Capítulo 10
Thranduil seguía en el patio cuando se escuchó el trueno. Fue tan fuerte que el suelo tembló, haciendo que algunos elfos gritaran de miedo. Observando el cielo con el ceño arrugado, el rey le dijo al comandante:
"Asegúrate de que todos entran, diles que vayan más rápido. Parece que va a llover."
Linden asintió y fue a retransmitirle la orden del rey a los guardias. Thranduil estiró el cuello buscando a Gandalf entre la multitud y finalmente lo vio ayudando a una mujer con su hijo pequeño. La niña no dejaba de llorar, haciendo que su madre llorara también por la impotencia.
Y entonces Gandalf se puso rígido, se enderezó de golpe y se dio la vuelta, con los ojos abiertos de horror.
"¡Thranduil! –gritó, corriendo hacia el rey-. ¡Detrás de ti!"
Alarmado, Thranduil se giró, apenas consciente de que Linden se habían lanzado también hacia él. Pero antes de que pudiera ver qué pasaba, recibió un poderoso golpe en el pecho, lanzándolo hacia atrás. Sintió que volaba por el aire antes de caer con un golpe seco sobre el duro empedrado.
Gimiendo y con un zumbido en los oídos, Thranduil se apoyó dolorosamente sobre sus codos y miró a su alrededor, que giraba vertiginosamente.
Todos han sido derribados, pensó consternado, viendo los cuerpos inertes que estaban tirados a su alrededor como juguetes rotos. El comandante Linden se quejaba a varios pies de distancia, con el brazo izquierdo torcido en un ángulo extraño. A Gandalf le goteaba sangre por la barbilla mientras intentaba levantarse, pero fue obvio que seguía desequilibrado cuando volvió a caer hacia atrás.
Viendo doble, Thranduil escuchó a los guardias que salían corriendo del palacio. Mientras iban hacia su rey, los guerreros apuntaron con sus arcos a algún lugar que estaba a su espalda. Todavía aturdido, Thranduil miró por encima de su hombro y llegó a ver una figura alta y oscura que se acercaba con calma.
Entonces, el desconocido hizo un movimiento suave con el brazo y Thranduil sintió otro golpe mucho más fuerte que el anterior. Rodó por el suelo varias veces y por fin se detuvo sobre su estómago, sangrando por la boca. Al levantar poco a poco la cabeza, vio un par de botas negras que entraban en su borroso campo de visión.
"El rey del Bosque Negro, ¿no?" –dijo el desconocido, con la voz suave pero firme.
"G… Gal… dor…" –gruñó Thranduil, intentando levantarse.
Galdor se rio.
"Ese soy yo, rey. Galdor el manyan."
"No… no lo eres…" –Thranduil consiguió ponerse a cuatro patas, pero Galdor le dio un puñetazo en la mandíbula. Con un grito, Thranduil cayó al suelo.
Sonriendo con anticipación, Galdor se arrodilló y alargó la mano para tocar la frente del rey.
"Nunca he tomado el alma de un rey antes. Creo que la tuya me hará más poderoso."
Pero antes de que pudiera tocarlo, Galdor sintió que alguien se acercaba corriendo hacia él. Saltó rápidamente hacia atrás, justo a tiempo para evitar un fuerte golpe en la nuca.
"¡Aléjate de él! –gritó Legolas, plantándose de forma protectora entre el oscuro manyan y el cuerpo tendido de Thranduil-. ¡Te mataré antes de que lo toques!"
Si Galdor parecía malvado antes, ahora todavía más. Su rostro extrañamente hermoso hizo una mueca cruel, mostrando sus dientes perfectamente blancos. Sus ojos plateados eran muy parecidos a los de Legolas, pero en lugar de brillar con bondad lo hacían de malicia.
"Bueno, bueno, bueno. Aquí estás. El otro manyan –arrogante, Galdor se acercó un paso hacia Legolas hasta que quedaron casi pegados el uno al otro-. Aquel al que quiero matar."
Para su crédito, Legolas ni siquiera parpadeó. Sin inmutarse, se quedó mirando al elfo oscuro, apretando los puños. Vio por el rabillo del ojo que Keldarion se arrodillaba con cautela al lado de su padre. Apenas consciente, el rey gimió con los ojos cerrados. Galdor se quedó mirando al príncipe heredero cuando lo reconoció.
"¿No se supone que estabas muerto?"
Enfurecido por lo que Galdor le había hecho a su padre, Keldarion agarró el pomo de su espada, con ganas de usarla. Daba gracias a haber logrado coger su querida arma antes de salir de su habitación con su hermano cuando oyeron los gritos.
"Eres tú el que morirá" –dijo el príncipe heredero entre dientes, con la cara roja.
Con una sonrisa de ironía, Galdor volvió a levantar el brazo, pero antes de que pudiera crear otra honda con su poder, Legolas se aprovechó de su torso desprotegido y lo golpeó con el codo a la altura del corazón con toda la fuerza que tenía. Aturdido, Galdor tropezó varios pasos hacia atrás, casi perdiendo el equilibrio. Frotándose el pecho, miró al príncipe, sorprendido de que su golpe le causara dolor.
No es invencible, después de todo, pensó Legolas, igual de sorprendido. No es inmune a mí.
"Legolas…"
El príncipe manyan miró sobre su hombro. Keldarion sostenía a su padre en posición vertical y Thranduil miraba a su hijo más joven con tristeza, con los ojos un poco desenfocados por el dolor.
"Estaré bien, padre. Yo me encargaré de esto –dijo Legolas, sonriendo tranquilizadoramente-. Kel, tú y padre tenéis que retroceder. No quiero que os hagáis daño."
"No…" –Thranduil sacudía la cabeza mientras se ponía en pie con la ayuda de Keldarion. Sabía por la expresión decidida de Legolas lo que planeaba hacer. No, no podía permitirlo. ¡No podía dejar a su niño enfrentarse al manyan oscuro solo!
"Legolas, no…"
Pero Legolas ya no lo estaba escuchando. El príncipe de cabellos dorados ya estaba caminando tranquilamente, alejándose de su pueblo y su familia, haciendo que Galdor se enfocara solo en él. Gandalf se acercó cojeando al rey sin su bastón.
"Hay que retirarse, mi señor. Kel, llevemos a tu padre a un lugar seguro."
Pero Keldarion tampoco quería moverse. No podía apartar los ojos de su hermano, que de repente tenía un aura extraña. A pesar de la tensa situación, el rostro de Legolas estaba en calma y aunque estaba desarmado, estaba más que listo para la batalla con Galdor. Aferrado a Keldarion, Thranduil de repente se quedó sin aliento.
"Va todo de blanco."
Por los Valar, es cierto. Keldarion también se dio cuenta. Descalzo, Legolas solo llevaba una camisa blanca y unos pantalones de algodón del mismo color. Incluso su largo cabello dorado, que ahora ondeaba tras él por el fuerte viento, parecía más plateado bajo la tenue luz resultante de la tormenta que se avecinaba. Sin lugar a dudas, Legolas era el manyan blanco.
El manyan blanco sentirá la muerte.
"G… Gandalf… -intentó decir Thranduil, muy preocupado. Lo que más temía estaba a punto de hacerse realidad-. No podemos… dejar que luche contra Galdor."
El rey hizo el amago de acercarse a su hijo menor, pero el mago tiró de él rápidamente.
"¡No, mi señor! No podemos evitar que ocurra. Está destinado. No podemos cambiar lo que ya está escrito."
Dejando a su padre al cuidado de Gandalf, Keldarion declaró:
"Voy a ayudar a Legolas."
Con un gruñido, el mago usó su mano libre para tirar del brazo del príncipe. Keldarion ya estaba desenvainando la espada.
"¡Esta no es tu lucha! –estalló Gandalf-. Tu espada es inútil, Keldarion. Solo conseguirás que te maten. Ahora vamos, retroceded los dos. Dejadle a los manyan espacio para la batalla."
Aun así Keldarion y Thranduil siguieron sin moverse. Al final, el mago tuvo que arrastrarlos a ambos, murmurando sobre la terquedad de cierta familia real.
Pero Gandalf no pudo alejarlos del patio, pues el rey y su hijo mayor plantaron los pies en el suelo, sin querer alejarse ni una pulgada más. Tampoco es que pudiera llevarlos más lejos, pues la entrada del palacio estaba llena de gente. A pesar de las heridas y el miedo a Galdor, los elfos no querían perderse el enfrentamiento inminente entre los dos manyan.
Los guardias caídos se levantaban poco a poco. Heridos y aturdidos, trabajaron juntos para llevarse a sus compañeros inconscientes y el resto de heridos graves. También había algunos caballos en el suelo, pero la mayoría estaban muertos, con el cuello roto. Sosteniéndose el brazo herido, Linden se acercó tropezando hacia su rey.
"Mi señor –dijo con dificultad, con una mueca de dolor-. Con su permiso le ordenaré a los arqueros que le disparen a Galdor."
Con la mirada triste, Thranduil se volvió hacia el comandante.
"No, no. Ya oíste lo que dijo Gandalf. Las armas son inútiles contra él. Además que Legolas podría ser golpeado por una flecha."
A Linden no le hizo gracia el no poder hacer nada, pero sabía que Thranduil tenía razón. Entonces vio a Keldarion al otro lado del rey, apoyándolo. Ansioso, el príncipe heredero del Bosque Negro no era capaz de apartar la mirada de su hermano. Incluso ahora agarraba su espada con fuerza, listo para intervenir si hacía falta.
Mientras tanto, al otro lado del patio, Legolas y Galdor se observaban fijamente. De la misma estatura, ambos manyan permanecían inmóviles, evaluando en silencio la fuerza y debilidades del otro.
Cuando el cielo llore…
Como predijo la profecía, empezó a caer una pesada lluvia.
Los manyan ni se inmutaron, concentrados en no romper el contacto visual. En cuestión de segundos estaban empapados. Un rayo cruzó el cielo sobre ellos, pero no le hicieron caso. La tensión era tan grande que nadie se atrevía a hablar con tal de no romper el inquietante silencio.
Tras lo que pareció una eternidad, Galdor y Legolas empezaron a moverse lentamente en círculo, observándose con recelo.
"¿Te has divertido tomando almas inocentes?" –le preguntó Legolas en voz baja. Empapado, su delgada camisa se pegaba a él como una segunda piel, dejando ver su cuerpo entonado. Sus pantalones también se le pegaban a las piernas, pero no le importaba la incomodidad. Ajeno a todo, solo tenía ojos para Galdor.
"Por supuesto –dijo el manyan oscuro, sonriendo-. La mejor fue la de tu hermano. Quiero tomar de nuevo su alma, después de matarte."
Legolas no cayó en su juego. Sin perder los estribos, le sonrió al otro manyan con frialdad.
"Eso no sucederá. Solo uno de nosotros saldrá con vida, y ese seré yo."
"No estés demasiado seguro de eso, joven. ¡Soy mucho más fuerte que tú!" –con un grito, Galdor movió el brazo.
Pero Legolas estaba preparado para eso. Se dobló un poco por la cintura, preparándose, pero la onda que anteriormente lo había derribado todo, pasó sin hacerle daño al príncipe manyan. Sintió un ligero golpe en el pecho y el aire y el agua que se arremolinaban a su alrededor, pero eso fue todo. Seguía en pie, no lo había derribado.
"Legolas es inmune a las ondas del poder de Galdor –les explicó Gandalf a Thranduil y Keldarion en voz baja cuando los dos se giraron a la vez hacia él, asombrados tras presenciar la escena-. Eso se debe a que Legolas también tiene esa capacidad si tomara el alma de alguien. Pero él no sabe esto, claro."
"¿Otro secreto manyan, Gandalf? –preguntó Thranduil con sequedad-. ¿Hay algo más que deba saber sobre mi hijo?"
Gandalf apretó los labios con disgusto.
"Hmm, no. Eso es todo."
Aturdido pero satisfecho, Legolas le sonrió al elfo oscuro, que lo observaba con incredulidad. Galdor se miró la mano, preguntándose por qué su poder no tenía efecto en el príncipe manyan.
"Impresionante –dijo Legolas, fingiendo susto-. Pero eso demuestra lo cobarde que eres."
"Está bien, te mataré de la forma más sencilla. ¡Con mis propias manos!"
En ese momento, Galdor dio un salto y levantó el puño. Legolas se apartó en un instante, inclinándose hacia un lado y esquivó el golpe por meras pulgadas.
Gruñendo, Galdor levantó el otro puño e intentó golpearlo en el cuello, pero Legolas vio el peligro y dio una voltereta hacia atrás, golpeando a la vez con las piernas. El oscuro manyan las esquivó fácilmente, pero sujetó a Legolas por el pelo y tiró de él con fuerza, desequilibrándolo.
Antes de que pudiera recuperar el balance, Galdor lo hizo inclinarse hacia adelante y le dio un rodillazo en el esternón. El príncipe sintió que se quedaba sin aire por el repentino dolor, pues le pareció que le iba a explotar el pecho, pero entonces agarró rápidamente la mano de Galdor que seguía en su pelo y se la retorció.
Galdor gritó y lo soltó instintivamente, dándole a Legolas la oportunidad de enderezarse y levantar los puños, con los que golpeó el pecho de su oponente con todas sus fuerzas. El oscuro manyan salió volando hacia atrás, pero se las arregló para darle una tremenda patada en el rostro a Legolas antes de caer al suelo.
Legolas tropezó y se cayó al suelo con un grito. Se quedó allí un momento, aturdido y desorientado, viendo manchas negras que le llenaban la visión.
Vale, eso duele, pensó, limpiándose la sangre que le goteaba por la nariz. Diez pies más lejos, Galdor luchaba por ponerse en pie y le enviaba al príncipe una mirada torva, que Legolas le devolvió.
Keldarion se precipitó hacia adelante cuando vio caer a su hermano, pero Gandalf lo detuvo a toda prisa.
"No, no. No te necesita ahora. No hay nada que puedas hacer para ayudar."
El príncipe no le creyó y miró al mago frunciendo el ceño. Gandalf lo ignoró.
"Solo observa, su alteza."
Thranduil extendió la mano y tiró de la manga de su hijo, reteniéndolo a su lado. Ellos y el resto de los elfos miraban paralizados la batalla en curso. Al igual que Keldarion, el rey odiaba estar allí y ser testigo de cómo su hijo más joven luchaba contra ese cruel monstruo. Pero no tenía otra opción, ¿no?
Otra vez en pie, Galdor y Legolas se movían en círculo con cautela, en busca de una oportunidad para atacar. El suelo estaba lleno de barro, volviéndolo resbaladizo y sus ropas estaban sucias por la caída, pero ese era el menor de sus problemas en ese momento.
Legolas miró a través del agua que le goteaba por las pestañas. La lluvia empezaba a molestarlo. Estaba mojado, cansado, dolorido y hambriento. Ese último pensamiento le hizo sonreír.
¡Vaya momento para pensar en comida!
"¡Ríndete, joven! –gritó Galdor cuando lo vio sonreír, pues pensaba que Legolas se estaba burlando de él-. Ríndete y te daré una muerte rápida y limpia."
"¿Rápida y limpia? –resopló Legolas-. ¿Pensabas en eso cuando mataste a tu propia hermana?"
La cara de Galdor se ensombreció todavía más. Con un siseo, saltó hacia adelante tan rápido como un rayo. Cogió a Legolas por sorpresa y consiguió golpearlo en el cuello, pero el príncipe no tropezó y le devolvió el golpe. Galdor lo bloqueó y siguió atacando.
Durante un tiempo, los dos manyan quedaron inmersos en un rápido combate cuerpo a cuerpo que era a la vez elegante y mortal. En un momento giraban y esquivaban, al siguiente se balanceaban para golpear. Se oían gritos de dolor y la sangre brotaba de cortes y rasguños y caían al suelo para volver a levantarse y continuar con el mortal combate.
Thranduil apretaba el brazo de Keldarion, temiendo por su joven hijo manyan. Legolas era un guerrero excepcional, ágil y de pies rápidos, pero… ¡estaba luchando con un poderoso elfo! Cruel y loco, además. El rey del Bosque Negro no quería seguir viendo la batalla, pero simplemente no podía apartar los ojos de su hijo, que ya se tambaleaba.
A medida que la lluvia disminuía, también lo hacía la fuerza de Legolas. Le dolía todo el cuerpo y ya casi no podía levantar los brazos. Le zumbaban los oídos y ni siquiera sentía su cara. Le dolía la cabeza, las piernas y hasta sus ojos.
¡Maldita sea! ¡Todo duele!
Todo lo que quería ahora mismo era tumbarse en el suelo y dormir, pero no podía hacer eso porque Galdor seguía en pie, a pesar de que no parecía estar mucho mejor que él. Una gran herida sangraba en la mejilla de Galdor y Legolas deseaba que lo hiciera aún más.
Con un grito, Legolas se lanzó contra su rival, haciendo que ambos cayeran en un charco. Hizo un movimiento con la intención de golpear la nuca de Galdor, pero el otro elfo lo esquivó y lo aprisionó bajo su cuerpo.
Legolas se dio cuenta demasiado tarde de que su plan había fracasado. Gruñendo de furia, Galdor metió la cara del príncipe en el charco, intentando ahogarlo. Legolas se retorcía y se resistía, pero el otro elfo no cedía. Es más, Galdor empezó a apretarle el cuello.
Legolas se estaba quedando sin aire rápidamente y había tragado sin querer algún buche de agua sucia, revolviéndosele el estómago. Se retorció desesperadamente, pero no podía quitarse a Galdor de encima.
Keldarion no pudo soportarlo más. Se liberó de su padre, le quitó una lanza a un guardia y corrió hacia los dos manyan, haciendo caso omiso de los gritos de consternación de su padre y el mago gris.
Galdor se detuvo cuando sintió acercarse al intruso. Miró hacia atrás rápidamente y vio al príncipe heredero. Gruñendo de frustración, el oscuro manyan se levantó y movió el brazo, causando que Keldarion volara hacia atrás por la onda de poder. Incluso los elfos que miraban, alejados, dieron varios pasos hacia atrás.
Tosiendo, Legolas salió de golpe del charco. Parpadeó y entonces montó en cólera al ver a su hermano retorciéndose de dolor a los pies de Galdor.
