Notas: Recuerden, TLP (Trastorno Límite de la Personalidad=cambios bruscos de emociones y pensamientos, no confundir con Bipolaridad); TID (Trastorno de Identidad Disociativa="personalidades múltiples"); TEPT (Trastorno por Estrés Postraumático)

Notas 2: Si encuentran algún error de tipografía o de argumento, me perdonan y por favor me lo informan. Tuve muchas cosas en la cabeza estos dos meses y encontré muchos errores yo misma mientras corregía el capítulo esta semana.

ADVERTENCIA: Conversaciones confusas, pero es adrede: quiero que experimenten la misma confusión que siente Seto.


La Multiplicidad y Nosotros
o (El Amor Dividido de Kaiba Seto)

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Tercera parte - Yuugi

La llamada de mi hermano me ha dejado un poco descolocado, no pensé que fuera a llegar a Tokio tan pronto o, por lo menos, no antes de haber presenciado a Atem volver en sí con mis propios ojos y haberle exigido, de una buena vez por todas, una explicación sobre lo que pasó dentro de su imprudente cabeza para haber escapado de casa esta vez y así comprender por qué ha decidido evitar confrontarme.

Varios años pasarán entre nosotros y jamás terminaré de conocerlo por completo. Es una faena que ha puesto en duda mi propia inteligencia y ha sucumbido mi astucia a la mayor de las ingenuidades.

Algo parecido a nuestro enfermizo amor.

Retomo mis pasos hacia nuestra habitación. Intento dejar de lado todos mis pensamientos y emociones melancólicas, procuro convencerme de que lo que estamos pasando es solo una fase y aunque sé que no todas las relaciones flaquean de la misma manera, estoy seguro que pasan por situaciones difíciles que se superan de distintas formas, a su tiempo. Solo necesito más tiempo. La paciencia es un don que he desarrollado y casi perfeccionado con Mokuba y con Atem por muchos años, pero exclusivamente con ellos.

Entro y lo veo sentado en la cama, con las piernas cruzadas, inclinado hacia delante y entretenido con el iPad en sus manos. El primer pensamiento que cruza mi mente es que al parecer Anzu ha desaparecido después de cuatro días y aquello me pone alerta de inmediato; ella jamás se sentaría en aquella postura tan relajada. Me dirijo al armario sin prestarle mayor atención de la que debería y saco el botiquín que Atem mantiene suficientemente dotado, doy media vuelta, lo dejo sobre la cama y entro al cuarto del ofuro (6) para sacar una toalla. Al salir me detengo a recostarme contra el marco de la puerta y no puedo evitar contemplarlo.

Jamás me cansaré de observar aquel cabello tan desordenado que lleva como si recién se levantara; sus largas pestañas y sus llamativos ojos rodeados por unas perennes ojeras; la pequeña boca y delgados labios que incitan al pecado; aquella quijada desprovista de vello facial, su largo cuello y hombros rectos en constante tensión; sus grandes manos y delgados y bronceados brazos marcados para siempre por el desprecio acuchillado de su corazón; su delgada figura y piernas esbeltas, que me hipnotizan con su mero caminar. Su forma de hablar, de expresarse, de moverse, de mirarme y de hacer el amor. Todo aquello y mucho más que hacen de él una singularidad.

No es un hombre que llegue a desfilar en grandes pasarelas internacionales, sin embargo, no puedo evitar pensar que a mis ojos es perfecto tal y como es, aunque él siempre encuentre una manera de contradecirme en mis observaciones.

Lo veo removerse aún sin voltear a verme y eso me distrae de mis cavilaciones.

―N-no me mires así, Kaiba-kun, que me pones nervioso.

Yuugi. No puedo evitar sentir tanto alivio como pesar.

―No me disculparé, no hay nada malo en observar a la persona que amas ―le digo tranquilamente. Esto siempre lo pone a la defensiva, como si tuviera que excusarse por ser quien yo no espero encontrar.

―Eh, claro. Um… él también te ama ―me dice a media voz. No esperaba siquiera una respuesta, así que lo considero un avance y un indicio de que quizá (muy dentro de mí deseando que sea verdad) Atem también se encuentre conmigo en este momento, compartiendo sus pensamientos con Yuugi. Me llevó muchos meses entender que algo así puede llegar a pasar, la llamada «co-consciencia» de la que hablé antes.

Decido desviar el tema.

―Acaba de llamar Mokuba, llegará hoy a eso de las ocho ―me sonríe, pero su rostro no demuestra verdadera alegría por la noticia y comparto ese sentimiento. No era el mejor momento para que mi hermano llegara de improviso. Me alejo de la puerta y finalmente me siento a su lado―. Me dijo que le aprobaron la tesis y que en poco más de tres semanas tendremos que regresar con él para su ceremonia de graduación ―veo cómo aquello sí le causa regocijo.

―¡Qu-Qué bueno! ¡Yo sabía que Mokuba-kun lo lograría pronto! Pero, ¿n-no tiene que dejar ciertos papeles y, um, pagos en orden?

―Supongo que hará todo desde aquí. De haber problema, será sencillo enviar por correo certificado los papeles que convengan y pagar extra por un mensajero que los entregue personalmente. Sabes lo impaciente que se vuelve cuando quiere regresar.

―Claro… ―vuelve la vista a la tableta y la pone en modo reposo, luego la deja en la mesa de noche a su lado y extiende su brazo derecho hacia mí. Me acerco más a él, dejo la toalla entre nosotros y abro el botiquín para comenzar rápidamente la tediosa curación. Duramos unos minutos en un silencio que decido romper.

―¿Qué piensas? ―la pregunta sale sin filtro, sin pensarlo demasiado. Tal y como él cambia, yo me adapto a sus personalidades.

―¿Qué de todo? ―pregunta desanimado, luego comienza a enumerar suavemente y con pausa sus preocupaciones―. ¿De la decepción que veré en Mokuba-kun por verme a m-mi en vez de a Atem? ¿O de la última p-pataleta de él que por poco nos deja en medio de la nada? ¿O quizá sobre el fastidio que traigo en el brazo que no me deja pe-pensar claramente? ―me ataca pregunta tras pregunta, mirándome directamente a los ojos y esperando que una respuesta de mi parte le calme los nervios. Bien por mí, lo guiaré a las respuestas que yo deseo. Ya sabía yo que hablar con él era la mejor forma para llegar al quid de la cuestión.

―Todo, quiero saber todo de ti, qué piensas, qué te emociona, qué te asusta, por qué y qué puedo hacer. Así como siempre te cuento todo de mí, espero lo mismo de ti ―se queda mudo y no desvía ni un segundo su tembloroso mirar de mi rostro. No se esperaba esa respuesta―. Yuugi,¿qué pasó esa noche? ¿Por qué el viaje de Tokio hasta Kashiwa? ―pregunto, con un poco de rudeza rozando mis palabras mientras humedezco un poco la vieja venda antes de retirarla.

―Yo… yo no estoy muy seguro de ciertas cosas que pasaron.

―Te entiendo, pero debió existir alguna causa anteriormente para llegar a tal extremo, ¿o me equivoco? ―desvía la mirada y suelta un quejido por el antiséptico que toca su antebrazo, unos cortes ya habían creado costra y se han caído mal. Luego me voltea a ver, nuevamente―. Me parece que todo empeoró desde lo del diario, el reloj y el juego que te compré.

―Eh, sí, más o menos. Diablos, lo siento ―baja la cabeza y niega a sí mismo. Tenía tiempo de no escucharlo maldecir―. Tenía mucho dolor de cabeza por nuestro cambio de la mañana, estaba furioso conmigo porque yo había tomado el control y creo que se exasperó por esas tonterías porque no sabía cómo más descargarse.

―Atem no suele descargarse conmigo por regalos o por dolores de cabeza… Eso no tiene sentido, Yuugi ―no lo tenía en absoluto, hay algo que no me quiere contar, casi que lo puedo confirmar en la manera en la que sigue mirándome con la cabeza gacha.

―No sé qué decirte, eso fue lo que sentí.

―Entonces qué pasó luego del portazo y que salieras corriendo sin esperarme.

―¡Agh! !También lo siento por eso! ―le apresuro con la mirada, un poco impaciente―. Eh, lu-luego de salir de aquí quise ir a clases para evitar darle vueltas a lo que pasó, pero entrando al edificio me sentí muy… abrumado por todo, Anzu no paraba de hablar, Jonouchi lo agredía, yo quería calmarlos y Atem se hundía a cada paso que daba, así que no pudo evitar correr a un cubículo del baño para ventilarse un poco… y hacernos callar ―escucho sus palabras mientras seco la herida, aplico el ungüento cicatrizante y comienzo a vendar de nuevo su antebrazo. Siento resignación al verlo molesto por lo que hubo pasado sin que él lo deseara, pero van tantas veces ya que…―. Siento mucho lo que te dijo, Kaiba-kun. Perdón. Es solo que…

―Ya hablamos de eso, no lo repetiré. Anda, sigue ―odio que haga eso. A pesar de que la meta sea que Atem se sienta como una sola persona, entre él y yo decidimos que lo mejor es que cada personalidad asuma su culpa y sus responsabilidades, incluido Atem, para que entiendan que cada acción tiene su consecuencia, tal y como se le explicaría a un adolescente en pleno crecimiento; es algo que hemos hablado y concretado sin intervención de la terapeuta porque creemos que funciona bien.

Es así que me doy cuenta de algo bastante peculiar que ha pasado durante esta conversación, Yuugi comienza hablando como si hubiera sido él quien vivió todo y luego pasa a relatar en tercera persona. Normalmente o habla de lo que hace Atem desde un punto de vista omnisciente o habla de lo que él, como personalidad alterna, hace mientras toma el control. No una mezcla. Eso no suele suceder. No puedo evitar confundirme ante esta revelación pues, dentro de todo, me ha dado a entender que Atem no transicionó esa tarde. Siento que me estoy perdiendo de algo.

―Um. N-No fue un momento muy bueno, la verdad… De un segundo a otro pensó que lo mejor era, eh, alejarse para evitar volver a hacerte d-daño, literalmente ―vuelve a soltar un quejido al sentir muy ajustado el vendaje, pero no pronuncia palabra alguna respecto a eso―. ¡Fue horrible! Quería irme, terminar con todo, ¡me dolía mucho la cabeza de todo lo que pensaba que debía hacer! Entonces es ahí cuando todo se me vuelve muy difuso. De repente estaba subiendo al bus que me llevaría a una ciudad desconocida, pero en ese momento no me parecía nada malo o idiota lo que estaba haciendo.

―¿No sabías ni qué tiquete habías comprado?

―Atem se cerró a nosotros. En ese momento no tenía claro qué pasaba, como te dije.

Torcí la boca pensativo. Esta conversación no tiene sentido alguno― Dame el otro brazo.

―Kaiba-kun, te juro que no sé nada, Atem solo quería escapar. ¿De qué? N-No tengo la menor idea, a veces piensa tantas cosas a la vez q-que no puedo escoger un hilo coherente el cual seguir. Basta con decirte que se fumó 5 cigarrillos mientras esperaba ¡y los buses de conexión salen cada 10 minutos! ―veo cómo en un movimiento errático con su otro brazo comienza a rascarse la nuca desesperado―. Creo que antes de llamarte en la noche, la cuenta llegaba a 14, pues quedaban 6 en la cajetilla…

―Supuse que volvería ese espantoso vicio, encontré varios cigarrillos por toda la casa esta semana. Por suerte ni tú, ni Anzu los tocan.

―Y yo boté lo que quedaba de la cajetilla esa noche… por poco me vomito con el sabor.

Tal y como dije antes, Atem es un conjunto de obsesiones e impulsos característicos en las personas con Trastorno Límite de la Personalidad. Hay ocasiones que se salen de control, dependiendo de la persona y cómo opere su diario vivir, como otras que manejan mejor la enfermedad y por ende aquellos impulsos o costumbres que tomaron durante la adolescencia se ven ciertamente contrarrestados. El problema es que al parecer Atem ha tenido una recaída últimamente y es ahí cuando se descontrola con ciertas cosas en ciertas situaciones, lo que me hace cuestionarme si la terapia ha dejado de funcionar o si sus nuevos medicamentos no están surtiendo efecto.

Uno de esos impulsos u obsesiones que quedaron para siempre –y podría decirse que es el más sano de todos ahora–, es la de la alimentación o más correctamente dicho, el control de la misma. Según el historial médico que acabó en mis manos durante el periodo donde le buscaba un nuevo psiquiatra y terapeuta, me enteré de que en sus tiempos de adolescente sufrió una descompensación alimentaria severa que lo llevó a sufrir de anorexia nerviosa por aproximadamente un año y medio luego de la muerte de su abuelo materno, quien lo tuvo a su cuidado por poco tiempo.

Luego de eso, fue forzado a una dieta sana que siguió por mucho tiempo hasta que él mismo, a voluntad propia, creaba nuevas recetas para cambiar de menú con los valores nutricionales que necesitaba. De igual forma me encanta que lo haga, me cautiva verlo en nuestra gran cocina los fines de semana preparándonos exquisitos platillos culinarios –nacionales e internacionales–, aunque me toque aguantar de vez en vez aquellos veganos que no me satisfacen en lo más mínimo.

También podría decir que tiene otro impulso que se encuentra en el espectro de lo neutral –entre positivo y negativo–, el cual consiste en rascarse compulsivamente el cuero cabelludo y cuello, o incluso halarse el cabello, para no lastimar sus brazos o muslos con objetos afilados o contundentes; aunque sus atentados de suicidio hayan disminuido tanto que llevo más de dos años sin sentir que su vida corre peligro, pero cuando la ansiedad lo ataca y las gomas de mascar no son suficientes, recurre a aquella táctica.

Bueno, fue más de dos años hasta la semana pasada. Cuenta nueva.

El último y más dañino vicio es el del cigarrillo. Ha sido un poco más manejable con el paso del tiempo, porque ahora cuando se siente estresado debido al TLP o se cree atacado por mi cuando no ha sido así, recae luego en la culpa y fuerza a Yuugi a tomar su puesto para calmarse en vez de tomar un cigarrillo y matar la pena. Lo del cambio a propósito con Yuugi era algo que antes no funcionaba lo suficiente para Atem, pues transicionar entre sus personalidades le creaba demasiada ansiedad, sin embargo, su terapia ha ido por tan buen camino que el que logre hacerlo a consciencia le satisface de una manera que jamás creyó posible, aún mejor con Yuugi.

Gracias a que lleva años en la terapia, ha manejado mejor su control de las emociones, pero eso no quiere decir que no recaiga de vez de cuanto o que será una recuperación rápida.

Nada más hace dos semanas vi algo de esa ansiedad reaparecer, cuando le conté de mi plan de mudarnos…

―Ah, mierda.

―Yo sé que no lo hará de nuevo, el cigarrillo siempre lo pone de mal…

―No, no es eso ―lo interrumpo―. ¿Fue mi sugerencia de mudarnos? ―me mira sin ninguna expresión. La mudanza de la que le hablé a mi hermano, la que llevo pensando en realizar una vez nos casemos y que fue totalmente negada por Atem tan pronto le comenté, por causas que aún no he descubierto y espero pronto encontrar―, además, con la mala noticia de que no podremos celebrar la boda en la hacienda que querías… ¿Todo eso te estresó? ―pienso lo más rápido que puedo, pero élno me contesta verbalmente, solo se encoge de hombros indiferente y ¡por todos los cielos! me ha enfurecido de verdad.

»Entonces sigo sin entender algo fundamental, maldición ―me devuelve la mirada impresionado. No puedo evitarlo, sigo con ese presentimiento sobre Yuugi que me causa ansiedad. Lo miro con el ceño fruncido y continúo directo al grano―, ¿por qué diablos te cortaste? ¿Qué hice mal?

―¡Nada! y no fui yo, fue…

―Ahora me importa un bledo quién de las personalidades lo hizo, ¡quiero saber por qué volvió a pasar esto!

―¡Estaba arrepentido! ―suelta sofocado por emociones que comparto totalmente―. ¡Estaba cerca de un hospital y se le hizo fácil robar un escalpelo y rajarse estúpidamente en la banca de un parque! ¡No me culpes!

Me mira desolado, hace mucho no reaccionaba así de mal con Atem ni él así conmigo, pero no puedo evitarlo, siento la sangre bullir por su evasión, por sus secretos. Como si yo no fuera importante o no tuviera el derecho de saber. Odio esta sensación de impotencia, de verdad la odio, más aún cuando él es la causa.

―¿Cómo es que entró y robó un escalpelo?

Hace una mueca― Tal y como suena. Lloró todo el camino hasta que el bus se sintió sofocante y nos bajamos ahí, cuando se dio cuenta que estábamos cerca de un hospital… ―pasa saliva y mira a sus brazos―, era la solución más rápida sin que termináramos tirados sobre las vías o qué sé yo. Ya después pude pararlo a tiempo, al parecer.

Imito su mueca, maldigo todo pensamiento que se me pasa por la cabeza.

―¿Sabes? ―me dice y yo quedo perdido, como si hubiera omitido parte de una conversación de la que no me enteré―. Hacía tiempo que no me sentía así de mal… Aún me siento así…

―Ya entenderás también cómo me siento con todo esto.

―No… fue esa noche, me pregunté qué había de mal en mí, por qué hacía mal las cosas, cómo era posible que te hiciera eso a ti cuando no has sido más que nuestro gran apoyo, nuestro gran amor ―abro los ojos anonadado, ¿estoy hablando ya con Atem? Esas no son palabras comunes de Yuugi. Maldita incertidumbre que rodea su ser―. Representas toda confianza que una vez olvidé sentir por las personas, entonces ¿por qué cometo tantos errores contigo?

―Los errores son la base de la naturaleza humana. No los podemos evitar, solo aminorar…

Quedamos en silencio. Me calmo, necesito hacerlo, me obligo a guardar la compostura.

―¿Qué hay de diferente esta vez, Atem? ―ahí está otra vez, esa rehuida de mirada, su tensión―. Sé que me ocultas algo, ¿cómo se te ocurre decirme que no sabes qué paso ese día? ¡Por favor!, ¡no soy estúpido! ―quiero tranquilizarme, Atem está asustado. ¡Tranquilízate Kaiba!―. No eres un niño pequeño ni sufres alguna clase de esquizofrenia que te hace perder la realidad. ¡Me indigna tu actitud!

Veo como empieza a derramar lágrimas en silencio y algo dentro de mí se estruja, pero no me importa por ahora; necesito sacarme del pecho estos sentimientos de angustia, de temor, de atroz desolación, sino podría estallar y jamás lo he hecho frente a él. No puedo decir que me he cansado o que me he dado «por vencido» con mi relación con Atem, porque entre menos lo piense, más lo alejo de la realidad. Sin embargo, es en estos momentos que me cuestiono si lo que hacemos está bien, si es sano nuestro diario vivir y si habrá un mejor mañana para nosotros, mas la duda permanecerá perenne en mis más impenetrables pensamientos.

Respiro hondo.

―Ya has huido antes, no hay que negar la realidad por mucho que duela ―retomo―, pero siento que esta vez va más allá de eso. Es diferente. Yo sé que entiendes a lo que me refiero. ¡Por todo lo que creas sagrado, dime qué es…!

―Llevo más de un mes sin tomar la medicación.

Mis párpados se abren como nunca, pierdo la respiración. Hay una fuerza inhumana que me echa abajo, al fondo de la cantera, me absorbe rápidamente, como el corazón bombardeando látigos de furia llameante dentro de mi pecho.

¿Qué?

―Decidimos no tomarlas más, porque sentimos que ya estábamos mejorando y… ―aquella pausa me eriza cada vello de la piel―, pero la ansiedad empeoró, entonces habíamos escuchado de la marihuana medicinal para… ―me levanto de la cama estrepitosamente y lo miro atónito, no quiero ni escuchar el resto, él se enjuga las lágrimas que no dejan de salir por sus conflictuados ojos y trata de respirar entre sollozos―. ¡Aunque es obvio que no! y ya no sé qué más hacer. ¡No q-quería que lo supieras porque sabía que te ibas a enfurecer!

Abro la boca para darle tan siquiera un pequeño pedazo del cabreo que siento, pero me detiene al comenzar a gatear por la cama hasta llegar a mí y agarrarme la camisa de forma que me desequilibra un poco, aunque mantengo mi postura erguida.

―¡Lo sé! ¡Sé lo que me vas a decir, pero escúchame primero! ―aprieto los dientes al punto de que rechinan, así le doy el espacio para que de alguna forma logre calmar con sus palabras el ardor en mi pecho y el palpitante dolor que comienza a escudriñar en mis sienes―. La doctora me estuvo hablando de probar en disminuir las dosis ―asiento, estuve presente en una de esas citas―, sé que no era a corto plazo o algo parecido, pero no sé, creí que podría probarle que al eliminarlas yo podría estar… bien.

―Desde cuándo ―exijo escuetamente. Desvía la mirada y de la rabia lo tomo de la quijada para que me responda a la cara― ¡Desde cuándo!

―Desde el 2 del mes pasado, ¡pero Anzu volvió a tomar la medicación esta semana y sabemos que lo de la marihuana fue una estupidez!

Suspiro fuertemente― Eso son 6 semanas, Atem. ¿En qué mierda pensabas? ―lo suelto y me paso la mano por los ojos, siento que su agarre a mi camisa desaparece. Me tomo el puente de la nariz con el pulgar y el índice, y aprieto para apaciguar mis emociones―. Lo peor que puedes pensar ahora es buscarte otro puto vicio como las drogas―. Esto ha podido conmigo, no me imaginé algo de esta magnitud, todo mi esfuerzo mental, físico y monetario tirado a la basura por un orgullo que ya ha sido doblegado hasta su ínfima potencia y que él ha decido rescatar a última hora.

―No fue así y no soy Ate…

Yuugi o quien seas, no me interesa diferenciar ahora.

Quedamos en silencio. La brecha silente que pocas veces se abrió entre nosotros, hoy forma un vacío doloroso.

Lo que ha hecho no es tan grave como lo hago parecer, aunque no por ello estuvo bien lo que hizo. Además de que lo siento como una burla a meses y meses de trabajo de mi parte que ha tirado por la borda –ya hasta me ha hecho sentir que soportarlo es más trabajo que amor y me odio por pensarlo.

Está claro que la medicación lo ayuda en muchos sentidos a la hora de controlar su vida y sus relaciones personales, pero debido a que la doctora ha intentado recetar las menos dependientes –pues hay varias que crean una dificultosa dependencia que terminan arruinando la terapia–, es fácil para Atem simplemente olvidar dosis sin que llegue a ser traumático en el momento, mas sí cuando ha pasado un tiempo y su salud mental comienza a agravarse por el efecto que el mismo medicamento ha neutralizado antes y luego de terminado abruptamente, incrementa ciertos factores químicos dentro del cerebro.

En pocas palabras, al Atem haber detenido el tratamiento sin que fuera el momento, su cerebro ha comenzado a funcionar de manera incorrecta de nuevo y al doble de capacidad. Por ello, la recaída tan obvia de la que me percaté antes no termina siendo un delirio de mi mente ultra protectora, sino un suceso que estaba destinado a ser.

Además, todo esto que ha pasado en los últimos meses me había puesto a pensar si había llegado el momento de terminar la relación, de frenar nuestros esfuerzos y cancelar el compromiso. Pensé que ya no lo entendía, busqué razones escondidas bajo sus respuestas evasivas y resulta que fue en vano, no había nada más que lo que se veía en la superficie. Se burló de mis sentimientos y mi raciocinio. No hay otra forma de decirlo.

Años de meditación y yoga no lograrán aplacar fácilmente las ganas de estrangularlo que tengo ahora mismo.

―Me metiste en problemas con mis empleados por eso ―se sorbe la nariz y yo me cubro los ojos de nuevo, espero que no comience una migraña porque no tengo las fuerzas para lidiar con eso ahora―. Me hiciste creer que todos estaban en nuestra contra.

―Lo siento… ―susurra lloroso.

―Me hiciste correr a 150 kilómetros por hora hasta Kashiwa preocupado de que no te pasara nada más.

―P-Perdóname, por f…

―Me tomaste por un gran tonto cuando encontraba cajetillas, pensado que era para cigarrillos y no marihuana. Hasta me atrevo a pensar que de este viaje no recuerdas nada porque estuviste drogado y no te da la gana de aceptarlo.

―No lo tomes así, y-yo…

―Ya ―lo interrumpo por segunda vez, no quiero escucharle tartamudear más, ni llorar, ni verlo temblar, ni percibir su agudo y diferente timbre de voz… Quiero todo lo que no es ahora, quiero todo lo contrario―. Yuugi ―me volteo y le veo a los tristes ojos directamente. Está tan al pendiente de mis palabras que por poco me arrepiento de lo que diré. Por poco―, devuélveme a Atem.

―¿Qu…?

―Ya no me aguanto más esta pataleta ―su rostro se muestra desencajado y sé muy bien el porqué. Jamás, en la vida que llevamos juntos, le he dicho o pedido tal cosa, pero hay extremos que no me pueden dejar cruzar y esto se ha sentido como un rebote al fondo del averno―. Atem, deja de jugar a las escondidas y enfréntame de una buena vez para que te pueda decir apropiadamente cuánto la has cagado esta vez.

Nuestro conocido silencio inunda la habitación y arrasa con nuestros pensamientos. Lo amo, tanto que lo que he sufrido por él lo he mantenido hasta ahora en silencio, en mi pecho oprimido con barrotes de acero, pero me estoy comenzando a agotar de verdad con todo y él no me ayuda a mejorar.

No puedo hacerlo todo yo.

―No puedo ―susurra―. No qu…

―¿Bueno, y por qué no puedes esta vez? ―suelto con sarcasmo. Toma aire y agacha más la cabeza, luego me mira a los ojos, brillantes de emociones reprimidas con las que oprime fuertemente las mías.

―No te quiero dejar ―frunzo el ceño totalmente impactado. No entiendo qué me acaba de decir en realidad, ¿cuándo ha querido Yuugi estar realmente conmigo?―. No me quiero ir. No me hagas esto, Seto.

Yo no sé qué decir, yo…

―He esperado mucho para hablar contigo de verdad, él ya ha tenido muchas oportunidades y esta vez no te quiero ceder ―se agarra de mi camisa nuevamente y aprieta con fuerza―. No más, ya no aguanto más, yo también valgo la pena.

… por primera vez quedo sin palabras.


(6) Ofuro: son las tinas de baño con agua caliente que los japoneses usan luego de ducharse como parte de su rutina de baño y relajación. Pueden llegar a tener hasta 3 habitaciones individuales para el aseo: 1, la del retrete; 2, la del lavamanos con armario y 3, la del ofuro y ducha. No estoy segura si esta última puede estar tan cerca de la habitación principal, pero esto es un trabajo de ficción así que se admiten estos errores :)

(*) DIGANLE NO A LAS DROGAS. Con este aviso antes, ya puedo comentar lo siguiente: Con unos amigos a veces cogíamos cigarrillos y le sacábamos el tabaco para luego rellenarlo con marihuana y que fuera menos complicado de fumar. Me dijeron que era una forma de hacerlo aunque obviamente hay muchas otras, como con el tabaco que es armable- Ahora imagínense cómo engañó Atem a Seto haciéndole creer que fumaba su vicio más normal y no lo contrario.


NOTA APARTE: NO ME GOLPEEN, NI ME HAGAN VUDÚ. Gracias. Con mucho cariño les entrego este capítulo *sonríe*

Notas de la Autora: Me emocioné hace un tiempillo al leer a una gran autora de Prideshipping quien con sus fics me alentó a continuar escribiendo de ésta temática: Toxic Hathor. Si no la has leído te invito a hacerlo (en inglés)… bueno, ella y el final spoileado de la última película *grita internamente* ¿Quién diría que el Prideshipping sería "semi-canon"?

Muchas gracias por aún seguir conmigo esta historia. Gracias Azula Rivaille por ser la última en seguirla y al resto de hermosas criaturas que están desde antes, ustedes saben quiénes son *besos*

Me despido.