Capítulo 11
"¡ALÉJATE DE ÉL!" –gritando de furia, Legolas se puso en pie, vacilante, y cargó hacia Galdor.
El manyan oscuro se giró y se inclinó rápidamente para coger la lanza de Keldarion, que había caído al suelo. Levantó el arma para apuñalar a Keldarion en el vientre, pero Legolas se lanzó sobre él, envolviendo los brazos alrededor de su cintura.
Los dos manyan cayeron con los brazos y piernas enredados. Gruñendo y gritando, los dos se pelearon por la lanza. Reprimiendo una maldición, Legolas liberó una mano y le clavó los dedos en el ojo a Galdor.
El manyan oscuro gritó y se lo frotó frenéticamente. Legolas se llevó las rodillas al pecho y luego dio un golpe con las dos piernas, lanzando a Galdor un poco más lejos. Dándose la vuelta, Legolas se apresuró y cogió la lanza. Entonces se puso en pie, se colocó sobre Galdor e intentó clavársela.
Pero no pasó nada.
El príncipe vio, consternado, cómo la punta de la lanza rebotó en el pecho de Galdor sin hacerle daño. Intentó clavársela de nuevo, pero Galdor sujetó la lanza con fuerza, sonriéndole maliciosamente al príncipe.
"La hoja no puede cortarme, muchacho. ¡Pero sí puede matarte a ti!"
Galdor movió una pierna y la enredó por detrás de la rodilla de Legolas. El príncipe cayó, pero se levantó rápidamente y se retorció al ver que Galdor se levantaba y dirigía la lanza hacia su cabeza. Pero, por desgracia para Legolas, no se movió lo suficientemente rápido. La punta de la lanza le cortó el torso, dejando una línea sangrienta que iba desde su hombro izquierdo hasta casi llegar a su ombligo.
Gritando de dolor, el príncipe cayó de rodillas. Burlándose, Galdor giró la lanza preparándose para el siguiente golpe.
"¡Legolas, cógela!" –gritó Keldarion de repente, lanzándole su espada a su hermano.
Legolas levantó la vista al instante e ignorando el dolor, cogió la espada en el aire y bloqueó el ataque de Galdor justo antes de que la lanza se le chavara en el cuello. La fuerza del golpe hizo que le temblaran los brazos y volvió a caer, quedándose sentado en el suelo. Galdor no perdió el tiempo y le dio una patada al príncipe en la cara.
Legolas cayó hacia atrás, sin soltar su espada. Galdor corrió y lo atacó con la lanza, pero Legolas lo esquivó con un movimiento rápido. De alguna manera se las arregló para volver a levantarse, temblando. Con la ropa rasgada y ensangrentada, el príncipe manyan miró a Galdor como si fuera a través de un túnel. Sentía que estaba a punto de desmayarse, por lo que sacudió la cabeza vigorosamente.
"No puedes vencerme, muchacho –sonriendo, los ojos de Galdor disfrutaron del lamentable estado de Legolas-. Te daré otra oportunidad. Admite la derrota y te mataré rápidamente."
Legolas estaba tan dolorido que la propuesta le resultó tentadora. Estaba tan cansado que en lo único que podía pensar era en dormir. Debilitado, casi dejó caer la espada para rendirse, pero entonces pensó en su hermano y en su padre. También pensó en su casa, su pueblo y el Bosque Negro.
¿Qué será de ellos si dejo que Galdor me mate?
El agotamiento en sus ojos fue sustituido por la ira.
"Nunca, Galdor –declaró-. Si me quieres muerto tendrás que luchar por ello."
La sonrisa de Galdor se desvaneció.
"Como desees."
Con el rostro sombrío, el manyan oscuro sacudió el brazo y mandó una onda de poder hacia Legolas. Al igual que antes, la onda pasó inocuamente sobre Legolas, pero ahora sostenía la espada de su hermano. La energía empujó la pesada hoja de acero y ésta tiró de Legolas, que seguía aferrado a ella.
Voló por el aire varios segundos hasta que aterrizó sobre algo duro y frío, quedándose sin aliento. Parecía que le iba a explotar el cuerpo de dolor y la cabeza le daba vueltas. Alguien le gritaba desesperadamente, advirtiéndole del peligro.
La voz de Kel, pensó, mareado. Pero, ¿de qué peligro habla?
Con mucha dificultad, levantó lentamente la cabeza, parpadeando para aclararse la vista. Entonces se dio cuenta de que estaba tumbado boca abajo sobre un montículo inmóvil y entrecerró los ojos.
¿Qué es esto?
Era el cadáver de un caballo, uno de los de los guardias, probablemente.
"¡LEGOLAS!" –gritó Keldarion otra vez.
Legolas gimió, deseando que se quedara en silencio y lo dejara dormir. Pero para su exasperación, los demás también empezaron a gritar, diciéndole que se levantara y que Galdor se acercaba…
Galdor.
Con eso se espabiló. Abrió los ojos, sin acordarse de haberlos cerrado y vio al oscuro manyan caminar perezosamente hacia él.
Alarmado, Legolas intentó levantarse, pero al parecer no le respondían las piernas. Movió las manos en busca de la espada de Keldarion, pero ésta estaba a unos diez pies de distancia, totalmente fuera de su alcance. Estaba atrapado, y la muerte parecía ser su única salida.
La mueca maliciosa que Legolas tanto odiaba ya estaba de vuelta en la cara de Galdor cuando el oscuro manyan llegó a donde estaba. Sin soltar su lanza, se rio.
"Eres un digno oponente, muchacho. Es una pena que tenga que matarte."
"¿Por qué?" –dijo el príncipe con la voz ronca, pegándose más al costado del caballo y con la cara hacia el lado en el que no estaba Galdor. Ya no soportaba verlo.
Galdor se acercó más.
"Sabes por qué. Solo puede haber un manyan. No me gusta compartir el mundo con otro como yo."
"Ya sé eso… ¿pero por qué?" –insistió Legolas, haciendo tiempo para usar su último recurso para destruir a Galdor. Puso las palmas de las manos contra el cuerpo del caballo y empezó a absorber la muerte del animal en su propio cuerpo.
Era una técnica muy difícil que había aprendido por accidente el verano anterior, cuando un grupo de seres humanos lo obligó a devolverle la vida a un muerto. No había funcionado, por supuesto. Legolas era un sanador, no un dios y de hecho, casi le había costado la vida al absorber la muerte como lo estaba haciendo ahora otra vez.
"¿Que por qué? –sin darse cuenta de lo que estaba haciendo Legolas, Galdor se arrodilló cerca del príncipe caído-. Es como decir que por qué solo hay una luna y un sol. La respuesta es simple. Deseo ser el más poderoso, es la mejor sensación que existe, créeme. Deberías probarlo."
"Lo hice. Y lo odié" –jadeó Legolas. Estaba muy pálido ya, por la muerte que llenaba su cuerpo.
Keldarion, que los observaba a varias yardas de distancia, se dio cuenta, horrorizado, de lo que ocurría. Con los ojos como platos, miró a su padre y a Gandalf con la mirada llena de pánico.
El blanco sentirá la muerte…
"Por los Valar…" –Thranduil se quedó en el mismo estado al comprender por fin el significado de la profecía.
Gandalf le apretó el hombro, sin dejar de observar a los dos manyan.
"Sin embargo, solo el blanco vivirá, mi señor" –le susurró al rey al oído, dándole algo de esperanza.
Galdor frunció el ceño cuando Legolas se negó a mirarlo a los ojos.
"¡Mírame cuando te hablo, muchacho!"
Con la lanza en ristre, el oscuro manyan tiró de la manga desgarrada del príncipe y le dio la vuelta. Para sorpresa de todos, Legolas se retorció y se lanzó hacia arriba con un grito, apretándole el cuello a Galdor. Gritando de agonía, Galdor luchó como loco, arañándose el cuello desesperadamente cuando sintió la muerte helada que Legolas le introducía en el cuerpo.
"¡Ahora mírame tú! –gruñó Legolas, apretando las manos. Sus ojos eran como de plata ardiente y el pelo empapado volaba a su alrededor gracias al viento repentino-. Solo puede haber un manyan, Galdor. Y ese manyan es un sanador, no un asesino. Vuelve a tu oscuro mundo. No eres bienvenido aquí."
Haciendo una mueca, Galdor intentó apuñalarlo con la lanza, pero gracias a la energía que había absorbido, Legolas hizo un movimiento con la mano y la hoja salió disparada de su mano. Sacudiéndose y gritando, Galdor se esforzó por liberarse, pero Legolas no se lo permitió. Lo sujetó hasta que estuvo seguro de que todo signo de muerte había dejado su cuerpo y estaba en el de su enemigo.
Y entonces, ocurrió lo inevitable. Algo explotó en la parte posterior del cuello de Galdor, rociando sangre y trozos de algo brillante. Esas partículas eran la piedra manyan, por lo que el poder de Galdor desapareció.
El príncipe lo soltó y se dio la vuelta, colocándose en posición fetal y cubriéndose la cabeza con los brazos al ver cómo el oscuro manyan empezaba a desintegrarse frente a sus ojos. Galdor gritó una y otra vez hasta que su voz se desvaneció y entonces solo quedó el silencio.
Keldarion comprobó que no quedara señal de Galdor. Solo quedaba un montón de cenizas oscuras donde anteriormente estaba el manyan, pero el viento se las llevó y las dispersó.
Galdor había desaparecido del todo. Y Legolas seguía en el suelo, gimiendo y temblando.
"Ay, Legolas… -tropezando, Keldarion cojeó hacia su hermano. Entonces se dejó caer al suelo y abrazó al elfo más joven con fuerza, meciéndose suavemente-. Se ha acabado. Se ha ido. Lo conseguiste, Legolas. Por fin se ha acabado."
Legolas no podía hablar. Las lágrimas corrían por su rostro, pero no fue capaz de emitir ningún sonido.
Thranduil también se acercó corriendo, con la ayuda de Gandalf. El rey abrazó a sus dos hijos, besándoles la cabeza varias veces. Mientras Gandalf miraba los restos de cenizas, el comandante Linden le daba órdenes a los guardias. La gente se acercó para rodear a la familia real y alguien le dio a Keldarion una capa seca.
"El príncipe Legolas necesita esto, su alteza."
Keldarion asintió y cogió el manto. Con la ayuda de su padre, envolvió la tela cálida alrededor de su hermano menor. Legolas no respondía, todavía en shock con la mirada perdida.
"Tenemos que encargarnos de su herida –dijo Gandalf al ver el largo corte en el torso de Legolas-. Todavía sangra bastante."
"¿Sangro? –dijo Legolas de repente, casi haciendo que Keldarion lo soltara del susto-. ¿Quieres decir que estoy vivo?"
Aliviado, Keldarion se rio.
"¿Por qué lo dices? ¿No quieres estarlo?"
Su hermano consiguió sonreírle débilmente.
"No. Me encanta estar vivo. Además, todavía tenemos que terminar esa partida de ajedrez, ¿te acuerdas?"
Los demás se rieron, contentos de que el príncipe manyan volvía a ser él mismo. Pero entonces los párpados de Legolas empezaron a cerrarse y su voz era cada vez más débil.
"Estoy… cansado… ¿Puedo… dormir ya?"
"Claro, hijo mío –dijo Thranduil en voz baja, apartándole el pelo de la cara-. Vete a dormir."
Y eso fue exactamente lo que hizo.
Legolas durmió durante muchas horas, y para cuando despertó, ya había anochecido. Las primeras palabras que dijo fueron:
"Tengo hambre."
Sentado al lado de la cama, Keldarion se irguió, sacudiéndose el sopor de encima, y se inclinó sobre su hermano.
"¿Qué acabas de decir?"
"Dije que tengo hambre –repitió Legolas-. No he comido nada en todo el día."
Keldarion siguió mirándolo y entonces una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.
"Tienes hambre."
Frunciendo el ceño y peleándose contra las pesadas mantas, el príncipe más joven se sentó.
"¿Qué pasa? ¿Hay eco aquí dentro?"
"¡Tienes hambre! –con un grito, Keldarion tiró de su hermano en un abrazo y lo apretó-. Es la cosa más dulce que has dicho hoy."
"¡Oye! –protestó Legolas, empujándolo un poco, alarmado-. ¿Qué pasa contigo, Kel? ¿Te has golpeado la cabeza o algo?"
Keldarion se rio y le dio un beso en la frente.
"Estoy bien, enano. Estoy bien. Galdor no me hizo mucho daño. Era yo el que estaba preocupado, estuviste inconsciente tanto tiempo que pensábamos que no despertarías."
"Sí, bueno, pero tómatelo con calma, ¿quieres? Todavía me duele" –haciendo una mueca, Legolas señaló los vendajes que cubrían la herida palpitante en su torso.
Keldarion puso una mirada de disculpa.
"Ups, lo siento."
En ese momento se abrió la puerta y Thranduil entró apresuradamente.
"¡Keldarion…! ¿Qué está pasando? –el rey se detuvo y entonces vio a su hijo menor sentado en la cama-. ¡Legolas! –exclamó, entusiasmado, abrazando al príncipe manyan-. ¡Has despertado!"
Legolas le devolvió el abrazo.
"Sí, padre. He dormido suficiente."
"Y tiene hambre" –declaró Keldarion, sin dejar de sonreír.
"Oh, Valar –Thranduil apretó a Legolas contra su costado-. Kel, dile a los sirvientes que le traigan a tu hermano algo de comer."
Cuando Keldarion salió por la puerta, el rey se volvió de nuevo hacia su hijo menor.
"Nos has asustado. No vuelvas a hacer eso."
El príncipe hizo una mueca.
"Ay, padre, otra vez con eso. Sabes que no puedo prometer algo así."
"Por favor, inténtalo. Por mí. Casi me muero al ver a ese manyan intentando romperte el cuello. Hazme el gusto, ¿vale? Me conformo con que intentes evitar el peligro."
Legolas miró a su padre fijamente durante un momento, y finalmente suspiró.
"Está bien. Lo intentaré."
"¿Lo prometes?"
"Sí, padre. Lo prometo –dijo Legolas-. Pero aun así no puedo garantizarte que no me meteré en problemas."
Thranduil puso los ojos en blanco.
"Lo que sea, hijo. Pero gracias de todas formas."
Keldarion volvió un rato después acompañado por Gandalf. El mago le sonrió al príncipe manyan.
"Ya veo que estás de vuelta con nosotros."
"Sí. Se siente bien estar de vuelta –respondió Legolas, sonriendo ampliamente. Luego frunció el ceño-. Por cierto, ¿estáis todos bien? Vi que Galdor os hizo daño en el patio."
"Vamos a estar un poco morados los próximos días, pero por lo demás estamos bien. No te preocupes –respondió Keldarion, llenándole un vaso de agua-. Ten."
Legolas lo cogió, agradecido. Cuando terminó de beber le hizo un guiño a Keldarion.
"Parece que nuestros papeles han vuelto a cambiarse."
Todos gimieron al oír eso y Thranduil le dio un ligero coscorrón, en broma.
"Diablillo."
Riéndose, Legolas se volvió hacia el mago.
"¿Ya está todo bien, Gandalf?"
Sujetando su bastón, que gracias a los Valar había sobrevivido al altercado con Galdor, Gandalf asintió.
"Sí, su alteza. Todo está bien, Galdor ya no existe."
"¿A dónde fue? ¿Murió?"
Encogiéndose de hombros, el mago respondió:
"En realidad no está muerto. Pero tampoco está vivo. Digamos que nunca irá a Valinor o las salas de Mandos. Simplemente se ha… err… evaporado. No nos causará más problemas."
"Así es, Legolas. Después de esto, todos los problemas volverás a causarlos tú" –dijo Keldarion, riéndose.
Legolas lo taladró con la mirada.
"Qué gracioso."
Entonces entró un criado con una bandeja de comida para el príncipe manyan. La dejó en la mesita de noche y se fue tan silenciosamente como había entrado. Legolas miró la bandeja con incredulidad cuando su padre la puso sobre su regazo.
"¿Qué es esto?"
"Gachas" –contestó Thranduil brevemente.
Legolas parecía disgustado.
"Sé que son gachas, ¿pero por qué?"
"¿Por qué lo dices? Es el mejor alimento para un enfermo."
"No estoy enfermo –insultado, Legolas cruzó los brazos sobre el pecho-. Acabo de ganarle a un monstruo poderoso."
"Sí, claro. ¿Entonces quieres alimentos aptos para un guerrero? ¿La sopa de champiñones 'aliento de fuego', por ejemplo?" –bromeó su hermano.
Legolas abrió la boca para replicar, pero su padre intervino rápidamente antes de que empezara una discusión.
"Legolas, come."
Nadie podía negarse antes el tono que había usado el rey, así que murmurando sobre padres y hermanos arrogantes, Legolas empezó a comer. Para su sorpresa, sin embargo, la mano con la que sostenía la cuchara le temblaba. Estaba mucho más débil de lo que pensaba.
Cuando Keldarion lo vio, le quitó la cuchara y empezó a darle de comer. Al ver que su hijo estaba en buenas manos, Thranduil salió con Gandalf de la habitación.
Una vez que Legolas había vaciado el plato, Keldarion sugirió que terminaran su partida de ajedrez y el príncipe más joven aceptó, con una sonrisa entusiasta.
"Claro, Kel. Prepárate para perder."
"De ninguna manera, enano. Solo necesito tres movimientos para acabar con tu rey."
Keldarion sacó el tablero y lo puso sobre la cama. Legolas miró las piezas y se dio cuenta de que su hermano estaba en lo cierto. Su rey negro estaba a punto de encontrarse con su destino. Sin embargo, no entró en pánico y sus ojos brillaron cuando se le ocurrió un plan con su mente astuta.
"¡Jaque mate! ¡Has perdido!" –anunció Keldarion alegremente, un rato más tarde, frotándose las manos.
"Oh, ¿estás seguro?" –dijo Legolas con indiferencia.
"Claro que estoy seguro. Mi reina está delante de tu rey."
"¿En serio? –Legolas puso una sonrisa torcida-. Entonces prepárate para mi próximo movimiento."
"¿Próximo movimiento? –resopló Keldarion-. ¡No hay próximo movimiento para ti, amigo! Tu rey ya está… ¡Hey! ¿Qué diantres estás haciendo?"
"¡Mi rey ha besado a tu reina! ¿Ves? –sonriendo, Legolas empujó la cara de su rey contra la reina de su hermano-. Ahora el rey está en problemas. Se han llevado a su esposa y tiene que vender su reino para pagar el enorme rescate. Sus soldados huirán y la…"
Con un rugido, Keldarion saltó sobre su hermano. Gruñendo y maldiciendo, los dos hermanos lucharon por toda la cama, tirando las piezas de ajedrez.
En el estudio real, oyendo los fuertes golpes y la risa salvaje procedente del piso de arriba, Thranduil miró a Gandalf con tristeza.
"¿Ves lo que tengo que aguantar?"
El mago gris se rio en respuesta.
Bueno, pues hasta aquí llega esta historia. Muchas gracias a todos los que han leído, y sobre todo a los que han dejado comentarios :)
Bell Star: Gracias por comentar siempre, me animas muchísimo a seguir con esto y me encantan tus opiniones *.*
LilyCR: Me alegro de que hayas vuelto a engancharte y espero que te pase con las próximas historias :)
Larienn: Ya echaba de menos tus comentarios, me alegro de que hayas vuelto a leerme =D
pauoromarsh: Muchas gracias por comentar. No te preocupes que al menos en esta historia todos han sobrevivido. Más adelante no se sabe XD
Y como siempre, un adelanto de la siguiente historia:
'La Novia Infame: Hay algo extraño con la prometida de Keldarion, y solo Legolas puede sentirlo. ¿Pero cómo conseguirá que los demás le crean?'
Parece ser que nuestro Kel se nos casa :')
