Capítulo Resubido. Disculpen los inconvenientes


Notas: Recuerden, TLP (Trastorno Límite de la Personalidad=cambios bruscos de emociones y pensamientos, no confundir con Bipolaridad); TID (Trastorno de Identidad Disociativa="personalidades múltiples"); TEPT (Trastorno por Estrés Postraumático)

Notas2: Esta es la primera parte de la tercera parte de la historia. Quise introducir mejor cómo toma Mokuba todo este asunto, aún desde el PV de Seto. Principalmente, porque lo que viene luego merecía ser separado de este comienzo para no saturarlo/as :)
Advertencia: Mención de agresión y autolesión.


La Multiplicidad y Nosotros
o (El Amor Dividido de Kaiba Seto)

.:.

Tercera Parte - Mokuba

Mokuba es un buen chico. Mi hermano se convirtió en una gran parte de todo mi mundo desde la infancia, él me entiende cómo soy en realidad y acepta cada desliz de mi mente atrofiada desde que tuvo consciencia y comenzó a seguirme fielmente aunque hallara formas de evitarlo a toda costa. Sé muy bien que cualquier persona que se relaciona conmigo –normalmente en el ámbito laboral– tiende a opinar y juzgarme deliberadamente, vinculando mi apática personalidad pública a lo que realmente vivo día a día dentro de mi círculo familiar, es decir, con las personas que verdaderamente me importan. Aquello me tiene sin cuidado, no influirá en mi las calumnias que se mueren en el tiempo, pero todo cambia cuando aquella gente cizañera se mete con él, alardeando de conocernos realmente, se meten en aguas peligrosas que no les recomiendo nadar; de mí pueden hablar y cotillear lo que quieran, pero mi familia debe mantenerse al margen. Aquello ahora incluye, claramente, a Atem.

Mokuba se ha tomado aquella afirmación a pecho. Tanto así, que me preocupa su incesante intranquilidad e interés por el bienestar de Atem lo cual ha llegado a distraerlo de sus estudios o habituales actividades en Kyoto –que es donde se encuentra realizando sus estudios universitarios– debido principalmente a que piensa que al cuidarlo tanto a él como a Atem estoy alejándome un poco de mí mismo, como si no me hubiera convencido ya de eso yo mismo, años atrás. Llama constantemente preguntándome por Atem y a él preguntándole por mi, nos visita en cada descanso posible de la universidad e inclusive ha llegado a incomodar al chófer preguntando a qué lugares hemos acudido cuando no logra localizarnos. Al principio encontraba esto hasta tierno aunque ciertamente controlador, pero últimamente al notar que algo se hallaba fuera de lugar con nosotros, su intensidad ha aumentado, analizando nuestras palabras y buscando una explicación lógica que puede escapar al ojo común –incluso del mío– sobre cada acción que Atem realiza y las reacciones que me causa que no puedo evitar.

El problema es que hay cursos de acción que no siguen una línea lógica cuando Atem está involucrado.

El porqué pienso ahora en esto es debido al despido del ingeniero en jefe del área de diseño hace unas semanas atrás por esta misma razón. Llevaba un tiempo recibiendo quejas de la gran boca de este sujeto que pensé que habían sido mermadas hasta que encontré a Atem agarrándose a golpes con el tipo, luego de que finalizara una reunión que tuve que atender de carácter urgente. Me había acompañado a la empresa una tarde para una junta de última hora del área de recursos humanos para el presupuesto de ese año cuando ocurrió, temprano en una noche de miércoles.

«―Espera en mi oficina si deseas ―le recomendé, mientras íbamos por los pasillos del cuarto piso. Caminaba a mi lado y llevaba consigo su mochila de cuero, cruzada por el pecho, donde guardaba su computador portátil como si fuera un tesoro. Recién salía de sus clases vespertinas y nos habíamos encontrado en la entrada del edificio corporativo en el que se encontraba mi empresa―. Ya estarás al tanto del tiempo que toma el concretar los presupuestos.

―No te preocupes, no tengo nada mejor que hacer en casa y solo ―me sonrió, con ese gesto sincero y ladeado que amaba, aunque me negara a aceptarlo en voz alta―. Me dispondré a terminar un pequeño escrito. Quizá me dé una vuelta por el área de diseño luego, podría inspirarme un poco.

―¿Nuevo trabajo?

―Sí, quisiera algo en 3D esta vez, pero no creo que lo logre a tiempo ―en eso llegamos a mi oficina.

―Nos vemos entonces ―dije, bajo el dintel de la puerta, dejó rápidamente la mochila sobre el escritorio de vidrio y se acercó de nuevo a mí. No había nadie cerca. Me besó suavemente, como todos sus besos, y sonrió de nuevo. Conocía esa sonrisa.

―"Go get 'em tiger" (4).

―Te juro que mandaría a bloquear esa película de cada canal y página web de Japón si quisiera.»

Iba siendo la típica reunión de la tarde que se alargaba hasta la noche, usualmente él me esperaría en un salón de juntas vacío, en mi oficina privada o conversando con mi secretaria, pasaría máximo una hora, saldríamos a comer a algún restaurante que nos antojara y nos volveríamos a descansar en casa. Eso tendría que ocurrir en un día normal, no obstante, aquella noche fue todo menos normal, o normal en lo que cabe para personas que no son ni Kaiba Seto ni Mutou Atem.

Cuando salí de la reunión –un poco agitado e inconforme con los empleados que gestionan el talento humano de la empresa–, revisé mi teléfono para cerciorarme de algún mensaje o llamada perdida que Atem hubiera hecho en el transcurso de la hora que me pudiera indicar su nuevo paradero, pero que no logré leer al percatarme del ajetreo que había en el único lugar del piso que aún seguía en horario laboral. La sección de Mercadotecnia que maneja la ingeniería de producto encendió una alarma interna que me obligaba a ignorar el corto mensaje recibido de Atem hacía media hora que me confirmara las sospechas que nacían en mi cabeza. Él normalmente controla sus impulsos y molestias cuando anda medicado contra el TLP y TID, sin embargo, debo andar precavido cuando está fuera de su zona de confort, aquella que llama hogar, y aquel día iba a ser uno de ellos.

Caminé lo más rápido que pude, sin perder la compostura, hasta el lugar de la conmoción. Hasta el día de hoy aún siento el corazón palpitando en mis oídos.

«―¡Don't mess with me!(*)―escuché tan pronto crucé el pasillo que dividía el cuarto de archivo del área de Mercadotecnia. Ese tono de voz tan distintivo me heló por unos segundos la sangre. La niña. Atem pensaba que era una niña extranjera de entre 11 a 13 años, superdotada y altanera, nuevamente―. ¡Eres un Ogro! ¡Yo quería aprender! ¡Quería aprender!

―¡Quítate, hombre! ―una vez me acerqué lo suficiente al barullo y aparté los ingenieros que observaban el altercado, vi a Atem semisentado sobre quien me parecía ser el jefe de área, que a su vez evitaba desde su posición en el suelo los manotazos de Atem a su persona y gritaba espantado ante lo que sucedía.

―¡No! ¡You're an awful person! ¡Awful!(**)

― ¿Qué diablos pasa aquí? ¡Atem levántate!

―¡Kaiba-san! ―exclamó el hombre, aliviado al verme aparecer―. ¡Este bicho está loco! ¡Quítemelo de encima!

―¡Tu eres el bicho! ¡I hate you!―respondió Atem en un chillido agudo digno de una chiquilla malcriada, me pregunté cómo un hombre joven como él lograba hacer esos bruscos cambios de tono, pero me respondí de inmediato que la mente es un esquema que no hemos logrado descifrar completamente―. ¡Me trataste de inepta y estúpida! ¡Esa no es forma de tratar a una dama! ¿Tiene una niña como yo enseñarle modales a un viejo como tu, con agua y lejía?

―¡¿Pero que estupideces dices?! ¡Mierda, estás mal! ¡Eres un maldito loco desquiciado que debe estar encerrado! ¡Quítate de encima!

Algo hizo clic en mí y estalló― ¡REPITE lo que acabas de decir!»

Una vez Atem se calmó un poco y escuché lo que pasó, de los demás colaboradores que estaban presentes, le exigí la renuncia inmediata al ingeniero (según parece, Atem llegó requiriendo permiso para que le enseñaran las nuevas impresoras 3D que habíamos adquirido y el jefe de área lo subestimó al negarle el acceso a los diseños para probarlas. Cuando lo logró, quiso corregir unas medidas como método de autoaprendizaje y el jefe se enfrascó en una discusión que obligó a la nueva personalidad a manifestarse). Sé muy bien lo administrativamente tedioso que es despedir y reemplazar a un empleado –más cuando puede haber un tema legal por agresión–, pero no puedo dejar que nadie me falte el respeto al faltárselo a él y menos le permitiría a ninguno seguir en la empresa si fue un empleado al que hube noqueado una noche en presencia de otros; nadie trabajaría después de eso bajo ninguna condición, aún más con la denuncia que deseaba salir de sus labios partidos.

Yo solo me preocupaba por los agrietados labios de mi novio y las temblorosas manos sosteniendo su mochila, renuente a mirarme ni un segundo a los ojos.

De igual forma, tan pronto Mokuba se hubo enterado por mi secretaria de lo ocurrido me exigió el despido de aquel pedazo de hombre, aclarando que de no hacerlo, él mismo vendría a Tokio para firmar los papeles sin mi ayuda. Luego me reclamó –esto me sorprendió tanto que estuve sin habla por unos buenos minutos– la forma en la que reaccioné y las consecuencias que eso podría traer para ambos. Indudablemente, sé que mi actuar no fue el más correcto o el que más se asemeja a mi forma de ser, pero solo había sentido este tipo de instinto protector casi salvaje con Mokuba, así que fue una pequeña revelación para mí que me desestabilizó luego y que necesito mantener en control de ahora en adelante.

Luego de discutir –sí, fue una extensa discusión con mi hermano menor por teléfono sobre mi prometido– mencionó la necesidad de que Atem anduviera con un guardaespaldas 24/7 –algo que inclusive he pensado desde que acepté mis sentimientos, algo revoltosos al principio, por él– que hasta Mokuba había sugerido contratar por sí mismo, además de crear conciencia en la empresa de quién era realmente Atem y la influencia que tendría de ahora en adelante frente a todos los empleados que ahí trabajaran.

La diferencia entre mi hermano y yo es que yo sé que de hacerlo, la confianza de Atem hacia mí tambalearía y crearía más un problema que una solución.

Como dije, es un buen chico, me conforta saber que hice y sigo haciendo un buen trabajo en su crianza y en sus estudios que aumentaran su capacidad analítica (5), mas no por ello comparto todo de su razonar. Está bien que Mokuba encuentre en Atem una salida a ciertos pensamientos y sentimientos de protección hacia alguien más que no logra hacer mella en mí, pues es mayor mi deber hacia él, que el de él hacia mí –soy el mayor y él mi responsabilidad, mi promesa de antaño–, sin embargo, no debo permitir que sienta esa necesidad que recae completamente en Atem y en mí exclusivamente, solo porque con eso encuentra una reacción inmediata de mi parte. Una situación que me pone entre la espada y la pared, al parecer.

Aquello empezó a suceder desde el día en el que se enteró, por medio de nada más que Jonouchi –cuando recién lo reconocimos–, de lo que la nueva terapeuta hubo investigado de la juventud de Atem y descubrió entre los papeles de su historia clínica las dos veces que fue internado al hospital por autolesión –una a los doce y otra a los diecisiete–, adicionando al hecho de que en la última fueron tan graves las heridas en sus muslos y antebrazos, que fue internado en el ala psiquiátrica del hospital de su pueblo natal para aminorar la depresión en la que fue encontrado por un compañero con el que habitaba.

Fue una situación bastante horrible, pues Jonouchi le gritó todo esto a mi pequeño hermano mientras mostraba sus antebrazos llenos de cicatrices desvanecidas, sosteniendo el bolígrafo con el que se hallaba estudiando Mokuba minutos antes, de pasta delgada, partido a la mitad y con el extremo filoso sobre su cuello, y le decía que nada de lo que él pudiera hacer o decir cambiaría nada. Recién regresábamos de una sesión de terapia que lo tensó en demasía.

No sé qué hubiera pasado de no haber estado yo ahí, quizá Mokuba podría haber manejado la situación o quizá no, pero esto no cambia el hecho de que fue marcado en su memoria para siempre, como un tatuaje mal hecho. Fue tan así que, luego de aquel incidente, indagó por su cuenta –totalmente aislado de mi ojo crítico hasta meses después– la poca historia que teníamos recopilada de su historial médico pasado y los nuevos avances de memorias rescatadas por la hipnosis para, según él, conocer al verdadero Atem, a su verdadero amigo, a su futuro cuñado y de esta manera compartir la carga que tenía sobre mis agotados hombros.

Ahora, cuando digo que es un problema que Mokuba se tome a pecho cuidar y mantener alejado a mi prometido de la crítica mundana o de cualquier otra amenaza, es debido a que esto crea una tensión palpable en Atem que Mokuba todavía no logra comprender en sus juveniles ojos dentro de su búsqueda por el bien común. El incidente trajo malos recuerdos a todos en el instante en el que el –ahora– exempleado echaba en cara la supuesta necesidad de ver a Atem, mi suficientemente herido Atem, en un hospital psiquiátrico con los "demás locos, tras las rejas", puesto que dentro de gritos que volvían a tener un tono de voz barítono Atem se excusaba diciendo que "esos son lugares en las sombras que te consumen lentamente", recordándome y recordándole la horrible vida que vivió aquel entonces a sus 17 años.

―¡Hola hermano!

―Hola Mokuba, ¿cómo estás? ¿dónde te encuentras?

―Estoy en casa esperando la hora de ir al aeropuerto ¡y me encuentro muy, muy bien! ¡Verdaderamente bien! ¡Creo que volaré de la euforia que tengo, así como con el salto de Saitama desde la luna hasta la tierra!

―Sait… Vale, no preguntaré sobre la referencia, sino del por qué la referencia. ¿Qué pasó y por qué vienes en camino?

Escucho su risa estridente que me hace olvidar por un momento que Atem se encuentra esperándome en nuestra habitación ―¡Tengo en mis manos la aprobación de mi tesis! !Me graduo, Seto! ¡Me graduo!

―Eso está muy bien, Mokuba, felicitaciones. Aunque no debería sorprenderte ―digo sonriente, igualmente orgulloso―, eras absolutamente capaz de lograrlo, tan solo seguías protocolos para obtener una confirmación de tu intelecto, en forma de cartón con letras impresas.

―Lo sé, Seto, pero consumí demasiado tiempo en esto, así que no puedo evitar emocionarme por lograrlo finalmente. Además, ¡ya la puedes leer!

―Será un honor. ¿A qué horas es tu vuelo? Aunque ya te he dicho miles de veces que avises con mayor anticipación que a unas horas de llegar ―vuelvo a escuchar su risa evadiendo mi reproche y me contesta su tiempo de llegada a la casa, será en varias horas, entrada la noche; suficiente para poner todo en orden―. Supongo que Isono ya está al tanto de tu llegada.

―¡Claro!

―¿Por cuánto tiempo te quedas?

―Un poco más de tres semanas, el tiempo que debo esperar hasta que regresemos para la graduación. Avísale a Atem por mí por favor, como no me han dicho si ya tiene nuevo móvil… ―chasqueo la lengua, no me gusta recordar el último incidente donde Yuugi me llamó de un público lamentándose por su móvil extraviado y otras cosas más―. ¿No ha vuelto a… huir de casa? ¿Lo podré ver ahora?

―Claro que sí, Mokuba ―ni yo mismo sé cuál pregunta respondí―, no es animal enjaulado o un fantasma, estará esperándote con los brazos abiertos como siempre.

―Ya sabes a qué me refiero… ―no contesto, he llegado al pasillo del tercer piso y ya me quedan unos pasos por dar para verme con él―. Entiendo, espero que Anzu no me apriete demasiado las mejillas.

―No pasará. Mokuba, tengo que irme, te esperaremos despiertos como siempre.

―No te preocupes, lo sé, hermano. ¡Nos vemos pronto!

―Recuerda los dulces de Atem.

―¡Lo haré!

Mokuba ya tiene conocimiento de la vigilancia psiquiátrica a la que Atem fue forzado a tomar para la recuperación de sus heridas, de lo que sucedió durante ese periodo y la cierta mejoría que tuvo antes de ser obligado a abandonar la terapia por asuntos económicos, así que sabe también cómo fue internado, mas no el verdadero tormento que carga Atem por ello.

Estudiando lo que le quedaba de instituto para poder ser una persona corriente y autosuficiente para su futuro, aunque difuso, ámbito laboral a los 17 años, Atem vivía en un cuarto alquilado con otro chico con el que compartían gastos para mantenerse de alguna forma dentro de la sociedad. El otro chico, según sé, era un estudiante de arqueología que estudiaba en el programa nocturno y trabajaba en un restaurante familiar en el día, por lo que era mínima la interacción que Atem podría tener con este chico en los horarios que él manejaba igualmente, balanceando un trabajo mediocre con el colegio. Atem recientemente había tenido graves problemas familiares que le habían causado depresión mayor no diagnosticada en aquel entonces. El problema llegó una noche que la última clase de Malik –así se llamaba el compañero de cuarto– fue cancelada y hubo llegado temprano al diminuto apartamento, encontrando para su grave sorpresa a Atem bañado en su propia sangre en el suelo de la cocineta, a las 8 y media de la noche, con la luna como único acompañante.

Ahora se entenderá porqué la preocupación palpable de Mokuba produce estrés en Atem, pues recuerda a su compañero de antaño, escucha sus sollozos y siente su pena aún en pesadillas que, dentro de su pesadumbre, no desea que sea Mokuba quien llegue también a experimentar algo parecido por su culpa, por problemas que jamás saldrán de su vida o de la mía. A pesar de todos lo intentos, hay heridas que nunca cierran.

De igual forma, ambos apreciamos el cariño y apoyo de Mokuba desde el primer día que Atem se abrió a él, hasta la llamada telefónica donde le anunciábamos nuestro compromiso, él es y siempre será la piedra angular de nuestra unión, de lo que somos ahora y lo que querremos para nuestro futuro en familia.


(*) ¡No te metas conmigo!

(**) ¡Eres una persona horrible! ¡Horrible!


(4) Escena final de Spider-Man 2, diálogo entre Mary Jane Watson y Peter Parker.
PD: Kaiba podría bloquear la película, pero la batalla legal sería verdaderamente tediosa e innecesaria, hasta para él :)

(5) Puesto que son los pensamientos de Kaiba, él no podrá ver lo increíblemente mal que es pensar que criar a Mokuba como un obsesionado por el control, llegando a ser creepy al punto de acosar a Atem para protegerlo, está bien y considerarlo un buen chico por ello.


Notas de la Historia: Disculpen algún error en la redacción, quería subir este capítulo pronto.

Notas de la Autora: No podía ser una historia contada desde el PV de Seto Kaiba sin dedicar al menos medio capítulo a su querido hermano menor Mokuba. Disculpen el ENORME RETRASO con el que les entrego este capítulo, que además de no ser realmente el último –como prometí en el anterior– es bastante más corto que el resto, PERO así como dije al principio de las primeras notas, en mi mente me pareció mejor dividir la última parte para no saturar la lectura (créanme), además de que encontré tierno dedicarle un capítulo a Mokuba como merecía.

Como toda esta historia, no estoy segura de cómo recibirán este Mokuba dentro del universo de La Multiplicidad y Nosotros, sin embargo, ahí les dejé esta nueva entrega.

Espero les guste, y ansiosa espero sus comentarios. De nuevo mis agradecimientos a Alexandria Kousuke y Angelegipcio por sus comentarios y especiales agradecimientos a Narialam y Horakhty por sus follows.

Me despido.