Capítulo 5
Legolas sintió que se le rompía el corazón.
"¡NO! –gritó, mientras saltaba el corto tramo de escaleras que le quedaba antes de salir corriendo hacia el caballo que llevaba a su hermano. Cogió a Keldarion de los brazos del sorprendido guerrero, cerca de la histeria-. Por favor, no. Por favor…" –lloraba el príncipe mientras se derrumbaba en el suelo, abrazando con fuerza el cuerpo frío de su hermano.
Thranduil se arrodilló al lado de ellos. Con los ojos llorosos, el rey tocó con una mano temblorosa la cabeza de Keldarion. La piel del príncipe se había vuelto azul, lo que le indicó a Thranduil que sus peores temores se habían hecho realidad. Esto era obra del oscuro manyan. Y ahora, su primogénito, su heredero, estaba muerto. No había palabras para describir el dolor que sentía en ese momento.
Legolas se quedó inmóvil de repente y luego enderezó la cabeza de golpe, mirando la cara de su hermano, sorprendido pero esperanzado.
"Su corazón sigue latiendo" –dijo en voz baja.
"¿Qué? –Thranduil se quedó igual de estupefacto. Apartó la manta con rapidez y puso una mano sobre el pecho de Keldarion. Allí estaba. Estaba latiendo. Débilmente, pero lo hacía-. Está vivo" –suspiró el rey con gran alivio, con ganas de abrazar al príncipe inconsciente, pero Legolas seguía aferrado a su hermano.
"¿Mi señor?"
Thranduil levantó la cabeza al oír la voz de Jaden.
"Encontramos al príncipe Keldarion en esta condición a unas veinte leguas de aquí –explicó-. Tras el éxito de nuestra misión, su alteza se adelantó a casa con la mitad de nuestros guerreros, mientras que yo lo hice poco después con el resto. Pero cuando llegamos a la cañada, encontramos a su alteza entre los cadáveres de sus compañeros. Incluso los caballos estaban muertos. Curiosamente no encontramos heridas en ninguno de ellos y la piel de todos estaba azul. Perdonadnos, mi señor, no sabemos qué les pasó."
"Yo lo sé" –el tono de voz de Legolas fue tan bajo que el rey casi no lo oyó. Se volvió y vio que su hijo estaba sacando a su hermano mayor de las mantas. Keldarion todavía llevaba la ropa de batalla, pero sin sus armas, y a pesar del color azulado de su rostro, parecía que estaba profundamente dormido.
"No voy a dejar que te lo lleves, Galdor" –dijo Legolas entre dientes, con rabia. Volvió a abrazar el cuerpo inerte de su hermano y puso su pecho contra el suyo, con sus corazones unidos. La cabeza de Keldarion cayó inerte sobre su hombro izquierdo.
Legolas se mostró inflexible. Lo que Keldarion tenía no podría ser curado de la forma habitual. Su hermano necesitaría más que su toque para volver, así que el príncipe manyan se preparó para el arriesgado método que iba a intentar usar. Cerrando los ojos y concentrándose profundamente en su energía interior, Legolas se balanceó suavemente y empezó a repetir:
"De corazón a corazón, de sangre a sangre, de alma a alma. De corazón a corazón, de sangre a sangre, de alma a alma. De corazón a corazón, de sangre a sangre, de alma a alma…"
Mientras Legolas seguía hablando, su resplandor empezó a brillar resplandeciente. Era tan brillante que casi le hacía daño a los que estaban mirando. Thranduil tuvo que protegerse los ojos con la mano, pero no podía alejar la vista de sus dos hijos, no podía dejar de mirar la mágica escena. No sabía de nadie que pudiera brillar tanto.
"De corazón a corazón, de sangre a sangre, de alma a alma. De corazón a corazón, de sangre a sangre, de alma a alma…"
Legolas no era del todo consciente de lo que hacía. Keldarion estaba tan frío que casi le quemaba, pero su magia manyan fluía por sus venas y hormigueaba por su piel hasta llegar a su hermano, calentándolos a ambos.
El corazón de Keldarion empezó a sincronizarse con el de Legolas, y el pequeño hilo que lo mantenía con vida por fin estuvo al alcance del príncipe manyan.
Por favor, Kel, vuelve a mí, le rogó Legolas, sin parar de repetir las palabras. Escucha mis pensamientos y siente mi alma dentro de ti. No te dejaré ir. Jamás…
La voz de Legolas comenzaba a desvanecerse, su brillo se desvanecía. Thranduil empezó a entrar en pánico cuando su hijo menor palideció, balanceándose sobre sus rodillas sin soltar a su hermano. El rey miró a su alrededor desesperadamente hasta que encontró al mago entre los asombrados espectadores, observando atentamente la espectacular escena.
"Gandalf –estalló Thranduil-. ¡Haz algo!"
"No puedo, mi señor –respondió el mago, con tono de disculpa-. No me atrevo a interferir con el trabajo de un manyan. Todo podría perderse."
"¿Pero qué está haciendo Legolas exactamente?" –el rey estaba tan frustrado que casi gritaba.
"Le está dando a Keldarion una parte de su alma."
Eso hizo que Thranduil se volviera blanco como la tiza.
"¿Él… también puede hacer eso?"
Gandalf sonrió con tristeza.
"Bueno, ahí va su otro secreto."
"Lo has sabido todo este tiempo, ¿verdad?" –el rey del Bosque Negro sacudía la cabeza con incredulidad.
La expresión tranquila de Gandalf no cambió.
"Entre otras cosas."
Thranduil frunció el ceño.
"¿Sabes, Gandalf? Algún día tendremos que hablar de todo esto."
Si el momento no fuera tan serio, Gandalf se habría reído a carcajadas por la expresión agobiada del rey. En pocos días, Legolas había lanzado sorpresa tras sorpresa a los pies de su pobre padre. Era un milagro que el rey siguiera cuerdo.
Entonces Keldarion dio un grito de repente. Sus ojos de abrieron de par en par y empezó a respirar profundamente, temblando con fuerza en brazos de su hermano.
"¡Kel!" –Thranduil estaba en éxtasis. Se acercó más a sus hijos para acariciarles la cabeza, agradeciéndole a todas las estrellas del universo por el milagro que acababa de presenciar.
También temblando, Legolas se separó un poco y miró a su hermano con cariño.
"Bienvenido a casa, hermano."
"Leg… -Keldarion parecía aturdido y arrastraba las palabras al hablar-. Leg… las… ¿qué… pasó?"
Legolas le dio una sonrisa llorosa. Intentó responder, pero su lengua de volvió pesada de repente y no funcionaba bien. Sin embargo, para su extrañeza, el resto de su cuerpo se sentía tan ligero que le parecía estar flotando a la vez que sus extremidades se sacudían por el esfuerzo.
¿Es esto lo que ocurre cuando damos la mitad de nuestra alma?
Ese fue su último pensamiento coherente, antes de que todo se volvió negro.
No mucho después, Legolas se despertó en su cama, aletargado y mareado. Gimiendo suavemente, se puso boca arriba y se encontró a Gandalf mirándolo desde un lado de la cama.
"Es bueno verte despierto, su alteza" –lo recibió el mago con una media sonrisa.
Legolas cerró los ojos brevemente, pero cuando los volvió a abrir, Gandalf seguía con la mirada fija en él.
"¿Qué?"
"Hiciste algo muy peligroso, Legolas. Podrías haber perdido la vida."
Con una mueca, el príncipe se forzó a sentarse.
"No tuve otra opción, Gandalf. Lo sabes."
"Aun así fue un enorme riesgo. Pudimos haberos perdido a ambos. Compadezco a tu padre, casi le dio un infarto cuando te desmayaste."
Cruzando los brazos sobre las rodillas levantadas, Legolas resopló.
"No me desmayé."
"Entonces, ¿qué hiciste cuando te caíste al suelo?"
El príncipe sonrió con timidez.
"Me fui a dormir, eso es todo."
"Ja. No puedes engañarme, Legolas. Sé lo cerca que estuviste de la muerte al usar esa técnica en Keldarion."
Suspirando, Legolas se pasó la mano por su cabello despeinado.
"Sabía lo que hacía, Gandalf."
"¿De verdad? –el mago entrecerró los ojos-. Si Kel no hubiera despertado, ¿no habrías seguido dándole tu alma sin guardarte nada?"
Legolas taladró al mago con la mirada, con sus ojos plateados enfurecidos.
"Fue mi elección. ¿Quién eres tú para cuestionarla?"
Gandalf dejó de arrinconarlo con sus preguntas, sabiendo lo sensible que era Legolas cuando algo tenía que ver con su hermano mayor.
"Soy un amigo, mi príncipe. Nada más y nada menos" –respondió en voz baja.
Legolas bajó la cabeza, arrepentido por lo que había dicho.
"Perdóname, Gandalf. Hablé con demasiada dureza. Pero tienes que entenderlo, haría cualquier cosa por Keldarion y por nuestro padre. Mi amor por ellos es tan grande que no tendría la fuerza suficiente para seguir viviendo sin alguno de los dos. Preferiría morir con ellos que pasar el resto de mi vida solo."
"Eso no lo sabes, Legolas. Eres mucho más fuerte de lo que crees."
"Bueno, tal vez, pero no estoy listo para volver a pasar por lo de hoy. Ha sido tan duro… -dijo, todavía temblando de la impresión. Entonces apartó las sábanas y se puso en pie-. Por cierto, ¿cómo está Kel? ¿Ha despertado?"
"La última vez que lo vi seguía en cama. Tu padre está con él –respondió Gandalf, vigilando con cautela a Legolas al verlo balancearse-. Sin embargo debo ser honesto, tu hermano todavía está muy débil. También perdió el conocimiento cuando te derrumbaste."
Legolas tropezó y se habría caído al suelo si el mago no lo hubiera agarrado.
"Despacio, joven –dijo Gandalf mientras lo sujetaba por los hombros-. Sigues estando débil."
"Estoy bien. Solo mareado –tercamente, Legolas se enderezó y fue hacia la puerta con paso inseguro-. Voy a ver a Kel."
Al salir de la habitación, Legolas creyó oír al mago murmurar algo como 'elfling cabezota' y 'tonto obstinado', lo que le hizo sonreír ampliamente. Pero su sonrisa se desvaneció cuando entró a la habitación de su hermano y lo vio inmóvil en su cama, cubierto con las mantas hasta el cuello.
Thranduil estaba sentado en una silla junto a la cama, medio dormido, pero se enderezó al instante cuando Legolas se acercó.
"¿Qué haces aquí? Deberías estar descansando."
Legolas se subió a la cama y se acostó al lado de su hermano.
"Estoy descansando."
El rey frunció el ceño.
"Muy bonito, Legolas. Sabes a lo que me refiero."
Riéndose suavemente, Legolas respondió:
"Lo sé. Estoy bien, padre, en serio. Es Kel quien me preocupa."
Legolas se apoyó en un codo y miró el rostro de su hermano. La piel de Keldarion seguía un poco azul, pero ahora respiraba de forma constante. Incluso su resplandor había empezado a recuperarse.
"¿Ha despertado mientras yo no estaba?"
"Una vez, pero brevemente –Thranduil se inclinó para sujetar la mano inerte de Keldarion-. Sigue demasiado débil. Ay, Elbereth. Casi lo perdemos, ¿verdad?"
Legolas asintió.
"Casi."
El rey miró a su hijo menor.
"Casi te pierdo a ti también."
Sintiéndose un poco culpable, Legolas suspiró y apartó la mirada.
"Padre, por favor, no empieces."
"Lo que hiciste fue muy peligroso. Podrías haber muerto."
"Pero no lo hice."
"No vuelvas a hacerlo."
"¡No puedo prometértelo!"
"Debes hacerlo. Ser un sanador es una cosa, ¿pero dar tu alma? Eso es demasiado."
"¿Prefieres que dejara morir a Kel?"
"¡Claro que no! ¡Es solo que no quiero volver a pasar por eso!"
"¡Es mi derecho hacerlo! ¡Soy un manyan! ¡Haré lo que crea conveniente!"
"Hey, hey, hey. ¿Qué pasa aquí?"
Thranduil y Legolas miraron rápidamente hacia abajo para encontrarse con que Keldarion los observaba.
"¿Vais a llegar a las manos por mí?" –dijo mirando de uno a otro.
"¡Kel!" –los dos gritaron de alegría y se lanzaron a abrazarlo.
Keldarion se echó a reír débilmente entre sus brazos.
"¡Dios mío! ¡Qué agradable bienvenida! Me habéis echado de menos, ¿no?"
"No te haces ni idea" –respondió Legolas, con los ojos llorosos.
"Gracias a las estrellas que has vuelto, Kel –dijo Thranduil después-. ¡Tu hermano casi acaba conmigo con su sensiblería!"
Mirando a su padre, enfadado, Legolas acomodó otra vez a Keldarion entre las almohadas.
"No le hagas caso, Kel. Solo está exagerando. Entonces, ¿cómo te sientes?"
Keldarion esperó hasta que su padre lo cubrió con la manta para responder.
"Me siento tan… pesado, y… frío. ¿Qué me pasó?"
"¿No te acuerdas?"
Keldarion frunció el ceño, intentando recordar.
"Todo sigue borroso."
"¿Qué es lo último que recuerdas?" –averiguó Thranduil.
"Acabábamos de dejar la frontera y veníamos a caballo en dirección a casa –Keldarion se frotó la frente-. No me acuerdo de lo que ocurrió después. Lo siguiente que supe es que Legolas me abrazaba y que todo el ejército nos miraba. ¿Qué diantres estábamos haciendo?"
Cuando su padre y su hermano se quedaron en silencio como si le ocultaran algo, Keldarion insistió.
"¿Alguien va a decirme qué está pasando, por favor?"
Thranduil y Legolas se miraron, sin saber por dónde empezar.
"Es una larga historia, Kel" –dijo el rey por fin, acomodándose en su silla.
"No pasa nada. Tengo todo el tiempo del mundo –respondió Keldarion débilmente-. Puedes empezar por decirme quién ha hecho esto."
"Un manyan" –dijo Legolas en voz baja.
Keldarion parpadeó.
"¿Cómo dices? ¿Quién?"
"Un manyan –repitió Legolas-. Un manyan te hizo esto."
El príncipe mayor parecía aún más confuso.
"¿Qu… qué quieres decir? ¿Fuiste tú? ¿Tú me hiciste esto?"
Legolas puso los ojos en blanco.
"¡Yo no, bufón con medio cerebro! El otro manyan."
"¿Qué otro manyan? Ay, Legolas, ¿has perdido la cabeza? No hay otro manyan."
"Sí que lo hay."
Desconcertado, Keldarion negó con la cabeza.
"No puedes hablar en serio. Pensé que tú eras…"
De repente se quedó inmóvil, mirando aturdido al frente mientras recuperaba la memoria.
La compañía se detuvo para descansar en la cañada.
Los caballos pastaban en el campo.
Los guerreros hablaban y reían, celebrando el éxito.
El extraño alto y oscuro caminaba entre ellos.
Los guerreros caían uno por uno, con la piel azul…
Keldarion se quedó sin aliento, con los ojos como platos. Aterrorizado, miró a su padre y a su hermano.
"Lo recuerdo –susurró, temblando un poco de miedo-. Lo recuerdo todo."
¿Ven? Kel sigue vivo, fue falsa alarma XD Ahora a ver qué pasa con el otro manyan. ¿Encontrará pronto a Legolas?
