Capítulo 6

"¿Qué recuerdas, Kel? –Thranduil se inclinó hacia adelante y le sujetó una mano, tranquilizador-. ¿Qué pasó exactamente?"

Con su mano libre, Keldarion se apretó el puente de la nariz.

"Ya era de noche cuando nos detuvimos brevemente en la cañada porque había un pequeño arroyo cercano en el que podrían beber los caballos –empezó a explicar-. Y entonces, ese… ese elfo de aspecto extraño apareció de la nada. Nadie sabía quién era ni lo que quería y estábamos a punto de preguntarle cuando ocurrió algo muy extraño."

"Sigue" –lo animó Legolas, instándolo con un gesto de la mano cuando su hermano hizo una pausa para respirar.

"Él… movió el brazo así –dijo Keldarion, moviendo el brazo hacia un lado como si estuviera espantando un mosquito, casi golpeando a Legolas en la cara-. Fuimos derribados al instante, como si nos hubieran golpeado en el pecho con un martillo. Y luego, incluso antes de que cayéramos al suelo, ya había empezado a tocarlos a todos, uno tras otro –Keldarion se estremeció al recordar la escena-. Vi lo que les hizo. Solo los tocaba, pero los guerreros gritaban y se retorcían como si estuvieran en llamas."

Legolas se sacudió al oír eso.

"¿En llamas?"

Con una mirada triste, el príncipe mayor miró a su hermano a los ojos.

"Nunca olvidaré cómo gritabas cuando los hombres te quemaron en la hoguera ese día, Legolas. Y así es como gritaban los guerreros."

Al instante, Legolas recordó el incidente en el que el feo gatito luchaba por liberarse de sus manos. El pequeño gato también había sufrido mucho. Una víctima indefensa de un joven manyan sin corazón… Legolas evitó esos pensamientos y se concentró en la historia que contaba su hermano.

"Algunos de nosotros empezamos a dispararle, pero… ¡era invencible! –Keldarion sacudió la cabeza con incredulidad-. Las flechas no le hacían daño, ni siquiera un rasguño, pero los guerreros seguían cayendo muertos, con la piel azul. Nunca había visto nada igual, no puedo explicarlo bien."

"Supongo que también te tocó a ti" –dijo Thranduil, consternado.

El rostro de Keldarion se llenó de angustia.

"Intenté defenderme con mi espada, pero las armas eran inútiles. Sus poderes eran muy fuertes, tanto que pensé que estaba luchando contra un mago, pero solo era un elfo como nosotros."

"Su toque debió de dolerte mucho" –dijo Legolas con simpatía, mientras se aferraba a la otra mano de Keldarion como si intentara evitar que se fuera.

Keldarion les apretó las manos a ambos.

"Fue terrible. Era como si estuvieran arrancándome el alma del cuerpo. No me acuerdo de gritar, pero sí que clavé la mirada en él para memorizar su rostro."

"¿Cómo era?" –preguntó Thranduil.

Keldarion se mordió el labio inferior, sumido en sus pensamientos.

"Era alto y delgado. Tenía el pelo negro y sus ojos eran plateados. Era muy extraño, demasiado oscuro. Incluso sus ropas eran negras. Parecía joven, pero supe que era mucho mayor que yo. Me pregunto quién es."

"Se llama Galdor" –dijo el rey.

"¿Sabes su nombre? –gritó Keldarion, sorprendido, abriendo mucho los ojos-. ¿Pero cómo…?"

Entonces, de repente, tuvo un ataque de tos. Temblando, Keldarion se puso en posición fetal y Legolas se apresuró a llevarle un vaso de agua.

"Ten –dijo, llevándole el vaso a los labios-. Bebe. Poco a poco."

Keldarion bebió con avidez mientras que Legolas le ayudaba a sostener el vaso.

"¿Más?" –preguntó Legolas cuando su hermano terminó de beber.

"No, gracias –Keldarion sacudió la cabeza y se relajó, con los ojos cerrados-. Valar. Estoy tan cansado…"

"Perdona, Kel –dijo Thranduil, mientras le acariciaba la cabeza con cariño-. No deberíamos haberte presionado mientras estás enfermo."

Tras abrir los ojos, Keldarion le sonrió a ambos débilmente.

"Estaré bien, no os preocupéis. Sin embargo, estoy seguro de que estuve muerto, o a punto. Me sorprende seguir vivo. ¿Qué ocurrió después de que me encontrasteis?"

"Jaden y los demás te encontraron en la cañada –dijo su padre-. Cuando te trajeron a casa, pensamos que estabas muerto. Tu cara era azul. ¿Ves? Tus manos siguen estándolo."

Keldarion hizo una mueca.

"Un color horrible. ¿Entonces qué pasó después?"

Thranduil le echó un vistazo a su otro hijo, que lo miraba amenazadoramente.

"¡No se lo digas!"

Riéndose en voz baja, el rey continuó:

"Tu hermano te sanó, Kel. Pero tuvo que tomar medidas desesperadas."

Legolas le envió una mirada de advertencia, la cual Thranduil ignoró olímpicamente.

"¿Qué medidas desesperadas? –Keldarion miraba de uno a otro-. Legolas, ¿qué hiciste?"

"Te dio su alma."

Keldarion giró de golpe la cabeza hacia su hermano.

"¡¿QUE HICISTE QUÉ?!

"La mitad –aclaró Legolas, palmeándole el hombro para aplacarlo-. Solo te di la mitad de mi alma, no toda."

"¿Y se supone que eso me tiene que hacer sentir mejor?" –gritó Keldarion, o parecía estar gritando al ver que su cara enrojecía rápidamente.

"¡Está claro que no, pero eso impidió que te convirtieras en un maldito cadáver! –gritó Legolas-. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Dejarte morir?"

"Está bien, chicos. Ya basta –intervino Thranduil-. Parad antes de decir algo de los que os podáis arrepentir."

Legolas miró hacia otro lado, furioso, mientras que el otro príncipe se mordió los labios para dejar de reprender a su hermano. Keldarion estaba enfadado al descubrir lo que su hermano había hecho por él. No es que no lo apreciara, pero saber que Legolas estaba dispuesto a hacer tal sacrificio por él, hasta el punto de arriesgar su vida, le hacía sentir mal.

¿Y si hubiera salido mal? Pensó, asustado. ¿Y si hubiera muerto por mi culpa? ¡Elfling tonto! ¡Lo patearé en cuanto pueda salir de la cama!

"Kel, querías saber más sobre Galdor, ¿verdad?" –dijo el rey, rompiendo el tenso silencio.

Keldarion asintió.

"El otro manyan. ¿Cuál es su historia?"

Al ver que Legolas seguía en silencio, Thranduil le explicó todo a su hijo mayor desde el día en el que Uruviel fue asesinada por su propio hermano. Keldarion escuchaba atentamente, con los ojos como platos y viendo cómo el príncipe manyan que se sentaba con ellos se volvía cada vez más retraído.

"¿Qué quiere de nosotros?" –preguntó Keldarion cuando su padre terminó de hablar sobre el terremoto de la noche anterior.

Thranduil miró a Legolas, el cual seguía evitando su mirada.

"Quiere asegurarse de ser el único manyan" –dijo el rey en voz baja.

Keldarion miró a su hermano sin decir nada.

"¿Pero un manyan cuyo propósito es destruir en vez de sanar? ¿Está loco o es solo por maldad?"

Sin levantar la mirada, Legolas respondió.

"Su única intención es conquistar, convertirse en el ser más poderoso de Arda. Su corazón se ha vuelto oscuro, así que lo hace por maldad –mirándose las manos, el príncipe manyan continuó hablando-. Yo también sé lo que se siente tener tanto poder, es vigorizante –la difícil situación del gatito regresó a su mente y se le quebró la voz-. Sentía que era muy fácil convertirme en el ser más poderoso, pero no era eso lo que quería yo. Lo único que deseo es ver a todos bien y felices y mantener a quienes amo a salvo, aunque eso me cueste la vida."

Thranduil entendió completamente de lo que hablaba Legolas, pero Keldarion no conocía el incidente con el gato. A pesar de eso, el príncipe mayor se sentó con dificultad y envolvió los brazos alrededor de su hermano.

"Gracias por ser lo que eres, Legolas. Me equivoqué al gritarte."

"¿Quieres decir que ese croar patético que escuchamos era un grito?" –Legolas no se pudo resistir a molestarlo.

Keldarion empujó a su hermano y se dejó caer otra vez sobre sus almohadas.

"Desgraciado. ¿Intento disculparme y tú te burlas de mi voz? Tonto."

Legolas sonrió.

"Disculpa aceptada, Kel. Ahora descansa un poco."

Thranduil sonrió, contento de que alcanzaran una tregua.

"Legolas, ¿por qué no vuelves a tu habitación y descansas un poco? Me quedaré con Kel."

El príncipe más joven negó con la cabeza.

"No, deja que me quede yo –al ver la severa mirada del rey, Legolas añadió rápidamente-. En serio, padre, ya me siento bien, pero tengo que quedarme con Kel para asegurarme de que no tiene una recaída o algo así."

Fue una excusa muy pobre, pero Thranduil comprendió sus sentimientos. Su hijo necesitaba estar a solas con su hermano.

"Está bien. Está bien –cedió el rey al fin, con un suspiro. Entonces se levantó de la silla y se inclinó para besarle la frente a Keldarion-. Me alegro de que hayas vuelto, hijo, y estoy orgulloso de que hayas tenido éxito en la frontera. Bien hecho."

"Gracias, mi rey –respondió Keldarion-. De todas formas me haré responsable por la muerte de mis compañeros…"

"Ni hablar. Ese incidente fue algo ajeno a ti –dijo Thranduil con firmeza-. Ahora descansa y mejórate."

Keldarion sabía cuándo tenía que ceder ante el rey del Bosque Negro.

"Como quieras, padre."

Girándose hacia Legolas, Thranduil lo apuntó con un dedo.

"Y tú. Mantente alejado de los problemas."

"¿Yo? –Legolas se quedó estupefacto-. ¿Qué piensas que voy a hacer?"

"Conociéndote, cualquier cosa que hagas acabará en problemas."

"Qué gracioso" –Legolas frunció el ceño.

"En serio, Legolas –Thranduil se puso a su lado y le dio un beso en la parte superior de la cabeza-. No quiero que te sobrepases."

"No lo haré, lo prometo."

Eso no hizo que Thranduil se quedara tranquilo, ¿pero qué más podía decir?

"Muy bien, entonces. Os veo por la mañana."

Cuando el rey se fue, los dos príncipes se miraron con cariño.

"Nos diste un buen susto, Kel" –dijo Legolas.

Keldarion sonrió.

"Lo sé, pero creo que el más asustado era padre. Parece que no le hizo gracia lo que hiciste por mí."

Legolas se estremeció y apartó la mirada.

"Por favor, no hablemos de eso otra vez. Al menos, no esta noche."

Pensativo, el príncipe mayor cogió la mano de su hermano y la apretó.

"Todavía puedo sentirte dentro de mí."

El manyan se volvió hacia su hermano.

"¿De verdad?"

Keldarion asintió, sonriendo suavemente.

"Ahora recuerdo cómo me llamabas y me instabas a ir hacia ti. También recuerdo la luz brillante que surgió en la oscuridad. Pensé que estaba perdido para siempre, Legolas, pero entonces viniste y arrastraste mi culo de vuelta."

Con un nudo en la garganta, Legolas se inclinó y abrazó a su hermano.

"Me alegro de haber encontrado tu culo. Por cierto, vaya culo más feo, seguro que es azul."

Se rieron mientras se abrazaban y un minuto después, los dos hermanos se separaron con los ojos llenos de lágrimas y sonriéndose con timidez.

"Bueno, basta de charla –dijo Legolas, al fin, mientras cubría a Keldarion con las mantas-. Sigues débil, así que duerme un poco. Recuperarás las fuerzas en unas pocas horas."

"Supongo que tienes razón –coincidió Keldarion, estremeciéndose-. Ay, Elbereth. ¿Soy yo o la habitación está helada?"

Con el ceño fruncido, Legolas tocó la mejilla de su hermano. La piel de Keldarion estaba fría y húmeda, mientras que sus labios seguían azules. El manyan fue rápidamente hasta un armario para sacar más mantas.

"¿Y ahora? ¿Sigues teniendo frío?" –preguntó Legolas tras cubrirlo con las nuevas mantas.

Respondió Keldarion, con los ojos caídos.

"Gracias. Estoy mejor ahora."

Pero Legolas no se quedó tranquilo al ver que no dejaba de temblar. Se volvió hacia la chimenea y vio que el fuego estaba a punto de apagarse. No era de extrañar que la habitación estuviera tan fría.

Mirando brevemente a su hermano, que temblaba sin control bajo las mantas, Legolas hizo de tripas corazón y se dirigió a la chimenea. Tenía que avivar el fuego para ahuyentar el frío.

Ignorando el miedo, tiró algo de leña y empujó las brasas con un atizador de acero. Con el rostro enrojecido por el calor, Legolas dio un salto cuando saltaron chispas, rezando para que no cayeran sobre él y le quemaran la piel. Sin embargo, al ver que no ocurría nada como eso, respiró más tranquilo.

Tras conseguir un buen fuego, el príncipe se puso en pie con un suspiro de alivio, orgulloso de sí mismo después de realizar una tarea tan sencilla. Se giró de nuevo hacia la cama y entonces se encontró con que su hermano mayor lo observaba con atención.

"Has… conquistado el miedo" –dijo Keldarion en voz baja, satisfecho y abrumado.

Intentando aparentar indiferencia a pesar de que su corazón seguía acelerado, Legolas se encogió de hombros con una sonrisa vacilante.

"Sí. Creo que sí."

Keldarion no pudo decir nada más, con un nudo en la garganta. Sabía el miedo que tenía Legolas después de ese incidente en la hoguera. Pero ahora su hermano pequeño se había enfrentado a su mayor temor solo para darle comodidad. Legolas se subió a la cama y se sentó junto a la cabeza de su hermano.

"Descansa ahora. Cuidaré de ti esta noche."

Su hermano mayor sonrió.

"No estoy seguro de que me guste este cambio de papeles."

Legolas se rio ante eso.

"No te preocupes. No creo que este cambio dure mucho."

Keldarion lo miró fijamente, preocupado de repente.

"Legolas, prométeme que no vas a hacer nada estúpido."

"Lo prometo" –dijo Legolas, con una expresión en blanco.

Eso solo hizo que Keldarion se preocupara más. Legolas nunca se rendía tan fácilmente. Abrió la boca para decir algo más, pero su hermano puso un dedo sobre sus labios.

"Basta de charla, Kel. Ahora descansa, realmente lo necesitas."

Solo cuando estuvo seguro de que su hermano estaba profundamente dormido, Legolas hizo una promesa en voz alta:

"Galdor, dondequiera que estés te encontraré y te detendré, cueste lo que cueste. Le has hecho daño a mi hermano y no dejaré que vuelvas a hacerlo."

¿Qué estará planeando Legolas?