Antes de nada, agradecer a Sssssy y a Lupis Sanz por sus reviews en el capítulo anterior. He procurado que este capítulo fuese un poco más largo dado que los anteriores no lo fueron. Hoy, en teoría, sale el fallo del jurado de un concurso al que me presenté en el que había que escribir un relato corto y bla bla bla y como estoy demasiado nerviosa porque quiero saber quienes son los ganadores, pues me puse a escribir, porque era la única forma de tranquilizarme. Así que dad las gracias al concurso porque si no fuera por eso, hoy no tendríais capítulo nuevo.

Como estamos en época de exámenes, no se cuando podré volver a actualizar así que os pido que tengáis un poco de paciencia. Mucha suerte a todos en este mesecito que nos queda de curso y ¡besos desde España!


Capítulo cinco.

Peldaño a peldaño, subía las escaleras mientras recordaba la conversación que tuvo en el ático. Sonrió esta vez, sin necesidad de esconderlo y metió la mano en su bolsillo para sacar las llaves del apartamento. Pero algo le detuvo cuando pisó el último escalón.

Unas ligeras notas de guitarra llegaban a sus oídos. Cambió su gesto inmediatamente y aceleró el paso. Abrió la puerta de golpe, esperando que no fuese lo que él creía. Y no se equivocaba.

One went out at a bus stop in Edinburgh
One went out in an english park
One went out in a nightclub when I was fifteen
Little lights in my heart

One went out when I lied to my mother
Said the cigarettes she found were not mine
One went out within me
Now I smoke like a chimney
It's getting dark in this heart of mine
It's getting dark in this heart of mine

-Es preciosa –oyó decir a Charlotte en el momento en el que cruzaba el umbral de la puerta.

Tiró las llaves con fuerza sobre el sofá y dejó caer el maletín que llevaba cogido con una mano al suelo, para poner rumbo al dormitorio de la joven.

Tal y como pensaba, allí se encontró a las dos mujeres. Lisbon tocaba la guitarra y cantaba, mientras que Charlotte se dedicaba a mirarla con una sonrisa y escuchar atentamente.

-Pensé que era policía, y no cantante.

Ambas mujeres se giraron hacia él, sorprendidas. Notó la adrenalina recorrer todo su cuerpo al verlas con esa cara de terror. Eso era lo que más le gustaba de matar; ver el terror en la cara, porque saben que es su final y que no podrán hacer nada para evitarlo.

Se acercó a ellas lentamente. Lisbon se levantó de la cama; Charlotte hizo lo mismo. La agente cubrió con su cuerpo a la joven, estirando su brazo izquierdo para evitar que se moviera de su espalda.

-Charlotte cielo, ¿no la avisaste de que no me gusta que cantes?

Clavó su mirada en ella, mientras veía como sus ojos se humedecían. Volvió a sonreír. Tenía mucho miedo.

-Si me lo dijo. Pero yo no lo hice caso. No querías que cantase, porque lo hace demasiado bien, y temías que si publicaba algún vídeo en internet, Jane lograra reconocerla. ¿No es así?

-He de reconocer que tienes mucha fuerza de voluntad, Teresa. A pesar de todo por lo que te he hecho pasar, y de saber lo peligroso que soy, sigues plantándome cara –Sonrió. Tal y como comprobó en el ático apenas unas horas antes, él seguía llevando la voz cantante. -Y ya sabes lo que pasa, cuando alguien me planta cara –susurró muy cerca de ella. Lisbon no hizo amago de moverse de donde estaba, a pesar de que Haffner se acercaba a ella con un cuchillo que había sacado del bolsillo interior de su chaqueta. Charlotte seguía arrinconada en la habitación, mientras veía como se acercaba su fin. El de Teresa, y el suyo propio.


Un fuerte golpe les descentró. Algo había chocado contra la amplia ventana del cuarto. Se levantó de la silla para dirigirse al lugar, mientras pedía a la pelirroja que siguiera informando de los avances que tenían.

-Según esto, Ray Haffner tiene cuatro viviendas a su disposición; tres de ellas aquí en Sacramento, y una en Oakland.

-Es posible que se la haya llevado a Oakland. No está demasiado lejos y así se aseguraba de tenerla a una distancia prudente de nosotros –exclamó Rigsby, leyendo unos informes.

-Es posible, pero no probable. No se arriesgaría a llevársela tan lejos. De aquí a Oakland hay unas 2 horas de ida, y otras dos de vuelta. Lo que hacen 4 horas en las cuales estaría completamente sola. Eso sumado al tiempo que Haffner estaría aquí. Son demasiadas horas, y ella aprovecharía para escapar –les explicó Jane, quien recogía una pequeña paloma herida del alféizar.

-Pero, basándonos en esa suposición, ocurriría lo mismo aquí en Sacramento. Es cierto que tardaría menos en llegar, pero también Lisbon tardaría menos en buscarnos –opinó esta vez Cho.

-Está en Sacramento. Y Haffner tiene a algo o a alguien que la impide pedir ayuda –esperó varios minutos en silencio, mientras colocaba al ave sobre su cama, con la intención de curarla. Su rostro se iluminó de repente, pero Cho le interrumpió.

-No son sus hermanos. Les hemos llamado, y están bien –omitió la parte en la que Tommy aseguraba que mataría a Jane en cuanto lo viese.

Van Pelt iba a hablar, intentando mostrar ánimos al asesor para que no se diera por vencido, pero una extraña acción del hombre llamó la atención de todos.

Patrick Jane estaba levantando la paloma con sus brazos, y besándola sin parar.

-Grace, repíteme las direcciones de los apartamentos de Haffner en Sacramento.

-Uno de ellos está en 1801 L. Unos apartamentos situados en el Midtown. Otro está en 3050 de Fite Cir. Y el último está en 3351 Duckhorn Dr.

- 3351 Duckhorn Dr –repitió Jane, mostrándoles un pequeño papel en el que estaba anotada la dirección.

-¿Estás seguro de que es de Lisbon? –preguntó Rigsby, algo sorprendido por la gran suerte que habían tenido.

-Completamente seguro –afirmó el rubio, leyendo lo que había escrito en la otra cara de la nota.

Y sin perder un segundo más, pusieron rumbo al apartamento, armados y dispuestos a hacer lo que fuese para salvarla.


Miró sus manos llenas de sangre tiritar. Las giró despacio para ver la palma, que estaba todavía más empapada en el líquido rojo. Su vista comenzó a nublarse y una pequeña sonrisa se reflejó en su cara. Al fin, todo había acabado.

Pequeñas gotas de sangre caían de sus manos, mientras que a sus pies, el cuerpo sin vida del hombre descansaba sobre el suelo, con un charco a su alrededor que cada vez se hacía más grande. Se apartó el pelo de la cara con el brazo, procurando no tocarlo con la mano y suspiró con fuerza para volver a inhalar aire.

Sintió el cuerpo de la joven agarrarse a ella, y como sus brazos rodeaban su espalda. Empezó a llorar desconsoladamente y Lisbon no pudo hacer otra cosa que limpiarse las manos con cuidado en el pantalón y aferrarse a Charlotte también. La ropa de la agente estaba manchada de sangre, que la salpicó cuando le clavó el cuchillo con fuerza; pero no pareció importarle a Charlotte, quien seguía sin soltarla.

Juntas y sin deshacer el agarre, se dejaron caer al suelo despacio. Teresa se apoyó en la pared y acarició el pelo rubio de la joven, mientras la susurraba palabras tranquilizadoras al oído. Notó como su cuerpo tiritaba, y a la vez el suyo propio, pero poco a poco se fue tranquilizando. Pocos minutos después, Charlotte cayó rendida. Era demasiada la presión que estuvo soportando y demasiadas noticias impactantes las que había recibido que, cuando hubo un poco de paz, su cuerpo la obligó a descansar. Lisbon por su parte, observó varios minutos a la joven. Había intentado levantarse y llevarla a otro sitio para no tener delante a Ray Haffner, muerto, con toda la sangre alrededor; había intentado levantarse para llamar a sus compañeros y amigos, para avisarles de dónde estaban y que vinieran a por ellas, pero no tenía fuerzas. Había gastado todas las que le quedaban para matar a Haffner, en un intento por sobrevivir.

Cuando vio como John el Rojo se acercaba a ellas, con el cuchillo en mano, empezó a pensar que podía hacer para salvarse, y eso fue lo único que se la ocurrió. Simuló que estaba asustada y colocó los brazos hacia delante, para intentar frenarle. O al menos, para hacerle creer que quería frenarle. Justo cuando el cuchillo rozaba su propio vientre, cuando el asesino en serie pensaba abrirla en canal, retorció su muñeca con fuerza hasta el punto de llegar a rompérsela, de forma que ahora, el arma blanca apuntaba hacia el hombre. Antes de que éste pudiera pararla, empujó con todas sus fuerzas hacia adelante y cuando notó que le cuchillo estaba dentro de él, le giró en un impulso de matarle; para que toda la tortura acabara de una vez.

Ray cayó al suelo instantáneamente al sentir el arma en su estómago. Se la sacó con rapidez y colocó su mano buena sobre la herida, tratando de parar la hemorragia. Pero la sangre no paraba de brotar. Sabía que su final estaba cerca y todo por haber considerado a la mujer que tenía delante un blanco fácil. Sabía que era una mujer fuerte, lista y segura de sí misma, Y tal y como dijo antes, tenía mucha fuerza de voluntad, demasiada. Pero pensó que despues de todos esos meses en los que había estado bajo su control, obligada a hacer cada cosa que él decía, soportando palizas y abusos de todo tipo, no sería capaz de defenderse; y ahora él había pagado las consecuencias de haberla subestimado.

Sabiendo que todo había acabado para él, puesto que una ambulancia tardaría demasiado en llegar y para entonces, la hemorragia sería tal que habría muerto, decidió llevarse con él a las dos mujeres que tenía delante y así hacer sufrir más todavía a Patrick Jane. Porque había estado obsesionado con él desde entonces.

Recogió el cuchillo del suelo y miró al frente con una sonrisa en la cara pensando que había ganado. Sonrisa que se borró en seguida al ver, en una fracción de segundo, a Lisbon con los puños en alto, levantando una pierna y golpeándole con certeza en la parte trasera del cuello. Un golpe potente, que le causó la muerte debido a la rotura de este.

Su vista volvió a emborronarse al recordar lo ocurrido y, cuando estaba a punto de perder la consciencia por el gran trauma acababa de pasar, oyó unos golpes. Alguien estaba entrando en la casa a la fuerza. Las pisadas se acercaban y se obligó, de forma casi irreal, a mantenerse despierta; a seguir adelante. Todo había acabado ya. Agitó ligeramente a Charlotte, quien seguía dormida sobre su pecho mientras los pasos se oían cada vez más cerca y reconocía las voces de quienes la estaban llamando.

Sonrió al ver aparecer por la puerta a Jane, Van Pelt, Rigsby y Cho. Vio como los cuatro se quedaron impactados la ver la escena. Ray Haffner estaba en el suelo, muerto; una joven que creían no conocer de nada estaba recostada en su brazo; y ella tenía el cuerpo lleno de moratones y la cara con un ojo morado y el labio roto. Pero enseguida, un miedo invadió su cuerpo al ver como Jane se acercaba a ellas corriendo. Su respiración aceleró e intentaba calmarse, pero no lo conseguía. Ayudaron a Charlotte a levantarse, mientras la preguntaban quién era. Ella se limitaba a mirar a Lisbon, ignorando a los demás.

Cuando la joven ya estaba de pie, Jane se acercó a Lisbon y se agachó a su lado con la intención de abrazarla. Pero para su sorpresa, la mujer le esquivó deslizándose por el suelo hasta quedar a una distancia prudente del hombre. Se intentó levantar ella sola para evitar que alguno de los tres hombres que había allí, se acercaran a ayudarla. Charlotte se dio cuenta de lo que ocurría y enseguida acudió a su lado, ofreciendo sus manos.

Patrick Jane seguía acuclillado, mirando a la pared. Lisbon acababa de rechazarle; había huido de él cuando le ofreció su ayuda. La conmoción que había sentido cuando entró en la sala y vio a Teresa, con un aspecto horrible; el cuerpo lleno de moratones, mucho más delgada, un ojo morado y el labio roto, aquello le había partido el corazón. A mayores, un escalofrío recorrió su cuerpo al observar a la joven rubia que había recostada sobre la mujer. Era muy parecida a él, demasiado y, le recordaba tanto a su pequeña Charlotte que no pudo pensar otra cosa que fuera un espejismo de su cabeza. Pero, cuando la ayudaron a levantarse, comprobó que no lo era.

Las dos mujeres volvieron a abrazarse, bajo la atenta mirada del resto de los presentes. Lisbon sonrió ligeramente y se acercó al oído de la chica para susurrarle:

-Es él.

Charlotte deshizo el abrazo rápidamente y miró a Jane.

-Jane –dijo la agente, para llamar su atención. Cuando comprobó que este la miraba, siguió hablando –te presento a Charlotte, tu hija.

La cara del asesor cambió radicalmente al escuchar las últimas palabras. Levantó por completo la cabeza y miró a Lisbon de nuevo, para afirmar que lo que había dicho era cierto y clavó su vista en la joven, que esperaba impaciente su reacción. Se acercó lentamente a ella y cuando estuvo a pocos centímetros de distancia la tomó de las manos.

-¿Es cierto? ¿Eres tú? –la preguntó con lágrimas en los ojos; lágrimas que todos compartían.

-Eso parece –dijo ella y sintió el fuerte abrazo de su padre.

Al ver la escena volvió a sonreír. Todos les miraban sonrientes así que decidió salir de allí para no arruinar el momento. Despacio, y sin borrar el gesto de felicidad de su cara, caminó por la habitación sin hacer el menor ruido hasta llegar a la puerta. Salió de allí y echó a correr sin pensarlo. Bajó las escaleras con rapidez y, una vez en la sala de estar del apartamento, se acurrucó en una de las esquinas. Se asombró de haber sido capaz de echar a correr, pero la adrenalina que circulaba por su cuerpo debido al miedo de que cualquier hombre pudiese siquiera tocarla la hizo moverse. Cruzó sus brazos alrededor de sus piernas y apoyó la cabeza en las rodillas para empezar a llorar desconsoladamente. Su cuerpo había rechazado a Jane cuando este se acercó a ella para abrazarla. Se vio obligada a alejarse por miedo a que hiciera lo mismo que Haffner. Y eso era lo que más la dolía, porque sabía que él no sería capaz de hacer algo así. Sabía que Jane había venido a salvarla, aunque ya fuese tarde; sabía que la había estado buscando sin descanso; y sabía que había sufrido mucho con su repentina pérdida. Sabía que no la haría daño, pero no podía evitarlo. Su cuerpo rehuía de manera inconsciente de cualquier hombre.


Acariciaba con dulzura la espalda de la joven, a la vez que se mentalizaba así mismo de que era cierto. Su hija estaba allí, delante de él. Viva. Se pellizcó con fuerza la mejilla para comprobar que no era un sueño, aunque lo pareciera por completo. Se separó de ella y vio como la rubia clavaba sus ojos humedecidos en él. Pero enseguida los apartó para buscar a otra persona. Y su cara cambió al darse cuenta de que no estaba

-¿Dónde ha ido Teresa? –les preguntó mientras se colocaba un mechón de pelo rubio rizado detrás de la oreja; gesto inequívoco de que estaba nerviosa.

-No lo sé. Estaba aquí hace un minuto –contestó Van Pelt, todavía abrumada por la situación, al igual que Rigsby y Cho.

Jane, haciendo mucha fuerza de voluntad puesto que no quería apartarse de ella, se alejó de su hija en dirección a la puerta para buscar a la agente.

-Esperad –tragó saliva –antes de que vayáis a buscarla… hay algo que debéis saber –susurró Charlotte, sintiéndose culpable de lo ocurrido.


Oyó unos pasos acercarse y enseguida supo de quien eran. Su corazón aceleró y su cuerpo empezó a temblar, acción provocada por el miedo. No levantó la vista ni hizo un amago de moverse de donde estaba. Intentó parar el llanto y se obligó a si misma a, al menos, dejar que sus ojos soltaran lágrimas. Los pasos pararon cuando el hombre se encontraba a un metro de distancia de ella y sonrió aliviada. Pero enseguida volvió a asustarse al pensar que no tardaría mucho en lanzarse a abrazarla.

-Tranquila, no voy a acercarme más. Ni siquiera voy a tocarte –tragó saliva al oírle y supuso que Charlotte se lo habría contado, cosa que confirmó al oír sus palabras –Por favor, mírame –pidió con la voz entrecortada y enseguida supo que él también estaba llorando –por favor –volvió a suplicar y accedió.

Levantó la vista despacio, asustada ante la imagen que podría percibir de un momento a otro. Pero se asombró al verle allí, separada de ella, de pie y con lágrimas recorriendo su cara sin parar. Se sentía culpable de lo ocurrido.

-Lo siento mucho. Nunca quise que ocurriera esto, ni siquiera quise meterte. Intenté evitarlo, intenté apartarte de mí. Pero no pude y ahora… -desvió la vista de ella, incapaz de mirarla a los ojos –ahora estás así por mi culpa. Solo quería darte las gracias por salvarme la vida y por salvarla a ella; por protegerla durante estos meses. Gracias, de verdad y… lo siento –sentenció, notando un nudo en su garganta que le impidió continuar.

Cerró los ojos sintiéndose impotente. Frente a él, tenía a la mujer a la que amaba; la mujer que le ayudó a superar un fuerte trauma que ahora ella estaba pasando y no podía hacer nada para ayudarla. No podía hacer absolutamente nada y eso le mataba por dentro y más al saber que se encontraba en ese estado por su culpa. Por su maldita culpa.

Dispuesto a marcharse de allí para dejarla espacio y pedir a su hija que viniera a hacerla compañía, puesto que era la única a la que había dejado acercarse, intentó girar sobre sus talones. Pero un peso sobre él se lo impidió.

Los brazos de la mujer rodearon su espalda y su cuerpo se apretó contra el de él. Oyó y sintió los sollozos de Teresa sobre su hombro y como poco a poco su chaqueta se calaba. Su primer instinto fue abrazarla con fuerza y estrecharla contra su cuerpo pero, justo en el momento en el que sus manos se iban a posar sobre su espalda, se detuvo.

De forma casi imposible, Lisbon se había abrazado a él. Había dado un paso muy grande y temía fastidiarla si la rodeaba con sus brazos. El miedo podría volver a invadirla y se apartaría de él de golpe para huir. Espero varios segundos, pensando que hacer y al final se decidió. Colocó una de sus manos en la espalda de la mujer y la otra sobre su pelo, acariciándola suavemente mientras susurraba palabras tranquilizadoras.

Su cuerpo se estremeció al sentir las manos de Jane sobre su cuerpo. Se separó ligeramente de él pero enseguida volvió a juntarse. Necesitaba desahogarse después de todo lo que había ocurrido y, a pesar de ser un hombre, se alegró al comprobar que seguía teniendo esa fuerza que la hacía tan característica y que la permitió abrazarse a él al oír como la pedía perdón. Quería demostrarle que no tenía la culpa y a la vez, necesitaba un hombro en el que llorar.

Poco a poco se fue tranquilizando. Entre las suaves caricias de Jane y su voz apaciguada logró respirar con normalidad. Poco a poco, sus ojos se cerraron y, en décimas de segundo, su cabeza cayó ligeramente sobre el pecho de él, dormida. Patrick sonrió y suspiró algo aliviado. Era cierto que el trauma por el que estaba pasando Teresa era muy grave, pero con ese gesto supo enseguida que no tardaría mucho en curarse. Sí, sería un camino muy difícil, pero no era imposible.

Decidió salir de allí cuanto antes y, con cuidado de no despertarla, pasó uno de sus brazos detrás de sus rodillas y la cogió en volandas. Subió las escaleras en dirección al cuarto donde estaban los demás y se permitió el lujo de observar su rostro. A pesar de estar magullado por los golpes que había recibido, seguía viéndola preciosa, como si de una princesa se tratase; aunque para él, Teresa Lisbon era su princesa particular.