conflicto –entonces el rey movió la cabeza con tristeza-. 'Solo puede haber uno', me dijo ella. Por las estrellas. Me acordé hace una hora."

"Por eso le pusiste fin a nuestra conversación –Legolas frunció el ceño-. Sabías algo y querías ocultármelo."

"Legolas, ni siquiera yo lo entiendo del todo –suspiró Thranduil, mirando a su hijo, suplicante-. No puedo entenderlo del todo y por eso no estoy capacitado para darte respuestas. Por suerte para nosotros, Gandalf está aquí para aclararlo todo."

"Me gustaría mucho hacerlo, si es que me dais la oportunidad" –bromeó el mago.

Legolas se avergonzó ligeramente.

"Oh. Lo sentimos, Gandalf. Continúa."

Riéndose suavemente, el mago siguió hablando.

"Su nombre es Galdor."

"¿El manyan? ¿Ese es su nombre?"

"Sí. Y su hermana gemela se llamaba Uruviel."

"¿Qué? –Thranduil estaba tan sorprendido como su hijo-. ¿Este oscuro manyan tiene una gemela?"

"Tenía. Ya no –lo corrigió Gandalf-. Uruviel murió hace tiempo. Fue asesinada. También era un manyan, como Galdor."

Legolas dio un silbido.

"¿Quién lo hubiera pensado? Dos gemelos manyan. La trama se complica."

"Precisamente –el rostro de Gandalf se volvió sombrío-. Eso no le sentó bien a Galdor. Es soberbio, formidable y sentía celos de su gemela. Entre los dos manyan, la gente prefería a Uruviel y tras alcanzar la mayoría de edad, el deseo de Galdor de dominar los poderes manyan se intensificó y ensombrecieron el amor por su hermana."

El príncipe palideció.

"Oh, no. No me digas que…"

"La mató. Galdor le disparó una flecha en el cuello –la voz del mago se volvió extrañamente inexpresiva-. Uruviel estaba embarazada de su primer hijo en ese entonces, pero milagrosamente no lo perdió. Su marido logró sacar a la niña antes de que muriera junto con su madre y luego la ocultó en un lugar seguro para que su tío no la matara también."

"¿Y qué pasó con Galdor?"

"Intentó huir para evitar la condena, sintiendo pesar por lo que había hecho. Todavía quería un poco a su hermana, pero sabía que no había vuelta atrás. Tenía dos opciones: vivir como un fugitivo o convertirse en el sanador más poderoso. No eligió ninguna de las dos cosas."

"Eligió usar su habilidad para su propio beneficio –dijo Legolas en voz baja-. Eligió matar. ¿Cómo puede un manyan con un poder tan puro convertirlo en algo malvado?"

"La avaricia puede consumir a cualquiera, sobre todo cuando deseas el poder, no importa que sea la capacidad sagrada de curación –Gandalf miró a Legolas fijamente-. Incluso tú tienes la opción de abusar de tu poder."

Legolas sonrió sin ganas.

"Yo no soy Galdor."

El mago le devolvió la sonrisa.

"No, no lo eres. Tu corazón es puro. Has sido bendecido con el amor desde que estabas en el vientre de tu madre. Se sabe al ver cómo eres ahora."

Thranduil miraba de uno a otro.

"Disculpad. Me he perdido un poco. ¿Por qué dices que mi hijo tiene la opción de abusar de sus poderes, Gandalf?"

Arqueando una ceja, Gandalf le dio al príncipe una mirada extraña.

"No se lo contaste, ¿verdad?" –preguntó.

"¿Contarme el qué? –Thranduil estaba intrigado y miraba fijamente a su hijo-. ¿Qué me estás ocultando?"

Legolas se encogió de hombros.

"Nada serio, de verdad."

Gandalf se burló.

"¡Oh, yo no estoy muy de acuerdo!"

El príncipe frunció el ceño.

"Nunca lo utilizaría, a no ser que me forzaran. Además, está en contra de mi ética."

"Oh, por el amor de los Valar, ¿de qué diantres estáis hablando?" –estalló Thranduil.

"Como manyan masculinos, Legolas y Galdor comparten una capacidad única –Gandalf decidió responder por Legolas cuando vio que el príncipe mantenía la boca cerrada, con los brazos cruzados como si fueran un escudo-. No solo pueden eliminar la enfermedad, sino que también pueden extraer el alma y la energía de esa forma de vida. En pocas palabras, el tacto de Legolas puede tanto curar como matar. Y así fue como Galdor mató a esos dos elfos en el bosque."

Thranduil se quedó con la boca abierta.

"¿Puedes hacer eso?" –le preguntó a Legolas, asombrado. Estaba seguro de que su esposa Marwana no tuvo esa habilidad o ella se lo habría dicho. Pero Legolas… bueno, tenía muchos secretos.

"No soy como Galdor –dijo Legolas en tono defensivo-. No haré tal uso de mi habilidad."

"¡Lo sé, hijo! –Thranduil saltó de su silla de inmediato y se acercó a Legolas. Entonces le apretó los hombros confortablemente-. No te pareces a Galdor en nada. En nada. Eres mucho mejor persona que él."

Legolas tuvo la decencia de sonrojarse.

"En realidad no soy tan distinto, padre. Yo… lo usé… una vez."

"¿Y cuándo fue eso?"

"Hace mucho tiempo, cuando todavía era un niño. ¿Recuerdas aquel feo gatito naranja que traje un día a casa?"

El rey negó con la cabeza.

"Err… no me acuerdo. ¿Por qué?"

"Bueno, una noche le dejé dormir en mi cama, pero a la mañana siguiente, cuando me desperté, vi que había destrozado un cuadro que me había costado terminarlo muchas horas. Estaba tan enfadado que no me di cuenta de lo que hice. Lo cogí, lo apreté en mis manos y empecé a absorberle el alma. No hice caso de cómo se quejaba, sintiendo el poder. Solo me di cuenta de lo que hacía cuando dejó de moverse, pero para entonces ya había muerto –una lágrima cayó por su mejilla-. Nunca se lo dije a nadie porque me odiaba por lo que había hecho y pensé que todos me odiarían también si se enteraban. Y lo peor es que lo disfruté. La nueva energía que se filtraba en mis venas era adictiva, pero después solo sentí odio hacia mí mismo. Enterré al gatito muerto debajo de un rosal en el jardín, con la esperanza de que nadie se enterara de que había sido asesinado por un manyan que debía mantenerlo a salvo."

Se hizo un largo silencio tras su sincera confesión. Thranduil miró a Gandalf. Ahí va otro secreto. ¿Qué más me oculta mi hijo?

"Legolas –Thranduil le pasó un brazo por los hombros y lo abrazó-. Ese incidente no prueba que seas malvado como Galdor. No eras más que un niño."

"Pero podría haber cedido a la tentación al crecer…"

"Pero no lo hiciste. Y nunca lo harás –dijo Gandalf-. Eres mejor que eso. Galdor es más débil, por eso cayó en la oscuridad."

Acariciando la cabeza de su hijo, Thranduil alzó la mirada.

"¿No lo atraparon?"

"Sí que lo hicimos –explicó Gandalf-. El pueblo le pidió ayuda a los Maiar, y nosotros vinimos, pero para cuando lo acorralamos ya había tomado cientos de almas desafortunadas. Eso lo volvió muy poderoso, pero estaba destinado a caer. Por desgracia, matar a un manyan es un sacrilegio para nosotros, aunque éste se haya vuelto malvado. Así que decidimos encerrarlo en una prisión de roca, en las profundidades del Lago Largo de Esgaroth. Ha estado allí desde entonces."

"Pero, ¿cómo ha escapado? –se preguntó Legolas. Y entonces lo comprendió-. El terremoto."

Gandalf asintió, sonriendo.

"Muy bien, su alteza. Tienes una mente aguda. De hecho, el terremoto fue más fuerte en el lago y la roca se hizo pedazos, liberando a Galdor de su prisión."

"Y piensas que viene hacía aquí para continuar lo que empezó" –dijo Thranduil.

"Sí, pero su mayor necesidad es eliminar a su igual. Y ese sería Legolas –el mago se volvió sombrío otra vez-. Recuerda que quiere ser el dominante. Por eso mató a su hermana."

"¿Entonces soy descendiente de Uruviel? –preguntó el príncipe, como si no le importara que Galdor viniera a por él-. ¿Su bebé se mantuvo a salvo?"

"Sin duda, ¡o no estarías aquí dándole canas a tu padre! –se rio Gandalf-. Tras la muerte de Uruviel, Ainur intervino y no permitió que hubiera más de un manyan a la vez para evitar el mismo conflicto. Cuando la nieta de Uruviel tuvo gemelos, solo uno de ellos tuvo la habilidad y lo mismo ocurrirá cuando Legolas tenga gemelos."

Legolas se quedó mirando al mago como si le hubieran crecido cuernos.

"Gandalf, si estás intentando asustarme no está funcionando."

El mago se limitó a reírse, encantado al ver que lo había dejado aturdido. Si el príncipe pudiera ver su futuro…

"Entonces, ¿qué vamos a hacer, Gandalf? –preguntó Thranduil-. ¿Qué debemos hacer con Galdor?"

"Primero tenemos que pensar en la seguridad del reino, todos están en peligro. Galdor acabará llegando a Legolas, pero no es tonto. Sabe que todo está en su contra y no va a entrar alegremente por la puerta a pedir una reunión. Es un guerrero hábil y astuto, debo decir. Definitivamente estará en su mejor momento. Legolas debe ser protegido, a cualquier precio."

Como era de esperar, a Legolas no le hizo gracia la última frase.

"¿Entonces qué vais a hacer conmigo? ¿Encerrarme en mi habitación?"

Thranduil suspiró. Ay. Ahí vienen más canas.

"Lo que vas a hacer es seguir todas mis instrucciones y no meterte en problemas, ¿está claro?" –dijo con severidad.

Legolas se levantó y fue hacia la ventana abierta, como un niño enfurruñado.

"Claro. ¡No es como si no me hubiera acostumbrado ya!" –respondió, de mal humor.

Sabía que toda esa protección era necesaria para mantenerlo a salvo, pero eso no significaba que le pareciera bien. Thranduil negó con la cabeza mientras se volvía hacia Gandalf.

"¿Ves lo que tengo que aguantar?"

El mago tuvo que contener la risa al ver que Legolas lo miraba de mal humor.

Cuando ya hacía mucho que había anochecido e iba hacia su habitación tras otra larga conversación con su padre y Gandalf, Legolas escuchó el sonido de caballos al galope que se acercaban a palacio. Curioso y un poco alarmado, corrió hacia las escaleras y atravesó las grandes puertas. Entonces, al llegar al patio, miró horrorizado lo que encontró.

Era parte de la compañía de Keldarion, con la que su hermano había ido a Dol Guldur. La mayoría de los jinetes ya había desmontado y esperaban al rey. Todos tenían expresiones sombrías.

Pero, ¿dónde está Kel?

Legolas recorrió con la mirada a la pequeña multitud en busca de la alta figura de su hermano, pero no había ni rastro de él. Entonces se le aceleró el corazón al ver varios cuerpos envueltos en mantas, atados sobre unos caballos.

¿Los guerreros muertos en batalla?

"¿Su alteza?" –un guerrero se acercó y se inclinó ante el príncipe.

"Jaden –Legolas inclinó la cabeza-. No esperábamos que volvierais esta noche."

Sus ojos buscaron otra vez entre los guerreros.

"¿Dónde está mi hermano? ¿Se ha quedado en la frontera?"

Jaden vaciló, con el rostro indudablemente angustiado.

"No, su alteza. Está aquí, con nosotros."

"Entonces, ¿por qué no se muestra? ¿Dónde está?" –preguntó Thranduil de repente. Legolas se sobresaltó, sin haberse dado cuenta de que el rey estaba a su lado.

Un guerrero a caballo se movió hacia adelante, sosteniendo a otro elfo que llevaba delante de él.

Los ojos de Legolas se abrieron. Thranduil se quedó sin aliento.

Era Keldarion, inmóvil e insensible en los brazos del jinete y envuelto en varias capas de mantas de los pies a la cabeza, con solo el rostro visible.

Un rostro hermoso y que siempre brillaba con una agradable sonrisa, y que se había vuelto mortalmente azul.

Solo puedo decir una cosa antes de esconderme: ¡Muajajajajaja! .